Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 28.Noviembre.2002


EPISTEMOLOGÍA MARXISTA | Francisco José Martínez, FIM, UNED (*)

Hoy me voy a centrar en la epistemología (filosofía de la ciencia, teoría de la ciencia) y gnoseología (conocimiento natural, de los individuos aislados) en la obra marxiana. Yo me voy a referir a ambas a lo largo de la tradición marxista.

Normalmente los materialistas ontológicos suelen ser realistas epistemológicos. Vienen a decir que hay una realidad exterior al sujeto que conoce y que, en principio, es independiente del mismo. Pero los materialistas también reconocen que el que conoce está dentro de la realidad, es un elemento de ella. Los realistas piensan que 1) la realidad conocida es, en principio, independiente del sujeto y 2) el sujeto puede conocer parte de la realidad con una cierta finura, que es posible el conocimiento y hay una cierta posibilidad de conexión. Ahora bien, ¿por qué lo que conocemos no es exactamente la realidad? Por que conocemos siempre a través de medios, de elementos que introducen mediaciones en el ámbito sensible. La realidad está ya sesgada en el ámbito sensible (por nuestros cinco sentidos) y luego existen otro tipo de mediaciones sociales más finas (el lenguaje y la ciencia, por ejemplo). Más que reproducir la realidad, más que una “teoría del reflejo” se hablaría de “re-figurar” la realidad. Diferentes culturas y personas ven cosas distintas pero también la ciencia funciona. En este sentido, el marxismo es un realismo gnoseológico. Admite que el sujeto está dentro del objeto pero también la accesibilidad del conocimiento.
Pero, el conocimiento para Marx no es un elemento puramente cognoscitivo o contemplativo sino que tiene siempre una dimensión práctica y pragmática dirigida a la transformación de la realidad. Este es un punto importante. La realidad es conocimiento aplicado, la ciencia es para Marx conocimiento ligado al interés revolucionario y transformador. Que teoría y práctica estén unidas es otro elemento propio del marxismo que lo distingue del resto de teorías. Nuestro conocimiento es pragmático, tiene el objetivo de transformar.
Luis Martín Santos (no el novelista sino el filósofo de Burgos) insiste también en el conocimiento como mediación. Siempre hay un salto entre la conciencia y la realidad material exterior. Ese salto es lo que intenta superar el conocimiento a través del trabajo intelectual. Marx no es un empirista grosero ni tampoco es un positivista. Admite que los datos o los hechos no son puros, son construidos basándose en intereses transformatorios. El conocimiento no es un reflejo pasivo sino el producto de una actividad. Todo conocimiento es siempre derivado de la actividad del sujeto. No es una recepción pasiva, no nos impregnamos de la realidad exterior. Es una actividad crítica, que criba, que separa, que elige, que selecciona, que segrega.

Otra cosa importante en Marx es la capacidad de conocer con el criterio de verdad (o uno de los criterios fundamentales de verdad) que es el de la práctica. La práctica es una especie de bucle que confirma o apoya el tipo de conocimientos que tenemos. Es un mecanismo que nos sitúa y nos corrige en la búsqueda de la verdad.

El segundo punto, más epistemológico, sería la noción de ciencia en Marx. Marx tiene un texto en el cual viene a decir que la ciencia es necesaria porque, dicho técnicamente, la esencia no coincide con los fenómenos. Lo que se nos da de forma empírica, en las cosas físicas y los hechos sociales, no son elementos que exhiban al exterior lo que son en realidad. Es una dualidad filosófica entre apariencia y realidad, entre esencia y fenómenos. Detrás de lo que se presenta está la esencia que es lo que realmente constituye al objeto. Marx piensa que si el empirismo más radical tuviera razón solamente con contemplar veríamos las esencias y no haría falta la ciencia. Hace falta una actividad práctica metódica que pueda trascender los fenómenos para llegar a la realidad. Es la “hermenéutica de la sospecha” en palabras de Paul Ricoeur. Son Marx, Nietzsche y Freud los que no se creen lo que inmediatamente ven sino que suponen que la esencia está siempre oculta (“a la verdad le gusta ocultarse”) y hay que desvelarla. Además, habría que añadir que el conocimiento es siempre contextualizado y, por tanto, está sometido a unas determinaciones y constricciones. La ciencia marxiana, a diferencia de otras corrientes sociológicas, procura ser consciente del punto de vista desde el que observa (tomando partido frente a la situación social) la realidad y trata de conocer.

Hay un artículo de Manuel Sacristán que trata el tema de qué nociones de ciencia utiliza Marx y que salió por primera vez en “Materiales” (una revista de los años 70). Ahí Sacristán dice que en la noción de ciencia en Marx se unen tres tradiciones, tres matrices teóricas.

a) En primer lugar, la ciencia que intenta hacer Marx en el sentido de la ciencia positivista, la ciencia empírica normal, cientificista. Un marxista italiano (de la Volpe) hablaba del marxismo como el “galileismo moral” (Marx fundó, como Galileo, una nueva ciencia). Marx es el Galileo de las ciencias humanas y sociales.

b) Una segunda noción de ciencia deriva de su tradición alemana, de corte hegeliano, como ciencia total, como ciencia filosófica que busca la totalidad. El modelo fundamental es el de Hegel, totalidad pero con composición y conexión (colocando las piezas en su sitio). La ciencia no es una mera aglomeración de datos. Es la tradición alemana de ciencia moderna. Marx no es un sociólogo puro ni un filósofo puro ni un economista puro, lo que él hace es componer una totalidad encajando todos esos elementos.

c) El tercer tipo de ciencia que confluye en Marx viene también de la izquierda hegeliana, de Feuerbach, Strauss, Bauer y Schiller y es la idea de crítica. La ciencia como crítica, como continuación de la crítica religiosa (Feuerbach) descubriendo el elemento humano que hay detrás de la construcción divina. Tras la crítica religiosa, ideológica y filosófica venía la crítica política (los Anales franco-alemanes). Y tras la crítica política (que, al principio, era liberal) viene un paso superior, otra vuelta de tuerca, la crítica social (anticapitalista). En ese tercer nivel de crítica ya no le acompañan el resto de hegelianos sino que lo realiza Marx solo aunque conserva la misma dimensión práctica, activa y transformadora. Esos son los tres elementos que se entrecruzan en la idea de ciencia que maneja Marx en los que se observa la influencia de la ilustración escocesa (Smith y Ricardo) en la parte empirista y positivista, del idealismo alemán y hegeliano en la parte de ciencia como totalidad y el influjo de la izquierda hegeliana en la noción de crítica.

A continuación hubo dos corrientes o escuelas que se dedicaron a analizar la ciencia en Marx. Una bastante poco conocida que es el grupo de Toffman (con Novak al frente). Es importante recordar que en los países del Este hubo una serie de grupos de marxistas críticos que se enfrentaban (a pesar de la represión) a la doctrina oficial y más ortodoxa del estalinismo (Kolakowski en Polonia, Bloch y Havemann en Alemania o Lukacs y la Escuela de Budapest, por ejemplo). Estas visiones heterodoxas se centraron en zonas algo marginales (desde el punto de vista ideológico dominante en el partido) como la estética, la filosofía del lenguaje, la literatura, la lógica o temas por el estilo. También hubo intentos de contactar con teorías no marxistas como, por ejemplo, con la filosofía de la ciencia, con el humanismo o con la fenomenología de Husserl. Casi todos ellos emergieron, como ya hemos dicho, en países del Este.

La escuela de Toffman interpreta lo que hace Marx, la ciencia marxiana, como un método de idealización. Parten de una construcción teórica e ideal y luego van añadiendo (concretándolo), adecuándolo a la realidad. Por ejemplo, en “El Capital” se parte de la idea abstracta de mercancía (o la de plusvalor) y luego se van agregando condiciones para ir adecuándolo a la realidad. Abstracción inicial y concretización gradual. Se parte de una idealización, de una idea elemental o de un pensamiento para ir acercándonos, paso a paso, a lo real. Es una ruptura con el sentido común, como decía Bachelard. Y es precisamente lo que hacía Galileo: partir de un tipo de movimiento idealizado y luego va añadiendo condiciones que lo acerquen, cada vez más, al mundo real. Se va desde modelos, esquemas o tipos ideales y se va enriqueciendo al concretizarlo. Desde el modelo de capitalismo abstracto o “de pizarra” (con sólo dos clases: burguesía y proletariado) y se va viendo, en función de la historia, las formaciones sociales concretas en un lugar y tiempo determinado, en una coyuntura concreta. Cuando entra la empiria en los modelos sencillos se hacen densos, el esqueleto se rellena de carne. Los italianos fueron los que recogieron y recuperaron principalmente a estos pensadores marxistas del Este.

Hay otro modelo, el de Althusser, que aunque en la práctica parece bastante distinto parte de unas concepciones bastantes similares. Althusser recoge mucho de la tradición epistemológica francesa (Bachelard) para el que la ciencia, lejos de ser un refinamiento del sentido común, es la ruptura radical con el mismo. Para Althusser y su escuela hay una ruptura fuerte entre ideología y ciencia. A pesar de que es una distinción algo burda y luego Althusser se desdijo un poco dio mucho juego y se escribió mucho sobre el tema incluso aplicándolo a la obra entera de Marx (la fase pre-científica y la fase científica). Se habla entonces de un primer Marx filosófico (e incluso político) y luego de un Marx científico (el bueno, el que interesa). Dejando de lado las polémicas, lo cierto es que se produce una reestructuración en los objetivos teóricos de Marx: del humanismo al “Marx de teorema” (según Manuel Sacristán). Aunque la separación no es total sí que podemos hablar de dos capas, de un cierto corte. Korsch, el Korsch último, el de los años cincuenta también se apunta a esta concepción en la que Marx aparece como un científico social, en la que lo importante es su aportación a las ciencias sociales.

Althusser elabora toda su noción de “práctica teórica”, de la lucha de clases en la teoría retomando a Lenin y a Marx, posicionándose como un comunista que hace filosofía. La teoría es un campo de fuerzas en el que yo me coloco. Althusser habla de tres generalidades: la práctica teórica consiste en hacer trabajar la teoría (la “generalidad dos”) sobre la materia prima ideológica (la “generalidad uno”) para producir lo concreto del pensamiento, los conceptos (que era lo que él llamaba la “generalidad tres”). Se partía de un elemento ideológico y no científico. El punto de partida es también antipositivista y antiempirista, es una generalidad, es un cierto nivel de abstracción. No son hechos brutos sino hechos ideologizados (generalidad uno). El instrumento de trabajo es la teoría (generalidad dos) que produce un discurso acabado, la ciencia (generalidad tres). Al hacer trabajar la generalidad dos sobre la uno genera la tres, un concreto de pensamiento, depurado ya. Se trata de producir a partir de lo abstracto la concreción del pensamiento. Esto tiene varios puntos de contacto con Popper que también parte de conjeturas e idealizaciones para luego ir a la realidad y confrontarla, en función de cómo me responde y me modifica ésta los datos iniciales se va convirtiendo el problema inicial y se va enriqueciendo. Y así se vuelve a aplicar el mismo sistema o método. La teoría no se extrae inicialmente de la realidad sino que se construye a priori (antipositivismo) y se va contrastando.

Esos son dos modelos de epistemología marxista en los años sesenta y setenta. Recibieron diversas críticas y discusiones intensas. Se consumió mucha pólvora en cuestiones como si el marxismo era una ciencia o no, la interrelación entre acción práctica y teorización epistemológica (a veces paralizante), cuál era la especificidad o el estatuto de las ciencias humanas y sociales, etc. La epistemología, durante un tiempo, llegó a esclavizar casi toda la práctica teórica ya que exigía toda una serie de vueltas y reflexiones sin salida o sin producción concreta. Aún así fueron debates muy interesantes y enriquecedores.

(*) Trascripción realizada por Igor Sádaba


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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