Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 21.Febrero.2003

Notas sobre eclecticisco y Carlos Berzosa |
Diego GuerreroUniversidad Complutense de Madrid

Introducción: sobre la sesión de 21-II-03 del curso Gestión Capitalista de la Crisis
1. Qué es el eclecticismo
2. La manía del siglo XIX
3. La depauperación de los trabajadores
4. La rentabilidad, la crisis...
Referencias bibliográficas | Notas

Lo mejor que se puede hacer
por un amigo que se equivoca
es intentar sacarlo de su error
(refrán inexistente
que debería sin embargo existir)

 

Introducción: sobre la sesión de 21-II-03 del curso Gestión capitalista de la crisis

En la sesión de ayer de nuestro curso de Economía, dentro del Diploma UCM-FIM sobre Materialismo histórico y teoría crítica, cometí el error de hacerle una pregunta a Carlos Berzosa tarde y mal. Al planteársela cuando ya sólo quedaba tiempo para que respondiera él, pero no para seguir con una contrarréplica mía, le puse en bandeja obtener el resultado que consiguió: una aparente victoria de sus tesis. Además, mi segundo error estuvo en que me enfadé y acaloré al hacer mi pregunta-exposición.

Puesto que no aceptó mi invitación a participar en la última sesión del curso, prevista para el 30 de mayo, en la que se hará la recapitulación final del curso y se sacarán conclusiones para el futuro, aprovecho esta nueva forma de prolongar la discusión, con el propósito adicional –no sé si podré cumplir mi promesa– de hacer algo parecido en semanas sucesivas con cada una de las intervenciones de los ponentes invitados.

De paso, y puesto que todo este material se colocará en la red, podemos conseguir que los estudiantes se diviertan un poco más a la hora de leer los materiales del curso, pues siempre es grato ver correr un poco de sangre virtual en un mundo donde lo que corre en exceso es sangre de la otra.
 

1. Qué es el eclecticismo

Todavía no he conseguido explicar bien por qué me opongo al eclecticismo (desarrollo la noción en Guerrero, 1997), y por qué esta posición no tiene nada que ver con el dogmatismo, como confusamente parece creer Carlos Berzosa.

Los buenos diccionarios dan una definición doble del eclecticismo. Por ejemplo, el Diccionario de Seco dice que ecléctico significa "que combina elementos de varios estilos, ideas o posibilidades"; y en eclecticismo aparece una acepción "filosófica" que reza así: "Escuela filosófica que preconiza conciliar las mejores doctrinas de diversas escuelas".

Pues bien, lo esencial es darse cuenta de que la mezcla que supone el eclecticismo es correcto hacerla en el lado de los insumos, es decir, de la materia prima de los procesos intelectuales que se llevan a cabo en el largo proceso de asimilación de contenidos ya alcanzados por otros autores e investigadores previos. Pero está completamente fuera de lugar ser ecléctico por el lado de los resultados o productos del proceso intelectual: si uno elabora un producto ecléctico no obtiene lo mejor de las diferentes escuelas que trata de combinar, sino un producto indigerible, incomestible, una falsa mezcla hecha con materiales que no son conciliables y no se pueden mezclar en la realidad más de lo que se puede mezclar el agua con el aceite. Como dice nuestro común amigo, Barceló, a mí también me gusta el agua y me gusta el aceite; pero cuando quiero agua, tomo agua, y cuando quiero aceite tomo aceite (y evito mezclarlas siempre).

La figura 1 muestra un esquema de las dos maneras básicas de combinar los libros e ideas de los autores que supuestamente tanto Carlos Berzosa como yo mismo leemos.

2. La manía del siglo XIX

Que Carlos es un ecléctico lo demuestran muchas cosas. Pero sólo citaré algunas de las que él mismo sacó a colación en su respuesta de ayer.

En primer lugar, la manía de que Carlos Marx es un autor que captó mejor que nadie la "Inglaterra del siglo XIX". Por la misma razón podía haber dicho:

a) que Marx captó sólo la sociedad londinense (o la de su barrio) de mediados del siglo XIX (porque fue en Londres y en esa época donde vivió y escribió), y que entonces su análisis no sirve para la Escocia de principios o de finales de ese siglo;

b) que Newton nos dio una buena concepción de la ley de la gravedad en el Cambridge (o sólo en el entorno del Trinity College, donde dice la leyenda que aún luce su famoso manzano) del siglo XVIII;

c) que Einstein hizo lo propio con Princeton en el año 1920, etc., etc.

Lo de decir que Marx era "muy listo" es un lugar común que nadie discute –más discutible, por cierto, es lo que dijo de pasada: que "el capital es muy listo"; no: ni listo ni tonto; es una relación social que es como es, y entre los sujetos que encarnan dicha relación los hay listos y los hay tontos–. Pero juzgar de la actualidad de un autor por su partida de nacimiento o de defunción sólo se le puede ocurrir a un ecléctico. Eso no sólo nos impediría decir que los clásicos son clásicos precisamente porque siguen siendo actuales (si no, serían olvidados y no clásicos), sino que nos hace posible afirmar que lo que ayer era verdad en el discurso de Carlos Berzosa hoy es falso porque el mundo de hoy ya no es el de ayer.

Lo que ocurre es que Carlos Berzosa es el típico marxista: es decir, una forma muy típica de ecléctico. Cree que yo soy un marxista dogmático, cuando ni siquiera soy marxista. El marxista es él, que, como todo marxista típico, se ha formado leyendo a otros marxistas anteriores (también eclécticos) en vez de leyendo directamente a Marx. Cuando quiera él, además, me ofrezco a discutir con él sobre los autores no marxistas que ambos hemos leído: desde Keynes a Smith, o desde Samuelson a Schumpeter.

Berzosa no tuvo tiempo de venir a la sesión anterior de nuestro curso, en la que, no sólo expuse mi idea de que una cosa es Marx y otra los marxistas, sino que dejé bien claro que los estudiantes serios deben preguntarse cuáles son los fallos y errores de la obra de Marx, que desde luego no son los que "detectaron" sus enemigos, contemporáneos de él o de nosotros, ni los que "detecta" Berzosa en su libro sobre Marx (2000).
 

3. La depauperación de los trabajadores

Berzosa insistió una vez más en que no está de acuerdo con ciertas cosas de Marx, pero sí con otras. Voy a sistematizar brevemente su posición:

a) Cree correctas las ideas de Marx que él piensa que son de Marx pero que no son de Marx.
b) Cree inadecuadas o incorrectas las auténticas aportaciones de Marx.

Sólo me referiré aquí a los ejemplos que él mismo citó ayer. Por ejemplo, en el punto dos, la teoría laboral del valor (TLV): éste es un tema tan amplio que no se puede abordar aquí, pero que quede claro que Berzosa nunca ha estudiado en serio esta teoría; se ha limitado a hacer lo que hacen los marxistas: leer lo que otros marxistas han dicho que sigue vivo de la obra de Marx una vez que se la despoja de la para ellos dudosa TLV. O también, en el punto dos, la cuestión de la tendencia descendente de la tasa de ganancia, a la que dedicaré el apartado 4 de este texto.

En este epígrafe trataré en cambio otra de las cuestiones que a Carlos Berzosa le gusta repetir: que no cree que exista –y lo dijo ayer de nuevo– "depauperación absoluta ni relativa de los trabajadores". No sé si la falta de sentido histórico en Berzosa se debe al prurito ya comentado de pensar que las ideas ciertas dejan de serlo después de tomar pausadamente café –pues como ya ha atardecido el mundo debe de haber cambiado, sin duda–. En mi Tesis doctoral, cuyo tribunal él mismo presidió, ya le demostré que en España la cosa había sido así. Pero como no se lee casi nada de lo que dice que lee –o tras leerlo mira el reloj y piensa: "ya se ha quedado desfasado"–, no se puede acordar de lo que allí decía yo (véase Guerrero, 1989). Sin embargo no se lo voy a recordar aquí, sino que le voy a aportar datos más recientes, que saco de un texto posterior que presentaré en una ponencia en Cuba en el próximo mes de mayo, pero que ya he mostrado en mis clases bastantes veces. Reproduzco aquí unos párrafos de Guerrero (2003):

<<(b) La pobreza asalariada en España

>>El cuadro 1 nos ofrece una ilustración de que la desigualdad creciente no es un fenómeno exclusivo de las relaciones internacionales, sino también característico de las realidades (intra)nacionales. En el caso de España, el proceso de depauperación relativa, en el que tanto insistieron Marx o Rosa Luxemburgo, es un hecho de rotunda actualidad (Guerrero, 2000), sobre todo si se tiene en cuenta el proceso de proletarización y asalarización de la población activa. Si este fenómeno no es más evidente para una mayoría de economistas es porque ellos mismos están penetrados de una ideología que les impide ver que tales procesos son realidades completamente objetivas, insertadas en la dinámica de las relaciones sociales y económicas del capitalismo, por mucho que el nivel ideológico no parezca corresponder a esas realidades objetivas (según algunas populares y apresuradas teorías de la revolución proletaria). Proletarización y asalarización son fenómenos que se comprueban con las estadísticas de población activa (1), y no con el termómetro de efervescencia revolucionaria de los asalariados. Por supuesto, si no fuera casi siempre cierto que los asalariados (dominados) participan de las mismas torpezas ideológicas que se encargan de crear los serviles intelectuales del capital (sean o no economistas) al servicio de sus propietarios (dominantes), no podría tener sentido una frase tan cierta como la clásica: "la ideología dominante es la ideología de la clase dominante".
 

Cuadro 1: Depauperación obrera y enriquecimiento de los no asalariados en España, según la CNE
Año
a = (RA/PIB)
b =

1 -a

c = (Prol/PA)
d =

1 - c

e =

coeficiente de depauperación

= a/c

f =

coeficiente de enriquecimiento = b/d

Posición relativa de:
Proletariado

g = e/f

No asalariados

h = f/e

1964
49.1%
50.9%
58.6%
41.4%
0.84
1.23
0.68
1.47
1975
58.9%
41.1%
68.9%
31.1%
0.85
1.32
0.65
1.55
1982
56.8%
43.2%
73.2%
26.8%
0.78
1.61
0.48
2.08
1988
52.2%
47.8%
76.2%
23.8%
0.69
2.01
0.34
2.93
1995
52.4%
47.6%
79.2%
20.8%
0.66
2.29
0.29
3.46
1997
49.7%
50.3%
81.0%
19.0%
0.61
2.65
0.23
4.31
1999
50.1%
49.9%
82.0%
18.0%
0.61
2.77
0.22
4.54
1999/64
1.02
0.98
1.40
0.43
72.9%
225.5%
0.32
3.09

(Fuente: Contabilidad Nacional de España, EPA y elaboración propia).

>>Si miramos objetivamente el cuadro, encontramos que la situación relativa de los asalariados (que, al incluir a los parados, se nos convierten en el proletariado (2)) simplemente ha empeorado tanto y tan deprisa que, en los 35 años que van de 1965 a 1999, su participación corregida en la renta nacional se ha hecho tres veces más pequeña que la correspondiente a los no asalariados. El cálculo es muy sencillo de hacer y comprender: la parte del proletariado en el PIB sólo ha aumentado un punto en 35 años (un 2% en términos porcentuales); pero como su parte en la población activa ha crecido un 40%, eso significa que su participación "corregida" ha bajado un 27.1% (descenso del coeficiente de depauperación de 0.84 a 0.61); por su parte, los no asalariados han bajado su peso en la población activa un 57%, a pesar de lo cual sólo ha disminuido su parte en el PIB un 2%, lo que significa que su participación corregida ha subido un 125.5% (su coeficiente de enriquecimiento ha subido de 1.23 a 2.77); por consiguiente, el cociente de ambas participaciones corregidas se ha disparado desde menos de 1.5 a más de 4.5, lo que significa un crecimiento de la desigualdad que se ha multiplicado exactamente por 3.09.>>

Pero voy ahora con un par de ejemplos de lo que he llamado más arriba "el punto 1", es decir ejemplos, ambos citados ayer por Carlos Berzosa, dentro de lo que he caracterizado como "Cree correctas las ideas de Marx que él piensa que son de Marx pero que no son de Marx".

Por ejemplo: a) las clases sociales y su lucha; b) la concentración y centralización del capital. Empezando por b, me limito a lo siguiente: ¿me sabe poner Carlos Berzosa algún ejemplo de algún economista actual que niegue que a lo largo de los dos últimos siglos en el sistema capitalista se ha producido un proceso de concentración y centralización del capital? Si es capaz de hacerlo, entonces le mostraré la enorme cantidad de economistas que, antes incluso de que Marx naciera, ya hicieron referencia a esa tendencia como algo intrínseco al movimiento del capital. Es de esta forma, banalizando las aportaciones de Marx –o sea, tergiversándolo y haciéndolo pasar por el autor de ideas que no son suyas, procedimiento que tiene un complemento perfecto en la estrategia simétricamente opuesta: negarle la autoría de ideas genuinas suyas (la dictadura del proletariado o la TLV, por poner sólo dos ejemplos)– como se contribuye a la mistificación que pretendo combatir por medio de este escrito.

En cuanto a la a), basta con recordar una de las citas más famosas de Marx: su célebre carta a Weydemeyer, en la que deja claro que lo que él combate son las ideas de los economistas e historiadores burgueses que ven las clases y su lucha (desprecia tanto a los otros que ni se para a combatirlos) y sólo pretenden demostrar, o bien por qué y cómo se pueden conciliar los intereses contrapuestos e irreconciliables de explotadores y explotados, o bien, otros, conscientes de que no se puede conseguir eso, qué hay que hacer para que, a pesar de todo, el sistema se mantenga y reproduzca. Marx, en cambio, no sólo combatía el sistema cada segundo de su vida, sino que no hacía distinción entre su actividad política y su actividad intelectual (porque sabía que, cuando no se es ecléctico, ambas son tan sólo dos maneras distintas de llamar a la actividad única de un luchador coherente).
 

4. La rentabilidad, la crisis...

Por último, la cuestión de si la rentabilidad descendente es una "ley", una "tendencia" o, como dijo Berzosa, que se basó arbitrariamente en Mandel (ya que Mandel no tiene la posición de Berzosa ni mucho menos), si lo que hace la tasa de ganancia es "fluctuar". Con eso de la fluctuación, mi amigo Carlos se puso a la altura de los economistas que responden a la pregunta sobre las perspectivas de la Bolsa con el siguiente pronóstico: "fluctuará, fluctuará...". Claro, Carlos, la tasa de ganancia también fluctuará, pero tú no sabes si las fluctuaciones se podrán representar, estilizadamente, como un movimiento sinusoidal enroscado alrededor de una línea de tendencia al alza o a la baja. Y no puedes hacer por consiguiente un pronóstico sobre qué va a ocurrir en el mundo con la evolución próxima futura de una variable que al parecer te parece secundaria.

Y, sobre todo, no sabes que yo, marxista dogmático según tú, les expliqué precisamente a los alumnos de este curso la semana anterior por qué no es cierto que en Marx la crisis se deba a la caída de la tasa de ganancia. Pero eso lo dejo para la próxima vez que quieras seguir debatiendo conmigo de estas cuestiones.


REFERECNIAS

Berzosa, C.; Santos, M. (2000): Los socialistas utópicos. Marx y sus discípulos, Madrid: Síntesis.
Guerrero, D. (1989): Acumulación del capital, distribución de la renta y crisis de rentabilidad en España, 1954-1987, Tesis doctoral UCM, Madrid.
– (1997): Historia del pensamiento económico heterodoxo, Madrid: Trotta.
– (2000): "Depauperación obrera en los países ricos", en D. Guerrero (ed.): Macroeconomía y crisis mundial, Madrid: Trotta, pp. 225-243.
- (2003): "Globalización y postcapitalismo", ponencia para el Congreso internacional The Work of Karl Marx and the Challenges of the 21st Century, La Habana, 5-8 de mayo de 2003 (no sé por qué razón, pero el folleto y la convocatoria me han llegado en inglés, con ese título).


N O T A S

(1) Por supuesto, las estadísticas convencionales siempre tratarán de que el fenómeno sea lo menos visible posible, acudiendo a artimañas metodológicas como considerar "autónomos" los falsos trabajadores independientes --obligados por sus patrones a inscribirse así en la Seguridad Social, para abaratar la carga que supone el trabajo asalariado-- o la, más reciente, de llamar a los vendedores ambulantes "empresarios sin establecimiento".
(2) Otra de las simplezas más repetidas por los marxistas "yeyés" es que la clase obrera ha de ir vestida de mono azul o no es clase obrera. Pues no: la clase obrera, al menos para su teórico principal, un tal Karl Marx, era el conjunto de los asalariados (ocupados o parados), es decir, el conjunto de los trabajadores que tienen la mala fortuna de depender del ineficiente mecanismo de mercado no sólo en todo lo demás sino hasta incluso a la hora de encontrar una actividad propia con la que ganarse la vida. Y eso incluye a los de mono azul, a los de cuello blanco y también a los miles de encorbatados directivos puestos de patitas en la calle por las empresas de la "nueva economía" desde 2001.


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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