MAESTROS COMPLUTENSES DE HISTORIA DEL DERECHO


 

D. Manuel Torres López

Salamanca (1926) - Madrid (1949).

La coherencia de una trayectoria

 

                                                            "Heinrich v. Treitschke dijo en su obra Zehn Jahre deutscher Kämpfe (1879, pág. 470) que ein Volk nicht bloss die nebeneinarder, sondern auch die nacheinander leben den Geschlechter umfasst y Brunner en su Deustsche Rechtsgeschitchte (Tomo I.2, 1906, p. 5) que lo mismo que era exacta esa afirmación so schliesst auch das Recht eines Volkes nicht nur die in der Gegenwart geltenden, sondern auch die ihnen vorhergegangenen Rechtssätze in sich" (Preliminar a la Memoria presentada en la oposición a cátedra de Salamanca por D. Manuel Torres)[1]

 

 

            En este año del centenario del nacimiento de D. Manuel Torres considero importante el dar a conocer las oposiciones que realizó a cátedra, las bases que asentó en ellas de futuros estudios y planteamientos conceptuales y metodológicos y el acceso final a la segunda cátedra de Historia del Derecho de esta Facultad, cuyo Departamento de Historia del Derecho y de las Instituciones ahora le dedica este homenaje.

 

            Coherencia. Si tuviera que calificar con un solo vocablo la personalidad y la obra de D. Manuel Torres utilizaría éste para resumir su trayectoria personal y la de su obra.

 

            Así lo ratifica la lectura de la documentación que se conserva en el Archivo General de la Administración (Sección Educación), sobre las oposiciones que realizó Torres, la primera a la Universidad de Salamanca en 1926, ingresando en el escalafón, y la segunda a la Universidad Central en 1931, para la que fue propuesto D. Galo Sánchez; D. Manuel accedió a esta Universidad diez años después mediante concurso de traslado a la cátedra de doctorado denominada "Historia de la Literatura Jurídica Española", hasta que solicitó el cambio de tal denominación cuando entraron en vigor los nuevos planes de estudios en 1946, siéndole concedida en 1949. Ocuparía desde entonces la segunda cátedra de Historia del Derecho español de la Facultad de Derecho de esta Universidad.

 

            Dos objetivos pretendo con la presenta aportación: en primer lugar, dar a conocer la crónica del desarrollo de las dos oposiciones a cátedra que realizó Torres y la publicación de los ejercicios escritos que se conservan de ellas y, en segundo lugar, el ubicar en el conjunto de su obra las aportaciones que en ellos hizo. Estas últimas presentan una indudable línea de continuidad con la trayectoria que hasta ese momento y posteriormente desarrollaría y demuestran ya desde su juventud la línea de los postulados que defendería desde entonces.

 

            La cátedra de Salamanca, resuelta en 1926, tuvo, además, la peculiaridad de que se realizó por el R.D. de 18 de mayo de 1923 que habían modificado los arts. 9, 29 y transitoria segunda del reglamento de oposiciones de 1910, que introducía la obligatoriedad de presentación por los opositores, además de un programa, de una Memoria en la que se expusiera el concepto, método y fuentes de la asignatura, que sería defendido en un sexto ejercicio que se introducía en dicha reforma. La conservación de dicha Memoria y el desarrollo del primer y tercer ejercicio, que precisamente versó (el primero) sobre la naturaleza del Estado visigodo da un interés especial a la publicación de éste y al análisis de dicha Memoria, imposible de publicar aquí por su extensión, pero que da muestra de la madurez intelectual de Torres en dicho momento y de la sólida base que desde el principio tuvo para el desarrollo posterior de sus estudios sobre el Estado visigodo.

 

            En segundo lugar, los ejercicios realizados tanto por D. Galo Sánchez como por D. Manuel Torres en la oposición para la cátedra de la Universidad de Madrid, de la que sólo se conserva los ejercicios primero y tercero y la bibliografía del cuarto por haber sido propuesto D. Galo (del que sí se conserva, además, su programa y Memoria), hace que en este caso sólo se publique y analicen dichos ejercicios, también demostrativos de la trayectoria intelectual de Torres.

 

 

1. Oposición a la cátedra de Historia General del Derecho de Salamanca en 1926

 

            Torres, mediante el obligatorio concurso-oposición, fue nombrado auxiliar temporal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada en 1922[2].

 

            En 1925 se convocó a concurso-oposición libre entre profesores auxiliares la cátedra de Historia General del Derecho de la Universidad de Salamanca[3]. La oposición se celebró en la Universidad Central de Madrid, resolviéndose entre los días 18 de febrero y 13 de marzo de 1926. Paralelamente, en cuanto a la tramitación y consecutivamente en cuanto a la celebración, se resolvieron otras dos cátedras de Historia General del Derecho que habían salido en fechas diferentes a concurso oposición: de la Universidad de Murcia[4], a la que sólo compareció D. Tomás Gómez Piñán[5] (resuelta entre el 23 de febrero y el 23 de marzo de 1926) y de la Sección universitaria establecida en La Laguna[6], a la que sólo concurrió D. Román Riaza (resuelta entre el 12 de abril y el 6 de mayo de 1926)[7].

 

            La Comisión permanente del Consejo de Instrucción pública, propuso, entre los miembros que habían salido a sorteo[8] para las tres plazas al siguiente tribunal: Presidente: D. Rafael de Altamira[9]. Vocales: D. Laureano Díez Canseco, D. Galo Sánchez, D. Salvador Minguijón y D. Rafael de Ureña. Actuó de secretario D. Galo Sánchez. Suplentes: D. Rafael Acosta, D. Ramón Prieto Bances, D. José María Ots y D. Manuel Segura Soriano[10].

 

            La cátedra de Salamanca, convocada a oposición (turno de  auxiliares) por R.O. de 22 de enero de 1925 (Gaceta de 2 de febrero) fue firmada por siete opositores[11].

 

            La oposición se resolvió entre los días 18 de febrero (fecha de constitución del tribunal) y 13 de marzo de 1926.

 

            De los firmantes sólo acudieron al acto de presentación D. Manuel Torres López y D. Tomás Gómez Piñán.

 

            Se celebró el primer ejercicio el día 2 de marzo. A él comparecieron ambos opositores, saliendo en el sorteo los números correspondientes a los temas 25 y 63, para cuyo desarrollo disponían los opositores de cuatro horas, sólo realizó el acto de lectura D. Manuel Torres (Apéndice I).

 

            A partir del segundo ejercicio, el día 4 de marzo, sólo compareció D. Manuel Torres López[12].

 

            el tercero, el día 8 de marzo, consistía en un ejercicio práctico[13], consistente en un documento del siglo XII (Apéndice II).

 

            A partir del cuarto ejercicio todos eran orales[14].

 

            En el quinto ejercicio, se celebró el 12 de marzo, según el R.D. de 18 de mayo de 1923 (Gaceta del 19). Éste, modificando el art. 9 y 29 del R.D. de 10 de mayo de 1910, disponía que el día de la presentación se debía entregar un trabajo de investigación original y exponerse en dicho ejercicio. Torres presentó el tema "Iglesias propias".

 

            Finalmente el sexto ejercicio se celebró el 13 de marzo, según también el R.D. de 23 de mayo de 1923 (recuérdese que modificaba el art. 29 del R.D. de 1910), consistente ahora en la exposición no sólo del programa de la asignatura, sino de la Memoria, que previamente se había entregado al tribunal en el acto de presentación. Torres había elaborado la suya en 307 cuartillas mecanografiadas.

 

            El día 16 de marzo el tribunal concedió los cinco votos a Torres, proponiéndolo para la provisión de la cátedra de Salamanca, siendo nombrado por R.O. de 20 de marzo de 1926 y tomando posesión el 14 de abril[15].

 

            Permanecería en Salamanca hasta 1940.

 

 

2. Oposición a la cátedra de Historia General del Derecho de la Universidad de Madrid[16]

 

            Vacante la cátedra de Historia General del Derecho de la Universidad de Madrid, tras la jubilación de Díez Canseco, se convocó a oposición en turno libre[17].

 

            Fue firmada por cinco opositores: Vicente Guilarte y González[18], Galo Sánchez y Sánchez[19], Juan Beneyto y Pérez[20], Manuel Torres y López[21] y Román Riaza y Martínez-Osorio[22].

 

            El tribunal estuvo formado por: Presidente: D. Rafael de Altamira y Crevea. Vocales: D. Juan Salvador Minguijón y Adrián, D. Claudio Sánchez-Albornoz y Menduiña, D. José M Ots y Capdequí y Secretario: D. Ramón Prieto Bances[23].

 

            La oposición se desarrolló entre los días 17 de diciembre de 1930 (que se constituyó el tribunal) y el 10 de enero de 1931, en el Museo Pedagógico Nacional, compareciendo sólo D. Galo Sánchez y D. Manuel Torres.

 

            El primer ejercicio se realizó el día 27 de diciembre de 1930, saliendo en el sorteo los temas correspondientes a los números 10 y 12 (Apéndice III y IV) del temario de 113 temas en total que había sido fijado por el tribunal, siendo leídos a las 16 hrs. del mismo día, con el orden de presentación de las instancias de D. Galo Sánchez y D. Manuel Torres, orden que seguirán en el resto de los ejercicios.

 

            Para el segundo ejercicio fue convocado D. Galo Sánchez el día 29 de diciembre[24] y D. Manuel Torres al día siguiente[25]. El tercero, realizado el día 31 de diciembre, era el ejercicio práctico[26] (Apéndices V y VI).

 

            El resto de los ejercicios eran orales: el cuarto fue realizado el día 2 de enero de 1931 por D. Galo Sánchez[27], quien, tras las cuatro horas de incomunicación para su preparación, realizó su exposición, al cabo de la cual D. Manuel Torres hizo las alegaciones correspondientes, que fueron contestadas por su oponente. D. Manuel Torres fue convocado para el día siguiente[28], tras su exposición renunció su coopositor a hacer alegaciones.

 

            El quinto y sexto ejercicio se realizaron los días 5 y 8 de enero, respectivamente.

 

            Reunido el tribunal el día 10 de enero a las cuatro de la tarde para examinar los trabajos de investigación y doctrinales de los opositores, invirtiendo en ello una hora, manifestó su presidente que levantaba la sesión y que se reuniría seguidamente

para verificar la votación y propuesta, lo que se realizó a las cinco de la tarde, en la que por designación nominal, a pregunta del presidente, cada uno de los miembros del tribunal dio su voto a D. Galo Sánchez, por lo que el presidente, proclamó la propuesta de éste para cubrir la cátedra. Fue nombrado D. Galo Sánchez por R.O. de 20 de enero de 1931, tomando posesión el 1 de marzo[29].

 

            Evidentemente, pesaron no sólo la trayectoria científica y profesional[30] y los ejercicios de oposición de D. Galo, sino también las difíciles circunstancias de vida y salud por las que pasaba en Barcelona.

 

 

3. Traslado a la Universidad de Madrid

 

            Los hechos acaecidos en la Universidad de Salamanca en 1939 y la destitución de Miguel de Unamuno como Rector de la misma afectaron al ánimo de Torres que consideró que aquélla ya no era su Universidad, así como los acontecimientos políticos le hicieron centrarse en su actividad puramente docente[31]. Presentó su solicitud de cese como Decano el 1 de agosto de 1939 alegando su deseo de trasladarse a otra Universidad, la cercanía de los exámenes a los que no puede atender debidamente por el exceso de trabajo y la consideración de que es un momento oportuno para el nombramiento de nuevo Decano. En la primera ocasión que se le ofreció volvió a Granada. Esta oportunidad fue el concurso de traslado convocado el 8 de junio de 1940 (BOE del 25) a la Cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de Granada, siendo nombrado el 25 de julio de 1940 (BOE del 8 de agosto)[32], tomando posesión el 31 de agosto. Allí se recrudecieron aún más sus frustraciones. En la vida social de su ciudad de origen era un extraño a causa de la profunda fractura que la guerra había abierto entre sus amigos de infancia y juventud. En la Universidad le resultaba insufrible el talante discriminatorio y retrógrado representado por profesores auxiliares (precisamente de su asignatura) como José Moreno Casado. Fue por eso Granada entonces para él una ciudad en la que apenas residió y se trasladó a Madrid. Movido por Pedro Laín y Dionisio Ridruejo, creyó poder actuar en la vida política para colaborar en la construcción de una sociedad de mejor talante que el percibido en esas experiencias recientes de Salamanca y Granada. Aceptó sus consejos de un cargo en la subsecretaría de prensa y propaganda, pero de esta parte de su historia profesinal no he de ocuparme en este trabajo.

 

            En estos momentos solicitó el traslado a la cátedra de "Historia de la Literatura Jurídica Española (Doctorado)" de la Universidad Central[33].

 

            La Universidad de Madrid había invitado el año anterior a Torres para impartir un curso de Derecho germánico, en un momento especialmente difícil para él, antes de su traslado a Granada, que él rechaza alegando cuestiones ineludibles de carácter académico en la Universidad de Salamanca.

 

            La oportunidad se le presenta cuando por orden de 9 de junio de 1941 se resolvió sacar a concurso de traslado la cátedra de "Historia de la Literatura Jurídica Española (Doctorado)" de la Universidad de Madrid, a la que concursaron D. Manuel Torres López (en aquel momento catedrático de la Universidad de Granada) y D. Alfonso García Gallo (catedrático de la Universidad de Valencia), siendo propuesto por la Comisión permanente del Consejo Nacional de Educación D. Manuel Torres López el día 23 de diciembre de 1941 y nombrado el 24 de dicho mes (BOE de 19 de enero de 1942), tomando posesión de dicha cátedra el 31 de enero de 1942[34].

 

            El 11 de junio de 1946, solicitará el cambio de titularidad de la cátedra, para nombramiento en la cátedra de Historia del Derecho español de la misma Facultad, en virtud del art. 58 del Decreto de 7 de julio de 1944 (BOE de 4 de agosto), que previene la desaparición de la cátedra de Historia de la Literatura Jurídica Española y de la disposición transitoria segunda, por la que se establece la determinación de las cátedras en atención a los nuevos planes, previos los asesoramientos que estime necesarios el Ministerio de Educación Nacional.

 

            Hasta este momento la cátedra de Historia del Derecho Español de la Facultad de Derecho de la Universidad Central era única, pero el elevado número de alumnos había hecho que desde el curso 1945-46 se distribuyeran en dos grupos, uno de los cuales estuvo a cargo de D. Manuel Torres, motivo que alega en su solicitud para el desdoblamiento de la cátedra, a lo que se une la previsión de un número similar de alumnos en el curso siguiente y la impartición de la asignatura cuatrimestral de Historia del Derecho privado, penal y procesal, en cuarto curso, según se recoge en el nuevo plan de estudios. Dicho escrito es informado favorablemente por el catedrático de Historia del Derecho Español, D. Galo Sánchez, el 14 de junio, pero es analizado en sentido contrario por la ponencia designada por la Facultad para elevar informe al Ministerio de Educación Nacional, firmada el día 30 de junio de 1946 por los señores Carlos Ruiz del Castillo, Nicolás Pérez Serrano y Alfonso García Gallo. La Junta de Facultad decide enviar tanto el informe del catedrático como el dictamen de la Comisión. Éste parece predominar, puesto que no se le concede el cambio hasta el 13 de enero de 1949 (BOE de 9 de febrero), por la efectiva extinción de la cátedra de "Historia de la Literatura Jurídica Española (Doctorado)", por aplicación del nuevo plan que en este año afecta al doctorado, pasando a ser nombrado D. Manuel Torres catedrático de Historia del Derecho Español de la Facultad de Derecho (segunda cátedra), de la Universidad Central, que ocupará hasta su jubilación el 9 de noviembre de 1970.

 

 

4. Análisis de su Memoria y programa presentados a la cátedra de Salamanca y ejercicios realizados en Salamanca y Madrid

 

            Por R.D del Ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes de 10 de abril de 1910 (Gaceta del 14), por el que se aprueba el Reglamento de oposiciones a Cátedra y Auxiliares, en su art. 9 establecía la obligatoriedad de aportación por los opositores el día de la presentación ante el Tribunal un trabajo de investigación o doctrinal propio y el programa de la asignatura, requisitos sin los cuales no podrán ser admitidos a tomar parte en la oposición. Los arts. 9 y 29 y el párrafo primero de dicho R.D. son modificados por el R.D. de 18 de mayo de 1923, que afecta a la presentación y defensa de dicha Memoria[35] y trabajo de investigación. Parece que esta cátedra de Salamanca fue de las primeras de esta disciplina en la que se presentó dicha Memoria, por lo que sería punto de referencia a partir de ese momento para Memorias posteriores[36].

 

            El trabajo de investigación presentado por D. Manuel Torres era "Iglesias propias. Notas y documentos sobre la doctrina de las iglesias propias y la práctica del sistema de apropiación en León y Castilla durante la Edad Media", que previamente había sido entregada al tribunal el día de la presentación, constaba de 438 cuartillas mecanografiadas y que posteriormente fue publicado en sus líneas esenciales en "El origen del sistema de 'iglesias propias'"[37]. Con anterioridad Torrres había tratado este tema en su trabajo "La doctrina de las iglesias propias en los autores españoles"[38], trabajos que se oponían a la línea hasta entonces planteada y cuyo análisis y repercusión posterior son analizadas en este Homenaje por la profesora M. Rodríguez Gil.

 

            No se recoge en actas ni se conserva en el expediente el proyecto de investigación que presentó a la cátedra de la Universidad Central de Madrid.

           

            Me detendré en el desarrollo de su Memoria[39] y programa, relacionándolos con la exposición posterior que realiza en las dos ediciones de sus Lecciones. En éstas, en los primeros temas, toma como punto de partida la Memoria de Salamanca, pero no de forma literal, sino que existen sensibles diferencias, deteniéndose a veces en determinados puntos en éstas que no incluye en aquéllas o introduciendo en las dos ediciones de sus Lecciones las aportaciones más recientes que no pudo tener en cuenta en su momento, además de matizar algunos puntos concretos. En este sentido es más extenso y completo el desarrollo que hace en su segunda edición, que incluye, además, en cada tema una amplísima relación bibliográfica.

 

            Coherencia no es sinónimo de inmovilismo y esto es la primera de las cuestiones que deben resaltarse en la Memoria y en el perfilamiento de los programas que presenta a las oposiciones aquí objeto de análisis (considero que el programa impreso que tenía en Salamanca en el mismo año de la oposición de Madrid fue el que presentó, por la coincidencia del tema correspondiente al cuarto ejercicio y el número total de lecciones, 121). Honradez intelectual es la segunda virtud aplicable a la obra de Torres, que ya se evidencia en su Memoria de oposición en la cual no duda en mantener una posición y tampoco en exponer las dificultades que tal posición entraña.

 

            Respecto a la Memoria[40], resalto en primer lugar la madurez intelectual de Torres en el momento de su elaboración, sin otras Memorias de referencia, puesto que fue la primera oposición de esta materia que se realizó por el nuevo sistema, y con la poca experiencia práctica que él mismo reconoce (tenía veinticinco años y exactamente cuatro de docente).

 

            La primera parte de la Memoria la dedica al concepto, método de investigación y objeto de la Historia del Derecho y a las características arriba apuntadas pueden seguirse en la exposición directa que hace desde sus primeras páginas de su concepción de la Historia del Derecho como parte de la Historia total, manteniendo la necesidad de conexión con otras materias, especialmente la Historia, la Economía, la Filosofía, la Filología, etc. además de la aportación de las ciencias auxiliares, especialmente de la Diplomática y de la Arqueología, llamando especialmente la atención sobre el peligro que para los estudios histórico-jurídicos debe tenerse en la utilización del método comparativo de la sociología. Entre ellas, la aportación que proporciona la Historia general y la modificación de su contenido que va pasando de la Historia política a la Historia de la cultura, que ha provocado en la Historia del Derecho la evolución de su objeto, desde la exclusiva Historia de la legislación hacia la Historia de las Instituciones, que incide no sólo en el cambio de objeto, sino en la valoración de las fuentes y la incorporación de ciencias auxiliares para el estudio, de lo que ya ve indicios en la Enseñanza de la Historia (Cap. VIII), de Rafael de Altamira, tanto por la introducción de las nuevas ideas que en el resto de Europa se iban desarrollando como en la apreciación de la aportación que de otros campos de la Ciencia se estaba produciendo.

 

            Asimismo desde las primeras páginas aprecia la falta de dogmatismo jurídico, necesario para la comprensión histórico-jurídica, lo que lo conduce al análisis del método necesario para la determinación de conceptos generales y comunes a todas las disciplinas históricas[41].

 

            El tercer tema que aborda, no sólo por precepto legislativo sino por convicción, es el del concepto de la disciplina, que inicia con el concepto de Historia y su objeto (porque por éste se llega a aquél), pero antes trata el problema de la Historia como ciencia, afirmando su naturaleza científica, como la ciencia de la cultura por excelencia y la no diferenciación entre la clásica división ciencias de la naturaleza y el espíritu y sus diferentes métodos, rechazando la catalogación de que las primeras son ciencias de hechos de repetición, frente a las segundas, como de hechos de sucesión, sobre lo que no se puede formular ley, sino que los agrupa en series entre las que se establece relaciones de causa y efecto. Torres, sin negar la relación causal, afirma una concepción procesual de valoración teleológica para llegar a la determinación de los hechos históricos: considera que la Historia es una ciencia peculiar, porque es peculiar su objeto y sólo en función de éste se puede elaborar su concepto científico. Su objeto no es una sucesión aislada, sino encadenada no sólo causalmente, sino en forma de proceso final: su objeto es un proceso de hechos históricos (de los hombres como seres sociales).

 

            En cuanto al método de estudio de la ciencia histórica que nos permita diferenciar cuáles son los hechos históricos, se aparta de la concepción psicológica de autores como Dilthey o Tönnies o las biológicas de Spengler, para adoptar como básico lo positivo del método comparativo elaborado por Lamprecht y Zeller, aunque asumiendo las críticas formuladas por v. Below y v. Amira y en España dicho método está presente en la obra de Costa, Ureña, Altamira e Hinojosa, así como en la de Fincke sobre el Derecho español[42]. Compárese estas ideas con las expuestas en su primer ejercicio a la oposición de Madrid, al tratar de los aciertos y errores de Hinojosa, considerando entre éstos la utilización de este método sociológico-comparativo; con este motivo, al aludir a la crítica de v. Below, dice de éste "mi maestro en Friburgo de Brisgovia"[43], expresión que no he visto utilizar en ningún otro lugar.

 

            No duda Torres en apuntar cómo este método sólo ha sido ensayado en el estudio comparativo del Derecho germánico, que considera aplicable a España en el Derecho altomedieval[44], pero hay que delimitar primero los parentescos que en el Derecho de distintos pueblos se puedan dar para hacer este estudio, que nunca sería extensivo a cualquier institución separada o a cualquier momento de la evolución, aspecto que se exagera en el método comparativo-sociológico, que llega a conclusiones totalmente dispares de lo que sería el hecho singular.

 

            Un último apunte sobre el desarrollo del método histórico-jurídico: en su crítica a la visión del historicismo de Spengler, Torres utiliza un sistema que ya manejó al desarrollar otros métodos en las cuartillas anteriores, pero que aquí se hace especialmente significativo. Expone su teoría, analiza sus principios, relativiza sus resultados, casi se recrea en ellos, para concluir que "La Historia de Spengler no se piensa, se poetiza"[45]. En cambio, en la que hace al materialismo histórico tiene una actitud adusta, de rigidez, "casi desnuda en esta parte de aparato científico"[46], puede decirse que son las dos caras en su concepción de la Historia, como obra de arte y como proceso que no admite rupturas.

 

            A partir de aquí la exposición de su concepto. Toma la premisa del hecho individual, para basarse en la idea del proceso que lo llevan a la concepción teleológica de la Historia. Esto es lo novedoso de su concepto: la idea de proceso, al considerar que la Historia como ciencia no constituye una narración de la individualidad de cualquier hecho en ese proceso, sino que el proceso es en relación a algo. La Historia está dividida por determinados puntos de vista, a partir de los cuales se valora el hecho elaborando conceptos cuyo contenido es particular e individual: finalidad y valoración resuelven los problemas del método histórico. "Un fenómeno de cualquier clase explicado por una relación causal, suministra un conocimiento de lo que es; pero si este fenómeno ha de ser objeto, eslabón de un proceso, ha de ser valorado y estimado en relación a un fin, en cuya relación adquieren unidad los distintos fenómenos. Esos fenómenos distintos han de ser traídos al ambiente común creado por la finalidad, por el "telos", por la "idea" que aunque no es constitutiva del fenómeno como hecho físico natural (en sentido natural el fenómenos es constituido por su causa) sí lo es del hecho histórico, del objeto histórico porque ella unifica el proceso sirviendo de norte a todas las unidades que sin la idea de fin quedarían dispersas..., en la valoración como diríamos siguiendo a los neo-kantianos, surge el fenómeno histórico. Es preciso avalorar. Y avalorar es estimar no con relación a causa, sino a un fin previamente fijado... el telos no es la causa, es la clave de la ciencia social y por tanto de la historia"[47].

 

            Un paso más, siguiendo las ideas de Rickert, sería la elaboración de un mundo de valores en el que se ubicara el objeto de nuestra ciencia, siendo los valores la categoría de la ciencia histórica y ensanchándose la valoración con el progreso. Mediante la valoración teleológica se puede llegar a lo que de otra forma sería imposible: a concepciones individuales y por tanto a que siendo Ciencia de lo particular sea, la Historia, Ciencia. Por "el proceso cultural, un individuo, en el sentido de hecho, proceso, etc. peculiar e insustituible por otra realidad; llegamos por el valor al hecho histórico, a lo específico...: La Historia es una Ciencia de Valores"[48].

 

            Delimitada la ciencia histórica la conexión, con el mismo fundamento, de la Historia del Derecho es clara, porque ésta debe ser una relación teleológica o estudio de fenómenos en la relación de medio a fin: el orden jurídico contiene las más importantes normas para la vida social del hombre, normas: preceptos dictados para un fin, relación teleológica, lo que no se opone a una conceptualización causal de la realidad, porque en su concepción la Historia, después de elegido por valoración final el hecho histórico, tiene también que estudiar las conexiones causales que existen entre los procesos singulares e individuales de que ella se ocupa.

 

            En razón de esto la "Historia general del Derecho Español será la ciencia que se ocupe en forma orgánica del estudio crítico de la evolución de nuestro Derecho atendiendo tanto al desarrollo general cuanto al especial de las distintas instituciones"[49]. "El sistema jurídico, como todos los organismos, comenzando en un Estado inicial, evoluciona y recorre múltiples fases, atravesando grados diversos y distintos estadios de desarrollo que no precisamente son siempre progresivos, ni en modo alguno iguales para los organismos jurídicos que iguales en su origen, comienzan a evolucionar por cuenta propia"[50]. Esto diferencia a la Historia del Derecho de las antigüedades jurídicas, que se ocupan de estadios estáticos del Derecho.

 

            Pero el Derecho es un organismo que, como tal, evoluciona globalmente, cada institución tiene vida propia, pero está subordinada al proceso general: hay que estudiar antes el todo que las partes del proceso. "Son los procesos de transformación lo característico de lo histórico"[51]. En este proceso es en el que, a diferencia de autores como Altamira, introduce no sólo lo justo (identificado por éste con el Derecho), sino también lo injusto o negatorio del Derecho (como el delito en el Derecho penal), porque no sólo la negación injusta, sino la ilegal, son el camino para la reforma del Derecho y para la acentuación del proceso de evolución que marca la marcha de la Historia jurídica.

 

            A partir de la elaboración de su concepto de Historia y de Historia del Derecho, Torres lo aplica a la elección de las fuentes de estudio, en las que no sólo analiza las puramente legales, sino los documentos de aplicación del Derecho (con especial relevancia a la importancia de las falsificaciones[52]),  adoptando un criterio de elección de todo el material significativo para la concepción teleológica de la Historia del Derecho, por lo que interesa tanto el material puramente jurídico como no jurídico, que ayuda a la comprensión y conocimiento de aquél, por lo tanto habría que hablar de Historia del Derecho en sentido propio e Historia de los hechos e ideas sociales, económicas, etc. ajenos al Derecho, pero íntimamente relacionados con el devenir histórico. Ésta es la división por la que aboga, más que por la difundida de Historia (e Historia del Derecho) externa (fuentes) e interna (instituciones), porque no considera que cuando se estudia una fuente se puedan eludir los problemas generales de la formación del Derecho, de cambios del concepto en cuanto al valor del Derecho y su forma de aplicación, elementos que integran la vida legislativa, etc., siendo más aceptable esta división en el sentido que lo hace M. Barrio y Mier (que bajo los concepto de Historia externa e interna, recoge lo antes dicho por Torres) o Brunner (Historia general e Historia especial) que en Leibniz, Klimrath, Pertile, Marques y Cardoso, Foignet e Hinojosa, cuya división se refiere a fuentes e instituciones[53].

 

            Primero en nota (53, c. 158, que vuelve a reiterar en la c. 177) y después en el desarrollo de la Memoria[54]  enlaza su concepto de Historia del Derecho y el desarrollo del programa que presenta, por lo que se puede hacer un análisis conjunto de ambos en este punto: "Estas ideas están reflejadas en el proyecto de curso que en forma de programa acompaña a estas cuartillas. Posteriormente indicaremos cómo nosotros hemos hecho siempre preceder a los problemas concretos de fuentes algunas cuestiones generales de lo que titulamos formación del Derecho. Ya pondremos todo esto en relación con nuestro sistema de organización de nuestro programa (historia política, económica, social, formación y vida del Derecho, fuentes, instituciones políticas, administrativas, militares y eclesiásticas, Derecho privado, penal y procesal con un contenido sistemático". "De acuerdo precisamente con éste veremos en nuestro programa proceder a un estudio sumario de la Historia política significativa para nuestros fines[55], seguir las relaciones económicas[56] y sociales[57], completar la historia general, con la de la formación del Derecho[58] y fuentes[59] y comenzar la instituciones[60] dividiendo éstas en dos grupos (con transcendencia en el método de exposición) del cual el primero   (instituciones públicas) lo unimos a la Historia general y el segundo (instituciones privadas, penales y procesales) lo organizamos sobre todo en la Edad Media, en forma más sistemática que histórica[61]".

 

            Su propia exposición hace ociosa mayor explicación, excepto una mera relación de la organización de dicho programa.

 

            Éste se divide en 95 lecciones, perfectamente desglosados en epígrafes de considerable extensión[62]. En él están delimitados los temas introductorios, correspondientes al concepto y métodos (Lección 1), medios de conocimiento (Lección 2), historiografía jurídica (Lección 3), del desarrollo de la evolución de nuestro Derecho, en el cual ya sistematiza el temario, según lo arriba expuesto, mediante la siguiente división:

 

            I. La Península primitiva (Lecciones 4-7).

            II. La Península, provincia romana (Lecciones 8-16).

            III. La vida jurídica peninsular durante la Edad Media.

                        A) El Derecho romano-germano.

                                    a) Historia general y de las instituciones públicas.

                                                1º. El Derecho visigótico (Lecciones 17-34).

                                                2º. El Derecho germanizado de los Estados cristianos de la reconquista y las recepciones (Lecciones 35-61).

                                    b) Derecho privado, penal y procesal.

                        B) El Derecho semítico

                                    I. Derecho judío (Lección 80).

                                    II. Derecho árabe (Lecciones 81-83).

            IV. El Renacimiento y la formación de los grandes Estados del antiguo régimen (Lecciones 84-92).

            V. España Constitucional (Lecciones 93-95).

           

            Sobre su propia argumentación hace varias puntualizaciones sobre la importancia del Derecho indiano y su inclusión entre las fuentes de la metrópoli para dar el sentido de unidad orgánica, aunque con inclusión de los problemas específicos.

 

            La opción que se plantea en la estructuración del material objeto de estudio en la Historia del Derecho es la utilización de un método histórico (que atiende primero a la Historia y luego al Derecho) o sistemático (que atiende primero al Derecho y luego a la Historia, pero adoptando el sistema jurídico actual como base estudiando con esta concepción el Derecho, sin divisiones históricas)[63]. Torres se inclina por la bondad del plan histórico, sumándose a la idea de Brunner de que la ley fundamental de la diferenciación de las instituciones jurídicas queda desconocida en el método sistemático. No obstante opta por un plan intermedio, adoptando la sistematización en el Derecho privado, penal y procesal de la Edad Media. Asimismo, "hemos seguido un criterio no totalmente concordante con los períodos de la historia política", por creer que están condicionadas dichas divisiones por los diversos elementos que influyen en nuestro Derecho[64], por lo que su "criterio histórico es mezcla de un criterio cronológico, sincrónico y de influencias", ideas iniciales que combinan el método histórico y sistemático (en el Derecho privado, penal y procesal) en la primera edición de sus Lecciones[65] y que posteriormente perfilará en la segunda edición cuando se decanta por que "el criterio a seguir para la división de la materia histórico-jurídica nos lo ha de dar ella misma y habrá de surgir un nuevo período, cuando contemplemos la aparición de un nuevo sistema jurídico que exponer. Desde luego así se deduce del propio concepto que dimos de Historia del Derecho, como Historia de los sistemas jurídicos"[66].

 

            La organización del programa que presenta en 1926 merece la explicación que Torres hace en la III parte de su Memoria, con varias puntualizaciones en torno a la inclusión de los tres elementos de formación de ese Derecho y a la necesidad de hacer subdivisiones dentro del mismo (Derecho visigótico, Derecho germanizado de los Estados cristianos de la reconquista y las recepciones), así como la especificación de la inclusión del Feudalismo entre las instituciones, siguiendo a v. Below y el régimen señorial (como aspecto económico[67]) diferenciado del señorío jurisdiccional (ubicado en los temas de organización político-administrativa[68]), dudando de su utilización "el término no nos satisface por las posibles confusiones"[69].

 

            En ellas la distribución ya presenta la línea propia de su concepto de Historia del Derecho por sistemas jurídicos: introducción histórica, medios de conocimiento, aspectos económico-sociales, organización política e instituciones de Derecho privado, penal y procesal. Línea que mantendrá a tenor del desarrollo años después de sus Lecciones y que luego seguirá matizando a juzgar por el volumen mucho mayor del temario presentado en la oposición de Madrid (en 121 lecciones), en las que expresamente mantiene la necesidad de aplicación del concepto de sistema jurídico a toda la materia[70], aunque mantiene un sistema mixto en el programa impreso en Salamanca, también de 1931. La modificación fundamental que presenta es la mayor dedicación a los temas introductorios de concepto, método e historiografía y, especialmente, la ubicación del Derecho privado, penal y procesal al final del temario, en lugar de al final de los grandes bloques que establece en el programa, proyecto que se plasma también en la estructura de sus Lecciones, incompletas según su proyecto inicial de cinco tomos, pero que desarrolla según su concepto de Historia del Derecho en la colaboración que realiza en la Historia de España (dirigida por Menéndez Pidal), en los capítulos correspondientes al Derecho hispano-romano y al visigodo (tomos II y III).

 

            Si se compara esta estructura con la que en 1933 y 1934 desarrolla en sus Lecciones[71] que, como dice en su nota preliminar, pretende ser fiel reflejo de las explicaciones en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca desde el curso 1926-1927, se aprecia su interés por la elaboración de un concepto de Historia del Derecho integrador de las diferentes corrientes tanto en Historia y en Derecho, como en Filosofía, Economía y otras ciencias, así como su permanente preocupación por las tendencias que en el resto de Europa se estaban desarrollando, especialmente, aunque no exclusivamente, en Alemania. Esto motiva que le dedique una extensión mucho mayor que en el programa presentado en 1926, ocupando un total de nueve lecciones, todas ellas de una extensión mucho mayor que las tres que presenta inicialmente. Asimismo se aprecia un claro perfilamiento de las sucesivas etapas jurídicas y cómo desde su esquema inicial centra su atención en los distintos elementos de formación de nuestro Derecho para definirse por la división en sistemas jurídicos desde la primera edición[72].

 

            La tercera parte de la Memoria la dedica al método en enseñanza (cuartillas 195-200), en el que da especial relevancia a las clases prácticas y a la realización de proseminarios y seminarios sobre temas monográficos.

 

            Finalmente, realiza una amplia exposición de las fuentes y medios de conocimiento para el estudio de la Historia del Derecho Español, en las que analiza lo que considera fuente directa (las que incluyen principios jurídicos) e indirecta (la que nos aporta conocimiento sobre el Derecho), analizando entre los distintos medios, no sólo los textos jurídicos (tanto obras legislativas como recopilaciones consuetudinarias, trabajos de tipo judicial, privados (incluso falsificaciones), literatura jurídica, etc.), sino los refranes jurídicos, documentos de aplicación del Derecho, las fórmulas, crónicas, informes, restos arqueológicos, etc. para cuyo análisis y comprehensión debe conocerse los mecanismos propios de las ciencias auxiliares, aplicando sobre estas fuentes el método de investigación resultante del concepto desarrollado[73].

 

 

5. Ejercicios: calidad, tratamiento de los textos y proyección posterior en su investigación

 

            Hay que plantearse, como cuestión previa, el interés de la edición de los ejercicios de oposición. Dos aspectos deben abordarse: la calidad de los mismos y el tratamiento que deben dársele.

 

            En cuanto a la primera cuestión, la edición indiscriminada de ejercicios de oposición puede llevar a la publicación de textos que pueden ir en menoscabo de la obra de un autor, puesto que inciden en la presentación a una oposición una serie de circunstancias no siempre idóneas para la elaboración de temas, que hubieran tenido un tratamiento diferente por el autor en otra coyuntura, sin la presión que supone un concurso-oposición, que requiere en ocasiones un grado de cesión ante la posterior evaluación de los miembros de un tribunal; pero, además, es un trabajo realizado no para ser publicado, sino para ser evaluado y, finalmente, es un tema impuesto, no elegido, que lo decide en gran medida el azar del sorteo entre un temario previamente fijado por el tribunal, por lo que tiene como característica el ser ajeno al opositor.

 

            Asimismo, influye el tiempo para el desarrollo, lo que supone una presión adicional a las circunstancias dichas. Esto se aprecia en las reiteradas alusiones en los ejercicios de Torres a la falta de tiempo, a la no posibilidad de desarrollo de ciertos puntos, a sólo apuntar el tema por carecer de tiempo, etc. Además de ser realizados con base en una preparación general previa, al ser establecido el temario en tras la constitución del tribunal y sin posibilidad de utilización de material.

 

            Esto hace que los ejercicios puedan presentar imprecisiones, faltas en la redacción, falta de signos de puntuación, etc. consciente de tales hechos, en la edición que aquí se hace se han intentado corregir tales defectos, siempre que no cambien el sentido dado por el autor a su texto. Asimismo se ha introducido el uso de cursivas, comillas en los títulos de las obras, para diferenciarlos del resto del texto, se ha actualizado la puntuación, etc. si bien se han respetado los subrayados del autor, que intentan resaltar determinados aspectos de su discurso. No se ha intentado hacer una edición crítica, por lo que no se han introducido notas y aclaraciones del texto.

 

            Respecto al contenido de los ejercicios aquí publicados realizados en las dos oposiciones, especialmente en los de Torres, resaltaría cómo en ellos están presentes muchos de los aspectos en los que se centró su investigación, asentando en el correspondiente al Estado visigótico la línea sus posteriores trabajos. Especialmente relevante es el tema 25 del primer ejercicio de Salamanca ("Concepto de Estado y Monarquía entre los visigodos. Limitaciones morales y jurídicas del poder real") (Apéndice I.1). No sólo sobresale el profundo conocimiento de la historiografía del momento sobre el tema, sino la toma de posición en torno al mismo. Téngase en cuenta que al presentarse a dicha oposición tenía en elaboración o a punto de publicarse "El Estado visigótico. Algunos datos sobre su formación y principios fundamentales de su organización política", publicadas en el mismo año de la oposición[74], por lo que en el ejercicio esboza las líneas allí defendidas. Él mismo incide en el detenimiento en que trata determinadas cuestiones en detrimento del desarrollo de otras, porque las primeras cuestiones expuestas en el ejercicio "no están hasta ahora orgánicamente construidas" y el resto sí.

 

            Respecto al tema 63 (Apéndice I.2), dedicado a la nobleza, véanse las referencias que hace en torno al desafío y riepto, donde mantiene ya su posición de que se aplica tanto a nobles como a plebeyos y cuyo desarrollo realizará posteriormente en "Naturaleza jurídico-penal y procesal del desafío y riepto en León y Castilla en la Edad Media"[75].

 

            Del primer ejercicio a la cátedra de Madrid (Apéndice III.1), resalto el esbozo extraordinario que hace de la obra de Herculano, demostrando un profundo conocimiento de todos los aspectos de la misma, cuando difícilmente podía haber acudido a estudios indirectos sobre dicho autor, que no existían en ese momento, a diferencia de Hinojosa, que el coopositor había realizado un estudio con anterioridad[76], como él mismo señala, así como otros publicados con motivo de su muerte. Tanto en el caso de Herculano como en el de Hinojosa realiza una labor de sistematización de su obra que difícilmente puede comprenderse su realización en cuatro horas. Asimismo da exacta referencia de un trabajo propio sobre historiografía que ya elaborado en este momento no llegó a publicarse, como el que expresamente cita sobre "Eduardo de Hinojosa y los estudios de Historia del Derecho en España después de su muerte", que dice debió publicarse en Spanische Aufsätze der Görresgesellschaft, pero que por su extensión espera ocasión propicia para ello, ocasión que no llegó y él mismo destruyó posteriormente[77].

 

            Asimismo, en el orden de las críticas que hace a la obra de Hinojosa hace notar su discrepancia respecto al seguimiento que hace éste de las teorías de Stutz en el tema de las iglesias propias[78].

 

            Tanto en su Memoria como en este ejercicio, se hace referencia a uno de los temas que más tarde abordaría: la Historia como obra de arte[79], de la que indudablemente el título de Menéndez Pelayo que cita: "La historia como obra artística", sería un punto de referencia.

 

            Respecto a las dos prácticas, correspondientes al tercer ejercicio, destaco dos aspectos: primero la excelente técnica de transcripción y el análisis diplomático que realiza, propio de su reiterada llamada de atención sobre la necesidad de dominio de las ciencias auxiliares y, en segundo lugar, el desarrollo de algunos de los temas que serían abordados por él en su investigación: en el primero de los documentos (Apéndice II) el análisis que hace de la obnoxatio[80] y la comparación con documentos coetáneos de similar contenido[81]; en el segundo de los documentos (Apéndice V) el desarrollo de la idea de bannus regio (de influencia canónica, pero de raíz germánica) y la transformación del sistema penal medieval de privado en público y del procedimiento acusatorio al inquisitivo en los casos que se reserva el rey (casos de Corte) o la referencia al concepto de honor, como demarcación territorial de las posesiones del monasterio y no, en este caso, como cargo público, etc.

 

            Dos reflexiones últimas: la primera comparativa entre los ejercicios correspondientes a la cátedra de Madrid realizados por D. Galo Sánchez y por D. Manuel Torres. En ellos se aprecia a dos grandes historiadores del Derecho, con características y momentos de su vida académica muy diferentes: mientras D. Galo demuestra la madurez, D. Manuel la inquieta juventud. D. Galo elabora ejercicios en los que impera la reflexión, la síntesis, pero, también, el anquilosamiento; D. Manuel demuestra, sobre todo, la necesidad de conectar nuestra Historia del Derecho con las tendencias y corrientes más actuales en el resto de Europa; esto mismo resalta y alaba de Hinojosa, cuando incide en que en su Historia General del Derecho Español es el primer intento científico de hacer una Historia moderna de nuestro Derecho y que refleja con maestría el estado de la ciencia de la época a ese respecto no sólo entre nosotros, sino en el extranjero. En correspondencia con esto, se observa en sus ejercicios el profundo conocimiento de la historiografía del momento y la renovación conceptual y metodológica que se estaba produciendo en nuestro entorno.

 

            De sus ejercicios se desprende lo que en sus conversaciones siempre sostuvo: que él no pretendía sacar la cátedra frente a D. Galo, sino que quería dejar constancia que tenía disposición para trasladarse a la Universidad de Madrid, ante posibles candidatos posteriores, y que su posición debía quedar clara. Esto lo demuestra el que lo volviera a intentar en la primera ocasión que se le presentara de traslado trece años después. Asimismo el que mantuviera siempre con D. Galo una relación cordial, que se desprende de la invitación que le hizo en 1939 para que diera un curso de Derecho germánico en la Facultad de Derecho de la Universidad Central y cuando coincidió con él en ésta, donde, incluso, apoyó con su informe favorable la solicitud formulada por Torres el desdoblamiento de la cátedra ante la prevista desaparición de la asignatura de "Historia de la Literatura Jurídica Española (Doctorado)". Por lo tanto, fueron en un momento coopositores, no oponentes.

 

            La segunda sobre su Memoria en conjunto. Es como él era: directa, concisa, lineal y espléndidamente desarrollada en cuanto a su discurso (ciencia, objeto, método, concepto), brillante su aparato crítico, con un profundo conocimiento de la historiografía alemana y española, pero con importantes incursiones en la francesa, en la italiana y en la portuguesa. Marca, con nitidez y a la vez cortesía, afinidades y disensiones, pero aún en éstas, tanto aquí como en su vida de magisterio, estuvo marcada por la admisión de teorías contrarias y con la evolución de su propio concepto, de lo que es prueba evidente el desarrollo posterior del concepto de Historia del Derecho, basado en sistemas jurídicos, realizado por J.M. Pérez-Prendes a raíz de la intuición inicial (en el sentido del método de Spengler que resaltara Torres) de la tendencia de la historiografía que él marcara ya en 1926 al plantear por primera vez su concepto de la disciplina.

 

                                              


 

    [1]Este párrafo está recogido íntegramente en su concepto de Historia del Derecho, M. TORRES, Lecciones de Historia del Derecho Español, Librería General "La Facultad" de Germán García, Salamanca, I, 1933, 1ª ed., p. 26 y 2ª ed. 1935, 36-37 p. ("Y es que, precisamente, lo mismo que v. Treitschke en su obra Zehn Jahre deutscher Kämpfe (1879, pág. 470) afirmó que "un pueblo no sólo se integra por las familias que viven a un tiempo, sino también por las generaciones que se han sucedido", se puede decir con Brunner "que el Derecho de un pueblo, no sólo encierra en sí los principios jurídicos vigentes en el momento presente, sino también los pasados"). Desde ahora cito: Lecciones, 1ª y 2ª.

[2]R.O. de 9 de marzo de 1922, tomando posesión el 9 de abril del mismo año.

[3]AGA, Educación, caja 7366, nº 3.

[4]Ibid., caja 7365, nº 1.

    [5]Habían firmado dicha oposición D. Carlos Sánchez Peguero, D. Manuel Torres López, D. Luis Pidal Rodrigálvarez (excluido por no presentar certificado de carencia de antecedentes penales), D. Tomás Gómez Piñán, D. Vicente García Desfilis (excluido por no presentar los documentos acreditativos), D. Esteban Madruga Jimémez y D. Román Riaza Martínez-Osorio.

    [6]R.O. de 18 de febrero de 1925 (Gaceta de Madrid, el 21 de febrero. AGA, Educación, caja 7366, n 5. Dicha plaza había sido firmada por D. Manuel Torres López (que en la Gaceta aparece como D. Ramón, por lo que tuvo que presentar escrito de rectificación del nombre), D. Tomás Gómez Piñán, D. Vicente García Desfilis y D. Román Riaza Martínez-Osorio.

    [7]Ambas oposiciones también habían sido firmadas por D. Manuel Torres. Con anterioridad había firmado la cátedra de la Universidad de Murcia, convocada por R.O. de 15 de septiembre de 1923 (Gaceta de Madrid del mismo día), cuya instancia envió desde Friburgo (Alemania), pero a la que no concursó.

    [8]D. Laureano Díez Canseco, D. Rafael de Ureña, D. Rafael de Altamira, D. Manuel Segura Soriano, D. Galo Sánchez, D. José M Ots, D. Rafael Acosta, D. Juan Antonio Bernabé y Herrero, D. César Mantilla, D. José Ribero Aguilar, D. Salvador Minguijón y D. Ramón Prieto Bances (publicado en la Gaceta de Madrid, el 26 de abril de 1925).

    [9]No obstante, D. Rafael de Altamira presentó excusa, por lo que fue sustituido como presidente por D. Felipe Clemente de Diego (R.O. de 12 de diciembre de 1925, Gaceta de Madrid del 15).

    [10] R.O. de 6 de mayo de 1925 (Gaceta de Madrid del 12).

    [11]D. Esteban Madruga Jiménez, D. Eugenio Tarragato Contreras, D. Román Riaza y Martínez, D. Manuel Torres López, D. Máximo Peña Mantecón (excluido por no justificar título de doctor), D. Tomás Gómez Piñán y D. Miguel M de Pareja Navarro.

    [12] Saliendo los temas correspondientes a los números 29, 41, 46, 86 y 96. Su exposición duró una hora exacta.

    [13]Según el art. 27 del Reglamento de oposiciones de 10 de abril de 1910, se le dieron a elegir al opositor entre dos trabajos: primero, un documento original en pergamino del siglo XII procedente de un monasterio de León y el Liber Iudiciorum, libro 4º, título 2º, ley 6º y libro 3º, título 1º, ley 5º. Eligió el documento, para el desarrollo de cuyo ejercicio se le dio un tiempo de tres horas, siendo incomunicado en el Museo Laboratorio de la Facultad de Derecho.

    [14]El cuarto ejercicio se realizó el día 10, saliendo a sorteo entre los 95 temas presentados por el opositor en el programa aportado al tribunal, los correspondientes a los temas 65, 85 y 90, entre las que eligió el tema 85 ("El Estado absolutista. La monarquía y el Estado. El rey. El Estado y las doctrinas políticas. El rey y los súbditos. Atribuciones y atributos de la monarquía. El rey y los privados. Corte del rey y Cancillería. Consejos y ministros. Las Cortes"). La relación bibliográfica presentada se conserva en el expediente.

 

    [15]Su expediente personal, en AGA, Educación, leg. 7483, nº 88.

    [16]Ibid., leg. 6.982, nº 3.

    [17]R.O de 25 de marzo de 1930 (Gaceta de Madrid del 1 de abril).

    [18]Entonces profesor auxiliar temporal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid. Sería luego un destacado civilista; su hijo, Alfonso Guilarte Zapatero, fue profesor auxiliar de Historia del Derecho.

    [19]En aquel momento catedrático de Historia General del Derecho de la Universidad de Barcelona.

    [20]Abogado y doctor en Derecho por la Universidad de Bolonia.

    [21]Catedrático de Historia General del Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada.

    [22]Catedrático excedente de Historia General del Derecho español en la sección de estudios universitarios de La Laguna y auxiliar temporal, adscrito a la cátedra de Historia de la Literatura Jurídica Española de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid.

    [23]R.O. de 31 de julio de 1930 (Gaceta de Madrid del 6 de agosto).

    [24]Las cinco bolas que correspondieron a los números del temario fueron las nº 3 ("Lorenzo de Padilla"), 47 ("Función del derecho burgalés en la formación del derecho de Castilla"), 62 ("Las Observancias aragonesas"), 77 ("Función legislativa de las curias") y 108 ("Los tratadistas de práctica jurídica de los siglos XVI y XVII"). Invirtió en la exposición cincuenta y cinco minutos.

    [25]Saliendo a sorteo los temas 24 ("Fragmentos de Gaudenzi"), 65 ("Penetración en Portugal de los textos jurídicos castellanos medievales"), 71 ("Ordenanzas de Sanctacilia"), 74 ("El jus male tractandi") y 85 ("El estado llano en las antiguas cortes de Castilla"). Invirtió en la exposición cincuenta y tres minutos.

    [26]Versó sobre un documento que se sorteó entre los impresos que figuran en la colección de E. de Hinojosa para la Historia de las clases sociales y otros manuscritos. En el sorteo salió un documento manuscrito, el titulado "Privilegio de Alfonso VIII de Castilla de 1181 en el (que) toma bajo su protección los bienes del monasterio de Sahagún, situado en el reino de León".

    [27]Se procedió al sorteo de los temas correspondientes al programa presentado por D. Galo Sánchez, que se conserva junto con las actas, compuesto por cincuenta y un temas, saliendo los correspondientes a los números 1, 18 y 27, eligiendo éste último ("Fuentes jurídicas de la época contemporánea. Sus caracteres generales"). La lista de obras consultadas se adjuntó al acta.

    [28]Se sorteraron los temas entre los 121 de su programa, saliendo las bolas correspondientes a las número 17, 77 y 109. Eligió la número 17 ("La propiedad agraria, la industria, la burocracia y las clases sociales en la ciudad y en el campo. Las clases libres. Divisiones de los hombres libres: honestiores y potentes. Privilegios y condición social de los hombres libres privilegiados. Simples libres: los teniores (sic). La "plebs urbana" y los "collegia". La "plebs rústica"; possesores. Evoluciones independientes de la libertad jurídica y la independencia económica. Nacimiento de las clases intermedias por entrecruzamiento de ambas evoluciones. El colonato. Relaciones generales de encomendación. Los libres (sic)". La lista de obras consultadas se adjuntó al acta. En este ejercicio, una mala copia realizada por el escribiente (D. Eugenio Martín Laurel) de tenuiores por teniores hizo que algún autor la incluyera en alguna publicación como paso intermedio hacia juniores.

 

            Este tema coincide sustancialmente con el tema 9 del programa presentado en la oposición a la cátedra de Salamanca (AGA, Educación, caja 7.366, nº 3) y literalmente corresponde con su programa vigente en ese curso en la Universidad de Salamanca (Programa de Historia del Derecho Español, Imp. y Librería de Hernández, Salamanca, 1931), que debió presentar a esta cátedra de Madrid, por estar dividido también en 121 temas, sin embargo su enfoque no corresponde al que desarrolla en los temas 22 al 24 de sus Lecciones de Historia del Derecho, tomo I, 1º ed. ni con los mismos temas en la 2º edición, en los que introduce sustanciales modificaciones.

    [29]AGA, Educación, leg. 15.053, nº 11.

    [30]Catedrático de Murcia por oposición (5-VI-1919), por concurso de traslado ocupó la cátedra de Oviedo (18-XII-1919), por permuta con D. José Ots Capdequí se trasladó a la Universidad de Barcelona (26-VIII-1921), que ocupaba en el momento de la oposición a la Universidad Central de Madrid. Su expediente personal en, ibid., leg. 15.053, nº 11.

    [31]Véase la referencia a estos hechos en J.M. Pérez-Prendes, "Manuel Torres López (1900-1987)", AHDE, LVII, 1987, 1116-1117.

    [32]AGA, Educación, leg. 9611, nº 39 y 20.317.

    [33]D. de 18 de septiembre de 1935.

    [34]AGA, Educación, leg. 20.317.

    [35]art. 9. "El día en que los opositores deban presentarse al Tribunal..." "Asimismo entregará el opositor una Memoria exponiendo con claridad y precisión su manera de entender el contenido, carácter y límites de la disciplina cuya cátedra es objeto de provisión; el método y procedimiento pedagógico de enseñanza que emplearía, las fuentes y medios necesarios para su estudio; todo esto fundamentándolo científicamente y acompañándolo un proyecto de curso en forma de programa".

    [36]Con anterioridad se había convocado la cátedra de Murcia en septiembre de 1923, que parece no llegó a celebrarse.

    [37]Publicado posteriormente con muy pocas modificaciones en AHDE, 5, 1928, pp. 83-217.

    [38]Ibid., 2, 1925, 402-461.

    [39]AGA, Educación, caja 7.366, nº 3.

    [40]Siguiendo el R.D de 18 de mayo de 1923, divide la Memoria en cuatro partes, numeradas, aunque no rubricadas: I. Concepción de la Historia del Derecho (concepto de Historia, la Historia en el cuadro de las ciencias, el concepto de Historia del Derecho, el método de investigación, tendencias, etc.) (cc. 1-118). II. Contenido y carácter de la Historia del Derecho, relacionando su concepto con la exposición del programa que presenta (cc. 119-194). III. Método y procedimiento de enseñanza (cc.195-260). IV. Fuentes y medios de conocimiento (cc. 261-307).

    [41]Memoria, cc. 15 y 24.

    [42]Cfr. con Lecciones, I, 1º ed., pp. 1-10 y 2º ed. 7-14.

    [43]"No puedo desgraciadamente extenderme como deseara en este punto y lo siento porque precisamente estimo que en teoría exagera Hinojosa la importancia de la ciencia del Derecho comparado para la Historia del Derecho español. Para ver sus concepciones de la ciencia del Derecho comparado nada mejor que acudir a la "Introducción" de su "Régimen señorial" y también al estudio póstumamente aparecido en el Anuario de Historia del Derecho Español sobre "Joaquín Costa". Nuestra opinión esquemáticamente expuesta es ésta: acierta Hinojosa cuando habla de la comparación de instituciones en general; acierta cuando habla de su fecundidad; acierta cuando basa la comparación en el hecho del origen amalo de los pueblos a comparar. Sin embargo Hinojosa se equivoca al hablar de que mediante la comparación se puede llegar a descubrir leyes sociales o históricas que ayuden al estudio de la Historia de pueblos cuyas instituciones sean fragmentariamente conocidas. Si me fuese posible haría aquí un estudio amplio del error que tales ideas suponen. Es una influencia de tipo sociológico (como en Costa) que crea, por ejemplo, el método sociológico-comparativo al estilo de Lamprecht y que tiene su antecedente último en la sociología de Comte y más nuevas raíces en Dilthey y Wundt y en toda la moderna sociología. Aludamos solamente a la crítica constante y certera de mi maestro en Friburgo de Brisgovia, v. Below, de que tenemos entre nosotros una muestra con su trabajo aparecido en el Anuario. No es posible continuar en este punto", vid. infra, Apéndice III.2.

    [44]"En este sentido es admisible por ejemplo para estudiar el derecho medieval español acudir a comparaciones con el derecho europeo medieval, pero no -aquí el defecto de la metodología sociológico-comparativa- porque por principios y leyes de evolución de las instituciones jurídicas de los pueblos occidentales nuestro derecho deba ser igual y haya de ser igual que aquéllos con los que la comparamos, sino porque nuestro derecho tiene elementos con aquéllos comunes, para aclarar los cuales sí pueden utilizarse esos otros derechos mediante comparaciones. Decimos, pues, que se comparará para aclarar e interpretar el hecho concreto; pero no habremos de querer deducir de este hecho concreto una ley sacada de la comparación de evoluciones jurídicas." "y aún nos sería posible añadir algún dato más a los de v. Below, una crítica de este método comparativo acudiendo a los resultados, históricamente errados totalmente, a que llevó en el problema de la propiedad colectiva primitiva, pero no queremos hacer excesivamente largas estas cuartillas", Memoria, cc. 68 y 77.

    [45]Ibid., c. 86. Cfr. con Lecciones, I, 1ª, p. 9 y 2ª, p. 14.

    [46]Memoria, cc. 89.

    [47]Ibid., cc. 100-102.

    [48]Ibid., cc. 108-109. Cfr. Lecciones, I, 1ª, 10 y 2ª, p. 15: "La ciencia histórica es una ciencia que investiga y trada de conocer y exponer en su desarrollo causal psico-físico, según valoración colectiva en el momento estudiado, aquellos hechos del hombre como ser social, que son teleológicamente significativos, en el espacio y en el tiempo, para la evolución de la humanidad", en la que él apunta la influencia que recibe, además de los autores citados, de Bernheim y Bauer, cuya obra es posterior a la elaboración de la Memoria.

    [49]Memoria, cc. 120. A partir de esta definición, esencialmente procedente de Brunner, Torres elabora con un mayor grado de profundidad y complejidad el concepto de Historia del Derecho que finalmente recoge en sus dos ediciones de Lecciones, en el que integra las corrientes filosóficas, históricas, jurídicas y de ciencias afines que va analizando en las lecciones anteriores: "De acuerdo con nuestro concepto dela historia, y con lo que llevamos dicho, sobre función y contenido de la historia del derecho, podemos definir a ésta, diciendo que es 'ciencia que investiga y trata de conocer y exponer, a trabés de una concepción dogmática, inductivamente adquirida, la vida peculiar de los sistemas jurídicos que pasaron, tanto en su desarrollo como organismo total, cuanto en el parcial de las instituciones que los integraron y condicionaron, siempre que, mediante una voloración causal-teleológica, hayan sido significativos para la vida jurídica posterior".

    [50]Memoria, cc. 121-122. Lecciones, I, 1ª, p. 25 y 2ª, p. 35.

    [51]Memoria, cc. 137.

    [52]Ibid., cc. 135-138.

    [53]Cfr. más ampliamente, pero con el mismo discurso las lecciones 3, 5 y 6 de sus Lecciones.

    [54]Memoria, cc. 168 y ss.. Cfr. Lecciones, I, 1ª, Lección 4,  pp. 45-56 y 2ª, pp. 52-59.

    [55]La exposición de esta nota y las siguientes son literalmente transcritas de su memoria, notas 72-79. "Lecciones 4, 7, 8, 17, 19, 35, 81, 84".

    [56]"Lecciones 5, 8, 20, 36, 37, 38, 81, 84, 93".

 

    [57]"Lecciones 5, 9, 21, 39, 40, 84, 93".

    [58]"Lecciones 6, 10, 22, 23, 41, 80, 82, 90, 95".

    [59]"Lecciones, 6, 10, 24, 25, 26, 27, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 83, 90, 95".

    [60]"Todas las restantes lecciones tienen como contenido historia de las instituciones".

    [61]"Decimos esto no en absoluto pues la base de nuestro sistema es siempre histórico. Veremos como en la Edad Media sí dejamos de dividir -en cambio dividimos en historia general e instituciones públicas- la época visigótica y de la Reconquista y damos una organización sistemática".

    [62]La extensión de los mismos no me permite reproducirlo aquí, véase como referencia el tema 17 que eligió de los tres que salieron en el sorteo del segundo ejercicio.

    [63]Memoria, cc. 177 y ss.

    [64]"El estudio valorado de cada uno de esos elementos excede a nuestro juicio del propósito que debe inspirar este trabajo. Nosotros no creemos que deba hacerse aquí otra cosa que poner de manifiesto, como los elementos primitivos, romano, germánico, semita, ... en relación con las transformaciones generales de las épocas históricas condicionan las divisiones de la materia histórica", ibid., nota 100, c. 186.

    [65]Vid., Lecciones, I, 1ª ed., 99.

    [66]Ibid., I, 2ª ed. 106.

    [67]Lección 37. "Formas de asentamiento.- La organización de la economía agraria.-  Doctrinas generales sobre el régimen señorial como sistema de organización agraria y base de la vida política medieval y aún del derecho privado.- Limitaciones a la doctrina tradicional y concepto y organización económica de un señorío.- Tipos de relaciones agrarias señoriales y su estudio en cada uno de los estados cristianos.- Prestaciones de tipo señorial.- Limitaciones económicas que el régimen señorial origina.- Actividades que exceden de las limitaciones señoriales".

    [68]Lección 55: "El segundo elemento del feudalismo.- Las inmunidades. El origen de las inmunidades.- Inmunidades eclesiásticas.- Contenido originario de las inmunidades y cotos señoriales. El señorío jurisdiccional. Adquisición sucesiva de derechos de soberanía.- Formas diversas de ampliación del concepto y extensión de las inmunidades"...

    [69]Memoria, c. 194.

    [70]"...se ha pretendido aplicar a la historia del derecho un sistema mixto, en relación en parte, con los dos aspectos que ya estudiamos de la historia del derecho, el externo y el interno, y que nosotros, como se recordará, no admitimos, al menos con esos títulos. Es frecuente encontrar autores que emplean un plan histórico para lo que llaman historia externa y aplican un plan  sistemático a la historia interna o de las instituciones; otros, aplican un sistema histórico a la historia general del derecho y a la de las instituciones económicas, sociales y políticas y un plan sistemático a las instituciones de derecho privado, penal y procesal. (...) A pesar de estas vacilaciones, puede afirmarse que hoy está universalmente considerado, como método único adecuado para un estudio científico de la historia del derecho, el sistema histórico", Lecciones, I, 1ª ed. 93-95 y 2ª ed. 102 y ss.

    [71]Su idea inicial, como allí se recoge, es la elaboración de cinco volúmenes, de los cuales sólo dos llegaron a publicarse, por lo que dichas lecciones corresponden sólo a las 34 primeras lecciones de su temario, desarrollados en sus Lecciones en 52 temas.

    [72]"...Sistema jurídico. Ete sistema toma como punto fundamental de partida para la división, algunos momentos culminantes de la evolución del sistema jurídico, y de acuerdo con ellos, divide la materia en períodos, dentro de los cuales la organiza con un cierto orden sistemático propio, adecuado al estado del sistema jurídico de entonces. Este plan es verdaderamente adecuado para la exposición de la historia del derecho... Este sistema histórico es, desde luego, aplicable, tanto a la evolución del sistema jurídico en general, cual a la de cada institución en particular, y ciertamente, ya sean éstas de tipo privado o de tipo público. La totalidad del sistema jurídico de un momento sólo puede reconstruirse de este modo", Lecciones, 1ª, p. 93 y 2ª, p. 101-102.

    [73]Memoria, cc. 261-307. Cfr. Lecciones, I, 1ª ed. 13-22 y 2ª pp. 18-27. "La valoración de los hechos históricos se habrá de hacer en un sentido teleológico, y, desde luego, individualizador, de acuerdo con valores propios del momento a que dicho hecho histórico se refiere".

    [74]AHDE, III, 1926, pp. 307-475.

    [75]Ibid., 10, 1933, 161-174.

    [76]Galo Sánchez, "D. Eduardo de Hinojosa (necrológica)",  Revista de Derecho Privado, VI, 1919, pp. 161-164.

    [77]Referencia a la destrucción de este trabajo en J.M. Pérez-Prendes, "Manuel Torres López (1900-1987)", op. cit. , 1114, nota 5.

    [78]"... queremos indicar que en un punto concreto de pretendida influencia germánica discrepamos de Hinojosa, que no hace sino apoyarse en la tesis de Stutz. Pero de este punto no quiero hablar de una oposición de puntos, que son peculiarísimos de la especial concreta vocación de cada uno.", vid. infra, Apéndice III.2.

    [79]La historia como obra de arte (Conferencia pronunciada el 10 de diciembre de 1930 en el Centro de intercambio intelectual germano-español), Madrid, 1931. "El arte y la justicia de la guerra en el libro de los Estados de Don Manuel", en Cruz y Raya, 8, noviembre de 1933, 33-72.

    [80]Tema que había sido objeto de su tesis doctoral, Las acciones noxales en el Derecho romano, Granada, Imprenta Gaceta del Sur, s.a. [1923].

    [81]El documento publicado por Eduardo de Hinojosa, Documentos para la Historia de las instituciones de León y Castilla (siglos X-XIII), Madrid, 1919, doc. XV, pp. 25-26.

 


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