LOS PAPELES DEL SILENCIO
Román Reyes, 1994


HABLAME DEL MAR, MARINERO (II)

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Háblame del cuerpo. Sobre el lenguaje del juego. Sobre el cuerpo del lenguaje. El juego del cuerpo termina --por ahora, gran año 1992--  en/se confunde con el lenguaje. Aunque el cierre sea provisional.

Estética de la mostración/Estética del mensaje. ¿Etica del decir/ hacer?. Ocultación de la miseria/simulación del olvido: 1942 fue ciertamente un gran año también.

Jugar desde Olimpia --sin tiempo, sin historia--. Jugar hacia un nuevo orden ... pasando por Barcelona, en esta ocasión. ¿Pasando por Maastricht?.

El lenguaje del lenguaje. El uso erudito del lenguaje. El lenguaje de la (in)formación. El lenguaje de los políticos/El lenguaje de sus intelectuales: el lenguaje de la simulación, del engaño.

El silencio del cuerpo-lenguaje. Los silencios del saber. El lenguaje del cuerpo. Mi cuerpo. El uso (pseudo)erudito del lenguaje. El lenguaje del ciudadano: el cuerpo del amor.

La belleza de ese huidizo cuerpo es cuestión de nombres, poco adjetivables. Y es cuestión de usos: de los usos y costumbres de organizadores y generalizadores de macro-mensajes. Usos y costumbres --por contagio--  de los consumidores de esos mensajes.

Culto a la palabra, a través del cuerpo. ¿Jamás estuvimos en Grecia?. Siempre estuvimos cerca del Olimpo. Culto a la palabra que se confunde con el cuerpo-palabra. Culto a lo grande, a lo sublime. culto a la prepotencia. Culto al culto mismo. Culto al Estado.

La seducción del acontecimiento, por el acontecimiento mismo. Un espectáculo en el que seductor y seducido pertenecen al mismo orden. En idéntica pantalla se proyectan, al unísono, formas difusas, palabras-cosas, (pseudo)formas, palabras-mensajes. Seduce la estructura, el movimiento proyectado. Seduce y convierte a uno en forzado espectador-cómplice.

Después del espectáculo todo vuelve a la normalidad. El viejo soporte standar de la interacción, del comportamiento y del disfrute que la costumbre sanciona: condiciones mínimas que a uno le permitan sentirse alguien. La estructura de lo real, en definitiva.

El cuerpo. El lenguaje de mi cuerpo. Si por él hablan otros cuerpos, mejor. Si bellos, mejor aún. La palabra-cosa. Yo, cuerpo-palabra que otros me representan/pronuncian. Mi cuerpo es una cosa prostituída. Mi mensaje es un mensaje prostituído. Hay pecados útiles: No de otra forma existen virtudes asimismo útiles.

Porque todos terminan hablando mi cuerpo y escenificando mi habla. Porque me obligaron a hablar como todo el mundo se supone que lo hace. Porque mi hablla condiciona mi comportamiento, reprimiendo gustos, homologando inquietudes, reconvirtiendo proyectos.

Porque está de moda hablar hablas que el Imperio diseña, contemplo mi imagen en el espejo antes de dormir, al tiempo que decido olvidar mi cuerpo ... hasta que mañana vuelva a conectar el televisor, a leer esas páginas especiales dedicadas, esta vez, a los Juegos Olímpicos. ¿Cómo sabría, de otra forma, cuál es ese (micro)mundo que en suerte me ha tocado para a capricho (sobre)vivirlo?.

Háblame del mar, viejo/perverso corredor de fondo ..., aunque para ello --sin dejar tu juego--  tengas que abandonar tu estadio.



[Maspalomas/Madrid, Agosto de 1992]
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