Poesía, Sociedad Anónima

Acciones,
Accionistas,
Manifiestos

   


Pablo Mora



MANIFIESTOS


Manifiesto 1

Empecemos por abrir la soledad. Cuando la muerte es irreversible, sólo cuenta la palabra. No hay tiempo que perder. Será la última experiencia si queremos resarcir vida, libertad y pan. Que cada palabra sea quejido, reclamo, rabia y sal. Como siempre bebemos sangre colorada. Como siempre navegamos en la muerte. Violemos las palabras si queremos la vida. Copulemos con lluvias, estrellas, alambiques, pomarrosas y esperanzas. Asombrémonos de estar vivos todavía, bajo el granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto y de luceros. Como quien destapa una botella y no da con ningún camino, plagiemos a los dioses, a los antiguos dioses que nos quedan. Arrojemos el lastre que nos pesa, los altos, los duros, los broncos estandartes. Repitamos al hombre. Conversemos con la esperanza muerta, con el deseo difunto, con el sueño ido, con la sangre rebelde del olvido. Tenemos algo, mucho que decir. Mientras haya tiempo, turbemos el silencio de la muerte. Mientras vivamos, juguemos, soñemos con la paz. Así sean diez o tres los nombres de los nombres o dos no más; los ahogados florecen con el viento; como arañando los cilantros o las clinejas de la brisa en los barrancos azulejos. Nosotros que hemos participado, construido, guardemos la alegría, la rabia, la ternura, para cuando el pueblo salga o llegue o nos convide. Jamás la canción tuvo punto final. Recojamos el libelo. ¡La finura impere en los dominios de la caca! Yazgan sucios y canijos los niños alojados en turbios entresijos, el niño que estremece las hambres consteladas, agitando feroz nuestro primer verso, halando, halando, halando, halando, halando hasta el mañana los que queden. Llegó el tiempo de soltar palomas. Van a dar nuestra hora allá en la plaza. Nueve, diez, once, doce, la que sea. De un momento a otro sonarán sus alas. Sumergidos en el último sótano, demos grandes zancadas hacia nosotros. Procuremos no ser objetos que sólo sufren golpes, sino que los devuelven, a diferencia de un vegetal, de una piedra o un perro. No olvidemos el fantasma de la tribu: 8 + 14 = 22, entre 2 = 11. Nuestro metro, nuestro canon, nuestro patrón, la columna vertebral del canto y el latido, el cónclave del bosque en primavera, hacia la luz total de nuestras cosas. Glorifiquemos al infierno con la fatalidad del juego. Al libro, con la espada fraternal, insomne, del delirio. A la noche, con los besos nocturnos de los perros que nos miran, nos oyen y nos siguen cabizbajos. Persigamos un arte del hombre, con el hombre, para el hombre. De cara al hombre y a pesar del hombre. Un arte que tenga que ver con el jardín, con la ventana, el mirar y el mirador. Un arte que deforme lo real para formarlo. Un arte que parta de la vida, vuelva a la vida y cree la vida. Un arte para las causas, las cosas y las casas. Un arte capaz de ridiculizar. Insatisfecho, suelto, desencadenado. Político, económico, alucinado, espiritual. Una arte para gritar a tiempo. Un arte en situación, en tensión, en explosión. Un arte en el que no falte nada del mundo, nada del hombre. Nada del aire, ni del fuego, ni de la tierra, ni del mar. Un arte para aprender el tiempo, para aprender la vida, para aprender la muerte. Para leer la luna con el alma mientras canjea el puesto con la muerte. Un arte para empeñar la guerra, para empuñar la Paz. Visión, fuerza, misterio, subversión. Magia, magma, hojarasca, huracandad. Macho, hermafrodita, semen, flor. Un arte vigilante, duradero. Heroica y plenamente vagabundo. Caballerosamente mensajero. Enteramente lírico, carnal. Sonoramente estremecido en luz. Como si nunca hubiera de morir. Definitivamente heliokinésico. Un arte a sangre y fuego. A paso largo. ¡Capaz de amar! ¡Capaz de armar la Paz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz! ¡Capaz! (Poesía, Sociedad Anónima)


 

Manifiesto 2

Jirón de prado, nube pura, sol perfecto, casa y universo y clarinada. Jungla de sueños, jaspes arrojados. Jaula de cristal, hembra jadeante. Insomne noche rebelada. Bandera del milagro, borde de la luz, torre de paz, lágrima del mar, espuma de la noche, temblor de espuma, piel de sol enfurecido. Piedra de los dioses, sueño de la piedra. Ramo de sol, lluvia deshojada, piedra de los sueños. Claro de tierra. Alma de la tierra. ¿No nos reconoces? No somos luz ni tampoco noche. Crepúsculo. Un engendro de verdad y mentira. Diadema de luceros. Dorada alondra de silencio. Fulgor acurrucado en nuestros pies. El dolor más antiguo de la tierra. Crezca en tus manos la raíz del hombre. La paz sea contigo hasta en la guerra. Reconozcamos o no que somos la insomne lumbre que nos crea, infundamos a los hombres un hambre ardorosa e insaciable de belleza, entusiasmo y libertad, convencidos de que si la poesía no sale tan natural como las hojas de un árbol, mejor que no salga jamás. Odisea, arraigo y esperanza. Inextinguible, insomne, verdadera. Música amenazada, lujuriosa. Riesgo, revolución y desafío. Compromiso, vida, obra, realidad. Trueno, noche, lirismo, amargura, mar, montaña, rabia, amor, pájaro, tormento, ternura, palabra disparada hacia los miles infinitos. Dulce sombra del común destino mientras murmura alrededor la noche. Sabor a trigo, a leche, a miel, a rosas, a durazno, que como un corazón recién nacido palpita entre los dedos de las hojas por su sola dulzura sostenido. Hambre de realidad. Metamorfosis. Cambio. Magia, tiempo, ritmo. Sabor de cosa que supimos y habíamos olvidado. Hermosa y peregrina misión, la de cantar. Fluir inagotable del murmullo. Larga quemadura, pávida voz, diadema planetaria, hecha toda de cólera y ternura. ¡Porque, inmensa, desciendes ceñida de la noche, y la noche es la muerte que oscura te desata! Distingamos la luz entre la sombra y eludamos con rabia o ironía las sogas de la muerte. Preparemos la alegría del porvenir. Reconozcamos que todo se pudre sin sonido debajo de la tierra como callan las campanas que irán con nosotros a la muerte, aunque no las oigamos ese día. Reconstruyamos el viejo aquelarre a prueba de temblores. Hagamos de la palabra un instrumento certero, fehaciente. Bebamos, nosotros que venimos de beber luceros en las copas altas de los pinos frescos. Bebamos mientras la rosa arome las márgenes del río; mientras la flor perfume el paso de las aguas. Cabalguemos sobre el vino. Cantemos hoy para los ángeles. Toquemos para Dios. Desnudémonos ya. Diluyámonos en el azulejo, en la rama, en la brisa, en el lucero. Brazo a brazo, sorbo contra sorbo, fundémonos. Caigamos en cuenta de este Acto de Fe, mas en esta vigilia creadora, cuando a fuego lento se decide la definitiva soledad del mundo. Lo importante, mirar en tiempo de angustia, desesperación y búsqueda. Ser ruta, relámpago, reflejo del rayo vigilancia. Vivir hacia adentro, aposentado en fantasmas. Abrir la soledad. Abrir la concha del insomnio. Percibir la soledumbre. Desocultar. Descubrir. Revelar. Acercarnos a la cosa. Fortalecer la Casa del Hombre. Fundar la razón mientras podamos. Vivir la Poesía. Saber que la luz de los caminos no duerme. Darle tiempo al camino a que regrese. Acumular sueños y verdades, porque al final no importan tanto las sombras como las luces de los árboles. Aparecerá siempre algún cocuyo, así algunas noches haya apagones de luciérnagas. Vivamos con el destino siempre en guerra. (Poesía, Sociedad Anónima)



Manifiesto 3

Palabra por palabra, decir lo que pensamos, con la seguridad del sabio, la transparencia del niño o el alarido de los locos. Reconocernos al encontrarnos con la palabra. Sacarla del baúl de nuestras vidas para empezar a compartirla, adulta, fraternal, con el soldado, la patria y la arboleda. Rasgón, terrazgo, espada, triza, tajo; cópula, ramazón o ramalazo; las palabras compiten, competen y complotan. Únicas capaces de recuperar al hombre, aventar la noche, inventar el sol o convocar al vino. A pesar de la miseria o la grandeza humanas, cañas pensantes todavía, crédulos o incrédulos, tímidos o temerarios, ángeles o bestias, antes que confesar nuestra impotencia, hablar de una vez para mañana. Pronunciar la palabra decisiva que la vida y la historia nos vayan enseñando. Envueltos en subversiones y versiones, marchas y contramarchas, dar con la palabra necesaria. Decidirnos por la libertad de la palabra, hasta hacerla timón en nuestras manos, frente al vendaval, la noche y los dioses que nos cruzan, confusos y ominosos. Enseñar la palabra al hombre que llora, hambriento, cabizbajo, en su bravura. Lugar por excelencia de lo humano, en la palabra vivimos, nos movemos y somos. Como la patria, en desdicha, en hechura o en deshonra, en ella gime, vive o sobrevive. Hacer buena la palabra. Hacerla voz, viveza, arado; lengua, paz y pueblo; combate, libertad, salario; amor, vida y arte. Arte subversivo. Violación de límites y paciencia represiva. Rebasar lo permisible. Transgredir lo decible. Asumir la razón poética, en creación, asombro y maravilla. Concebir la magia de la estirpe o raza, su visión real, irreductible, ineludiblemente misteriosa, amarga, mortal o vengativa. Palabra en alto. Y la victoria crecerá despacio como siempre han crecido las victorias. Videntes, alucinados, intermediar la fuerza oculta. Jugar a la paz con el soldado o con el niño que nos reta, vagabundo. Recobrar, antes que la pólvora, la palabra, su encanto germinal, su magma, su hermosura, su historia, su legendaria esquina, donde espera, acurrucada, el hambre, en miseria cobijada. Asistir al combatiente, en cárcel, en rincón, enfurecido. Hacerle conciencia conflictiva, desgarrada. Empuñarla, fulgurante, solar y duradera. A favor de la apuesta, la batalla y la final victoria. Palabra en mano, volear la pródiga semilla sobre el campo, el hermano y la pradera, en sincera alianza, tras un despuntar de claras madrugadas, de gracia, paz y vida nueva. Palabras y más palabras, cataratas de palabras. En la distancia del futuro, el vuelo de las palabras, rebeldes en el tiempo y al olvido refractarias. Cuesta arriba, cuesta abajo, las cosechas de palabras, buidas y aceradas, por las sendas urticantes. ¿Hasta cuándo la calificación de las palabras? Alma arriba, alma abajo, meridiano esclarecido de nuestras ansias refulgentes. Lejos de tantas patochadas; lejos de perlas, monjes, molinos o castillos; de confundir caballo y hombre, pueblo y pólvora; lejos de diferenciar fusil de patria, vino, oficio, trago y trigo; vida, misterio, alma y poesía; dar palabra, corazón y mano; empeñarlos, cruzarlos con el hombre, sus asuntos y sus sueños, manteniéndolos en pie de guerra por la paz o el pan que hagan falta. Frente a una palabra enmascarada, fantasiosa, una clave, articulada, lujuriosa, pertinente; una palabra activa, digna, apasionada, certera, cruda, furente, fehaciente, empuñada, insomne, verdadera. Una palabra que golpee al mundo y acompañe al hombre. Urgida, llameante, inextinguible. Adecuada al enigma universal y al majestuoso corazón del hombre. ¡A pulso de vinagre, vino y júbilo! El corazón, los ojos de los hombres se llenaron de letras, de mensajes, de palabras. Letras que caminaron y encendieron, que navegaron y vencieron, que despertaron y subieron, letras que libertaron, letras en forma de paloma que volaron. Y el hombre fue otro y otra fue su palabra. El canto, el himno ardiente que reúne a los pueblos de una letra agregada a otra letra y a otra de pueblo a pueblo fue sobrellevando su autoridad sonora y creció en la garganta de los hombres hasta imponer la claridad del canto. La palabra sólo es. Tenemos que fluir con ella. Entregarnos al momento. Dejar que como el vino ocurra. Escuchemos los relinchos de la noche, conozcamos las lluvias subterráneas y sepamos para lo que sirve una flor, una hamaca, una colina. Atisbemos un poco la rendija para ver cómo se asoma el hombre. Abramos la trocha que nos lleve al hombre, al mundo, a la muerte o a la vida. A proteger al pueblo con palabras. A presenciar todas las agonías. A ser labriegos de nuestra propia voz. Somos la palabra que está naciendo, la misma que se detiene y volcará como campana su acero y su sonido hacia todas las mañanas. Basta un lucero para que haya noche. Basta un quejido para que haya día. Construyamos el porvenir y el amor telúrico desenfadado y sin banderas. Demos forma a lo invisible. Palabra sola, labra nuestra paz. Ordena el espesor de la tardanza. Amartilla tú sola nuestra espera. Sacando cuentas y después de todo, tú sola y para siempre la palabra. ¡Y si después de tántas palabras, no sobrevive la palabra! Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra! (Poesía, Sociedad Anónima)



Manifiesto 4


Ebrios de soledad, la copa nos ampare, albergue nuestro sueño. Tal el comienzo de la fuga, de la espera, del delirio. La fiesta nos aguarda. Gozo de la vid. Gozo de la vida. Gozo de vivir por encima del abismo. La cisterna contiene la furia del sediento. Brillan las estrellas. Aprendamos con el cuerpo. Flotemos en la noche. Gocemos sin vergüenza. Saciémonos. Fluctuemos como el mar. Soplemos como el viento. Amemos sin malicia, ni horario, ni fronteras. Así el amor en el flujo espontáneo de unas venas encendidas por el hambre de no morir, así la muerte; la eternidad así del beso, el instante concupiscente, la puerta de los locos, así el así de todo después del paraíso: Dios, ábrenos la puerta de una vez. En esta quebrazón de copas lo que va a estallar es el mundo. Definitivamente, el vino fortalece. Lo saben los libros y los sabios. ¿Qué vida la de los que del todo carecen de vino? La verdad en el vino. En el vino la verdad. El vino alegra el corazón del hombre. El vino dadlo a los afligidos; que bebiendo olviden su miseria y no se acuerden más de sus afanes. Da bebidas fuertes al que debe morir y vino al corazón amargado: que beba, que olvide su desgracia, que no recuerde ya su pena. No bebas agua sola, sino mézclala con un poco de vino. Venido de la noche, con pies de púrpura y sangre de topacio, hijo de los dioses, sonrojo de la tierra, mueves a los hombres, los alientas, iluminas. La tierra sonrojada - toda maravilla - al hombre sacia toda sed. Surge, entonces, la verdad del hombre. Venimos como el agua y como el viento vamos. Bebamos, pues no sabemos de dónde venimos ni por qué; por qué nos marchamos ni hacia dónde. La música valiente de un tambor distante nos invita al viaje hacia la noche. La brisa nos ofrece la copa del misterio. Los umbrales de la noche nos sorprenden en vigilia. Una cosa es cierta, mentira el resto, como a la flor, la muerte nos acecha. En noche oscura, en oscuras, en tinieblas, dejemos a la muerte al descubierto, al pie de todo asombro. Ardamos de alegría en agua, sombra, montes, flores, hierbas, fuentes, eco, aire y vientos. Mientras alguien padezca, la rosa no podrá ser bella; mientras alguien mire el pan con envidia, el trigo no podrá dormir; mientras llueva sobre el pecho de los mendigos, no sonreirá el vino. Matemos la tristeza, poetas. El rumor de un pueblo que despierta ¡es más bello que el rocío! El metal resplandeciente de su cólera ¡es más bello que la espuma! Un Hombre Libre ¡es más puro que el diamante! A punta, a copa de vino, libertemos al fuego de su cárcel de ceniza. Encendamos la hoguera donde se queme este mundo sombrío. Seamos un relámpago perpetuo. Dios hizo el sueño; el hombre, el vino. Cabalguemos sobre el vino. Partamos sin espuelas y sin freno rumbo al azul. Por el azul huyamos sin sosiego al paraíso de los sueños. Demos de beber a las botellas. Roguemos porque a las noches no les dé sueño. Bebiendo cielos, como copas de árboles, lleguemos a los dioses. Bebamos nuestro júbilo de ser del vino orfebres. En esta hora incierta de los hombres, entre la herida universal del orbe, golpe a golpe, hacia adelante, rema y rema. Subsanemos hambre en libertad. Sobrevivamos. Trascendamos en sobrevida. Grabemos el sueño entre los árboles para que vaya andando en el aire, como ellos, hacia arriba. Compartamos la luz del mundo, el pan del mundo al mismo tiempo que la noche oscura. Condenémonos juntos o salvémonos todos con las mismas manos, con el mismo vino y con las mismas sombras. (Poesía, Sociedad Anónima)



Manifiesto 5

 

Brindemos, por el día.

¡Brindemos por el escándalo!

Aunque estés triste brindemos por el día.

Lubio Cardozo

En trepidante juglaría, por entre los espinares del río o los herbazales del viento, perdido en el laberinto del enigma - la realidad -, en la romería de la vida, convencido de que la materiapoesía significa mínima sencillez, simpleza máxima, materia absoluta del mosaico del mundo, libertad, la exacta libertad que sólo al lodo conduce, al agua, al aire diáfano, al silencio, el poeta nos confirma que echarse a errar, existir, es asomarse a la eternidad. Seguro de que podemos aún equivocarnos, nos convoca, aunque tristes, a que brindemos por el día, por el escándalo, desde la afueridad del mundo. Sobre la colina de las reminiscencias arrulladas por el vahaje marino del atardecer, sobre el humus de la cotidianidad, nos reta a subsistir en este pedazo de siempre desde la inhóspita afueridad del nunca.

Extravíase en el estupor por el goce de errar mientras avientan los días destellantes las afables fábulas del cantor. Siempre la brújula de la poesía se extraviará ante la numinosa rotundez del silencio en dulce, irremediable, perpetuo naufragio, mientras el azar, el ser de la aventura de ser en el mundo remonta el espejismo de la eterna colina. El impertinente viento del hado al peregrino, en erradumbre, impulsa. Roba el alma el brillo, el fulgor, mientras pasa por la estancia del mundo. Íngrimo, el solitario, la Torre de Segismundo abandonada habita. Palpa ( ¿disfruta? ) el prodigio en la errancia el ser en la mirada.

De pronto te asombrarás que un hombre rompa a carcajadas su sarcófago, mientras de este lado el tronido de la realidad ilumina, el estridor del todo. Ni por más que alarguemos nuestra vida algún tiempo robamos a la muerte. Allá, la yermitud del canto. Únicamente la poesía nos concierne más allá y más acá de todo sobre el reino de gea frente a la ínsita mudez de las cosas donde toda sed o el amor nacen, toda desesperanza o la locura.

 Venidos del receso, de regreso erramos camino a aquellas tres estrellas que hacen fila allá en el cielo. Nada sin embargo desciframos al retornar. Queda sólo el retumbo en la turbación de la mirada. Remolino de ceniza de las lometas calcinadas del verano. A veces la muerte de nosotros se olvida. Oh calma, reto y evasión mientras Ella emprende de nuevo su voraz rutina.

Venimos del vino y hacia el vino vamos. ¿En qué reino, en qué siglo, bajo que silenciosa conjunción de los astros, en qué secreto día que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa y singular idea de inventar la alegría? Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia como si ésta ya fuera ceniza en la memoria. Vino del mutuo amor o la roja pelea, alguna vez te llamaré. Que así sea.

Ah risco, pulpa del universo, la vestedad misma encarnas, lo excelso en sí, la opulenta morada circundante, la certeza del silencio. Todo te pertenecerá cuando obedientes al clarín de tu llamada se realicen las nupcias con el humus. Entonces ver, mirar como cualquier animalejo silvestre. Contemplar se puede llamar el existir. Ver. La mirada. El azar del magnífico naufragio en esta pequeña isla ínsita, sin rumbo, sin certidumbre, con los foscos pedruscos del silencio confundirse. Parido cada quien en su encrucijada, aliméntase de la trafagocidad y lo fortuito, prebendas del sol y de la noche.

Sin embargo me detengo y digo ¡alto! Amo esta parcela de locura. Por el espejismo del encanto mi estandarte de emoción enarbolo ante la tempestad del caos. Tiempomirada, horizontes del infortunio de este sílex vagabundo en el dédalo del sueño. ¡Ah solar sabor! ¡Oh instinto enamorado de las cosas! (Poesía, Sociedad Anónima) (41)

 


Manifiesto 6

 

¿Qué signo, qué mensaje, qué advertencia en los rizos de la achicoria, el asfalto de los musgos, la geometría de la pomarrosa?

Alejo Carpentier

  

En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Testigos de asombros, insomnios, tristezas y esperanzas, pulsemos el tamaño del dolor ajeno. Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, tristísima, en que andamos, noche propicia, noche creadora, noche amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, la bandera nos invita a batallar.

La muerte, esa forma oculta de la vida, nos enseña que la vida no tiene muerte para el que entiende a tiempo su sentido. Entendamos y hagamos entender a quien lo dude que la Libertad es la religión definitiva; la poesía de la libertad, el culto nuevo; mientras, nosotros, los hombres, todos, los nuevos sacerdotes. Que los pobres, las estrellas y el Pontífice lo entiendan: la Libertad es la religión definitiva. Pidamos todo el corazón del mar para la paz.

Al Sol amemos porque no se cansa. A los animales porque no se quejan. A los hombres cuando al fin se alcen y traigan las estrellas hasta el suelo. Hijos de la mar, del mar que sitúa vértigos y aspiraciones. Hijos del mar, testigo de guerras, sueños e invasiones, una el mar el ritmo, la música, las mitras, los fusiles, el mundo, la idea, la ocasión. Comuniquémonos a través del mar, que es como decir a través del sueño. Lamentémonos ahora, de que la gran obra nos falte, no porque nos falte ella, sino porque ésa es señal de que nos falta aún el pueblo magno de que ha de ser reflejo - que ha de reflejar - (de que ha de ser reflejo).

Renazca, entonces, la cena que recrea y enamora, lejos de la antigua cena miserable. Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Acerquémonos todos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata.

Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca... Porque, ya sabemos, el mar lo comienza todo una y otra vez, lo une, lo disocia, lo aleja, lo transforma, lo acrece, o lo vence y nos trae asimismo la esperanza, la dicha o la desilusión.

Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.

Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que cabalga las estrellas a caballo en las crines de la mar.

El mar rodea la ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible bramido lo ciñe y espera su regreso. Toda madera tiene color a miel marina. Hay peces que navegan en el aire, olas que fulgen en las sementeras. El mar no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado fervor, de las extrañas islas de la noche.

Tiempo azul, la tierra es sólo mar, el mar la piensa. Fúndete con la tierra. Fúndete con el mar. Eres sólo mar. El mar te piensa. Somos sólo mar. El mar nos piensa, nos piensa y nos sostiene. Nos ciñe simplemente, nos espera.

Es preciso sentir la muerte girando en los talones, sentirla girando en los Guantánamos, sentirla cagando en los hambrones. Es el momento de hacernos solidarios. Una tempestad de fusiles nos acecha, pero aún quedan brazos para izar banderas. Llegó el momento de morir de asombros. La hora de descargar nuestros almácigos. De cargar con los sueños que inventamos. A vivir mientras el alma nos suene. A morir cuando la hora nos llegue que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles, por debajo de la muerte... Porque varios tragos es la vida y un solo trago la muerte. (Poesía, Sociedad Anónima)

  


Manifiesto 7

 Junto al río o al borde de la noche, entre los muñones del remordimiento, desde los umbrales y fogones, con el pan que amanece o el viento que espera, imprescindible reflejar la realidad, propiciar, crear un clima nuevo. Un estilo directo, justo, que se entienda. Con palabra clara, a punta de verdades sencillas y de axiomas antiguos. Expresar la época, el momento. Descubrir, asomar un destino. Orientar a quien nunca pensó tener una misión propia, a quien siempre vivió como en castigo, a quienes sintieron la vida como un reproche cruel. Fijar la mira, la esperanza en el advenimiento de un mundo, donde la pólvora del combate flote entre palabra y palabra, entre la propia pólvora y el propio suelo. Ir, antes que con el miedo, con el sueño, Altamira adentro. Para fijar partida. Para forjar el cántaro, guaraleando auroras, enlazando estrellas. Construir. Reconstruir. Con fuego, amor, candela.

Arriba el valor! Fuera la desidia! Al diablo el terror, el engaño, la farsa, el dolo, el fraude! No más amenazas. No más amedrentamientos. No más falsarios de la razón. No más odio. No más leyes putrefactas. No más cólera contra el pobre. No más hambre por las casas. No más muertes por las calles. No más prisiones. Sólo casas. Sólo hogares para el hombre. Sólo campos. Sólo pan, trabajo, libertad y sueño. Sólo arados. Sólo amor multiplicado en pan, en paz y en libertad. Muera el odio. Muera el hambre. Muera el miedo. Vida, paz y libertad no más.

Como la pólvora en los cartuchos de los revólveres congelados, plantadores de árboles de humo en la floresta del incendio, boca buscando vida a dentelladas, buscando libertad, buscando aurora, hambre embistiendo en ciegas oleadas que sólo pan y soledad devora. Que los que saben sepan lo que puedan saber y los que estén dormidos que sigan durmiendo. Despertemos de la gran realidad de estar muriendo ahora y en la última hora.

Desde esta loma de la historia, desde este cruce de sueños, siglos y caminos, a sembrar la tierra otra vez. Otra vez al viento, a la trocha y al camino. Otra vez a la las armas de la espiga. A hacer crecer la espiga! A hacer crecer la luz, la espiga! La cabria, el arado y los cimientos! Raíz, árbol, fruto nuevos! Sangre fresca, contingente nuevo! Ancha faja, cacha negra, algún dinero, capellada fina. Nuevo amanecer! Nuevos ríos, llanuras, cafetales. Huertas y maizales nuevos! Hombre, ideal, renovación! Antorcha, fuste y fuego al borde de la trocha tempranera!

Calla, crepúsculo futuro, y recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente, soberbiamente ennavajados. Varios días el viento cambia de aire, camaradas. ¡Cae agua de revólveres lavados! Insomnes almácigos en guardia, estará nuestra sombra, nuestra noche, cuestionando. Es urgente. El tiempo apremia. Si en la celda se acurrucan los rincones, no hemos de dejar de darle de beber a la esperanza embotellada. Nos espera su sombra apercibida, nos espera su sombra acuartelada. Despertemos del letargo y el secuestro. Desentrañemos el valor. Condenémonos al diálogo y la negociación. Librémonos de ligaduras. Legitimemos nuestras aspiraciones. Saludemos al sufrimiento armado. Armémonos de paz social. Inventemos el futuro. El espíritu, la rebelión, la revolución. Realicémoslos ya. Amémonos los vivos a los vivos, que siempre no estaremos como estamos. Convivamos. Entremos a la nueva historia. Si no queremos antes que vivir, sobrevivir como náufragos asilados. (Poesía, Sociedad Anónima)

 



Manifiesto 8

Debemos partir de una definición de nuestras vidas, planes, sueños, ansiedades y esperanzas. Debemos partir de nuestro insomnio, asombro, vigilia, madrugada. Debemos partir hacia nosotros. Hacia el encuentro de las luces, las sombras y los dioses. Hacia el claro misterio de la luz. Debemos partir sin mirar atrás. Con el peso del recuerdo para no olvidar. Quebrar tempestades, huracanes o borrascas. Romper la desazón, el desconcierto, el descontento; la amargura, los reveses, la nostalgia. Debemos sajar gatillos, polvorines, torpedos, misiles, cobardías y arrebatos. Debemos acabar con frivolidades, asechanzas, celadas, trampas, vericuetos, garabatos y tardanzas.

Debemos improvisar hasta dar con nuestro ser y el ser de nuestras cosas, proyectos y verdades. Debemos dar con el origen de todas nuestras cuitas, penas, alegrías, fogonazos, fumarolas y quebrantos Debemos dar con la sombra del hombre, del hambre, sus macundales y corotos. Debemos dar con la huella de la Paz. Debemos activar nuestro armamento. Partir como el relámpago. Fustigar el fuego. Conciliar las íntimas soberbias. Sacrificar. Seguir. Obedecer. Desobedecer. Despertar el alma. Abrirla a tajos. Asomarnos a la vida. Hundirnos en cada palmo de miseria. Velar por la esperanza. Por los nuevos caminos de la aurora.

Acercarnos a la madre para pedirle el aliento de la vida. Mirar a las estrellas. Andar con el hermano que nos quede a la huerta perdida de la aldea para ver que semillas recoger. Es tiempo de arrumbar los macundales, de encontrarnos de nuevo con la vida para invocar la aurora del vidente. Es tiempo del mejor amanecer, de esperar, bien armados de paciencia, acampar en espléndidas ciudades.

Debemos fulminar ventisqueros, desesperanzas, caprichos y torpezas Debemos tajar la angustia, trocarla en diapasón. Fundir la paz en un lucero. Abrirnos a la luz de no sabemos qué. Debemos deshacer tinieblas, palpar la luz, el corazón. Hablar de eclipses, de manchas y de luz. Tomar el pulso al porvenir. Ver de cerca, de lejos. Pensar en nuestro suelo, en nuestra tierra, sus fracasos, opciones y salidas. Debemos olvidarnos de horrores, honores y prebendas.

 Debemos prepararnos para la guerra. Más aún para la Paz. Se acaba el mundo sin lograr la Paz. ¡Nunca más enrojezcan los desiertos y menos los montes y quebradas. ¡Señor, danos menos fuerza para la guerra y más valor para la Paz!

Debemos pensar en los campos de batalla. Golpear. Gritar. Empujar. Añorar. Sumar la voz al coro. Ir al frente. Sentir el tiroteo. ¡Volver con la Victoria! Encender la luz a pesar del oleaje de los vientos, frente a la sombra de los hombres. Seguir al viento nuevo a pesar de los gemidos y lamentos.

Debemos escaparnos de la sombra y hundirnos en el fondo de la luz. Debemos proteger el sueño de los grandes, cultivar la lucha de las flores, recoger la cosecha de los predios. Debemos partir. Mientras haya esperanza para el sueño. (Poesía, Sociedad Anónima)

 


Manifiesto 9

 


Hasta el más pequeño de los seres lleva un sol en los ojos (
Antonio Porchia)

En el fondo de ti hay siempre alguien que con la noche gime (Olga Orozco)

La noche más oscura resplandece al disolverse en luz (Nisami)

Mis ojos se me van poniendo chinos sin sombra no hay luz (Sentimiento Muerto)

No hay indicio cierto que distinga el sueño de la vigilia (René descartes)

Sin embargo este mundo es más extraño aún porque regresa (Cintio Vitier)

No vamos ni venimos estamos en las manos del tiempo (Octavio Paz)

A la intemperie voy inspirando el viento hasta mi alma ( Bashó)

Dejadme ya vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio(León Felipe)

Un cuarto es sin duda el sitio donde mejor se oye llover (Eduardo Mitre)

La muerte es despertar al silencio del sueño de la vida (Lubio Carozo)

Espero el paso del tiempo ¿qué hacer para escapar del polvo? (Gustavo Pereira)

¿Para sólo morir tenemos que morir a cada instante? (César Vallejo)

El pan el sol la muerte el olvidado asombro de estar vivos (Octavio Paz)

La muerte esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado (Eliseo Diego)


En este mundo encima del infierno viendo las flores (
Issa)

Señores basta una nube para averiguar la verdad (Joaquín Pasos)

Cuándo con qué fuerza de qué modo asumir nuestro destino (Dionisio Aymará)

De pronto el mar suelta un caballo blanco... y se queda dormido (Rafael Alberti)

Intacta erguida la casta demente luz deshoja el tiempo (Eliseo Diego)

La poesía por donde venga o vaya ese viento antiguo (Arnaldo Acosta Bello)

Fuego que nadie puede contemplar sin un asombro antiguo (Jorge Luis Borges)

Somos tejidos de hombres mujeres silencios y dolores (Alberto Hernández)

¿Quién soy? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía (Jorge Luis Borges)

Se sabrá que todo es lo mismo y que es sin embargo distinto (Jaime Sáenz)

Oír el llamamiento en el patio de honor tomar el arma (Pablo Mora)

Vivir y soñar dormir es distraerse del universo (Jorge Luis Borges)

Acumular la mayor cantidad de eternidad posible (Gonzalo Fragui)

Echarse a errar... existir es asomarse a la eternidad (Lubio Cardozo)

En pasto en noche en cielo en tierra en humo en polvo en sombra en nada

/(Góngora)

 

  

 

Un soneto me manda hacer Violante (Lope de Vega)

¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza! (Cervantes)

Antes de amarte, amor, nada era mío: (Neruda)

Teresa en cuya frente el cielo empieza. (Carranza)

Me moriré en París con aguacero (Vallejo)

si, para recordar lo recordado, (Bernárdez)

no cesará este rayo que me habita (M. Hernández)

cuando me paro a contemplar mi estado. (Garcilaso).

¡Ah de la vida!… ¿Nadie me responde? (Quevedo)

No me mueve, mi Dios, para quererte, (Anónimo)

estas que fueron pompa y alegría. (C. De la Barca)

Ya no seré feliz; tal vez no importa. (Borges)

¿Cómo era, Dios mío, cómo era, (J.R. Jiménez)

la dulce boca que a gustar convida? (Góngora)

 

 

 

¡Cándida luna que con luz serena

del espacio los ámbitos dominas

y el horizonte lóbrego iluminas

de pompa, majestad y gloria llena!

¿Sientes acaso la amorosa pena,

y a la mansa piedad dulce te inclinas,

y en busca de un amado te encaminas

que a eterna desventura te condena?

Parece que me escuchas y parece

que en gloria y paz, amor y venturanza,

tibia, modesta, fugitiva Luna,

tu faz en dulce lumbre resplandece,

y entre el vago temor y la esperanza

constante dura sin mudanza alguna.

 

Las tres muestras anteriores del Manifiesto 9, así como todos los restantes reproducidos anteriormente, constituyen ejemplos de lo que hemos venido denominando Poesía, Sociedad Anónima. (Quod erat demostrandum). La primera es una elaboración del autor, con base a versos alusivos a la temática del asombro y sus derivados, y cuyos autores reales aparecen señalados. La segunda trata de un soneto elaborado por Daniel Samper Pizano a base de los primeros versos de muy famosos sonetos castellanos. La tercera nos demuestra como el soneto es tan noble que puede reunirse con otros de su especie y formar nuevos sonetos sin cambiar de métrica ni de rima. Aquí se recupera un curioso soneto armado magistralmente a partir de catorce sonetos diferentes y de épocas distintas. Se titula "A la luna". (42)


Acciones /Accionistas / Credo y Homenajes

   


© Pablo Mora 1999
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/poes_s2c.html.html