Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 09.Enero.2003

EL MATERIALISMO DIALÉCTICO DE J. P. SARTRE | José Manuel Aragués, Universidad de Zaragoza (*)

Hablar de Sartre para mí siempre es un placer, sobre todo porque, aunque hoy no vayamos a entrar en ello, hay un Sartre totalmente desconocido en España que es el Sartre de los escritos póstumos. Se suele conocer de él sólo "El ser y la nada" y la "Crítica de la razón dialéctica" pero hay una serie de escritos intermedios (afortunadamente tradujeron hace poco "Verdad y existencia") como, por ejemplo, "Cahiers pour une morale" que no están traducidos de momento. En esos escritos póstumos sartrianos se puede entender y percibir perfectamente la evolución de Sartre. Una de las cosas que siempre me ha sorprendido es que si se lee "El ser y la nada" (1943) y a continuación se estudia la "Crítica de la razón dialéctica" (1960) no se entiende de ninguna manera que sean del mismo autor porque están muy alejados teóricamente. En cambio, todo eso es perfectamente comprensible si se acude a sus escritos póstumos.

Voy a desarrollar tres apartados:
i) un primero de reconstrucción histórica y sobre la evolución política de Sartre para ubicarnos en su filosofía,
ii) un segundo epígrafe titulado "La muerte de dios" que me ha sugerido la lectura de un libro de Celia Amorós sobre la filosofía sartriana como heredera de ese concepto de "muerte de dios" y me va a permitir enlazar con Deleuze y la filosofía posmoderna, y
iii) un tercer apartado titulado "El materialismo sartriano, política e inteligibilidad de la historia" más centrado en el materialismo de nuestro autor.

Reconstrucción histórica y sobre la evolución política

He de comenzar con algo muy obvio para muchos autores pero esencial en el caso que tratamos: hablar de la filosofía de Sartre no tiene mucho sentido porque no hay un Sartre sino muchos Sartres, hay mucha diferencia filosófica y política según el escrito que cojamos. Para entender a Sartre hay que tener en cuenta que su filosofía está muy marcada por los acontecimientos políticos. Se puede rastrear en su obra los acontecimientos políticos y sociales de la Europa de posguerra y vitales en su evolución filosófica. Digo esto porque Sartre no mantiene una postura constante, sino múltiples respecto al materialismo o a ciertas teorías.

Es cierto que desde un primer momento, desde los años 1930, hace una valoración positiva del materialismo histórico como una "hipótesis de trabajo fecunda", pero no puede hablarse de "El ser y la nada" como una obra materialista, en cambio sí se puede afirmar de la "Crítica de la razón dialéctica". A pesar de que las primeras no son obras materialistas se podría decir que hay una "tensión materialista" porque uno de sus conceptos fundamentales es el de "situación". El sujeto es siempre un sujeto "en situación", que interactúa con el entorno, con la materialidad circundante, con el "en sí", con la cosa. Es un concepto que nos acerca al materialismo y que está en tensión con el otro gran concepto de su filosofía, el de "libertad".

La filosofía de Sartre bascula entre dos conceptos que, en cierto modo, son antagónicos: el "en sí", la cosa, la determinación, que lo lastra hacia lo material y el "para sí", la conciencia, el sujeto, que lleva a su filosofía hacia la libertad y el alejamiento de la determinación material. Paulatinamente en la obra de Sartre esa tensión, entre situación y libertad, permite que vaya adquiriendo un mayor peso el concepto de situación, por lo que el autor se va escorando hacia el materialismo. Va a ir dándole una mayor importancia a lo que, con Simon de Beauvoir, podríamos denominar "la fuerza de las cosas", lo que de alguna manera nos rodea, circunda e influye en nuestro modo de ser.

En cualquier caso, la filosofía de Sartre se inicia siendo una filosofía de la libertad radical y postulando la absoluta libertad del sujeto. Es más, llega a insinuar en un bella frase, por lo contradictoria, que estamos "condenados a ser libres": la libertad es una condena porque el sujeto no puede dejar de elegir. En la medida en que elegimos somos libres y como no podemos dejar de hacerlo constantemente estamos condenados a ser libres, no podemos sustraernos a la libertad. Esa perspectiva, que se explicita en "El ser y la nada", puede llegar a afirmaciones que en ocasiones escandalizaron al mismo Sartre posterior. En los años 1940 llega a escribir incluso que en manos del verdugo mientras nos está torturando somos libres de alguna manera, pues podemos confesar o no, podemos dejarnos morir o no, etc. Hay que recordar no obstante que es un autor en constante mirada crítica sobre su obra. Cuando relea algunos de sus textos de la primera hornada se escandalizará. En 1976 afirma que algunas de las cosas que escribía en los años 1940 eran realmente excesivas.

Hay que reconocerle esa capacidad de retractarse porque últimamente se ha entrado en un proceso de denigración de Sartre en Francia un poco incomprensible. El deporte nacional francés ha sido convertir a Sartre y a Simon de Beauvoir en muñecos de feria con argumentos tan absurdos como los de su vida personal. Esa moda afortunadamente se ha roto por un lugar insospechado que es un libro magnífico de Bernard Henry Levy sobre Sartre (Le siecle de Sartre). A pesar de que no es un autor santo de mi devoción el libro está realmente bien.

Resumiendo, tenemos un Sartre que reivindica la libertad radical del sujeto en tanto y en cuanto es capaz de elegir y luego un Sartre más concienciado del peso del contexto histórico social. Así en la "Crítica de la razón dialéctica", está advirtiendo cuál es el campo de juego del sujeto, el espacio que la fuerza de las cosas deja al sujeto para actuar. Entre esos dos Sartres hay toda una transición. Por ejemplo, en 1946, en "Materialismo y revolución" sostiene la tesis fundamental de que no hay que ser materialista para ser revolucionario. Está intentando en esos momentos concretos articular una tercera vía intermedia entre materialismo e idealismo, y entre comunismo y gaullismo (lo que dominaba la derecha francesa de la época). Son los tiempos de la posguerra y la guerra fría y Sartre intenta mantener una posición de neutralidad en ese momento, neutralidad que se rompe en los años 1950. Esa es la reconstrucción histórica del viaje que hace Sartre y con esto acabaría el primer apartado.

La "muerte de dios"

Con "La muerte de dios" pretendo lanzar unas ideas a modo de sugerencia o provocación que vienen bastante bien reflejadas en el libro de Celia Amorós "Diáspora y Apocalipsis". Esta autora defiende que el pensamiento sartriano es heredero del concepto nietzscheano de la muerte de Dios y por tanto de la inmanencia radical. Y desde esta perspectiva, el problema ontológico y político de su filosofía es el problema del "uno" en el sentido de que si la realidad es diseminación (sujetos diseminados), pluralidad y diferencia, ¿cómo a partir de eso podemos articularnos, construir colectivos o unificarnos en la acción?. Temática que también es spinoziana (la construcción de la multitud frente a la muchedumbre). De hecho, me atrevo a decir que las resonancias entre Sartre y Spinoza son muchas y variadas. La temática del conjunto de sujetos que acuerdan una práctica común a partir de elementos diferenciados está aquí señalada.

Partir de la diferencia implica acercarnos a algunas cuestiones que ha tratado ampliamente la filosofía posmoderna. Defiendo la tesis de que a lo largo de la historia de la filosofía lo que hay es una oposición constante entre pensamientos constituidos y pensamientos constituyentes (tomando prestado el término de Negri), entre pensamientos del poder, que realizan una defensa del poder establecido; y pensamientos que son máquinas de guerra, que ponen en duda lo establecido para superarlo y producir nuevo discurso y nueva realidad. En esa línea creo que es legítima la vinculación entre Sartre y Deleuze. A partir de ella, reconociendo que los sujetos son diferentes, es necesario producir vínculos de unificación. La problemática griega era: ¿cómo es posible que de lo uno surja lo múltiple? Ahora el planteamiento es lo contrario: ¿cómo es posible que de lo múltiple se genere lo uno y nos pongamos juntos a actuar? Algo de esto ya lo apunto en mi libro "Líneas de fuga. Filosofía contra la sociedad idiota". Así pues, dos conclusiones: el carácter inmanentista del pensamiento sartriano y cómo pueden rastrearse en él algunas de las preocupaciones del pensamiento posmoderno, por ejemplo la cuestión de la diferencia. Ello me lleva a pensar que hay una línea de pensamiento crítico que atravesaría a tan denigrados los sofistas, a Spinoza, a Marx, a Nietzsche, a Sartre y a Deleuze.

El materialismo sartriano. Política e inteligibilidad de la historia

El apartado tres lo he titulado así porque considero hay un hecho que supone un verdadero mazazo o despertar para Sartre y para otros intelectuales franceses: la Segunda Guerra Mundial. La guerra va a suponer un cambio radical en muchos de ellos: Althusser, Camus, Sartre, etc. Esa experiencia traumática transforma su filosofía desde cierto subjetivismo a una visión más amplia y polítizada. El mismo Sartre, en una entrevista que le hacen a los 70 años dice: "la guerra dividió mi vida en dos". El Sartre anterior a la guerra es individualista, no está interesado en la política, etc. Más aún, Sartre reconoce que en 1936 ni siquiera fue a votar.

Simon de Beauvoir reconoce también que la guerra de España fue una acontecimiento brutal pero que eso no les impidió irse de vacaciones tranquilamente por Europa y Marruecos. Es más, a Sartre se le propuso firmar un manifiesto de apoyo a la República española y no lo firmó por su momentáneo desinterés en las cuestiones sociales y políticas. En aquel momento estaba teorizando le homme seúl (el hombre solo), un hombre radicalmente libre. Pero un día recibe una carta del Ministerio de Defensa francés para ir a la guerra y eso le cambia la vida. En el camino al campo de concentración, Sartre sufre una mutación total y se convierte en alguien preocupado por el que tiene al lado y empieza a acercarse a los compañeros. Se gesta un Sartre nuevo y lo primero que hace al llegar a París es, además de reñir a Simon de Beauvoir por tener una vida demasiado acomodada, urdirles a sus alumnos de Instituto a redactar una redacción sobre "el remordimiento". Ese momento de inflexión es provocado la guerra y Sartre se da cuenta que el sujeto no es tan libre como él quería.

(*) Trascripción realizada por Igor Sádaba


Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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