ECOS MODERNISTAS EN SILVIO RODRÍGUEZ

Inés Izquierdo Miller


 

   
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“El verso ha de ser como una espada reluciente
que deja a los espectadores las memorias
de un guerrero que va camino al cielo y
al envainarla en el sol se rompe en alas”
José Martí   

Silvio Rodríguez, uno de los máximos exponentes del movimiento de la Nueva Canción latinoamericana presenta indudablemente ecos modernistas de primer orden en muchas de sus composiciones musicales.

Sabido es el talento de Rodríguez para componer bellas melodías donde letra y música se engarzan magistralmente pero pocas veces se han visto los rasgos modernistas de su creación, porque de la vanguardia sí se ha hablado siempre, especialmente de Vallejo.

El propio Silvio en el libro “Que levante la mano la guitarra”, en la entrevista realizada por Luis Rogelio Noguera y Víctor Casaus, dice que se alimentó de Pablo Neruda, César Vallejo, Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Nicolás Guillén, Roberto Retamar, Edgar A. Poe, Walt Whitman, Beltold Brecht y Maiakosvki y Martí, mucho Martí.

Silvio también se acerca a Darío y es interesante que en esa entrevista o en otras él no menciona el bardo nicaragüense e incluso llega a decir: “mi canción es un Frankenstein del pentagrama, tiene una hibridez escalofriante”. Según Silvio en ella aparece todo lo que ve, lo que se imagina y lo que sueña. En lo musical alude a los clásicos del rock: Presley, Dylan, los Beatles, además añade a Benny Moré, Pablo Milanés, Sindo Garay, los que considera sus raíces porque la cubanía no es en él una influencia. Pero repito, nunca Silvio habla del modernismo ni de Rubén Darío.

En Silvio música y poesía forman parte de una suerte de sincretismo del que nace la mestiza canción, que muchas veces es un soneto acompañado de guitarra, como en “Amigo Mayor”. Silvio señala que el soneto es como una piedra de amolar que hace resplandecer a la poesía.

Silvio al igual que Darío, aspira a la belleza, él no es un conformista, no quiere hacer canciones simplistas, ramplonas, si no oigamos “Testamento” y veamos cómo combina versos de dura sonoridad (endecasílabos) con solemnes alejandrinos. Ese sentir ideal de buscar la perfección, la belleza, la armonía entre forma y contenido, lo expresa en La Masa cuando canta : “Un testaferro del traidor de los aplausos \ un servidor del pasado en copa nueva \ un eternizador de dioses del ocaso \ júbilo hervido con trapo y lentejuela”

Todo ello en franca referencia a quienes escogen el camino más fácil y mediocre en el arte.

En una entrevista Silvio declaró que “Cuando se compone para gustar, para caer bien, para que pegue, para estar en la onda, estamos en presencia de una manipulación mercantilista de la canción, del arte, del artista. Lo fácil es tentador.” Creo que Darío también huyó de lo fácil, para él hubiera sido mejor seguir las tendencias de su tiempo y ser uno más de esos poetas de salón y dedicatorias en autógrafos, sin embargo sabemos que Rubén Darío fue mucho más que el galante señor de atusados bigotes.

Con sólo leer las crónicas darianas es suficiente para hacerse una verdadera evaluación de lo que representó Darío para las letras universales.

Pero volvamos con Silvio, este trovador es un hijo legítimo de la trova tradicional (cuyos orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XIX y su auge fue en el XX con Corona y Sindo Garay). Las raíces de la llamada Nueva Trova están ahí, pero los postulados estéticos no son idénticos, pues esta nueva hornada postula que:

- Debe haber una fuerte intransigencia ante la ramplonería y el simplismo

- Predominará la forma sincera y profunda de abordar la canción con su alegría y sus desgarramientos

- Las estructuras deben ser más cómodas y flexibles que las de la trova tradicional

- Los temas son no sólo amorosos e incluyen el decursar del tiempo, el pasado, el ardor juvenil, la nostalgia de lo que pudo ser y no fue.

Silvio heredó de Vallejo el uso dislocado del idioma, los chispazos lingüísticos de estremecedora belleza, la sinestesia, el estrujamiento de las palabras para sacarle al máximo su esencia. Recordemos Oleo de mujer con sombrero y esa frase antológica: “Veo a un perro ladrando a la luna con otra figura que recuerda a mí”. En Silvio además se perciben claramente las imágenes llenas de valor pictórico, no en balde fue dibujante de tiras cómicas.

También el color azul aparece en muchas de sus creaciones en el mismo sentido que lo utilizara Darío como expresión de algo sublime, lo máximo, la pura belleza. Como es el caso de Unicornio Azul o en Melancolía, donde no sólo habla de la niña del azul sino que alude a este color con frases como amor melancólico, sutil, pálido, cielo o si no en el  Jardín de la Noche cuando dice "jardín de cielo".

Pudiéramos decir que en Melancolía el autor plasma de una forma extraordinariamente poética el sentimiento de la melancolía, tema que abordó Darío también y ha sido leitmotiv de la poesía romántica y modernista.

En esta canción el autor comienza por personificar a la melancolía y la encarna en una damisela cuyas prendas son típicas de tiempos antiguos, como si de un medallón se tratase, pues viste de “pamela, impertinentes y botón de amapola en el oleaje de sus vuelos”. Esa melancolía-mujer aparece acompañada de otros adjetivos tales como voluble y acariciadora, pero con un delgado pétalo de hielo para aludir a la indiferencia, al frío desdén, algo parecido a lo que señalara Garcilaso de la Vega en la Égloga I: “más helada que nieve, Galatea”.

Más tarde Silvio continúa y la llama novia silenciosa, íntima pareja del ayer, señora del tiempo, beso que retorna como el mar, rosa del aliento, caracterizaciones que nos inducen a pensar que el autor dimensiona positivamente esta evocación del pasado, pues son adjetivos positivos.

El trovador utiliza metáforas, anáforas, imágenes, símiles, personificación, todo ello enlazado, claro está, para los que han tenido ocasión de escuchar la melodía con violines y un aliento suave y discreto que va en crescendo hasta el final, donde el poeta reclama al esquivo recuerdo evocado que le diga a quién puede amar, porque todo parece indicar que ese recuerdo del pasado, de esa amante maravillosa, no ha podido ser sustituido.

En el caso del Jardín de la Noche Silvio nos habla de una rosa luminosa que lo mira, en clara referencia a las estrellas, pues compara a la noche con un jardín. En esta composición el autor presenta en contraste con el sentido idílico de la noche y las estrellas, la voluntad de ser el dueño de los ojos de la altura para así fundir su montura y galopar su sueño.

Vuelve a insistir a través de imágenes metafóricas ese afán de alcanzar su deal, esa estrella lejana, que significa algo preciado para él.

En esta canción se plantea que “volaré al jardín del cielo en un pájaro violento”, lo que indica que arribar allá a donde desea no es tarea fácil, ni de pusilánimes. Silvio reitera que irá en un corredor de vientos, en un caballo de fuego, como si fuera un Pegaso moderno, porque él quiere conseguir esa aspiración máxima que lo deslumbra.

Todas las alusiones tienen relación semántica con la idea de la doma y la monta de un animal violento. ¿Qué significa? Como en toda buena obra de arte, te deja abierta las posibilidades de interpretación: una mujer, una sociedad mejor, la máxima expresión del arte. O todas esas juntas.

Es como en el caso del tema Unicornio, que provocó múltiples debates sobre lo que representaba, lo que simbolizaba ese caballito azul.

Incluso los bromistas llegaron a decir que se lo dedicó a su único blue jean, que se lo habían robado de la tendedera en alusión a lo de único con unicornio. Después que la canción recorrió varios países y fue cantada tantas y tantas veces, Silvio aclaró en la portada de su disco Unicornio que estaba dedicada a Roque Dalton y que le habían contado que allá en las montañas de El Salvador habían visto ese animal mitológico.

Así que cada cual hace sus propias conclusiones. Pero lo importante es que Silvio retoma elementos claves del modernismo, tanto formales como conceptuales y los eleva a las circunstancias de su tiempo, de su manera de pensar, su ideología. Claro que Silvio, Martí y Darío son hombres diferentes y vivieron épocas y circunstancias totalmente opuestas, sin embargo hay por ahí una cinta pequeña, delgada y azul que los une a los tres y los hace tener un espacio, un dominio común: son todos en cierta medida modernistas y en esencia buscaron y buscan lo mismo: la renovación de las letras, búsqueda de la belleza, de la perfección.

 

© Inés Izquierdo Miller 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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