Resonancias de las Erinias esquíleas
en "La furia" de Silvina Ocampo

Brenda Sánchez
Universidad Nacional de Cuyo
Mendoza, Argentina


 

   
Localice en este documento

1. INTRODUCCIÓN

La posibilidad de lectura intertextual que proponemos del cuento “La furia” de Silvina Ocampo está sustentada en la relación explícita, ya desde el título, que esta­blece nuestra autora entre su protagonista y estos personajes míticos: las Erinias, a las que los romanos llamaron Furias.

Aunque las encontramos en otros textos de la antigüedad griega, hemos tomado Las Euménides de Esquilo, tragedia en la que los personajes centrales son estas divinidades infernales.

Creemos que la utilización de un intertexto que remite a un poeta canónico en la historia de la literatura occidental responde a una propuesta de carácter lúdico que nos invita a resignificar el accionar de estas divinidades tradicionales y a re­contextualizarlas en un ambiente y tiempo conocidos y cotidianos para el lector.

A su vez, el juego se establece también con la posibilidad de introducir un elemento divino en un tiempo desmitificado como el actual, y crear en nosotros la ambigüedad, la duda, la sugestión que produce esta presencia en los parques de Palermo de finales de los años cincuenta. Silvina Ocampo nos invita a la manipulación, a la tras­formación y a la síntesis conjunta (escritora-lectores) de elementos de nuestra tradi­ción literaria en una refundición en el Buenos Aires contemporáneo.

Hay en el cuento una presencia constante de guiños que nos instan a abando­nar la lectura horizontal y lineal del texto para proponernos un intercambio vertical, diacrónico, con la tradición literaria universal. A la vez que ampliamos, así, el horizonte de significación del texto a través de la participación activa del lector en la construcción del sentido del mismo.

La relación lúdica que el lector de “La Furia” debe establecer con el texto de Esquilo tiene sus claves de acceso en la descripción física de la mujer, en la atmós­fera intemporal, lejana y misteriosa que rodea la figura de Winifred, y en su necesidad imperativa de expiación del crimen de Lavinia a través de la sangre.

2. BREVE CONTEXTUALIZACIÓN DE LAS OBRAS

Las Euménides forma parte de la única trilogía de Esquilo que ha llegado com­pleta hasta nosotros: La Orestía, representada el año 458 a.C. Las Euménides, tra­gedia final, presenta la armonización de las fuerzas en conflicto y se cierra con la conversión de las Erinias en Euménides, divinidades bienhechoras y protectoras de Atenas.

El cuento “La Furia” pertenece a la colección La Furia y otros cuentos, publicada en Buenos Aires en 1959 por la editorial Sur. La importancia que la autora adjudicó a nuestro cuento dentro del volumen se evidencia en el hecho de que da título al mismo. La mayoría de los relatos de esta colección presentan niños con rasgos monstruosos y crueles, como la pequeña disfrazada de ángel de nuestro cuento.

3. MITO DEL ORIGEN DE LAS ERINIAS

Según la tradición, Crono, el más pequeño de los Titanes, emboscó a su padre Urano y lo castró con una hoz de sílex, arrojando sus órganos genitales al mar, despojándolo, así, de su poder. La sangre que emanó de las heridas de Urano cayó sobre Gea y la fecundó, haciéndole engendrar a las dos últimas razas pre-Olímpi­cas: los Gigantes y las Erinias.

Las Erinias (Furias o espíritus vengadores) fueron para los hombres lo más terrible de las criaturas pre-Olímpicas. El trabajo de estas hermanas fue el de ator­mentar a aquellos culpables de crímenes en contra del orden social, particularmente crímenes de sangre contra la familia. No reconocían la autoridad de los dioses más jóvenes, los olímpicos; y eran criaturas horribles, con sus cabellos entrelazados con incontable serpientes.

En un primer momento su número fue indeterminado; pero, más tarde, tanto su número como sus nombres se precisan: Tisífone (la vengadora del crimen), Megera (la de los celos), y Alecto (siempre encolerizada). Eran justas pero despiadadas y no atendían a circunstancias ate­nuantes. Castigaban todos los ultrajes contra la sociedad humana tales como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, los delitos de san­gre. Torturaban a la víctima de todas maneras: la perseguían blandiendo sus látigos y arroja­ndo fuego contra ella.

En el anverso de esto, se encuentra la concepción, fundamental en el espíritu helénico, de un orden en el mundo que debe ser protegido contra las fuerzas anárquicas. El asesinato es una contaminación del orden religioso que pone en peligro la estabilidad del grupo social en el cual éste se ha cometido.1

Esquilo toma el elemento mítico perteneciente a la religión tradicional y lo reela­bora e in-forma. Presenta a las Erinias como una pluralidad: el coro, en el que no se distinguen las características particulares de cada una, pero que presenta las peculiaridades de todas a la vez.

4. RESONANCIAS DE LAS ERINIAS ESQUILEAS EN “LA FURIA” DE SILVINA OCAMPO

4.1. Caracterización de las Erinias

En Esquilo la descripción inicial de las Erinias es dada por la Pitia, que no puede ubicarlas dentro de ninguna de las categorías de seres que co­noce, por lo que configura el retrato de las mismas puntualizando las semejanzas y diferencias con entidades identificadas por ella: Gorgonas y Arpías.

Y delante de este hombre, un asombroso grupo de mujeres que se halla en los asientos, duerme. Verdaderamente no mujeres, sino Gorgonas, digo, ni [las] compararé todavía con figuras gorgónicas. Ya una vez [las] vi dibujadas arrebatando la comida a Fineo. Ciertamente, ellas son ápteras en su aspecto y negras y en todo portadoras de desgracias.2

Apolo, a su vez, más adelante en el texto, insiste en su calidad de vírgenes, en su filia­ción (divinidades ctónicas, contrapuestas a las olímpicas) y en sus atribuciones propias (placer en el horror y en la destrucción).

Una de las características del estilo esquileo es la presencia de un leit motiv, o metáfora insistente en sus obras. En Las Euménides aparece en todo el texto la metá­fora de la caza, y en ella Orestes toma la parte de la presa y las Erinias, la de las cazadoras, por esto tam­bién se las llama “perras”. Enuncian ellas mismas que rastrean como un perro las gotas de sangre de un cervato herido.

La presentación de la protagonista de “La Furia” con “ojos de hiena” remite a la idea de caza, y permite la asociación con las diosas infernales, ya que este mamífero carnívoro tiene un aspecto semejante al perro. Aporta también a Winifred las connotaciones de ser carnicero y despiadado al acecho a una presa (en este caso, el narrador).

Silvia Molloy dice que los cuentos de Silvina Ocampo son voluntariamente manifiestos, epifáni­cos, porque evitan la tensión entre lo verbalizado y lo sugerido3. Por esto, se alude a las Erinias a través de la descripción física de Winifred y del cruel accionar de la misma. Pero también, la autora, que utiliza la explicitación como un recurso de es­tilo, no elude la denominación: desde las primeras líneas del retrato de la protago­nista se precisa su asociación con las antiguas diosas titánicas.

La conocí en Palermo. Sus ojos brillaban, ahora me doy cuenta, como los de las hienas. Me recordaba una de las Furias.4

El color negro y la insistencia en la apariencia repulsiva son constantes en la descripción de las Erinias esquileas. Ambos aspectos son retomados y trabajados por Silvina Ocampo en su descripción de Winifred. No hay en la misma, adjetivación desvalorizadora por parte del narrador (recordemos que está enamorado de ella), pero el hábil manejo de acertadas comparaciones logra hacernos desagradable a la mujer ya desde su descripción inicial.

El primero de los elementos enunciados, el color, se reformula en el pelo de Winifred. A la vez que, al mostrarlo crespo, el lector puede asociar la ondulación con el movimiento de las serpientes que, en la imagen tradicional, tenían las Erinias en lugar de cabellera. Esta característica no se explicita en Esquilo, quizá por la dificultad escénica que implica.

(…) Era frágil y nerviosa, como suelen ser las mujeres que no te gustan, Octavio. El pelo negro era fino y crespo, como el vello de las axilas. Nunca supe qué perfume usaba, pues su olor natural modificaba el del frasco sin etiqueta, decorado con cupidos, que vislumbré en el interior revuelto de su cartera. (p. 25)

La descripción desvalorizadora se completa con las referencias al olor de la mujer, a sus várices y la diferencia entre la edad que ella afirma tener y la que aparenta. La intención, al igual que en Esquilo, es configurar una imagen visual repulsiva; pero, a diferencia del trágico, el aspecto visual de la Furia de Silvina Ocampo produce desagrado mas no temor. Y esta sensación de irritación provoca el distanciamiento y la imposibilidad de identificación con el personaje.

Winifred no era muy joven; lo advertí por las venas de las piernas, que formaba pequeños arbolitos azules a la altura de las rodillas y por la hinchazón pronunciada de los párpados. Me dijo que tenía veinte años. (p. 26)

Esquilo es afecto a los juegos etimológicos, especialmente con los nombres en un intento por revelar las cosas en su esencia5. Silvina Ocampo utiliza, en este cuento, el mismo procedimiento con afán de exteriorizar la verdadera sustancia de Winifred pero por contraste entre lo que su nombre sugiere y lo que ella verdaderamente es.

Winifred es una adaptación al inglés del nombre galés Gwenfrewi, formado por los elementos gwen (justo, bendito, santo) y frewi (reconciliación, paz, sereni­dad). Fue el nombre de un santo y mártir del siglo séptimo. Nada más alejado el sentir y del accionar de nuestra protagonista que una serenidad bendita. El efecto radica en el contraste entre el aspecto semántico de su nombre y las acciones de Winifed con Lavinia, con el niño y con el narrador.

4.2. Especificación de los tormentos prodigados por Erinis / Winifred

En cuanto al accionar de las divinidades esquileas frente a los que serán castigados, Apolo al echarlas de su santuario, en Delfos, las acusa de numerosas crueldades que se refuerzan por medio de procedimientos estilísticos como la la acumulación, creando una imagen de desolación y horror, de victoria y reino de la muerte violenta sobre los hombres que sufren.

No es adecuado que os acerquéis siquiera a esta casa, sino a los lugares donde se ejecutan penas capitales o saltar los ojos, donde hay degüellos, donde estropean la virilidad de los púberes con la aniquilación de su semen, donde hay mutilaciones de extremidades, donde musitan su largo lamento los empalados. (vv. 185-190)

Posteriormente, son las mismas diosas las que explicitan los tormentos que infligirán a Orestes.

Preciso es que nosotras chupemos del interior de los miembros de tu cuerpo vivo la roja ofrenda de sangre que debes darnos en compensación. ¡Ojalá saque de ti el alimento de una bebida que es difícil que beba otro! Y, cuando ya te haya dejado seco, te llevaré vivo allá abajo (…) (vv. 263-268)

Winifred, en cambio, no describe las crueldades que hará con el narrador (están ilustradas en el relato de sus intentos por educar y corregir a Lavinia); pero sí es categórica con él: “-¿Cruel, cruel?- me respondió, con énfasis-. Cruel soy con el resto del mundo. Cruel seré contigo- dijo, mordiendo mis labios” (31) esta frase, a la vez, deja entrever que la expiación de su crimen no se termina con el tormento ejercido sobre el narrador, sino que el futuro seré anuncia una cadena interminable de crímenes expiatorios.

Una innovación introducida por Silvina Ocampo es la de la relación sexo-muerte que en Esquilo no aparecía, ya que las Erinias eran diosas vírgenes. Winifred, en cambio, se re­gocija en la obscenidad (quiere escribir los nombres de ellos dos junto a las inscripciones pornográficas de un portón) y su crueldad con el narrador toma forma en el hecho de abandonarlo, luego de un encuentro sexual, en una casa de citas junto a un niño que lo exaspera con el ruido incesante de su tambor.

4.3. Función del elemento mítico

En Esquilo el elemento mítico está en función de establecer la contraposición entre los dos tipos de justicia presentados en Las Euménides. La justicia tradicional, taliónica y vindicativa representada por las Erinias es superada, por medio de la conciliación de las partes en conflicto, por la justicia institucional administrada por el Estado y encarnada en el Areópago. El acuerdo se logra a través de la razón e implica una visión esperanzada en el futuro.

Silvina Ocampo toma la figura de las diosas tradicionales vengadoras de los homicidios consanguíneos y la resemantiza cargándola de nuevas implicaciones, como por ejemplo, los motivos que llevan a Winifred a cometer sus crueldades.

La función educativa que Winifred dice que tenía con su amiga (a través de la humillación y el dolor de la segunda) es semejante a la función persuasiva de las Erinias esgrimida por ellas mismas en los versos 522 a 525: los hombres actúan bien motivados por el temor.

¿Quién que ningún temor alimentara en su corazón, ya sea ciudad o mortal, aún respetaría la justicia?

-(…) La verdad es que sólo puedo jactarme de haber sido bondadosa con una persona: con ella. Yo vivía dedicada como una verdadera madre a cuidarla, a educarla, a corregir sus defectos. Todos tenemos defectos: Lavinia era orgullosa y miedosa. Tenía el pelo largo y rubio, la piel muy blanca. Para corregir su orgullo, un día le corté un mechón de pelo que guardé secretamente en un relicario, tuvieron que cortarle el resto del pelo, para emparejarlo. Otro día le volqué un frasco de agua de Colonia sobre el cuello y la mejilla, su cutis quedó todo manchado. (pp. 27-28)

Las Erinias representan un modelo justicia sustentada en leyes no escritas y de origen moral (de costumbres) ya cuestionable ante la mirada de Esquilo y de la polis en ese mo­mento de su evolución. La justicia que encarnan estas diosas responde a un tipo de sociedad arcaico, que se funda en la suprema­cía de los lazos consanguíneos y en la obligación vindicativa debida a los mismos. En esta estructura social, lo que importa es la inserción del hombre en el grupo, dominado por relaciones parentales o de hospitalidad. El modelo encarnado por las Erinias ya está en decadencia porque ha surgido un nuevo orden social y político que coloca a la polis sobre el genos.

En la base de la justicia reclamada por estas diosas infernales subyace la concepción de que un crimen se purifica por medio de otro crimen. Por esto, las Erinias buscan a Orestes para que pague su deuda.

Otra interpretación de esta misma ley es la que ofrece Winifred. Ella ha co­metido un crimen feroz y debe expiarlo cometiendo mayores crueldades que la limpien de su culpa original.

Ahora comprendo que sólo quería redimirse para Lavinia, cometiendo mayores crueldades con las demás personas. Redimirse a través de la maldad. (p. 31)

La acción de las Erinias está motivada por el pedido de Clitemnestra de vengar su muerte, es decir, por una necesidad de reestablecer el orden social y religioso roto con el matricidio. La de Winifred, por su propia necesidad de expiación es decir, de borrar las culpas por me­dio de algún sacrificio, de purificarse.

4.4. Tensión entre los mítico y lo cotidiano en la figura de Winifred

La elaboración precisa del ambiente de Buenos Aires, la localiza­ción cercana y conocida de los hechos, y la pretensión de objetividad en la descripción del espacio del cuento establecen una ten­sión entre el aspecto divino, mítico de la figura de Winifred y su accionar cotidiano.

El lugar de procedencia de las Erinias es el Tártaro, sitio vedado para los hombres, inaccesible. Del mismo modo, Winifred procede de Manila, cuya descripción contrasta con la objetividad de la pintura de los espacios de Buenos Aires. La ciudad filipina aparece envuelta en una atmósfera de hiperbólica ensoñación.

Un día vagando con un libro en un campo cubierto de lirios, me dormí. Era ya tarde. (…) Allí los lirios dan sueño, son flores narcóticas. Si no me hubieran encontrado, seguramente usted no estaría hablando hoy conmigo (p. 29)

La ubicación espacial concreta y cercana humaniza a la protagonista y contribuye con la ambigüedad de este personaje humano pero poseedor de una crueldad supra-humana e infernal. Esta tensión entre lo cotidiano, concreto / lo mágico, mítico se refuerza con las referencias a Manila que introducen otra dimensión de magia e irrealidad.

El relato que Winifred hace de su ciudad natal tiene como tema central su propia infancia y especialmente la relación con Lavinia. En este sentido, presenta un rol semejante al del himno encadenador de almas de las Erinias. Ambos actúan como operaciones rituales tendientes a la sugestión a través de la función mágica y encantataria de las palabras. Esta concepción se asienta en la idea de que la palabra es capaz de producir la enajenación de la víctima, que se extraña, que sale de sí convirtiéndose en cautivo de las diosas.

El lenguaje mágico consiste en pronunciar fórmulas expresivas durante la realización de los ritos mediante los cuales se produce un cambio en el curso normal de los acontecimientos de la naturaleza y de las personas involucradas en las acciones y palabras mágicas.6

Las Erinias envuelven a su presa a través recursos cinéticos como los movimientos realizados durante el canto; rítmicos como la cadencia de los versos, y fónicos como la aliteración de las consonantes mudas y de la líquida vv. 329-330).

Y sobre los que ha sido sacrificado [se eleva] este canto, un delirio, un loco extravío del espíritu, el himno de las Erinis, encadenador de las razones, un [himno] desentonado, una aridez para los mortales.

La sugestión en el relato de Winifred se logra por medio del ambiente alucinatorio que presenta y de las características extrañas, lejanas y mágicas de ese espacio de Manila en el que coexisten ventanas adornadas con madreperla, hombres que duermen toda la noche con un víbora en su cama, campos de lirios narcóticos y la infancia evocada por la mujer en la que sobresale la contraposición entre la niña disfrazada de ángel y las acciones exentas de piedad y compasión que realiza.

-En los dormitorios del colegio, Lavinia lloraba de noche, porque temía a los animales. Para combatir sus inexplicables terrores, metí arañas vivas adentro de su cama (…) Permaneció de pie, junto a un banco rústico rascándose nerviosamente las rodillas, hasta que aparecí cubierta de hojas de banano. En la oscuridad adiviné la palidez de su cara y los hilitos de sangre de sus rodillas arañadas. Dije su nombre, tres veces: Lavinia, Lavinia, Lavinia, tratando de cambiar mi voz (pp. 29-30)

Por otra parte, tanto el himno como el relato denuncian el sufrimiento y dolor que provocan las Furias de ambos textos.

 

5. CONCLUSIÓN

El motivo tradicional en la literatura griega de la Erinias como vengadoras de los crímenes encuentra una reformulación en el cuento “La Furia”, de Silvina Ocampo. El mismo puede comprenderse sin haber leído a Esquilo, pero si el lector tiene esos conocimientos puede darle mayor espesor al texto incluyendo otros niveles de lectura y contribuyendo en la construcción del significado del mismo.

La capacidad de un texto de dar lugar a reformulaciones y tergiversaciones desde múltiples enfoques: serios, paródicos, literarios, pictóricos, musicales, cinematográficos, nos indica que ese texto está vivo y que tiene mucho para decir. Cuando “manipulamos” distintos aspectos un texto griego, ya sea personajes, argumento, estilo, no solo estamos tergiversando literatura, sino que, al ser estos mismos textos fundantes de la cultura occidental estamos cuestionando, también, nuestra forma de mirar el mundo en cuanto sujetos pertenecientes a ella.

Por esto, la reformulación de los textos clásicos constituye además de una propuesta de nuevas miradas, una forma de comprobar que estos están vivos por su capacidad de dar origen a nuevos frutos y de estimular la reflexión sobre las los problemas humanos que presentan.

 

BIBLIOGRAFÍA

ESQUILO. Euménides, en su Tragedias. Madrid, Gredos, 1986

OCAMPO, Silvina. La Furia y otros cuentos. Buenos Aires, Sur, 1959.

OCAMPO, Silvina. “La Furia”, en V.V.A.A. Violencia 2; visiones femeninas. Buenos Aires, IMFC, s/f, pp.25-32

GENÓ, Orlando. “El origen mágico del lenguaje”, en Cuadernos de Literatura, n°7 “Magia y Literatura”, Resistencia, facultad de Humanidades, Universidad nacional del Nordeste, 1996, p.13

FERNÁNDEZ GAGLIANO, Manuel. “Introducción general” a ESQUILO. Tragedias. Madrid, Gredos, 1986

GRIMAL, Pierre. Enciclopedia dei miti. Italia, Garzanti, 1987.

LÓPEZ FÉREZ (ed). Literatura griega. Madrid, Cátedra, 1989

MOLLOY, Silvia: "Silvina Ocampo, la exageración como lenguaje", en Sur, núm. 320, octu­bre de 1969, pp. 15-24

PÉREZ - RIOJA, J.A. Diccionario de símbolos y mitos. Madrid, tecnos 1984.

PALLI BONET, Juan. “Prólogo” a ESQUILO. La Orestía. Madrid, Aguilar, 1967

PIZARNIK, Alejandra: "Dominios ilícitos", en Sur, núm. 311, abril de 1968, pp. 91-95

RODRÍGUEZ ADRADOS, Francisco. La democracia ateniense. Madrid, Alianza, 1980

SOLA, Graciela de. Reseña de La Furia y otros cuentos, de Silvina Ocampo, en Revista de Literaturas Modernas, Mendoza, n°2, 1960, pp. 176-177

 

Notas:

[1] Vid. GRIMAL, Pierre. Enciclopedia dei miti. Italia, Garzanti, 1987, p.250

[2] En adelante, las citas de Las Euménides que no estén precedidas del fragmento correspondiente en griego, serán tomadas de la traducción de Bernardo Perea Morales de ESQUILO. Tragedias. Madrid, Gredos, 1986.

[3] Vid. MOLLOY, Silvia: "Silvina Ocampo, la exageración como lenguaje", en Sur, núm. 320, octu­bre de 1969, p. 16

[4] OCAMPO, Silvina. “La furia”, en V.V.A.A. Violencia 2; visiones femeninas. Buenos Aires, IMFC, s/f, p. 25 En adelante citaré por esta edición.

[5] ALSINA, José. “Esquilo”, en LÓPEZ FÉREZ (ed). Literatura griega. Madrid, Cátedra, 1989, p. 304

[6] Vid GENÓ, Orlando. “El origen mágico del lenguaje”, en Cuadernos de Literatura, n°7 “Magia y Literatura”, Resistencia, facultad de Humanidades, Universidad nacional del Nordeste, 1996, p.13

 

© Brenda Sánchez 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/erinias.html