MAESTROS COMPLUTENSES DE HISTORIA DEL DERECHO


 

RAFAEL DE UREÑA Y SMENJAUD

Por Román Riaza

Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, nº 53 (tomo XIII), 1930, pp. I-XVI.

 

El año 1930 ha visto desaparecer otra figura destacada del Profesorado español, dedicada con verdadero afán a las disciplinas histórico-jurídicas: Don Rafael de Ureña y Smenjaud. Profesor auxiliar de la Universidad de Valladolid, recién concluida la carrera de Derecho (1876); catedrático numerario, sucesivamente, de Derecho político y administrativo en Oviedo (1878) y de disciplina eclesiástica en Granada (1882), ocupó en 1886 la Cátedra de Historia de la Literatura jurídica, del Doctorado de Derecho, que entonces llevaba el nombre de Literatura y Bibliografía jurídicas en general, y en particular de España. Sus aficiones históricas, entonces ya claramente dibujadas en algunas publicaciones interesantes, adquieren pleno desenvolvimiento con una serie de proyectos editoriales y lecciones de divulgación de trabajos de investigación personal, muchas veces penosos y siempre elaborados con entusiasmo. En la Revista de Legislación y Jurisprudencia, de Madrid, aparece su monografía sobre el elemento semita en el Derecho medieval de España[i], luego incorporada a la primera edición de sus lecciones de Literatura jurídica española. Esta obra, vastísimo programa de una serie de cursos, que el autor no consiguió desenvolver íntegramente, revela, sin embargo, lo extenso de su erudición y  la verdadera escrupulosidad con que procuraba reunir toda clase de elementos útiles para la investigación, ya estudiando lenguas modernas, como el alemán o el inglés, ya incluso adentrándose en la filología oriental, para llegar siquiera a traducir pacientemente, pero de una manera directa, los textos del Derecho árabe y hebreo.

De estos cursos, cuyas notas es posible que paren, inéditas, en poder de alumnos que los siguieron, sólo nos queda una magnífica muestra de la manera de concebir los trabajos de Doctorado con su voluminoso estudio, dedicado a la legislación gótico-hispana; el sumario del curso de Derecho musulmán, que dio con carácter libre, en la Facultad de Derecho de Madrid durante el curso 1920-1921, y los resúmenes sobre elementos del Derecho español en su evolución progresiva, más extensamente desenvueltos en la parte correspondiente a los Derechos semitas, musulmán y judío, pero interesantes todos. Son igualmente apreciabilísimas las páginas que dedica en su Literatura jurídica a la Bibliografía; ya general, ya jurídica, formando un pequeño tratado de esta disciplina.

Recién publicados los trabajos de Zeumer (1896-1902, fechas de las ediciones de la Lex visigothorum) y en un momento oportuno para divulgar en España los resultados a que la erudición alemana principalmente, aunque hubiesen contribuido también en amplia medida los italianos y, menos, los franceses, había llegado en las cuestiones relacionadas con la historia de los derechos germánicos, Ureña acomete la tarea de reducir a sistema la confusa historia de las fuentes visigodas, recogiendo, exponiendo y comentando cuanto había parecido en los últimos años, incorporando los resultados aprovechables de antiguas investigaciones y representando el cuadro más completo que se había dedicado a esta materia, desde la crítica bibliográfica de estudios y ediciones, hasta el examen pormenorizado de las últimas manifestaciones de la Lex visigothorum en España, en su forma latina. Pero no se limitó a una exposición fiel de ajenos trabajos, y no hubiese sido escasa tarea, sino que en cada capítulo se nota la huella de su talento de investigador, ya con observaciones útiles, ya con datos complementarios, ya con rectificaciones o con puntos de vista nuevos. Si alguno de ellos no ha sido unánimemente admitido (la existencia de una forma egicana del Liber iudiciorum, la identificación de fragmentos gaudencianos con las leyes teodoricianas), en otros casos la opinión científica parece recoger hoy gran parte de su sentido, y así la desaparición del régimen personal de la legislación visigoda, a partir del Código de Leovigildo, está explicada en forma muy próxima a la de Ureña por Minguijón y Mayer[ii]; y cuando recientemente, en un interesante trabajo dedicado por von Schwerin[iii] a las fuentes del Código de Eurico, ha habido que rozar cuestiones de historia general del Derecho visigodo, los autores principalmente utilizados han sido Zeumer y Ureña.

Complemento de esta obra (cuya reimpresión forma la mayor parte del volumen II de la Historia de la Literatura jurídica) hubiera sido una relación y clasificación de los códices romanceados del Liber iudiciorum, antecedente inexcusable de una edición crítica, cada día más necesaria, de esta fuente medieval española; pero aunque había trabajado en tal sentido, no llegó a publicar nada.

En cierto modo puede entenderse que forma parte de este mismo estudio el discurso de recepción a la Academia de la Historia, donde se ocupa de la edición, inédita, de las leyes visigodas preparadas por los hermanos Diego y Antonio de Covarrubias[iv], manuscrito que ya conocía al redactar el estudio antes citado, pero dudando aún si atribuirlo a Antonio Agustín o a Diego de Covarrubias.

Las monografías sobre temas de Derecho privado, considerado históricamente, aparecen esbozadas en no pocos lugares de sus obras generales (tal, verbi gratia, el tracto del ósculo esponsalicio en las fuentes jurídicas romanas desde la Constitución de Constantino, y en Derecho español hasta las leyes de Toro; la interpretación, más o menos discutible, pero ingeniosa, sobre el sentido que debe darse a la institución contenida en la Piedra 1ª de Tarragona)[v], y desenvuelve extensamente un tema de esa índole en su discurso de admisión en la Academia de Ciencias Morales y Políticas: “La autoridad paterna como el poder conjunto y solidario del padre y la madre”[vi]. Reúne aquí una crítica profunda e interesante sobre los textos visigodos que se ocupan del tema, para probar que en ese derecho tal concepción de la autoridad paterna no está sino apuntada, y llega al examen de la institución de los fueros del grupo Cuenca-Teruel, concluyendo que tal concepto de la patria potestad procede del Derecho musulmán; recuérdanse textos publicados y se citan otros aún inéditos entonces, como el Libro de los Fueros de Castiella. Aquí, como en todos los trabajos de Ureña, se advierte la implacable honradez con que está construido, porque si el lector no se siente atraído a las conclusiones formuladas por el autor, fuerza es reconocer que los argumentos más serios y convincentes se los proporciona el propio formulador de la tesis.

Este abierto espíritu crítico, como él mismo dejó escrito, que le llevó en ocasiones a rectificar paladinamente conclusiones suyas, erróneas o precipitadas (tal, por ejemplo, la atribución a Recaredo de los fragmentos del palimsesto de París, que pertenecen al Código de Eurico)[vii], da el tono a publicaciones que aún no hemos mencionado. Son éstas de dos tipos: ediciones de textos; bibliografía. En el primer aspecto es forzoso reconocer la escrupulosidad de los trabajos dirigidos por Ureña y el enorme progreso que representan, incluso frente a ediciones de las llamadas de lujo, llevadas a cabo a fines del siglo anterior y aun a principios del presente. Su edición del Fuero de Zorita de los Canes[viii] es algo que dista toto coelo de los desdichados intentos de Sánchez Ruano al editar el Fuero de Salamanca y, aun siendo incomparablemente mejores, de los trabajos de Muñoz y Romero. Va avalorada la edición de este Fuero por un interesante prólogo, en el que se explana el pensamiento del autor sobre lo que deben ser las ediciones críticas, y se esboza el cuadro de las redacciones locales, emparentadas con el Fuero de Cuenca, completando las indicaciones de Martínez Marina.

La publicación del Fuero de Usagre, en colaboración con Bonilla[ix], puso a disposición de los estudiosos un texto emparentado íntimamente con el Fuero de Cáceres, cuyos ejemplares son muy raros, y proporcionó a los principiantes en este linaje de estudios un glosario útil y de fácil manejo.

El Fuero de Usagre y los opúsculos del maestro Jacobo formaban parte de una bien pensada Biblioteca de obras jurídicas anteriores al siglo XV, de la que únicamente salieron a la luz esos dos volúmenes, quedando sin publicar, entre otros, el Código de Huesca, redacción romanceada; la Suma de la Política, de Sánchez de Arévalo; la Suma Aurea de Ordine iudiciario, de Fernando Martínez de Zamora, y de algunos otros textos, como el Libro de los Fueros de Castiella y el libro V de la versión castellana de las Etimologías de San Isidoro, que han visto la luz por los cuidados de otros estudiosos[x].

Forman entre los trabajos bibliográficos no pocas páginas de su Historia de la Literatura jurídica, ya citadas[xi]; el magnífico estudio sobre las ediciones de los Fueros y Observancias del Reino aragonés, anteriores a la Compilación de 1547; el estudio sobre la familia de los jurisconsultos Benu Majlad, de Córdoba[xii]; el examen que dedicó a los incunables jurídicos de España[xiii], y las interesantes observaciones sobre el desenvolvimiento de los estudios de Historia del Derecho español[xiv], vademécum indispensable para conocer los progresos de la historia jurídica en España, y en donde refleja la constante preocupación del autor por seguir de cerca los trabajos europeos de historia de la literatura jurídica, poniéndolos en relación con los datos que recogía en España. De una nota utilizada para este discurso, procede el estudio que Ureña redactó, auxiliado por Bonilla, y que ambos habían remitido al profesor Suchier, quien lo hizo traducir al alemán y lo publicó como propio; el plagio, denunciado con indignación comprensible en conversaciones privadas, está últimamente señalado en alguna publicación del propio Ureña[xv].

Centro de sus preocupaciones en los últimos años fue la publicación del Fuero de Cuenca, cuyo texto dejó completamente preparado e impreso, en parte, y que aparecerá en breve, bajo los auspicios de la Academia de la Historia.

Encargado por ésta en 1910 de dar cuenta a la Corporación del juicio que le mereciera la edición llevada a cabo por Allen, en Cincinati, leyó un informe tan extenso y concienzudo, que la Academia acordó confiar a quien tan profundamente se encontraba enterado del tema la edición de aquel interesante Cuerpo legal del derecho municipal castellano. Reflejo de los trabajos preparatorios que acometió con gran ardor fueron algunos artículos publicados en la misma REVISTA; el cuaderno especial que también en el órgano de la Facultad y juntamente la edición del Fuero de Béjar le consagró, reproduciendo un extenso fragmento del Prólogo de aquella edición, destinado a puntualizar las relaciones entre los Fueros de Cuenca y Teruel, y dos ejemplares, escritos a máquina, del texto latino y castellano de ese Fuero de Cuenca, que depositó en el Museo-Laboratorio de la Facultad, para uso de los estudiosos que necesitaran conocerlos[xvi].

En esta edición, que dará una amplia base para conocer en su redacción más madura el Derecho local castellano, se han de reproducir el texto latino, en su antigua forma, distribuida simplemente en rúbricas, haciendo notar la distribución posterior en capítulos y rúbricas; el texto castellano conquense, y el de Heznatoraf (forma castellana adaptada).

La actividad de Ureña se desplegó también en otros trabajos, que ni siquiera llevan su nombre; tal ocurre, por ejemplo, con la colaboración, asidua y entusiasta, a los trabajos de las Reales Academias de que formó parte; así, en la de la Historia, en la publicación de las actas de las Cortes de Aragón y Valencia, cuyo tomo 26 fue por él concienzudamente revisado; o en trabajos de menor trascendencia, pero siempre útiles, como muchas de sus eruditas recensiones de libros en el Boletín de la Academia de la Historia, o en contestaciones a discursos de ingreso.

También llegó Ureña al Derecho positivo, parte por exigencias de su magisterio, ya también por su manera de concebir el Derecho vigente como una fase de la evolución de las instituciones. Trabajos de este tipo pueden encontrarse en algún dictamen emitido como letrado en ejercicio; en la colaboración que prestó a los comentarios al Código Civil de Manresa; en algunas notas que avaloran la traducción por él efectuada de los Saggi, de Cogliolo, y en el estudio que dedicó a la vigencia del llamado Fuero de Baylío, dentro del artículo “Derecho foral”, en la Enciclopedia jurídica Seix[xvii]. Brilla en este aspecto de su actividad el afán de Ureña por presentar diáfanamente los problemas, sin perjuicio de la ilustración erudita cuando es pertinente, que jamás utilizó la historia para disimular el vacío de conocimientos dogmáticos, sino que cuando llegó al campo que fueron necesarios, los adquirió concienzudamente.

Capítulo aparte merece su bien pensado Programa de Derecho mercantil, interrumpido en su publicación, pero que en la parte impresa nos conserva una especie de introducción al estudio de dicha disciplina, donde destacan dos notas, el punto de vista comparado y la elaboración histórica, no realizadas, con la ponderación que puso Ureña en trabajos de otros escritores. De su afición por los problemas del Derecho mercantil son, además, buena prueba las numerosas recensiones por él publicadas de libros dedicados a esta especialidad.

No debe olvidarse, por último, en esta rápida ojeada a sus actividades, la que desenvolvió dentro de la Facultad de Derecho de Madrid, cuyo Decanato vino ejerciendo desde 1909 hasta su muerte[xviii], para crear una biblioteca moderna de obras jurídicas y de las disciplinas más directamente emparentadas con el Derecho; propósito que empezó a traducirse en obras con las prácticas de catalogación, por él dirigidas, de sus alumnos de Literatura jurídica; con la creación del Museo-Laboratorio, que hoy lleva su nombre, y que en los últimos años ha permitido la aparición de núcleos análogos especializados, como el Seminario de Derecho público y otros.

Descanse en paz el infatigable obrero de la ciencia española; que su ejemplo cunda entre nosotros y, unido al de otro gran maestro de los estudios histórico-jurídicos, Eduardo de Hinojosa, sirva de orientación y estímulo a la juventud que se interna por los caminos de la investigación.

 


RAFAEL DE UREÑA Y SMENJAUD

Por Román Riaza

Anuario de Historia del Derecho Español, 7 (1930), pp. 552-556.

 

La erudición española ha perdido en el trascurso del año 1930 una figura venerable, cuyo nombre encabeza estas líneas. Catedrático y entusiasta universitario por encima de todas sus aficiones y actividades[xix], la Facultad de Derecho de Madrid, donde vino a explicar Historia de la Literatura jurídica española, recién creada esta cátedra en el Doctorado, aunque con otro nombre, vino a ser el centro de sus preocupaciones y la enseñanza y el ejemplo que desde ella extendiera, ha servido de modelo y estímulo para quienes fueron sus discípulos inmediatos y para los que han podido aprovechar su magisterio únicamente a través de los libros que publicó.

Profesor de varias disciplinas (Derecho político y penal, Disciplina eclesiástica); aficionado a otras, como el Derecho mercantil, revela ya su orientación histórica en programas de esas materias y en discursos académicos. Positivista concienzudo, al llevar la investigación al campo de la historia jurídica, su obra se destaca por la solidez de los materiales que utiliza y en ocasiones sorprende por el cúmulo de pormenores a que llega.

Un concepto acaso excesivamente amplio, de la misión de su Cátedra[xx], hizo que sus trabajos se extendieran por campos muy diversos, cada uno de ellos suficiente para agotar la actividad de un hombre. Si con ello la Literatura jurídica no logró beneficiarse enteramente de sus estudios, la historia de las fuentes del derecho español le debe varios escritos de indiscutible mérito y utilidad y la de los derechos romano y canónico, principalmente el primero, indicaciones de método y ensayos de construcciones apartadas enteramente de lo que entonces se hacía en estas disciplinas, salvo por Hinojosa.

Encargado de la Cátedra de Madrid, publica fragmentos de un amplio programa capaz de desenvolverse en varios cursos[xxi]: partiendo de la idea que tenía formada de su disciplina, nada escapa a los ambiciosos proyectos del entonces joven profesor, y así tanto las fuentes y literatura de los derechos romano y canónico, los autores medievales, las fuentes del derecho español y la literatura jurídica musulmana y hebrea, atraen su atención. Al publicar la primera edición de su Literatura jurídica española[xxii], el programa reaparece, pero sólo se desenvuelven unos cuantos capítulos: concepto de la asignatura; bibliografía jurídica; elementos del derecho español en su evolución progresiva, cuadro palingenésico de las distintas culturas que han ido informando nuestro derecho nacional, alguno de cuyos apartados había aparecido poco antes en forma de artículo de revista[xxiii]. Recién publicada la edición de Zeumer de las leyes visigodas (1902), acometió la tarea, que le ocupó varios cursos, de exponer los fundamentos y resultados de tan capital trabajo, y fruto de sus observaciones en clase son las páginas de su voluminosa Legislación góticohispana[xxiv], que al año siguiente y con otros trabajos monográficos, vino a constituir el volumen II del tomo I de su Historia de la Literatura jurídica española[xxv]. El estudio de Ureña, recogiendo y admitiendo la mayoría de las opiniones de Zeumer, combate alguno de sus resultados; refunde y amplía su argumentación en otros puntos y ha constituido un excelente conducto para divulgar la obra de la erudición germana principalmente, en torno a los problemas que suscita la historia de las fuentes de nuestro derecho visigodo. Si desde el punto de vista crítico nada sustancial añade, es fuerza reconocer que hoy puede sostenerse el carácter definitivo de la edición de los Monumenta merced al ímprobo trabajo que para Ureña representó comparar los textos fijados por Zeumer con varios manuscritos españoles, mal conocidos o desdeñados por el erudito alemán. Y además la exposición minuciosísima de todas las ediciones del Liber iudiciorum, puso de relieve, con claridad meridiana, los méritos de la edición de nuestra Academia de la Lengua, frente a los decantados, y no existentes, de la de Walter.

Complemento de este trabajo puede estimarse su discurso de recepción en la Academia de la Historia, donde se ocupó de “Una edición inédita de las Leges Gothorum Regum, preparada por Diego y Antonio de Covarrubias en la segunda mitad del siglo XVI”[xxvi], cuyos manuscritos ya conocía al publicar “La legislación gótico-hispana”, pero dudando aún si atribuírselos a Covarrubias o a don Antonio Agustín.

Del mismo carácter bibliográfico, aunque mucho más extenso por su objeto, es el discurso de apertura del curso 1906-1907, que leyó en la Universidad de Madrid, acerca del desenvolvimiento de los estudios de Historia del Derecho español, magistral esbozo de las figuras más destacadas que pueden encontrarse entre nuestros eruditos de los siglos XVI al XIX consagrados a esa disciplina, sin que falten alusiones a textos anteriores y posteriores a esas fechas. Revélanse aquí las cualidades de paciente investigador que adornaron a Ureña, así como el entusiasmo que ponía en todos sus trabajos y que hacía resaltar simpáticamente su figura al lado de temas de tan escaso interés emocional, a los que conseguía, sin embargo, como sublimar y elevar a la categoría de motivos de exaltación el férvido entusiasmo del maestro. Dase aquí cuenta de los resultados a que había llegado la erudición extranjera en cuestiones relacionadas con nuestra historia jurídica medieval, completándolos con datos aportados por el propio Ureña, como verbi gratia, los relativos a los manuscritos de la versión castellana de Lo Codi, que por cierto, ampliados y comunicados por Ureña y su colaborador Bonilla al profesor Sachau, años antes permitieron a éste publicar como trabajo propio un folleto que sólo es una versión alemana de esas notas de los dos eruditos españoles[xxvii].

El examen más completo que poseemos respecto a un grupo de ediciones de textos jurídicos de nuestra Península es el que Ureña dedicó a las de los Fueros y Observancias del Reino de Aragón anteriores a la compilación de 1547[xxviii]. Aunque no fuera éste el objeto del autor, bien puede sostenerse que aquí está trazada en líneas generales la historia de esas mismas colecciones. De aquí que en estudios posteriores aparecidos en Aragón[xxix] se utilice el interesantísimo trabajo de Ureña. Para un estudio más detenido y pormenorizado de las colecciones aragonesas, tenía comenzada la lectura de la versión romanceada del Código de Huesca, que no llegó a publicar.

Sobre historia de las instituciones debemos mencionar el Discurso de recepción en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, dedicado a una tradición jurídica española: la autoridad paterna como poder conjunto y solidario del padre y la madre[xxx], cuya más completa expresión, en sentir del autor, cristaliza en los fueros de la familia Cuenca-Teruel, y su origen se encuentra en el derecho musulmán. Utiliza también el autor, transcribiendo los textos, entonces aún inéditos, el Libro de los Fueros de Castilla, que tenía pensado editar, no llegando a imprimirlo por haberse publicado en Barcelona por el profesor Galo Sánchez. A este mismo orden de estudios pertenecen algunas notas con que avaloró la edición castellana de los Ensayos sobre la evolución del Derecho privado, de Cogliolo, que él mismo tradujo; y el artículo “Derecho foral” de la Enciclopedia Seix[xxxi], donde aborda, juntamente con cuestiones históricas, verbi gratia, el origen de esa expresión tan erróneamente aplicada luego, otros problemas que enlazan con la dogmática de nuestras fuentes: la vigencia del Fuero de Baylío, después del Código civil, que Ureña no admite.

La historia del derecho musulmán, en su aspecto literario principalmente, sedujo durante bastante tiempo a Ureña, apartándose después de este linaje de estudios, pero dejándonos esbozos de cursos, el programa de uno que explicó, ya jubilado, en la Universidad Central, y una breve pero sustanciosa monografía sobre la familia de jurisconsultos cordobeses Benu Majlad[xxxii].

Como editor literario, es preciso señalar con elogio, por la pulcritud con que están hechas, la impresión del Fuero de Usagre[xxxiii], en colaboración con Adolfo Bonilla, acompañada de un breve glosario, muy útil para los que se inician en este género de trabajos; la del de Zorita de los Canes[xxxiv], con una interesante introducción, donde examina los problemas planteados por el Fuero de Cuenca y su dispersión[xxxv] y la de las obras del maestro Jacobo de las Leyes, igualmente trabajada con Bonilla, que ha sido objeto de análisis en este mismo Anuario[xxxvi].

Los últimos años de su vida puede decirse que los ocupa la actuación en el Decanato de la Facultad de Derecho, al que llegó en 1909, y donde continuó por voto unánime de sus compañeros, aun después de jubilado; la dirección del Museo-Laboratorio de dicha Facultad que lleva su nombre, y al que dotó de una biblioteca moderna, en que sin cultivarse por sistema la adquisición de libros raros, abundan ejemplares interesantes y colecciones difíciles de adquirir en conjunto (edición incunable de fueros valencianos; otra de los fueros aragoneses, también anterior a 1501, anotada por él con las remisiones a la corrientemente utilizada de Savall y Penén; ejemplar, quizás único, de la editio priceps de las Leyes de Toro; un manuscrito de la colección inédita de Padilla de leyes y fueros, colecciones completas de revistas tan interesantes como la Revue des Deux Mondes, Revue Historique, Nouvelle Revue Historique de Droit français et étranger, Zeitschrift del Savigny Stiftung, traducción italiana de las Pandectas de Glück, etc., etc.); y la preparación de la edición crítica del Fuero de Cuenca, de cuyos trabajos dejó impresos varios fragmentos[xxxvii], y que se publicará en breve por la Academia de la Historia, pues Ureña dejó completo el manuscrito. La última obra que vio impresa por completo es su Discurso acerca de los incunables jurídicos de España, de que ya nos hemos ocupado en estas mismas columnas[xxxviii].

Con Ureña desaparece un laborioso investigador español; un profesor competente y entusiasta y un hombre bueno, querido por todos los que le trataron y llegaron a conocerle. Descanse en paz.



[i] “La influencia semita en el Derecho medio-eval de España”, en Revista General de Legislación y Jurisprudencia, Tomo 92, pp. 267-306.

[ii] Minguijón, Historia del Derecho español, cuaderno segundo, 2ª ed., pp. 66-67. Mayer, Historia de las Instituciones sociales y políticas de España y Portugal de los siglos V al XIV, tomo I, p. 15, nota 19. 

[iii] Anuario de Historia del Derecho español, tomo I, pp. 27-54.

[iv] Una edición inédita de las Leges Gothorum Regum, preparada por Diego y Antonio de Covarrubias en la segunda mitad del siglo XVI. Madrid, 1909.

[v] Historia de la Literatura jurídica..., I, pp. 292-295.

[vi] “Una tradición jurídica española. La autoridad paterna como el poder conjunto y solidario del padre y de la madre”. Madrid, 1912.

[vii] Expuso aquella opinión en el “Sumario de las lecciones de Historia crítica de la Literatura jurídica española dadas en la Universidad Central durante el curso 1897-1898”. Madrid, 1897-98, y la rectificó en “La legislación gótico-hispana” (Leges antiquiores. Liber iudiciorum). Madrid, 1905.

[viii] “El Fuero de Zorita de los Canes, según el Códice 247 de la Biblioteca Nacional (siglos XIII al XIV) y sus relaciones con el Fuero latino de Cuenca y el romanceado de Alcázar”. Madrid, Fortanet, 1911. (Publicado como vol. XLIV del Memorial Histórico Español)

[ix] Fuero de Usagre (siglo XIII), anotado con las variantes del de Cáceres. Madrid, 1907.

[x] El Libro de los Fueros de Castiella lo editó el profesor de la Facultad de Derecho de Barcelona, don Gallo Sánchez; no llegó a imprimirse, a pesar de los anuncios comprendidos en listas de obras de Ureña, el texto que él ya tenía preparado. El libro V de las Etimologías se imprimió en esta REVISTA [Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales], en el tomo de 1929.  

[xi] Véase en el tomo primero la parte comprendida entre las páginas 35 y 121.

[xii] Estos dos trabajos, impresos por vez primera, respectivamente, en la Revista de Archivos (1900) y en el homenaje a Codera (Zaragoza, 1904), pasaron a la segunda edición de la Historia de la Literatura jurídica española, tomo 1º, vols. I y II; con ellos, gran parte del “Sumario de las lecciones...“, antes citado, y el estudio sobre la Legislación gótico-hispana, se formó la llamada segunda edición de la Literatura jurídica, que, en realidad, es sólo una reimpresión de aquellos estudios, cambiando la numeración de las páginas y las portadas.  

[xiii] Le he dedicado una recensión en Anuario de Historia del Derecho español, tomo IV; se publicó también en el Boletín de la Academia de la Historia, tomo XCV, 1-46 y 14 facsímiles.

[xiv] Discurso de apertura del curso académico 1906-1907 en la Universidad de Madrid, 1906.

[xv] Una traducción castellana de Lo Codi (siglo XIV. Manuscritos 6.416 y 10.816 Bibl. Nac.). El opúsculo de Suchier se titula Die Handschriften der castilianischen Uebersetzung des Codi. Halle,1900. 

[xvi] Menciona estos trabajos recientemente, Melicher (Theophil): Der Kampf zwischen Gesetzes-und Gewohnheitsrecht im Westgotenreiche. Weimar.-Boehlaus. 1930, p. 278.

[xvii] Tomo XI, pp. 136-156.

[xviii] Véanse: José Castán, “sobre la enseñanza del Derecho; a propósito de la significación pedagógica del Museo-Laboratorio jurídico”, Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, tomo II (1919), pp. 5-20 y 504-515. Bonilla, en un discurso-semblanza que leyó con motivo de un homenaje de los discípulos del señor Ureña, reproducido por el Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 79, pp. 297-307.

[xix] Para conocer algunos pormenores de la vida de Ureña, que tuvo en algunos momentos intensa actividad política, puede consultarse el artículo “Ureña (Rafael de)” en la Enciclopedia Espasa, tomo 65, pp. 1419-1420. La bibliografía completa de los trabajos de Ureña he procurado resumirla en la Necrológica que publicó la Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, de la Facultad de Derecho de Madrid, en el número de octubre-diciembre de 1930. Por cierto que el fragmento de la introducción a su edición crítica del Fuero de Cuenca que yo reproduzco ha aparecido casi simultáneamente en los estudios de erudición española dedicados a Bonilla, vol. II Adde. Castañeda: Boletín Acad. Historia, número correspondiente a igual trimestre.        

[xx] Véase la definición que formula de Historia de la Literatura jurídica española, en la obra de este título, tomo I, p. 17.

[xxi] Madrid, Imp. de la Revista de Legislación, 1897.

[xxii] Sumario de las lecciones de Historia crítica de la Literatura jurídica española dadas en la Universidad Central durante el curso 1897-1998 y publicadas, recogidas, extractadas por su antiguo discípulo J. M. P. Madrid, 1897-98.

[xxiii] La influencia semita en el Derecho medieval de España (Revista de Legislación y Jurisprudencia, tomo XCII, pp. 267-306).

[xxiv] La legislación góticohispana (Leges antiquiores. Liber iudiciorum). Madrid, 1905.

[xxv] Madrid, Imp. de Idamor Moreno, 1906. 

[xxvi] Madrid, 1909.

[xxvii] Die Handschriften der castilianischeu Ueberstzung des Codi. Halle, 1900.

[xxviii] Impreso por primera vez en Revista de Archivos, 1900, y reproducido en el vol. II de su Historia...

[xxix] Isabal en Enciclopedia Seix, tomo XI, pp. 18 y sigts., y en la interesante obra: Exposición y Comentario del Cuerpo legal denominado “Fueros y Observancias del Reino de Aragón”. Zaragoza, 1926.

[xxx] Madrid, 1912.

[xxxi] Tomo XI, pp. 136-156.

[xxxii] El programa más amplio en Literatura jurídica, tomo I, vol. I; el segundo aludido se imprimió en Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Facultad de Madrid, tomo IV (1921), pp. 59-63 con el título “Plan de un curso de Derecho islámico español”; el último apareció la primera vez en el Homenaje a Codera (Zaragoza, 1904) y se reprodujo en el vol. II, tomo I de su Literatura Jurídica. 

[xxxiii] Fuero de Usagre, siglo XIII, anotado con las variantes del de Cáceres. Madrid, 1907.

[xxxiv] El Fuero de Zorita de los Canes, según el códice 247 de la Biblioteca Nacional (siglos XIII y XIV) y sus relaciones con el Fuero latino de Cuenca y el romanceado de Alcázar. Madrid, 1911 (publicado como vol. XLIV del Memorial Histórico Español). 

[xxxv] Complemento de este breve examen son otros tres trabajos: “Informe sobre las ediciones del Fuero de Cuenca” (a propósito especialmente de la llevada a cabo por el profesor Allen), pub. en Bol. Acad. His., tomo LXX, pp. 5-82. Algunos códices interesantes para el estudio documentado de la transformación evolutiva del Derecho español (I. Códices latinos del Fuero de Cuenca); (II. Fuero latino de Haro). El Forum Turolij y el Forum Conche (Fragmento de la Introducción a la edición crítica del Forum Conche) en Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, tomos I, II y III, y número extraordinario correspondiente al año 1925, respectivamente.    

[xxxvi] Tomo II (1925), pp. 527-28.

[xxxvii] Aparte los referidos en nota anterior, he reproducido otro sobre la formación del Forum Conche en mi Necrológica citada (pp. XVI-XXXI), así como un fragmento de la edición del Fuero mismo en las pp. XXXI-LV.

[xxxviii] Anuario... Tomo VI (1929), pp. 562-63.


Retorno a la página principal