LOS PAPELES DEL SILENCIO
Román Reyes, 1994


E N T R E A C T O

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Y dijo Dios:
--No es bueno que el hombre esté solo.

Y dijo su demiurgo:
--No es bueno que el hombre hable
por sí mismo.

Y dijo Dios, entonces:
--Que sea dueño de la expresión.
Acoplémosle.

Y dijo su demiurgo, a su vez:
--Dejemos que pronuncie las palabras
de la reconciliación.
Devolvámosle al origen.
Que se confunda con la bestia.

Y dijo, por último, Dios:
--Que sea un provocador/infractor.
Que en su osadía intente emular nuestro
comportamiento, que simule hacerlo
permitiéndosele robar el oráculo.
Que hable como hablan los dioses,
con perdón de los héroes.

Y desde entonces se sorprende uno
hablando en nombre de Dios,
porque los dioses, en su locura,
decidieron recuperar protagonismo
hiciéndose hombres.
 

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