Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 13.Diciembre.2002

EL MANIFIESTO COMUNISTA | Agustín  Morán, CAES (*)
 

El manifiesto está compuesto de una serie de capas, de múltiples ideas y placas que se superponen, se compensan y se encuentran de una manera compleja. Por un lado nos hallamos con un revolucionario comprometido con los desheredados de la tierra y con la lucha de la libertad. Por otro lado, topamos con un intelectual casi profesional con una capacidad muy poderosa de explicar la realidad teóricamente. Son dos aspectos muy difíciles de conciliar y que precisamente se concilian en este caso, en el Manifiesto. Pero además tenemos la confluencia de un componente ilustrado y otro anti-ilustrado. Ilustrado en el sentido de la flecha del progreso y su avance, del desarrollo de las fuerzas productivas, de las nociones de individuo y de racionalidad, del concepto de ciencia, etc. Marx está ahí mucho, siempre se encuentra en esos lugares. Pero posteriormente se va alejando. Construir una crítica total a un universo intelectual tan poderoso como el idealismo histórico de Hegel utilizando o tomando parte de lo que se quiere demoler es, hasta cierto punto, inevitable. Pero también hay una actitud que pone en cuestión todo eso al pensar en las condiciones de superación y disolución de esa lógica y esos sistemas ideológicos.

El Manifiesto es, por cierto, el "Manifiesto del Partido Comunista". El capitalismo crea las condiciones de las que emerge la clase que le va a sepultar ya que va a haber una revolución, seguro, que va a ser proletaria y comunista. Todo eso obedece a unas leyes (de la historia) porque su comunismo es científico. Esa es la lectura oficial o tradicional que se realiza del marxismo. Pero ello no se corresponde con todo lo que Marx establece y desarrolla para poder superar esas leyes. No se trata tanto de pensar en un sujeto ontológicamente tocado por una causa final asimilable a dios como construir la causa eficiente y la causa material a través de la voluntad y de las condiciones políticas, culturales, ideológicas y organizativas. Son dos lecturas muy diferentes y distantes del materialismo histórico. Entre dejar que las leyes naturales funcionen solas y activar mediante un esfuerzo político las condiciones hay una diferencia crucial que hay que señalar.

Yo creo que no hay ninguna ruptura epistemológica en Marx viendo su evolución teórica. Todo es filosofía en el fondo aún cuando escribe de economía. La única ruptura que yo conozco está contenida en el prólogo a la edición rusa del Manifiesto Comunista (que es de enero de 1882, cuando le queda a Marx un año de vida). En ese prólogo plantea la posibilidad de que en lugar de la sucesión necesaria de etapas dirigidas y asociadas a las contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de producción pueda interrumpirse esa progresión de formas sociales y que en vez de ir hacia delante, la revolución pueda hacerse yendo hacia atrás. Eso rompe con todo el resto de textos anteriores y con la columna vertebral con toda su construcción teórica. Hegel hablaba del progreso dinamizado por el espíritu y Marx habla de un progreso dinamizado por la lucha de clases y por el desarrollo de las fuerzas productivas. Esa tensión es la verdadera ruptura. De hecho, el hilo conductor de Marx es una tensión nunca resuelta, una crisis entre el Marx anti-ilustrado (aristotélico, que no confía en un dios fuera del mundo o en una fuerza ajena a la humanidad) y el Marx ilustrado (el que confía en el progreso y en un mundo ordenado ya sea por dios o por una clase elegida y tocada). Esa tensión se expresa especialmente en el Marx maduro, en sus últimos escritos. Marx pugna con toda su fuerza por salirse del universo que le constituye a pesar de que arrastra ciertas herencias y rémoras.

Muchos han pensado que Marx le da la vuelta al mecanismo hegeliano, a la dialéctica hegeliana, que invierte simplemente el aparato teórico. Pero cuando uno da la vuelta a un mecanismo de ese estilo no está claro que luego funcione correctamente. Es como una cuerda, que sirve para tirar pero no para empujar.

El Manifiesto del Partido Comunista es el texto más conocido de Marx. Por desgracia, se ha leído junto con otros textos como el Anti-Dühring de una manera en el que se aplica totalmente una traslación de las leyes naturales a las ciencias sociales. Eso se ha trasmitido a las masas para dotarlas de cierta identidad, de un refuerzo legitimado por la ciencia. Era la garantía de que ante un esfuerzo continuado iban a recibir una recompensa futura de salvación y revolución. De alguna manera, esa fue la grandeza y la limitación del marxismo clásico y por eso ha funcionado durante tanto tiempo. Hay muchas lecturas parciales y dogmáticas pero que también han pasado por episodios de represión, de muerte y de pérdida de libertad, eso hay que entenderlo por la crítica debe ser constructiva y respetuosa.

Las tesis fundamentales del Manifiesto del Partido Comunista están concentradas, sobre todo, en el primer capítulo "Burgueses y Proletarios" que es el 50% del tamaño total del texto. En el segundo, "Proletarios y Comunistas" que es una cuarta parte del texto se desarrollan otras ideas. En el tercer capítulo va haciendo un ajuste de cuentas con otros tipos de socialismo o de teorías progresistas de la época y, finalmente, el cuarto, es un texto mucho más cortito dedicado a reflexionar sobre la lucha de clases en su momento y las alianzas necesarias según la composición de fuerzas políticas.

El Manifiesto es un texto muy bonito de leer, con una gran concentración teórica, con muchas emociones incrustadas, que hay que leer despacio. Para saber cuales son los puntos más interesantes o importantes nos podemos fijar en el mismo Engels que en este caso nos puede servir de guía. Para él, las ideas centrales del Manifiesto son principalmente tres:

  1. el modo económico dominante y el modo de producción son el fundamento de la historia política e intelectual de cada momento histórico,
  2. la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y
  3. la etapa de la lucha de clases no se puede superar sin que el proletariado se libere y al tiempo se libere toda la sociedad. Es una reflexión bastante sensata por parte de Engels, a diferencia de otros textos más cuestionables.
Podemos entrar también a valorar las luces y sombras, los aciertos y las limitaciones que encontramos en el Manifiesto. Sobre lo primero observamos claramente una visión profética de la globalización, de la urbanización o del crecimiento de la población asalariada. Una visión de la política y de los aparatos del Estado como elementos totalmente funcionales al capitalismo. La crítica radical y sin concesiones al capitalismo es un gran acierto, pero la voluntad apasionada, a veces, resulta propagandista. Se embiste contra la unificación de todos los valores sociales bajo el frío mandato del dinero. La totalidad de las relaciones sociales son colonizadas de manera violenta (manu militari) por la forma mercancía. Desde el punto de vista de producir riqueza material, lo más racional en la historia de la humanidad es el capitalismo. Luego queda el pequeño detalle de mirar todo lo demás (la naturaleza, la construcción del individuo, las relaciones sociales, etc.). Algunos nos acusan de estar pasados de moda, de estar anclados en 1848, por reivindicar el Manifiesto Comunista (que tiene 154 años). Pero ellos están más obsoletos, en 1776 con la Riqueza de las Naciones de Adam Smith (70 años más, o menos, según se mire).

Nos conviene también plantear un ramillete de problemas y limitaciones del Manifiesto. Por un lado el tema de la pauperización, se plantea muy radicalmente. Tiene mucho que ver con la estabilidad política del capitalismo y la gobernabilidad de lo social. El poder no es sólo un problema de violencia sino también de legitimación. La idea de que la pauperización es un vector que conduce directamente a la revolución recuerda demasiado a lo que decían los viejos cristianos. La bipolaridad radical burguesía-proletariado sin clases colchón en medio no se cumple adecuadamente en los países del centro, eso no es así. Muchas partes del proletariado están totalmente integradas: por sus ideologías, por sus formas de consumo, por sus deseos, por sus comportamientos políticos, por sus culturas, etc. Y eso hace, en principio, inviable cualquier transformación radical en los países del centro. También cabe señalar un importante desconocimiento de la problemática de género a pesar de que hay algunos párrafos acerca de la mujer pero muy limitados (ver pág, 140-143 de los Manuscritos Económico-Filosóficos).

Marx era un perfecto machista pero de vez en cuando tiene algunos destellos geniales en estos temas. En cualquier caso, en el Manifiesto esta cuestión es muy marginal. Todo contrato social o formación social se apoya en un contrato sexual y una formación sexual. A Marx no se le puede pedir todo, eso hay que tenerlo en cuenta.

El tema nacional es otra deficiencia, lo de que los obreros no tienen patria es una gran mentira. Las luchas de clases y las movilizaciones de trabajadores tienen un peso de factores culturales y nacionales muy alto. Eso tiene que ver con muchos problemas actuales, de aquí y ahora. La clase obrera nunca ha estado totalmente unificada e integrada, eso es una visión fantástica que no existe. El tema ecológico tampoco está bien recogido aunque también he encontrado algunas páginas muy interesantes en los Manuscritos hablando de la naturaleza y de la integración del ser humano en la naturaleza (págs. 160 y 146). Pero es un gran ausente y la carga productivista que hay en el Manifiesto no permite contemplarlo.

La exclusión social está muy mal tratada en el Manifiesto, a mi entender. Sin embargo, tiene un contrapunto, el Manifiesto habla todo el rato del lumpen (sectores sociales que no trabajan o que no quieren trabajar, que son puros delincuentes). Con esa misma gramática, la izquierda tradicional ha tratado el problema de la pobreza laboriosa, de estas minorías precarizadas tan importantes que están en los márgenes. Esas fábricas totales de delincuencia no se pueden abordar simplemente desde la idea de lumpen. En "Miseria de la Filosofía", en el capítulo segundo, la séptima observación dice "en tanto que están en la miseria no ven más que la miseria, sin ver el lado revolucionario". La exclusión no es sólo una anomalía o falta de integración sino la negación de un potencial constituyente.

Como conclusión pienso que es necesario repensar la actualidad del Manifiesto Comunista hoy para poder utilizarlo como instrumento y colocarnos frente a lo que está pasando (si es que pensamos que está pasando algo).


(*) Trascripción realizada por Igor Sádaba

Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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