Reseñas:

Wistawa Szymborska:
El gran número
Fin y principio
y otros poemas

Wislawa Szymborska, El gran número, Fin y principio y otros poemas, Madrid, Hiperión, 1997, 197 pp, ISBN:84-7517-542-4. Edición al ciudado de Maria Filipowicz-Rudeck y Juan Carlos Vidal. Estudio introductorio de Malgorzata Baranowska.
Traductores: Abel A. Murcia Serrano, Carlos Marrodán Casas, David Carrión Sánchez, Elzbieta Bortkiewicz, Gerardo Beltrán, Kataryzna Moloniewicz, Maria Filipowicz-Rudeck, María Paula Malinowski Rubio y Xaverio Ballester.


Sábado, 12 de julio de 1997

Escribo esto. Hace poco menos de dos horas que han disparado con toda la crueldad del mundo dos tiros en la cabeza a un joven cuyo único delito era ser él. Toda España ha estado durante dos días en la calle, gritando, haciendo ver a los secuestradores que no se puede renunciar a ser humano. Ahora, en estos momentos, Miguel Ángel se debate entre la vida y la muerte con dos balas alojadas en su cerebro. Sólo el azar ha hecho que llegaran hasta él, abandonado como un perro en medio del campo.

No soy capaz de pensar más. Incapaz de pensar en la sinrazón, la mente huye. Todo pierde sentido. Sobre mi mesa espera el libro de poemas de Wistawa Szymborska, la escritora polaca que ha merecido el último premio Nobel. Sin fuerzas ni atención, intentando huir de la vergüenza y el dolor, la vista vaga débil sobre los poemas. Un título me hace detenerme y leo:

UN TERRORISTA: ÉL OBSERVA

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:

Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos está hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.

Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.

Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.

Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.

Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.

Los discursos se suceden en todos los medios de comunicación y se confunden en un ruido de palabras. Ruido porque no somos capaces de encontrar sentido alguno al mal.

El poema de Wislawa Szymborska no me ha hecho comprender la raíz del mal, pero me ha hecho comprender su grandeza como poeta y la grandeza de la poesía. Me ha hecho ver que los grandes poetas no nos dan sólo belleza, sino algo más: Bálsamo para las heridas de la razón. Miguel Ángel está luchando ahora por su vida; nosotros, por comprender. Quiera Dios que él venza; nosotros no lo lograremos nunca.

Joaquín Mª Aguirre

El URL de este documento es "http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero6/szymbors.htm"


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