El poder de la con-fabulación
Narración colectiva, fan fiction y cultura popular

Alberto Martos García

Departamento Didáctica Ciencias Sociales
Universidad de Extremadura
aemargar@gmail.com


 

   
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1. Presentación

El concepto de “creación colectiva” ha hecho “correr ríos de tinta”, a propósito de la épica y de otros temas literarios. No es nuestra intención abordar aquí ese asunto en todos sus ángulos, pero sí “iluminarlo” a la luz de lo que Internet o nuevos fenómenos, tales como el auge de las sagas fantásticas o la ficción-manía, están suponiendo. Así, lo que actualmente se denomina “escritura colaborativa” es en realidad un concepto que ha ido evolucionando de forma acompasada con las poéticas y las prácticas sociales de la lectura en cada momento histórico. Por citar un caso, en las novelas clásicas, teníamos continuaciones "autógrafas", es decir, cuando el autor retomaba una fábula, pero también y continuaciones alógrafas, como el segundo tomo de Avellaneda, juzgadas siempre entonces como algo malicioso y agresivo. Es decir, era una práctica unida al concepto de falsificación, a la intención de apropiarse de algo con fines ilícitos.

De hecho, dentro de la mitología romántica sobre el genio, parecería que sólo la genialidad de un autor podría asegurar la consistencia de un universo de ficción, que los lectores podrían compartir, pero sólo pasivamente.

 

2. La aportaciones básica de Genette y Landow

La crítica textual y la propia praxis de la narrativa posmoderna va a desmentir en gran medida estas preconcepciones, y esto va a surgir a partir de frentes distintos, pero convergentes, que van a poner en cuestión y actualizar dichas concepciones.

De un lado, la crítica textual va a suponer una renovación conceptual profunda, quizás un hito esencial sean las categorías propuestas por Gennete para abordar el tema de la transtextualidad, en el marco de su conocida visión de la escritura como "palimpsesto":

A) La intertextualidad: « relación de copresencia entre dos o varios textos, esto es eidéticamente y las más de las veces, que se manifiesta por la presencia de un texto dentro de otro, »

B) La paratextualidad: « la relación que el texto mantiene, dentro del conjunto formado por una obra literaria, con su paratexto : título, subtítulos, intertítulos ; prefacios, postfacios, notas, prólogos y proemios, etc. »

C) La metatextualidad: « la relación llamada de comentario, que enlaza un texto con otro del cual está hablando, sin citarlo forzosamente. »

D) La arquitextualidad: « El conjunto de las categorías generales, o trascendentales, -tipos de discursos, modos de enunciación, géneros literarios, etc-, que determinan cada texto singular. »

E) La hipertextualidad:“ cualquier relación uniendo un texto B (hipertexto) con un texto anterior A (hipotexto), que se inserta en aquél de un modo que no sea del comentario. »

En todo caso, a partir de este concepto de “transtextualidad” de Genette (1989), se ha focalizado el análisis de un texto no sólo como una unidad comunicativa dotada de sentido en sí misma, sino también como una unidad que se relaciona con otras unidades, pues está claro que los textos -sea cual sea la forma en que los acotemos- no se producen ni se leen tampoco de forma aislada, sino en interacción con otros textos: todo texto es, pues, un intertexto, un árbol en un bosque, donde sí se cumple aquello de que “los árboles no dejan ver el bosque”.

Por otro lado, literatura en Internet, en el amplio sentido de la palabra, o bien la literatura electrónica, en el sentido más específico de literatura generada desde/para la red y el multimedia, son cuestiones que pueden y deben ser abordadas convenientemente, en un nuevo marco conceptual, que es el que describe Landow al examinar la convergencia o confluencia de la teoría crítica y de la tecnología precisamente en el concepto de “hipertexto”. De hecho, algunos autores, como D. Casacuberta o Sergi Jordá, hablan de “creación colectiva”, pero nosotros preferimos sustituir este concepto tan “escurridizo” por el de hipertextualidad alógrafa. Siguiendo la propia “poética” del hipertexto, un texto puede ser comentado o “revisitado” en múltiples claves, lenguajes y formatos, para parodiarlo, completarlo, modificar algo sustancial (los finales, por ejemplo), ilustrarlo (fan art), etc.

 

3. El concepto de escritura alógrafa según Anne Besson

Las Sagas Fantásticas (Martos García, 2006) se prestan especialmente bien a estas relaciones que traza Genette, porque no olvidemos que son megaestructuras, es decir, conjuntos narrativos (“ensembles romanesques”, en terminología de Besson) muy amplios, y, por tanto, casi unos “megatextos”, en los que necesariamente se producen relaciones de todo tipo.

Las sagas, o el “ciclo”, como prefiere llamarlas la profesora Anne Besson, es su campo de trabajo (véase Bibliografía), y no es casualidad que sea la ficción fantástica y, en particular, la que más se relaciona con la narración serial, donde más se evidencien estos principios.

De hecho, como explica E. Martos, las TIC y el auge del género fantástico (por ejemplo, las sagas) están evidenciando prácticas de lectura y escrituras emergentes, donde “el texto continuo”, la narración serial, la transficcionalidad (Richard Saint Gelais), los fanfics, los blogs y otra serie de fenómenos concurrentes están aflorando como síntomas de un nuevo paradigma donde el lector, la escritura libre o la nueva “imprenta” universal en que ha convertido Internet ponen en cuestión los conceptos clásicos de obra, autor o género.

Anne Besson actualiza, pues, lo que Genette llamaba la escritura alógrafa pone de relieve la importancia de la creación colectiva, tal como ocurre en Internet en los círculos de fan fiction, y ya desde luego el concepto de obra como texto acotado se pone en cuestión cuando hablamos de megaestructuras como las sagas fantásticas, cuyos “cierres” (Lázaro Carreter) se van creando según dinámicas nuevas, que además han atender la ramificación de estos relatos en distintos lenguajes y soportes (cine, televisión, manga, videojuegos…).

La ficción fantástica y las TIC parecen, pues, un escenario ideal de estas nuevas "transtextualidades", la propia composición de las sagas como una serie de libros o “entregas”, con sus precuelas, secuelas y su tendencia a ser escrita por varios autores (que es la forma más simple de entender la escritura alógrafa), abre interrogantes sobre los conceptos clásicos de “obra” y “autor”, y a ello está contribuyendo su implicación, como decimos, con prácticas alternativas como el fanfiction o los blogs.

Sobre el fundamento de conceptos como “transficcionalidad” (R. Saint-Gelais) o “transmedialidad” (Jenkins) debemos indagar los nuevos modos de lectura apropiados para estas narraciones seriales, volcados más hacia una lectura multimedial y extensiva, más cercana desde luego a las prácticas de lectura hipertextual en Internet, que se ha comparado al “surfing”, y a la poderosa influencia de la industria del entretenimiento y su producción, cada vez más programada, de “inter-medios”.

 

4. Las prácticas de Fan Fiction: los textos “revisitados”.

El estudio del fan fiction, que nosotros preferimos denominar, “ficción-manía” es el objeto de mi Tesis Doctoral, Las Sagas Fantásticas Modernas y la Ficción-Manía: Lenguajes Literarios, Plásticos, Multimediales y sus Repercusiones Didácticas, de próxima lectura en la universidad extremeña, donde se aborda con todo detenimiento el fenómeno.

Baste decir, pues, que las prácticas de fan fiction, igual que los blogs o los juegos, son síntoma de esta nueva cultura participativa y de convergencia (Jenkins), pero que, en esta caso, parten de esta nueva actitud del lector (pos)moderno de “revisitar” los textos que le sirven de referente (y que el mercado cuantifica como éxitos o best-sellers) para efectuar en él no sólo operaciones de (re)interpretación sino, en su caso, de apropiación creativa, dando lugar a reescritura variadas y en distintos lenguajes. Por ejemplo, no sólo debemos prestar atención a los relatos que se “cuelgan” en fanfiction.net u otros portales por parte de estos fans, también hay otros géneros y lenguajes que en el fondo evidencian el mismo fenómeno. Así, los post o comentarios de fans acerca de un texto de éxito o que congrega un interés especial, son vertidos en multitud de herramientas, desde foros a otros muchos soportes.

Cierto que esta nueva forma de “revisitar” estas obras, muchas de ellas ya clásicas, se hace desde unas “miradas” muy singulares, a menudo muy posmodernas, y en eso se parece a la apropiación que el urbanismo moderno trata de aplicar a los “centros históricos”: la secuencia temporal o de estilos no es, por ejemplo, lo que más preocupa, sino, al contrario, se fomenta la yuxtaposición o la fragmentación, que vienen a ser señas de esta hipermodernización. Lo mismo pasa, en lo literario traslado a la ficción-manía, con muchas series novelescas o de origen mitológico, convertidas en objeto de culto como fanfics. Por no citar títulos de obras concretas como las de Tolkien o Lewis, piénsese simplemente en todos los ciclos mitológicos en torno a Hércules (y su spin-off Xena), vampiros, etc.

En todo caso, una práctica nueva de lectura/escritura, sensible a algunos de los aspectos positivos y negativos que venimos comentando. Por ejemplo, se desarrolla en un marco de lenguaje total y de “inter-medios” (Jenkins), que hace que el fan conozca la referencia de su universo en varios lenguajes y además implica la reelaboración activa por parte de éste de elementos del universo preferido; sin embargo, en la parte negativa, el fan fiction también es proclive a crear monomanías y prácticas compulsivas al margen de todo pensamiento crítico, y, sólo bajo este aspecto, se podría entender como una práctica “parasitaria”, tal como valoró Cervantes a su imitador Avellaneda.

Lo cierto es que esta práctica -tan contradictoria en su misma raíz- de la ficción-manía choca bastante con las preconcepciones de profesores, editores o escritores, pues es un fenómeno relativamente nuevo que ha cogido por sorpresa a algunos de estos ámbitos.

Por ejemplo, en las Sagas los metatextos funcionan de una manera singular, a modo de libros de acompañamiento, como de introducciones, sinopsis, guías, y forma parte de la necesidad que tiene el lector de orientarse en el material tan extenso de una saga.

En cuanto, al architexto, se trata de un denominador común, de un patrón, como podría ser un cuento de hadas, o un episodio clásico de cow-boy. Por ejemplo, un filme como “Piratas del Caribe” puede funcionar como un architexto, porque contiene las convenciones más importante de los relatos de piratas. Del mismo modo, cuando James Barrie introduce en Peter Pan a los indios, no se refiere a un relato concreto, sino al género en su conjunto. Las sagas establecen relaciones con un architexto especial, los mitos de lucha, de estas historias arquetípicas toman los ingredientes básicos, y no tanto de tal o cual mito en particular.

Daniel Chandler (2002), por su parte, sustituyó el término hipertextualidad definido por Genette, por el de hipotextualidad con el fin de dotarle del significado actual.

Aunque la relación aparente parece clara entre Hipertexto e Hipotexto, para destacar que éste es un texto subyacente de aquél, en la práctica Hipertexto se asocia ya a texto electrónico o informatizado. En este sentido, entendemos por Hipertexto no sólo un texto que contiene a otro sino un texto o “nodo” informativo que puede llevar al lector/receptor directamente a otros textos/nodos en la Red, sin importar su localización. En suma, el hipertexto se basa de nodos y enlaces, o tópicos y conexiones, pero en este uso ya aceptado, se diferencia bastante del uso que hace Genette.

El problema de los “hipotextos” es, en efecto, el de su visibilidad, pues depende de muchos factores, así el receptor infantil puede no conocer el hipotexto mitológico o folklórico que articula una historia como Shreck, o conocer la fuente sólo a través de versiones cinematográficas como las de Disney (Díaz Armas, 2003). El resultado puede ser que ignore la estructura paródica que pueda tener un texto, en relación precisamente a su hipotexto: leer Caperucita en Manhattan o innovar sobre el cuento requiere, claro, conocer la “versión canónica”.

La relación del texto con otros textos, con el soporte material o con su entorno no acaba en estas categorías de Genette. Recientemente, se han sugerido otros elementos no menos distintos, como los que se denominan como “peritexto” o “epitexto”, es decir, lo que rodea a un texto, lo que está en torno a un texto. Así, en las sagas los displays, carátulas de películas, campañas de promoción, iconos de todas clases… son elementos mediadores que ayudan a fijar el significado de la serie. De hecho, las imágenes de la película “El Señor de los Anillos” han tenido tal impacto que han fijado la forma en que los lectores perciben a Gandalf, Aragorn, Frodo…

En cierto modo, al fanfiction se le puede considerar un nuevo género, (igual que lo fue la sátira en la literatura latina [1]) aunque sea ahora un género marginal y a caballo entre el libro, Internet, las películas o los comics, y no asimilado por el “canon” de obras y temas que los ámbitos académicos y culturales establecen. Sin embargo, es algo que viene ocurriendo en la evolución literaria, géneros marginalizados en el s. XIX, como el terror o lo policiaco, hoy son plenamente admitidos.

Por todo eso, los textos de fan fiction son hoy en realidad “antitextos[2], textos que rompen y desafían las reglas de los que sí son admitidos por el “canon”; es una poética singular donde la pasión por escribir y el afán de compartir con el grupo el universo imaginario de que se trate, es más importante que todo, y eso repercute en una escritura nueva, que reescribe esos mundos ficcionales en claves nuevas.

Así que no es sólo una práctica de recepción sin más, no es como una lectura escolar, por ejemplo. Tiene más que ver con la cultura de la convergencia y de la participación de que habla Jenkins, donde la apropiación y la interpretación cultural adquieren la misma entidad que la producción. Eso lo vemos todos los días: las series de TV sobre Hércules y otros mitos, ¿no son acaso variaciones sobre un mismo universo narrativo?, y sin embargo nadie se escandaliza de que las “firme” alguien como autor. La diferencia suele estar en que el autor de fanfic no se plantea nada de esto, no pretende ganar dinero. Además, la llamada cultura posmoderna es también eso, hibridación y reciclaje de una tradición.

La calidad de estos textos es tan variable como la que se puede apreciar en un concurso de novelas; algunos son sobresalientes, otros mediocres, y algunos muy malos. El paso de estos textos de Internet al papel ya se está dando, al menos en España, conozco algunos casos, y a veces, las propias editoriales rastrean nuevos talentos entre estos escritores de fanfics. Ocurre lo mismo que con los blogs: hay numerosos blogs que han saltado a la letra impresa en forma de ensayos, diarios, etc. Lo cual demuestra dos cosas: la convergencia de los viejos y los nuevos medios, mucho más relacionados de lo que se piensa, y que la cultura digital no va contra la cultura escrita, en el sentido clásico de que habla Chartier, sino que, como en estos casos, la potencia o actualiza.

En cuanto a relatos fanfiction de calidad, son tantos y de temas tan variados que exponer uno solo aquí sería una elección, además de ardua, injusta para todos los demás. Los parámetros de calidad del género del fanfiction son más abiertos que los de la literatura convencional, ya que no tienen que superponerse a un concepto de comercialización. En este caso estamos hablando de la literatura por amor a la literatura, y por amor a la obra a la que se rinde homenaje.

Por tanto, priman criterios estéticos y sensoriales (que se sepa “enganchar” al público), además de una adecuación al universo ficticio y/o a los personajes que se pretende reflejar. Los propios fans hablan del fanfiction, analizándolo como género, en blogs, páginas personales, foros… crean mecanismos para interactuar y ayudarse entre sí, y también para comentar y criticar sus obras en el más puro estilo de crítico literario. Existen, por tanto, foros donde se señalan los errores de fanfics que consideran de poca calidad; y también foros donde los lectores pueden votar por los fanfics que consideran buenos.

La cultura del papel es el entorno tradicional de las editoriales y las librerías, pero poco a poco se irá viendo que la red y sus nuevas prácticas y escenarios de lectura y escritura también pueden ayudar a difundir y a vender, son nuevas relaciones que hay que explorar.

Sea como sea, no debe pensarse que los jóvenes sean siempre sumisos al mercado, de hecho el fan fiction surgió desde Star Trek precisamente porque el mercado no les daba todo aquello que necesitaban. La apariencia es que son dóciles a los lanzamientos del mercado, pero la realidad es que estas prácticas culturas emergen, como yo digo, porque hay una ruptura generacional evidente, los jóvenes hoy pasan más tiempo ante el ordenador que ante la TV o ante un libro, pero ellos han reinventado su uso, como se ve con las herramientas de la web 2.0.

Que la cultura impresa ocupa una parte pequeña de esta “dieta” no es el problema, no es un problema de cantidad o número de libros que leen; el problema es que el estudiante domine todos estos nuevos alfabetismos para ser un lector competente e informado, que forme criterio propio de adónde navegar y por qué.

La escuela no puede anclarse en el pasado, tiene que ayudarles a formar estos mapas mentales, a ayudarle con estos itinerarios que ya no son sólo de un libro a otro libro, sino de un lenguaje a otro, o de un soporte a otro. Por ejemplo, el educador puede ayudar a visibilizar estas prácticas, porque, como dicen Barton y Hamilton, en la cultura escrita actual hay prácticas más dominantes, visibles e influyentes que otras, pero sólo por cuestiones de poder y economía. Lo bueno del fanfiction es el entusiasmo, la entrega desinteresada, la socialización horizontal, y todo ello son factores positivos y de resistencia frente a una cultura bastante deshumanizada. Como dice el filósofo P. Sloterdijk, ya no quedan más que utopías individuales, así que los cientos de mundos imaginarios con que se identifican estos “locos de la escritura” son otras tantas vías para conseguir, como dice R. Aparicio, inventar otros mundos a fin de comprender el nuestro.

En todo caso, de este fenómeno se hacen interpretaciones muy sesgadas. Una de ellas es la de identificador el aficionado al fan fiction con un perfil de joven “friki”, con todas las connotaciones negativas de la adolescencia, inestabilidad, confusión, sentimentalismo, inmadurez… Se generaliza, asimismo, dando el predominio del mundo de la escritura en fan fiction al sexo femenino y a una edad juvenil, por lo que el perfil tipo (aunque no exclusivo), podría corresponder a una chica adolescente, soñadora… Sin embargo, los únicos datos ciertos que sabemos nos los dan los portales dedicados a éstos, como fanfiction.net, con sus números de visitas y otros datos, y los hábitos parecen coincidir con los de los jóvenes internautas.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que la identidad virtual no es precisamente un dato fiable, como todo el mundo sabe, se puede crear y se crean avatares, de modo que tras el nick de una aparente jovencita romántica, puede hallarse en realidad un hombre maduro y su “alter ego”. Además, los chicos no suelen confesar que escriben este tipo de cosas por razones que todos conocemos, empezando porque la libre expresión de los sentimientos es algo mucho más reprimido en el estereotipo del varón. Por eso, en mi investigación [3], he tenido que mezclar varios métodos para indagar una realidad que es más compleja de lo que parece.

También hay diferencias según los subgéneros del fan fiction, que son muy distintos, al igual que ocurre con la literatura convencional. Ciertas obras ficticias que sirven de fuente de inspiración (denominadas fandoms por los aficionados a este arte), atraen a más chicas o más chicos dependiendo de su materia. Así, por ejemplo, en los fanfics basados en videojuegos hay una proporción mayor de chicos escritores que, por ejemplo, en los fanfics basados en novelas, series de TV… La temática del fanfic en sí también influye. Los chicos se inclinan por escribir fanfics de acción, y las chicas suelen tratar géneros como el romántico o el dramático, aunque no siempre. El sesgo de edad se manifiesta más ya en la complejidad del relato que en el tema en sí, ya que hay subgéneros, como el romántico, que son preferidos por todas las edades.

De todas formas, y como siempre se dice, no es conveniente ni correcto generalizar. Volviendo a la idea del fan fiction como un género más, podemos decir que, cada escritor y cada lector constituyen un mundo. Podemos encontrar muy fácilmente escritores de poca edad con un dominio del discurso narrativo superior al de gente más madura, chicas que prefieran el terror y chicos que prefieran el romance (por poner un ejemplo); personas ya maduras, casadas y con hijos, que encuentren en el fan fiction una manera de expresarse, etc. En pocas palabras: “hay de todo”.

Lo único cierto, por tanto, es que los autores de fan fiction se comportan de forma altruista, exponen sus creaciones sin ninguna limitación, se dejan aconsejar por sus “iguales” y conforman redes que se ayudan entre sí; se mueven, pues, por factores emocionales o profesionales, más que por afán de conocimiento, status profesional o deseo de ganar dinero. Ni siquiera la palabra literatura y sus terminologías profesionales aparecen con frecuencia, los que escriben fanfics no se preocupan del academicismo literario, pese a que su conducta se parece mucho, a veces, a la del escritor novel y ya hemos visto que, en algunas ocasiones, se ha producido el salto del fanfic al libro impreso.

En resumidas cuentas, no hay un perfil único, y prueba de ello son los últimos enfoques, bastante curiosos, con que se ha abordado el fenómeno a fin de trazar un perfil psicológico de estas personas. Los psicólogos infantiles ya detectaron, entre las fantasías infantiles, aquellos niños que, además del amigo invisible y otros juegos, llegaban a imaginar mundos completos, con su geografía, personajes, nombres… y los pintaban y escribían durante años. A estas fantasías persistentes las llamó “paracosmos”, y como ha hecho la profesora Gloria García Rivera, es fácil cotejar los rasgos de estos niños con los de grandes talentos literarios, como Tolkien y otros mundos, para ver que los mecanismos son bastante parecidos. Lo que nos interesa es que tanto estos niños como los adultos se comunican compartiendo un mundo completo de ficción, que es un universo alternativo al nuestro, levantado por la magia fabuladora de la imaginación.

Luego, los terapeutas han hablado de técnicas como las del soñar despierto, que vienen a coincidir con este perfil que supone del fan que todo el día está jugando el papel de su héroe o saga favorito. E incluso, en la literatura médica, se habla de hiperlexia y de hipergrafia como perturbaciones de la lectura y la escritura, como ese lector compulsivo que imaginamos en la figura de D. Quijote, o ese escribiente también compulsivo, que se pone durante horas en su blog o en su fanfic. Se ha conjeturado desde la neurología, pues, que el escritor de fan fiction sería como ese tipo de escritor creativo abierto, impulsivo, ansioso, con una alta afectividad, emocionalmente inestable, poco socializado, inconformista, con trastornos de bipolaridad incluso. Suelen proceder de entornos que no valoran las capacidades artísticas, y eso da más invisibilidad precisamente a esta práctica, e incluso se relacionan con perfiles de orfandad y/o de madres con las que no se relacionan emotivamente, y, en cambio, muestran desempeños altos en la escuela, con indicadores de pensamiento divergente o creatividad.

Ciertamente, estos perfiles individuales no valen del todo, porque las prácticas de lectura y escritura hay que entenderlas en contexto, es decir, es fundamental el componente social, de modo que es fundamental el estímulo que ellos puedan tener en los diferentes escenarios sociales en que se desenvuelvan. Hoy, por ejemplo, la llamada cultura friki es un exponente de que comportamiento antes juzgados anómalos, se pueden exhibir sin la reprobación social. Un joven puede hablar de sus aficiones o gustos dejando al lado ciertos prejuicios y estereotipos sociales. De hecho, el fan fiction permanece marginal no sólo porque apenas haya estudios o consideración académica del fenómeno, sino porque ni siquiera se valora como parte de una cultura digna de ser fomentada.

Por eso el fan fiction aparece como un fenómeno importado y subcultural, asociado sólo a productos de aparente bajo nivel cultural, como las series, telenovelas, etc. La realidad es que la práctica del fan fiction está en la propia historia literaria y en la tradición más antigua: no sólo se cita el caso de Avellaneda respecto al Quijote, se dice también que la propia Eneida es una reescritura y una continuación intencionada de los “éxitos” de Homero.

Particularmente, yo he reivindicado el valor educativo de este fenómeno en la citada Tesis Doctoral, y he propuesto incluso su denominación que creo más correcta, “Ficción-manía”, pues no se olvide que “fan” no es una palabra inglesa sino castellana de raíz latina, “Fan” viene de “fanaticus” (el que cuidaba un lugar sagrado”), y tiene un origen religioso (de “fanum”, templo, de donde viene “profano”), a fin de resaltar dos hechos: que no es una palabra de origen inglesa sino latina y que tiene un origen ancestral religioso, y, por tanto, no es una simple moda que pueda “achacarse” a adolescentes entusiasmadas con un cantante, y ni siquiera a sus primeros cultivadores, en concreto, los seguidores de la saga “Star Trek”.

Por tanto, el estudio de la ficción-manía no debe reducirse a un estudio sociológico de comportamientos extravagantes sino que en realidad se refiere a las nuevas prácticas de lectura, tanto en continentes como en contenidos. De eso no podemos extendernos ahora, pero no puede perderse de vista que la ficción-manía está ligada a un género igualmente nuevo -y viejo a la vez, si buceamos en la épica- que son las sagas.

Tampoco podemos perder de vista su nuevo modo de practicar lo que se ha llamado la “interartisticidad”, porque el autor de fanfics está vinculado a prácticas como el cossplay, el fan art, las fan movies, los audio-podcast, es decir, está familiarizado con los entornos multimedia que favorecen la interactividad y la expresión no lineal. En suma, son nuevos lectores y escritores que se adentran en los nuevos alfabetismos, sin que ello suponga renunciar a la herencia de la cultura escrita clásica, al contrario, vemos continuos “guiños” y reflujos entre una obra (por ejemplo, “El viaje de Chihiro”, un anime de 2001) y sus referentes clásicos, mitológicos y literarios. De modo que entender todo este mundo no implica, como a veces se cree superficialmente, devaluar la cultura sino situarla en los nuevos e inevitables escenarios del s.XXI.

Así pues, debemos poner un poco entre paréntesis tópicos, como el que esta clase de fenómenos va en contra de la cultura escrita, cuando es al revés, y tampoco debemos fiarnos de ideas preconcebidas, como que estos chicos sólo son personajes frikis o adolescentes compulsivos. Lo primero, es conocer de cerca qué pasa en estas nuevas pizarras digitales que son los ordenadores, y qué es toda esta literatura sin nombre que i.

Conocer estos textos y sus creadores tal vez no nos sirva del todo para explicar del todo el talento de los escritores del pasado, pero sin duda sí nos ayudará a descubrir cómo fomentar los talentos de los escritores del futuro, que son los que vivirán en los nuevos escenarios culturales y los que de verdad pueden resistirse, desde su propia creatividad, ironía u otras forma de tratamiento, a todo lo que el mercado trata de imponer. La escuela tiene que entender que el blog, el fanfic o el videojuego son síntomas de esta nueva cultura de la participación (Jenkins), y que puede y debe utilizarlos en provecho de la promoción de las personas y de su libertad.

 

5. Otras prácticas paralelas : Luther Blissett

Luther Blissett es el seudónimo colectivo de un movimiento, que empezó como un proyecto cuyo momento álgido transcurrió de 1994 a 1999, al amparo de ideas vanguardistas de artistas, activistas y performers de Europa y Norteamérica. Entre otras leyendas, se cuenta que muchos miembros de este colectivo se identificaron con el personaje de Paul Newman en “El castañazo”, Reggie Dunlop, capitán de un equipo de hockey en ruina que decide entregarse a la violencia para atraer público, con considerable éxito, y que pone de evidencia precisamente la espectacularidad y las audiencias como fenómenos de la posmodernidad. También se ha hablado de Umberto Eco como inspirados de algunos de los postulados de este movimiento.

Henry Jenkins lo explica de forma muy acertada, bajo el provocativo título de “Cómo “El castañazo” inspiró una revolución cultural Una entrevista con Wu Ming Foundation Traducida en castellano por Nadie Enparticular” [4], desde donde se lanzan ideas de tanta fuerza como las siguientes:

… hemos lanzado diversos proyectos de escritura colectiva. El primero ha sido Ti chiamerò Russell [Te llamaré Russell], y la idea era bastante simple: hemos escrito el primer capítulo de una novela de ciencia-ficción, y cualquiera podía escribir y enviarnos los capítulos sucesivos. La selección de los capítulos tuvo lugar en público, en un blog temporáneo administrado por nosotros. Un jurado escogía las tres versiones más aptas para cada uno de los capítulos y la gente podía votar su versión favorita, que se convertía en el siguiente capítulo de la secuencia “oficial” (es decir, aprobada colectivamente). Pero las otras versiones quedaban disponibles como fuentes de inspiración, y así se fue creando una red de “bifurcaciones” de trama y “callejones sin salida”. No hubo un último capítulo “oficial”, todas las versiones fueron publicadas ex aequo. El resultado más importante de este experimento ha sido el nacimiento de otro colectivo de escritores, Kai Zen (en japonés significa “perfeccionamiento continuo”). A su vez, Kai Zen ha puesto en marcha otros proyectos similares, y su primera novela será publicada por la mayor editorial italiana en unas semanas.

Así pues, en estas prácticas paralelas, que bien podrían ser entendidas como antitextos o antidiscursos por lo que tienen de manifestaciones al margen de lo que el mercado, el canon o las instituciones académicas auspician, vemos un sincretismo de estos nuevos fenómenos: convergencia de nuevos y viejos lenguajes, y reflujos de éstos, pues, por ejemplo, cada vez son más los casos de blogs o relatos de fanfics que luego “saltan” a la letra impresa (son recuperados por la cultura académica, se podría decir también).

 

6. Conclusiones: creación colectiva y cultura popular

También es importante constatar la nueva visión de cultura popular que estos fenómenos están fomentando, a la luz de la reflexión de H. Jenkins [5]:

La relación entre las dimensiones de la “popular culture”, “cultura popular”, “cultura folk” y “cultura de masas o masiva” hoy está en vías de redefinición, pero solamente podremos entenderlas si evitamos confundirlas entre sí.

Hasta hace poco se llamaba “cultura de masas” a aquella que (producida y reproducida industrialmente) había reemplazado a la vieja cultura popular (en el sentido de “folk”).

El embrollo aparece porque en inglés a la cultura de masas siempre se la llamó “popular culture” (para hacer hincapié en el hecho que no está dirigida solamente a elites reducidas, sino que apunta a su aprovechamiento por parte de un gran número de personas).

Sin embargo el acento se desplaza: si el calificativo “de masas” define a la cultura desde el punto de vista de quien la produce, la distribuye y la promueve, el adjetivo “popular” la define desde el punto de vista de quien la aprovecha, la incorpora en su propia vida, se reapropia y la pone en discusión.

En resumen, “popular culture” es la cultura de masas entendida principalmente como fenómeno social, antropológico. Las transformaciones en curso están esfumando las distinciones entre quienes producen y quienes aprovechan. Ya era un límite “poroso” y repleto de agujeros, pero hoy la red está desmantelando todos los puestos de guardia.

Por un lado el mainstream tiene menor importancia que antes (final de la “hit culture”: los discos de éxito venden increíblemente menos que antes, las películas de éxito recaudan mucho menos en taquilla), por otro lado hay una vertiginosa y borboteante proliferación de nichos de consumo/rescritura/reapropiación.

Esto viene a reafirmar lo que el profesor J. Aguirre viene subrayando como un fenómeno esencial, la fragmentación de las audiencias, y cómo al lector/receptor masivo propio de medios masivos, como lo han venido siendo la televisión, la radio o el periódico (y el libro también, aunque de un modo sui generis), le está sustituyendo un lector/receptor que se identifica con ciertos productos o “textos” (en el amplio sentido de la palabra) de una forma especialmente activa y participativa, es decir, que se acerca a lo que llamamos fan. Es decir, lo de cultura de masas importa menos que lo de “cultura popular”, estratificada.

En este contexto, aparecen las narraciones transmediales y las dinámicas de creación colectiva en la era de la Red, formando discursos que se solapan y yuxtaponen, aunque por su parte las productoras traten de “encadenarlos”, de presentarlos como parte un marketing. Sin embargo, la filosofía nueva del “procomún” busca justamente lo contrario, la “reapropiación pública de lo público” [6], y de ahí la importancia de la creación colectiva.

En cierto modo, éste es el fruto emergente de la nueva cultura popular: (todos trabajamos) juntos para contar al mundo una historia, crear una leyenda, dar vida a un nuevo tipo de héroe popular. En enero de 2000, nace un nuevo grupo, Wu Ming. Wu Ming elabora el manifiesto Omnia Sunt Communia sobre la cultura popular. Aquí entran las prácticas de la narración trans media, la dinámica de la creación colectiva, autoría múltiple, narrativa cross-media, creación de mundos. También usan los juegos de identidades, guerrilla-juego de rol, colisión entre viejos y nuevos medios, prácticas orientadas al copyleft, mofas mediáticas, avant-pop, Mash-up, etc, en la época de la red [7].

Contexto, en el que, como vemos, encaja perfectamente la literatura Fanfiction escrita por fans de libros, películas, dibujos animados y series de televisión, que usan los personajes de un universo de ficción compartido y re-creado por varios (escritura alógrafa).

El horizonte de debate que se abre es espectacular, y tiene repercusiones para nuestra concepción de la literatura, de la educación estética y literaria, de la sociedad misma que se está articulando en relación a sus nuevas - y paradójicas- “prácticas letradas”, como diría R. Chartier:

Y aquí se presenta nuevamente el embrollo: según quienes se ocupan de esta nueva cultura “participativa” (fanfiction, mash-up, machinima, brick films, etc.) la “popular culture” actual tiene en sí misma muchas características típicas de la vieja cultura folk preindustrial, pero en un contexto nuevo, de ultramodernidad.

¿Somos capaces de entender estas cosas? ¿podemos discutirlas? ¿o preferimos acusar a quienes se ocupan de ello por “hablar demasiado” y por no ocuparse de la cultura sino más bien de basura? ¿En serio se puede pensar que podemos seguir diciendo hoy que “las masas” son rehenes del “consumo pasivo” reproponiendo sin alteraciones los análisis de hace cincuenta años? ¿En serio hay alguien que piensa “ocuparse de la cultura” rechazando todo esto, que es un terremoto cognitivo propiamente dicho?

En efecto, “ultramodernidad”, “terremoto cognitivo” o “cultura participativa” son expresiones acertadas para describir lo que “se nos viene encima” y que, sin duda, es una expresión de todo el poder de la “con-fabulación”.

 

NOTAS:

[1] Véase la Tesis doctoral de A. Luisa Coviella,”Sátira romana: género de fronteras y antitexto en Horacio y Persio”, http://www.tesisenxarxa.net/TDX-0920106-141434/index.html

[2] Concepto introducido por el semiólogo I. Lotman,

[3] cf. Tesis de investigación citada.

[4] http://www.wumingfoundation.com/italiano/wumingylaculturapopular.pdf

[5] Art. citado

[6] http://www.archipielago-ed.com/77-78/index.html

[7] http://rle2005.blogspot.com/

 

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© Alberto Martos García 2008

"Homenaje a Montserrat del Amo"Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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