IX Jornadas de Economía Crítica

En memoria de José María VIDAL VILLA (1942-2002)

José María Vidal Villa

José María Vidal Villa falleció el 18 de septiembre. Quedaba atrás toda una vida de un activismo intelectual militante desde el marxismo, desarrollado tanto dentro como fuera de la Universidad. Por la época que le tocó vivir, fue testigo (y actor) de luchas y giros políticos, de transiciones y transformaciones estructurales de primera magnitud en el ámbito social y económico, tanto en España como en el mundo. A todo ello respondió JM sin claudicar de sus ideas, a través de una sólida formación científica y un compromiso teórico y militante permanente. Hablar de JMVV es hablar, sencillamente, de un intelectual marxista militante y REVOLUCIONARIO, aunque también era muchas otras cosas: economista, profesor, investigador y, en definitiva, un universitario en la plenitud del término. Pero recalcar el primer aspecto creo que es muy importante en estos tiempos en que hablar o simplemente pensar en revoluciones, en la utopía comunista, o simplemente en la posibilidad de cambios sociales a través de la lucha, no está nada de moda.

Cuando yo lo conocí, en 1977, ya había cumplido todo un ciclo de militancia política comunista contra la dictadura franquista (en clandestinidad y con detenciones), contra la sociedad burguesa (en el París de 1968) y con el socialismo (en Cuba). Desde que llegó a Barcelona desde su México natal, en 1959, con 17 años, había entrado a militar en el PSUC, partido que abandonó a raíz de la experiencia francesa de mayo del 68, que vivió activamente. Entonces participó en la fundación de la OCE-BR, y cuando el grueso de ésta se disolvió de nuevo en el PSUC abandonó definitivamente la adscripción partidista. Según una nota biográfica de 1978, desde entonces “no pertenece a ningún partido, pero se sitúa en la corriente marxista revolucionaria favorable al movimiento autónomo de la clase obrera y el pueblo”.

Desde esa situación, y aunando su capacidad analítica, su maestría para contar hechos y su brillantez literaria (JM escribía “sencillo y muy bien”), ejerció en los años de la transición como uno de los intelectuales revolucionarios más activos, en escritos y actos públicos.

De 1978 son dos obras: Mayo’68 (Bruguera) y Conocer a Rosa Luxemburgo (Dopesa). En ellas, y en otras menores (como Qué es la lucha de clases, La Gaya, 1977) se refleja el JM revolucionario, definitivamente heterodoxo y muy combativo en la lógica anticapitalista. De esta época (1977) es también la apuesta por la edición en castellano de la Monthly Review, tras haber traído a Barcelona a sus editores y figuras principales, P. Sweezy y H. Magdoff, para la presentación del proyecto de la Revista Mensual/Monthly Review en la Facultad (de Económicas del la UB). Formaba parte del consejo editorial, y se escribía en su presentación:

Creo que así queda bien reflejada la propia adscripción política de J.M. Pero no sólo participaba en el mundo, entonces muy vivo, de las revistas de ciencias sociales con la Revista Mensua/Monthly Review. También lo hizo en Teoría y Práctica y en El Viejo Topo, por citar tres bien importantes de aquellos tiempos. En esta última publicó un artículo (“Eurocomunismo y nueva sociedad de clase”, en el nº 11, agosto 1977) en el que, además de criticar duramente el libro de S. Carrillo, relacionaba el eurocomunismo con el modo de producción soviético (concepto acuñado por Samir Amin, autor también especialmente valorado por JM). Articulaba, así, su crítica al inútil reformismo eurocomunista a su denuncia del carácter de clase de la sociedad soviética. Ello le valió una respuesta de E. Mandel, y para mí es imborrable el recuerdo de JM Vidal, E. Mandel y J. Borja en una mesa redonda sobre el eurocomunismo en un aula magna de la UB atestada, desbordante de público, rodeando por el suelo a los protagonistas, con aplausos, abucheos, mucho humo,...en fin, como eran antes esas cosas.

Como experiencia, releer hoy esos libros y esos artículos es sentir a JM vivo, puesto en la piel del luxemburguismo, del guevarismo, del movimiento sesentaochista (si se me permite la expresión), del ansia de la izquierda de no rendirse con armas (ideológicas) y bagajes (de luchas y resistencias históricas) al posibilismo de la “transición democrática”, una transición que se manifestó a la postre como mero cambio del modo de dominación de la oligarquía financiera, desde la dictadura franquista a la democracia ucedista, preparando el camino a la plena integración en el capitalismo europeo y global.

Ahora bien, además del compromiso político, del compromiso de la acción, JM fue un intelectual, un intelectual orgánico de la lucha de clases que entonces ya se planteaba con carácter mundial, como antiimperialista. Y, siguiendo el plan lógico de Marx, centró su interés en el carácter mundial del desarrollo capitalista. Parafraseando su caracterización de Rosa Luxemburgo (él escribía: “su vida era la política, sus mejores obras son políticas”), yo diría que, a su vez, la vida del JMVV con el que yo topé en septiembre de 1977, y desde entonces, era la economía mundial, el análisis y la docencia de la economía mundial. Los mejores escritos, los más preclaros, los más anticipadores, los más fecundos para el debate, se refieren a la dinámica capitalista de construcción de una economía mundial que, en última instancia, sería un proyecto de Estado Mundial o, como ya venía aceptándome tras interminables discusiones, una Formación Social Capitalista Mundial.

Y al hablar de la economía mundial implicamos también la desigualdad, la polarización, la dicotomía Centro-Periferia, el binomio desarrollo-subdesarrollo. En ello también volcó JM su capacidad docente y activista, apoyando desde el principio el proyecto ilusionado de un grupo de estudiantes denominado Mòn3, que en pocos años logró una notable presencia en el ámbito nacional (organizando la Federación de Universitarios Solidarios) e internacional (YDC, Yourh for Development Cooperation), especialmente en el ámbito de la educación para el desarrollo desde una perspectiva con la impronta de JM: sin ocultar las raíces capitalistas de la desigualdad y el subdesarrollo, huyendo de la “solicaridad” y planteando la cooperación para el desarrollo como la cooperación en la lucha contra la dependencia y los obstáculos al autocentramiento. Todo ello mediante una estrategia de organización de cursos sobre temáticas y regiones del subdesarrollo entre los que acabó destacando el primer postgrado, y después maestría, en España, sobre Cooperación y Desarrollo. Como Presidente de Honor de la Fundación Mòn-3 y Director y profesor de dicha Maestría, mantuvo así un activismo directo e indirecto (tan formando como orientando la formación de activistas).

Pero no se acaba ahí su presencia política. En todos los grandes debates sobre opciones en las que no cabían medias tintas (desde la entrada en la OTAN, la guerra contra Irak, a la guerra en Yugoslavia, el proyecto actual de la UE o la actual política belicista norteamericana y del gobierno israelí), JM estuvo presente en los medios que quisieron escuchar y transmitir su análisis lúcido, intransigente, y por eso incómodo, muy incómodo, sobre ellos.

Retomando su análisis marxista de la economía mundial, cuando le conocí ya había publicado dos libros fundamentales en el panorama español de la materia: Iniciación a la economía marxista (Laia, 1973) y Teorías del imperialismo (Anagrama, 1976). El primero tenía el mérito de ser el primer manual universitario que introducía el análisis económico marxista, y el segundo, a mi entender una auténtica joya, aportaba un cuantioso material para el debate sobre la estructura económica mundial, explicando las relaciones entre las economías (desarrolladas y subdesarrolladas, centrales y periféricas) desde las aportaciones del marxismo mundial, desde los clásicos –entre los que muchos de nosotros pudimos descubrir el altísimo nivel de Bujarin- hasta los que se han denominado autores tercermundistas (Samir Amin, Gunder Frank, Theotonio Dos Santos, A. Emmanuel, etc.) y, por supuesto los marxistas norteamericanos. Pero también se incluye en esta obra el pensamiento de autores no marxistas como D. Ricardo, J. Schumpeter, Hobson, J.K.Galbraith y otros. Estos libros eran derivaciones de sus explicaciones en clase, es decir, hacía años –desde que el movimiento estudiantil le impuso en la universidad franquista- que muchos estudiantes se beneficiaban de ellas, y, por tanto, debe quedar claro que estos autores también estaban incorporados a nuestros programas de Economía Mundial y Desarrollo. JMV era revolucionario, pero no doctrinario, y gracias a él y a ese libro, el encuentro con Gunder Frank y la teoría del desarrollo del subdesarrollo, con Samir Amin y la teoría del desarrollo desigual, con A. Emmanuel y la teoría del intercambio desigual, TH. Dos Santos, R.M. Marini y otros y la teoría de la dependencia, etc. se encuadraba en una solidez analítica proporcionada por una tradición científica variada, que en gran parte nos había sido escamoteada a los estudiantes de economía durante la dictadura. Cabe señalar que, teniendo en cuenta cuando fue escrito, pocos libros posteriores sobre teorías del desarrollo (nombre más beatífico que el de imperialismo, aunque, en realidad, “desarrollo” quiere decir “desarrollo capitalista” y éste, hasta hace poco, quería decir “imperialismo”), pocas obras posteriores, digo, aportan tanto y tan bien explicado como este libro para la comprensión del pasado más remoto y reciente de la economía mundial y el paso a la actual “globalización”.

Su conocimiento del estructuralismo marxista francés le permitió combinar de una forma muy específica todas estas líneas, enfocando el análisis estructural del capitalismo actual de tal manera que pudo adelantar el diagnóstico sobre las tendencias neoliberales de los 80, y la crisis del pensamiento teórico y político keynesiano. Aunque siempre con el máximo respeto académico, pero nunca rehuyendo la polémica (que a la postre yo creo que le ha dado sobradamente la razón), JM, con la percepción mundialista en los hechos y el análisis marxista en las raíces, evidenciaba las limitaciones del paradigma keynesiano en sus diversas versiones (desde la acendrada socialdemócrata a la postmarxista regulacionista), corroboradas desgraciadamente por los hechos y las justificaciones de la socialdemocracia gobernante, de forma más aguda en nuestro país, en la que el cambio de enfoque, de la economía de demanda a la de oferta, afectó masivamente en la segunda mitad de los ochenta y en los noventa tanto a la academia como a los ministerios. JM no se movió un ápice, explicó porqué se movían los otros, y hace poco explicaba porqué algunos se empezaban a mover en sentido contrario: la exigencia de soluciones a corto plazo para evitar la hecatombe mundial le permitía explicar la necesidad de un “keynesianismo a escala mundial”, valga la paradoja, aunque también sus límites y contradicciones. Todo estaba en la misma matriz analítica, que JM depuraba hasta donde hiciera falta en cada momento. Y eso le granjeó, no evidentemente acuerdo, pero sí respeto. Respeto a su formación académica, a su capacidad analítica y a su vocación científica, muy profundas las tres.

La consolidación y despliegue de su propuesta teórica vendría con la correspondiente carrera académica, llena de dificultades y trabas. Pero, por eso de que hasta en este mundo a veces triunfa la justicia, JM consiguió la cátedra de Estructura Económica Mundial (cuando se cambió el nombre a Economía Mundial él quiso mantener lo de EEM) a pesar de los pesares. Su primer ejercicio, como memoria metodológica, quedó recogida en el libro cuya autoría compartimos (Estructura Económica y Sistema Capitalista Mundial, Pirámide, 1987), y el segundo, el trabajo de investigación, en otro: Evolución y cambios estructurales en la economía mundial, 1960-1980 (Fundación Banco Exterior, 1987). En este último JM volvió a dar una lección de solidez e innovación científica: aplicó por primera vez en España el análisis factorial y de cluster para comparar estática y dinámicamente los componentes sectoriales y territoriales del sistema capitalista mundial, demostrando econométricamente la estabilidad de la estructura Centro-Periferia y proponiendo alternativas de medición a partir de esa técnica. Trabajos posteriores también dirigidos por él avanzaron en el uso y explotación del análisis factorial y de cluster para el análisis estructural, culminando en la construcción de un “factor de desarrollo total” como indicador de desarrollo socioeconómico alternativo al siempre convencional y limitadísimo PNB/cáp. Desgraciadamente, desde entonces no volvimos a encontrar financiación para investigaciones ulteriores de semejante envergadura..

Dirigió también la obra colectiva del manual de Economía Mundial (McGraw Hill, 1985 y 2000), que coordinamos juntos, y que tan buena aceptación ha tenido no ya en nuestro país sino muy especialmente en América Latina. Y entre otra decena de aportaciones a libros publicados en los últimos años, quiero destacar la que yo considero su última gran obra significativa: las “Diez Tesis sobre la Mundialización” (Mundialización: Diez Tesis y otros artículos, Icaria). En pleno debate sobre la globalización, aquí JM planteó de una forma sorprendentemente sencilla y clara los caracteres estructurales del capitalismo global, sus bases y sus tendencias. Poniendo en primer lugar la contradicción entre lo nacional y lo mundial, la asimetría entre los agentes de la globalización (estados y empresas multinacionales), y los problemas intrínsecos de la reproducción capitalista, privada además de una alternativa superestructural, JM vaticinaba lo que hasta el 11-S parecía una sólida tendencia: la dinámica capitalista hacia el Estado Mundial, plagada de contradicciones, retos y problemas.

A toda esta obra y actividad docente e investigadora, y estrechamente ligada a ella, JM añadió su impulso a la institucionalización de los movimientos de compañeros y colegas que cristalizaron en las sucesivas encuentros, seminarios y jornadas de Economía Crítica y de Economía Mundial (en este último caso, fue vicepresidente de la Sociedad de Economía Mundial). En ellos, fue siempre un referente tanto científico como personal. A partir del fatídico 11-S, comenzamos un debate que, por desgracia, ha quedado inconcluso. En su opinión, EE.UU. habría forzado un giro en tal dinámica, asumiendo un papel superimperialista (estrategia que ya habría comenzado con la guerra contra Irak). Frente a los que defendemos la imposibilidad real y sostenible del hegemonismo de ninguna FS concreta en la construcción de la superestructura global, JM planteaba que “teníamos que ser más dialécticos”, y entender que la globalización no es un proceso lineal, como no lo es ningún proceso económico-social. Firmamos juntos una ponencia para el Seminario anual de la Red de Estudios de la Economía Mundial (REDEM), de la que era miembro fundador, en La Habana, en la retomábamos el debate entre el superimperialismo y el ultraimperialismo. El último proyecto que yo le había propuesto, a comenzar en verano, era poner sobre papel nuestro debate, y, dada su enfermedad, le había ofrecido la metodología de la conversación gravada. No pudo ser.

Se suele decir que en estas ocasiones que calla la voz pero queda la obra. Yo creo que en el caso de J.M., a mí al menos, y supongo que a muchos de los que lo trataron, me pasa que su voz la tenemos tan fuerte y dentro que nunca quedará silenciada. Y para los que no tuvieron la suerte de conocerle, también queda la obra, su importante y variada obra.

Javier Martinez Peinado


José María Vidal Villa, catedrático de economía aplicada de la Universidad Central de Barcelona, falleció el 18 de septiembre de 2002. Había nacido en México D.F., hijo de padres españoles exiliados en aquel país. Se trasladó a la ciudad condal para cursar sus estudios universitarios. En estos años sesenta, mientras estudiaba la licenciatura y luego realizaba el doctorado, se comprometió con la lucha antifranquista, habiendo militado en el PSUC y posteriormente en Bandera Roja. Fue asimismo miembro de la Asamblea de Cataluña. Por estas actividades políticas sufrió diversas detenciones.

Su compromiso político no le impidió realizar una brillante carrera académica como profesor e investigador, aunque tuviera que sufrir muchos obstáculos, para alcanzar la cátedra, fruto de su pensamiento heterodoxo y crítico. Se debe subrayar que siempre fue consecuente, tanto en sus enseñanzas, como en sus escritos, con las ideas que profesaba, las que defendía con vehemencia y con gran rigor intelectual.

Escribió numerosos libros y artículos, algunos realmente brillantes y referentes obligados entre los estudiosos de la economía mundial. Impartió cursos como profesor invitado, entre otras, en la Universidad de la Habana (Cuba) y la Universidad de Sinaloa (México). Entre la obra escrita sobre economía mundial y estructura económica económica, destacan Introducción a la economía marxista (1973), que fue el primero que se publicó en nuestro país sobre esta temática, La economía mundial (1974), Teorías del imperialismo (1976), Estructura económica y sistema capitalista mundia (1987, con la colaboración de su discípulo Javier Martínez Peinado), Evolución y cambio estructural en la economía mundial(1988), Hacia una economía mundial (1990) y el manual, obra colectiva de los profesores de su departamento, Economía mundial (1995, coordinado junto con Martínez Peinado).

Jose María Vidal Villa perteneció al núcleo impulsor del movimiento de economistas críticos del estado español, participó en la fundación de la Red de Estudios de la Economía Mundial, y fue vicepresidente de la Sociedad de Economía Mundial. Destacó también por su actividades solidarias, siendo presidente de la Fundación Mòn3 e impulsor y director de la primera Maestría en Cooperación y Desarrollo que se impartió en la universidad española.

Fue un profesor querido, estimado y valorado por sus alumnos, que apreciaban sus dotes pedagógicas y su gran sabiduría, porque él pertenecía a esa clase de profesores que, por desgracia, escasean en la universidad española, de que no se contentan con que sus estudiantes aprendan de memoria y de una forma repetitiva las clases impartidas, sino que les inducía a la reflexión, al razonamiento y a la crítica de las verdades establecidas. Ha sido, por los discípulos que ha tenido, la valoración de sus compañeros, y la estima que le profesaban los estudiantes, un maestro que ha creado escuela con sus enseñanzas y escritos. Con su fallecimiento la universidad española pierde un gran profesor, pues no solamente la Universidad de Barcelona se beneficiaba de su inmenso saber y conocimiento, sino que las demás, a través de sus conferencias, semnarios, asistencia a tribunales de tesis doctorales, también obteníamos un gran provecho de sus exposiciones y explicaciones. Para los compañeros, que tuvimos la suerte de tratarlo y conocerlo, se pierde un entrañable amigo, generoso donde los hubiera, y siempre comprometido con la realidad que le rodeaba en la lucha incesante por alcanzar un mundo más justo y equitativo. Su gran fortaleza la demostró hasta el final, pues luchó contra la enfermedad y hasta el último momento participó en los cursos de verano a los que había sido invitado.

Carlos Berzosa


En la vida, y en la universidad, hay muchos tipos de personas. De muchas se pueden aprender cosas, pero sólo unas pocas muy escogidas merecen el calificativo de maestros, por constituir una referencia para la gente de su entorno. Humana e intelectualmente, José María Vidal Villa ha sido, y será, una referencia de compromiso ético, académico y vital.

Le conocí el curso 1971-72 cuando fue mi profesor de Estructura Económica Mundial en la facultad de Económicas de la UB. El primer día de clase nos explicó de forma rotunda y elocuente no sólo su derecho a impartir una determinada visión -la marxista- de la economía y de la sociedad, sino que nos abrió la expectativa, absolutamente confirmada, de que, independientemente de opiniones o ideologías, su curso iba a ser enriquecedor en nuestra formación como economistas y como ciudadanos. He podido constatar en las décadas posteriores que por muchos cambios que haya experimentado el entorno socio-ideológico del país los alumnos de todas las generaciones han tenido en José María Vidal Villa uno de los profesores más apreciados, valorados y queridos. Esta es la prueba de su dimensión de docente excepcional y de persona que trasmitía convicciones con efectividad y honestidad. Por ello además de ser un excelente profesor y maestro, era un polemista brillante, que no rehuía jamás una invitación a debatir temas complejos y/o molestos en cualquier foro.

Su concepción estructuralista del sistema económico, social y político, le permitió anticiparse a algunos de los planteamientos sobre la globalización que ahora muchos plantean como novedosos. La naturaleza intrínsecamente expansiva del capitalismo era uno de los puntos esenciales de su concepción del mundo y la historia, actualizando y adaptando las formulaciones que desde Karl Marx a Rosa Luxemburgo ahondaban en esta esencial dimensión. El último acto académico en que participó en la Universitat de Barcelona, con motivo de los Debates sobre Globalización, fue un excelente ejemplo de su capacidad para interpretar realidades cambiantes con una profundidad y coherencia que ni siquiera personas de orientación o enfoques opuestos podían negarle.

Su formación humanista y su concepción de la economía como ciencia social no le supuso la menor dificultad, sino al contrario, para descubrir tempranamente el potencial de las tecnologías de la información y comunicación, sin perder nunca la referencia de que -al igual que las matemáticas en economía- se trata de muy buenos siervos pero no pueden convertirse en los "amos" de la investigación o la cultura. En esta línea es coautor de un CD-Rom de éxito sobre historia del pensamiento económico en el que le embarcaron Jordi Vilaseca y Lluís Argemí. Vidal Villa deja, además, como los grandes maestros, escuela de pensamiento, como Javier Martínez Peinado, Pedro Talavera, Lola Casares, Lluís Alós y, desde otra perspectiva, Moncho Sánchez Tabarés. Pero sobre todo José María deja escuela de compromiso y de honestidad intelectual y ética. Nuestra universidad y nuestra sociedad necesitan este referente y por eso el dolor de su pérdida solo puede ser comparable a la voluntad de ser en esta crucial dimensión sus discípulos.

Artículo de Juan Tugores Ques en "La Vanguardia" del 23-9-02


Recursos en Internet sobre Jose María Vidal Villa: