BYBLOS
Revista de Bibliografía Histórico-Jurídica


Vice Uxor. Notas sobre el concubinato en España desde la Recepción del Derecho Común
Magdalena Rodríguez Gil
Madrid, Universidad Complutense, 1998. 205 pp. Prólogo de Dionisio Llamazares.


Si hubo que esperar, salvo excepciones, hasta los años 60, para que la Historia del Derecho empezase a aceptar algunos de los plantemientos de la Historia social -hasta entonces menospreciada-, sólo a finales de los años 90 parece tener lugar una aproximación semejante a la denominada Historia de las mentalidades. Esta aceptación puede indicar que definitivamente, especialmente en la Historia del Derecho privado, empieza a superarse el formalismo (la adhesión reverencial e incuestionada al texto legal escrito, limitada a su literalidad), propio del decimonónico "Derecho histórico", más que de una Historia del Derecho crítica. Un ejemplo significativo de esta posible apertura es este libro.

En él su autora, a partir del concepto originario del concubinato como convivencia continuada, alternativa al matrimonio (viceuxor) -no como "adición" a la esposa (pág. 23)-, se propone interpretar, perfilar conceptualmente, los cambios que esa institución experimenta, en su naturaleza jurídica, a medida que la sociedad cambia y su práctica llega a ser legalmente proscrita por el Contrarreformismo triunfante en el Sur de Europa. Si la interpretación es lo fundamental, no obstante, se lleva a cabo, como es obligado, a partir del estudio e identificación exhaustiva de fuentes canónicas y civiles originales, una prueba de lo cual es la inclusión y traducción, al final del libro, del que quizás sea el tratado hispano más significativo sobre el concubinato: la Schediasma de Concubinis de Francisco Ramos del Manzano (s. XVII).

El período cronológico elegido es el Sistema Jurídico de la Recepción del Derecho Común en su conjunto (ss. XIII-XVIII), y ello porque, como demuestra la autora, ese cambio tiene lugar sólo lentamente. Sin duda, el Concilio de Trento (1563) representa un momento determinante. A partir de entonces se exigirá la forma canónica (la declaración formal de consentimiento ante el párroco y dos testigos) para que el matrimonio sea considerado jurídicamente válido. Y, lo que es más relevante: desde entonces tendrá lugar en la Monarquía hispánica (frente a Francia, p. ej.), la convergencia en fines e intereses de la legislación canónica y la civil respecto al matrimonio.

Sin embargo, como prueba M. Rodríguez Gil, las prohibiciones canónicas del concubinato son anteriores en el tiempo: representan la postura oficial de la Iglesia, desde la reforma gregoriana, en su lucha contra el nicolaismo (el matrimonio de los clérigos) y, sobre todo, son parte del "modelo matrimonial cristiano" -en la denominación de G. Duby-, que, desde el s. XIII, acaba por imponerse en Occidente. A la vez, la persistencia, en la práctica, del concubinato, incluso entre clérigos, es muy posterior, como ponen de manifiesto las visitas canónicas o las sentencias de las Audiencias, algunas del s. XVIII, que continuan luchando en su pretensión de desarraigarlo de modo absoluto. De ahí que, al igual que ocurre con el Derecho en su conjunto, no sea suficiente circunscribir el concubinato a la Edad Moderna, y la autora opte por estudiarlo en el más amplio período del Ius commune: a partir de las fases que representan su elaboración teórica, su difusión y las resistencias que encuentra a su implantación.

Son estas líneas generales las que explican la construcción y división del libro en capítulos que más que seguir la tradicional división en períodos cronológicos, tratan de aunar y resolver la contradicción que representa el cambio y la continuidad en el tiempo: "Las dimensiones de una tendencia persistente" o "Concubinato-legitimación. Un hilo conductor", que constituyen el principio y el fin, respectivamente, del libro, frente a "Soportes y tensiones. Fondo y forma" o "La lucha por la implantación de la ideología matrimonial canónica en América hispana", entre otros, que muestran las dificultades y rechazos de la nueva construcción formal en los territorios hispanos.

Sin embargo, como indicábamos, la clave del libro no está en la constatación y documentación del cambio, sino en su explicación, en su interpretación jurídica. Para llevarla a cabo, la Profª. Rodríguez Gil recurre, en primer lugar, a la arqueología, en el sentido foucaultiano, de las construcciones jurídicas precedentes: las del Derecho romano y el germánico. Cada una de ellas representa una forma diferente y encontrada de concebir la convivencia alternativa al matrimonio, reflejo de morales sociales diferentes. El concubinato romano constituye "la única forma de unión con libertas y mujeres tachadas, sin infringir preceptos de la lex Iulia de adulteriis" (pág. 61), es decir, un matrimonio entre desiguales, ya sea desde el punto de vista social, ya de su capacidad jurídica. Por su parte, la Friedelehe germánica, o "unión libre", supone, sin embargo, una cierta equiparación entre ambos contrayentes, pues la mujer adquiere, como en general en el matrimonio germánico, la condición de fridla (dueña de la casa), sin que además el marido obtenga, en estos casos, el Munt sobre ella, al no aportar dote o wittum, lo que, en última instancia, supuso "una menor circulación de bienes entre cónyuges" (pág. 51).

Esta última forma de concubinato o barraganía se generalizará y arraigará, como práctica, según se pone de manifiesto en el libro, en toda la Europa occidental de la Edad Media, influyendo incluso en las obras doctrinales de glosadores como Azo, o canonistas como Graciano, lo que da lugar a la distinción, en los primeros momentos de la Recepción, entre legislación civil y canónica.

Sin embargo, la creciente fuerza de las prescripciones canónicas, oficialmente aceptadas -e impuestas-, en el caso hispano, por la legislación real (recuérdese la sanción oficial dada a las decisiones del Concilio ecuménico de Trento), determinaría la sustitución progresiva -no sin resistencias, tanto más significativas, como muestra la autora, en los territorios en los que, como la América hispánica, no existía una "Iglesia pontificia"- de aquel tipo de consideración legal del concubinato, más abierta, por la condenatoria y marginadora del Derecho romano.

A partir de esa primera conclusión, para completar la lógica de su interpretación, la autora se pregunta, en segundo lugar, por las razones de ese triunfo.

Son varias las causas que propone: la mayor adecuación de la legislación romana al modo de producción feudal orientado hacia el precapitalismo, su coincidencia con las exclusiones morales de la Iglesia... Y, sobre todo, -a mi modo de ver, una de las aportaciones más sugerentes del libro- la identificación que los nuevos poderes económicos acabaron por establecer entre matrimonium y patrimonium, como signo de poder económico exclusivo de determinadas clases sociales, ya que serían, en general, los que no podían hacer frente económicamente al matrimonio los que optasen por las uniones de hecho.

Este aspecto resulta especialmente revelador en el caso de la filiación, pues, el tantas veces citado Concilio de Trento, acabaría por consagrar la exclusión del patrimonio familiar de los hijos ilegítimos, y sería una de las causas determinantes de la confluencia, a partir de entonces, de las legislaciones canónica y secular.

Todo ello, en definitiva, explica -interpreta- el origen y sentido de la proscripción y condena del concubinato, que aunque iba a arraigar en la mentalidad cristiana posterior, obedece a las condiciones sociales, económicas e ideológicas de una sociedad concreta. Es precisamente su relación con unas coordenadas sociales concretas, lo que explica su reaparición -"como si de un Guadiana se tratara", señala D. Llamazares en el prólogo- en la sociedad actual (las "parejas de hecho"), cuando está teniendo lugar la desaparición de las circunstancias que contribuyeron a su eliminación: "pérdida del protagonismo del matrimonio como factor económico, desmitificación de la sexualidad en la relación de la pareja, así como su desconexión de la procreación, y, finalmente, la equiparación jurídica total de hijos legítimos e ilegítimos" (pág. XVII).

Unos y otros de los aspectos descritos contribuyen a hacer de éste no sólo un libro pensado desde la actualidad crítica, sino la "página" del régimen jurídico de la familia que a la Historia del Derecho le faltaba por escribir.

Javier García Martín
Prof. Asociado de Historia del Derecho y de las Instituciones
Universidad del País Vasco
Recensión efectuada el 3 de diciembre de 1999

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