ANÁLISIS DEL DISCURSO

clac 15/ 2003

Xavier Laborda Gil

Universidad de Barcelona

xlaborda@ub.edu

 

¿QUÉ ES EL ANÁLISIS DEL DISCURSO?

Luis Cortés Rodríguez y

Mª Matilde Camacho Adarve

 

 

MÉTODOS DE ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO

Ruth Wodak y Michael Meyer, compiladores

 

 

Luis Cortés Rodríguez y Mª Matilde Camacho Adarve

¿Qué es el análisis del discurso?

Barcelona, Octaedro y Ediciones Universitarias de Barcelona, 2003, 158 páginas.

 

Ruth Wodak y Michael Meyer, compiladores

Métodos de análisis crítico del discurso

Traducción de Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar

Barcelona, Gedisa, 2003, 286 páginas.

 

 

 

Dos títulos

 

La bibliografía en castellano sobre la lingüística de la comunicación se ha enriquecido con dos nuevos títulos, ¿Qué es el análisis del discurso? y Métodos de análisis crítico del discurso. La anécdota es que estos libros han aparecido con apenas un par de semanas de separación. No vemos en ello sólo una curiosa coincidencia, porque la noticia es que cubren con extraordinario acierto un campo de estudio muy activo, pero necesitado de una reflexión histórica y metodológica como la que brindan con sus explicaciones a los lectores.

 

La primera obra es un trabajo original de Luis Cortés Rodríguez y Mª Matilde Camacho Adarve, que aporta una visión amplia, pero concisa y selectiva, de las teorías sobre el análisis del discurso y del panorama actual en el mundo hispánico. Por su parte la obra compilada por Ruth Wodak y Michael Meyer, y en la que se incluyen las aportaciones de seis notables autores, es la versión castellana –del libro editado en 2001 por Sage en inglés– que se centra en una corriente particular, la del análisis crítico.

 

 

Una obra clarificadora

 

El libro ¿Qué es el análisis del discurso? cubre un periodo de tres décadas de estudio del lenguaje, cuando a partir de los años setenta surge una visión que considera el lenguaje no ya como un. producto o una realidad cerrada, sino como un ámbito en tensión y en movimiento, regulado por las funciones de su uso y por las estrategias de negociación de los interlocutores. Sus autores, los lingüistas Luis Cortés (catedrático de Filología la Universidad de Almería) y Mª Matilde Camacho (doctora en Filología Hispánica de la Universidad de Almería), han querido plantear de un modo claro y resumido esa tradición de estudio que arranca con las propuestas de Benveniste, Jakobson, Bajtín, Halliday, Austin o Searle, que sitúan el objeto de estudio no ya en la estructura de la oración y del lenguaje sino en las actividades y funciones del discurso.

 

Con estos mimbres tan diversos con que se forma el análisis del discurso es natural que el resultado haya sido heterogéneo, inquisitivo y experimental. La superación del modelo saussureano conduce a una lingüística del funcionamiento realmente diversa y estimulante. Nos referimos a las aportaciones de la teoría de la enunciación y las marcas de los interlocutores, del dialogismo bajtiniano o intertextualidad, de la etnografía del habla de Hymes y Gumperz, de los principios de la pragmática, de los avances de la sociolingüística de Labov, del cognitivismo de Van Dijk y las macroestructuras, de la teoría de la argumentación de Ascombre y Ducrot. A estas teorías hacen referencia Luis Cortés y Mª Matilde Camacho. Y en su precisa exposición hallamos la comprensión de las diferentes fuentes que nutren la lingüística que se ocupa del análisis del discurso.

 

Tres capítulos más completan el libro ¿Qué es el análisis del discurso?. Se refieren a aspectos tan clarificadores como el objeto de estudio (cap. 3), las corrientes vigentes (cap. 4) y su concreción en la investigación hispánica (cap. 5). Asumida la heterogeneidad del análisis del discurso, un aspecto muy positivo es la riqueza temática y teorética de sus objetos de estudio. Entre otros, destacan los trabajos sobre modalidades escritas y orales, géneros, registros y sociolectos. No sólo se amplía el conocimiento sobre estos objetos sino que también se profundiza de modo significativo en la oralidad, la variación lingüística y la tipología discursiva, considerada ésta como clave de la diversidad funcional.

 

En el capítulo cuatro, Cortés y Camacho exponen una clasificación de las corrientes de análisis, que agrupan con perspicacia en tres bloques. Uno de ellos es de las corrientes tangencialmente lingüísticas, entre las cuales se hallan las del análisis conversacional norteamericano y de la semiótica estructural. El segundo bloque agrupa las corrientes más interesadas por lo lingüístico. Son las de la escuela funcional del discurso (influida por el pensamiento de Halliday), que se ocupa de aspectos como la topicalización de la información y las condiciones pragmáticas de la interacción; la escuela de Birmingham, con Sinclair y Coulthard entre sus fundadores, que estudian el discurso oral en la escuela y establecen unidades discursivas superiores a la oración; y la escuela de Ginebra, con las aportaciones de E. Roulet y E. Miche, centradas en la comunicación oral y que articulan teorías complementarias como la de los actos de habla (Austin y Searle), la argumentación (Ascombre y Ducrot), la intertextualidad (Bajtín) y la interacción sociológica (Goffman). Un tercer y último bloque de la clasificación de Cortés y Camacho está destinado a contener una sola corriente, la del análisis crítico del discurso. Si bien el análisis crítico coincide con las corrientes del segundo bloque en su interés por los instrumentos lingüísticos, presenta la particularidad de su propósito ideológico y del compromiso político en analizar discursos que construyen estructuras de poder. Aquí aparecen reseñadas las figuras de N. Fairclough, R. Wodak, T. van Dijk y M. Billig, entre otros nombres.

 

Cierra el libro una presentación del estado actual de los estudios sobre el análisis del discurso en el mundo hispánico. La indicación de los foros de discusión vigentes, en congresos y publicaciones, da una muestra de la vitalidad de la lingüística contextual en lengua española. Y a modo de ejemplificación, los autores destacan diversos aspectos del análisis del discurso aplicados a la enseñanza del español, como los referidos al enfoque comunicativo del aprendizaje de la lengua y a una modalidad de comentario textual coherente con la perspectiva pragmática del discurso.

 

 

El caso del análisis crítico del discurso

 

Ruth Wodak y Michael Meyer son los compiladores de Métodos de análisis crítico del discurso. Esta versión castellana aparece dos años después de su publicación original, por iniciativa de Gedisa y con la eficiente traducción de Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar. Forma parte de la colección “Lingüística, Análisis del discurso”, que cuenta con tres obras más de Teun van Dijk, en dos de ellas como compilador, El discurso como estructura y proceso y El discurso como interacción social. En estas obras de compilación observamos la presencia de autores que de nuevo aparecen en el título que aquí reseñamos.

Hacemos esta referencia a la colección porque es ilustrativa, por un lado, de la vinculación que se hace entre lingüística y análisis del discurso. Es indudable que este campo constituye un bloque predominante en la investigación lingüística y que corre paralelo al de la lingüística formal. Por otro lado, los detalles apuntados nos hablan de la estrecha cooperación entre investigadores del análisis crítico, cuando menos en la publicación de sus aportaciones. Esa naturaleza coral, propia de la comunidad científica, está reforzada en la presente obra, en la que participan Siegfried Jäger (Universidad Gerhard Mercator, Duisburgo), Teun van Dijk (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona), Norman Fairclough (Universidad de Lancaster) y Ron Scollon (Universidad Georgetown, Washington), además de los compiladores, Ruth Wodak y Michael Meyer, ambos en la Universidad de Viena.

 

El volumen tiene el mérito de presentar la diversidad y complejidad de esta corriente de un modo teórico y también con detallados ejemplos de análisis. El elemento central de esta exposición de destacados investigadores es la exposición de los métodos del análisis crítico del discurso, lo cual tiene sus dificultades. La primera es precisamente la diferente composición del aparato crítico que aplican estos autores, con una gama que va del más sociológico, como sucede con N. Fairclough, al más lingüístico, un carácter que se atribuye a R. Wodak, pasando por una combinación de lingüística y psicología cognitiva, como ocurre con la aportación de T. van Dijk. La segunda dificultad estriba en la polisemia del término “método”, que no debe entenderse aquí en su acepción positivista y aceptable por la lingüística formal de camino que conduce a un resultado cierto. Mas bien se puede entender en esta obra la idea de método en el sentido que propone la hermenéutica, esto es, como un conjunto de principios y de procedimientos que orientan pero no ahorman la actividad del investigador.

 

En lo que se refiere a los capítulos del libro, los compiladores describen al inicio los aspectos fundacionales de la historia del análisis crítico y de tres nociones básicas, las de crítica, ideología y poder. También ubican el ámbito de la corriente mediante una triangulación, que incluye las teorías implicadas, los métodos desarrollados y las consecuencias políticas de su actividad. El análisis crítico del discurso estudia los mecanismos lingüísticos y representativos de discursos sesgados y de dominación y discriminación, como por ejemplo los discursos sexistas, xenófobos, racistas o totalitarios. En esta parte, que abarca los dos primeros capítulos, es de destacar el esfuerzo de síntesis. Aquí M. Meyer incluye un convincente comentario de los reproches que se hacen al análisis crítico, como la redundancia de su denominación (el análisis es crítico o no es análisis), la heterogeneidad de su aparato crítico (una acusación que comparte con el análisis del discurso) y la contaminación política y la consiguiente pérdida de objetividad científica.

 

Siegfried Jäger realiza un detallado repaso de los dispositivos discursivos (cap. 3). Para ello distingue entre las prácticas discursivas –una conferencia, por ejemplo–, prácticas no discursivas –la reparación de una máquina – y dispositivos, esto es, los recursos técnicos, escénicos y protocolarios que acompañan al discurso.

 

Ruth Wodak argumenta la importancia de la perspectiva histórica (cap. 4) y analiza el texto de una campaña política de 1992 que se titulaba “Austria primero”, en la que un partido austriaco abogaba de un modo solapado por la discriminación social.

 

Por su parte, Teun van Dijk firma un texto que destaca la multidisciplinariedad del análisis y que ubica su actividad en la confluencia de tres perspectivas, la discursiva, la cognitiva y la social (cap. 5). Dijk ejemplifica esta propuesta con el útil comentario de un documento, “Una propuesta contra la persecución de Microsoft” (a causa de la investigación judicial en USA de las prácticas monopolísticas de Microsoft), en el que analiza los contenidos macro o temáticos y los micro o pragmáticos.

 

Norman Fairclough proclama la conveniencia del análisis crítico para el estudio en ciencias sociales (cap. 6). En su exposición comenta una alocución del diputado y primer ministro británico Tony Blair como ejemplificación de su perspectiva holística, comprehensiva de la comunicación como actividad social. Fairclough pone en juego aspectos tales como el dispositivo discursivo, los elementos estructurales del orden del discurso, las interacciones, las influencias interdiscursivas y el análisis lingüístico y semiótico.

 

Ron Scollon desarrolla en el extenso y último capítulo una aproximación a aspectos globales de la comunicación. Considerada la comunicación discursiva no como una modalidad representativa o referencial sino como un instrumento de mediación social. Y considera el discurso también de un modo amplio, que incluye las interacciones no verbales, los géneros discursivos, los textos, los elementos gráficos e imágenes, los sonidos, los objetos y los elementos escénicos o de situación.

 

El libro concluye de un modo atípico en el capítulo de Scollon. Llama la atención que carezca de conclusión, que resulte inconclusa, como si se tratara sólo de recoger las voces de los autores en unos documentos de trabajo, ni más ni menos. Como contrapartida, las sugerencias de lectura al final de algunos capítulos, un correcto índice analítico y la abundante sección bibliográfica al final del libro invitan a sumarse al estudio y el progreso de esta corriente.

 

 

El diálogo de los dos libros

 

El interés del análisis del discurso supera los límites de sus métodos y de las disciplinas que lo desarrollan. Está en la conexión con una concepción constructivista de la realidad. El análisis del discurso señala que se produce una construcción discursiva de la realidad y que esa construcción es mediata. La intervención del discurso sobre el mundo es indirecta, pues opera mediante el tiempo, los dispositivos y las diferentes modalidad y géneros. Y el objetivo del análisis –y aquí se introduce la flexión de “crítico”–, el objetivo del análisis crítico del discurso es comprometerse en una tarea que puede desvelar estructuras de poder. Al respecto, escribe Siegfried Jäger:

 

Los discursos (dominantes) pueden ser criticados y concebidos como objetos problemáticos. Esto se realiza a través de su análisis y de la revelación de sus contradicciones, de sus elementos no expresados, y del espectro de lo que, desde ellos, es posible decir y hacer, así como por medio de la exposición de los medios con los que ha de lograrse la aceptación de verdades cuya validez es meramente temporal. Nos referimos aquí a verdades asumidas, a verdades que son presentadas como racionales, sensatas y fuera de toda duda. (p. 62)

 

Hablar es hacer. Hablar es expresar formas de vida, pero también supone construir formas de vida. “Los discursos no poseen interés por el hecho de ser expresiones de la práctica social –continua diciendo Jäger–, sino por el de contribuir a determinados fines, a saber, el de ejercer el poder a todos los efectos. Y lo hacen así porque están institucionalizados y se hallan regulados, porque se encuentran vinculados a la acción.”

 

En los libros reseñados hemos visto puntos en común y otros distintivos. Pero las diferencias entre el análisis del discurso y el análisis crítico del discurso quizá sean menores de lo que parecen. Según L. Cortés y Mª M. Camacho es un error considerar esas dos grandes corrientes como incompatibles o divergentes: “Y es que ambas tienen parecidos intereses: el discurso, la importancia del contexto, la relevancia del aspecto interactivo del lenguaje, la organización de la expresión, significado y acción de varios niveles de análisis” (p. 126). Estos autores añaden que, por ejemplo, el estudio de las estrategias de manipulación y la estimulación de la capacidad crítica del lector es una tarea propia de la enseñanza de la lengua. He aquí una muestra de la coincidencia o implicación de métodos y de objetivos que revela algunas de las muchas posibilidades del estudio del discurso. Y es admirable la facilidad y la compenetración con que estos dos libros dialogan entre sí, estimulados por un lector que desee hacerlos significativos y convertirlos en acción.

 

© Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación 15, Septiembre 2003. ISSN 1576-4737.

http://www.ucm.es/info/circulo/no15/laborda.htm

 

clac 15

 

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