El relato en la encrucijada.
La (otra) Historia
en la novela de no ficción latinoamericana

Carolina Castillo
Universidad Nacional de Mar del Plata
castillo@mdp.edu.ar


 

   
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La verdad es la única realidad.
Paco Urondo.   

El presente estudio tiene por objeto abordar las novelas Noticia de un secuestro (1996) y Don Alfredo (1999), de Gabriel García Márquez y Miguel Bonasso respectivamente, con el objeto de profundizar, contextualizar y brindar nuevos aportes conceptuales para la comprensión de la manera en que interactúan la novelización del discurso histórico, el trabajo de investigación e interpretación de ciertos sucesos contemporáneos, y los préstamos y contaminaciones discursivas en juego, respecto de la puesta en escritura de dos casos paradigmáticos en el desarrollo de los acontecimientos más recientes de la realidad política de Colombia y Argentina, como son las historias de Pablo Escobar Gaviria y Alfredo Yabrán.

La novela Noticia de un secuestro es el resultado de tres años de investigación y reportajes efectuados por García Márquez, en torno del caso Escobar Gaviria y los “extraditables” de Colombia. Del mismo modo que el texto de Bonasso se constituye en un trabajo testimonial y documental, realizado a partir del relevamiento exhaustivo de información y fuentes de diversa naturaleza, con relación a la misteriosa muerte del empresario Alfredo Yabrán y sus presuntas vinculaciones ilícitas con el gobierno de Carlos Menem. Ambos textos pueden identificarse con lo que desde mediados de la década del cincuenta se ha dado en llamar novela de no ficción, nuevo periodismo -para Wolfe- o escritura testimonial. Tanto en un caso como en el otro, se presenta aquello que Mas´ud Zavarzadeh ha denominado “birreferencialidad” en la modalidad narrativa de este tipo de relatos, en tanto coexisten elementos factuales -propios de una escritura que remite a ciertos hechos de la realidad contemporánea- junto a elementos ficticios -propios del proceso de narrativización de estos hechos, en lo que hace a la forma propia de la ficción, a la incorporación de estrategias y procedimientos tales como: el empleo de monólogos interiores, la construcción de personajes, la pluralidad de puntos de vista, la técnica del suspenso y la manipulación del orden temporal, entre otros-. Se trata de la puesta en relato de aquello que muchos han señalado como la disolución de los límites entre el espacio de lo ficticio y lo real, o la puesta entre comillas de conceptos tales como realidad, verdad y ficción. Por una parte, estos textos exponen un campo externo: la inevitabilidad y contundencia de los hechos. Por otra, evidencian -a partir de la narración- el campo interno que los configura, aquello que Truman Capote denominó “altitud poética” (Zavarzadeh:1976).

En tanto el problema central de toda literatura testimonial o periodística es el de la representación, estos textos de alguna manera se constituyen en aquello que Raymond Williams describe bajo el concepto de “formación residual”, desde el momento en que esta literatura resignifica el pacto de lectura realista, en una apuesta que -atendiendo a la pretendida “verosimilitud”- apunta a la determinación de la verdad en torno de los hechos narrados.

Si tomamos en consideración la definición de novela que Julia Kristeva establece a partir de la idea de proceso, como forma genérica que se presenta bajo “un cambio constante, un movimiento hacia un fin jamás alcanzado, una aspiración hacia una finalidad defraudada, o dicho en palabras actuales, una transformación” (Kristeva: 1974, 22), atendiendo a que la “verdad” emerge de estos textos como construcción discursiva (no se la presenta como sustancial ni lógica, sino más bien a partir de un carácter histórico y colectivo), y remitiéndonos a las palabras de Bonasso con las que concluye Recuerdo de la muerte: “las novelas basadas en hechos reales tienen una incómoda ventaja sobre las de ficción: no se acaban nunca. No, al menos, hasta que se mueren todos sus personajes. Hasta que se clausura la época que los parió y renace como historia” (Bonasso: 1994, 447), determinaremos -entonces- aquella complejidad genérica a la que los críticos se han referido, con relación a la producción de Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, y el mismo Miguel Bonasso.

Tal como lo señala Ángel Rama, esta escritura se constituye en una respuesta desde la literatura contra el sistema (Rama: 1983), y en ese sentido la novela de García Márquez como la de Bonasso, intentan desmontar las historias oficiales perpetradas en torno de ciertos acontecimientos recientes de la vida política de Colombia y Argentina, respectivamente. Noticia de un secuestro expone los múltiples testimonios que García Márquez ha recabado de las entrevistas a los sobrevivientes de los secuestros del líder del cárter de Medellín, mientras describe una época en la cual Colombia se constituyó en uno de los más importantes centros para el tráfico mundial de drogas, y la narco-guerrilla irrumpió en la alta política del país, en primera instancia a partir de un creciente poder de corrupción y soborno -según sostiene Márquez-, para luego pretender imponerse con aspiraciones propias. Realidad insostenible frente a la cual el gobierno de turno comenzó a elaborar y dictaminar una serie de decretos tendientes a palear los conflictos generados por la narco-guerrilla y su correspondiente acción delictiva. Período en el cual la violencia se fue acrecentando, en tanto Escobar Gaviria continuó con la imposición de una serie de medidas de presión al gobierno (que incluyeron gran número de secuestros a personas de renombre, periodistas, políticos o familiares de los mismos), con el objetivo -en primer lugar- de no ser apresado, dilatando las instancias de su captura; en segundo lugar de garantizar que sus “sicarios” no fueran extraditados (y por consiguiente juzgados por la justicia internacional); y en tercer lugar, de que en caso de ser apresado, se le procuraran máximas medidas de seguridad, temiendo ser asesinado por sus enemigos personales.

Como es de público conocimiento, finalmente Escobar se entregó a la justicia colombiana, y fue encarcelado en una prisión especialmente construida a tales efectos, de la cual logró huir tiempo después. En diciembre de 1993 fue sorprendido en su morada y murió acribillado en un nuevo intento de fuga.

La novela de García Márquez aborda la historia del líder del Cárter de Medellín de un modo transversal, a partir de la narración de un episodio significativo en el desarrollo de los acontecimientos que se sucedieron con motivo de las negociaciones de los extraditables con el gobierno: el secuestro de Maruja Pachón de Villamizar. Dicha acción formó parte de una serie de diez secuestros, ordenados por Pablo Escobar, que tuvieron por objeto imponer ciertas condiciones al presidente Gaviria. Pero en la novela, la investigación en torno de la cuestión puntual del secuestro es la excusa, el motivo para señalar ciertos aspectos insospechados de las relaciones entre el poder y el narcotráfico, el punto de entrada para el conocimiento de las múltiples acciones clandestinas perpetradas por el negocio internacional del tráfico de drogas, y el delito que pone al descubierto -a partir de la narración- un estado de corruptela y de profundos conflictos políticos y sociales:

“La detención de la periodista Maruja Pachón -decía la carta de los Extraditables- es una respuesta nuestra a las torturas y secuestros perpetrados en la ciudad de Medellín en los últimos días por parte del mismo organismo de seguridad del Estado muchas veces mencionado en anteriores comunicados nuestros”. Y expresaban una vez más su determinación de no liberar a ningún rehén mientras aquella situación continuara. (García Márquez: 1996, 52).

Fernández Pedemonte, en el trabajo La violencia del relato, se detiene en cierto aspecto significativo de la narrativa de Tom Wolfe y, en este sentido, resalta la intención del autor de “retratar grupos humanos” a través de estas historias basadas en episodios reales, de cierta repercusión o interés público. De algún modo, Noticia de un secuestro establece -como Don Alfredo- un recorrido que tiene que ver precisamente con la configuración de un imaginario social, con la distribución y circulación de la información desde los medios de comunicación y desde los aparatos del poder, con relación a los complejos entramados desarrollados en grupos tales como los de la guerrilla, el narcotráfico, los grupos económicos con injerencia cierta en los escalafones más altos del gobierno nacional -tomando como ejemplo Argentina y la historia del empresario Yabrán- o los burócratas, muchas veces delincuentes, cómplices o encubridores, que conforman los cuerpos policiales, militares o judiciales.

Por su parte, Jorge Timossi sostiene en Palabras sin fronteras que el testimonio -recuperado por este tipo de literatura periodística- se constituye para América Latina en una necesidad, y que desde este punto de vista se trata de:

Redescubrir nuestra propia historia, ir armándola otra vez, como ella se merece, como ella es, no como nos la impusieron o como nos la quieren imponer, poder mirar y mirarnos, ver y vernos, cada vez con mayor profundidad e independencia, [...] poder ir arrinconando estulticias y fraudes, crímenes y desgastes, supuestas libertades neoliberales y miedos que se nos atribuyen como congénitos... (Timossi: 2002, 33).

En el caso de Latinoamérica, en general, pueden rastrearse múltiples producciones en torno de estas constantes que Timossi describe como horizontes en la búsqueda por la verdad, a través del trabajo testimonial, la denuncia, la contramemoria y el diseño de un recorrido a contrapelo respecto del establecido por el discurso de la historia oficial. Así podemos referirnos, por ejemplo, a Elena Poniatowska con Fuerte es el silencio, La noche de Tlatelolco o Nada, nadie; a Alejandro Witker con Prisión en Chile; o a Víctor Casaus y Girón en la memoria; entre otros. En el caso particular de Argentina, resulta ineludible nombrar a Rodolfo Walsh, precursor de la non fiction novel, con Operación masacre, ¿Quién mató a Rosendo? y Caso Satanowsky; a Miguel Bonasso con Recuerdo de la muerte, El presidente que no fue, Diario de un clandestino, y una de las obras que nos ocupa: Don Alfredo; así como a Osvaldo Bayer con La patagonia rebelde o a Eduardo Anguita y Martín Caparrós con La Voluntad; sin olvidarnos -por supuesto- de Tomás Eloy Martínez con textos como La novela de Perón, Santa Evita y La pasión según Trelew, entre algunas de las obras y autores más relevantes de la serie.

La saga de Don Alfredo -al estilo de las clásicas novelas negras- se estructura a partir de un enigma central, que busca ser develado: la misteriosa muerte del empresario más poderoso del país, en circunstancias por demás dudosas y aún no esclarecidas. Si bien éste es el punto clave de toda la narración, simultáneamente se presentan una serie de interrogantes y zonas oscuras que -al menos en apariencia- tienen directa relación con el trágico final del protagonista. En este sentido, Bonasso realiza una rigurosa investigación con miras a obtener respuestas con relación a: quién era realmente Alfredo Yabrán, cuáles eran sus orígenes, de qué modo obtuvo dinero y poder en tan corto plazo, cuál es la razón por la que empleó a ex represores en sus empresas y como parte de su custodia personal, cuál era su vinculación con los casos de corrupción que involucraron al gobierno de turno, con operaciones de “lavado de dinero” proveniente del tráfico de armas o del narcotráfico, y con el asesinato del periodista argentino de la revista Noticias, José Luis Cabezas; así como también porqué motivo el Departamento de Estado buscó por todos los medios deshacerse de su persona y desligarse de cualquier presunta conexión con el nombre propio “Alfredo Yabrán”.

En un entramado por demás complejo, de continuos cortes temporales, pluralidad de voces y discursos, citas y menciones recurrentes a fuentes de diversa índole, la historia se expande multiplicando las hipótesis y versiones que cada uno de los interrogantes determina. De este modo, la novela construye una lógica propia, cifrada en las combinaciones posibles que ofrece el relato. No establece verdades unívocas ni absolutas, pues “construye el acontecimiento” -en términos de Eliseo Verón- desde una mirada caleidoscópica, a través de los ojos de la “mosca/metáfora” que registra Eloy Martínez en La novela de Perón: “Una mosca se posa en el espejo del automóvil, afuera. ¿Una mosca volando en el frío? Tiene azul el lomo, las alas sucias de hollín y ávidos los ojos, de cuatro mil facetas cada uno. La verdad dividida en cuatro mil pedazos” (Martínez: 1996, 194).

El texto de Bonasso elabora una biografía, la de Alfredo Nallib Yabrán, construye una genealogía y desanda los pasos recorridos por varias generaciones de la familia; describe con minuciosidad y máximo detalle los entretelones previos y posteriores al instante crucial del escopetazo en San Ignacio, esa suerte de excepcional montaje o estratagema -según el imaginario colectivo- que se constituye en el punto de partida para lo que luego será la investigación presentada bajo el título de Don Alfredo. A partir de un trabajo riguroso, realizado con un equipo de colaboradores periodísticos, que incluyó la organización de un banco de datos y la recopilación de documentos y fuentes que Bonasso define como “una muestra del mosaico social y político de los argentinos, desde los más altos niveles del poder hasta los escalones más humildes de la pirámide social” (Bonasso: 1999, 445), el autor reflexiona sobre los hechos que tuvieron por protagonistas o testigos a los personajes entrevistados:

El escopetazo de San Ignacio sacudió a la Argentina como un viento negro, reforzando la sospecha social sobre el poder y poniendo de manifiesto hasta qué grado crimen y política eran dos caras de la misma moneda en el último acto del reinado menemista (Bonasso: 1999, 445).

El relato de los hechos se complementa con la consulta y posterior reproducción de un significativo material gráfico, proveniente de archivos como los de TEA, la revista Noticias, el periódico Página/12, y la revista Análisis de Paraná -Entre Ríos-, entre otros. De este modo, el compilado de información obtenida permite establecer -al igual que en Noticia de un secuestro- una lectura de los profundos cambios y problemáticas producidas en los últimos décadas por cuestiones que atañan a la inserción y auge de un pronunciado neoliberalismo político y económico, por las consecuencias de una no muy lejana dictadura militar con sus respectivas políticas de Estado, por la sumisión irrefrenable de ciertos países del Cono Sur en la esfera subdesarrollada -como es el caso de Argentina y Colombia-, y por el estado de corruptela e impunidad instaurado en estas zonas, como consecuencia de algunas de los aspectos anteriormente resaltados.

En este sentido, la escritura de Gabriel García Márquez como la de Miguel Bonasso constituye un aporte significativo en lo que hace a un estilo o modalidad narrativa de línea realista y crítica, que se interroga sobre la realidad y la historia del presente a partir del relato de los hechos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

1. Los textos de ficción han sido citados según las siguientes ediciones:

BONASSO, Miguel (1994). Recuerdo de la muerte, Buenos Aires: Planeta.

BONASSO, Miguel (1999). Don Alfredo, Buenos Aires: Planeta.

GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel (1996). Noticia de un secuestro, Buenos Aires: Sudamericana.

Martínez, Tomás Eloy (1996). La novela de Perón, Buenos Aires: Planeta.

2. Textos críticos:

Zavarzadeh, Mas´ud (1976). “Anatomía de la novela de no ficción” (Capítulo 3), en: The Mythopoetic Reality: The Postwar American Nonfiction Novel, University of Illinois Press (Traducc. interna: Dra. Elisa Calabrese, UNMdP).

Kristeva, Julia (1974). El texto de la novela, Barcelona: Lumen.

Rama, Ángel (1983). “Las novelas policiales del pobre”, en: Baschetti, Roberto (comp.). Rodolfo Walsh vivo, Buenos Aires: Ediciones de la Flor.

Fernándes Pedemonte, Damián (2001). La violencia del relato. Discurso periodístico y casos policiales, Buenos Aires: La Crujía.

Timossi, Jorge (2002). Palabras sin fronteras. Periodismo y literatura: una gran polémica, Buenos Aires: EIMFC.

 

© Carolina Castillo 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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