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La enseñanza y las movilizaciones de la derecha
La derecha ha tomado la calle. La estrategia de acoso...

La revuelta francesa
Durante más de dos semanas hemos estado viendo...

¿Es posible la expropiación de viviendas vacías?
Basta echar una ojeada a la prensa...

Niños soldados y negocios
El misionero javeriano español Chema Caballero...

Luna de Noviembre
Crónica

¡Bolkestein vuelve!
Desde hace casi dos años, el Parlamento Europeo...

El dolor de la guerra
“El dolor de la guerra” de Bao Ninh es la primera novela...

La biblioteca de Babel
· Alfons Barceló, Pràctiques de civisme
· Joan Benach y Carles Muntaner, Aprender a mirar la salud. Cómo la desigualdad social daña nuestra salud
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Revista mientras tanto
· Contenido del número 94


Número 31
Diciembre de 2005

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La enseñanza y las movilizaciones de la derecha

     La derecha ha tomado la calle. La estrategia de acoso y derribo emprendida por el Partido Popular no se detiene en nada. Y consigue movilizar a miles de personas, mostrando su capacidad de medios y organización. Ahora es el tema de la enseñanza, una cuestión vital para uno de los pilares sobre los que se asienta su hegemonía social: la Iglesia Católica y sus centros educativos.

     No vale la pena perder mucho tiempo en entender sus reivindicaciones pues son de una claridad meridiana: mantener los mecanismos que les permiten seleccionar a su alumnado, mantener o mejorar los recursos financieros provenientes del sector público y garantizar la presencia del adoctrinamiento católico en el conjunto del sistema escolar. Lo demás es puro ornamento.

     Que las derechas se movilicen para garantizar sus privilegios y para imponer a los demás sus formas de pensar es algo que no debería extrañarnos. Especialmente si estamos en el único país que liquidó una dictadura sin efectuar ni un mínimo proceso de crítica y revisión. Ni hubo depuraciones, ni juicios, ni críticas morales. Para un sector de las clases dominantes la transición fue simplemente un período de adaptación al ejercicio del poder bajo otras formas. Y ahora que intuyen que a lo mejor se pueden acabar imponiendo algunos cambios más sustanciales, especialmente en lo que afecta al poder cultural y social de la Iglesia Católica, responden con acritud.

     La pregunta importante a mi modo de ver es por qué no se produce una respuesta en el otro lado. Por qué la izquierda no moviliza a sus gentes, o no surgen respuestas fuertes de la propia sociedad civil. Unas respuesta fácil es la de relacionar la falta de movilizaciones con la presencia de la izquierda en el Gobierno. Puede que tenga algo de razón (el PSOE y sus aliados prefieren presentarse como gente respetable), pero resulta demasiado reconfortante porque deja en las manos exclusivas del Gobierno toda la responsabilidad de la parálisis social. Y es una explicación no avalada por el pasado: contra el PSOE llevamos a cabo importantes movilizaciones por causas diversas —la OTAN, las pensiones, las reformas laborales, la guerra del Golfo....

     La ausencia de movilización en defensa de la escuela pública laica tiene razones más profundas que resultan desmoralizantes desde una perspectiva igualitaria. Para la mayoría de la población la educación es más una vía de promoción social (o cuando menos de abertura de posibilidades en el mercado laboral) que un medio para el desarrollo intelectual y social. Ni existe una demanda fuerte de educación cultural ni una voluntad clara de cohesión social. Para la mayoría de padres y madres el único baremo de evaluación son las notas que indican las posibilidades que tienen sus hijos o hijas de construirse un currículo educativo con el que entrar a competir en el sistema social. Y les preocupa la presencia de circunstancias que puedan perturbar este proceso curricular. Para muchas personas, una escuela igualitaria resulta una propuesta inquietante, porque se asocia automáticamente a caída del nivel escolar, a descontrol y a eso tan tradicional de “las malas compañías”. La llegada de niños y niñas provenientes de mil y un lugar no ha hecho sino acrecentar estos demonios y ha reforzado en determinadas zonas la deserción de la escuela pública por parte de importantes sectores sociales. La existencia de un modelo dual de escuela, que permite acceder a una privada que selecciona su alumnado y que, al mismo tiempo, resulta relativamente barata debido a la elevada subvención pública, ha favorecido la extensión del proceso. Sólo hace falta averiguar a qué escuelas llevan sus hijos la mayoría del profesorado de las Universidades e Institutos públicos. Y recoger la variada muestra de razones que aducen estas personas para justificar su elección y camuflar el elitismo o el clasismo que realmente la sustenta.

     Tampoco el sistema escolar ha ayudado a cambiar esta percepción. Las diversas reformas o han estado mal planteadas o han carecido de medios. El profesorado se ha visto a menudo desbordado por los cambios y por su incapacidad para actuar en un marco social trastocado. Y el proceso de aprendizaje ha estado condicionado por la presencia de referentes culturales alternativos a la escuela (los medios de comunicación, verdaderos creadores de pulsiones consumistas e irresponsables) y por un contexto social y familiar que concede poco valor al conocimiento y el debate razonado. Resulta normal que el fracaso sea mayor allí donde escasean los recursos de todo tipo y las perspectivas de progreso en la escala social son menores. Los mismos valores de clase media de buena parte del personal docente son otra parte del problema. Tampoco este sector tiene una visión general capaz de promover ideas claras sobre qué reformas son necesarias.

     De un contexto como el comentado difícilmente va a salir un movimiento fuerte en defensa de la escuela pública y de respuesta frente a quienes simplemente quieren reforzar los privilegios de siempre con dinero público. Y tampoco el Gobierno tiene una actitud firme que transmitir a la ciudadanía. Por esto no parece descabellado esperar que al final pacte mantener gran parte de los privilegios de la privada (especialmente en materia de matriculación) con el objetivo táctico de fragmentar los apoyos del PP. Y con ello se preserve el doble circuito escolar que refuerza una visión de la escuela pública de “servicios mínimos”, de depósito de aspirantes al fracaso escolar.

     La defensa de la escuela pública laica sólo puede hacerse desde bases sólidas. Sobre todo, sobre el modelo social y el papel de la cultura. Sobre la voluntad de construir una sociedad básicamente igualitaria y con una ciudadanía informada y razonadora. Hoy estamos muy lejos de esta situación. La escuela se sigue percibiendo como el primer peldaño de una competición sin fin, y en la que conviene que desde el principio se elimine gente. Por esto somos incapaces de movilizar frente a la derecha y de tener ideas claras sobre qué reformas deberían aplicarse. [Albert Recio]

 

La revuelta francesa

     Durante más de dos semanas hemos estado viendo noticias acerca de una revuelta en Francia. El detonante fue la muerte de unos adolescentes. Huían de la policía y se escondieron en un transformador. Murieron electrocutados. Ocurrió en Clichy, una ciudad dormitorio de los alrededores de París.

     Como protesta por la muerte de sus compañeros, grupos de adolescentes empezaron a quemar coches, escuelas, locales sociales y hasta comisarías de policía. El Ministro del Interior francés, Sarkozy insultó a los habitantes del barrio tratándolos de delincuentes y “chusma”. La protesta se extendió a otras zonas. Luego a otras ciudades de Francia. En su momento álgido llegaron a quemarse más de mil coches en una noche. Después fue amainando poco a poco.

     Los medios de comunicación han presentado la oleada de violencia como una revuelta de jóvenes inmigrantes. En realidad no ha sido así. La inmensa mayoría de los revoltosos son franceses. Sus padres o sus abuelos sí eran inmigrantes. Pero ellos han nacido en el territorio de Francia. Eso les concede la nacionalidad. Tienen derecho al voto (o lo tendrán cuando cumplan 18), aunque sus padres puedan carecer de él.

     Ahí está la clave del asunto: en que no son inmigrantes. Sin embargo están discriminados y son excluidos. No llegan a la universidad. No les dan trabajo porque tienen un nombre árabe. Sus hermanos mayores están en paro. Los padres, a veces, también. Pero ellos sienten que deberían tener los mismos derechos que los demás franceses. Aunque lo expresen de forma primaria y violenta. Los inmigrantes suelen estar dispuestos a aceptar las peores condiciones y los trabajos más precarios. Muchas veces eso es mejor que lo que han dejado atrás. Pero sus hijos no son tan conformistas. Ellos son tan franceses como el que más. No tienen por qué sentirse acomplejados.

     La respuesta del gobierno francés ha sido fundamentalmente represiva: policías antidisturbios, estado de excepción, detenciones, registros, retirada de subsidios... Es la única política que sabe hacer la derecha. Eso y algunas vagas promesas. Pero el gobierno ha salido reforzado. Y Sarkozy también. La opinión pública le apoya. Puede que esto le convierta en el próximo Presidente de Francia, en el sucesor de Chirac.

     ¡Vaya paradoja! Y es que la situación es muy grave. Los efectos de las políticas neoliberales son ya insoportables para muchos. Se vio en Nueva Orleáns. Pero entre esos efectos están la desagregación social, la debilitación de las organizaciones alternativas, la incapacitación de los oprimidos para que no puedan expresarse políticamente.

     Por eso, lo más probable es que la revuelta no logre conseguir nada. Que sea recordada como un problema de orden público. Provocado por gentes de origen oscuro. Los franceses de derechas están diciendo ya que la culpa de todo la tiene la poligamia de los inmigrantes, que no permite a los hijos criarse en una familia estructurada con una figura paterna clara. ¡Eso sí que es echarle la culpa al oprimido de su propia opresión! Los que dicen eso no han logrado aprender siquiera que los franceses son personas de diferentes colores, maneras y culturas. Siguen pensando que franceses son sólo ellos. Los blancos, hijos, nietos y biznietos de franceses nacidos en Francia. [J. A. Estévez]

¿Es posible la expropiación de viviendas vacías?

     Basta echar una ojeada a la prensa de los pasados días 24 de octubre y posteriores, en que el Conseller de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat, Salvador Milà, presentó públicamente el borrador del anteproyecto de Ley del derecho a la vivienda en Cataluña, para constatar la polvareda levantada por el anuncio de que en él se prevé la expropiación de viviendas vacías. Casualidad o no, el anuncio tuvo lugar la misma semana que se celebraba en Barcelona el salón inmobiliario internacional conocido como Barcelona Meeting Point.

     Las reacciones no se hicieron esperar. Así, la Asociación de Promotores y Constructores rechazó la medida en tanto que intervencionista, la tachó de desestabilizadora y generadora de inseguridad jurídica, y puso en tela de juicio la constitucionalidad de la misma. La titular del Ministerio de Vivienda, si bien en un primer momento pareció prestarle apoyo, finalmente aclaró que el anteproyecto de ley del suelo en que trabaja su departamento no prevé la expropiación de viviendas vacías. Desde el PSC, socio mayoritario del gobierno de Cataluña, se advirtió que en el trámite parlamentario haría falta matizar. Y tampoco quedó exento de la polémica el tripartito municipal, ya que desde el grupo socialista se descalificó la iniciativa, con el consiguiente enfrentamiento con los responsables del grupo municipal ICV-EUiA. Por supuesto, durante aquellos días los medios de comunicación se hicieron eco de todo tipo de opiniones, más o menos autorizadas, algunas de ellas vertidas con la única intención de erosionar políticamente al Govern. Incluso el propio Conseller Milà hubo de tranquilizar a la opinión pública en los días posteriores al anuncio, aclarando que únicamente se aplicaría la expropiación como medida extrema.

     Lo primero que deseamos aclarar es nuestra alineación con los –pocos, a tenor de lo visto y leído– que consideran que la crítica realizada al anteproyecto a través de los medios es injusta, ya que se ha abusado del impacto mediático del posible ejercicio de la potestad expropiatoria, sin analizar el texto en su conjunto.

     El anteproyecto de ley, tal y como reza su título, constituye un intento de regular legalmente el derecho a la vivienda en tanto que derecho constitucional. El texto es ambicioso y pretende convertirse en un verdadero código de la vivienda para Cataluña. Regula muchos y variados aspectos, como los criterios e instrumentos de planificación de la vivienda, la calidad y los requisitos de habitabilidad exigibles, los deberes de conservación y rehabilitación de los propietarios, o las funciones de los distintos agentes que intervienen en los procesos de edificación y en la transacción inmobiliaria, por citar algunos de los que preocupan en el actual contexto inmobiliario.

     Es desde esta clave social del derecho constitucional a una vivienda digna y adecuada –que los poderes públicos deben garantizar, lo cual resulta en extremo complejo en los tiempos que corren– como debe leerse la posibilidad de aplicar la expropiación forzosa a las viviendas vacías. El proyecto legislativo parte de la idea de que toda vivienda desocupada de manera permanente incumple flagrantemente su función social.

     Se trata de una medida quasi sancionadora, en la línea de otros precedentes legislativos, y obedece a una demanda de buena parte de la sociedad, que asiste impotente a una escalada de precios –que dificulta en extremo, cuando no imposibilita, su acceso a una vivienda– provocada, al menos en parte, por una abrumadora demanda de vivienda como inversión de una altísima rentabilidad que pasa a engrosar el stock de vivienda deshabitada de manera automática. No podemos dejar de apuntar el igual o mayor rechazo suscitado por la iniciativa en otros sectores sociales, lo cual indica, entre otras cosas, que el ahorro tradicional no es ajeno a la búsqueda de refugio en la extensa oferta residencial existente.

     Cosa bien distinta es la posibilidad de poner en práctica estas expropiaciones, para lo cual se aprecian al menos dos órdenes de obstáculos de carácter jurídico. Un primer inconveniente viene dado por la dificultad misma de definir lo que debe entenderse como vivienda deshabitada o desocupada de manera permanente, más aún si tenemos en cuenta que el hipotético organismo expropiante corre con la carga de la prueba. Esas dificultades no son distintas que las debidas a este mismo vacío legal en la legislación de haciendas locales, que en la práctica ha impedido a los municipios aplicar a los pisos vacíos el recargo previsto en el impuesto sobre bienes inmuebles.

     La definición legal de vivienda desocupada exigiría un pronunciamiento sin ambigüedades por parte del legislador, por razones obvias de seguridad jurídica que debe presidir toda actuación de carácter coercitivo. Y no resulta tarea sencilla, debido a la multitud de situaciones que pueden llegar a contemplarse, por ejemplo: ¿debe considerarse como tal una segunda residencia que se ocupa como máximo durante uno o dos meses al año? Se precisa, quizás, de una gran dosis de firmeza política para que la medida sea verdaderamente eficaz. En este punto, el anteproyecto de la Generalitat de Cataluña no ayuda demasiado, ya que lejos de definir lo que se entiende por vivienda permanentemente desocupada, incorpora una lista de lo que podríamos denominar medios de prueba, entre los que incluye datos del censo de habitantes, consumos de suministros o declaraciones de vecinos, entre otros. Con estas premisas, auguramos que abogados y tribunales de justicia tienen el trabajo garantizado si la Administración pretende hacer uso de la potestad expropiatoria con este fin.

     El segundo orden de dificultades a que hemos aludido tiene que ver con el precio de las expropiaciones. Sabemos que la tendencia de la legislación sobre valoraciones, aplicable en casos de expropiación forzosa, ha aproximado progresivamente el justiprecio (la indemnización que recibe el sujeto expropiado) al valor de mercado del bien o derecho de que se trate. Y si de viviendas terminadas y en correcto estado de conservación estamos hablando, podemos presumir que la valoración de las mismas será, si no idéntica, muy similar a la que obtendría el propietario en caso de decidir libremente la puesta a la venta del inmueble, y ello sin que se reste valor económico por el hecho de hallarnos ante un incumplimiento grave de la función social de la propiedad. Dicho de otra manera, la falta de uso adecuado de la vivienda no penalizará en absoluto al sujeto pasivo de la expropiación. Al menos, no hay ninguna previsión legal al respecto, y tampoco parece que vaya a haberla.

     Ante el panorama descrito, tal y como matizó el propio Conseller en su día, no se nos antoja viable la expropiación de viviendas vacías como medida generalizada de coerción para la puesta en circulación del ingente parque inmobiliario desocupado que existe en la práctica totalidad de municipios. Al contrario, las perspectivas son de incremento, lo que seguirá dejándose notar en el precio de la vivienda por mucho tiempo*. [Sergi Llorens Aguado]

* Una vez redactadas estas reflexiones, justo un mes después de la presentación pública del anteproyecto, se dio a conocer una segunda versión del mismo en el marco del Consell Assessor de l’Habitatge de Catalunya.

     Este nuevo borrador, muy próximo ya a iniciar el trámite parlamentario, ofrece algunos de los matices reclamados por algunos y anunciados por otros. Así, la desocupación permanente de una vivienda queda encuadrada entre los supuestos en que las administraciones competentes arbitrarán vías positivas de fomento y concertación, pudiendo establecer medidas fiscales que propicien el cumplimiento de la función social de la vivienda y penalicen la desocupación injustificada. Únicamente allí donde se acredite una fuerte demanda residencial, y una vez agotadas las vías de fomento, las administraciones quedan facultadas para adoptar medidas de intervención y, en último término, hacer uso de la potestad de expropiación forzosa. Ésta puede limitarse al usufructo, para incorporar la vivienda al mercado de alquiler durante un tiempo determinado.

     Además, a la anterior definición de vivienda vacía (la que no cumple con su destino durante un plazo superior a dos años) se añade que se considerará como tal sólamente cuando no quede incluida en las categorías de residencia habitual o de segunda residencia. Se ha optado, por tanto, también a la hora de definir lo que es vivienda vacía, por un concepto restrictivo que en la práctica se excluye de la posibilidad de aplicación de las medidas expropiatorias, establecidas ya únicamente, a su vez, para casos extremos.

Niños soldados y negocios

     El misionero javeriano español Chema Caballero acaba de recibir el Premio Internacional Alfonso Comín 2005 en Barcelona por su labor de acogida y rehabilitación de niños soldados de Sierra Leona. Este país ha sido escenario durante muchos años de una guerra civil que enfrentó el gobierno de Freetown con milicias autóctonas. Por el centro de acogida dirigido durante tres años por Chema Caballero han pasado unos 3000 niños de ambos sexos, la gran mayoría varones.

     Su testimonio es estremecedor. La esperanza de vida en Sierra Leona, que en 1992 era de 42,4 años, ha descendido aún más durante los años subsiguientes de guerra civil. La población, pues, es muy joven. Escasean los adultos, de modo que los grupos armados ven en la infancia una cantera más asequible de soldados. Además, los niños son maleables y dóciles. Secuestrados a la edad de entre 6 y 12 años, son llevados a los campamentos, donde se les tiene unos meses como sirvientes, para darles a continuación formación militar. Sigue la fase decisiva de su “adiestramiento” como soldados: ir a su poblado de origen y cometer allí crímenes que los convertirán en indeseables para su propia familia y comunidad. El crimen más cruel que se les obliga a cometer es el asesinato de su propio padre o de alguno de sus hermanos o familiares próximos (sic). Además, se les obliga a quemar cosechas y destruir viviendas del poblado donde han nacido. Se manipula su inmadurez psicológica y su sentido ético aún vacilante. Sometidos a la droga, ejecutan estas atrocidades, de modo que quedan alienados de sus familiares y convecinos, solos en el mundo, creándose entre ellos y el “comandante” que les ha empujado al crimen un lazo de dependencia muy fuerte, una variante del síndrome de Estocolmo (a menudo llaman “papá” a su comandante). No tienen a nadie más en el mundo. Son convertidos, así, en máquinas de matar y torturar dóciles, libres de inhibiciones morales. Se dedicarán luego, en las acciones de guerra, a cortar manos y piernas, a arrancar ojos y orejas, a matar. Manejarán con destreza el machete o las armas de fuego ligeras. Serán la “fiel infantería” de una guerra atroz.

     Las niñas, por su parte, no son convertidas en guerreras, sino en esclavas sexuales, y sometidas a toda clase de vejaciones y violaciones. Los propios niños soldados, muy precoces en África, practican esas vejaciones con sus compañeras, pero también los mandos de mayor edad.

     En el centro Saint Michael, en el interior del país, Chema Caballero y sus colaboradores han acogido a más de 3000 de esos niños y niñas, y con paciencia infinita han conseguido rehabilitar a una mayoría de ellos. Tres de ellos han conseguido alcanzar el nivel educativo suficiente para poder ingresar en universidades del Reino Unido. El milagro de esta rehabilitación tiene que ver con el esfuerzo para encontrar en el propio país familias que acepten prohijar a esos niños, aunque no es nada fácil: muchas comunidades y familias víctimas de esos pequeños criminales no han sido capaces de perdonar. La otra pieza es el amor ofrecido a los niños, la paciencia para esperar un proceso interno de reconstrucción de la propia personalidad que es muy lento. Otra es inducirles a hablar de sus fechorías para que experimenten una catarsis psíquica. Los resultados son sorprendentes. Caballero cuenta que el tiempo y la paciencia son decisivos. Algunas ONG han fracasado por haber ido a trabajar allí con un calendario preestablecido. La ONU hizo una vez más un triste papel erigiendo un tribunal de crímenes de guerra al que se pretendía someter a los niños soldados (iniciativa que no se llevó adelante por el sentido común del fiscal designado al efecto).

     La gran desgracia de Sierra Leona es su riqueza: su riqueza en diamantes. Los grandes traficantes (encabezados por De Beer, entre otros) son los clientes de la minería de los diamantes. Lo que ellos pagan financia tanto una parte del presupuesto militar estatal como el de las milicias armadas, que controlan otras partes del territorio donde hay minas de diamantes. El otro sector del negocio es el de los traficantes de armas. En este tipo de guerras los fabricantes de armas tienen un mercado suculento, sobre todo los de armas ligeras, entre los que destacan los españoles (empresas privadas y públicas, como Santa Bárbara). Chema Caballero lo denunció sin tapujos entre las venerables paredes del Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona y en presencia del alcalde de la ciudad, resaltando la responsabilidad de los sucesivos gobiernos españoles.

     El círculo se cierra: detrás de la insoportable barbarie de la guerra civil de Sierra Leona (y de todas las guerras del continente africano) están los negocios de los diamantes, el coltan, el petróleo, el molibdeno y tantas materias primas que se requieren para hacer funcionar nuestros ordenadores, teléfonos, automóviles y otras comodidades, y que nuestros industriales, solícitos, nos ofrecen a buen precio. Occidente recoge los beneficios del negocio y las comodidades con que luego atraerá a los jóvenes africanos hacia las vallas de Ceuta y Melilla. África, por su parte, pone el horror infinito de los verdugos y de las víctimas de la mutilación, la tortura y la muerte. ¿Hasta cuándo toleraremos esta intolerable destrucción de África? [Joaquim Sempere]

Luna de Noviembre
Crónica

Francia: Rebelión en la Barbarie

     Escribo en la duodécima jornada de una novedad social: la “rebelión en la barbarie” en Francia. En los barrios periféricos de París y otras ciudades, en los ghettos de emigrantes, magrebíes principalmente, se han rebelado los nietos. Unos cinco mil coches incendiados, ataques a autobuses urbanos con personas dentro, a escuelas, guarderías, gimnasios, bibliotecas, centros sociales, iglesias, comercios y, por supuesto, comisarías y policías. Jóvenes armados con bates de béisbol, bolas de petanca, escopetas de caza, cócteles Molotof o tirachinas. Los coches quemados, aparcados en las periferias, pertenecen a las familias de los jóvenes o a gentes como ellas.

     El gobierno reprime y detiene, promulga un toque de queda juvenil; en algunos barrios los vecinos organizan brigadas de voluntarios para proteger centros sociales. Los grupos de insurrectos, formando comandos, se comunican mediante telefonillos. Primeras víctimas: un bebé alcanzado por una pedrada, un hombre muerto; policías, y seguramente jóvenes, heridos (de los últimos no habla la prensa).

     No es exactamente una “rebelión primitiva”. No hay dirigentes ni figuras carismáticas. No hay tribunos. No hay objetivos inteligibles más allá de la destrucción. No hay interlocutores con quienes dialogar o no dialogar. Acaso se parece a la rebelión negra de Watts, en Los Ángeles, en 1965: pero ésta se situaba en un contexto de luchas por sus derechos de los afroamericanos (fue reprimida con un baño de sangre) y se concentró en un barrio, mientras que la de Francia se extiende aquí y allá, como chispas que prenden una yesca territorialmente dispersa. Toulouse, Burdeos, Montpellier, Rennes, Nantes, Mulhouse, Evreux... No alcanza seriamente a las zonas céntricas de las grandes ciudades ni obtiene apoyo social.

     Estos rasgos componen rigurosamente una novedad. El objeto de la destrucción juvenil es simbólico: los coches por cuya posesión han suspirado padres y abuelos; los bienes públicos, limosnas de una sociedad que les prometía igualdad. Los jóvenes carecen de propuestas alternativas, sin embargo.

     Puede haber conatos de explicación de lo que está pasando. Los jóvenes rebeldes, cuyos actos parecen irracionales, son víctimas de una injusticia perfectamente explicable. Estos jóvenes son los hijos del nuevo proletariado de los países ricos. A los inmigrantes se les exigió integrarse en la sociedad francesa; se les exigió afrancesarse y se les prometió igualdad. El resultado: los jóvenes de esa “tercera generación” se sienten franceses, pero excluidos por los franceses franceses. La extrema derecha (Le Pen) les califica de “franceses de papel”. Se les dijo que iban a ser iguales y los autóctonos les tratan como diferentes por el color de la tez, por sus nombres y apellidos. Padecen el apartheid residencial y escolar y la exclusión laboral. Sus padres, cuando tienen trabajo, tienen el trabajo neoliberal: salarios de mierda, imposiciones prepotentes, discontinuidad, ausencia de perspectiva. Esos jóvenes no tienen nada que perder. Ni siquiera a alguien a quien escuchar. Para ellos sólo está la policía: la policía de la “tolerancia cero” de Sarkozy o la “policía de proximidad” del partido socialista francés. Son bárbaros porque el neoliberalismo es la sociedad de la barbarie. A fin de cuentas, ¿no imitan comportamientos aprendidos en los videojuegos y teleseries, o en los telediarios, con los ejércitos israelí o norteamericano?

     Y esto sigue (un día más, 9 de noviembre): un estado de excepción y ya miles de detenidos. Pero la policía ha tardado en intervenir, ha permanecido en una extraña inactividad los primeros días de la protesta: algo que habrá que explicar.

     Los “expertos” de medio mundo zumbando en prensa y radio (con errores burdos, dichos con el desparpajo de siempre), pero también con contención para no dar ideas. ¿Y el mundo académico, los “científicos sociales”? Probablemente ese mundo se relame, pues aquí hay tema de tesis: nos espera un diluvio de publicaciones sobre multiculturalismo y uniculturalismo. La cuestión real, sin embargo, es si esto es una explosión local o se atenuará para volverse endémico, o sea, un “efecto colateral” más del capitalismo salvaje de este principio de siglo. Hace tiempo que en las pseudodemocracias occidentales el voto de las gentes no puede influir de verdad en las políticas institucionales. Los jóvenes rebeldes creen con razón que su voto no vale nada, y por eso no andan con votos sino a pedradas y con gasolina.

     A los poderes les preocupa “el contagio”, pues el terreno está abonado no sólo en Francia. Ahora el gobierno francés de derecha aprueba a toda prisa “programas sociales”. Y para apaciguar la revuelta se recurre a una institución no precisamente “republicana”: los “hermanos mayores”, un referente cultural para los árabes.

     El “estado de emergencia”, paso previo a las disposiciones represivas que también seguirán cuando amaine la tormenta (ya se propone la expulsión de Francia de los condenados que no tengan la nacionalidad francesa en toda regla), plantea además un interrogante, el interrogante político de siempre: ¿quién saldrá ganando con todo esto?

     Pues bien: los días han pasado y al final —el 20 de noviembre— está claro que la derecha dura de Sarkozy ha reforzado su posición política futura ante muchos franceses asustados pese a que su política como ministro del interior ha alimentado el estallido, y también que Le Pen se frota las manos. La sucesión de Chirac parece jugarse entre estos dos personajes mientras sigue la división en el partido socialista francés. Ahora se entiende mejor la tardanza de la policía dejando que se agravara la situación. La “clase política” vive en su propio mundo, con su propia lógica. Bourdieu decía que las políticas neoliberales se autoverifican. A la derecha la explosión social le acarreará votos de la “mayoría silenciosa”.

     Y, pensando en nuestra propia casa, lo primero es señalar la inquietante distancia entre las instituciones creadas por el movimiento obrero y los inmigrados y los hijos de los inmigrados, tan a menudo objeto de agresiones xenófobas y racistas. Hay un nuevo proletariado, que es ahora un subconjunto de la clase trabajadora. Una clase trabajadora que mayormente ha perdido su consciencia política de clase en el pregnante sentido que en otro tiempo tuvieron estas palabras.

Consomé monárquico

     El nacimiento de la hija del heredero de la corona ha dado ocasión para que plumíferos y demás pájaros audiovisuales, con el cerebro colonizado por la gripe del pollo, le hayan hecho a la monarquía un buen consomé legitimatorio. Un consomé feminista.

     Hay que modificar la constitución para eliminar de ella la versión atenuada de la ley sálica borbónica —sostienen con argumentos pseudofeministas y progresistas—. Opino, modestamente, que es preferible modificar la forma monárquica del régimen político. Eso es lo verdaderamente anacrónico y ademocrático, y lo demás, pura anécdota en el seno de la única familia española mantenida como tal por la Hacienda pública.

     La legitimación vía massmediática es muy importante para esta monarquía, descontada la legitimación franquista que la instauró. Que ahora pasará como si nada en el 30 aniversario de la coronación del monarca. La corona no ha obtenido una legitimación democrática de las urnas porque la ciudadanía jamás pudo optar o no optar por ella. Lo impidieron los sables que limitaron la voluntad política en la transición; lo impidió la última Ley Fundamental del régimen anterior, la Ley de Reforma Política, que autorizaba al Rey a disolver las cortes que elaboraron la constitución si éstas aprobaban algo contrario a la voluntad regia; lo impidió que esas mismas cortes no fueran elegidas como auténticas cortes constituyentes.

     Por eso la legitimación de la monarquía de España ha dependido fundamentalmente de la revista Hola, que la mitifica en el imaginario colectivo, y de la prensa que sigue su estela, que es prácticamente toda. Bodas y nacimientos palaciegos venden prensa. Lo hemos visto hasta la náusea. Joven heredero casa con presentadora de televisión.

     En mi modesta opinión, las y los antisexistas deberíamos estar por que no hubiera monarcas. De ningún género.

Las privatizaciones de Aznar

     La fiscalía del Tribunal de Cuentas del Reino informa sobre las privatizaciones de empresas públicas (que pertenecían al patrimonio colectivo) entre 1986 y 2002: “en tres casos las informaciones necesarias para las valoraciones fueron aportadas por los directivos de las empresas vendidas, que finalmente fueron los compradores totales o parciales de las mismas”. Las empresas se vendían por menos de lo que valían. La cosa afecta a Red Eléctrica, Aceralia (la principal siderúrgica) e Iberia, entre otras.

     En una república bien ordenada esos directivos y quienes les nombraron habrían de ser objeto de un macroproceso penal.

Negocietes (sigue)

     Recomiendo echar un vistazo a las siguientes páginas web, antiguas pero ahora reactualizadas por noticias de prensa:
www.noticiasdenavarra.com/ediciones/20040210/mundo/d10mun0303.php
www.rebelion.org/medios/040220alb.htm
y en inglés a:
travellingshoes.blogspot.com
/2004_04_25_travellingshoes_archive.html#108294862289520738

El sistema USA

     La administración norteamericana no investiga las torturas de la CIA en mazmorras de otros países a sospechosos de ser de Al Quaeda, pero sí investiga quién proporcionó esa información al “Washington Post”.

     Por desgracia las cosas van mucho más allá de farsas como ésa. La legalización de la tortura por el legislativo y el ejecutivo americanos es una realidad. Y parece que lo son no sólo numerosas prácticas de tortura auspiciadas por la CIA sino también la implicación en su realización de algunos países satélites, con el objetivo claro de evitar que en el futuro algún juez norteamericano pueda exigir responsabilidades penales a las autoridades políticas, militares y del espionaje.

     El gobierno USA ya decidió saltarse la legalidad internacional con la consideración de “combatientes ilegales” a sus adversarios en Afganistán, país invadido por su ejército. Luego vino la invención de Guantánamo. Luego Abu Grahid, con sus prácticas infames. Luego el secuestro de ciudadanos en varios países europeos y su envío a otros países para ser torturados allí. Ahora parece que empaquetan a personas en aviones para enviarlos a mazmorras inencontrables en África, Asia y Europa oriental. Nunca, en los últimos 40 años, gobernantes de países importantes habían caído tan bajo ni cometido vilezas tan repugnantes. Que se complementan con el uso de armamento prohibido por los convenios internacionales contra enemigos mediocremente armados.

     Generaciones de norteamericanos se avergonzarán mañana de la pasividad de sus padres. A nosotros nos corresponde hoy evitar una actitud pasiva ante estos crímenes contra las personas. No es coherente llenarse la boca de derechos humanos y permanecer sin rechazar estas prácticas abominables con toda la energía que podamos reunir.

     Esas prácticas, además, animan y legitiman la barbarie en todo el mundo. En Irán se aplican penas de muerte y tremendas penas de látigo contra los homosexuales. La Carta de Derechos de las Naciones Unidas (“Nadie será sometido a tortura ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes”) es puro papel mojado.

Manifestación derechista contra el proyecto de LOE

     A la Iglesia católica española no le basta que el Estado la sirva de agente recaudador de las limosnas de los católicos, ni que le pague varios miles de millones de euros sin ninguna justificación, ni tampoco que, siendo la principal beneficiaria del negocio de la enseñanza concertada, les pague el sueldo o los complementos de sueldo a sus empleados. No le basta que siga en vigor lo esencial del Concordato que el Vaticano negoció con Franco. Quiere catequesis (la suya) en todas las escuelas, incluidas las públicas; y quiere exámenes de catecismo computables a efectos de becas y curricular. De ahí su coincidencia con el PP al manifestarse contra la Ley Orgánica de Educación que propone el Psoe.
Ese proyecto de ley no es ninguna maravilla, la verdad. Pero si la mayoría parlamentaria diera aún más su brazo a torcer sería muchísimo peor. La alianza entre la Iglesia Católica y el PP resucita el nacionalcatolicismo. Eso obliga a la izquierda real a militar contra la organización eclesial. Con el mayor respeto por las personas, pues todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Pero sin ningún respeto por ideas que no se pueden respetar. No todas las ideas son respetables; las personas, en cambio, sí.

Dos vergüenzas, con ocasión del proyecto de LOE

     Que el despliegue barcelonés de la policía de la Generalitat catalana se estrenara con una manera despreciable de detener a la gente causa estupor y asco. Unas personas detenidas al final de una manifestación en favor de la enseñanza pública fueron mantenidas de rodillas, esposadas con las manos a la espalda, por esa flamante madera nueva. Un trato degradante. Los mandos policiales y sobre todo los responsables políticos, en Cataluña, que no han censurado ese comportamiento, hacen así su modesta contribución al protofascismo inconsciente de sí mismo.

     Otra vergüenza es que, para defender la enseñanza pública, los maestros autoconsiderados progresistas saquen “en manifestación” a niños y niñas de cinco o incluso menos años, como se pudo ver el otro día en la calle Diputació, de Barcelona, ocupando la calzada bajo la protectora supervisión de la policía municipal, que desviaba el tráfico. Con alguna pancartita de la clase de manualidades. Debería ser un delito, en cambio, la manipulación de la infancia, y tener una agravante cualificada si quien lo comete pretende presentarse como “demócrata” y “de izquierda”.

     Es obvio que los niños tienen derechos, y que pueden ejercerlos autónomamente en ciertos casos: frente a padres maltratadores, en primer lugar. Deberían poder ejercerlos también frente a maestros que les usan como si fueran cosas. El fin (la enseñanza pública, etc.) no justifica los medios: en este caso, la manipulación de la infancia. [JRC]

¡Bolkestein vuelve!

     Desde hace casi dos años, el Parlamento Europeo y el Consejo de la Competencia debaten el proyecto de directiva sobre los servicios en el mercado interior propuesto por la Comisión Europea (la famosa directiva «Bolkestein»). El debate se encuentra ahora en una fase crucial ya que el 22 de noviembre habrá tenido lugar la votación por la Comisión del Mercado interior y la Protección del Consumidor (IMCO) del Parlamento. El Parlamento debería adoptar a continuación su dictamen en 1ª lectura en la sesión plenaria de enero de 2006 (ya está prevista una gran movilización para esta fecha).

     Paralelamente, el Consejo de la Competencia se reúne el 28 de noviembre para sintetizar las posturas de cada uno de los 25 Estados miembros acerca de los artículos delicados.

     En el estado actual, el proyecto de directiva es inaceptable: no es ni más ni menos que un proyecto de desregulación del mercado de los servicios. Por otra parte, por su campo de aplicación transversal, amenaza el cumplimento de misiones de interés general y el papel regulador de los poderes públicos a escala nacional, regional y local. Por último, la aplicación del principio del país de origen como regla general llevaría a un dumping social, fiscal y medioambiental en toda la Unión Europea.

     En definitiva, la directiva Bolkestein representa una amenaza real para el modelo social europeo.

     Carta modelo para enviar a los parlamentarios europeos, a los jefes de Estado y de Gobierno de los 25 Estados miembros, a la Presidencia británica y a los representantes de la Presidencia en el Consejo Competitividad:

     Estimado señor o señora:

     Siento gran preocupación por la propuesta de directiva «Bolkestein» que prevé la apertura total del mercado de los servicios en Europa. Esta concepción de mercantilizarlo todo me parece nefasta. Los servicios de interés general como la educación, la cultura, la salud y el sector audiovisual deben quedar a salvo de las reglas de la competencia. Por esta razón, he firmado la petición
http://www.stopbolkestein.org/, cuyas reivindicaciones le ruego que lea.

     También espero que las tenga en cuenta en el momento en que usted, su grupo o su partido haya de pronunciarse acerca del tema en el Parlamento Europeo y en el Consejo de la Competencia.

     Espero que su opción calme mis inquietudes e impida el desmoronamiento del modelo europeo de sociedad.

El dolor de la guerra

     “El dolor de la guerra” de Bao Ninh es la primera novela traducida al castellano que habla de la guerra del Vietnam con voz vietnamita. El relato está estructurado en tres tiempos que se intercalan entre sí. El primero es la posguerra, con sus dolorosas secuelas. Es el momento en que la narración se escribe y es también una reflexión acerca de ese acto de escribir y su significado. El segundo son episodios de la guerra que el autor cuenta en primera persona, pues se trata de vivencias propias que han dejado profundas heridas en su conciencia. El tercero es el paraíso perdido, la juventud inocente y lozana del autor antes de la contienda, su amor adolescente con Phuong y la premonición de que todo eso va a verse truncado irreversiblemente y que jamás podrá ser recuperado. La novela se presenta, pues, como un relato complejo que articula diversos tiempos de forma no lineal y se estructura en diversos planos, aunque esos mecanismos de distanciamiento no hacen menos apasionante su lectura.

     En el texto de la novela hay un pasaje que sintetiza muy bien su sentido:

     “Para ganar, unos mártires sacrificaron su vida a fin de que otros sobrevivieran. No es nada nuevo, cierto. Pero para los que siguen vivos y saben que los más bondadosos y dignos han caído (...) este hermoso panorama de calma y paz constituye una atroz paradoja. Es posible que haya ganado la justicia, pero también han ganado la crueldad, la muerte y la violencia inhumana. (...) Las pérdidas se pueden subsanar, el daño se puede reparar y las heridas cicatrizarán con el tiempo; pero las cicatrices psicológicas de la guerra nunca desaparecerán”.

     El personaje principal del relato, el soldado Kien, se ve en efecto asaltado por todo tipo de pesadillas y recuerdos extremamente penosos, incluso años después de terminada la contienda. Sus únicos recursos son beber y escribir el manuscrito que servirá de base para la novela. Dedica a ello noche tras noche y plasma con todo detalle los episodios que le atormentan, como si de un exorcismo se tratara. Esos recuerdos, los sentimientos asociados a ellos, la sensación de haber visto truncada su vida, de haberse endurecido de forma irreversible, de no tener futuro, son cicatrices que la guerra ha dejado en Kien y de las que no parece ser capaz de librarse.

     A lo largo del libro nunca se pone en duda que haya “ganado la justicia”, que Kien esté en el bando “correcto”, pero tampoco se exalta la guerra en ningún momento, ni se la considera como un acto justo. Lo que realmente presenta el texto son los “desastres de la guerra”, sus atrocidades, los bombardeos de los B-52, los cuerpos que saltan despedazados por los aires, los tanques que tienen que meterse en el río para limpiar de las cadenas los trozos de cadáveres que llevan enganchados. La guerra es, sobre todo, una atroz carnicería. Está compuesta de combates a gran escala, con armas pesadas, artillería y aviación, pero también de pequeñas escaramuzas de las cuales Kien no puede sentirse especialmente satisfecho. En cualquiera de sus escalas la guerra es cruel, es inhumana, no puede ser asimilada por una conciencia equilibrada.

     Kien es un superviviente nato que ha escapado por los pelos de la muerte en numerosas ocasiones. El algunas de ellas, gracias a que otros compañeros han sacrificado su vida, quedándose atrás para proteger a los que huían, saltando de modo suicida contra un soldado enemigo que estaba a punto de ametrallarlos, o enfrentándose únicamente con una pistola a toda una patrulla norteamericana.

     Los soldados yankees de a pie sólo aparecen en ese último episodio relatado en una única página: en ningún otro momento se enfrenta Kien a militares estadounidenses cara a cara. Sólo sufre sus bombardeos, su napalm, los ataques de sus helicópteros. Los americanos están siempre en el aire, fuera de su alcance, a diferencia de lo que pasa en las películas que todos hemos visto. Y es que ahora, gracias a “El dolor de la guerra” tenemos una visión del otro bando acerca del significado y consecuencias de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar en Vietnam entre 1964 y 1975. [J. A. Estévez]

La biblioteca de Babel

Alfons Barceló Pràctiques de civisme
Icaria, Barcelona, 2005, 301 págs.

     Este sencillo pero espléndido libro de Alfons Barceló, cuyo título completo, al que responde exactamente, es Pràctiques de civisme des del meu barri, sigue documentadamente la historia de una asociación de vecinos barcelonesa. Es un libro útil, porque enseña cómo hacer, cómo articular y practicar civilmente la participación democrática. Muestra los problemas modestos que hay que atender, y también sus dificultades,

las resistencias que se les oponen. La implicación directa de su autor —que por otra parte es un científico destacado— en esta práctica, y la original propuesta con que el libro se abre (y que omito explicar), hacen este volumen particularmente valioso y ejemplar para la experiencia participativa. Con su mera veracidad desnuda el mundo imaginario de la publicidad política. [J-R.Capella]

 

Joan Benach y Carles Muntaner Aprender a mirar la salud. Cómo la desigualdad social daña nuestra salud
El Viejo Topo, 2005, 123 págs.

     Las caras de la desigualdad son muchas. Este librito espléndido documenta de un modo convincente, con el apoyo sistemático de fuentes solventes de organizaciones internacionales o de revistas científicas, que la salud traduce de una manera particularmente dramática la inequidad, tanto entre países como entre clases y estratos sociales de un mismo país. No sólo detalla las grandes diferencias entre los muy ricos y los muy pobres, muy obvias, sino que nos descubre que la salud depende a menudo del status y hasta del barrio de la misma ciudad en que uno vive. Subraya el fracaso de la sanidad en países muy ricos pero con grandes desigualdades y desprovistos de

sistema universal de salud. Recoge datos tan reveladores como que la esperanza de vida y la salud en general de los habitantes del estado de Kerala (India) son mejores que la de los afroamericanos que viven en Chicago. El libro se articula en torno a la inteligente observación de que ignoramos ciertas cosas porque no sabemos “verlas”: se nos presentan como “invisibles”. Hace falta la labor crítica y penetrante de la imaginación científica (y la buena voluntad, por supuesto) para “aprender a mirar”, como reza el título. Para este breve libro vale, además, aquello de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. [J.Sempere]


Anónima, Una mujer en Berlín
Anagrama, Barcelona, 2005.

     Relatar el horror debería ayudar a impedirlo. Por esto la mejor literatura sobre el tema es siempre una llamada a nuestro deber moral. Primo Levi lo hizo magistralmente en sus trabajos sobre los campos de exterminio nazis. La obra que presentamos narra otra faceta de la misma experiencia. Se trata del diario escrito por una mujer berlinesa sobre los últimos días del régimen hitleriano y los primeros meses de ocupación soviética. La guerra se presenta aquí con otra cara, con el hambre, las violaciones masivas, la desmoralización, la desorganización de la vida cotidiana. Y también por la toma de conciencia de la parte de responsabilidad de cada uno en el desenlace del proceso. En este

sentido la visión de la autora no es nada exculpatoria de sus conciudadanos, que toleraron y apoyaron a Hitler, ignoraron los campos de exterminio y consideraron normal el trabajo forzado de los rehenes. No es de extrañar que la obra fracasara en su primera edición alemana. Todo el relato está además atravesado por una lectura conscientemente femenina del proceso, que pone en evidencia no sólo el diferente impacto del proceso bélico, sino también de cómo las mujeres reaccionan con mayor capacidad a organizar los aspectos básicos de la vida material. Todo un tratado elemental de “Economía de género” [Albert Recio]

PÁGINAS-AMIGAS
Nómadas
Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas

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Revista mientras tanto

Contenido del número 96
Notas editoriales:
“El muro de Melilla y nosotros”; “El Katrina y la política”; “...y mañana, y pasado y el otro”.
Artículos de
JM Ripalda, “Habermas y Europa”; L. Vasapollo, “Pobreza típica y trabajo atípico”; Giaime Pala, “Sobre el camarada Ricardo”; J-R. Capella, “Cervantes fuera de palacio”; J. Sempere, “La democracia y los técnicos”; J.M. Benítez, “El concepto de cultura como eufemismo y sustitutivo ideológico de la raza”; J. Büchner, “Aportaciones a un debate: la apropiación privada de la innovación social”; R. Campderrich, “Occidente en la encrucijada”; J. Torrell, “Nadie hablará de nosotros”.
Reseñas
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