DICCIONARIO DEL ESPAÑOL ACTUAL

 

 

Manuel Seco, Olimpia Andrés, Gabino Ramos

 

2 vols., 4.638 págs., vol. I, A-F, vol.2, G-Z

Aguilar lexicografía, Madrid, 1999

 

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clac 9/2002

 

Ángel Alonso-Cortés

 

Universidad Complutense de Madrid

 

alonso cortes en filol ucm es

 

            Casi la mitad del siglo XX español está contenida en estos dos volúmenes del Diccionario del español actual (DEA) que suman la impresionante cantidad de 4.500 páginas en las que los autores han recogido el léxico vivo del español comprendido entre 1955 y 1993.

 

            Nuevas realidades, nuevas palabras. Así podríamos resumir la originalidad del diccionario. La España de los 50, apenas salida de la autarquía, no jugaba al padel ni al squash. Los ciudadanos no necesitaban un jacuzzi porque no tenían stress. Tampoco había jet-society ni los empresarios, con un débil comercio exterior, se afanaban en una joint venture. Tampoco las universidades y empresas ocupaban un ranking. Los jóvenes de aquella época no contaban asignaturas por créditos ni sus planes de estudios eran tan estresantes ni escuchaban música de rap en un videoclip. Las mujeres no vestían prendas de lycra ni se cubrían con un body. Antes, los españoles acudían a espectáculos picantes o sicalípticos; después, acuden a un top less en un night club.

 

            ¿Qué hacen los españoles de los ochenta y noventa? Algunos patean (del verbo patear, “golpear suavemente la pelota para acercarla al hoyo o introducirla en él”), en el green del golf o escriben en su PC que emplea un sistema DOS. Hoy la vida de los españoles parece superguay, porque disponen de una supercuenta y los fines de semana disfrutan su mountain bike y contemplan un video, quizá uno que ellos mismos hicieron en su videocámara (el tomavistas de hace treinta años).

 

            Hoy la vida es más audiovisual que hace cuarenta años. Disponemos de videodisco, videolibro, y videojuego. Nuestras casas disponen de videoportero y sus habitantes tienen nutridas viodeotecas , y hasta puede escucharse y oirse a un premio nobel por videoconferencia. La vida del español está sometida al IPC, al IRPF, a los USA, a los VIP, al sistema MKSA, al NIF; un banco recibe una OPA, el agua viene a través de PVC, las PYMEs necesitan financiación, las grandes invierten en I+D, los coches disponen de ABS y receptor de FM; en fin, en caso de necesidad, acudimos al ATS (antes, practicante).La sigla se ha consolidado como procedimiento formador de palabras, y este diccionario recoge muchas de uso corriente.

 

            El Diccionario del español actual recoge usos procedentes de otra tendencia de la lengua española actual, como es la abreviación de las palabras largas de tres o más sílabas, que el español no favorece, en palabras de dos sílabas con acento llano: tranqui (lo), boli (grafo) , combi (nado), tele (visión), vice (presidente), maxi (falda), mini (falda), poli (cía), profe (sor) narco ( traficante), pelu (quería), retro (grado) , progre (sista), ridi (culo), seño( rita), super (mercado), y otras más. Además, el español ha creado en estas últimas décadas nuevos y sorprendentes medios de expresión, que recoge el diccionario. Así, forma el superlativo por medio del prefijo super- , que junto al significado de altura, exceso y superioridad ha adquirido el de intensidad o grado sumo en supercarburante ( a su vez, abreviado en super), superligero, superbomba, supervedette, y otros que el DEA recoge. Lo mismo sucede con semi- que junto al significado de “mitad” acoge ahora el de condición, cualidad o proceso parcial o incompleto: semianalfabeto, semiestreno, semidormido, semidescremar, seminuevo, etc.

 

            Los adverbios acabados en -mente han visto incrementados sus usos como hasta ahora no había sucedido. Aquí tenemos recogidas formaciones nuevas como idiotamente, ignacianamente, madrileñamente, magisterial­mente, marítimamente, piramidalmente, planetariamente, plebiscitariamente, guapamente, y otras capaces de asustar a los hablantes más atrevidos.

 

            El español parece que puede con todo. Del inglés ha creado el verbo handicapar, lo mismo que el adjetivo mediático a partir del inglés media (y éste del latín). Las palabras nacidas como marcas comerciales también son incorporadas a este diccionario, reflejando así el uso común que han adquirido: nescafé, ketchup, kodak, leacril, martini, pernod, etc. Hasta el nombre de Matilde aparece como nombre común significando “acción de la Compañía Telefónica Nacional de España”. En fin, las palabras malsonantes (que apenas tienen cabida en el diccionario de la Academia) aparecen con un desarrollo hasta ahora no visto en un diccionario general. Casi media página dedica a “hostia“ en sus significados más varios: desde el más ingenuo de golpe hasta el comprendido en locuciones como “cagarse en la hostia” y “cagando hostias”.

 

            El Diccionario del español actual comprende palabras en uso documentadas o no documentadas, pero de uso evidente; en este último caso, son los autores los encargados de suministrar el uso. Son palabras de todos los registros del hablante: coloquial, familiar, culto, o semiculto, jergales y técnicas, malsonantes o eufemísticas. Se trata, por tanto, de un diccionario general definitorio. Este tipo de diccionario compila las entradas del diccionario o lemas, que son selectivas, indicando variantes ortográficas (el DEA recoge hierba y yerba, por ejemplo), la pronunciación si hay más de una, por ejemplo, radar y rádar), informa de las propiedades sintácticas de la palabra (si es nombre, su género; si es verbo, transitivo o intransitivo,adjetivo, etc.), indica si es arcaísmo, palabra histórica; indica el registro (coloquial, popular, literario, jergal etc); indica si la palabra es de una materia específica (física, matemáticas, agricultura, etc). Además, ofrece ejemplos (documentados o creados por los autores) donde aparece la palabra definida en una oración o una secuencia de oraciones. Esto permite que el lector compruebe todas las propiedades de la palabra que aparecen indicadas en el diccionario.

 

            Junto a esta información básica, este diccionario recoge: 1) frases lexicalizadas: punto cero, punto de apoyo, plátano falso etc, 2) sustantivos compuestos: pájaro carpintero, pájaro bobo, 3) combinaciones habituales: sentar la cabeza, sentar la mano, 4) comparaciones fijas: sordo como una tapia, 5) Fórmulas: dale que te pego, dale y dale, 6) nombres propios usados como comunes: tenorio, quevedos, celestino, etc 7) gentilicios y nombres de lenguas (más de lo habitual ): ingush, inguso: pamue;kirguís, kirguizio; kikuyo; kikongo, etc ; 8) combinaciones de palabras con letras nombres letras:rayos equis ( que aparece en el lema equis), factor Rh, etc, 9) prefijos: anti-, peri-, in-, (pero no aparecen otros afijos como -oso, -ción,-sión, -tura, -ito, -íllo etc.); 10) formas no normativas: carnecero, taxis, jamón york, indicando sólo que pertenecen a la categoría “popular”, sin señalar su alejamiento de la lengua normativa; 10) Adverbios terminados en -mente, en mayor número que otros diccionarios generales definitorios, y 11) abreviaturas y siglas.

 

            Las palabras que recoge un diccionario no son entidades aisladas. Una palabra no tiene significado por sí misma, sino que lo tiene dentro del funcionamiento de un sistema gramatical. Diccionario y gramática están intimamente relacionados. Las palabras pertenecen a categorías como nombre, adjetivo, verbo etc. Estas y otras categorías son las que tiene en cuenta la sintaxis de la lengua. Las palabras que recoge un diccionario general son portadoras de propiedades gramaticales que contribuyen definitivamente a establecer su significado.

 

            Dentro de un diccionario hay, pues, una gramática, algo que los usuarios de un diccionario general exigen. Como han detacado algunos especialistas[1], el 70 % de los usuarios del diccionario general emplean éste para consultar dudas gramaticales[2]. Las notas gramaticales más destacadas de este diccionario son básicamente:

 

1) indicación de la categoría gramatical de las palabras: artículo[3], nombre animado, pronombre, adjetivo, verbo (transitivo normal, transitivo absoluto, intransitivo, y pronominal) y la clase de conjugación a que pertenece, preposición, conjunción, e interjección;

 

2) indicación de las dependencias gramaticales del verbo: sujeto, complemento directo, complemento indirecto, complemento con preposición que exige el verbo , por ej., abdicar algo en alguien[4].

 

3) indicación de género masculino y femenino de los sustantivos, donde se recogen usos actuales en que el femenino ya no designa “ mujer de “, sino profesional de género femenino; así, el diccionario contiene el lema juez -za y comenta “ la forma jueza se usa solo en acepción 1 [letrado con autoridad para juzgar] (de este procedimiento quedan excluidas algunas formas como generala, “ la mujer del general” o notaria en su tercera acepción “ mujer del notario”).

 

4) indicación de número: la formación del plural en español generalmente no admite dudas, salvo en los préstamos del inglés y algunas pocas palabras (regímenes, caracteres). El DEA ha optado por indicar la formación del plural de los anglicismos acabados en consonante añadiendo sólo “s”: posters, stocks, stops, starters. Esta opción es discutible, si tenemos en cuenta que otros anglicismos acabados en consonante lo tienen normal en “-es” ; así, túneles, vagones, toboganes, gánsteres, revólveres, cócteles, etc.

 

5) indicación del comparativo y superlativo no regulares: el DEA indica si el adjetivo tiene comparativo o superlativo no regular [5], aunque no siempre indica cuándo un adjetivo tiene un comparativo no regular. En el lema peor indican: “comparativo de malo”, pero en el lema malo no se informa del comparativo ni del superlativo. Algunos hablantes emplean construcciones no normativas como “esto es peor que lo que creíamos”. Por eso el DEA comenta: “el segundo término comparado va introducido por que o de”, aunque no especifica las condiciones en que aparecen de o que. En estos casos no sobraría un mayor número de comentarios sobre la preferencia de emplear unas u otras, y sobre las propiedades gramaticales de los usos. Es cierto que los autores han pensado el diccionario como descriptivo y no como normativo. Pero la normatividad es una de las demandas de los usuarios del diccionario general definitorio. Hay usos idiomáticos y usos que no lo son o que se desvían de lo que pide el idioma. Un diccionario general debería ayudar a los hablantes a elegir, a discernir lo idiomático de lo que no lo es o lo es poco.

 

            Pero esto, en fin, no desmerece la indudable utilidad de este nuevo diccionario del español, que es, además, una inestimable fuente de datos para el estudio de la lengua española.

 

 

© Ángel Alonso-Cortés. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación 9, febrero 2002. ISSN 1576-4737.

http://www.ucm.es/info/circulo/no9/alonso.htm

 

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Portada

 



[1] Hans Wellmann, “ Grammatik im Wörterbuch” en Das Wöterbuch Deutsch als Fremdsprache in der Diskussion. Barz y Schröder, eds. Heidelberg, 1996

[2] Lo que de hecho ha originado un tipo específico de diccionario, como es el diccionario de dudas.

[3] Contiene desarrollo gramatical el lema “el” y “uno”.

[4] Algunos análisis sintácticos merecerían, quizá, alguna explicación; así, pinchar tiene en este diccionario esta estructura sintáctica: “ clavar [ algo puntiagudo ( complemento EN o CON ) en algo ( complemento directo) ].Por ej., La crema se pincha con dos o tres barquillos en cada copa.

[5] En el lema pobre comenta : superlativo POBRÍSIMO, o literario PAUPERRIMO.