Teoría de los Colores: 3.La Imagen y su Sombra
Las huellas de la palabra, Huerga & Fierro Ed., Madrid 1999, pp. 135 ss
ROMÁN REYES - UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID


2.Movimiento

En el ocaso de la modernidad, nos es imposible ya devenir-actual: demasiadas razones a nuestro alcance como para aceptar una única máscara, una excluyente verdad. Nos aproximamos al Ab-grund, el hundimiento de la razón-fundante (Grund), el fundamento de la verdad. Demasiadas razones para podernos afirmar. Porque estamos protegidos del riesgo de la anticipación, no podemos ser alcanzados, no podemos ser comprendidos. No somos hombres potenciales, porque se acabó la era del sujeto. Nuestra actualidad es superflua. La simpatía más profunda se abre en la distancia más extrema, en la Ent-fernung, en la lejanía de la lejanía (Nietzsche-Derrida).

La lejanía del extranjero, del que está-en-camino, del que va siempre-hacia. Ser-extranjero es ponerse en camino hacia un descanso seguro, ir tras el propio lugar, la patria. En Rilke el camino del extranjero se refiere a cosas tan sólo. Los ob-jetos no son otra cosa que eso: vamos al encuentro de entidades autónomas que nos se-ducen por sus (juegos de)posiciones, más allá de lo inmediato concreto. En Trakl, ese camino del alma nombra las transformaciones que permanentemente la naturaleza sufre: nos dejamos sorprender por el abrazo de un caprichoso juego de colores y sonidos. Los otros y lo otro siguen, no obstante, estando ahí, con sus propias máscaras, pero nos es indiferente: cuando uno está enamorado no puede ver la cara de otra persona. Asumimos otras máscaras, extra-viándonos en solitario --ein Frendes/ein Einsames--  transformándonos en la figura de aquel que permanece a la escucha, que alcanza el lugar de la partida --der Absgeschiedene--, el animal azul del poeta.

Jugando con colores y sonidos y las formas que la fantasía con ellos diseña, Wittgenstein retoma constantemente la comparación entre colores primarios y propiedades espaciales por la analogía que describe entre sistema de proposiciones y escalas de medida. No en vano había subrayado que un punto del campo visual, aunque no tiene por qué ser rojo, tiene que tener algún color: está, por así decir, rodeado por un espacio de color (Tractatus, 2.0131).

Las experiencias cromáticas son, sin embargo, diferentes de las experiencias espaciales. No es tan obvio afirmar que si una flor es azul --la comparo con la realidad--  puedo inferir que no es roja, como si afirmara que un objeto que mida dos metros no mide cinco, por ejemplo, ya que propiamente no tenemos una escala que nos de la medida precisa del color. De ahí que hablemos de dos tipos de experiencias, de dos posibilidades.

La posibilidad es un concepto lógico. Si utilizo la expresión no es posible me estoy refiriendo a una imposibilidad lógica. Podría ser posible de otra manera: ser de hecho, pertenecer al espacio fáctico (Tatsachenraum). Siendo como admitimos que una proposición es la negación de su negación, podríamos concebir una proposición --sintética--  con sentido, pero a la que no corresponde hecho alguno. De ahí que admitamos esta posibilidad afirmando que efectivamante existen palabras para las que me es imposible imaginar un pensamiento que les corresponda. Y que no puede ser el espacio del decir-conduciendo a cualquier parte (irgendwohin), el espacio de la Trauerspiel, de nuestra permanente lucha con el lenguaje y de ese lenguaje consigo mismo.

Las proposiciones que expresan el sistema de colores no son ni sintéticas a priori, ni empíricas a posteriori. Son reglas de sintaxis, ya que tales proposiciones que expresan exlusión de color no son cuestiones de experiencia.

Es imposible establecer una escala jerárquica entre proposiciones con sentido. Los valores no forman parte del mundo del devenir. El devenir es lo casual (der Fall). Por eso todo valor es sólo reconocible más allá de ese mundo. Aunque se transformen las relaciones entre proposiciones y hechos, aunque cambien las normas que fundamenten lo decible --los juegos de verdad--, permanece inalterable esa tesis según la cual podemos afirmar que cualquier proposición acerca del So-sein, del ser-de-una-manera-concreta, lo casual, vale lo mismo (gleichwertig).

Son esas otras reglas de sintaxis que relacionan nombres o símbolos entre sí: el sentido de una proposición. Porque lo que un modelo representa es su sentido (Tractatus, 2.221). Si es cierto que esos objetos a los que el nombre o los símbolos hacen referencia (bedeuten) están así configurados, la proposición es entonces verdadera, y el modelo correcto; si no es así, tal proposición es falsa y el modelo incorrecto. En ambos casos, a fin de decir si un modelo es verdadero o falso, debemos compararlo con la realidad (Tractatus, 2.223).

Poner en relación proposiciones y hechos es una posibilidad que por sí mismo se muestra, que a su vez puede también ser visto, aunque nos resulte imposible afirmarlo o probarlo. Lo que "puede" ser mostrado "no puede" ser dicho (Tractatus, 4.1212). Los modelos wittgensteinianos mostraban los límites de aquello que eran capaces de decir: se limitaban a determinar esa forma específica del orden de las cosas para que éstas fundaran/legitimaran su presencia en el mundo, posibilitando así un conocimiento científico de tales fenómenos.

Mientras el positivista piensa --y ésta es la esencia de su filosofía--  que todo lo que realmente importa en la vida es sólo aquello de lo que podemos hablar, Wittgenstein, sin embargo, está radicalmente convencido de que lo importante es precisamente lo contrario: aquello sobre lo que debemos guardar silencio. El silencio que se instaúra una vez clausurado un discurso posible, el silencio de un caminante perdido, solitario.

Hermanado con lo otro la sombra amiga queda. Ese otro --el alma, el canto del loco--  se marcha y se convierte en silencio. Queda el canto del extranjero que se confunde, en el momento de la despedida con el canto de un silencioso otro que se marcha, se separa. Pero este ocaso no es decadencia, sino el inicio de un paseo --arriesgado paseo del amigo del extranjero--, de un caminar-hacia, de un buscar. El amigo es el lugar de la separación. Pero la poesía no es palabra de partida. Porque el alma no canta: poseemos la escucha de su canto, las palabras de esta escucha.

Si el canto del extranjero no es el canto del alma, ¿cómo podemos nombrar lo que ve el canto del alma o del loco y cómo va a ser posible cantar ese canto?. Porque nos queda la sombra de su imagen, tenemos tan sólo su traducción. A través de ella reconocemos el silencio del alma que se instala como símbolo roto en el canto del amigo que permanece.

Porque la palabra pertenece a la experiencia del habitar, el Heimatlos, el apátrida queda Sprachlos, mudo: el extranjero de los pueblos que mueren. Muerto será el Wahnsinnige si entierra al extranjero. Esta muerte y esta sepultura no son imágenes. Frente al pensamiento del retorno, el poetizar se hace silencio. El poeta que ha tenido que quedarse recuerda el lugar y el momento de la separación. Pero el lugar de la separación no es el desvelamiento (Massimo Cacciari).

Los otros y lo otro --el orden que el discurso funda--  siguen, no obstante, estando ahí, con sus máscaras. Aunque nos sea indiferente. El animal azul es ahora la sombra que se despide, permaneciendo a la escucha. Esa figura entrañable que nos con-funde, ese totalmente-otro cuerpo del deseo --prolongación del nuestro--  en el que nos perdemos: porque, cuando uno está enamorado no puede ver la cara de otra persona.

Esta vida se nos ha dado para ser gastada, para ser entregada a alguien como el mejor de los regalos posible: sólo el don es eterno. A través del don permanece también la memoria de quien ha sabido dar-se: me entrego a tí, porque no conozco un don mejor. Este don que te hago es eterno. Te perteneceré incluso cuando ya no seas nada, ni siquiera un granito de polvo: porque el don sobrevive siempre al destinatario para que pueda llorar la pérdida de su poseedor (Karl Walser).

 
THEORIA | PROYECTO CRÍTICO DE CIENCIAS SOCIALES - GRUPO DE INVESTIGACION UCM
Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit - A la Época su Arte, al Arte su Libertad