IndiceEstudios sobre el mensaje periodístico - Número 7 - 2001
 
 
 
Vigencia de los géneros en periodismo

José Luis M. Albertos


  MELVIN MENCHER (2000): News Reporting and Writing (Eighth Edition), USA, McGraw-Hill. 794 páginas.

BRUCE D. ITULE / DOUGLAS A. ANDERSON (2000): News Writing and Reporting for Today’s Media (Fifth Edition), USA, McGraw-Hill. 471 páginas.

Estos dos libros editados recientemente por la McGraw-Hill Companies, dentro de su colección sobre temas de Mass Communication and Journalism, son ambos una puesta al día revisada de dos libros clásicos en los centros de enseñanza del Periodismo, tanto Escuelas como Facultades, de los Estados Unidos de América. Los dos tienen un título prácticamente igual, alterando únicamente el orden de las fases del proceso global para producir textos periodísticos: reporting y writing. De la obra de M. Mencher es ésta la octava edición, mientras que el volumen conjunto de Itule/Anderson registra ahora su quinta versión. También es significativo recordar que la primera edición del manual de Mencher nos remonta hasta 1977, en tanto que el segundo libro hizo su aparición diez años más tarde, en 1987.

Los tres autores citados son profesores de periodismo en diversas universidades norteamericanas: Mencher en la prestigiosa Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, Nueva York, mientras que Itule trabaja en la Arizona State University y Anderson lo hace en la Universidad estatal de Pensilvania. Sin duda alguna, de los tres profesores el más famoso es Melvin Mencher. Después de ejercer la enseñanza en este centro durante casi treinta años, se jubiló en 1991 pero sigue con sus tareas docentes y de investigación. Prueba de esta perseverancia en la tarea es esta reciente octava edición, rigurosamente revisada y puesta al día, de su espléndido manual sobre la actividad profesional llamada reporterismo y su consecuencia natural: la escritura de textos informativos.

Mencher, en efecto, es prácticamente un mito en los ámbitos del periodismo norteamericano, tanto por sus métodos para la enseñanza como por la gran calidad de este libro que aquí registramos. Para los estudiosos europeos del periodismo, ha sido precisamente su libro -News Reporting and Writing- el camino para entrar en contacto intelectual con este gran maestro trasatlántico, al que muchos admiramos e incluso seguimos en sus esquemas docentes y metodológicos.

Ambos libros tienen una estructura interna muy similar, sin que haya que pensar que el segundo de los libros esté inspirado en el de Mencher. De hecho otros manuales también clásicos en la enseñanza del periodismo en USA, algunos de ellos bien conocidos en España -como es el caso del libro de Carl N. Warren, Modern News Reporting (1975), o el de John Hohenberg, The Professional Journalist (1960)- siguen muy fielmente un modelo análogo. Un esquema organizado sobre una introducción acerca de las características del trabajo del reportero seguido de una consideración teórica sobre los elementos integrantes del relato informativo (el story, de acuerdo con la jerga profesional anglosajona). Mencher sigue a continuación con la descripción de los rasgos que caracterizan la escritura de los textos informativos para hacer seguidamente un especial hincapié en los principios y leyes que presiden el ejercicio profesional del reporting, entendiendo este concepto como el conjunto de prácticas discursivas que son necesarias para reunir la documentación precisa para escribir honestamente un buen relato periodístico. En los capítulos sucesivos ambos textos pasan revista a una gran variedad de especialidades que pueden detectarse en el trabajo periodístico por razón del tema: accidentes, desastres, reportajes obituarios, asuntos policiales o de tribunales, temas económicos y financieros, gobierno local y municipal, educación, deportes, etc. En relación con cada una de estas parcelas informativas -beats, en la susodicha jerga americana- los autores van desarrollando un amplio muestrario, tal vez algo casuístico, mediante el cual se proporciona una extraordinaria abundancia de datos, referencias y cautelas para el apropiado desarrollo del trabajo del reportero. Itule y Anderson ofrecen como novedad particular un capítulo muy útil acerca de una especialidad periodística -el In-Depth and Investigative Reporting- que supone que el reportero debe poseer un apreciable dominio de técnicas avanzadas para utilizar adecuadamente en la valoración y manejo de las fuentes documentales. Ambos libros concluyen con sendos capítulos destinados a orientar a los futuros periodistas sobre su responsabilidad legal y ética, así como aspectos que tienen que ver con la honestidad intelectual del periodista (fairness) en cuanto autor literario de los mensajes periodísticos. Los apéndices que cierran ambos trabajos van también dirigidos a una finalidad parecida a la anteriormente indicada: libros de estilo, cuestiones gramaticales, códigos éticos, etc.

Hay también una idea inicial que identifica a ambos textos. Lo diré con las palabras que Melvin Mencher pone en el prefacio de la octava edición de su obra: Una de las premisas de este libro es que los periodistas no escriben escribiendo; escriben haciendo reporting (haciendo un buen trabajo de búsqueda y utilización de las fuentes, podríamos traducir). La vitalidad de una democracia depende de una prensa que sea capaz de entender la complejidad de la sociedad moderna y de comunicar esta complejidad inteligiblemente al público, depende de una prensa que sitúe los temas importantes en la discusión de la agenda colectiva. A partir de este arranque metodológicamente compartido por ambos textos, se explica la gran cantidad de cuestiones y enfoques afines que podemos encontrar en uno y otro. Pero debemos admitir sin ningún atisbo de duda la primacía y superior entidad del libro de Mencher sobre la obra colectiva de Itule y Anderson.

Finalmente, y a modo de reflexión para uso de los estudiosos europeos que nos ocupamos de estas materias, tanto profesores como alumnos, me gustaría señalar una nota que considero de gran utilidad en estos momentos. Ambos libros son ediciones, puestas al día y publicadas en el año 2000, de textos clásicos aparecidos en sus primeras versiones hace unos veinte años. La reflexión mía personal es ésta: teóricos y profesionales del periodismo norteamericano siguen pensando que se mantiene válida, en todos sus aspectos, la vieja teoría de los géneros periodísticos. La distinción binómica entre textos informativos y textos de opinión (stories frente a comments) se mantiene a rajatabla. Ambos libros, revisados y actualizados, se declaran firmes en esta creencia esencial y primaria, sin la cual es difícil entender cómo puede enseñarse a hacer periodismo -es decir, a escribir textos para los medios de comunicación de masas- o cómo se puede proceder a analizar textos periodísticos para deducir de ellos todo cuanto tengan de valor y utilidad para los públicos. Desde esta perspectiva comprometida, en la que me encuentro seriamente situado desde hace años, recomiendo la lectura y estudio de los capítulos 1 y 2 del texto de Mencher –"El reportero en su trabajo", "Los elementos básicos del relato"- o el capítulo 5 del libro de Itule y Anderson sobre el estilo de la pirámide invertida. Es también muy aleccionador para nuestra mentalidad de periodistas europeos seducidos muy frecuentemente por una frustración de intelectuales venidos a menos, comprobar la gran importancia y desarrollo que ambos textos dedican a cuestiones tan profesionales, y a veces farragosas y molestas, como el adecuado tratamiento de las exigencias relativas a la atribución de las noticias y a la correcta indicación de la procedencia de las fuentes y de las citas. Oyendo hablar y viendo cómo se comportan ciertos periodistas españoles, diríase que entre nosotros estas cautelas y reglas profesionales han pasado ya al desván de los trastos inservibles.

Sin embargo, no hay mejor recurso profesional y lingüístico para el buen hacer del periodista que una correcta observancia de lo que entendemos como "teoría de los géneros". El profesor Lorenzo Gomis ha escrito páginas esclarecedoras acerca de la función y utilidad de esta teoría. Recientemente ha dado una nueva vuelta de tuerca a esta cuestión en un trabajo publicado en Estudios de Comunicación y Derecho (Homenaje al profesor Manuel Fernández Areal), titulado "Los géneros periodísticos, modos de interesar", del que extraigo los siguientes párrafos de alto valor significativo:
 

Cabe incluso decir que los géneros periodísticos tienen una función más clara y tal vez mejor establecida que los géneros literarios, porque el periodismo es un trabajo más decididamente colectivo que la literatura, en la que un autor puede trabajar durante tiempo de una manera autónoma y solitaria. El periodismo es una actividad social, y depende mucho de los ritmos y períodos -el día, la semana, el noticiario de las nueve de la noche- y de la colaboración de todos los miembros de una redacción a las órdenes del director. Las informaciones que llegan a una redacción procedentes de una agencia de noticias se modifican en la redacción y lo que uno deja a medio hacer puede completarlo otro. Las cosas deben hacerse de una manera establecida y el turno de noche o de fin de semana tiene que atenerse a los hábitos y rutinas del resto de la redacción. Los géneros periodísticos dan pautas para que esta coordinación se realice con fluidez.
 
Los tres profesores norteamericanos responsables de los dos libros aquí reseñados suscriben plenamente con sus propias páginas el enfoque teórico que subyace en las palabras del profesor catalán. Meyer se desgañita de continuo insistiendo en la importancia de la acuración, la correcta atribución, la verificación, el juego limpio, el rigor en la transcripción de las citas..., como exigencias metodológicas para que el relato del reportero, el news story, pueda ser aceptado desde un punto de vista profesional y ético. Itule y Anderson fulminan con su anatema -do not editorialize- cualquier intento de que las opiniones personales del reportero puedan aparecer reflejadas en el texto informativo. Pero como ya sabemos desde antiguo, todos estos factores –acuración, atribución, verificación, ausencia de editorializacion, etc.- son elementos absolutamente necesarios para establecer el obligado deslinde entre los dos grandes géneros de la comunicación periodística: relatos frente a comentarios, textos informativos frente a textos de opinión. He aquí como la teoría de los géneros sigue todavía viva y con futuro en los planteamientos docentes e investigadores de los grandes maestros del periodismo contemporáneo. Melvin Mencher entre otros.
 

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