Materialismo Histórico y Teoría Crítica
TÍTULO PROPIO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE - MADRID

    materiales | 14.Noviembre.2002


Marxismo Estructuralista y Althusser |
Juan Pedro García del Campo, Universidad de Castilla-La Mancha (*)

Para empezar me gustaría afirmar que no hay que considerar que Althusser sea un filósofo comunista, sino que es un comunista que hace filosofía, como él mismo dice en las “Tesis de Amiens”. Su intención es ser “marxista en filosofía”, una opción explícitamente política en términos de teoría. 
 

La filosofía no habla de las ideas o de cosas puras sino sobre el mundo y se posiciona respecto a él. Althusser es un filosofo posicionado políticamente en filosofía, como tantos otros, pero él lo reconoce. La diferencia es que él dice explícitamente que hace filosofía desde una opción política.

Althusser nace en 1918 y vive su juventud en la Francia de los años treinta, cuando están  presentes debates muy cargados políticamente como el del Frente Popular, sobre la intervención o no respecto a la República española, etc. Cuando termina la II Guerra Mundial, Althusser tiene alrededor de 30 años, tras la derrota del nazismo está afiliado al Partido Comunista en Francia, lo cual supone vivir siendo comunista en occidente, enfrentado a la democracia liberal y con el referente simbólico de la URSS como opción socialista. En 1948, Althusser es un intelectual “en” el partido, no “del” partido y si hacemos caso a lo que dice en su biografía (“El Porvenir es largo”) mantenía ya, por aquella época, posiciones enfrentadas con los intelectuales de la línea oficial del partido. Por ejemplo, en la cuestión de las dos ciencias, tesis que mantenía la existencia de una ciencia proletaria y otra burguesa. Buena parte de los intelectuales del partido pensaban que existía una “ciencia proletaria” construida dialécticamente (recuérdese el caso Lyssenko). Althusser se enfrentaba a esta idea, sosteniendo que el materialismo histórico es una ciencia pero el materialismo dialéctico era una metafísica.

Otro suceso marca definitivamente la posición de cualquier persona comunista (no solamente de los franceses o únicamente de Althusser) en los años cincuenta. En 1956, la URSS invade Hungría surgiendo las primeras críticas al estalinismo. Una convulsión sacude todo el comunismo europeo obligando a los comunistas a enfrentarse a su propia historia, como opción política que ha llegado al poder y lo ha utilizado en su provecho. A partir de ese año, se producen en todo el occidente europeo movimientos de recomposición tanto militantes como teóricos e intelectuales. Sin este asunto no se puede entender cómo a partir de esa época surgen los miles de marxismos que florecen, las corrientes humanistas, los movimientos de recuperación de la filosofía kantiana, hegeliana o husserliana para el marxismo, tendencias que reintroducen la moral o las cuestiones de la voluntad en los análisis políticos, obras como la “Crítica de la razón dialéctica” (Sartre), críticas a la burocratización, el auge de la Escuela de Frankfurt, la renovación en el ámbito de la dialéctica en Italia, etc. La época de finales de los años cincuenta y principios de los sesenta es especialmente convulsiva. La mayor parte de los intelectuales se alinean con la ortodoxia, o bien empiezan a romper con los elementos claves de la misma. Fundamentalmente con el economicismo y el determinismo economicista. Comienza una reconsideración de lo que debe entenderse por dialéctica. Frente al economicismo se mantiene un voluntarismo del compromiso moral, frente al determinismo un cierto humanismo de valores. La opción de Althusser se enfrenta tanto a la tradición de la ortodoxia como a la mayor parte de estas líneas de fuga humanistas. Frente a la posición que marca distancias y frente al mantenimiento acrítico en la tradición, Althusser defiende al mismo tiempo la cientificidad del marxismo y pretende renovar la tradición.
Sus primeras obras son del año 1959 y 1960 (“Montesquieu y la Historia” o los primeros textos sobre el joven Marx). La opción de Althusser le hace necesariamente enfrentarse a todo el mundo. Por eso se ha dicho que a partir de Althusser sólo se puede ser althusseriano o anti-althusseriano, o se estaba con él o contra él puesto que toda su posición filosófica es de enfrentamiento. Y es que para él no hay más filosofía que la política. A partir de los años sesenta Althusser comienza a convertirse en un personaje de referencia, hay que estar con él o contra él, en los círculos intelectuales del marxismo europeo. Desde ese momento, se forma también en torno a él un grupo de intelectuales, estudiantes, etc. que darán lugar al grupo “Teoría” que llevó una colección en la editorial Maspero. Grupo con relaciones con estudiantes y militantes concretos. Su posición comienza a crecer y a adquirir fuerza lo cual le permite criticar a todo el mundo, no estar de acuerdo con nadie y convertirse en un monstruo que sólo puede ser aceptado o criticado. Esta posición visceral hacia él se ha mantenido siempre y ha impedido que mucha gente haya leído sus obras maduras en las que matiza muchas de sus posiciones. Es considerado un filósofo asesino (mató a su mujer) y no se puede confiar en él, todo lo cual incrementa el síntoma de estigmatización de su pensamiento impidiendo acercarse a matices de su obra.

A partir de principios de los años sesenta Althusser es pues un personaje en el mundo intelectual del comunismo (un “sujeto teórico-político”). Tiene cuarenta y pocos años y está en plena juventud. Pero a partir del año 1974 desaparece del horizonte, prácticamente deja de escribir. Después han surgido póstumamente y se han traducido algunos de los textos que escribió tras esa fecha. Cualquiera que los lea se dará cuenta que no estuvo ni mucho menos inactivo. ¿Qué pasó? No estaba callado sino que no se le oía.

A efectos de racionalizar la exposición se podría decir que tendencialmente en Althusser hay dos grandes asuntos como problemas a tratar sobre los que trabaja desde 1960 a 1974,. Por un lado, el asunto de la  especificidad del discurso científico, el estatuto de la teoría. Por otra parte, la especificidad de lo político. Da la impresión de que estos dos grandes asuntos corresponden a las preocupaciones básicas en dos periodos distintos. Se podría decir esquemáticamente, y de manera matizada, que la preocupación por el estatuto de la ciencia ocupa a Althusser hasta el año 1967 y la preocupación por la especificidad de lo político ocupa a este autor a partir de 1968-69 hasta 1975-76. Esos dos grandes grupos de asuntos articulan su producción teórica. Precisamente la situación política obligó a los intelectuales a plantearse esos temas.

Por ejemplo, ¿es el materialismo histórico una ciencia? ¿qué es una ciencia? Si es una ciencia, de qué se diferencia? ¿de dónde surge? ¿a qué se enfrenta? Estas ideas pueden leerse en textos como “La revolución teórica de Marx” (publicado en 1965 pero escrito desde 1960) y “Para leer el capital”. Todos estos temas llegan incluso hasta 1967 en ese libro “Filosofía para científicos” que es el resultado de unos cursos en forma de charlas con científicos. Hay que advertir que la entrada de Althusser en la ciencia es básicamente política, enfrentándose a la nueva lectura humanista y a la vieja economicista-mecanicista y proponiendo una vía alternativa. Es una entrada explícitamente política, no es una tematización filosófica o una filosofía de la ciencia. Se pregunta pues por el estatuto de cientificidad de la obra de Marx. Preguntarse ¿en qué consiste la obra que Marx ha inaugurado? ¿Hasta qué punto es una ciencia y si hay que aceptar o no la ortodoxia determinista (la infraestructura vs. superestructura)? es una cuestión política. Lo que hace Althusser es plantearse una lectura sintomal (sic) de la obra de Marx, leer la obra buscando los síntomas o preocupaciones que le llevan a escribir así y a posicionarse de esta manera.

Para Althusser la obra de Marx no es una sola, sino que hay diferentes partes: Marx no ha escrito siempre lo mismo, Marx ha dicho diferentes cosas. A partir de la lectura sintomal, Althusser establece una periodización de la obra de Marx. Identifica las obras que pertenecen a la juventud de Carlos Marx (hasta el año 1844, más o menos). Una preocupación humanista, de corte feuerbachiana, un hegelianismo de izquierdas, trufado de elementos materialistas, donde Marx ha seguido un impulso feuerbachiano humanista. A partir del año 1844 habría una serie de obras de un periodo de transición o ruptura en las que Marx ya no dice las cosas que decía pero tampoco acaba de decir las cosas que dice en “El Capital”. Y habría finalmente un periodo de madurez, los textos en los que Marx elabora su concepción científica, el materialismo histórico, la especificidad del modo de producción capitalista. Althusser encuentra esa línea de corte, lo cual explica no todo lo que dice Marx es la esencia del marxismo, sólo algunas cosas son teoría marxista (básicamente “El Capital”). Marx ha ido rompiendo con su humanismo juvenil y ha ido construyendo los conceptos científicos que permiten explicar cómo funciona el modo de producción capitalista.

La ciencia que Marx inaugura es lo que aparece en “El Capital”, no en los textos humanistas y de juventud. Se decía que a veces la pertinencia de Althusser estribaba en convencer a la gente de hasta qué punto no todos los textos de Marx eran marxistas. Determinados escritos de Marx nos ayudan a explicar el modo de producción capitalista y al hacerlo, dice Althusser, Marx inaugura una nueva ciencia que hasta entonces no existía, el continente de la historia. El discurso de la historia y el discurso del materialismo histórico son el mismo. Permiten explicar cómo ha funcionado todas las formas sociales, por muy diferentes que sean, todos los modos de producción pueden ser explicados.

Marx inaugura entonces ese nuevo continente científico porque ha introducido una serie de conceptos que él ha elaborado. Althusser, en los primeros años, entiende que si Marx ha podido construir una ciencia es porque ha dejado de hacer filosofía. Si ha podido establecer una nueva ciencia es porque ha eliminado las incrustaciones ideológicas y filosóficas que aún tenía en su juventud provenientes del humanismo de Feuerbach. Desprendiéndose de la ideología ha podido construir una ciencia, haciendo una crítica de los presupuestos ideológicos que el idealismo había introducido en la filosofía, en suma eliminando cualquier adherencia ideológica se ha podido construir una ciencia. Para Althusser, la ciencia dice la verdad o se equivoca pero la filosofía no dice ninguna verdad, la filosofía únicamente afirma una posición sin justificarla y se enfrenta a otras posiciones. En este sentido se entiende una de las primeras definiciones que Althusser da de la filosofía como “teoría de la práctica teórica”. La filosofía tiene como objeto delimitar aquello que es científico y aquello que es ideológico, depurar lo ideológico, las adherencias del discurso científico. La filosofía al hacer esto, es también un arma que nos permitirá eliminar todas aquellas pregnancias ideológicas y humanistas e instalarnos en el discurso científico adoptando una posición política eficaz. La filosofía es, por ello también, “lucha de clases en la teoría” que es otra de las definiciones de este autor.

Lo que sucede es que esta primera posición de Althusser respecto de la ciencia, sin decirlo, la abandona. Según cuenta en su autobiografía, ya a partir del prólogo o prefacio a la edición italiana de “Para leer el Capital”, comienza a leer a Canguilhem y a otros autores (filósofos rojos y malditos) que se dedican a elaborar unas conclusiones curiosas (que recuperarán luego autores como Foucault, Rorty o Deleuze) sosteniendo que en todas las ciencias hay presente siempre necesariamente como momento fundante una opción ideológica. No se puede hacer ciencia si no se parte desde una determinada posición ideológica. Si queremos explicar “esto” y no “esto otro” es porque “esto” nos interesa, y ahí hay motivos políticos. La ciencia no puede ser entendida como algo que esté totalmente al margen de la ideología.

La cuestión de la especificidad de lo político es el reverso de la misma cuestión (la de la ciencia). Marx no sólo ha inaugurado una ciencia sino que hay que ver qué ciencia es esa. Explica la forma capital, no las sociedades concretas sino el modo de producción capitalista, el capitalismo, “el ser del capital”. La forma capital no es la misma en todas las sociedades capitalistas pero todas ellas se pueden explicar desde la consideración de esa forma capital. La forma de una relación, el modo de producción capitalista es una relación entre individuos que ocupan diferentes posiciones sociales definidas estructuralmente. A esas posiciones se las podría llamar “clases sociales”. Uno no pertenece a la clase obrera porque su padre sea minero sino por la posición estructural que tiene. Estas posiciones se relacionan entre sí mediante mecanismos determinados de dominación que se articulan básicamente en torno a la forma salario. Así, la clase obrera y la burguesía se enfrentan, proceso que se denomina “lucha de clases”. Y en función de las relaciones de fuerza que tengan, la sociedad se va modificando y reproduciendo. Son relaciones que cambian en sus concretizaciones, de modo que no tiene porque haber dos sociedades capitalistas iguales, pero se explican por la misma ley científica (una forma común a todas ellas).

La lucha de clases es el motor de la historia, lo que cambia las sociedades. Eso quiere decir que las relaciones de producción condicionan los conflictos y la forma en que cambia la sociedad y se juega la principal relación que es la lucha de clases. Esto significa romper con la tesis economicista de la tradición del marxismo, ya que no es la economía la que mueve el mundo, son las relaciones de producción. Pero  lo importante es la relación de enfrentamiento (lucha de clases) en torno a esas relaciones de producción. Las tesis que hablaban, simplificando, de la infraestructura económica, de la primacía de lo económico están equivocadas y hay que descartarlas, según Althusser. El motor de la historia no es la economía ni la dialéctica, es la lucha de clases respecto de las relaciones de producción (la propiedad de los medios que permiten reproducir las condiciones de la vida). En el modo de producción capitalista, los propietarios de los medios de producción, producen explotando a los asalariados que trabajan y lo hacen para su beneficio privado. La cuestión de la propiedad de los medios de producción no es una mera cuestión económica sino que afecta a los modos de vivir colectivos, de organizar la reproducción de la vida.

Así, Althusser y los althusserianos empiezan a hablar de la distinción entre infraestructura y superestructura como una simple metáfora que no dice gran cosa. Y frente a la idea de la determinación simple por lo económico, sostienen que la causación dentro del modo de producción capitalista es múltiple y compleja. Hay que tener las condiciones ideológicas, los acuerdos o desacuerdos entre unos contendientes y otros, etc. Todas estas cuestiones sobredeterminadas (y el concepto de “sobredeterminación” es incorporado aquí por Althusser a partir de la tradición freudiana) son un asunto fundamental. Todos los elementos que forman parte de la sociedad son puestos en juego en la lucha de clases en la conservación o en la crítica de la relación que sostiene el modo de producción capitalista.

En 1970 Althusser publica un librito que se llama “Ideología y aparatos ideológicos de Estado” en el que precisamente entra de lleno sobre estos temas. Estudia las causaciones múltiples, no simples, no sólo económicas en lo social, sobredeterminadas por los muchos elementos que hay en juego. Para garantizar la reproducción de las condiciones de explotación capitalista, la burguesía organiza una serie de aparatos que permiten actuar de manera eficaz: la fuerza policial, el ejército, dispositivos ideológicos que garanticen el control y que se constituyen en aparatos de guerra, etc. Aparatos que intervienen de una manera clara: la escuela, los medios de comunicación, la iglesia, etc. Estos aparatos no están organizados por “el” Estado sino que son “del” Estado de cosas (en el más maquiavélico de los sentidos), son los que organizan la pugna ideológica. El ser humano es construido por las relaciones de producción y por los fenómenos ideológicos. Así, lo político no tiene tanto que ver con tomar el Estado o el gobierno sino con regular todos los ámbitos de las relaciones sociales. En 1978, Althusser publica un par de artículos contra el Partido Comunista que culminan esta postura. Además, insiste en que Marx cometió fallos, que no fue lo suficientemente materialista, que hay que ir más allá de Marx.

Pero, ¿qué es el materialismo? Para Althusser el materialismo no es una metafísica, es no contarse cuentos, es el rechazo de cualquier contenido metafísico, llevar la visión científica de Marx a sus últimas consecuencias.


(*) Trascripción realizada por Igor Sádaba

Universidad Complutense de Madrid | Theoria: Proyecto Crítico de Ciencias Sociales | E-mail: marxismo@theoria.org

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