Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 21.Febrero.2003

Notas sobre la política económica neoliberal y Miren Etxezarreta |
Diego GuerreroUniversidad Complutense de Madrid

I. Introducción
II. Las políticas económicas alternativas en la UE
III. ¡Y dale con el Estado del bienestar!
IV. Una nueva manera de criticar el "Estado del Bienestar"
Referencias bibliográficas Notas

I

I. Introducción

Siguiendo con la "tradición" comenzada la semana pasada con Carlos Berzosa, hoy es el turno de hacer algunos comentarios a la doble exposición realizada ayer en el curso por Miren Etxezarreta, que, como bien sabéis, dividió su charla en dos partes. En la primera abordó la cuestión de la política macroeconómica de la UE en general, y en la segunda se centró en el aspecto específico de la política social en la UE y, más en concreto, en la cuestión de las pensiones y otros aspectos ligados a la "privatización parcial" de la Seguridad Social.

Lo primero que tengo que decir es que me gustó mucho la claridad y sistematicidad con que hizo el doble planteamiento central, así como el grueso de los comentarios que realizó de forma tangencial al tema principal o incluso de pasada. Sin embargo, vuelvo a echar de menos una contextualización de la exposición en el marco de un curso como el que estamos llevando a cabo, un curso que es académico pero que se hace en colaboración con la Fundación de Investigaciones Marxistas (y no "keynesianas").

Miren Etxezarreta, que coordina en Barcelona dos seminarios distintos –uno sobre economía crítica, y otro sobre El capital–, parece haber confundido aquí uno con otro, o al menos creo que muchos asistentes pueden haber tenido la impresión de que la suya es una excelente muestra de lo que debemos entender por economía crítica (crítica de los planteamientos neoliberales, en particular), pero que se queda bastante corta con respecto a lo que cabe esperar de quien está haciendo una lectura colectiva de un libro tan significativo y radical como el citado.
 

II. Las políticas económicas alternativas en la UE

Miren tuvo la gentileza de mandarnos por adelantado dos textos, que ya se pusieron en la red desde antes de su intervención en el curso. Uno era el texto escrito de su propia ponencia de ayer; y el otro, la versión española del "Euromemorándum 2002", es decir, del último de los documentos que redacta, cada año, el grupo de Economistas Políticos por una Política Económica Alternativa en Europa, al que pertenece activamente desde sus comienzos (hay que recordar que Miren es una de nuestras economistas más internacionales, y hace ya muchos años que pertenece al consejo de redacción de la prestigiosa revista internacional Capital and Class)*. Como ya expliqué en una ocasión las razones por las que, tras haber suscrito el primero de ellos, me negué luego a seguir firmándolos, no es necesario extenderme sobre eso aquí (el lector interesado queda remitido a Guerrero, 2000). Sin embargo, sólo diré al respecto que sé perfectamente que los 4 firmantes (a uno de los cuales, el representante francés (1), tuve como profesor en París en el curso 1984-85) son más "de izquierdas", más radicales en sus planteamientos políticos e ideológicos, de lo que se deja traslucir en esos memoranda, pero hay que reconocer que el lector de cualquier texto debe atenerse a lo que está escrito antes que a lo que piensan los autores del mismo en su fuero interno (entre otras evidentes razones, porque esto último resulta desconocido para la mayoría de los lectores).

Pues bien, hay una cosa muy clara. Sea cual sea la intención de los firmantes del Memorándum –y, lo que más nos interesa aquí, sea cual sea la intención de Miren Etxezarreta–, el resultado aparente es una crítica del neoliberalismo que básicamente debe calificarse de "keynesiana" (siendo el keynesianismo esa variante bien conocida del "paleoliberalismo"). Pero dejemos el Memorándum y vayamos a la exposición de Miren, advirtiendo al lector que en el uso de los adjetivos pretendo ser simplemente descriptivo, no peyorativo. Veamos por qué creo que su intervención fue fundamentalmente "keynesiana" (si bien, con el matiz de que era sin duda un keynesianismo de izquierdas, como el que plantean en general los postkeynesianos).

En primer lugar, Miren hizo un canto a las bondades de las políticas fiscales basadas en el déficit público, especialmente justificadas, en su opinión, en circunstancias de depresión o de bajo crecimiento económico. Ella misma reconoció que el gobierno de George W. Bush estaba siendo más keynesiano en la práctica que los gobiernos actuales de la UE, y no por ello dejó de criticar a Bush. Sin embargo, llegó a afirmar, en passant, que el crecimiento era mayor en EEUU que en la UE gracias al déficit –olvidando que es mucho mayor el déficit en el Japón actual, y sin embargo el crecimiento de este país es cero, como ella misma reconoce en Etxezarreta (2002)–. Y no sólo eso: Miren llegó a decir, como respuesta a una pregunta del público, que llegar a un nivel de gasto público tan alto como el 70% del PIB significaría "casi la revolución". Nuevamente, debía de estar pensando en lo que los manuales académicos llaman la "revolución keynesiana", que muy poco tiene que ver con la revolución a la que aspiramos algunos de los asistentes a este curso.

Otro leitmotiv de la izquierda keynesiana es la defensa del llamado "modelo social europeo" (ya se sabe que la socialdemocracia ha sustituido progresivamente el adjetivo "socialista" por el de "social", que es menos incorrecto políticamente; también ha sustituido el de "empresario" por el de "emprendedor", etc.) y su consiguiente "Estado del bienestar". Esto equivale a criticar el modelo ("antisocial") de los Estados Unidos. Pero ambos polos de la idea no son, en el fondo, sino un tic más de la izquierda, dentro de una estrategia completamente errónea que, en la creencia de estar empleando astutamente el lema clásico del divide et impera, lo único que consigue con ello es dividirse ella misma y ser más fácilmente vencida por el enemigo ideológico. Me explico. Al identificar a los EEUU como el enemigo principal, en el fondo lo que se pretende es "ponerse a la cabeza de los europeos", como si el capitalismo de este bloque –dejando de lado las diferencias de segundo orden que sin duda existen– tuviera objetivos diferentes que el de cualquier otro.

Esto es similar a otros tics bien conocidos. Como el que CC.OO heredó de Marcelino Camacho (o al revés), según el cual el "gran capital" es mucho peor que el "pequeño y mediano" (un potencial "aliado", según esta opinión, cuando lo único que pretende el pequeño capital es convertirse en gran capitalista). O como el otro tic –éste mencionado también por Miren ayer– de que el "capital financiero" es mucho más maligno que el otro (se supone que el industrial y productivo). Pero habría que preguntarse: ¿qué más da que entre los malos deba haber siempre un jefe (que por definición es el más malo de todos), si lo que combatimos es la "banda del mal" en su conjunto (para usar, y divertirnos un poco con ella, la terminología que ha puesto de modo de nuevo Bush hijo)? ¿No se acuerda Miren de lo que escribe Marx en El capital acerca de las fases por las que pasa el capital en su ciclo global, de forma que no puede haber capital financiero sin industrial, ni recíprocamente, porque ambos forman parte de una unidad inseparable?

En el análisis de la inflación, Miren dio una de cal y otra de arena. Hizo muy bien en denunciar la llamada política "antiinflacionista" de la UE (y de cada uno de los países miembros) como el típico discurso retórico y engañoso que usan los defensores del capital para preservar el valor de sus activos, haciendo creer que tratan de proteger a los pobres pensionistas. En ese punto estuvo en sintonía con lo que dice G. Dawson en su magnífico libro sobre inflación y desempleo (véase Dawson, 1992). Sin embargo, ante una pregunta de un asistente sobre las causas de la inflación, no tuvo más remedio que recurrir a la socorrida (y falsa) idea del "oligopolio", esa forma de la teoría de la "competencia imperfecta" (que no es sino un reflejo especular de la "perfecta") con la que demuestra sin quererlo que en el fondo está impregnada también ella, Miren, de la ideología liberal de los manuales que tanto critica (y es que este chapapote es mucho chapapote).

Y es que el oligopolio –o, de forma más popular aun, el monopolio– siempre ha sido un caballo de batalla típico de los liberales en su lucha ideológica en defensa del "sistema competitivo" (es decir, del sistema capitalista). Desde Adam Smith a Milton Friedman (el amigo de Pinochet), podríamos citar a centenas de autores liberales, conservadores y reaccionarios, de todas las décadas intermedias entre la de 1770 y la de 2000, que han sido críticos furibundos de los monopolios, esa categoría analítica paupérrima que el camarada Lenin, para nuestra desgracia, elevó a los altares del marxismo (2). Pero es que pensar que los precios suben debido al "poder de mercado" (o de monopolio) de las grandes empresas no sólo no se ha sostenido nunca sobre bases teóricas serias, sino que tiene en contra toda la evidencia empírica que queramos aportar, y más hoy en día. Por ejemplo, Miren repitió varias veces que la inflación de los Estados Unidos es inferior a la europea (la japonesa es incluso menor, cuando no negativa, como en algunos años recientes): ¿ha pensado Miren que, según su teoría "oligopolística" de la inflación, tendría que concluir entonces que lo que ocurre en EEUU y en Japón es que allí no dominan los monopolios, sino las pequeñas empresas?

Y antes de pasar al apartado final de este comentario, déjeme el lector insistir en la valiosísima aportación que realizó Miren Etxezarreta en términos de denuncia de la política bancaria, capitalista y europea, dirigida a convertir la Seguridad social pública en una Seguridad social cada vez más privatizada, más precaria y más dependiente de los nocivos índices de mercado, que tan fácilmente nos empobrecerán (cuando se haya aprobado la reforma europea en marcha), como así ha ocurrido ya, en los tres últimos años, en los EEUU, donde los pensionistas han visto hundirse el valor de sus pensiones casi al mismo ritmo en que ha estado bajando la Bolsa en ese periodo.
 

III. ¡Y dale con el Estado del bienestar!

Hace unas décadas, a ningún invitado por la Fundación de Investigaciones Marxistas se le habría ocurrido hablar de "Estado del bienestar". Habría pensado dicho invitado que esa expresión es una mera fórmula propagandística dirigida a convencer a los ciudadanos de que el capital, no sólo nos proporciona las maravillas de las que nos hablan insistentemente los neoclásicos –equilibrio general, óptimos de Pareto, competencia perfecta, máxima eficiencia, etcétera, todo lo cual constituye el núcleo de la llamada "Economía del bienestar"–, sino que además se adorna con las supuestas y correspondientes instituciones democrático-burguesas que servirían, según esa interpretación, para proporcionarnos las maravillas complementarias que corren a cargo de la "Economía del Estado del bienestar" (si la primera es neoclásica pura, la segunda es neoclásico-keynesiana).

Sin embargo, décadas más tarde, la ideología liberal ha calado tanto y ha hecho tanta mella en amplios sectores que antes eran inmunes a este virus que hoy nos pasa lo que nos pasa hasta con amigos tan bien equipados como Miren. En esto tienen mucho que ver los gobiernos procapitalistas de los llamados partidos de izquierda (por ejemplo, los del señor González Márquez). Pero no son los únicos culpables. Los afectados por este sida ideológico también son culpables de no autovacunarse con la debida precaución (por ejemplo, leyendo a Marx y a otros autores capaces, en vez de leer sólo a algunos representantes de esa mayoría de marxistas cuya lectura no merece la pena).

Y también es culpable de este pecado todo aquel que desaprovecha la oportunidad de ir al fondo en una crítica y se queda en la superficie. Eso es lo que le reprocho a Miren Etxezarreta. Ella sabe ir al fondo cuando quiere, pero no sé por qué no siempre quiere. Parece afectada por el mismo tipo de enfermedad que aqueja también a nuestro invitado de la semana anterior, Carlos Berzosa. La diferencia es que mientras éste piensa que sólo se puede trabajar por la transformación social desde algún cargo administrativo (por ejemplo, en la propia universidad, pues así se consiguen cambiar pequeñas cosas poco a poco, etc.), Miren parece pensar que el lugar adecuado para dar esa batalla es en el seno de los "nuevos movimientos sociales". Esa es la diferencia, pero también hay puntos en común.

Por ejemplo, en ambos casos se está rechazando expresa o implícitamente una tercera posición que consiste en trabajar por la transformación social cada minuto en que se lleva a cabo el trabajo cotidiano. Carlos Berzosa decía la semana pasada en público, refiriéndose a mí, que "por eso no me sigue nadie y estoy aislado...". Quería decir: "porque no me apunto al carro de la moda que pasa por delante, para decir las cosas demagógicas que a la gente le gusta oír". Pues lo siento, yo no estoy aquí para gustar a la gente sino para decirles mi verdad si me dan la oportunidad. Si la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, lo es porque la gran mayoría de dominados también la comparten, y a mí no me basta esa razón aparentemente democrática para ponerme a pensar como ellos. Debemos pensar por nuestra cuenta porque, si no, puede ocurrirnos como en la antigua Unión Soviética, donde los mismos "líderes" que antes decían que estaban construyendo el socialismo ahora afirman que hay que construir el capitalismo.

Miren no se deja influir tan fácilmente por la vieja idea de que el pueblo necesita líderes que le vayan indicando la senda a seguir (como parece estar pensando siempre Carlos Berzosa). El pueblo sabe o no sabe, pero será él el que querrá o no querrá cambiar, y los que se creen líderes terminarán bajándose del burro cuando se den cuenta de que o son pueblo o no son nada.

Pues no. Trabajar por la transformación social desde los cargos o desde los movimientos sociales son formas de luchar, es cierto. Pero formas "idealistas", formas no maduras de lucha, formas que nacen de la falta de reflexión suficiente para comprender que, en el análisis materialista de la situación, sólo el trabajo que coincide con el trabajo de todos los días puede ser realmente eficaz. Si el trabajo que uno tiene es el de profesor universitario, tiene que luchar por la transformación social en cada clase que da. En primer lugar, cumpliendo sus deberes profesionales mínimos: yendo a clase, yendo a tutorías, teniendo en cuenta sin demagogia la opinión del estudiante, etc. (esto no habría ni que decirlo siquiera). En segundo lugar, no autocensurándose: es decir, no rebajándose a la categoría de crítico parcial si uno es crítico global. Si uno se opone de verdad al sistema, tiene que dimitir del sistema, desertar de él. Mostrar su oposición al mismo en cada momento. No es luchando por pequeñas reformas como se consiguen reformas positivas, sino luchando por la verdad y la democracia auténtica.

En clase, hay que decirles a los estudiantes la verdad siempre, la verdad entera. No limitarse a "cumplir" añadiendo un barniz crítico a lo que dice el manual del premio Nobel (que tiene el Nobel precisamente porque dice lo que no se puede disimular con una capa tan fina de barniz). Hay que cambiar la pintura entera. Hay que denunciar el liberalismo en su conjunto, en sus dos variantes: la que ahora se llama neoliberal y la que hay que llamar y denunciar como keynesiana. Si no, se corre el riesgo de que los estudiantes crean algo falso: que la única crítica eficaz es la reformista (en el sentido de antirrevolucionaria).

Los avances conquistados "por los trabajadores" existen, pero no en la forma en que se piensa habitualmente. Quiero decir que eso puede y suele convertirse en una pura fórmula retórica que usan los lideres sindicales para su autocomplacencia, para reproducirse en su cargo por encima de los auténticos intereses de los trabajadores. Por eso, se rodean de intelectuales liberales (no neoliberales ultras, pero sí liberales moderados e intervencionistas), que les cuentan lo que quieren ellos oír. Por eso nos censuran a los que no les decimos lo que no quieren oír.

Si me deja el lector terminar con un dato personal más, lo haré. Yo, a pesar de ser comunista y anarquista, a pesar de ser un crítico de los marxistas (esa forma "exquisita de liberalismo"), sigo afiliado a CC.OO. desde que empecé a trabajar. Lo estoy a pesar de no estar de acuerdo en nada con sus planteamientos liberales. Lo estoy a pesar de que no me publican los escritos que hago criticando estas posiciones procapitalistas. Pero escribiendo para denunciar esto, diciéndolo en clase si hace falta, únicamente intento ser coherente con el tercer tipo de planteamiento al que me he referido antes. Yo no quiero criticar la sociedad sólo desde los cargos (no quiero cargos en ninguna sociedad, y menos en una que no me gusta y quiero sustituir por otra) o sólo en los movimientos sociales, sean viejos o nuevos (el único movimiento social que me interesa es el de los asalariados sin fronteras, al que contradicen casi todos los NMS existentes), sino en el trabajo de todos los días, en las clases de todas las asignaturas, en los artículos de cualquier oportunidad.

No me harán caso, pero tampoco me callarán tan fácilmente.
 

IV. Una nueva manera de criticar el "Estado del Bienestar"

Hay ya mucha investigación hecha en distintos países sobre el auténtico papel redistributivo del Estado en el interior de los llamados Estados del Bienestar (véase la estupenda Tesis doctoral de Díaz Calleja,1993; y yo mismo también he trabajado ese tema: Guerrero, 1990, 1992). Por tanto, no me parece necesario insistir en este punto, ya que el lector puede ver un resumen de esos planteamientos en Guerrero y Díaz (1998), de donde entresaco el siguiente gráfico, sin desarrollar más la explicación, sino recordando simplemente que v y pv son el capital variable y la plusvalía (categorías marxianas que en estos modelos hay que cuantificar en tres formas diferentes pero íntimamente interrelacionadas para que el resultado alcance su plena validez empírica):

Terminemos con un último comentario. Lo anterior quiere decir que los flujos de ingresos y gastos que recibe el Estado proceden de los asalariados y de los capitalistas. No basta con sumar a los salarios directos los famosos salarios "indirectos" (prestaciones, pensiones...), sino que hay que analizar toda la redistribución en su conjunto. Lea el estudiante los trabajos citados si quiere comprobar lo que hace el Estado de bienestar en la práctica: redistribuir cada vez más, pero sólo en sentido horizontal y no vertical. Es decir, coger cada vez más dinero del proletariado para transferirlo a otros sectores o fracciones de dicho proletariado. A los capitalistas, ni mijita: no le tocan un euro (neto), e incluso, a veces, le regalan alguno si pueden. En eso consiste su "bienestar".

REFERENCIAS

Dawson, G. (1992): Inflation and Unemployment. Causes, Consequences and Cures, Edward Elgar, Aldershot.
Díaz Calleja, E. (1993): Una aproximación empírica a los efectos de la intervención del Estado sobre la distribución de la renta en la República Federal de Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y Japón, para el periodo 1960-1990, Tesis Doctoral, Universidad de Sevilla.
Etxezarreta, M. (2002): "Japón", en D. Guerrero, ed.: Lecturas de economía política, Madrid: Síntesis, pp. 189-192.
Guerrero, D. (1990): "Redditi e spese pubbliche in Spagna", Plusvalore. Studi di Teoria e Analisi Economica, nº 8, Milán, pp. 89-116.
– (1992): "Labor, capital and state redistribution. The evolution of net taxes in Spain (1970-1987)", International Journal of Political Economy, 22 (3), pp. 46-71.
– (2000): "¿Es posible una política económica alternativa dentro del capitalismo?", Filosofía, Política y Economía en el LABERINTO, nº 2, febrero 2000, Depto. Hacienda, Universidad de Málaga, pp. 66-87.
Guerrero, D.; Díaz, E. (1998): "Estado del bienestar y redistribución de la renta nacional en España desde la transición", en E. Alvarado Pérez (coord.): Retos del Estado del Bienestar en España a finales de los noventa. Madrid: Tecnos, 1998, pp. 133-165.


NOTAS

(1) Se trata de Jacques Mazier (Mazier@seg.univ-paris13.fr). Junto a él, firman Miren Etxezarreta (Miren.Etxezarreta@uab.es), el alemán Jörg Huffschmid (Huffschmid@ewig.uni-bremen.de) y el inglés John Grahl (J.Grahl@unl.ac.uk).
(2) Que, insisto, no sólo no tiene casi nada en común con Marx, sino que se creó desde el principio en contra de las ideas de éste.


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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