Alejandra Pizarnik y la Resistencia al Lenguaje:
Abrir el Silencio para entrar en el Deseo

Carolina A. Navarrete González1

Pontificia Universidad Católica de Chile
canavarr@puc.cl


 

   
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El objeto de este trabajo es plantear la resignificación del sujeto femenino a partir de la re-escritura del cuerpo en el lenguaje, operación capaz de configurar tanto la narración de un proceso histórico (el de la borradura) como el intento de re-escritura de ese cuerpo en el tiempo y espacio presente.

El análisis que permite este planteamiento se sustenta en la puesta en movimiento y discusión de dos poemas de Alejandra Pizarnik: “Caminos del espejo”, y “Contemplación”, ambos provenientes del libro La extracción de la piedra de Locura (1968).

Dentro del corpus teórico se utilizarán planteamientos surgidos desde el psicoanálisis (Lacan, Laplache y Portalis, Deleuxe y Guattari), como también de los Estudios de la Mujer (Bonder, Burin, Irigaray y Cisoux)

 

Introducción:
Psicoanálisis y Estudios de la Mujer

El psicoanálisis y los estudios de la mujer constituyen dos vertientes importantes del discurso occidental contemporáneo, de ahí que estudiarlas permite buscar articulaciones entre los problemas concernientes al conocimiento, la diferencia entre los sexos, la subjetividad y el poder (Flax, 1990; Fraser y Nicholson, 1990; Weedon, 1987). Esta perspectiva considera que todas las teorías son fragmentarias y trata de desarrollar en cada disciplina o discurso un espíritu crítico, sin pretensiones de evitar el conflicto y las diferencias insolubles entre ellos y sin intentos de sintetizar esas diferencias en una totalidad unitaria y unívoca que sólo podría ser falaz e ilusoria.

Tanto el psicoanálisis como el feminismo suponen una crítica radical a las pretensiones de verdad absoluta de las teorías científicas o filosóficas, podemos entenderlos como modos transicionales de pensamiento, posibles y necesarios, en el mundo occidental contemporáneo donde prevalecen el cambio, la incertidumbre, la ambivalencia y la falta de puntos de referencia seguros. Estos modos de pensamiento son síntomas del estado de nuestra cultura y de su malestar y, al mismo tiempo, son instrumentos parciales, necesariamente imperfectos para comprenderla, especialmente en sus facetas más problemáticas: cómo se entienden y se constituyen el sujeto, el sistema de géneros y el cambio cultural, sin recurrir a formas de pensar y de ser lineales, jerárquicas ni binarias.

 

Psicoanálisis

La aproximación psicoanalítica es una forma de crítica que considera al texto no como un discurso de un autor sobre el inconsciente, o del inconsciente sobre el autor, sino mucho más como un lugar de encuentro donde trabaja el inconsciente, tanto del autor como del lector. Según J. Lacan, el crítico, desde esta perspectiva debe hacer responder al texto a las preguntas que él le formula. El texto, por lo tanto, debe ser considerado como algo que activa y actualiza, en el sujeto de la lectura, sus propias mociones sepultadas, olvidadas, transformándolo en un sujeto deseante dando a este deseo el engaño provisorio de un objeto donde fijarse. Esto deja también claro que la crítica literaria psicoanalítica, no es una crítica en contra de la crítica tradicional, sino que es una crítica de otra manera y en otro lugar, que no se excluyen, sino que se complementan mutuamente.

Interesa destacar que la literatura y el inconsciente, como lenguaje, comparten el hecho de que ambos se sitúan a nivel de la modificación de la relación entre significante y significado. Tanto la literatura, como el inconsciente, alteran la transparencia de la relación. Ambos “Quieren decir lo que no se dice”.

En la concepción lacaniana, entre significante y significado no hay una asociación, como piensa Saussure, sino una resistencia. En esto, Lacan niega al signo su función referencial y destruye la idea que hay una preeminencia sobre el significado, el cual se desliza permanentemente bajo él, más precisamente bajo la barra que resiste a la significación.

El significado, entonces, está lejos de responder a la imagen de desarrollo lineal y unívoco que daba de él la teoría saussuriana; el significado articula en profundidad, como sobre los diferentes pentagramas de una partitura. Esto se ve claramente en la poesía, donde existirían distintos niveles en la relación significante/significado. “Basta, dice Lacan, escuchar la poesía para que esta polifonía se deje oír”.

En este contexto, la metáfora y la metonimia, constituyen dos “efectos” en la producción de la significancia. Para Lacan la metáfora es el surgimiento de una determinada cadena significante que llega desde otra cadena, interrumpiendo así el significado de la primera cadena; y la metonimia, más que remitir de un término a otro, marcaría la función esencial de la ausencia, en el interior de la cadena significante: la conexión de los significantes permite hacer un viraje en el discurso hacia una ausencia, en definitiva, hacia el goce.

Esta forma de mirar la literatura sume de alguna manera en un vértigo. Todo lo que se lee, se lee diferente. Nuevas aguas recorren los libros, de una profundidad nunca sospechada. Uno ve aclarado el goce ante la literatura. Lo que pudo ser considerado evasión, entretención que autorizaba vivir sin transgredir, bajo esta nueva luz cristaliza en reflejos, luces, espejismos de deseos, propios y ajenos.

 

Estudios de la Mujer

Los Estudios de la mujer corresponden a una corriente científica y educativa cuyos objetivos generales consisten en la revisión del conocimiento existente sobre las mujeres, a fin de desentrañar sus contenidos ideológicos que reproducen la discriminación, subordinación y silenciamiento de las mujeres. Los Estudios de la Mujer han contribuido al análisis de la especificidad de la problemática de las mujeres, al analizar un estudio pormenorizado dentro de cada disciplina de los modos según los cuales la pertenencia al género sexual femenino provoca condiciones desiguales (desigualdad que conlleva jerarquías) de vida.

Los conocimientos aportados por los Estudios de la Mujer han aportado con conceptos tales como la diferencia entre sexo y género sexual; con la noción de que las diferencias entre los géneros sexuales masculino y femenino conllevan desigualdades jerárquicas; con estudios de las relaciones de poder entre ambos géneros sexuales; con el reconocimiento de la relación entre diversos procesos histórico-sociales y el desarrollo de la subjetividad femenina; con la relevancia otorgada a la vida cotidiana como arena donde se despliegan las múltiples formas de opresión, subordinación y marginación de las mujeres.

La hipótesis que sostienen estos Estudios se orienta a la concepción de la subjetividad femenina como una construcción social e histórica. En esta construcción las representaciones ideológicas cumplen un papel fundamental ya que es a través de éstas que el sujeto deviene sujeto social. Según lo plantea G. Bonder, “Las representaciones ideológicas patriarcales acerca de la mujer operan como una fuerza material en la constitución misma de su subjetividad y sexualidad”

Desde una perspectiva multidisciplinaria, los Estudios de la Mujer, intentan construir un cuerpo de conocimientos capaz de dar cuenta de las razones históricas, sociales, económicas, políticas, simbólicas que fundamenten la opresión femenina, especialmente de “la opresión de las mujeres en el patriarcado; explicitar y analizar los diversos niveles y formas en que esta opresión se manifiesta, y develar y cuestionar los modos en que se reproduce en el interior mismo del conocimiento científico.

 

Alejandra Pizarnik y su Obra Poética

Alejandra Pizarnik, nacida en Buenos Aires en 1936, comienza a publicar sus poemas ya a los 20 años. Sus cinco libros poéticos fundamentales son: Árbol de Diana (1962); Los Trabajos y las noches (1965); Extracción de la piedra de Locura (1968); El Infierno musical (1971); y Textos de sombra y Últimos poemas, que contiene una recopilación de poemas y textos dispersos, no publicados antes y que aparece recién el año 1982. Alejandra Pizarnik se suicidó en Buenos Aires en septiembre de 1972. Cercana al surrealismo, admiradora del romanticismo alemán, los poetas malditos. Amiga y admirada por Cortazar, Octavio Paz, Manuel Mujica Lainez y gran parte de la intelectualidad argentina de la época, su muerte dejó un gran vacío, pues era considerada la voz poética de su generación.

En los poemas de Pizarnik se puede seguir las imágenes que describió Lacan como la fragmentación del sujeto, la búsqueda de unidad (que para ella se lograría en el silencio), el desplazamiento del significado frente al mar profundo y ambiguo de significantes, la dificultad de encontrar la palabra verdadera, la manifestación del deseo en el texto, el intento de plasmar y de conjugar cuerpo y texto, la angustia ante el desencuentro y la desesperanza.

 

Análisis de “Contemplación” y “Caminos del espejo”

He querido traer a escena los poemas “Contemplación” y “Caminos del espejo” con el fin de trazar ciertos rasgos que develan la presencia de una relación entre escritura - cuerpo - lenguaje. Esta relación pondría de manifiesto al cuerpo (de mujer) que ha perdido la experiencia de sí (ha sido secuestrado, anulado, borrado) y que en la escritura se recupera, intenta palparse, re-conocerse. Ambos poemas comparten, a través de la conjugación cuerpo y texto, una polifonía que permite a la palabra “significar algo totalmente diferente de lo que ella dice”, hacer “oír otra cosa”.

Te atraviesan graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores enemigos se unen en la tragedia. ( “Contemplación”)

Alejandra Pizarnik estaría develando esta relación escritura-cuerpo-lenguaje que en Latinoamérica está dominada por el signo de la violencia: descuartizamiento e inscripción de la máquina en el cuerpo. Basta recordar los mecanismos de tortura y secuestro institucional del cuerpo en las diferentes etapas del capitalismo, mecanismos expuestos por Michel Foucault en La verdad y las formas jurídicas (1973); Vigilar y Castigar 81975); y Microfísica del Poder (1971-1977).

Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro. (“Caminos del espejo”)

Si bien Pizarnik parece participar de esos rasgos generales, a la vez parece hablar de una manera particular sobre otra cosa: máscara dentro de la máscara, desdoblamiento y desterritorialización, suplemento que resiste (Muschietti, 1989)

Pizarnik habla desde una lengua que crece apegada al silencio y aunque le teme como amenaza constituye su punto de partida, silencio que es hueco, tachadura, ya que la constituye históricamente. Nacer mujer ha sido nacer para ser mantenida por los hombres dentro de un espacio limitado y previamente asignado. La presencia social de la mujer se ha desarrollado como resultado de su ingenio para vivir sometida a esa tutela y dentro de un limitado espacio. Pero ello ha sido posible a costa de partir en dos al ser de la mujer. Una mujer debe contemplarse continuamente. Ha de ir acompañada casi constantemente por la imagen que tiene de sí misma. Desde su más temprana infancia se le ha enseñado a examinarse continuamente.

Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo
súbitamente borrada por la lluvia.

Pizarnik se mueve en el espacio de la borradura, la escisión constitutiva del sujeto femenino la conduce contra el Edipo [1], de cara a la niña como pura potencia y posibilidad, construir en contra del silencio de la otra: la máscara (la de la boca y los párpados cosidos) que opone el yeso a la carne. Escribir es construir el otro silencio como iluminación. [2]

En este sentido, el silencio constituye el único lugar donde para ella sería posible la comunicación.

¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto
Por eso hablo.

El silencio constituye el lugar idílico, soñado, en que se liberaría de la búsqueda infinita, de la eterna cadena ansiosa de sustituciones que describía Lacan, en el que las palabras pueden reencontrar su significado perdido a través del paso por la cultura, por los distintos hombres, que al usarlas, las han cargado de significados que no les pertenecen y que las desvirtúan.

Si el lenguaje la apartaba del mundo, entonces, el único lugar donde se podía vivir en paz era el silencio.

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo
Estoy sola y escribo. No, no estoy sola
Hay alguien aquí que tiembla.

La verdad, la palabra verdadera, perseguida con tanto anhelo, no es música que pueda ser escuchada. Esa música que por estar alojada en el inconsciente está separada de nosotros.

Podríamos decir que el sujeto de la escritura, entendiendo por sujeto a quien ha sido dividido por la acción del significante, tendría como sesgo conceptual a la alineación: encontrarse escindido.

Si la alineación del sujeto se liga a la constitución del sujeto en el campo del Otro en tanto operación que determina la captura del sujeto por el significante, en el sujeto femenino, este significante no mata, de ninguna manera, sino que inaugura una función: aquella denominada afánisis (el término es tomado por Ernest Jones) y que constituye un desvanecimiento, una desaparición, una petrificación.

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quien me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

Aquí, el efecto del significante es introducir una suerte de knock-out, donde el sujeto queda desvanecido. En la doctrina lacaniana la opción que procura buscar el sentido, se topa con el sin sentido. No hay sentido pleno en ningún ser hablante, por cuanto inevitablemente ocurre una pérdida que lo constituye, la cual, en la realización del sujeto, es lo inconsciente. Lo que queda, entonces, es una falta: ni uno ni otro. Esta es la acción del campo del Otro en la constitución del sujeto en su primer movimiento.

Ahora bien, esta falta en la constitución del sujeto femenino que devela Pizarnik guardaría relación con la normativización del deseo sexual femenino inserta dentro de la ideología patriarcal.

Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.

Se trata de reescribirse con la voz apenas percibida del cadáver de la mujer. Se construye el territorio de la otra, la asesinada y se suspende allí la respiración del animal que presiente la aproximación de la muerte.

Su poesía es la búsqueda obsesiva de un cuerpo (el de la mujer) que ha sido normativizado bajo la forma del trabajo femenino como trabajo maternal y doméstico.

El deseo de saber (yo fui en busca de quien soy) acaso nos ofrece la posibilidad de dominar/ dominarnos a nuestro objeto /sujeto de conocimiento. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen limitaciones del supuesto de saber-para-ser con el cual las mujeres hemos tratado de configurarnos como sujetos existentes. Pareciera, no obstante, que es necesario transitar por los múltiples caminos que ofrece el deseo de saber a las mujeres, inclusive aquel que nos ofrece “sabernos existentes”, para intentar aportar desde allí, nuestro “saber de mujeres”, un “saber” que constituye parte de la conciencia de la pertenencia al género sexual femenino, a una cultura que ha relegado históricamente tal saber a la marginalidad y/o a la omisión.

Y la sed, mi memoria es de la sed,
Yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

Quedaría, entonces, la labor de la mujer deconstructiva y reconstructiva en la resignificación de experiencias deseantes anteriores a la represión ejercida sobre ella (especialmente el deseo de saber y del deseo de poder)

El término resignificar (Laplache y Portalis) es una palabra utilizada frecuentemente por Freud en relación con su concepción de la temporalidad y de la causalidad psíquica: experiencias, impresiones y huellas mnémicas son modificadas ulteriormente en función de nuevas experiencias o del acceso a un nuevo grado de desarrollo. La resignificación permite tomar la historia del sujeto no con un determinismo lineal que sólo tendrá en cuenta la acción del pasado sobre el presente sino concebir como un sujeto elabora retroactivamente los acontecimientos pasados, y plantearnos que es esta elaboración lo que le confiere sentido.

Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

La apelación al constituye el llamado solidario de la escritura. Allí se vincula la historia de yo-ella con la historia de las otras. Lo que se tiene en común con las otras es la tachadura del deseo, por eso la memoria se vuelve terreno baldío, la memoria ha sido aniquilada desde la infancia por lo que lo único que quedaría sería apelar a una resignificación de la mujer a partir de la de-construcción del vacío.

La resignificación que se desprende de la escritura de Pizarnik obedece a la re-escritura en la máscara corpórea del lenguaje de otra máscara que hay que poner del reverso.

El lenguaje, lo decible es mentira, se encontraría del lado de la máscara que deviene espejo. Pizarnik habla, escribe con la otra lengua (la del cuerpo borrado, asesinado) escribir con la lengua desde y para un cuerpo de mujer. Estar atenta a las alas del deseo de una y no del otro. [3]

Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos, en dueño, he de comprender lo que dice mi voz.

La resignificación deviene del reconocer-se que es reconstruir el lugar del crimen; desciframiento de esa voz antigua que habla en un murmullo discontinuo; es perseguir fragmentos perdidos con el lenguaje de los sueños. Es tensar-se entera para escuchar aquello que fluye desde el muro del silencio. Pizarnik intuye un puente ubicado sobre el lenguaje, más allá de él, al que si bien logra traspasarlo pareciera que la posibilidad de instalación en él no habría podido concretarse. Basta recordar el escrito que dejó sobre el pizarrón de su cuarto antes de suicidarse:

No quiero ir
Nada más
Que hasta el fondo
Oh vida
oh lenguaje
oh Isidoro.

Pizarnik escribió para la mujer desde el cadáver presentido de un cuerpo (¿el de ella?), intentando fijar en el presente aquello que su palabra instalada en el linde del silencio y al borde del des-territorio vislumbraba como el desprendimiento de la presencia de la ausencia.

 

Notas

[1] Según Hélène Cixous (1986) Y Luce Irigaray (1982), existen diferencias psicológicas fundamentales entre hombres y mujeres. Las mujeres estarían más influenciadas por sus experiencias preedípicas y menos alejadas de ellas, y conservan en mayor medida su identificación inicial con la madre. Puesto que la relación preedípica con la madre ha sido menos reprimida, el yo femenino sería más fluido, interrelacional y menos disociado de su experiencia corporal. Los discursos falocéntricos, en consecuencia, han representado erróneamente el deseo femenino puesto que la sexualidad femenina, más fluida, no puede conceptualizarse según parámetros masculinos. El discurso masculino está constituido por una lógica binaria (logocentrismo) que organiza todo lo pensable en oposiciones y está asociado al falocentrismo en tanto las oposiciones binarias y asimétricas se relacionan siempre con el par hombre /mujer. Pero la lógica interna del logocentrismo es la “mismidad”; no puede dar cuenta de la diferencia porque el otro está reducido a ser el otro de lo mismo, su inferior, su reflejo, su exceso, definido siempre por el primero.

[2] Pizarnik estaría reivindicando y subvirtiendo la noción de silencio asignada a la mujer desde el plano de lo simbólico. Recordemos que para las teóricas de la diferencia las mujeres deberían intentar “escribir”, literal y metafóricamente, lo femenino, para afirmar a la mujer en el otro espacio que no sea el silencio, que es el lugar que se le ha reservado en lo simbólico. Pizarnik, en cambio, connota al silencio como la posibilidad de arrancar los significados provenientes de la cultura para reinsertar la imagen del sujeto femenino en una naturalidad donde la atención a los deseos posibilitaría una verdadera construcción de lo femenino.

[3] En El antiedipo, Gilles Deleuze y Félix Guattari, traen a escena planteamientos donde algunas teóricas proponen el lesbianismo como resistencia (“mujer molar”), más allá de las prácticas sexuales que cada mujer tenga: esto es, concebir al lesbianismo como figura simbólica que se cierra sobre un cuerpo de mujer para liberar el deseo de la coerción edípica.

 

Bibliografía

John Berger. Modos de Ver. Barcelona: Gustavo Gili, 2000.

Mabel Burín. Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeres y salud mental. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1987.

Helene Cisoux y Catherine Clement. Newly Born Women. Buenos Aires: Siglo XX, 1977.

Jane Flax. Thinking Fragments. Psicoanálisis, Feminism and Posmodernism in the Contemporary West. Berkeley University of California Press, 1990. [Trad. Cast.: Psicoanálisis y Feminismo. Pensamientos Fragmentarios, Madrid: Cátedra, 1995]

Michel Foucault. Vigilar y Castigar. México: Siglo XXI, 1986.

Nancy Fraser y Linda Nicholson (comps.): Feminism /Post- Modernism, Nueva Cork: Routledge, 1990.

Roberto Harare. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, de Lacan: Una Introducción. Buenos Aires: Nueva Visión, 1987.

Luce Irigaray. Ese sexo que no es uno. Madrid: Saltés, 1982.

Delfina Muschietti. “Pizarnik, la niña asesinada”. En: Filología, Año XXIV, 1-2, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 1989.

Alejandra Pizarnik. La extracción de la piedra de Locura. Otros poemas. Madrid: Corregidor, 1993.

Chris Weedon. Feminist Practice and postestructuralist Theory. Oxford: Basil Blackwell, 1987.

 

Carolina A. Navarrete González, Becaria Conicyt, es doctoranda por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente colabora en la redacción de la revista Anales de Literatura Chilena de la PUC y coordina la edición de la revista Digital de Crítica, Ensayo, História del Arte y Ciencias Sociales Critica. cl, específicamente el Área de Literatura Latinoamericana Contemporánea.
   Además, cuenta con los grados otorgados por la Pontificia Universidad Católica de Chile de Licenciada en Letras mención Literatura y Lingüística Hispánicas, Licenciada en Ciencias de la Educación y el título de Profesora de Lenguaje y Comunicación. Dentro de sus publicaciones se encuentran una serie de artículos en revistas nacionales e internacionales donde ha enfocado su interés en diversas áreas de la Literatura Hispanoamericana, dentro de las cuales se encuentran: la novela y poesía chilena e hispanoamericana; y el estudio de la epístola de la mujer en el Chile de la Colonia.

 

© Carolina A. Navarrete González 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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