NUEVO BOOM DE LITERATURA NÓRDICA

Omar Pérez Santiago
omarperez@terra.cl


 

   
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La diosa Erda aparece desde el fondo de la tierra, brevemente, y su visión incita miedo, pues hace consciente de que todo cuanto vive ha de perecer. Desde los años 80 las sociedades se globalizaron. Los Estados nacionales se empequeñecieron y el hombre sencillo quedó navegando en el espacio simbólico de la comunicación televisiva e informática, guiado por grandes corporaciones comerciales. Las tribus locales se han internacionalizado. Han devenido híbridas. En la literatura se prepara la decadencia de la ironía, esa etapa que se inauguró en los años 80. Pero, como dice otro Dios nórdico: prepárate para la muerte, porque después de ella tendrás que seguir luchando. Hoy hay una cierta revoltura. De nuevo: lo que sube, baja. Es natural que muera lo que vive. Los escritores en los países nórdicos están inquietos. El noruego Jo Eggen, por ejemplo, ha dicho en una conversación con otros escritores: "El libremercadismo funciona como una alfombra hoy y conduce a que uno puede hacer lo que desee para encontrar un nicho. ¿Eres pedófilo? Muy bien, puedes serlo." Se oyen voces que piden algo nuevo.

Ya hemos escuchado el rumor. Hay una creciente autocrítica frente a una cierta prosa nórdica sin ambiciones y, definitivamente, en crisis. Hay que escuchar también a escritores suecos que piden otra literatura, más política. Obviamente, no la del panfleto de los años 70, sino otra más seria y profunda, que dan y otorgan sentido. Hay cansancio de nuevo, esta vez y principalmente de la chata discusión estética cerrada y mediocre que ya durante más de 15 años se ha realizado en los países nórdicos y, principalmente, en Estocolmo, la capital de Suecia. Cansan los temas de una generación auto flagelante: la ausencia del padre, o el incesto, por ejemplo. O la desesperada búsqueda de la identidad en el trago, una bacanal sexual o la huída a París. El realismo sucio. Y masoquistas: esos personajes que se echan la culpa de todo a sí mismos. Novelas apoyadas por un sindicato crítico, débil y demasiado apegado al fogón de las grandes editoriales. Hay un llamado a hacer un nuevo arte: más político.

Todo arte es político. No propagandista. No pedagógico. Político: mantener un diálogo con la sociedad. Creo, además, que el llamado internacional, del nuevo boom literario, pondrá un nuevo orden en la literatura nórdica.

Los países nórdicos tuvieron una edad oro de la literatura a comienzo del siglo pasado: Los noruegos Björnson (Premio Nobel 1903), Ibsen, Hamsun (Premio Nobel, 1920) y Undset (Premio Nobel, 1928), los suecos Strinberg, Lagerlöf (Premio Nobel, 1907), Legerkvist (Premio Nobel, 1951) los daneses Blixen, el islandés Laxness (Premio Nobel, 1955).

Varios de estos escritores, con serios vestigios en las sagas nórdicas, como Laxness y Lagerlöf, inyectaron un gen fantástico en Juan Rulfo, María Luisa Bombal, Jorge Teiller, Manuel Rojas y Francisco Coloane. Y ellos ayudaron a asentar el posterior realismo mágico latinoamericano.

El primer boom de la literatura clásica nórdica son las sagas medievales islandesas, cuyos temas principales son la familia y la venganza, y cuya causa trágica es el honor del individuo. Los fundadores de Islandia -tierra de hielo- fueron pequeños reyes y jefes feudales noruegos exiliados que buscaron contacto con el pasado en la confección de historias sobre aventuras extravagantes de héroes míticos-reales. Jorge Luis Borges fue directamente a las fuentes escandinavas y llegó a las sagas nórdicas, vía anglosajona. Con la colaboración de Delia Ingenieros publicó en 1951 Antiguas Literaturas Germánicas.

Borges afirmó: "En el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte de Cervantes y de Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril para el resto del mundo, como su descubrimiento de América". Borges tradujo también, junto a su última mujer María Kodama, las Eddas menores de Snorri Sturluson. El esfuerzo de Borges no fue meritorio para los Escandinavos: nunca le otorgaron el Premio Nobel.

Pongamos el oído al suelo: Ya se escuchan. Se está produciendo un tercer salto de la literatura nórdica. Cuando el profesor noruego Jostein Gaarder publicó El mundo de Sofía (Sofies verden), en 1991, no podía imaginar el éxito que el libro -concebido por él como una introducción a la Historia de la Filosofía destinada a los jóvenes- iba a obtener en todo el mundo. Detrás de él han comenzado a aparecer otros talentos nórdicos: El danés Peter Hoeg (el autor de La Señorita Smila y su especial percepción de la nieve); el islandés Gudbergur Bergsson (autor de Tomas Jonson).

Pienso, además, en otros escritores que, si bien aún no han producido su salto internacional, seguro lo darán, como los noruegos Kjarstan Flogstads, Jan Kjaerstad y Lars Saabye Christensen, los islandeses Einar Karason y Einar Mar Gudmusson, los suecos Jonas Gardell, Mikael Niemi y el escritor de Malmö, Fredrik Ekelund, cuyas novelas tienen carácter para ser leídas con mucho placer en el mundo. Son, además, las mujeres nórdicas, las que sin duda, tiene mucho que decir y lo han dicho de modo elegante y directo como si fuera una real revuelta feminista. Un ejemplo son los cuentos de las talentosas finlandesas Rosa Liksom y Raija Siekkinen y la sueca Ann-Marie Berglund, con toda su carga erótica.

Curioso como funciona el mundo. Los escritores latinoamericanos se nutrieron de los nórdicos. Los nuevos escritores nórdicos se alimentan, a la vez, de la literatura que provocó el boom latinoamericano. Aprendieron de ellos la necesidad del humor, de la ambición, de mirar la realidad más allá de la nariz, para construir ficción. Es curioso como la serpiente de la literatura se come la cola.

 

Omar Pérez Santiago, escritor chileno. Ha publicado en sueco, Malmö är litet. También ha traducido poesía sueca en La Pandilla de Malmö. Tiene un libro de cuentos Memorias eróticas de un chileno en Suecia. Es guionista de La Novia de Borges y Plikten.

 

© Omar Pérez Santiago 2002
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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