IDENTIDAD Y DESARROLLO

DE LOS PUEBLOS AFROCOLOMBIANOS

 

Margrieth Nazareth Cortés

Lic. en Historia .,

 

Muchos años han pasado desde que los países que conforman el bloque latinoamericano se independizaran de las metrópolis europeas. No obstante, la situación de dependencia y dominación de la cual se quisieron desatar, ha tenido diferentes significados para cada uno de los grupos sociales que componen la región. Atrás se dejaba un pasado colonial donde criollos, mestizos, mulatos, indígenas y negros tenían poca o ninguna libertad en la toma de decisiones que les afectase social, política o económicamente, pero la situación poco cambio para el grueso de la población, fundamentalmente para las poblaciones indígenas, negras y sus descendientes.

 

Allí, las élites sociales que gobernaron cada una de las repúblicas que se fueron formando, carecían de un programa propio que respondiera a las necesidades y ambiciones de cada sector social. La ausencia o falta de empeño por elaborar un programa coherente y participativo conllevó a la reproducción de las instituciones político-administrativas de la colonia. También es cierto que no existía gran interés por dar mayor participación en un sentido amplio y el afán de la independencia respondía más a necesidades e intereses particulares, que al mejoramiento de los niveles de abandono y pobreza en las que se encontraba la mayoría de la población. Un ejemplo muy claro son las condiciones socio-económicas y de marginación que siguieron teniendo las comunidades indígenas y la permanencia de la esclavitud hasta muy avanzado el siglo XIX, más las condiciones de vida, que aún hoy vive el pueblo afrolatino.

 

En Latinoamérica la puesta en práctica de medidas de libre-cambio, de proteccionismo, en definitiva, de modelos de planificación económica y social, ajenos a la realidad, ha sido una constante, y aunque éstos habían demostrado ser eficaces para el logro de un crecimiento económico y para un mejoramiento social en otros países, en el ámbito latinoamericano no ha funcionado.

 

Se optó como se ha visto, por lo más inmediato y por lo que imponían los países más avanzados del momento: la exportación de materias primas, imposición de aranceles o su eliminación, según la teoría-moda del momento, "creación de una industria" aunque fuera importada y significara la dependencia, importar los estilos para vestirse, para hablar, para divertirse, para adornar la casa, adoptar políticas de ajuste, de apertura económica, etc., medidas éstas que en el tiempo sólo han beneficiado a las élites.

 

Al mismo tiempo clases y grupos sociales como los indígenas y negros - ya fuera como libres, pero no como ciudadanos con pleno derecho - y sus descendientes, quedaron rezagados a la marginación y fueron apartados de los beneficios que se pudieron obtener. Hecho, desde luego, que no significó, que tales clases y grupos sociales marginados no contribuyeran ni aportaran al incremento y creación de riqueza.

 

Esa realidad histórica actualmente continua presente. Por ello existen en Latinoamérica un sin número de organizaciones indígenas y negras que buscan un reconocimiento real de su identidad, de sus derechos, que se reconozca la realidad étnica y pluricultural que se vive en cada país, que haya un respeto por la autonomía de los procesos comunitarios y organizativos de los grupos étnicos y que se practique una verdadera igualdad de oportunidades y de acceso al bienestar social.

 

Colombia, es un país donde la diversidad étnica está presente en todas las esferas de la vida, donde constitucionalmente se reconoce esa realidad. Donde la práctica diaria para acceder a niveles de vida dignos y las oportunidades de participación, están negadas para algunos grupos sociales que desde siempre han hecho parte del país.

En particular, el estado en que vive la población afrocolombiana que constituye el 25% del total, continúa siendo de pobreza y de marginación. Pues a pesar de las ideas de libertad y de igualdad que se decretaron después de la abolición de la esclavitud, y de ser considerados como ciudadanos de pleno derecho años después, siguen siendo "marcados" y obligados a efectuar las mismas labores en las que se habían desempeñado durante el período esclavista. De la misma forma muchos pueblos negros han sido "empujados" a la adopción de estilos de vida que les niega su propia identidad, su pasado; han sido encarrilados en un sistema que al tiempo que elimina su cultura, estigmatiza y niega la historia, hace diferenciación de grupos y no ha permitido ninguna movilización dentro de la escala social, tampoco se les ha tenido en cuenta a la hora de implementar programas de mejoramiento en las condiciones de vida.

 

Una de las causas fundamentales de estas condiciones, ha sido sin duda alguna la puesta en marcha de modelos desarrollistas que solo buscan un incremento del producto interno bruto, sin contar con una verdadera participación de los diversos grupos étnicos que conforman el país y sin reconocer que cada uno presenta una realidad y una forma de ser distinta. En otras palabras los modelos y sistemas puestos en práctica han apuntado más hacia un crecimiento económico que hacia un mejoramiento de las condiciones del pueblo en general, ha sido más la práctica de un desarrollismo que de un desarrollo basado en el crecimiento y fortalecimiento del ser humano.

 

Desarrollo Humano o desarrollismo?

 

La diferencia en estos dos conceptos radica en el objetivo que cada uno persigue. Independientemente del nombre o apellido que le pongamos, considero que el desarrollismo es una practica fundamentalmente económica que esta dirigida al incremento de la riqueza, al progreso material a través de un mejoramiento de los medios de producción, de las condiciones del comercio y del incremento de las exportaciones. Es básicamente material y considera que el resto, lo social, viene por añadidura.

 

El desarrollo humano, por el contrario y como así mismo se autodefine, está más dirigido a las personas, es más integral porque abarca diferentes campos: educación, salud, empleo enfocado hacia la autodependencia, la cultura y sus diversas manifestaciones; es más participativo, porque permite la construcción de un modelo partiendo de la realidad expresada por cada uno de los grupos o colectivos implicados; es sustentable, no solo porque contempla el uso racional de los recursos naturales, sino porque se tienen en cuenta las generaciones futuras y sobre todo contempla la homogeneidad, porque al abarcar cada una de estas esferas, reconoce la identidad de cada grupo, admite la igualdad en la diferencia, permite conservar y recrear valores y estilos de vida propia, y crecer mediante el fortalecimiento del ser como individuo.

En Colombia, pese a que las diferentes etapas y modelos económicos y sociales implementados permitieron el surgimiento de las instituciones de planificación, las cooperativas de fomento de la producción en sus distintas versiones, reformas bancarias, mejoramiento de los sistemas estadísticos, la organización popular, la creación de centros educativos, etc. Aún hoy a las puertas del año 2.000 nos encontramos con niveles de pobreza que fácilmente superan al 60% de la población colombiana, especialmente si tenemos en cuenta que para la subsistencia básica de un núcleo familiar se requiere de un ingreso equivalente a dos salarios mínimos y medio. La situación que vive el sector rural es aún más grave.

 

Dos ejemplos, extraídos de un informe sobre los derechos humanos en el país, nos ilustran la situación en Colombia: el primero, en materia de empleo, nos afirma que la mitad de la población colombiana que tiene trabajo lo hacen en actividades propias de la economía informal o del rebusque, lo que indica que están seriamente afectados por la inestabilidad y precariedad del ingreso y marginados de cualquier forma de seguridad social.

 

El segundo, en materia de educación, las continuas reformas al sistema educativo, su falta de coherencia con la realidad cultural del país, hacen que se presenten problemas de calidad, cobertura, eficiencia y equidad. Existen a la vez dos sistemas educativos paralelos: uno estatal y otro privado, que prolongan y profundizan la segmentación social. En cifras, para 1993 el 9,52% de la población está sin educación, 24,5% con educación primaria incompleta, 18,4% con educación primaria completa, 27% con educación secundaria incompleta, 13% con educación secundaria completa, 4,3% con educación superior incompleta y 3,1% con educación superior completa.

 

La situación de las comunidades afrocolombianas al igual que otros sectores poblaciones, se convierte en un tema particular, básicamente si tenemos en cuenta que la discriminación es una constante en Colombia y se refleja en los diferentes índices del bienestar, que son además de los mas bajos y son sentidos por la mayoría de la población negra.

 

Con relación a la situación de las comunidades negras en Colombia, el mismo informe, afirma que

 

... se registran desequilibrios (educativos) en términos de cubrimiento para las poblaciones pertenecientes a grupos étnicos: la cobertura en primaria para indígenas alcanza solo el 11,3% y en secundaria un 1,25%. .. En las comunidades afrocolombianas la cobertura en primaria es de un 60%, apenas un poco por encima de la mitad registrada para las comunidades blancas; en secundaria el cubrimiento es de un 38%, cerca de una tercera parte más baja que el promedio logrado en las comunidades blancas.

 

Más adelante donde se refiere a la situación de la población negra y a los bajos niveles de vida, se agrega:

 

...el porcentaje de las necesidades básicas insatisfechas en las comunidades afrocolombianas es 86% casi el doble de las registradas para el promedio entre blancos y mestizos; los servicios de salud pública apenas llegan al 40% de estas comunidades, la seguridad social apenas beneficia al 3% de la fuerza laboral de comunidades negras, la mortalidad infantil es equiparable a los peores estándares del mundo (más de 110 niños muertos por cada mil nacidos vivos), la esperanza de vida es de 54 años cuando el promedio nacional se ubica en cerca de 15 años por encima de ese indicador.

 

En otro documento, preparado por el Proceso de Comunidades Negras de Colombia, también encontramos que

 

...el ingreso percápita por persona oscila entre los 500 y los 600 dólares al año, el 79% de la población recibe salarios inferiores al salario mínimo legal".

 

"Las políticas de apertura económica diseñadas para el Pacífico Colombiano... no han generado reciprocidades económicas que beneficien a la población porteña... la privatización de Puertos, principal fuente de empleo en el municipio, ha generado la desvinculación de muchos trabajadores e incentivado el desempleo".

 

"En el mapa de la violencia del país y en los análisis e interpretaciones que al respecto se hacen, la variable étnica no está contemplada, varias zonas de asentamiento de comunidades negras urbanas y rurales figuran dentro de las mas violentas del país y en las que mas se viola el derecho a la vida.. Durante los primeros 6 meses de 1995, el número de muertes violentas fue de 536, en la zona del Urabá., En esta zona los municipios de mayor violencia son Turbo, Apartadó, Chigorodó, que contienen un 65% de población negra... el 70% de los muertos eran negros..."

 

"Por su importancia económica y estratégica las áreas en las que están asentadas las comunidades negras en el país, son presionadas por planes y políticas de desarrollo, a apertura de vías de penetración, procesos de colonización, la implementación de grandes proyectos turísticos y agroindustriales, la concesión de permisos y licencias de aprovechamiento de recursos naturales que generan a la postre pérdidas territoriales para las Comunidades Negras".

 

Con este panorama de fondo nos preguntamos ahora, ¿hasta dónde los modelos y las políticas de "desarrollo" implementadas han sido eficaces para garantizar mejores condiciones de vida al pueblo colombiano?. Sobre todo en evitar que se produzcan desequilibrios en cuanto a los beneficios y a la distribución de los ingresos, tan marcados para determinados grupos étnicos. ¿O han sido simple y llanamente políticas desarrollistas que buscaban alcanzar la meta que los países industrializados imponían?

 

Las teorías del desarrollo y de sus sinónimos, - riqueza, crecimiento, evolución, progreso, industrialización -, a la hora de ser aplicadas a la situación colombiana, han sido débiles en sus planteamientos por no concebirse integrales y no contemplar soluciones para las diversas realidades y necesidades de educación, salud, empleo, vivienda, de reconocimiento cultural que se presentan.

 

Como hemos dicho al comienzo, Colombia se caracteriza por ser un país pluriétnico lo que significa que en su interior se han llevado a cabo, y durante siglos una simbiosis racial y cultural que solo faltaría negar la historia y la realidad del país para no darse cuenta.

 

Allí se han mezclado, recreado e inventado formas de vida que responden al sincretismo, que la mentalidad del indígena, del negro y del europeo han ido creando y fortaleciendo y que hoy se expresan en las formas de ser y de comprender el universo y una misma realidad.

 

Son pueblos a quienes el paso de los años y la imposición de modelos y formas externas de vida no han sido capaces de borrar de la memoria un pasado lleno de vivencias y de experiencias, son pueblos con una identidad propia.

 

Por ello, ser ajenos a esa realidad, a esa diversidad a la hora de elegir la mejor forma o respuesta para lograr el bienestar general, solo conduce al fracaso de los mismos, a una mayor marginación, a un mayor desconocimiento de los derechos fundamentales de todo ser humano y a la perpetuación de procedimientos racistas y de discriminación.

 

En Colombia, la historia nos demuestra que cuando los modelos desarrollistas irrumpen en el corazón de las comunidades, solo producen más miseria, marginación y negación del propio ser al tratar de imitar una cultura y una forma de vida ajena.

 

Las comunidades nortecaucanas, por ejemplo, han sufrido y enfrentado las consecuencias de algunos procesos y modelos de desarrollo implantados en Colombia. Antes de la abolición de la esclavitud muchos negros de la zona huyendo de la esclavitud, denominados cimarrones, se hicieron a sus tierras adaptando los espesos bosques para lograr subsistir ante las persecuciones de sus amos. Otros obtuvieron sus tierras después de abolida la esclavitud, trabajando durante muchos años como jornaleros en las afueras de las haciendas. Hasta antes de los años 60 fueron comunidades constituidas por familias que contaban con una finca como medio principal de obtención de recursos para su vida diaria. Un estudio realizado en la Comunidad de Villarrica, demuestra que una vez llegada la industrialización y la implantación de los ingenios en la zona, para lo cual fueron necesarias muchas tierras (las fincas de las comunidades) y mano de obra (en lo posible barata), los niveles de vida decrecieron, la migración a las ciudades más cercanas se acrecentó y se empezó a notar un cierto "desprecio" o "vergüenza" por las culturas tradicionales, la televisión, por ejemplo, reemplazó la convivencia familiar y los tradicionales paseos fueron sustituidos por las prisas para cumplir una jornada de trabajo o realizar una extra.

 

Medidas, que respondían al modelo de desarrollo recomendado durante los años sesenta y setenta, por la CEPAL y cuyos resultados solo beneficiaron a grupos de capitalistas nacionales o extranjeros: "A nivel nacional aparecen las instituciones de planificación, las cooperativas de fomento de la producción en sus distintas versiones, las políticas que impulsan la industrialización y revierten la composición demográfica de países hasta entonces predominantemente rurales, reformas bancarias, mejoramiento de los sistemas estadísticos, la promoción popular y defensa las exportaciones afectadas por un deterioro constante de los términos del intercambio".

 

En el Caribe colombiano nos encontramos con una historia paralela. Allí la permanencia de los palenques, fue la máxima expresión de la libertad en la esclavitud. Los palenques fueron los pueblos o "fortalezas" construidos por los esclavos cimarrones en lugares donde tenían la certeza que el amo del cual huían no los podía encontrar; se convirtieron en el espacio que permitió y ha permitido la conservación de una cultura al constituirse, en cierta forma, en territorios autónomos.

 

Desde luego, también allí llegaron los modelos desarrollistas, que han contribuido a los procesos de aculturación que se evidencian en la perdida de valores étnicos, históricos y culturales; sin embargo, también existe en esta zona un fuerte sentido de pertenencia a una etnia y a una cultura que conlleva a que se conserven más elementos de la propia identidad que en otras regiones, lo cual permite que las diversas actividades que hoy se realizan para recuperar tradiciones y sobre todo, para crear conciencia sobre el "ser negro", tengan mayores respuestas y aceptación, logrando al mismo tiempo que el pueblo negro se reconozca en una forma de ser autónoma sin necesidad de sentir vergüenza, encuentre los elementos para exigir un mismo trato ante las instituciones, para exigir una educación que responda a la realidad que se vive cada día y para mejorar sus condiciones de vida de acuerdo a sus propios proyectos de desarrollo.

 

El término de desarrollo por si sólo ha tenido a lo largo de su historia, diferentes calificativos que en el fondo solo demuestran los resultados que ha producido su implementación. Hoy ya es común escuchar varios tipos de desarrollo para elegir y para combinar: desarrollo con equidad, desarrollo sustentable, y que están provocando las mismas o similares consecuencias en cuanto a los efectos que sobre varios grupos poblacionales esta teniendo.

 

Con relación al denominado desarrollo sustentable, no perdamos de vista que la mayor parte de las comunidades negras e indígenas en Colombia están ubicadas en zonas que cada día son de gran importancia para el capital. Bajo el pretexto del desarrollo sustentable se están despojando a muchas comunidades de sus territorios, se está provocando la violencia y se está presionando para que sus habitantes se desplacen a las grandes ciudades donde la mejor oferta continúa siendo la marginación.

 

Se está desconociendo en la práctica, el derecho a un territorio que durante años y siglos las comunidades han mantenido con sus sistemas tradicionales y con sus formas autónomas y maneras de concebir la vida y su estrecha relación con la naturaleza. La autorización que se concede a empresas multinacionales para la extracción de los recursos madereros y minerales en el pacífico colombiano, en la región de la amazonía o en el nororiente del país, así como los grandes proyectos turísticos en el norte, en otras palabras en regiones donde habitan diferentes pueblos y comunidades negras e indígenas, a la vez que viola un derecho constitucional, está produciendo más pobreza social, cultural y económica. Está produciendo más violencia y desarraigo a lo propio, provocando migraciones y desplazamientos, incrementando la miseria.

 

Identificar el desarrollo con la identidad de los pueblos

 

Concebir el desarrollo como un proceso que debe implicar la identidad, la cultura y las formas de ser de los pueblos no es una novedad, pues diversos autores y en organismos internacionales, foros, debates regionales y de carácter internacional, la propuesta, aunque tímida, ha salido a la luz. El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 1991, define el desarrollo humano como el acceso al ingreso y al empleo, a la educación y a la salud, y a un entorno físico limpio y seguro, un desarrollo más democrático y participativo.

 

Creo eso sí que es conveniente profundizar más en el tema, creo en la necesidad y urgencia de implementarla y de hacerla más del dominio de la gente y de los gobiernos.

 

La identidad como tal tiene diversos usos y aplicaciones. Pero aquí no nos referimos a aquella identidad que es equivalente con el nacionalismo o en la identidad con un sentido psicológico; es una identidad mas sencilla y más simple. Es la identidad individual que conlleve a una identidad colectiva, concebida como el conjunto de elementos, de vivencias y de formas de vivir y de ver la vida que tiene cada ser humano, de la conciencia o reconocimiento que tiene y hace de su propia historia, de su propia cultura. La que permite que actuemos de tal o de cual manera sin sentirlo como una imposición, sino como una necesidad para nuestro propio beneficio y para el beneficio colectivo.

 

Los diversos procesos de aculturación que se han implementado en las sociedades latinoamericanas ha ido borrando la identidad y el sentido de pertenencia de los pueblos con descendencia africana, al tiempo que, como ya lo hemos dicho, se continúa en la marginación y en el olvido, porque "la esclavitud en cierta forma perdura como componente del cuadro sociohistórico, y esa perduración se manifiesta en forma de conflictos y tensiones sociales que guardan relación clara con los existentes antes de la abolición". No obstante y en contraposición, los diversos movimientos y organizaciones que hoy existen o las diversas formas de cimarronear que tuvieron y tienen estos pueblos son las que han permitido que hoy se conserven elementos culturales y formas de ver la vida, así, como mantenerse en el espacio y en el tiempo.

 

Históricamente, el cimarronaje fue el proceso por el cual algunos esclavos abandonaban la plantación y buscaban refugio en las montañas para preservar en lo posible su identidad. Análogamente, en el terreno cultural se puede decir que trataron de escapar a la hegemonía de la colonia insuflando en ella sus propias escalas de valores, "cimarroneando" en lo posible los horribles mecanismos deculturativos o asimilacionistas de la civilización que se les imponía.

 

Hoy, los pueblos afrocolombianos continúan cimarroneando sus tradiciones y demostrando que es necesario replantear el desarrollo desde su propia realidad, hacerlo más humano y más "vivible", más coherente con la naturaleza, con las tecnologías y con la forma de ser de cada pueblo, que no genere dependencia, que permita identificar lo individual con lo colectivo, planificar con mayor autonomía, que exista una mayor articulación entre la sociedad civil y el Estado, que haya un reconocimiento y una practica de los derechos civiles y étnicos, que haya un respeto por la cultura propia, por la abolición total de toda forma de racismo y de discriminación y por un mejoramiento de los niveles económicos, de salud y de la educación.

 

Identificar el desarrollo con la identidad de los pueblos significa plantear el desarrollo de manera más humana y hacerlo, como se afirma en la revista Developpment Dialogue, sobre una base sólida:

 

"Esta base se construye a partir del protagonismo real de las personas, como consecuencia de privilegiar tanto la diversidad como la autonomía de espacios en que el protagonismo sea realmente posible. Lograr la transformación de la persona-objeto en persona-sujeto del desarrollo es, entre otras cosas, un problema de escala; porque no hay protagonismo posible en sistemas gigantes, organizados jerárquicamente desde arriba hacia abajo".

 

Propuestas de las comunidades y papel de la cooperación internacional

al desarrollo.

 

Contribuir al fortalecimiento de los procesos éticos-culturales de las comunidades negras es fundamental para lograr un equilibrio en las relaciones sociales y económicas que se establecen y que finalmente se manifiestan en las condiciones de vida de pueblo afrocolombiano ubicado no solamente en las zonas rurales, sino también en las grandes y pequeñas urbes.

 

Estos procesos étnicos-culturales se establecen en los siguientes principios que constituyen la propuesta de las organizaciones de las comunidades negras colombianas para la construcción de un Plan de Desarrollo humano, sostenible e integral, y que fueran presentados ante la Comisión Técnica formuladora del Plan de Desarrollo para las Comunidades Negras en Santafé de Bogotá:

 

1. Principio de Compensación. Este principio se orienta a reparar el desbalance, históricamente construido y acrecentado, entre el aporte significativo de la población afrocolombiana a la construcción de la nacionalidad en lo material, lo cultural y lo político, y la escasísima retribución de la Nación a las comunidades negras en términos de inversión social y recursos productivos para su sostenimiento y desarrollo. Operacionalizar la Ley 70 de 1993, donde se reconoce la obligación del Estado de proteger la diversidad étnica y cultural y el derecho de las comunidades negras a participar en las decisiones que las afectan, sin que esto signifique medidas paternalistas.

 

2. Principio de Equidad. Este principio complementario del anterior, pretende, por un lado, que se garantice el acceso equitativo a oportunidades de educación, salud, vivienda digna, transporte, empleo y de promoción en general. Por otra parte, busca asegurar que entre las regiones y comunidades afrocolombianas del país se distribuyan en forma equitativa los recursos asignables por los planes de desarrollo para inversión social y productiva.

 

3. Principio de Dominio. Las dinámicas de desarrollo, bien sean espontáneas como las estimuladas por las fuerzas del mercado, o planificadas por el Estado, han debilitado el dominio del poblador afrocolombiano sobre sus territorios ancestrales. San Andrés ya no es de los isleños; los patianos perdieron su derecho a antiguos indivisos; los nortecaucanos quedaron recluidos, al perder sus fincas, al perímetro de las zonas urbanas; los habitantes del Pacífico están siendo desplazados de los núcleos mineros, áreas madereras, playas y zonas pesqueras, por el embate de las empresas extractivas apoyadas por capitales internacionales o andino-nacionales y beneficiarias de concesiones estatales para explotar los recursos naturales.

 

Se requiere por tanto, que los planes de desarrollo apropien recursos a las organizaciones afrocolombianas para que puedan diseñar, elaborar y sustentar las propuestas de explotación de recursos naturales en sus territorios, como lo exigen los artículos 13 de la Constitución y 24 de la Ley 70.

 

4. Principio de Autodeterminación. Es el derecho soberano de ser actores de nuestros propios destinos históricos; de tener autonomía local y participación ciudadana en un sentido amplio. Es el derecho a controlar los procesos de planificación, lo que implica el fortalecimiento de los grupos y redes de apoyo local, de las instituciones locales para el control social sobre los procesos, fortalecer la capacidad local para generar respuestas, concertar y negociar alternativas de solución a los problemas de cada comunidad.

 

En definitiva, es un principio que busca el apoyo de las iniciativas de los grupos comunitarios para convertirlas en proyectos, que garantiza que los planes sean el resultado de acuerdos, concertaciones, negociaciones con las comunidades.

 

5. Principio de Afirmación del Ser. La afirmación del ser es una afirmación del derecho a la diferencia, a nuestras culturas, a nuestro modo de ser social y nuestra visión de vida. Este principio conduce a que los planes de desarrollo para las comunidades y regiones afrocolombianas no sean simplemente planes de inversión, sino canales para potenciar el desarrollo humano. Es un principio que centra el desarrollo en la gente, apoyándolo en las decisiones de ésta y que, al hacerlo, hace crecer su dimensión humana. Se fortalece así la capacidad de decisión, la creatividad, la solidaridad, el respeto mutuo, la valoración de lo propio, la dignidad, y la conciencia de derechos y deberes; se fortalece la identidad étnica y cultural y el sentido de pertenencia al territorio.

 

6. Principio de Sostenibilidad Se refiere a la importancia de hacer partícipes a las comunidades en los programas relacionados con la explotación de los recursos naturales, respetando sus practicas tradicionales, sus territorios y el futuro de las poblaciones venideras. La propia cultura e idiosincrasia de las comunidades han permitido conjugar los sistemas propios de organización social y productiva que combinan actividades extractivas de pesca, caza, explotación forestal, minería y extracción de fibras para artesanías, con la agricultura de vega basada en la asociación de cultivos agroforestales, recolección de frutos silvestres, palmitos y plantas medicinales.

 

De esta forma se han conservado en el tiempo amplias zonas ecológicas de gran importancia para las industrias extractivas y vitales para la sobrevivencia de las comunidades que allí habitan. Buscar alternativas socio-productivas que recuperen, validen y potencien las estrategias adaptativas ancestrales, para diseñar y concertar planes y proyectos de desarrollo centrados en la población y que tenga como eje el uso, la explotación racional y preservación de los recursos naturales y la biodiversidad de la región.

 

Con estos planteamientos y frente a ellos, la cooperación internacional al desarrollo en cualquiera de sus manifestaciones, no debe ser ajena a estos procesos, respuestas y propuestas que buscan y hacen los pueblos. Pues planificar políticas de cooperación desde los mismos modelos de desarrollo que implementan los gobiernos es reproducir los sistemas y negar alternativas generadas desde la propia realidad.

 

La practica de la cooperación al desarrollo, entendida como la actividad que nos permite compartir, conocer e intercambiar conocimientos, debe convertirse en un canal que permita dar respuestas a la responsabilidad futura que se tiene sobre los grupos marginados y despojados muchas veces de su cultura, de su pasado y de su historia.

 

Poner en practica un desarrollo con más equidad, debe constituir un desafío de cada día, significa, como se ha reconocido en la I Cumbre del Pensamiento, que tuvo lugar en Guatemala, en 1993, "tener una actitud activa y menos complaciente, implica que las sociedades y sus organizaciones se impongan metas y objetivos, y luego elijan un curso de acción para alcanzarlos; no por la vía de la imposición, sino por la vía consensual, por la vía democrática. El debate y la reflexión conjunta no solo contribuyen a esclarecer el camino a seguir, sino que se constituyen en el procedimiento adecuado para socializar ideas, generar consensos y construir puentes entre concepciones teóricas y acciones concretas".

 

Para las comunidades negras, constituiría un gran respaldo que desde el exterior se escuche su voz, que se apoyen las diferentes actividades y programas de etnoeducación que se realizan o se intentan realizar con mucho esfuerzo. Esto permitiría lograr que la protección y desarrollo de los derechos culturales, económicos, sociales, territoriales y políticos, que se han plasmado en la Ley 70 de 1993, se hagan más efectivos y sean una realidad.

 

La Cooperación Internacional debe contribuir mediante la difusión del interés que han puesto las propias comunidades en rescatar su identidad y de ser partícipes de la vida nacional. Interés que se manifiesta con la celebración de foros locales, regionales y nacionales que forman una sola voz y que sólo persiguen un objetivo: exponer el orgullo de ser negro, las expresiones artísticas y culturales propias del ser afrocolombiano, reconocer y dar a conocer nuestro papel en la historia, que no somos ajenos a ninguno de los procesos económicos, sociales y organizativos. En definitiva, que aquí estamos para vivir y para compartir.

 

Conclusiones

 

Al pueblo afrocolombiano no le ha bastado trabajar con dedicación y empeño para ser reconocidos como iguales frente al resto de la sociedad. Las políticas y planes de desarrollo exportados e impuestos han generado mayor marginación, han despojado a muchas culturas de sus valores más profundos, han producido desalojos y no han contribuido a la desaparición de la discriminación y el racismo, aún presente en el diario vivir colombiano.

 

Por ello considero, finalmente, que los aportes hacia un verdadero desarrollo humano deben tener un enfoque que contemple las siguientes consideraciones:

 

Necesidad de realizar un auténtico ejercicio y una practica efectiva de los derechos humanos. Las comunidades negras en Colombia constituyen uno de los sectores en condiciones de más alto riesgo para que sus derechos fundamentales, políticos, sociales, económicos y culturales sean vulnerados impunemente.

 

Puesta en práctica de sistemas y planes de desarrollo propios, autónomos, que respondan a la realidad de cada sector. En Colombia, con una diversidad amplia y representativa requiere que existan planes de desarrollo participativos, más centrados en el individuo, en las personas, y que permita, con su implementación:

1. Dar respuestas a la situación de marginación y violencia en la que algunos grupos sociales se ven inmersos;

2. El respeto - en la práctica - de los derechos humanos.

3. Acabar con la discriminación y el racismo que se manifiesta en el poco acceso que la población afrocolombiana tiene a la salud, la educación, el empleo y para la manifestación amplia y diaria, de sus expresiones culturales, fundamentalmente cuando se rechazan comportamientos y se catalogan como "primitivos".

 

Una acción internacional menos ajena e indiferente a la realidad. La solidaridad y la cooperación internacional se deben enfocar más hacia el fortalecimiento tanto de los diversos procesos de identidad que los pueblos adelantan desde el mismo centro de sus comunidades, como de las organizaciones y movimientos de base existentes.

No se debe olvidar que,

1. El sentido de pertenencia a un grupo;

2. El grado de conciencia y reconocimiento que hagamos de nuestra propia historia, de nuestra propia cultura;

3. El grado de participación en los planes de desarrollo local y nacional, la necesidad de crecer de manera autónoma;

son elementos de la identidad que pueden garantizar un desarrollo equitativo y duradero que refleje el bien - estar de las personas.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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