Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 28.Marzo.2003

Notas sobre Argentina, la competitividad y Omar de León |
Diego Guerrero Universidad Complutense de Madrid

Introducción
"Argentina: aproximación a una crisis histórica"
¿Por qué los tipos de interés son altos en los países subdesarrollados?
¿Por qué el Sur es permanentemente deudor del Norte?
¿Por qué no cabe esperar que esta situación cambie en el marco del capitalismo?
Conclusiones
Referencias bibliográficas Notas

I. Introducción

La intervención de Omar de León en nuestro curso presenta dos notas características en relación con las intervenciones realizadas por otros ponentes hasta ahora. En primer lugar, al tratarse de un tema como la crisis argentina, y adoptar el conferenciante un enfoque esencialmente histórico –una "aproximación a una crisis histórica", la llamó él mismo–, el ponente no entró directamente a debatir aspectos diversos de la teoría económica de Marx o de los marxistas, como sí habían hecho, en cambio, sus antecesores en nuestra tribuna. En segundo lugar, dado que ese mismo día tuve que participar en un Tribunal de Tesis en la Facultad de Económicas (1), no pude asistir al debate que generó la intervención de Omar de León, e incluso me perdí la parte final de su exposición (aunque creo que capté lo esencial de su mensaje, y sólo me perdí algunas referencias al lado político, y no económico, de la misma).
 

II. "Argentina: aproximación a una crisis histórica"

Precisamente, creo que el gran mérito de su exposición estuvo en ese enfoque histórico. Es decir, no se limitó a darnos datos relevantes sobre la evolución de las principales variables macroeconómicas en los últimos años –cosa que también hizo, y resultó imprescindible para hacerse una idea cabal de la magnitud de la crisis desencadenada en diciembre de 2001, con sus episodios bien conocidos y aún recientes en la prensa de los últimos meses (el "corralito", el "corralón", la devaluación del peso, etc.), así como la recesión de los últimos 4 ó 5 años–, sino que se remontó, primero, a una visión de conjunto de la década de los noventa, para luego adentrarse hacia más atrás en el tiempo, e incluso atreverse con la siempre difícil cuestión de los porqués.

En el primer punto, la exposición fue muy clara. Tras una caracterización de la expansión relativa (al menos, en el contexto de América Latina) de la primera parte de la década de los noventa –cuando el país se presentaba como "modelo" por parte de los organismos internacionales que defienden las políticas de "ajuste" que ya analizara Xabier Arrizabalo en su intervención–, resumió la causa de ese éxito relativo en la doble influencia de, por una parte, el efecto de "creación de comercio" asociado a la participación de Argentina en el recién creado MERCOSUR y, sobre todo, en las masivas entradas de nuevo capital extranjero posibilitado por el proceso de privatización de las grandes empresas públicas argentinas que llevó a cabo el gobierno de Carlos Ménem.

En cuanto al repaso histórico de los antecedentes lejanos, la exposición fue, a mi juicio, más brillante aun. Hizo Omar de León un recorrido por toda la historia económica de su país de origen desde principios del siglo XX. Desarrolló la puesta en práctica del modelo de sustitución de importaciones y del consiguiente proceso de industrialización dirigida a la cobertura del mercado interno (no a la exportación, como en los casos de Corea del Sur o incluso de España). Mostró los resultados comparativos de lo que era la economía latinoamericana en el periodo 1950-80 (más dinámica incluso que la de los Estados Unidos entre 1880-1910, debido al rápido ritmo de aumento de la productividad). Analizó la estructura del comercio exterior de Argentina en el contexto internacional. Y finalmente hizo una exposición magistral de cómo fue el sangriento periodo de la Dictadura (1976-1983) lo que puso las bases de la situación actual de crisis.

En efecto. El gobierno que surgió del golpe de Estado de 1976, no sólo reagrarizó el país y llevó a la ruina la industria en muy poco tiempo, sino que multiplicó por cinco el monto de la deuda exterior de Argentina, fundamentalmente debido a dos razones básicas: la financiación de los gastos militares asociados con la guerra de las Malvinas y la cuasi-guerra con Chile, y la financiación del enorme flujo de evasión de capitales hacia el exterior que generó la connivencia de la oligarquía económica con el nuevo régimen militar. Y todo ello sin olvidar la primera "nacionalización" de la deuda externa que se produjo en 1982 (gracias a la intervención del mismo protagonista de la más reciente nacionalización de 2001, el ministro Cavallo), como consecuencia de la elevación de los tipos de interés reales y la crisis de la Deuda que se produjo en toda América Latina en la década de 1980.
 

III. ¿Por qué los tipos de interés son altos en los países subdesarrollados? ¿Por qué el Sur es permanentemente deudor del Norte? ¿Por qué no cabe esperar que esta situación cambie en el marco del capitalismo?

Con todo lo dicho hasta ahora estoy plenamente de acuerdo, y no puedo decir qué vino a continuación porque fue precisamente al llegar a ese punto –cuando Omar prometía adentrarse en el componente específicamente "político" del problema– cuando tuve que ausentarme. Pero sí puedo aprovechar la magistral lección de Omar de León para enlazar con una ausencia que suelo encontrar en la mayoría de los análisis referidos a países latinoamericanos en particular, o a países subdesarrollados en general.

Muchos autores –y también lo hizo nuestro invitado de ayer– dan por sentado que un país pobre tiene que sufrir problemas de "competitividad", pero o bien no se adentran en las razones de por qué esto tiene que ser necesariamente así, o bien se detienen sólo en el aspecto más periférico del problema, que es el que tiene que ver con el comportamiento de los niveles relativos de precios y con la evolución del tipo de cambio nominal entre la moneda del país implicado y la de sus principales socios comerciales. Por tanto, tenemos ahora la oportunidad de intentar profundizar un poco más en esta cuestión.

Como esto lo he analizado con detenimiento en varios lugares (véase Guerrero, 1995, 1996, 2002), me limitaré a hacer un apretado resumen de mis tesis, recordando que las mismas no son sino una prolongación de la línea de análisis abierta por Shaikh (1979/80, 1996, 2000) y desarrollada también por otros autores (Mejorado, 1996; Cabrera, 2002; Román, 1997, 2002).
 
 

Lo que aporto yo es simplemente una exposición gráfica que ayuda a comprender el meollo de la cuestión; así que me limitaré aquí a glosar este aparato geométrico que posee, en mi opinión, una gran potencialidad analítica. En la figura 1 parece que uno tiene delante un ejemplo más del casi ubicuo modelo neoclásico, con las tradicionales curvas de producción y costes de la empresa, la oferta y la demanda de mercado a corto plazo, etc. Pero, como se explica en las referencias bibliográficas citadas, los supuestos teóricos de partida son tan distintos que en realidad significan una concepción alternativa de la empresa, de la competencia y del comercio internacional, todo ello basado en la teoría laboral del valor (TLV) y en el principio de la ventaja absoluta, que no es sino el desarrollo de la TLV en el ámbito "internacional". El resultado final es, como vamos a ver, la necesidad del desarrollo desigual mundial, así como el incremento de la desigualdad entre el Norte y el Sur, pero precisamente como consecuencia lógica de hacer que el análisis arranque a partir del principio general del intercambio de equivalentes (no del intercambio desigual, como se suele afirmar desde otras posiciones teóricas).

Fíjese el lector que en la figura a hay simultáneamente dos funciones de producción de la empresa, y no una. Como todas, estas funciones de producción sólo se pueden dibujar para un tamaño dado de la empresa (es decir, una que se supone que los factores fijos están dados en tamaño y cantidad). Pero a diferencia del modelo neoclásico, aquí suponemos que hay simultáneamente más de una técnica en el sector analizado (modelo de equilibrio parcial). Este supuesto de la pluralidad de técnicas, y por consiguiente pluralidad de estructuras de costes y de beneficios de las empresas del sector, es completamente ajeno a la Microeconomía neoclásica, que es completamente incapaz de tomar en consideración la existencia del cambio técnico desde el principio. Aquí, por el contrario, se supone que la técnica cambia continuamente en el tiempo real, de forma que en cada momento del tiempo habrá unas empresas con una técnica más avanzada que otras: eso es lo que permite ver la representación de las dos funciones de producción de la figura (a).

En las figuras (b), (c) y (d), se derivan las curvas de costes a corto y largo plazo de las empresas correspondientes. Nuevamente, a diferencia del modelo neoclásico, no hay una única envolvente (curvas "a largo plazo"), puesto que ahora permitimos que varíe no sólo la escala de la empresa sino también la técnica que utiliza ésta al producir. Por tanto las dos envolventes de la figura (c) con las curvas de costes totales a largo plazo correspondientes a la empresa que usa la mejor técnica (la curva x) y a la que emplea la técnica peor (la m); y lo mismo ocurre con las curvas de costes medios "a largo plazo" (figura (d)). En realidad, los costes medios de la Economía neoclásica son precios, más que costes, ya que incluyen como coste lo que llaman el "rendimiento normal" (o tipo de interés, teóricamente equiparado a la tasa de ganancia media de la economía). Por consiguiente, esto no es sino el "precio de producción" que se obtiene individualmente con cada una de ambas técnicas utilizadas en el sector.

Si ahora suponemos simplemente que la empresa x (que utiliza la técnica x) está situada en un país rico, mientras que la m se localiza en un país pobre, podemos analizar el aspecto internacional de la cuestión como una continuación directa de este mismo instrumental gráfico. Supongamos primero que sólo hay dos países en el mundo, y que existe autarquía total en ambos casos. Entonces, en cada uno de los mercados se formará un equilibrio interno ajeno a todo "mercado mundial" (inexistente en este supuesto), y definido en cada caso por el mínimo "coste" medio a largo plazo de cada empresa. Esto se refleja en las figuras (e) y (f), que representan respectivamente la situación del país pobre y del rico, donde los equilibrios de precios y cantidades vienen determinados por los respectivos puntos de intersección de sus curvas de demanda y oferta nacionales.

Supongamos ahora que ambos países acuerdan una libertad total de comercio entre ellos. Esto significa que se forma automáticamente un mercado mundial donde los precios más bajos se imponen al haber libre competencia en todo el mundo. Por consiguiente, el país pobre podrá acceder al consumo de una mayor cantidad de la mercancía en cuestión, pero sólo gracias a que el exceso de demanda que ahora provoca el nuevo precio mundial (px) se cubrirá con importaciones procedentes del país rico, que es capaz de fabricar a ese precio la cantidad q*, suficiente para abastecer tanto su mercado interno como la demanda de importaciones procedente ahora del país pobre (igual a las propias exportaciones del país rico). Este desequilibrio comercial va a tener consecuencias muy distintas para ambos países en términos de producción, empleo y tipos de interés. Veamos

El país pobre, caracterizado por una técnica industrial menos desarrollada y por altos costes relativos de producción, verá cómo se reduce su producción interna, y cómo el país rico se hace con el grueso de su cuota de mercado interior. A esa caída en el mercado de las empresas nacionales se sumará una caída del empleo en el sector productivo del país pobre. Por su parte, el país rico aumentará tanto su producción como su empleo. Y todo ello se puede mantener porque el país pobre se endeuda con el país rico. Como no se puede suponer que las reservas que tiene el primero son infinitas, sólo podrá ser importador neto de forma continua en tanto en cuanto sea capaz de exportar oro o de importar capital crediticio del país rico (en ambos casos, el país pobre se endeudará). Además, al país pobre le interesará endeudarse con el país rico porque los tipos de interés estarán más bajos en éste (gracias al exceso de liquidez que puede provocar precisamente la llegada del oro desde el país pobre), mientras que la menor liquidez relativa que eso mismo acarrea en el país pobre estará presionando al alza sobre sus propios tipos de interés internos.

Por consiguiente, el país pobre, intercambiando libremente con el país rico sobre la base del principio del intercambio de equivalentes (no del intercambio desigual), se convierte en importador y deudor, mientras que el rico se hace exportador y acreedor. En contra de la ilusión que nos quieren trasmitir los economistas neoclásicos, estos desequilibrios no se corrigen por ningún mecanismo automático de variación de los precios nacionales (como pensaban Hume o Ricardo, y siguen pensando los teóricos neoclásicos defensores de la teoría cuantitativa del dinero), sino todo lo contrario. Si la situación que describe la figura 1, referida a un mercado (mercancía) particular, es generalizable a la mayoría de las mercancías que son objeto del comercio mundial, el resultado será necesariamente que los países pobres (como conjunto) tendrán tendencia al déficit comercial estructural, mientras que los países ricos (como conjunto opuesto al primero) tenderán a ser exportadores netos y a tener una balanza comercial y corriente favorable.

Por supuesto, esta versión actualizada del principio de la ventaja absoluta no desconoce que todos los países tienen sin duda ventajas absolutas en algunas mercancía. Pero sabe que lo más probable es que se trate de ventajas en bienes minerales, vegetales o animales de los que los ha provisto directamente la naturaleza, o bien en algunos de los productos "industriales" que están inmediatamente vinculados a los primeros (por ejemplo, el turismo en los países con condiciones de clima y playa apropiados; o, como decía el propio Omar de León, las galletas en vez del trigo, y la mermelada en vez de la fruta). Pero resulta que en el panorama del comercio mundial realmente existente, la inmensa mayoría de los intercambios se refieren a productos en cuya producción cuenta sobre todo la técnica productiva utilizada. Y en esas mercancías son los países ricos los que tienen toda la ventaja, dado que son ellos los que concentran cada vez más el grueso de la investigación científica y técnica (y sus resultados, empezando por los equipos productivos correspondientes que permiten el desarrollo de las fuerzas productivas, y por el grado de formación general y específica de su fuerza de trabajo, que ha de ser compatible y adecuado a ese nivel de desarrollo).

Partiendo de este modelo –teoría laboral del valor y su dimensión internacional: la ventaja absoluta, en vez de la ridícula "ventaja comparativa" inspirada en una concepción irrealista del dinero–, se comprende ahora por qué las desigualdades entre los países ricos y pobres (o Norte y Sur, o Centro y Periferia, como prefiera el lector) son, y tienen que ser, cada vez más importantes y crecientes. Por tanto, podemos concluir que, al igual que la plusvalía y la explotación del trabajo son consustanciales con el intercambio de equivalentes en todos los mercados (véase la prueba en Marx, 1867), el desarrollo desigual mundial es un resultado necesario del mundo capitalista aunque los países miembros lleven a cabo sus intercambios sobre la base del intercambio igual.

Evidentemente, un país pobre, importador y deudor, estará cada vez más obligado a hacer concesiones al país rico, exportador y acreedor. Si éste le exige primero concesiones mineras o de servicios urbanos, lo más probable es que tarde o temprano termine "pidiendo permiso" para instalar sus filiales y, como dirán los propios receptores de estos flujos de capital, "crear puestos de trabajo". En todo el proceso, por consiguiente, la renovación y reproducción de la desigualdad estructural no sólo se mantiene sino que se amplía. Y la causa es que esta desigualdad se refuerza porque la dependencia técnica y financiera sólo viene a reforzar el círculo vicioso de la dependencia productiva y comercial. Los organismos internacionales, administrados como están al servicio de los intereses de los países ricos y poderosos en un mundo donde la democracia brilla por su ausencia, obligan a los países pobres a "ajustar" con toda la dureza necesaria sus economías (es decir, a sacrificar cada vez más severamente al grueso de su población y, especialmente, a los trabajadores) para volver al raíl del que descarrilan de vez en cuando en el viaje sin fin que han emprendido todos hacia el mito de un desarrollo imposible (o más exactamente, un desarrollo que es materialmente posible, pero que estará cada vez más retrasado en relación con el ya alcanzado por los países más ricos), o, con más precisión, imposible en el marco del sistema capitalista que padecemos.
 

IV. Conclusiones

Evidentemente, las enseñanzas de este modelo deben tenerse por lo que son: las de un "modelo". La realidad histórica siempre es mucho más rica, y en ella se dan los necesarios ejemplos particulares que parece salirse de la norma, aunque lo único que hacen es confirmarla. Mientras los apologistas del sistema de mercado ponen una y mil veces el ejemplo de Corea y los tigres asiáticos, no está de más recordar de vez en cuando el contraejemplo que ofrecen Argentina y los demás gacelas latinoamericanas. En particular, Argentina es un país que ha pasado en un siglo de ser uno de los primeros en todo el mundo (en términos de renta per cápita) a estar en una situación realmente desastrosa.

Pero más allá de las experiencias históricas concretas, el modelo nos dice otras cosas que se pueden resumir fácilmente. Un sistema basado en la libre competencia y en la empresa privada –o sea, el capitalismo– no sólo no puede resolver la creciente desigualdad, por mucho que traiga a colación el Estado cuando se trata de esto, sino que la crea y recrea cada vez con más fuerza. Precisamente, la desigualdad real se produce como consecuencia del esfuerzo conjunto del mercado y del Estado, que siempre operan sustancialmente al unísono en su función mutua y cooperadoramente reproductora y sistémica.

La competitividad, por otra parte, significa que en el capitalismo la veda estará permanentemente abierta para la caza del (país) pobre por el (país) rico. La "mano invisible" que dirige y reproduce el sistema significa en el plano internacional lo mismo que en el interno: que cada cual se tiene que buscar sus propios intereses sin pedirle al vecino ningún tipo de ayuda. Los doctrinarios del liberalismo piensan que eso es el mejor método para conseguir la eficiencia mundial. Sus apoyadores, los socialdemócratas (véase, como ejemplo, Espina, 1995), insisten en que hay que corregir esos desagradables "efectos colaterales" del mercado por medio de una piadosa intervención "social" del Estado, o con un gobierno político e institucional (mundial) de la globalización que vele por los intereses populares. Pero ya sabemos qué manera de velar tienen dichos intereses; así que les decimos: "váyanse, señores liberales y socialdemócratas, que queremos construir la democracia y por tanto eliminar y suprimir el capitalismo".


BIBLIOGRAFÍA

Cabrera, Ó. (2002): La competencia internacional: factores explicativos de la competitividad industrial en los países del mercado común centroamericano, Tesis doctoral, Universidad de Sevilla.
Espina, Á. (1995): Hacia una estrategia española de competitividad, Fundación Argentaria-Visor Distribuciones, Madrid.
Guerrero, D. (1995): Competitividad: teoría y política, Ariel, Barcelona.
Guerrero, D. (1996): "La técnica, los costes, la ventaja absoluta y la competitividad", Comercio Exterior, 46 (5), México, mayo, pp. 400-407.
Guerrero, D. (2002): "Comercio internacional y competitividad", en Lecturas de economía política, ed. Diego Guerrero, Madrid: Síntesis.
Marx, Karl (1867). El capital, Vol I. Fondo de Cultura Económica, 1959.
Mejorado, A. (1996): Los determinantes micro y macroeconómicos del déficit comercial español (1954-1994), Tesis Doctoral, Madrid: Universidad Complutense.
Román, Manuel (1997). Growth and Stagnation of the Spanish Economy. Aldershot, Hants, England: Avebury, Ashgate Publishing Ltd.
Román, Manuel (2002): Heterodox Views and Cycles in the Spanish Economy, Aldershot: Ashgate
Shaikh, A. (1979/80): "Foreign trade and the law of value" (2 partes), Science and Society, otoño 1979 y primavera 1980.
Shaikh, A. (1996). "Free trade, unemployment and economic policy", en J. Eatwell (ed.), Global Unemployment. Armonk, New York: M. E. Sharpe.
Shaikh, A. (2000): "Los tipos de cambio reales y los movimientos internacionales de capital", en D. Guerrero (ed.): Macroeconomía y crisis mundial, Madrid: Trotta.


N O T A S

(1) Se trataba de la Tesis de un compañero de Departamento, el profesor Manuel Barragán, que recibió un "sobresaliente cum laude" por su muy interesante trabajo sobre "Economía y matemática; productividad, trabajo y distribución de la renta. Un estudio crítico", dirigido por Carlos Berzosa, otro de los ponentes de nuestro curso.


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

<<< HOME