Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 05.Abril.2002


¿Cómo deshacernos de una vez del "marxismo"? |  Jorge García López, UCLM

Amigos, me van a perdonar pero, además de tocarles las narices con un título tan políticamente incorrecto en este contexto, voy a empezar planteando tres protocolos sobre algo tan gastado y desgastado como el comunismo.

El comunismo, desde la lectura de Marx que aquí se va a reivindicar, consiste en una trayectoria estratégica que arma no sólo una dirección política o un "tratamiento", sino también un punto de vista heurístico, es decir, una determinada manera de enfrentar y confrontar los problemas de la naturaleza del trabajo, la dominación y la explotación en las sociedades capitalistas o, si se prefiere, un "diagnóstico". Empezamos pues, si les parece bien, la casa por este tejado:

Dos contradicciones esenciales caracterizan, según Marx, ese depliegue: a) la dialéctica contradictoria entre el tiempo histórico y el tiempo abstracto, que coloca progresivamente la producción material de la riqueza del lado de los conocimientos, los procedimientos y los automatismos sociales (tiempo histórico) en detrimento del gasto de tiempo de trabajo directo (tiempo abstracto) (5); b) la dialéctica entre la división técica y la división social del trabajo y sus correlatos: la separación acentuada de los trabajadores y los puestos de trabajo o funciones productivas. Separación (trabajos / fuerzas de trabajo) que resquebraja y dificulta tendencialmente la progresión de los "idiotismos de oficio" (es decir, las posibilidades de sobreinversión subjetiva en el trabajo en tanto "trabajo concreto") mediante el avance del proceso de movilización generalizada de las fuerzas de trabajo (6), esto es, por la tendencia a la conversión de todo trabajo especializado en mera "disponibilidad para el empleo". Llegados a este punto podemos ahora volver la vista sobre los "marxismos" y preguntarnos cabalmente sobre su actualidad. La distancia del grueso de los marxismos históricamente dominantes con los tres protocolos expuestos desde nuestra apreciación de la dirección estratégica implícita en el comunismo marxiano no podría ser mayor: Así, al igual que para el sentido común obrero, para los marxismos históricamente dominantes el "trabajo" se ha presentado como una entidad o sustancia que desde fuera de la historia proyectaba tanto un principio de crítica a su realidad en la sociedad actual (el "lado malo" del trabajo) como una esperanza de superación de la misma mediante la inversión de sus tendencias (el "lado bueno" del trabajo) (7). Desde el primer punto de vista, desde la crítica, el modo de producción "capitalista" se realizaría mediante la separación arbitraria entre el hombre creador y su actividad, y sus obras, lo que generalizaría un sentimiento de ajenidad entre los individuos y sus actividades, problemática traducida académicamente bajo la rúbrica de la alienación. Por otro lado, esta misma separación, condicionada por la expropiación a los productores directos de sus medios de producción y su consiguiente monopolio en manos privadas, generará las condiciones para la no-devolución íntegra a los operarios del valor producido, para el "robo" o la "usurpación", que constituiría el beneficio de los propietarios. Desde el segundo punto de vista, desde las potencialidades atribuidas al "trabajo", tanto la reconstitución del dominio de los operadores sobre las formas de sus operaciones como la devolución a los trabajadores del control sobre el valor íntegro de lo producido, constituyen los dos ejes sobre los que se vertebran las posibilidades de recuperación de su unidad ontológica (trabajo = trabajador; obras = productor), que se nos presenta como coyuntural y artificialmente fracturada bajo el modo de producción capitalista (8). El trabajo concreto y su contenido, y por ello, de rebote, sus portadores o propietarios "naturales", los trabajadores, emergen como los demiurgos que, en última instancia, orientan la historia. El horizonte político de dichos discursos se agotaba entonces en la posibilidad futura de la disolución de la empresa capitalista en su pretendida antagonista natural, la comunidad obrera.

Podemos ahora, por último, preocuparnos por los cimientos que sostienen estos otros tejados. El marxismo históricamente hegemónico, tal y como lo hemos presentado, se cimenta sobre tres "cajas negras" o sobre-entendidos que es necesario y posible destripar desde el propio Marx:

Por su parte, el desarrollo de las "fuerzas productivas" comprometido por el despliegue procesual de la forma valor de las relaciones sociales, esto es, por el despliegue y dirección históricas inmanentes al Capital, refiere -no a la producción en general sino- a una mutación histórica ("subsunción real del trabajo en el capital") que afecta las relaciones entre las dos dimensiones por las que necesariamente el valor que produce valor se encuentra obligado a transitar: por la dualidad de la producción como proceso de trabajo y proceso de valorización. La productividad ligada a la dimensión concreta del trabajo se expande bajo la forma de conocimientos, dispositivos y automatismos técnico-industriales, recortando incansablemente la base fundamental -el gasto de tiempo de trabajo abstracto directo- desde la que se genera el plusvalor y se retroalimentan los circuitos de la valorización (14). Enfocado el problema desde este punto de vista, las "trabas" que pudiese suponer la permanencia del tiempo de trabajo abstracto como criterio regulador de la producción y la reproducción sociales sobre las formas de producción de riqueza en su forma material, ni implican dinámica alguna de auto-superación automática, ni pueden ser reducidas a un fenómeno de carácter exclusivamente tecno-económico. En realidad ellas arman un conflicto netamente político y social que compromete tanto las formas sociales de producción como las formas sociales de apropiación y disfrute de la riqueza social y, concretamente, la estructuración y distribución de los tiempos sociales en los que se realizan dichas producciones, apropiaciones y disfrutes. Este presupuesto ha venido generalmente apuntalando uno de los ejercicios favoritos de los "marxistas": pegarle en la cabeza a todo economista vulgar que se atreviese a asomar la suya, con el carácter esencialmente contingente, ideológico y siempre sujeto a "relaciones de fuerza" de toda tendencia, proceso o determinación "económica". Ahora bien, una cosa es que la pretendida independencia de la economía respecto de las relaciones sociales sea una entelequia, y otra, bien distinta, que la socialidad a revelar en lo económico tenga que venir caracterizada exclusivamente por una "contingencia" y una "intencionalidad" presumiblemente inscritas y/o consustanciales a toda práctica en tanto práctica "social". Al menos desde El Capital la lectura que hace Marx del problema es bien otra: la socialidad a revelar tras las aporías de la economía política no sólo es aquella que sirve para denunciar el carácter "apologético" e "ideológico" de sus conceptos y explicaciones sino también la que es capaz de desvelar la necesidad social subyacente a las mismas.

Así, los conflictos de clases entre los propietarios de los medios de producción y los propietarios de la fuerza de trabajo son leidos en El Capital fundamentalmente desde las dinámicas socio-económicas (Capital) inscritas de manera inmanente en el desarrollo de formas (valor) y gramáticas (dinero) de orden procesual, abstracto, estructural y societal (15), y cuyas direcciones resultan irreductibles al sumatorio de las jugadas, estrategias o prácticas de los agentes concernidos por dichas dinámicas, necesitando y contando sin embargo necesaria y permanentemente con ellas para su propio desarrollo. Es preciso, por lo tanto, desechar cualquier intento de fundamentación ontológica de la actividad política transformadora en tal espacio o en tales posiciones sociales privilegiadas: la determinación esencial del sujeto transformador posible es una determinación de orden político (por construir) que ancla en fracturas, tensiones y posibilidades objetivas de orden procesual, abstracto, estructural y societal, que atravesando obviamente a los sujetos, sin embargo, no les capacitan en y por sí mismas con ninguna conciencia revolucionaria "en sí" o "para sí" (16).

Resultará claro ahora que los autores y debates que han alimentado la lectura que he intentado establecer y, parcialmente, desarrollar aquí no se sitúan al margen de todo marxismo, sino que, de hecho, se alimentaron y crecieron desde dentro del propio marxismo -sin llegar a alcanzar nunca, sin embargo, el rango de "escuela" o "tendencia" dentro de él-. La provocación que se armaba con el título y la presentación inicial puede ser entonces, si aún fuese necesario, matizada: la preocupación aquí articulada por "deshacernos del marxismo" no es hoy por hoy comprensible y articulable más que desde los contextos sociales en los que el "marxismo" se desarrolló y desde las esperanzas y luchas que contribuyó, en parte, a alimentar. Pero ni debe, ni quiere por ello agotarse en él; esto es, ni quiere ni debe agotarse en un proyecto de refundación de una ortodoxia o discurso canónico "marxista" de nuevo cuño. La estrategia que les propongo a continuación para desembarazarnos juntos de aquel "marxismo" -en forma de eslogan- es también en este sentido una estrategia necesariamente "marxista" -vista desde fuera-, si bien de permanenente vocación "marxiana" -vista desde dentro-: "dejemos a un lado y de una vez por todas la crítica al capitalismo desde el punto de vista del trabajo y empecemos a pensar críticamente el capitalismo desde una crítica al trabajo mismo; no nos ciñamos a una crítica de las formas de dominación del trabajo y desarrollemos una crítica al trabajo como fundamento de la dominación y la explotación capitalistas" (17).

BIBLIOGRAFÍA BASICA:
NOTAS:

(1) "La comprensión de la negación determinada del capitalismo implicada en el despliegue de las categorías de Marx en El Capital corre en paralelo con lo que ya presentó en los Grundisse. En este último, caracteriza una posible sociedad post-capitalista en los términos de la categoría de tiempo "disponible": « por un lado, el tiempo de trabajo necesario será medido por las necesidades del individuo social y, por el otro, el desarrollo del poder de la producción social crecerá tan rápidamente que, incluso aunque la producción sea ahora calculada en beneficio de todos, el tiempo disponible crecerá para todos. » Marx define el tiempo "disponible" como « un espacio para el desarrollo de las fuerzas productivas completas del individuo, por tanto, también de las de la sociedad » Esta es la forma positiva del tiempo extra, liberado de las fuerzas de producción a las que permanecía ligado como tiempo "superfluo" en el capitalismo avanzado. La categoría de tiempo superfluo expresa sólo negatividad -la no-necesidad histórica de una previa necesidad histórica- (…). La categoría de tiempo disponible revierte esta negatividad y le da un nuevo referente: el individuo social. Presupone la abolición de la forma valor como mediación social: solamente entonces, de acuerdo con Marx, el tiempo de trabajo y el tiempo disponible (no-alienados) pueden complementarse positivamente el uno al otro como constitutivos del individuo social. La superación del capitalismo, entonces, supondría no sólo la transformación de la estructura y el carácter del trabajo social sino también del tiempo de no-trabajo y de la relación entre ambos." [Postone,1993: 375-376] "Para Marx, entonces, el movimiento histórico del capitalismo, lanzado hacia adelante por conflictos sociales estructurados por la dialéctica del trabajo y del tiempo, puede ser expresado en términos del desarrollo de la división social del tiempo, y desemboca en la posibilidad de que el significado social del tiempo pueda ser transformado: « la medida de la riqueza ya no es entonces nunca más, de ninguna forma, el tiempo de trabajo, sino el tiempo disponible »." [Postone,1993: 377-378]

(2) "El carácter de las relaciones sociales y el carácter social del trabajo en el capitalismo vienen a encontrase determinados por la función social de un trabajo que reemplaza aquella cumplida previamente por relaciones abiertamente sociales. En otras palabras, el trabajo funda su propio carácter social en el capitalismo en virtud de su función históricamente específica como actividad socialmente mediadora. En este sentido, el trabajo en el capitalismo se convierte en su propio fundamento social. Al constituir una mediación social auto-fundada, el trabajo constituye una determinada especie de conjunto social -una totalidad. La categoría de totalidad y el tipo de universalidad asociado con ella pueden ser dilucidados mediante la consideración del tipo de generalidad ligado a la forma mercancía. Cada productor produce mercancías que son valores de uso particulares y, al mismo tiempo, funcionan como mediaciones sociales. (...) Así, cada mercancía es, a la par, particular, en tanto valor de uso, y general, en tanto mediación social. Como ésta última la mercancía es un valor. Como el trabajo y sus productos no se encuentran mediados, y sus caracteres y significados sociales acordados, por relaciones sociales directas, adquieren dos dimensiones: son cualitativamente particulares y no obstante poseen también una dimensión general subyacente." [Postone,1993: 151]

(3) "(…) el tiempo de trabajo [en el comunismo] permanece como regla de la producción de bienes y servicios -"(…) el valor se mantiene únicamente como medida pero no como regulador." [Naville, 1970: 23]-. Pero este tiempo, encontrándose fuertemente reducido, se encuentra supeditado al disfrute de una gran proporción de bienes y servcios que se convierte la verdadera riqueza. Ya no es el producto el que encarna la riqueza, en tanto mercancía, sino que es el disfrute de un producto que ya no se encuentra destinado a un mercado el que se convierte en la verdadera riqueza del hombre. El hombre mismo se convierte en riqueza por su disfrute más que por su trabajo, más que por el ejercicio de su capacidad productiva (es esto lo que separa a Marx de Proudhon, Fourier y todos los ulteriores apologetas de la "alegría en el trabajo")." [Naville, 1970: 45]

(4) "(...) para Marx la superación del capitalismo implica la abolición del valor como forma social de la riqueza, lo cual, a su vez, se vincula con la superación de determinado modo de producir desarrollado bajo el capitalismo. Afirma explícitamente que la abolición del valor significaría que el tiempo de trabajo ya no serviría más como medida del trabajo, y que la producción de riqueza ya no sería más ejecutada principalmente por el trabajo humano directo en el proceso de producción: « Tan pronto como el trabajo de modo directo haya dejado de ser el gran manantial [well-spring] de la riqueza, el tiempo de trabajo dejará y debe dejar de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio [debe dejar de ser la medida] del valor de uso. » En otras palabras, con su teoría del valor Marx analiza las relaciones sociales básicas del capitalismo, la forma de su riqueza y la forma de su producción material como interrelacionadas." [Postone,1993: 27]

(5) "En la medida (...) en que la gran industria se desarrolla, la creación de la riqueza efectiva se vuelve menos dependiente del tiempo de trabajo y del cuanto de tiempo empleados, que del poder de los agentes puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, poder que a su vez -su powerful effectiveness- no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología (...). La riqueza efectiva se manifiesta más bien (...) en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquel." [Marx, 1972: 227-228]

(6) "Lo que caracteriza la división del trabajo en el taller automático es que el trabajo pierde dentro de él todo carácter de especialidad. Pero en cuanto cesa todo desarrollo especial, comienza a dejarse sentir el afán de universalidad, la tendencia al desarrollo integral de los individuos. El taller automático suprime las especies y el idiotismo de oficio. (…) Lo que caracteriza la división del trabajoen el seno de la sociedad moderna es que engendra las especialidades, las especies y con ellas el idiotismo de oficio." [Marx, 1987: 96 -cursivas añadidas-] "La naturaleza de la gran industria, por ende, implica el cambio de trabajo, la fluidez de la función, la movilidad omnifacética del obrero. Por otra parte, reproduce en su forma capitalista la vieja división del trabajo con sus particularidades petrificadas […] [Por eso] convierte en cuestión de vida o muerte el sustituir esa monstruosidad de que se mantenga en reserva una miserable población obrera, pronta para satisfacer las variables necesidades de explotación que experimenta el capital, por la disponibilidad absoluta del hombre para cumplir las variables exigencias laborales; el remplazar al individuo parcial, al mero portador de una función social de detalle, por el individuo totalmente desarrollado, para el cual las diversas funciones sociales son modos alternativos de ponerse en actividad." [Marx, 1975 (2): 592-595]

(7) "Para Proudhon, el trabajo tiene, como todas las cosas, sus buenos y sus malos lados. "Como principio de utilidad y fuerza de producción, el trabajo es la fuente de la riqueza". Pero el trabajo no se realiza sin fatiga: "Como una máquina a vapor tiene necesidad de que se le alimente, que se le mantenga y que se le repare, hasta que, por desgaste natural, no permita ni servicio ni reparación, y deba ser abandonado al óxido; así, la fuerza del hombre, aplicándose diariamente, exige una reparación cotidiana, hasta el día en que el trabajador, fuera de servicio entre en el hospital o en la fosa." Este mantenimiento es el salario. El empresario busca reducirlo al mínimo e incrementar proporcionalmente su beneficio. El obrero no le interesa salvo en la producción; los efectos sobre "su salud, su inteligencia, su bienestar, sus costumbres, de un trabajo excesivo, insalubre, repugnante, parcelado, mal retribuido, no le conciernen". La penalidad merece salario, esto es todo lo que admite la economía política, el empresario y la Iglesia. La fatalidad del trabajo como carga se encuentra así consagrada. (…) "En cuanto a la penalidad inherente al trabajo, nada prueba que, por la forma de trabajar, por la educación dada al trabajador, por la organización del taller, no pueda disminuir en razón misma del desarrollo industrial, en consecuencia en una proporción ilimitada, circunstancia que reduciendo cada vez más la servidumbre humana frente a la naturaleza, acerque otro tanto a trabajadores y empresarios." Cada uno podrá convertirse así a la vez en trabajador y empresario, lo que constituye el viejo idal artesanal: "En cuanto a la relación de asalariante a asalariado, o mejor de obrero a propietario y maestro, si es verdad que estas dos cualidades no pueden existir simultáneamente y por la misma causa en el mismo sujeto, nada prueba todavía que no puedan pertenecer, ya sea en diferentes momentos, ya sea por causas diferentes, a cada sujeto, de manera que se equilibren a lo largo de la vida de un hombre y conviertan, en última instancia, las condiciones en iguales para todos." (…) Sin duda no hay ningún mal en mostrar que la economía y la religión cristiana (…) consideran el trabajo como una maldición inevitable. No obstante, a este fatalismo del laissez-faire, no se le opone, como en Marx, la evolución histórica, la transformación de las relaciones de producción bajo el impulso de los propios trabajadores, sino la "justicia" inherente a la forma natural del trabajo, que es la actividad libre. (…) es, sobre todo, porque [el trabajo] consitía originalmente en una actividad libre, natural, por lo que los patronos la habrían sometido a condiciones artificiales. El trabajo es "de orden moral y humano, dado en la conciencia, antes mismo de que la necesidad lo impusiera"; "es libre por naturaleza, de una libertad positiva e interior", y por todo ello "existe el derecho de reivindicar su libertad exterior"; ya que si "por su lado fatal y en tanto que naturaleza exterior se ha convertido para nosotros en una necesidad, repugnante y dolorosa, por su lado libre y en tanto que manifestación de nuestra espontaneidad, debe resultar atrayente y gozoso"; y en consecuencia "resultaría contrario a toda verdad y justicia pretender que este mismo trabajo, cosa espontánea y libre, no pudiese convertirse en objeto de un contrato de seguridad mutua", ya que así el trabajo "reconciliado por su naturaleza libre con el capital y la propiedad, de lo que el asalariado le alejaba, no puede dar lugar a una distinción de clases." (…) A lo que Marx respondería que, por el contrario, es más bien su "lado malo" el que crea dialécticamente las condiciones de su metamórfosis [posible]. Es porque el trabajo se ha separado del individuo, porque ya no es más la expresión de una actividad personal, de una relación directa con la naturaleza y con el otro, porque ha tomado un carácter general, universal, social, cada vez más uniforme y parecido para todos, por lo que puede ser planteada su reapropiación social y ya no la estrechamente personal. El fin de la sujeción al trabajo no se encuentra en su reapropiación personal igualitaria (solución artesanal), sino en su separación definitiva de la persona humana y su "transferencia" sobre el aparato de producción técnica de alto rendimiento (…). Para Marx, el trabajo es por naturaleza una obra impuesta, cuyas formas varían con los modos y relaciones de producción; es necesario perseguir su abolición. (…) La contradicción dialéctica fundamental no es la que opone el trabajo penoso al trabajo atrayente, sino la que opone el trabajo al no-trabajo ". [Naville, 1957: 348-349, 350, 351]

(8) "Para la mayor parte de los asalariados la disociación del operador y de la operación (…) no se manifiesta en la vida cotidiana más que bajo la forma de la descualificación y del paro. Es por ello que a lo largo del desarrollo industrial los asalariados reclaman su confusión con el puesto, es decir, la imposibilidad de su reemplazo y su pertenencia a un oficio, es decir, el derecho a progresar en la jerarquía del estatus. (...) [El marxismo], describiendo los efectos de la división del trabajo sostiene esta reclamación del trabajador y le otorga una sustancia. Formula la reacción de un individuo cuya suerte y la de sus hijos se encuentra atada a una ocupación, mientras que la existencia de ésta se encuentra, por su parte, siempre amenazada. [El marxismo] se ha encargado así de justificar el rechazo del asalariado a su asalarización." [Rolle, 1988: 71]

(9) "El movimiento obrero (...) se ha empeñado en olvidar que el trabajo asalariado no es en primer lugar productor de bienes y de riquezas, sino más bien de mercancías, de capitales y de beneficios y que su dependencia en relación al «management» y a la tecnología no le otorga en última instancia más que un escaso margen para la iniciativa o para hacer gala de espíritu creador. Sin duda los trabajadores asalariados pueden hacer gala de autonomía y de ser capaces, espontáneamente, de movilizarse colectivamente con vistas a reivindicar mejores remuneraciones y mejoras en las condiciones y en la organización del trabajo. Pero esto no pone fin, de forma milagrosa, a su subordinación, a la estratificación jerárquica de los asalariados así como a su subsunción bajo los dispositivos y la gran maquinaria del capital. En este contexto de desprecio, la atención se concentra comúnmente sobre el trabajo en tanto que actividad, es decir, sobre lo que resulta más evidente y más irrefutable, las prácticas en el trabajo. No se trata de negar que el trabajos ea una actividad, sino de preguntarse si es éste su aspecto más importante en la sociedad actual. Se dice habitualmente, siguiendo a Marx, que el trabajo es el gasto de la fuerza de trabajo y se interpreta este gasto como una exteriorización de los individuos, como una aplicación de su fuerza de trabajo a objetivos determinados. Lo que resulta problemático es que esta exteriorización se encuentra bloqueada, refrenada en su dinámica y no se trata más que de una manifestación muy limitada y frustrante de las capacidades humanas. De aquí a concluir que es necesario liberar esta exteriorización para liberar el trabajo, no hay más que un paso alegremente franqueado por aquellos que se pretenden los defensores o representantes de los trabajadores asalariados. (…) Es necesario decir claramente que el gasto de la fuerza de trabajo no se corresponde en absoluto con este esquema de la totalización bloqueada. Antes mismo que la fuerza de trabajo pueda ser gastada es necesario que sea constituida (lo que no resulta obvio en absoluto) en tanto que fuerza de trabajo -mercancía alienable en un mercado y utilizable según normas precisas en la producción. Para ello, es particularmente imprescindible que el prestatario virtual de la fuerza de trabajo sea conducido, desde sus años de formación, a considerar sus propias capacidades de trabajo como una mercancía que debe condicionar con el objetivo de venderla o alquilarla en las mejores condiciones posibles, lo que viene a decir que debe colocar los presupuestos vitales de su actividad (o al menos una parte de ellos) así como sus recursos intelectuales a disposición de instituciones y mecanismos sociales. No se encuentra en la posición de quien puede jugar a fondo con conexiones múltiples con los demás y con el mundo para desarrollar sus actividades, se encuentra en la posición de aquel que debe adaptarse a modelos preestablecidos de acción, a modalidades predeterminadas de contrastación de sus actividades." [Vincent, 1995: 73]

(10) "A la universalidad potencial de la fuerza de trabajo susceptible de enrrolarse en múltiples unidades productivas, responde la universalidad de la moneda, medio de cambio de todos los productos. Dicho de otra manera, una relación salarial cumplida entre dos personas implica no sólo una economía monetaria, sino la transformación de la mayor parte de bienes y servicios en mercancías, es decir, un régimen en el que la salarización es predominante (...). Solamente en las sociedades modernas la exterioridad del trabajador de la unidad productiva, comunidad o empresa, se convierte en un principio de formación y transformación de esta unidad; es solamente entonces cuando el grupo de asalariados se reproduce a partir de sí mismo y constituye una estructura permanente, irreductible, de lo colectivo. Se constata entonces que la separación cada vez más pronunciada del trabajo y el trabajador significa al mismo tiempo su propia constitución [mutua]. El trabajo como operación y acto efectivo de un lado; y del otro, el trabajo como aptitud para el trabajo, cada uno de ambos encontrándose liberado de la sujeción inmediata al otro." [Rolle, 1988: 87]

(11) "Mediante el cambio y el valor de las mercancías, la actividad laboral de algunos productores de mercancías influye sobre la actividad laboral de todos y causa determinadas modificaciones. Por otro lado, estas modificaciones influyen en la misma actividad laboral. Las partes individuales de la economía social se ajustan unas a otras. Pero este ajuste sólo es posible si una parte influye sobre otra a través del movimiento de los precios en el mercado, movimiento que está determinado por la «ley del valor». En otras palabras, sólo a través del «valor» de las mercancías la actividad laboral de los productores separados e independientes conduce a la unidad productiva que recibe el nombre de economía social, a las interconexiones y al mutuo condicionamiento del trabajo de los miembros individuales de la sociedad. El valor es la correa de transmisión que transfiere el movimiento de los procesos laborales de una parte de la sociedad a otra, haciendo de esta sociedad una totalidad en funcionamiento. (...) En la economía mercantil, el trabajo de los productores individuales de mercancías, que tiene directamente la forma de trabajo privado, puede adquirir el carácter de trabajo social, es decir, puede estar sujeto al proceso de conexión y coordinación mutuas sólo a través del «valor» de los productos del trabajo. El trabajo como fenómeno social sólo puede expresarse en el «valor»." [Rubin, 1974: 133]

(12) "En una sociedad caracterizada por la universalidad de la forma mercancía (...) un individuo no adquiere los bienes producidos por los otros por medio de relaciones manifiestamente sociales. Por el contrario, el trabajo mismo -tanto directamente como expresado en sus productos- reemplaza esas relaciones sirviendo como medio "objetivo" por el cual los productos de los otros son adquiridos. El trabajo mismo constituye una mediación social en lugar de las relaciones sociales abiertas. Esto es, un nuevo tipo de interdependencia cobra vida: nadie consume lo que produce pero, no obstante, el trabajo o los productos propios funcionan como los medios necesarios para la obtención de los productos de los otros. (...) Así, más que resultar mediado por relaciones sociales abiertas o "identificables", el trabajo determinado por la mercancía aparece mediado por un conjunto de estructuras que él mismo constituye. El trabajo y sus productos se median a sí mismos en el capitalismo; están socialmente auto-mediándose. (...) La función del trabajo como una actividad de mediación social es aquello que llama "trabajo abstracto"." [Postone,1993: 150]

(13) "La relación particular entre los incrementos en la productividad y la expansión del plusvalor condicionan la trayectoria subyacente al crecimiento capitalista. Esta trayectoria no puede ser explicada adecuadamente en los términos del mercado y de la propiedad privada, lo que sugiere que, incluso en su ausencia, el crecimiento económico asumiría necesariamente la forma caracterizada por incrementos en la productividad mayores que los incrementos en la riqueza social que generan -mientras que la riqueza social permanezca en definitiva como función del consumo directo de trabajo. La planificación en una situación tal, ya sea un éxito o un fracaso, significaría una respuesta consciente a las compulsiones ejercidas por las formas alienadas de las relaciones sociales expresadas por el valor y el capital; no podría, sin embargo, superarlas. De acuerdo con la teoría crítica de Marx, la abolición del ciego proceso acelerado de "crecimiento" económico y de la transformación socioeconómica en el capitalismo, así como su carácter marcado por las crisis, requerirían de la abolición del valor." [Postone,1993: 313-314]

(14) "Las determinaciones del valor, la forma dominante de la riqueza en el capitalismo, son muy diferentes de las de la riqueza material. El valor es peculiar en que, en tanto forma de la riqueza, no expresa directamente la relación de los hombres con la naturaleza sino las relaciones entre la gente mediadas por el trabajo. Por lo tanto, siguiendo a Marx, la naturaleza no entra directamente en absoluto en la constitución del valor. Como mediación social, el valor es constituido únicamente por el trabajo (abstracto): se trata de una objetivación de la dimensión históricamente específica del trabajo en el capitalismo como actividad socialmente mediadora, como la "substancia" de las relaciones alienadas. Su magnitud no es pues la expresión directa de la cantidad de productos creados o del poder de las fuerzas naturales dominadas; más bien está en función, únicamente, del tiempo de trabajo abstracto. En otras palabras, aunque los incrementos de productividad incidan en mayor riqueza material, no producen más valor por unidad de tiempo. Como forma de la riqueza se trata también de una forma de las relaciones sociales, el valor no expresa directamente la productividad adquirida por las habilidades humanas. (...) Si el valor está constituido únicamente por el trabajo, la única medida del valor es el tiempo de trabajo directo, de lo que se sigue que la producción de valor, a diferencia de la de la riqueza material, se encuentra necesariamente atada al gasto de trabajo humano directo." [Postone,1993: 195]

(15) "Aunque el conflicto de clase juega un importante papel en la extensión y en la dinámica del capitalismo, no obstante, ni crea la totalidad ni da origen a su trayectoria. (…) el conflicto de clases es una fuerza motriz del desarrollo histórico capitalista sólo porque es estructurado por, y se integra en, las formas sociales de la mercancía y el capital." [Postone,1993: 319]

(16) "(…) en el análisis de madurez de Marx, el conflicto de clase es un elemento motor del desarrollo histórico del capitalismo exclusivamente merced al carácter intrínsecamente dinámico de las relaciones sociales que constituyen esta sociedad. El antagonismo entre los productores inmediatos y los propietarios de los medios de producción no genera en y por sí mismo, una dinámica permanente tal. Además (…) la intención lógica de la presentación de Marx no apoya la idea de que la lucha entre los capitalistas y los trabajadores sea una lucha entre la clase dominante de la sociedad capitalista y la clase portadora del socialismo -y de que, en consecuencia, esta lucha apunte más allá del capitalismo. La lucha de clases, vista desde la perspectiva de los trabajadores implica la constitución, el mantenimiento y la mejora de su posición y de su situación como miembros de la clase obrera. Sus luchas han sido una poderosa fuerza en la democratización y humanización del capitalismo, y han jugado también un importante papel en la transición al capitalismo organizado. Sin embargo (…) el análisis de Marx de la trayectoria del proceso capitalista de producción no apunta hacia la posibilidad de la afirmación futura de proletariado y el trabajo que él realiza. Por el contrario, apunta hacia la posibilidad de la abolición de ese trabajo. En otras palabras, la presentación de Marx contraviene implícitamente la noción de que la relación entre la clase capitalista y la clase obrera sea paralela a la relación entre el capitalismo y el socialismo, de que la posible transición al socialismo sea efectiva con la victoria del proletariado en la lucha de clases (en el sentido de su auto-afirmación como clase obrera), y de que el socialismo implique la realización del proletariado. Así, aunque el antagonismo entre la clase capitalista y la clase obrera juegue un importante papel en la dinámica del desarrollo capitalista, no es identificable con la contradicción estructural fundamental de la formación social [capitalista]." [Postone,1993: 324]

(17) "(…) la relación entre los trabajadores y los puestos de trabajo lejos de poder ser tratada como un punto de partida o un "dato" para la investigación debería constituir su "producto" específico. La fractura entre los trabajos y las fuerzas de trabajo lejos de presentarse como una contingencia arbitraria (la "salarización" de una economía mercantil "natural" o "pura"; la "recontractualización" de unas relaciones salariales "normadas" o sobredeterminadas por "lo político") debe pasar a ser considerada como el presupuesto y producto, permanentemente renovado, de la economía mercantil misma. Las críticas lanzadas sobre los resultados de la conformación capitalista-neoliberal de ese "vínculo natural" entre el productor y su actividad (la alienación del individuo en su trabajo), o de ese "equilibrio históricamente construido" entre los hombres socializados y los empleos normados (la desafiliación o anomía de los individuos en la sociedad), deberían mutar entonces hacia una crítica volcada sobre la relación que articula los dos circuitos entre sí (trabajos - fuerzas de trabajo), determinando las formas particulares de los vínculos mismos, esto es, de las diferentes clases de empleos. Se trata de una relación, la relación salarial, que estructura fundamentalmente la distribución, cuantitativa y cualitativa, de los tiempos sociales en las sociedades contemporáneas, esto es, las proporciones entre los tiempos de trabajo y los tiempos de reproducción, formación y ocio de la totalidad de las población en ellas comprendidas. Políticamente, este desplazamiento cuestiona radicalmente las virtualidades tanto de los proyectos de disolución de la empresa en su antagonista, el colectivo o la clase obrera, como de los proyectos de re-equilibrio de las relaciones entre el "mercado" y la "sociedad", para interrogarse por las condiciones de disolución de la relación misma (la relación salarial) que conforma y vertebra entre sí ambas instancias." [Castillo Mandoza - García López, 2001: 21-22]


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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