BYBLOS
Revista de Bibliografía Histórico-Jurídica


Dieu et le Roi. La represion du blasphème et de l'injure au roi à la fin du Moyen Âge
Jacqueline Hoareau-Dodinau
PULIM (Cahiers de lInstitut dAnthropologie Juridique de lUniversité de Limoges, nº 8), Limoges, 2002, 360 págs.


Tenemos entre nuestras manos el octavo número de los Cahiers del Instituto de Antropología Jurídica (CIAJ) de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad de Limoges, Instituto que a raíz de la iniciativa del profesor Pierre Braun organiza desde hace más de veinte años sus reconocidas jornadas de Historia del Derecho, en las que se abordan cuestiones jurídicas desde un punto de vista eminentemente histórico-antropológico (las últimas reuniones han versado sobre temas como la culpabilidad, el perdón o los mecanismos de resolución de conflictos).

En este caso no se trata de las actas de alguna de tales jornadas, sino de la publicación de la que fuera la tesis de la profesora Jacqueline Hoareau-Dodinau, titulada Dieu et le Roi. La represion du blasphème et de l’injure au roi à la fin du Moyen Âge (“Dios y el Rey. La represión de la blasfemia y de la injuria al rey a finales de la Edad Media”). En ella, la autora defiende básicamente la idea de que en la convulsa Francia de los siglos XIII y XIV los monarcas basaron sus intentos de consolidación institucional frente a los señores y al papado mediante el acercamiento teórico de su figura a la de Dios, en un doble proceso que se alimentaría mutuamente: por un lado, es el propio Rey el que se pone a la cabeza de la represión de las blasfemias, sin encontrar ningún tipo de resistencia por parte del clero en este punto; por otro lado, el Monarca se defiende de las injurias que le son dirigidas agravando el castigo de las mismas, como si las palabras injuriosas fuesen proferidas directamente contra Dios, al considerarse su vicario en la tierra (en este sentido no pueden olvidarse la canonización de Luis IX y el apelativo de rex christianissimus que los monarcas franceses obtendrán en estos siglos). 

Así planteada la cuestión, Jacqueline Hoareau-Dodinau divide su obra en dos partes: la primera dedicada al “Honor de Dios”, y la segunda al “Honor del Rey”. En ambas sigue un esquema similar, tratando en primer lugar la “imagen culta” de los mismos, y a continuación su “imagen popular” (esto es, qué valor daba el pueblo a tales delitos, y su correspondencia o no con la construcción teórica de los mismos elaborada por parte de la autoridad real). 

Al hablar de “imagen culta” del honor de Dios y del honor del Rey, la autora hace referencia a las construcciones teóricas que de los delitos de blasfemias e injurias al Rey llevan a cabo los juristas y teólogos de la época, y a la legislación real represiva de tales crímenes: la blasfemia ya era sancionada con dureza en la Biblia, y las palabras injuriosas dirigidas a Dios fueron objeto de medidas específicas tanto en la religión judía como en la cristiana. Contrariamente a la blasfemia, la represión de los propósitos ultrajantes dirigidos al Príncipe no fue objeto de una regulación penal autónoma en Derecho Romano, sino que se incluyeron en el crimen maiestatis, que sanciona todo mal causado al prestigio del Estado. Desde que el emperador romano se convierte al cristianismo, reivindicará para sí el castigo de ambas infracciones (blasfemias e injurias al príncipe). Más tarde, probablemente hacia finales del siglo XIV, se irán aproximando ambas nociones a través de las construcciones teóricas de los juristas y eclesiásticos, hasta acabar siendo agrupadas las blasfemias e injurias al Rey bajo una categoría única: la lesa majestad divina y humana. 

Después de haber estudiado con detenimiento la “imagen culta” tanto del honor de Dios como del honor del Rey, la profesora Hoareau-Dodinau se adentra en una cuestión menos estudiada hasta la fecha en relación con los delitos de blasfemia y de injurias al Rey, denotando el enorme interés existente en la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad de Limoges por la antropología jurídica: su “imagen popular”. Para ello recurre a la documentación de archivo, centrándose especialmente en las llamadas lettres de rémission (algo así como nuestras cartas de perdón real), documentos a través de los cuales el Rey ejercitaba su prerrogativa de gracia, y en los que los reos referían detalladamente todas las circunstancias que llevaron a su castigo como blasfemos o injuriantes, a la vez que vertían allí sus propias ideas sobre ambos crímenes. 

Para la autora, el estudio de las lettres de rémission (de las que transcribe algunas en los anexos, y a través de las cuales analiza también las palabras injuriosas más repetidas contra la religión y la condición social de los blasfemantes) revela la amplitud del poder misericordioso ejercido por el Rey, que estaría destinado a perdonar todo, no sólo las injurias que se dirigen contra él, sino también las que son proferidas contra Dios, con una evidente finalidad de reforzamiento de su posición y de su poder político: una prerrogativa tal no podría explicarse sino por la posición particular ocupada por el Monarca, cuya tradición sacra va a hacer de su figura el indispensable intermediario entre el Juez Soberano (Dios) y los hombres: si el Rey puede perdonar las blasfemias y las injurias que se dirigen contra su divina persona es porque ha recibido dicha potestad de Dios. Así, podría llegar a afirmarse que no había a finales de la Edad Media un límite al ejercicio del poder de gracia del Monarca francés, porque la gravedad de los crímenes que perdona hace resaltar más su grandeza y su poder, que -como señala Jacqueline Hoareau-Dodinau- parecen alimentarse de los mismos insultos que se le dirigen. 

La obra se completa con varios anexos: el primero de ellos recoge, en un pequeño cuadro sinóptico, el catálogo cronológico de las principales normas reales promulgadas en Francia contra la blasfemia entre los años 1179 y 1511, con referencia a la bibliografía existente respecto de cada una de ellas. El anexo 2 muestra a través de una tabla los delitos castigados por las normas citadas en el anexo anterior, con las penas imponibles a sus autores, a los reincidentes, a los denunciadores (si no lo hicieran) y al juzgador (en caso de negligencia en el transcurso del pleito). Y en el anexo tercero la autora transcribe diez breves pleitos o lettres de rémission de la época, a modo de ejemplo de todo lo dicho a lo largo de la obra. 

En cuanto a la bibliografía, citada a pie de página y sistematizada al final del libro junto a las fuentes, Jacqueline Hoareau-Dodinau demuestra su dominio tanto de los autores antiguos y de la literatura jurídica medieval (aparecen desde San Agustín, San Isidoro y Santo Tomás hasta Cristina de Pisán y Tiraqueau, pasando por San Buenaventura, Gregorio de Tours, Hincmar de Reims, Beaumanoir, Dante o Froissart), como de las más recientes aportaciones a la materia, manejando una amplia bibliografía en lengua francesa, inglesa, italiana e incluso española y portuguesa. Se incluye en las últimas páginas, además, un índice de los autores estudiados y las páginas en las que se cita cada uno de ellos. 

En el campo de las fuentes destacan las consultadas en los Archivos Nacionales, sobre todo las Actes du Trésor des Chartes; no son pocas tampoco los documentos que ha estudiado del Parlement; y hay algunos otros de la Biblioteca Nacional de París y de los archivos departamentales de Hérault y Côte-d’Or. 

En definitiva, en su obra Dieu et le Roi. La represion du blasphème et de l’injure au roi à la fin de Moyen Âge, la profesora Jacqueline Hoareau-Dodinau, de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad de Limoges y miembro destacado de su Instituto de Antropología Jurídica, nos acerca a la Francia de finales de la Edad Media para demostrar -con una gran claridad expositiva y de ideas, y reflejando con un completo dominio de las fuentes- cómo la monarquía intentó (y consiguió) consolidar su poder político valiéndose entre otros instrumentos de la represión penal, en este caso mediante la asimilación del delito de injurias al Rey al de blasfemia sobre la base de un acercamiento en el plano teórico de la figura del Rey a la de Dios, del que se considera vicario en la tierra.

 

Julián Antonio Prior Cabanillas
Becario de la Comunidad Autónoma de Madrid
Departamento de Historia del Derecho
Facultad de Derecho de la UCM
Recensión efectuada el 10 de octubre de 2004

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