Fundamentos genéticos del lenguaje

 

 

clac 18/ 2004

 

 

Ángel López García

 

Ana Laura Rodríguez Redondo

Universidad Complutense de Madrid

analaura@filol.ucm.es

 

Ángel López García. 2002. Fundamentos genéticos del lenguaje

Madrid: Ediciones Cátedra. 251 pp.

ISBN: 84-376-1991-2

http://www.catedra.com/

 

 

Como el propio autor indica en el Prefacio de su obra, este libro toca un tema que se encuentra en el “ojo del huracán del siglo XXI” (13), la genética. El final del siglo XX y los comienzos del siglo XXI se han destacado, en el ámbito científico, por los innumerables avances en el campo de la genética que nos posibilitan desde ratificar la paternidad de los hijos hasta el “diseño” de nuestros futuros vástagos. Evidentemente, la lingüística no iba a dejar escapar la oportunidad que ofrece este más profundo conocimiento de nuestros componentes celulares para intentar ratificar las hipótesis de las escuelas chomskianas, que a mediados del siglo anterior ya reclamaban que la paternidad del lenguaje se encontraba innata en nosotros.

No obstante, al contrario de las aproximaciones al innatismo de la escuela generativista, no es este un libro que trate de imponer los métodos científicos experimentales en la lingüística, es más, López García se manifiesta en contra de este tipo de interactividad entre “ciencias duras” y “ciencias blandas” (13). Muy al contrario, en un movimiento hacia la verdadera interdisciplinariedad, lo que hace es establecer un puente entre ambas ciencias no mediante el trasvase de métodos científicos, sino mediante el trasvase de conocimientos de una y otra área de manera que la corriente de información pueda dar como resultado un acercamiento diferente al lenguaje. Para llevar a cabo esta tarea, el autor propone un método de descubrimiento, en el que se establecen analogías, similitudes y paralelismos entre elementos, estructuras y mecanismos en el terreno de la genética y de la lingüística, planteando hipótesis y preguntas que van haciendo posible el desarrollo de las analogías, así como estableciendo los límites de la extensión de la homologías. En muchos casos, este camino lleva al lector a dar como válida la presentación de una idea que posteriormente parece verse rechazada a la vista de nuevos datos. Pero esto no es así, en realidad, López García no rechaza nada categóricamente, sino que es un continuo replanteamiento de cuestiones lingüísticas teniendo en cuenta diferentes perspectivas.

Indudablemente, como el propio autor señala en el prefacio de su obra, el manejar conocimientos de dos áreas tradicionalmente tan alejadas, debido al parcelamiento del conocimiento moderno que hace imposible que un mismo individuo se forme en las áreas de la genética y la lingüística a la vez, entraña una dificultad añadida para este libro, la dificultad de encontrar un lector que tenga conocimientos previos en ambas áreas. El problema se resuelve inteligentemente “simplificando datos de ambas ciencias pero sin llegar a trivializarlos” (14).

Pero la cuestión no es sólo el manejo de datos de estas dos áreas, sino que la complejidad de la obra se ve aumentada por el hecho de que López García no se conforma con seguir una sola aproximación con respecto a las teorías del lenguaje, sino que hace uso de varias aproximaciones. De hecho, él mismo critica en el capítulo VI el sectarismo de las escuelas lingüísticas, así como la falta de conocimiento y consideración que hay por el trabajo que se realiza en unas y otras (78). Así pues, López García aboga por la consideración de las distintas propuestas para encontrar en cada una algo que pueda ser de utilidad para la explicación del lenguaje. De esta forma, en este libro se pueden encontrar referencias y conceptos provenientes de las más diversas escuelas como la estructuralista, la generativista, el funcionalismo o el cognitivismo, pasando por la lógica formal, o las teorías del conocimiento, entre otras muchas. Igualmente, hay una gran variedad de conceptos provenientes de la psicología, fundamentalmente de los estudios sobre el procesamiento visual de la gestalt, o se manejan las ideas, como los procesos de parsing de la psicolingüística. De igual manera, se hace importante referencia a los estudios de los primatólogos y mención a las teorías neurológicas que relacionan la evolución cerebral y del lenguaje. En el campo de las ciencias no lingüísticas, López García maneja con gran destreza, además de la genética, conceptos provenientes de la física, la química, la biología molecular, así como de teorías etologistas (cf. Lorentz 1978) sobre la evolución de las especies.

Esta amplitud y eclecticismo en la aproximación teórica, junto con el continuo proceso de descubrimiento, hace que no haya un desarrollo lineal de los temas, a pesar de lo que pudiera parecer al ver el índice del libro, sino un continuo entretejimiento de ideas. La consecuencia es clara, el lector es el que tiene la última palabra para decidir sobre las implicaciones que todos estos hechos puedan tener. De hecho, este es uno de los objetivos del autor, por el cual evita deliberadamente un capítulo de conclusiones.

El libro se divide formalmente en un prefacio y once capítulos, entre los que cabe destacar el último de ellos, ya que en él se produce un efecto acumulador en el cual se dan cita muchas de las ideas que se han ido desgranando previamente pero en el que a su vez, se plantean más dudas y cuestiones pendientes de consideración para un lector lingüista. No obstante, aunque precisamente por ese efecto el lector se sienta tentado de empezar por el último capítulo, esta estrategia lectora le hará perder la perspectiva de pensamiento acrescente, indagador, interdisciplinar y ecléctico con el que se desenvuelve el libro, y desaprovechará muchos de los temas que aparecen en capítulos anteriores y que en este último son necesarios para poder interpretar sus contenidos en su justa medida. Lo único que se echa en falta es una bibliografía conjunta al final, ya que esta se encuentra expuesta en los pies de página, junto con las notas aclarativas, y en la que además se hace referencia a los años de las ediciones utilizadas por el autor, sin incluir las originales.

Según López García, se trata de plantear cuestiones relativas al  lenguaje en términos biológicos siguiendo con su continua “búsqueda del conocimiento de uno mismo aplicado en este caso a la especie en lugar de al individuo” (15). Por supuesto, su objetivo es tan amplio como el objeto planteado, el lenguaje. En el capítulo VI, matiza que su verdadero interés es intentar dar respuesta lo que Chomsky denominaba problema de Platón, el cual surge “del asombro” ante la observación del proceso de adquisición del lenguaje.

Entre las cuestiones relativas al lenguaje planteadas en términos biológicos, podemos destacar varios temas cuyo planteamiento en este libro pueden llevar a implicaciones dignas de desarrollarse en futuros trabajos: sobre el cambio biológico;  el origen del lenguaje: innatismo y percepción;  procesos informativos; principios perceptivos y su implicación en la organización del lenguaje; analogía del código genético y el código semiótico; analogía formal entre código genético y código lingüístico; la especificidad del lenguaje humano; pre-lenguaje, protolenguaje y lenguaje; adquisición y desarrollo del lenguaje; la gramática emergente etc. Por supuesto aquí no se agotan los temas tratados, dependiendo de los intereses de cada lector, se pueden encontrar planteamientos muy sugestivos para cuestiones más específicas en cada uno de los capítulos, como la categorización, la concordancia gramatical, la morfología, los movimientos sintácticos, la oración compleja, el texto, la coherencia y cohesión textual, tema y rema, la variación lingüística, el cambio lingüístico, la creatividad etc.

Una de las tesis centrales de este estudio es que el código genético es el modelo o “base estructural para el código lingüístico” (219). Esto es, que el lenguaje “en su manifestación más característica (que no la única) se encuentra prefigurado en el genoma” y por tanto, “el lenguaje es una capacidad innata” (227). 

Asimismo, los principios innatos son tanto aquellos relacionados con la estructura lingüística como con las bases perceptivas del lenguaje. Estos principios no tienen valor si no se conjugan entre ellos. Además, no hay que confundir esto con el hecho de que en el genoma se encuentren las estructuras que se definen en las gramáticas. El genoma, según este autor, prefigura unos principios que son necesarios pero no suficientes para el uso de la lengua. Así pues, existe un componente lingüístico que no tiene posible homólogo ni en las unidades y procesos genéticos, ni en los procesos perceptivos, el componente pragmático del lenguaje. El código genético es totalmente ajeno a las consecuencias de sus procesos, mientras que el lenguaje se utiliza precisamente con el fin de obtener una respuesta en el oyente.

Una de las ideas principales que subyacen al planteamiento genético-lingüístico de este libro está relacionada con el cambio biológico, ya que el origen del ser humano afecta al origen del lenguaje. López García trata de establecer que dicho cambio biológico no sólo es gradual, sino que también hay cambio catastrófico, o como López García dice más frecuentemente, salto cualitativo. De esta forma, la combinación de conceptos que hasta ahora parecían antitéticos como evolución gradual y cambio catastrófico, o la progresiva adaptación al medio y lo innato del proceso de acomodación forman las bases del concepto del cambio biológico que afectan al desarrollo u origen del lenguaje, Así pues, el concepto de evolución subyace a los principios innatos que regulan la base formal del lenguaje, mientras que el de salto cualitativo lo hace en aquellas características propias del ser humano como la capacidad cognitiva de desplazamiento (67), y aquellas que identifican al lenguaje como algo específico del ser humano, como su función simbólica (67).

De entre estas dos facetas, podríamos decir que el autor se centra en la parte más evolutiva del lenguaje, esto es, en el estudio de los principios innatos que forman parte de nuestra herencia biológica y que como tal, López García cree que se deberían encontrar en el código genético. La búsqueda de la herencia genética está dirigida hacia la explicación del cómo del innatismo lingüístico. Esta se desarrolla principalmente a través de analogías y paralelismos, entre los que cabe destacar el realizado en el capítulo II entre el código genético y el código semiótico. Asimismo, la analogía se extiende en el capítulo III a los procesos informativos que ocurren en el interior de la célula, Transferencia, Transcripción y Traducción, y los que tienen lugar en diferentes tipos de organismos vivos. En ambos casos, se observa un aumento de la complejidad de dichos procesos en relación con la complejidad del organismo. Más adelante, en el capítulo VI introduce el mecanismo replicador del ADN el cual supone un grado mayor de complejidad en el procesamiento informativo humano frente al de los primates. En el capítulo IV se amplía la analogía a los procesos comunicativos, ejemplificándose la realización de los mismos mecanismos de transmisión de información intracelulares en la comunicativos entre seres vivos. En ambos procesos, informativo y comunicativo, existe tanto un encadenamiento como una progresiva complejidad procesual que también se encuentra prefigurada en “la forma de codificar los genes” (40). Por esto, la Transferencia, Transcripción y Traducción son considerados como “universales de la información biológica” (46).

El proceso de analogía afecta también a los principios innatos perceptivos. En el capítulo V, López García parte de la consideración de la percepción visual como el prototipo de proceso comunicativo por el cual se transfiere la información del entorno hasta el ser vivo mediante la transformación de los estímulos recibidos. Se establecerán homologías entre las leyes de percepción visual propuestas por la gestalt con los procesos de comunicación e información que se dan en el interior de la célula y que se proyectan fuera de ella en los organismos vivos (76).

Igualmente, se observa que en el principio de nuestra actividad verbal, el protolenguaje infantil evidencia la puesta en práctica de mecanismos que operan en el procesamiento visual y su importancia. Estos principios innatos surgen debido al salto cualitativo que tiene que ver con el desarrollo de nuestra capacidad neurológica la cual hace posible no sólo que podamos trasladar los principios perceptivos al procesamiento verbal, sino que además seamos capaces de extenderlos y mejorarlos fuera del ámbito puramente perceptivo.

En el capítulo XI se vuelve a los principios perceptivos y el lenguaje, puntualizándose que, a pesar de que la percepción visual es algo que tenemos en común los seres vivos, existe una diferencia perceptiva esencial causada principalmente por el lenguaje humano. La percepción humana es tanto digital como analógica (Watzlawick, Beavin y Jackson 1967). Esto es, podemos percibir nuestro entorno tanto de forma continua como en unidades discretas. Esta posibilidad de percepción de entidades discretas sólo es posible a través del lenguaje y es específica del ser humano.

También aquí se establece una correspondencia entre los patrones gestálticos y los patrones lingüísticos. Uno de los fundamentos de la percepción es el establecimiento del patrón perceptivo de figura y fondo (229), el cual en el ser humano se ve completado con la capacidad de poder establecer una frontera entre ambos, dada su naturaleza perceptiva analógica, la cual depende igualmente del lenguaje (231). Esta estructura perceptiva específicamente humana encuentra su homóloga en la estructura del codón genético.

El desarrollo de la hipótesis evolucionista se amplía al ámbito estructural lingüístico, principalmente en los capítulos VIII, IX y X, donde se establecen correlaciones formales entre el código genético y el lingüístico. Es de agradecer, dada la complejidad de la parte genética, que al principio de cada capítulo se ofrezca un resumen de lo descrito en el anterior. Igualmente, al principio del capítulo XI el autor presenta un resumen conjunto del resultado de las analogías descritas en los tres capítulos anteriores.

En el capítulo VIII, se establece la analogía entre la estructura del código genético con la estructura de frase lingüística, mientras que en el capítulo IX se establece la analogía entre el ADN satélite o no codificante y los fenómenos de oración como la configuracionalidad y la recursividad, los procesos de entrecruzamiento, la trasposición relacionada con los pro-clíticos y el concepto de isla sintáctica (173). En este capítulo X se sube el nivel estructural, de la oración al texto, regresando al ADN codificante en busca de la analogía.

Dentro del texto, además de su constitución, se trata también de establecer la analogía entre los procesos de control de ciertas unidades genéticas y los mecanismos de coherencia semántica y cohesión sintáctica textual. Asimismo, se investiga sobre la estructura discursiva inducida por los procesos genéticos de Transcripción, Traducción y Transferencia (194). Se realiza así una homología entre unidades y procesos genéticos, especialmente en la Transcripción y Traducción, con conceptos de enunciado, oración y texto, como son los contenidos explícitos, los contenidos redundantes (196) los conectores, el tópico discursivo (198), así como con el foco y el tema (203), las secuencias de apertura que se utilizan en los turnos conversacionales (205) o incluso los tonemas (207).

Todas estas analogías sirven para establecer que los principios del lenguaje se encuentran en el genoma y por tanto son innatos. López García también establece los límites de dicho innatismo al proponer una gradación entre lo innato y el lenguaje. De esta forma, el autor afirma que los principios perceptivos sólo pueden llegar a explicar el protolenguaje, que sumándole las regularidades formales subyacentes en la estructura del genoma daría un pre-lenguaje (143), llegando al lenguaje humano adulto, de mayor nivel de complejidad. En este lenguaje entran en juego no sólo principios innatos de base genética y perceptiva, sino otros componentes como la conciencia metalingüística y la construcción del Yo, que actúan como mecanismos de integración (223) y que dan como resultado una gramática emergente. No obstante, la cuestión del lenguaje humano es más compleja aún. De hecho, el propio autor manifiesta la necesidad de ir más allá de la simple coincidencia estructural entre código genético y lingüístico. Estos principios se sostienen como necesarios para la adquisición de una lengua, pero evidentemente no son suficientes para manejarla (221).

Es importante resaltar que el propio López García llega a reconocer que su proceso analógico establecido entre el código genético y el código lingüístico le lleva a la descripción de los mismos principios lingüísticos que son descritos por el generativismo como universales lingüísticos (220). Consciente de esto, él mismo se excluye de esta posible categorización cuando afirma que no trabaja dentro de esta metodología (78), lo cual no significa tampoco que la rechace, igual que no rechaza totalmente ninguna otra teoría que pueda hacer aportaciones a las hipótesis y problemas formulados en este libro.

Por último, es destacable lo refrescante del estilo de este libro, que se aparta del desarrollo lineal al que estamos tan acostumbrados. López García guía al lector por el entramado de su pensamiento a través de la exposición de hipótesis y preguntas, en un proceso de descubrimiento y duda continuo que engancha como la mejor de las obras de suspense, en las que la trama se va desarrollando, impulsando al lector a mantener la atención y, tal vez, lo que es más importante, a plantearse más dudas y querer seguir aprendiendo.

 

Obras citadas

K. Lorenz. 1978. Fundamentos de la etología. Barcelona 1986: Paidós/ Vergleichende Verhaltensforschung - Grundlagen der Ethologie. Springer: Heidelberg.

P. Watzlawick, J. H. Beavin y D.D. Jackson. 1967. Teoría de la comunicación humana. Barcelona 1981: Herder/ Pragmatics of human communication. A study of interactional patterns, pathologies, and paradoxes. Nueva York: Norton/Une logique de la communication. París 1972: Seuil.         

 

 

© Ana Laura Rodríguez Redondo. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación 18, mayo 2004. ISSN 1576-4737.

http://www.ucm.es/info/circulo/no18/redondo.htm

 

clac 18/ 2004

 

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