LOS PAPELES DEL SILENCIO

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CUANDO LA MIRADA Y LA PALABRA SE LIBERAN

Había una vez un ciego que veía más allá de cualquier espacio, porque los espacios de los videntes son figuraciones útiles, en tanto que les permiten reconocerse como tales.

Y porque estos espacios son figuraciones útiles, jamás esos videntes controlarán con su mirada algo que previamente no haya sido ya visto y como tal catalogado; visto y catalogado por quienes, controlando la visión, tienen el poder. Es decir, son éstos espacios cerrados.

Había una vez un mudo que hablaba más allá de cualquier escenario, porque los escenarios de los hablantes son ficciones útiles, en tanto que les permiten reconocerse como tales.

Y porque estos escenarios son ficciones útiles jamás esos hablantes controlarán con su palabra algo que previamente no haya sido ya nominado y como tal catalogado; nominado y catalogado por quienes, controlando la palabra, tienen el poder. Es decir, son también éstos espacios cerrados.

Y hubo una vez ciegos-videntes y mudos parlantes, aunque había pocos.

Los segundos hacían del silencio norma, porque aprendieron a tiempo qué significaba la palabra. Ese silencio que impone el discurso reglado.

Los otros hacían de las sombras norma, porque aprendieron a tiempo qué significaba la luz. Esas sombras que impone la estructura de lo real.

* * *

El cambio, la revolución, el progreso es, por ello, obra/empresa de locos: violentar/cuestionar lo aparente se ha convertido, en consecuencia, en objetivo del quehacer científico, del compromiso intelectual.

Los parlantes/videntes del sistema --es decir, cualquier ciudadano normalizado-- no corren riesgo alguno. El propio sistema --los guardianes del sistema--  lo corren por ellos, ya que no pueden aspirar a otra cosa que a ser reconocidos como la obediente voz y los atentos y fieles ojos del jefe.

Los parlantes/videntes marginados --porque llegaron a destiempo--  corren un doble riesgo: un probable rechazo social y una garantizada indiferencia institucional.

Sólo aquellos que logren superar este riesgo alcalzan la categoría de sabios. Aunque, como es habitualmente paradójico, tal reconocimiento se consiga a posteriori.

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