Aldea del Rumor

Ignacio Fernández
Director-editor Literaturas.com


 

   
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Internet es, para alguno de nosotros, una de las fuentes de información más importantes y más consultadas. Soy editor de una revista literaria en la Red y es para mí de suma utilidad estar suscrito a listas especializadas, novedades editoriales e información de los medios digitales que suministran este tipo de noticias. Estar bien informado y tener distintos canales para estarlo, nos da la posibilidad de verificar nuestra información , de adelantarnos a la noticia y de estar a la vanguardia de lo que ocurre. Para quienes trabajamos en la Red son tres premisas muy importantes si queremos seguir viviendo en este medio. Internet, se ha vuelto un gran devorador de contenidos; nosotros participamos de esa voracidad, pero además somos consumidores frecuentes de todo lo que pasa ahí dentro. Cuando hablamos de periodismo en la Red, no obstante, estamos tocando un terreno muy delicado.

Todos sabemos que, cuando nacieron los medios de comunicación, la noticia era confirmada por el periódico al día siguiente; luego llegó la radio y si lo habían dicho en la radio la noticia tenía validez para el oyente; más tarde la televisión dobló la veracidad de la noticia al traernos imágenes. Hoy vivimos en la velocidad de Internet, sólo que desgraciadamente este medio de comunicación tan joven y reciente carece de toda credibilidad. Estamos en la Aldea del Rumor.

El rumor es, efectivamente, una moneda corriente entre las miles de informaciones que se cruzan cada día a través de correos electrónicos y paginas web. Hoy por hoy, la Red no es un medio fiable de información valida, y lo digo como quien trabaja para este medio. Descarto a los grandes diarios de información internacionales , que tienen soporte papel, a las emisoras de radio y a los portavoces de prensa de los gobiernos - otra cosa es que lo creamos- .

Ni hasta en su propio medio confía, me preguntaran. Pues tampoco, y les cuento por qué. Habitualmente nos llega información de los gabinetes de prensa de las editoriales, paginas webs, particulares e instituciones. En ocasiones salimos a buscar información fuera, siempre lo hacemos en los lugares referenciales y fiables, lo cotejamos con otro medio y procuramos llegar a la Red con unos contenidos de bastante credibilidad. Pese a todo, la velocidad de la información es tan rápida que trabajamos a tiempo récord. Las pequeñas publicaciones digitales, como la nuestra, apenas si pueden verificar, comprobar y difundir una información que nos haya sido transmitida por la Red. Les pondré un ejemplo de actuación que nos podía haber causado algún problema.

Hace unos meses nos llegó a través un informante -con todo nuestro crédito-, un correo electrónico de una escritora que le contaba a su rival en un premio literario cómo había conseguido ese premio. Lógicamente, la información era muy apetitosa, la escritora daba todo tipo de detalles sobre la forma en que se había desarrollado la evaluación de su trabajo y los manejos que le habían llevado a conseguir un premio literario millonario. Ingenua la escritora, nunca imaginó que su correo podría llegar a otras manos. La información era valiosa, pero me preguntaba si seria ético publicarla; directamente pensé que no porque, primero, violábamos la intimidad de un correo privado, aunque el informante que lo recibió tenia todo el derecho a enviarlo a quien quisiera ya que era suyo; segundo, un correo no es una prueba periodística de veracidad, ¿quién sabe quien lo escribió?, quizás no fuera ni la misma autora aunque viniera su dirección de correo electrónico en el membrete, o aunque la forma de escribir, la explicación y la reflexión que hacia la autora tuviera todos los visos de ser real. No había, en fin, seguridad suficiente de que ese texto fuera realmente de quien lo remitía. Decidí no publicarlo, pero sí informamos a nuestros lectores de la existencia del correo, sin citar nombres y por supuesto sin hacer juicios de valor sobre la información, aunque sí un duro editorial sobre los hechos narrados. En cualquier medio serio esta disyuntiva sobre su publicación o no ni se plantea, en Internet sólo algunos medios de comunicación respetan estas reglas.

¿Qué hubiera pasado si, por hacer prevalecer el derecho a la información de nuestros lectores , hubiéramos publicado el correo? No lo sé, quizás estaríamos perjudicando la credibilidad de Internet como fuente de información a cambio de trabajar rápidos y ser descubridores de noticias; a largo plazo estaríamos restando potencial informativo a este soporte. Cierto que hay mucha libertad para que cada individuo dé su opinión sobre las cosas, cierto que cada uno puede dirigir su publicación como quiera, pero si hacemos caso a todos los rumores y semicertezas estaremos creando un sitio siempre bajo sospecha.

Cuando dije que mi publicación tampoco es fiable, lo dije porque es necesario un ejercicio de autocrítica y no nos viene mal empezar por nosotros mismos. Mi intención cuando fundé la publicación en el año 2000 era que la revista fuese muy plural informativamente hablando y en esto Internet sí es un gran medio, porque aguanta este tipo de informaciones diversas y en ocasiones antagónicas en la misma cabecera editorial; aquí sí que la Red juega con ventaja. Es posible combinar información de grupos editoriales relevantes, escritores de gran venta, junto a escritores totalmente desconocidos, información de pequeñas editoriales o textos mordaces como los de nuestros "Cuadernos de Critica Literaria". La mezcla no nos provoca ningún tipo de enfrentamiento en la redacción, ni en la evaluación de los contenidos. Sacamos adelante lo que nos parece interesante y hacemos una revista informativamente plural donde recogemos lo que pasa, sea crítico con los grandes o moleste a los que desean que se establezca una confrontación con la literatura de consumo.

Hemos optado porque el lector elija la información que quiera y le interese, hemos puesto otra pantalla para que sea leída o pasada por alto, podemos decir que en la Red existe el Interzaping. Hemos dado opción.

Creo que hacer crítica parapetándose en el anonimato es fácil , pero asumimos que publicar la excelencias de un libro por la información de un editor también es fácil, trabajamos entonces en igualdad de condiciones. Ahí reside la novedad de la publicación. Pienso además que esto enriquece y favorece la expresión y son los lectores los que eligen según su criterio qué desean y no desean leer, lo importante es que tenga capacidad de elección. Por eso les decía que mi medio tampoco es creíble cuando acoge una información que es anónima. Usted se contradice, pensarán; seguramente, pero gracias a esta contradicción siguen aumentando el numero de visitas y lectores a la publicación. Esto quiere decir que el modelo en el que hemos pensado y por el que apostamos no es tan alejado del gusto de los lectores de este tipo de publicaciones digitales y lo mantendremos, ya que funciona como lugar de información plural, fiable y relevante (algunos medios electrónicos y de papel se hacen eco de nuestras informaciones y en ocasiones nos demandan opiniones respecto a él).

Dar el espacio a la gente que tiene algo coherente que decir es sin duda una ventana de libertad y expresión. Ocurrió con el caso Paul Hervet y sus criticas a Quim Monzó, ocurrió con Goytisolo y su articulo "Vamos a menos", ocurrió con Gregorio Morales y su investigación sobre escritores colaboracionistas en el régimen de Franco y sus contactos con la CIA, ocurrirá con la información que nos llegue y nos parezca rigurosa, contrastable, aunque esté rozando lo políticamente incorrecto y hasta lo impublicable. Igual mantengo esta posición que pienso que muchas otras cosas no tienen cabida porque les falta el apoyo mínimo para su credibilidad. Desde luego en la revista no entra todo, por muy rocambolesco o fascinante que nos parezca, aquí sí hay una labor de investigación para no recibir y promocionar falsedades o rumores mal intencionados. Esa no es nuestra línea editorial. De hecho, cuando nos llega un articulo que nos parece interesante de un lector que no es conocido investigamos en los Buscadores de la red si el articulo ha sido publicado en otro medio (si lo ha sido masivamente, lo descartamos) , si el autor realmente existe, comprobando su nombre y además siempre pedimos un breve C.V para asegurarnos de que no estamos fomentando opiniones no verificables o anónimas.

El articulo se titula Aldea del Rumor, y es porque en ocasiones, cuando recibimos información supuestamente "confidencial", no pasa de ser simple rumorología internaútica. Les explico. Me equivoqué publicando una supuesta carta de García Márquez donde anunciaba su enfermedad; el texto no había sido escrito por él, tiene autor conocido y además estaba publicado muchos años antes, la veracidad de la información no fue comprobada y la carta, eso sí con explicación previa que se puso como entradilla del texto donde se informaba de nuestras dudas acerca de la autoría del autor colombiano, fue incluida en uno de los números de nuestra publicación. Hubo lectores inquietos y mejor informados que nosotros que nos aclararon este falso escrito adjudicado a García Márquez. El texto ha sido eliminado de nuestras paginas, aunque lo más justo hubiese sido reconocer y haber firmado esa carta con el nombre de su verdadero autor. Para corregir este tipo de supuesto hemos creado la figura del Defensor del Lector, donde damos cabida a una selección de cartas de los lectores que recriminan, critican, puntualizan o nos sugieren contenidos para que la revista vaya mejorando. La sección es un éxito y no tenemos complejo en reconocer y reproducir las cartas que en ocasiones son muy duras contra nuestro medio, pero pensamos que la transmisión de estos textos crea confianza y accesibilidad al trabajo que realizamos.

En muchas ocasiones entre los medios digitales nos contactamos para intercambiar noticias que, al no poder publicar unos u otros por falta de espacio o verificación, se quedan en el limbo informativo. En ocasiones, y como ejercicio de confidencialidad, nos comunicamos entre periodistas alguna intuición, rumor o "suelto"; es sólo un trasvase de información ligero sin mala intención. Lo curioso llega cuando esa reseña, que no deja de ser algo sin confirmar, al cabo de un tiempo aparece como una seminoticia verosímil y se acaba publicando como tal. Es tanta la voracidad de los medios y su capacidad de generar y retener contenidos que se alimentan de muchas fuentes, entre ellas incontables gargantas profundas que no tienen garantía alguna de ser fiables; así se construyen informaciones sesgadas, que no se han contrastado con el mínimo rigor que la profesión merece, al menos exijamos una doble confirmación del rumor.

Internet se convierte de este modo en un monstruo deforme que engulle cualquier dato, informe, rumor o "suelto" que se produce, con lo cual Internet pierde prestigio y peso como medio de comunicación. La Red, en su corta vida, ha ido creciendo con los problemas implícitos de ser un sitio tan amplio, disperso y accesible en donde la información de calidad llegará a tener un precio. Eso lo saben y lo están viendo los primeros diarios de información general y económicos norteamericanos, donde cada vez es más usual pagar por los contenidos que se ofrecen, cada vez es más normal poner una tarifa a la información de rigor, cada vez es más habitual - y esto los consumidores lo saben valorar - la exclusividad de una información rigurosa, fiable y contrastada. Ya mucha gente que recibe información de boletines o listas de información desconfía del contenido, el valor de la información ha caído en picado en los envíos gratuitos, porque imaginamos que quien genera esa misma información se alimenta de otra que no ha sido verificada, de copias de noticias de otros medios y de remezclas más o menos originales de lo que se toma prestado de aquí y de allá.

Existe un publico cada vez más exigente que pide datos, contenidos e informes mejor documentados, originales y novedosos. Este publico también sabe que, más tarde o más temprano, para que esto sea así tendrá que pagar por ello. Un equipo de redactores, periodistas, diseñadores gráficos bien informados y cualificados vale dinero, y si esto si no se sostiene a través de la publicidad tendrá que hacerse por suscripciones de pago.

La publicidad entrará en la Red cuando ésta sea un soporte serio de información, cuando hayan madurado las paginas y sus contenidos, cuando haya equipos responsables y preparados para asumir un nuevo control de la información. Y la publicidad será muy cara en un futuro en la Red porque será muy selectiva, porque orientará perfectamente a los planificadores de medios de las agencias acerca de quién esta detrás de esa información y quién detrás de esa pantalla leyéndola con interés, porque la estará pagando como usuario exclusivo.

Internet es la prehistoria de un invento -como se decía en el siglo XIX- que cambiará el mundo en su concepción informativa y cultural. Será un entramado informativo formidable donde la calidad de la información será verificada por múltiples fuentes a la vez, estaremos tan abundantemente informados que los contenidos nos tendrán que llegar muy segmentados, tantos casi como individuos interesados en algún tema haya en concreto. Trabajamos cada día para que esta Aldea del Rumor empiece a ser una Comunidad de Noticias Fiables y Contrastadas. Ojalá así sea, habremos dado entonces otro gran paso hacia adelante, porque si no acabaremos en otras manos, más inquietantes y desconocidas. Porque como dice Serge Halimi, periodista de Le Monde Diplomatique: "la información es demasiado importante como para dejarla en manos de periodistas". Recuperemos los periodistas este material sensible, seamos nosotros y no las empresas los que marquemos la agenda de la información.

 

© Ignacio Fernández 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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