LOS PAPELES DEL SILENCIO
Román Reyes, 1994


HABLAME DEL MAR, MARINERO (I)

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Desde mi ventana. Un tentador entresijo por donde se escapa la mirada hacia espacios en blanco, que a ninguna parte conducen, que ninguna escritura soportan.

Desde mi ventana. Desde mi cómoda posición de intelectual/ académico el mar no se ve.

Dicen que hay/son ... Pero a mí sólo me sirven mensajes homologados, si escritos, mejor.

No hay tiempo para la pérdida. Aquí está prohibido prostituirse en el mar de la confusión, lo indeterminado. Determinar no es oficio de espectador cualquiera. Determinar es una privilegiada función de actor.

Lo noble/erudito se diseña/filtra desde una posición de poder: ciertos espectadores que, habiendo aceptado determinadas reglas de juego, ejercen de analistas excluyentes.

Dicen que hay/son ... Pero a mí sólo me han enseñado a repetir el discurso del interés.

Yo hablo el lenguaje del Imperio, porque repito el discurso de los normalizadores institucionales. Yo soy un ciudadano de este mundo, porque me hago reconocer como tal según me han dicho que debo hacerlo. Yo termino utilizando la misma estrategia político-militar, el mismo recurso policial. Yo interpreto lo real desde la peculiar --por intransferible, al tiempo que relevante--  posición que se me ha asignado.

Es cierto: la vida termina viviéndose/contemplándose/nombrándose desde posiciones de complicidad. Pero hasta esa escapada es objeto de regulación.

Desde ventanas antagónicas ??las posiciones del anonimato ??  termina uno por contemplar el mismo escenario, viviendo la misma representación, idéntico espectáculo. La ficción de autonomía es, a la postre, un resignado recurso útil.

Termina el marinero hablando de su mar con palabras de la tierra: los filtros del discurso que se le imponen en el momento que alguien de poca importancia como yo le obliga a que hable del mar.

Cosas de poca importancia, sin embargo, son las que hacen decir de uno, por ejemplo, que su oficio es el de sociólogo, porque se comporta como deben hacerlo los profesionales del ramo.

El marinero, mientras tanto, ha perdido su voz. Háblame (entonces) del mar, (ahora) marinero en tierra.



[Maspalomas/Madrid, Agosto de 1992]
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