Entrevista:

Pedro Sorela:

El viaje es un descubrimiento de otra tierra, pero también un descubrimiento de uno mismo

por Marta Rivera de la Cruz


Tiene un pasado itinerante: miembro de una familia de larga tradición diplomática, ha vivido en varios países distintos, así que Pedro Sorela dice no saber muy bien qué responder cuándo le preguntan de dónde es. Pero eso no le produce sensación de desarraigo: todo los contrario, su condición de ciudadano del mundo le agrada muy especialmente. De niño, Pedro Sorela vivía en una casa grande donde todo el mundo empleaba el tiempo en leer. A él, el más pequeño de la familia, le costó llegar a descifrar las claves mágicas de aquel universo de libros:

"Yo no entendía cómo mi hermano podía pasarse el día detrás de un libro y luego, cuando se iba a la cama, continuar la lectura bajo las sábanas, con una linterna... en mi casa no había nada más que libros, libros, muchos libros y gente que leía libros, porque además no había otra cosa que hacer. Una vez un amigo de mi padre le regaló un televisor, y él se lo devolvió, seguramente porque consideró que aquel chisme no iba a valernos para nada. Mi padre se iba a la cama con tres libros, y al día siguiente se los había leído todos, porque tenía insomnio... Entonces yo no entendía a mi familia, me parecían todos un poco setas... y al principio odiaba los libros, la verdad.

Como era de esperar, se aficionó también a la lectura "por puro aburrimiento... así que estoy en deuda con el aburrimiento". Durante su infancia, sus libros favoritos fueron los comics de Tintín: "nos regalaban uno a mi hermano y otro a mí cada Navidad, y los esperábamos con verdaderas ganas". Pedro Sorela aprovecha para defender el arte del cómic:"Hay verdaderos maestros, auténticas obras de arte del género... naturalmente, no me refiero a esos ejemplares horribles que circulan ahora, los "mangas" japoneses y todo eso... hablo de historias como las de Tintín, el Capitán Trueno, El Jabato..." Siguiendo con la nómina de autores que le marcaron durante sus primeras lecturas, cita a Enyd Blytton "que me gustaba mucho; había dos series, una de aventuras y otra de misterio, y mi hermano y yo teníamos a medias la colección completa" y también a los clásicos de la Editorial Juventud "eran unos libros estupendos, donde la mitad era texto y la otra mitad viñetas... esos libros son unos excelentes inductores a la lectura." De entre esos clásicos para jóvenes, Pedro Sorela destaca a Julio Verne "yo creo que de Verne he leído prácticamente todo". Sin embargo, y más importante que el primer libro que uno lee es el primer libro que uno piensa y reflexiona. Pedro Sorela se queda un rato callado antes de decir cuál fue ese primer libro, que es el que realmente marca la trayectoria de un lector, para contestar luego, sin un asomo de duda.

Pedro Sorela. - "El Conde de Montecristo". Esa fue la primera novela que me hizo pensar, que me obligó a darle vueltas a ideas como el sentido del honor, de la traición, de la venganza, del paso del tiempo, de las deudas a largo plazo... "El Conde de Montecristo" fue, supongo, un punto de inflexión en mi historia como lector... y, por tanto, también en mi historia como escritor.

Una historia comenzada ya hace años y que continúa con pie firme. Pedro Sorela comparte las tareas de creación con su labor como articulista de "El País" y su condición de profesor de Redacción de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Ahora, tras "Aire de Mar en Gador", "Huellas del actor en peligro" y "Fin del viento", regresa a la novela con "Viajes de Niebla". Le pregunto, porque así me lo parece, si éste libro marca su consagración como escritor y duda unos instantes antes de contestar.

P. S. - Bueno, si hablamos en términos musicales te diré que "Viajes de Niebla" es una obra de sinfonía más grande, con muchos más intérpretes que las otras. Pero, y aunque son independientes entre sí, esta novela y las anteriores está enlazadas, hasta el punto de que en "Viajes de Niebla" aparecen personajes que ya estaban en "Aire de Mar en Gador". Y en esa novela ocurrió algo muy curioso: Gador, que es una casa, se acabó robando la novela. Yo quise saber por qué esa casona, Gádor, era así: un espacio en ruinas, de una decadencia absoluta. Y eso es una de las cosas que se cuentan en "Viajes de Niebla". Ahora, sí es cierto que desde el punto de vista de la escritura, "Viajes de Niebla" es una novela con más recursos... si los otros eran cuartetos de cuerda, aquí si que espero que haya una sinfonía, por seguir hablando de música.

La música juega en la novela un papel fundamental, que llega a marcar, en algunos capítulos, un muy particular "tempo" narrativo. El autor reconoce que hay en él, como en muchos otros escritores, una vocación frustrada de músico." De músico... y también de pintor". De ahí los caligramas que completan la narración de la historia y sin los cuales muchas veces no llegaríamos a entender el discurso.

Espéculo - Hay algunas ilustraciones que me parecen especialmente hábiles, hasta el punto que ya no se concibe el texto sin esos dibujos...

P.S.- En realidad, la novela tenía muchas más ilustraciones que los que luego se publicaron, porque lectores bienintencionados me hicieron ver, con mucho acierto, que había muchos dibujos que no estaban a la altura del texto. Aún así, me resistí a conservar a algunos que, efectivamente, creí que podían aportar algunas cosas al todo de la novela. Por ejemplo, el dibujo de la distribución de la mesa en el banquete de bodas de Camila y Diego permite ahorrar una cantidad de retórica innecesaria y que por fuerza tenía que ser pesada .

Espéculo - "Viajes de Niebla" coloca en paralelo a dos sociedades que en principio podían entenderse como contrapuestas: la formada por la aristocracia madrileña de finales de los veinte y principios de los treinta, y la integrada por la burguesía terrateniente que ha hecho sus fortunas al otro lado del Atlántico...

P.S.- Al final no son tanto las dos sociedades como la visión que de ellas ofrecen las respectivas aristocracias. En definitiva lo que se confronta es la aristocracia española con la burguesía sudamericana... y al final resulta que esos grupos sociales son muy parecidos. Lo que me preocupaba de verdad era conseguir el punto de vista crítico no a través de los otros grupos sociales, sino a través de la extranjería: la visión del extraño, del advenedizo que se encuentra de pronto formando parte de un mundo al que no pertenece y así se le hace notar. La sociedad suramericana se ve a través de los ojos de los españoles, y la sociedad madrileña se presenta a través de la visión de Camila, que es un tresmarina... Y resulta que además las credenciales de unos y otros para enfrentarse a esos mundos cerrados a los que no pertenecen les vienen dadas por su condición de esposa o esposo de alguien que sí se integra por derecho propio en ese mundo porque pertenece a él.

Pedro Sorela ha echado mano de su propia experiencia personal a la hora de exponer los sistemas de adaptación del español en la compleja realidad de Sudamérica: Diego, el madrileño casado con una latina, se ve forzado a demostrar su hombría montando a un caballo sin domesticar. "Pero es que ese tipo de cosas, las machadas, están allí a la orden del día. Cuando yo llegué a Sudamérica... bueno, no sabes la cantidad de salvajadas que tuve que hacer para integrarme en aquel mundo que constantemente me recordaban que no era el mío. Tuve que pegarme sin motivo, tuve que pasear sin camisa bajo el sol del trópico... recuerdo que me quemé en la espalda de tal forma que el médico no se creía que hubiese sido cosa del sol". Al hilo de esto reflexiona sobre la necesidad de ofrecer, en lo que a la novela se refiere, una mirada periférica sobre las cosas que su cuentan. Eso es, ni más ni menos, lo que ha hecho: dar una visión de las cosas que procede siempre de un ser ajeno a la realidad en la que está viviendo.

Espéculo- A mí me parece que "Viajes de Niebla" presenta un complejo sistema de ajenidades, está plagada de personajes descolocados.

P.S. - Así es. Recuerda a ese personaje, el señor Swartz, que comparte mesa con Camila durante el viaje en barco. No es una casualidad que este hombre sea un exiliado. Eso le permite colocarse a caballo de todas las cosas.

Espéculo- Y luego está esa visita fugaz que hace Camila a la zona del barco donde viaja la tercera clase...

P.S.- Esta es una novela de viajes geográficos, pero también es una novela de viajes ideológicos. Llevados por la historia, los personajes evolucionan mentalmente, porque las circunstancias que van viviendo y de las que son testigos les hacen reflexionar. Camila nace en un país casi feudal, y fuera de esa realidad que ha vivido no sabe nada... hasta que hace amistad en un barco con un judío exiliado. Y cuando pasa al puente de emigrantes llevada por su curiosidad vital no le queda otro remedio que enfrentarse a una realidad ajena, la del exilio, la de la guerra. El viaje es un descubrimiento de otra tierra, pero también un descubrimiento de uno mismo.

Y Pedro Sorela recuerda su propio descubrimiento del nuevo mundo "Nací en Colombia, pero nos trasladamos a Europa siendo yo muy chiquito, y no regresé a Latinoamérica hasta los doce años. Hice un viaje en barco, y al llegar... ªqué sensaciones, qué experiencia tan grande!... yo conocí al trópico a una edad en que uno está empezando a descubrir la vida y, claro, dejar Europa y encontrarme con todo ese mundo distinto, con esa explosión de sabores, de olores, de colores diferentes, con esos espacios inmensos que integran una realidad tan distinta a la que yo dejaba atrás... Porque los espacios, en Sudamérica, no tienen nada que ver con los espacios europeos. Digamos que en ese sentido llegar a Colombia fue como salir de una habitación y entrar en una catedral. Los espacios inmensos, el cielo, los colores y las montañas ... Fue algo inolvidable. Al llegar a Sudamérica comienza una nueva película para los sentidos.

Evidentemente, esa impresión le marcó: el mundo del trópico, de los aguaceros torrenciales, los frutos de nombres exóticos y las flores que aquí no existen son una constante en la novelística de Pedro Sorela. Le pregunto por el jugo de lulo, una bebida que se consume por jarros en sus novelas, y confiesa que no le gusta especialmente "pero recurro mucho a esa fruta porque es muy característica de Colombia... «sabes qué es lo que más me gusta a mí de los productos típicos de Bogotá? Las patatas. Hay siete clases distintas, y cuando voy es una de las primeras cosas que hago, comer patatas colombianas, que son exquisitas". Sin embargo, la conversación parece haberle despertado algunas nostalgias: "Me tomaría un jugo de lulo ahora mismo... hace dos años que no voy a Colombia, y cuando lo hago siempre es por asuntos profesionales. Ya no me queda familia allí. Mi hermano vivía en Bogotá hasta hace poco, pero tuvo que abandonar el país por razones políticas. Este año, en octubre, sí voy a viajar a Colombia, porque soy jurado de un premio literario... tengo ganas de volver, la verdad"

El trópico cobra una fuerza especial en "Viajes de Niebla". El tramo de la novela en que los protagonistas se trasladan a vivir a Tres de Marzo, una pueblo situado en un país latinoamericano, es profundamente sensorial, y contrasta abiertamente con los capítulos en los que se describe un sistema de vida más rancio, más aferrado a las tradiciones y a la realidad tal cual es. Es en ese mundo cerrado, frío, lleno de tradiciones seculares donde aparece Niebla, el rebelde, el señorito simpatizante de la clase obrera que acabará enamorándose de Camila, la esposa de su primo.

Espéculo- Pero, aunque aparece ahí, en el seno de la alta sociedad madrileña, en Gador, Niebla da la sensación de no pertenecer a ningún sitio.

P.S.- Niebla es un desclasado, es un periférico total. No es un luchador, no es un anarquista, pero tampoco está a gusto en su mundo familiar. Lo del marqués metido a anarquista es una utopía... Niebla es un rebelde, un contestatario, y por eso su vida es un viaje eterno.

Espéculo- Lo que no comprendí muy bien es por qué Niebla llega a reparar en Camila.

P.S.- Bueno, lo primero es que de Niebla no sabemos casi nada: sólo los reflejos que va produciendo en los otros. Pero... «cómo no va a reparar en Camila? Ella es el ideal de un rebelde del corte de Niebla: una mujer perteneciente a su clase, pero con la curiosidad suficiente como para atravesar las puertas. Niebla y Camila se conocen cuando ella abandona el ámbito de la fiesta de disfraces y aparece en la biblioteca donde él está tocando el piano... Claro que Camila le interesa, una chica de su mundo, que toma el chocolate igual que él, que tiene su mismo refinamiento, sus mismos gustos... y que de pronto decide que no quiere estar con el resto, con la masa de bailarines que integran la fiesta, sino que tiene el nervio de llegar a él. Y además, Camila es una chica distinta, que no se parece al resto de las mujeres de la clase de Niebla. Es una mujer capaz de comprender a un músico como Vinkírovitz

Espéculo- Pero ella dice que no está segura de que la música de Vinkírovitz le guste...

P.S.- No se trata de que le guste, se trata de que sea capaz de entender que la música de Vinkírovitz tiene algo especial, puesto que no puede olvidarla. Eso es lo que ocurre con los grandes: que dejan en nosotros algo que va más allá de la satisfacción inmediata. Al hablar de esto siempre recuerdo lo que me ocurrió con "La Montaña Mágica". Yo empecé a leer la novela siendo muy joven... y la encontré mortalmente aburrida, tanto que al llegar a la página ciento cincuenta la dejé por imposible. Y, sin embargo, me ocurrió algo muy curioso: yo dejé la novela, pero la novela no me dejó a mí. Seguí pensando en ella sin poder evitarlo, en la llegada de Hans Castor a la clínica para visitar a su primo recordaba la historia, recordaba el sanatorio de tuberculosos perdido en la montaña, a cada uno de los personajes... años después la leí entera, y entonces me gustó muchísimo, pero eso no es lo más importante sino aquello que "La montaña mágica" había dejado en mí aún cuando consideraba que era una novela pesada. La historia se había quedado en mi cabeza, y yo pensaba y repensaba los acontecimientos que allí se contaban ...

Ya que ha citado a Mann, le pregunto a qué autores debe el surgimiento pleno y el desarrollo de la vocación de escritor.

PS- Me cuesta muchísimo saberlo, y lo que es más, me cuesta muchísimo explicarlo. Y hasta, como le pasaba a Camila, me irrita cuando me significan. Porque yo no soy sólo hispanocolombiano... de hecho, me considero más hispanoamericano que colombiano. Yo me encuentro en mi casa en Méjico, en Lima o en Bogotá. Pero creo que una tercera parte de mi cultura es mi formación francesa. Yo fui educado en liceos franceses en todos los países donde viví. Yo descubrí la literatura a través de la literatura francesa. En ese aspecto estoy en deuda con la literatura francesa del XIX . Creo que nací, por así decirlo, a la literatura cuando en una tarde aburridísima, teniendo yo trece años, en una clase del Liceo Francés de Bogotá estábamos leyendo un texto de Chateaubriand, que hablaba de un niño que escuchaba los pasos de su padre en un castillo de Normandía. Y pensé: yo quiero hacer eso. Ya ves, tengo que citar a alguien tan poco lucido como Chateaubriand, que no está precisamente a la orden del día.

Es ahí donde empieza la vocación del escritor. Pedro Sorela se queda un momento en silencio, y luego añade lo que puede ser el mejor final para la entrevista :"«Sabes? Cuándo uno decide que lo que quiere hacer es escribir , va a pasarse la vida intentando transmitir a otros la emoción que provoca la experiencia literaria a los doce años... yo daría cualquier cosa por despertar en los demás la sensación que despertaban en mí los libros de Tintín. Recobrar esa intensidad... y lo que uno desea, a medida que pasa el tiempo, es volver a leer así... Pero ya es muy difícil, claro. Y entonces intentas provocar esas sensaciones en otros. Y te pones a escribir".


© Marta Rivera de la Cruz 1997

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