Actas del V Encuentro de Jóvenes Hispanistas
Las Palmas de Gran Canaria 1995


La naturaleza morfosintáctica del infinitivo:
¿verbo o sustantivo?


Elisa Rodríguez González
(Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)


La presente comunicación pretende analizar sucintamente las diferentes posturas acerca de uno de los problemas más controvertidos del sistema verbal español: la pertenencia del infinitivo a la categoría del verbo o a la del sustantivo. Analizaremos los argumentos en pro y en contra de las distintas teorías para defender el punto de vista por el cual nos decantamos, a saber, que el infinitivo, por su naturaleza morfosintáctica y sus funciones, pertenece indudablemente a la categoría del verbo.

Los diferentes matices que se aprecian en el tratamiento que las gramáticas de la lengua española dan al infinitivo se observan ya desde la forma en que se alude a esta parte de la oración. Así podemos encontrarnos con los siguientes enunciados referenciales: formas no personales del verbo, formas nominales, derivados verbales, formas infinitas, verboides, etc. Cada uno de estos enunciados ilustra la perspectiva desde la que se emprende el estudio del infinitivo; de esta manera, por ejemplo, aludir al infinitivo como forma nominal implicaría una sobrevaloración de su naturaleza sustantiva. Sin embargo, el sintagma forma no personal del verbo tiene la virtud de caracterizarlo dentro del sistema verbal, señalando a su vez su carencia de morfemas flexivos de persona.

A lo largo de la comunicación veremos cómo las diferencias en el tratamiento del infinitivo se fundan principalmente en destacar una u otra naturaleza morfológica, verbal o sustantiva, como definidora o caracterizadora fundamental del citado infinitivo.

Exponemos seguidamente una serie de citas, escogidas de diversas gramáticas de la lengua española o de trabajos puntuales sobre morfología y sintaxis, en las que se define al infinitivo orientándolo hacia una u otra naturaleza gramatical, de modo que podamos ofrecer un panorama del estado actual de la cuestión. Comencemos por lo que acerca del infinitivo destaca la R. A. E. en su Esbozo. Lo primero que observamos es que no existe un epígrafe especial o independiente destinado al infinitivo, sino que a él se alude conjuntamente con el gerundio y el participio. La R. A. E. incluye estas tres formas dentro de la flexión o conjugación verbal y las define como "formas desprovistas de morfemas verbales de número y persona, llamadas infinitas o no personales, que pueden ser también simples y compuestas."

Más adelante continúa la citada gramática:

«El infinitivo y gerundio de los verbos transitivos pueden acompañarse de complementos directos e indirectos nominales, o de acusativos y dativos pronominales; los de los verbos intransitivos de dativos pronominales o de complementos con a equivalentes a ellos, no de manera diferente, en uno y otro caso, a como lo hacen las formas personales de las mismas clases de verbos. Estos complementos constituyen el carácter más genuino del régimen verbal.»

Deducimos de estas palabras que la R. A. E. considera verbo al infinitivo debido a la posibilidad de complementarse con objetos directos, indirectos, circunstanciales, etc. Esta capacidad, junto con la indicación del tiempo, modo y aspecto, es específica y exclusiva del verbo, no así las categorías de número y persona que pueden aparecer en otras partes de la oración como en los pronombres.

Una postura similar adoptan Alcina y Blecua en su Gramática española, ya que entienden infinitivo, gerundio y participio como formas no personales, incluidas dentro del sistema conjugacional del verbo y definidas por oposición a las formas personales. Tienen presente, no obstante, la postura contraria cuando reconocen que: "Algunos gramáticos llegan a separarlas de las restantes formas del verbo y entenderlas como subclases especiales del nombre sustantivo y del adjetivo", a pesar de lo cual se reafirman en su postura con el siguiente razonamiento:

«Para el infinitivo y el gerundio el hecho de actuar como centro ordenador de enunciados o partes de enunciados integrando los complementos verbales, y para el participio el hecho de que en su forma inmovilizada de masculino singular se une a las formas del verbo haber para constituir las formas compuestas, justifican que no pueda separárselas de las restantes formas verbales.»

Del mismo modo, Criado de Val orienta su concepción del infinitivo hacia la vertiente verbal y lo incluye explícitamente dentro del sistema conjugacional, atendiendo al potencial verbal que conserva el infinitivo en todas sus realizaciones:

«Muy característico del español es el hecho de que el infinitivo, aun cuando aparezca sustantivado, conserve su carácter y sus posibilidades verbales, pudiendo ir acompañado del artículo, y sin embargo tener sujeto y complementos: El consumir yo la poca gasolina que te queda [...] La función del infinitivo dentro de la conjugación está determinada por el hecho de tratarse de una de sus formas elementales. En el infinitivo se resume la idea inicial del verbo, que luego ha de estructurarse por medio de la conjugación.»

Infinitivo como verbo es la idea que se defiende también en el Curso superior de sintaxis española de Samuel Gili Gaya. Este estudioso opina además sobre las diversas denominaciones que se han dado al infinitivo, gerundio y participio:

«Infinitivo, gerundio y participio son indudablemente formas del verbo que se distinguen de las del indicativo, subjuntivo e imperativo en no ser personales. Por esto las designamos en conjunto con la sencilla denominación de formas no personales del verbo la cual nos parece más exacta que la de formas nominales empleada por la Academia.»

Alude también Gili Gaya a las expresiones "verboides" y "derivados verbales" a las que no considera del todo pertinentes. "Verboides", aparte de la rareza de la palabra, tiene el inconveniente de que la terminación -oide se refiere a una semejanza vaga o participación en la forma o en la naturaleza del término primitivo al que se une, mientras que "el infinitivo, gerundio y participio no son semejantes a verbos, sino que son formas del verbo mismo."

Como hemos dicho tampoco le parece clara a Gili Gaya la denominación de "derivados verbales" usada en algunas gramáticas "por ser también aplicable a los sustantivos postverbales y a todas las palabras formadas con sufijo sobre una base verbal."

Efectivamente, aludir al infinitivo como "derivado verbal" nos parece que contribuye a distanciarlo del sistema conjugacional, lo cual facilita su clasificación como sustantivo principalmente. Esta última es la postura adoptada por dos lingüistas de la talla de Andrés Bello y Emilio Alarcos.

En la Gramática de la lengua castellana de Andrés Bello leemos:

«Llamo derivados verbales ciertas especies de nombres y de adverbios que se derivan inmediatamente de algún verbo y que le imitan en el modo de construirse con otras palabras. No hay más derivados verbales que el infinitivo, el participio y el gerundio.»

Bello presenta como equivalentes los siguientes sintagmas:

"El amor del hombre a sus semejantes."

"El amar el hombre a sus semejantes."

Tan sustantivo es, según Bello, amor como amar, "lo único que los diferenciaría es que "amar" se construye exactamente como el verbo de que se deriva y " amor " no.

Sin embargo opinamos que, tanto desde el punto de vista sintáctico como del semántico, estos dos sintagmas pueden ser objeto de dos análisis distintos:

El amor | del hombre | a sus semejantes.
N. C.N.C.N.
El amar | el hombre | a sus semejantes.
N.V. SUJ. O.D. (Los)

Hemos llamado al sintagma "el hombre" sujeto. Sin embargo, uno de los argumentos que exponen tanto Bello como Alarcos para distanciar al infinitivo del verbo es la ausencia de relación predicativa. Efectivamente, la carencia de desinencias verbales en el infinitivo provoca la inexistencia de un sujeto morfológico que pueda expansionarse en un sujeto léxico. Aunque morfológicamente no hay correspondencia entre el infinitivo y el sujeto de este ejemplo, sin embargo el infinitivo es susceptible de recibir morfemas flexivos y el sintagma "el hombre" cumpliría todos los requisitos para ser su sujeto, mientras que el sintagma "del hombre" (del primer ejemplo), al estar transpuesto por la preposición, no podría cumplir esta función.

En la obra citada de Bello nos encontramos con otro ejemplo de infinitivo con sujeto: "Informado el general de estar ya a poca distancia los enemigos mandó reforzar las avanzadas." En esta ocasión, el infinitivo "estar" lleva un sujeto claro, "los enemigos". Pero, a pesar de que el propio Bello reconoce implícitamente la existencia de infinitivos con sujeto, se refugia en una ambigua denominación, la de sujeto peculiar, aduciendo como justificación la carencia de relación predicativa entre los morfemas flexivos del verbo y del sustantivo. Por su lado, Alarcos utiliza para estos casos el término adyacente temático. No podemos estar de acuerdo con el hecho de que al sujeto del infinitivo se le dé una denominación "peculiar", ya que nos puede llevar a pensar falsamente en que posee una naturaleza morfológica o un comportamiento sintáctico distinto al de cualquier otro sujeto. Lo que sí es cierto es que mientras que un verbo finito (miembro positivo o marcado) cuenta siempre con un sujeto morfológico susceptible de expansionarse en un sujeto léxico, al infinitivo (miembro negativo o no marcado) le cuesta más contar con un sujeto.

En el mismo ejemplo visto anteriormente, observamos que el infinitivo "reforzar" carece de sujeto en ese contexto, pero es que además no podríamos ponérselo. No podemos decir: *el general mandó soldados reforzar las avanzadas, en todo caso diríamos: "mandó a los soldados reforzar las avanzadas", y entonces el sintagma "a los soldados" no sería sujeto del infinitivo sino objeto directo del verbo principal de la oración. Para introducir un sujeto en este ejemplo habría forzosamente que introducir también un verbo en forma personal. Desde el momento que hiciéramos esto, la proposición no podría funcionar como implemento por sí sola y tendríamos que utilizar un transpositor, es decir, se formaría una proposición subordinada sustantiva introducida por la conjunción "que": "el general mandó que los soldados reforzaran las avanzadas".

Por otra parte, Bello señala que la definición de verbo por oposición al sustantivo, implica también una diferenciación del primero respecto del infinitivo. De esta argumentación deducimos que el citado lingüista opta por la equivalencia infinitivo-sustantivo.

No nos parece que esta sea una equivalencia del todo adecuada. Es cierto que en muchas ocasiones el infinitivo no es susceptible de llevar sus complementos verbales habituales, ni mucho menos sujeto, pero estos son los casos en los que el infinitivo está plenamente sustantivado, es decir, semánticamente ha perdido el matiz de 'tensión' propio del verbo, para adquirir el valor de ‘no tensión’ inherente al sustantivo. Por ejemplo, el infinitivo "parecer" en determinados contextos adquiere el significado de 'opinión'; estamos entonces ante un sustantivo: "Mi parecer es contrario al tuyo." Este fenómeno se da también en otros infinitivos como "cantar" en situaciones contextuales como "ese es otro cantar".

A estos casos se refiere Andrés Bello cuando dice:

«Aunque el infinitivo participa de las dos naturalezas de sustantivo y verbo, no son raros los casos en que se despoja de la segunda y se convierte en un sustantivo ordinario. Sucede esto principalmente cuando lo que debiera servirle de sujeto se convierte en complemento:

El cantar los pastores

Inocentes amores

En el sencillo idilio nos agrada;

aquí el infinitivo se construye con sujeto, y es por tanto un verdadero derivado verbal. No es así en aquellos versos de Garcilaso:

El dulce lamentar de dos pastores

He de cantar, sus quejas imitando;

"lamentar" depone su carácter genuino, porque su natural sujeto (los pastores) toma la forma de complemento. Una cosa semejante se verifica en "el trabajar suyo" por "el trabajar ellos", porque el posesivo equivale a un complemento con la preposición "de".»

En nuestra opinión no son estos ejemplos expuestos por Bello los más adecuados para ilustrar los casos en que el infinitivo se convierte en un verdadero sustantivo. Para que esto suceda no es suficiente con analizar el contexto sintáctico en que aparece inmerso el citado infinitivo, sino que es necesario también estudiar el plano semántico. De este modo podemos observar como tanto en el sintagma "el dulce lamentar de dos pastores" como en el siguiente "el trabajar suyo", los infinitivos respectivos conservan plenamente su carácter verbal a pesar de ir acompañados de la complementación típica del sustantivo: en el primer ejemplo un adjetivo calificativo y un complemento del nombre con "de", y en el segundo, un adjetivo posesivo. Esto se explica porque los infinitivos "Lamentar" y "trabajar" nos llevan a representarnos las respectivas acciones que significan, y muy distinta impresión iconográfica habríamos experimentado si en lugar de estos infinitivos hubiesen aparecido los sustantivos "lamento" y "trabajo", con los que se expresaría no la idea de acción en su realización, sino una abstracción genérica e inmovilizada. Además, si sustantivo e infinitivo se comportaran de la misma manera y compartieran la misma naturaleza daría lo mismo elegir uno u otro para formar una frase, y no es así. Veamos los siguientes ejemplos:

"Blanquear la ropa es típico de las tintorerías."

"La blancura de la ropa es típica de las tintorerías."

Ambas oraciones no sólo no significan exactamente lo mismo, sino que incluso podemos apreciar cierto matiz semántico en la segunda que nos hace preferir la primera como más correcta a la hora de expresar la información deseada.

Para toda esta argumentación debemos tener presente las terminaciones típicas del infinitivo "-ar, -er, -ir" que son las que dotan al infinitivo de la capacidad de cumplir las funciones propias del sustantivo en determinados contextos. Pero nos encontramos aquí con algo peculiar y llamativo, y es que las citadas terminaciones hacen también que el infinitivo mantenga, incluso cuando funciona como sustantivo, su naturaleza verbal. En este sentido nos encontramos además con una serie de sustantivos terminados en "-or" que llevan implícito el matiz de ‘acción’, por ejemplo "cantor", "lector", "el que canta", "el que lee", respectivamente.

Todos estos análisis anteriores nos llevan a concluir que en el estudio del infinitivo, como también en el de cualquier otra parte de la oración, se deben tener presentes dos aspectos fundamentales en cualquier análisis lingüístico: el formal (morfosintáctico) y el semántico.

Todo esto nos lleva a concluir que en el análisis del infinitivo, como también en el de cualquier otra parte de la oración, se deben tener presentes dos aspectos fundamentales en cualquier análisis lingüístico: el formal (morfosintáctico) y el semántico.

Una postura semejante a la de Andrés Bello es la que sostiene Emlio Alarcos, quien también excluye el verbo del sistema conjugacional para acercarlo al sustantivo. En Estudios de gramática funcional del español encontramos la siguiente definición:

«El infinitivo es un sintagma derivado del verbo mediante la unión del signo léxico de éste y otro signo derivativo que lo traspone normalmente a la función típica del nombre.»

La misma tesis se sostiene en su gramática de 1994. Lo que más llama la atención del análisis que Alarcos hace del infinitivo es que aunque niega su naturaleza verbal porque funciona como un sustantivo y puede llevar la complementación típica de éste, sin embargo reconoce que conserva las particularidades combinatorias del verbo y que incluso puede conservar junto a sí un sujeto al que, como ya hemos dicho, él prefiere llamar adyacente temático:

«Las formas nominales del verbo (también conocidas como formas no personales del verbo o verboides), aun cuando por su función ni son verbos ni constituyen oración, se comportan dentro de un grupo complejo unitario como núcleo de él y son susceptibles de llevar adyacentes análogos a los que el verbo recibe en la oración.»

Deducimos de estas palabras que Emilio Alarcos toma como fundamental el hecho de que el infinitivo funcione de cara al exterior como un sustantivo para negar su naturaleza íntegramente verbal. Sin embargo, en nuestra opinión, el infinitivo sería la capacidad que tiene el verbo de funcionar como sustantivo, lo cual no obsta para que sigamos considerándolo como un miembro del sistema verbal.

El hecho de que tomemos el infinitivo como marca representativa cuando queremos referirnos a un verbo es el motivo fundamental que nos lleva a considerar, indudablemente, al infinitivo como un verbo. Pero es conveniente evitar posturas radicales o intransigentes, de tal manera que la afirmación que hemos hecho no dificulta la aceptación de que el verbo, en forma de infinitivo, puede comportarse como un sustantivo de cara al exterior (realización exonominal); mientras que en su propio sintagma puede combinarse con los complementos habituales del verbo (realización endoverbal).

Como hemos podido apreciar en este breve y rápido recorrido por diversas gramáticas, todas tienen en común el reconocer el doble funcionamiento del infinitivo como verbo y sustantivo (y es que en muchos ejemplos ambas funciones están presentes simultáneamente). Sin embargo, a pesar de esta coincidencia fundamental, podemos sentir diferentes las posturas de cada estudio por el hecho de decantarse por encasillar al infinitivo en una de las dos categorías citadas.

Para concluir, presentaremos la que nos ha parecido mejor caracterización del infinitivo, la de Criado de Val (Gramática española, 1976), con la que coincidimos plenamente. Las cualidades que posee dicha caracterización, que nos llevan a escogerla como conclusiva, son su claridad, tono descriptivo y no prescriptivo, así como el hecho de que evita perspectivas extremas. A nuestro parecer, una sencilla reflexión realista acerca del valor del infinitivo dentro de la lengua:

«Situado en una zona intermedia entre el sustantivo y el verbo, y participando de las funciones y naturaleza de los dos, el infinitivo es una de las formas que mejor puede caracterizar a un idioma, según predomine en él la función sustantiva o la verbal.» [...]

«Muy característico del español es el hecho de que el infinitivo, aun cuando aparezca sustantivado, conserve su carácter y sus posibilidades verbales, pudiendo ir acompañado del artículo, y sin embargo tener sujeto y complementos: El consumir yo la poca fuerza que tengo. Incluso puede ir modificado por uno o varios adverbios: El vivir excesivamente solo.» [...]

«La función del infinitivo dentro de la conjugación está determinada por el hecho de tratarse de una de sus formas elementales. En el infinitivo se resume la idea inicial del verbo, que luego ha de extructurarse por medio de la conjugación.

No es casual que el lenguaje de los que conocen mal un idioma y en el de los niños sea el infinitivo la forma verbal que sustituye a todas las demás.

Esta misma sencillez de su forma y su significado es quizá lo que da al infinitivo una gran flexibilidad y lo que le permite adaptarse a diversas funciones. En la competencia que dentro del sistema verbal, sostienen unas formas con otras, su posición es francamente ventajosa.»


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