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La directiva “Frankenstein”
Un tema que es objeto ahora de un intenso debate político y social en Europa es el de la liberalización de los servicios...

Más cerca de la igualdad de género
El proyecto de ley orgánica de igualdad entre mujeres y hombres es un paso firme en la eliminación de la discriminación por motivos de género.

Luna de marzo
Crónica

 

América Latina y Asia por fin libres de las garras de Washington
Por Noam Chomsky

La Biblioteca de Babel
· Jorge Rodríguez Guerra, La transformación de la sociedad salarial y la centralidad del trabajo

Cinephilia
· Ang Lee, Brokeback Mountain
· Martin Scorsese, No direction home

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Revista mientras tanto
Contenido del nº 97
Avance del nº 98


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La directiva “Frankenstein”

     Un tema que es objeto ahora de un intenso debate político y social en Europa es el de la liberalización de los servicios en el seno de la Unión Europea contenido en el proyecto de la “directiva Bolkestein” (o “Frankenstein”, como la llaman sus detractores). El proyecto fue aprobado por la Comisión Europea en 2004 y debe su nombre al apellido del comisario que la elaboró. En febrero pasado (2006), el texto fue examinado por el Parlamento Europeo, que hizo más de 200 enmiendas al proyecto original. Ahora la Comisión tiene que elaborar un nuevo proyecto que incorpore dichas enmiendas para someterlo al Consejo y al Parlamento, que deben llegar a un acuerdo para que la norma se apruebe.

     Para entender el significado de la directiva Bolkestein, hay que situarla en el marco de las transformaciones inducidas por la globalización en el ámbito de la organización empresarial y las relaciones laborales. Como consecuencia de la mundialización económica las empresas han “externalizado” buena parte de sus actividades. Esto significa que tareas antes realizadas por asalariados de la firma ahora se compran como servicios a otra empresa diferente (por ejemplo las labores de limpieza, de mantenimiento, de vigilancia…, o incluso fases de la elaboración del producto que las empresas fabrican: montaje de ordenadores, fabricación de piezas, cosido de prendas de vestir, etc). Una de las consecuencias del proceso de “externalización” ha sido el incremento de la importancia económica del sector servicios, que hoy en día representa el 70% del PIB de la UE y da trabajo al 65% de la población activa. Una norma que liberaliza los servicios en el seno de la Unión tiene, pues, la máxima importancia económica y social.

     El objetivo que persigue la Directiva Bolkestein es que una empresa de servicios de un país de la UE pueda desarrollar libremente su actividad en el territorio de cualquier otro Estado de la Unión. El proyecto original de directiva despertó la oposición frontal de los sindicatos y fue una de las razones del NO francés a la “Constitución Europea”. La razón principal del rechazo era el llamado “principio del país de origen” que establecía que las empresas prestadoras de servicios se regirían por la normativa del país en el que estuvieran ubicadas y no por la del país en que se desarrollasen su actividad. El principio del país de origen abría la posibilidad a que una empresa polaca prestara servicios en Alemania (por ejemplo, tareas de mantenimiento) por medio de trabajadores polacos con sueldos polacos, seguridad social polaca y sometida a la normativa fiscal y de responsabilidad de Polonia. Eso representaría una competencia desleal para las empresas alemanas y, sobre todo, presionaría a la baja sobre los salarios y garantías sociales de los trabajadores alemanes.

     Tras el paso por el Parlamento europeo se han introducido una serie de enmiendas que dejan bien claro que la directiva no afecta al derecho laboral. Es decir que los trabajadores se regirán por la normativa laboral del país donde realicen su actividad. No obstante, la trampa para eludir esta disposición la proporciona la propia directiva en otro artículo que considera que las personas físicas pueden ser consideradas “prestadoras de servicios”. Eso significa dar cobijo legal a una práctica que ya se está llevando a cabo: la de contratar los servicios de trabajadores “autónomos” en Polonia para que presten sus servicios en Francia. Como la relación entre una empresa y un trabajador autónomo no es laboral, sino mercantil (el autónomo es una microempresa integrada por un sólo trabajador), las relaciones entre ambos pueden regirse por el nivel polaco de ingresos y también por la normativa polaca en todo lo que no esté explícitamente prohibido por la directiva.

     La protesta de los sindicatos de los países más ricos contra la liberalización de los servicios no es un intento de mantener los privilegios de sus afiliados. Lo que se pide es que primero se armonicen las legislaciones laborales, sociales y fiscales de los países de la UE y sólo luego se liberalicen los servicios. Actuar de otro modo es propiciar que las empresas utilicen las diferencias de nivel de vida y de rigor normativo en los distintos países europeos como un factor de competitividad. Y de lo que se trata es precisamente de lo contrario: no de que los alemanes acaben viviendo como los polacos, sino más bien de que los polacos alcancen el bienestar que hasta ahora han tenido los alemanes.

[José Antonio Estévez]

 

 

Más cerca de la igualdad de género

     El proyecto de ley orgánica de igualdad entre mujeres y hombres es un paso firme en la eliminación de la discriminación por motivos de género. Se ha de leer en el contexto de otras normas recientes, como la ley de violencia de género, la ley de matrimonios homosexuales, o el proyecto de ley de autonomía personal, piezas de una misma política multipolar. El proyecto de ley de igualdad es minucioso en la descripción de sus campos de actuación, sobre todo dentro del sector público, fruto de un estudio bastante amplio sobre lo que podemos llamar “el dividendo patriarcal” (el conjunto de ventajas laborales, patrimoniales o familiares que otorga al hombre su mera pertenencia a un género socialmente diferenciado de la mujer). Y en consecuencia, trata desde una perspectiva diferenciada a hombres y mujeres en atención a la responsabilidad de éstas en los cuidados de la vida y en la reproducción social —lo que revela una toma de conciencia acerca de la dimensión social compartida de un trabajo tradicionalmente considerado como “natural” de las mujeres—.

     Claro está que esta norma es manifiestamente mejorable. Puede ser criticada por tener una visión todavía estrecha de las ideas de género e igualdad de oportunidades y por su concesividad hacia el sector privado. En cuanto a lo primero, sigue presente una asociación entre género y sexo que no tiene en cuenta la hibridación de las categorías “hombre” y “mujer” con otras estructuras de dominación como la raza, la nacionalidad, o la clase social. (Por ejemplificar, un chapero negro extracomunitario que viva en España no puede gozar de dividendo patriarcal alguno, teniendo un ámbito de libertad muchísimo más restringido que una mujer blanca, heterosexual, europea y de clase media). El proyecto omite, en este sentido, importantes áreas de exclusión social como la del mercado del sexo, sobre el cual estamos asistiendo desde Cataluña a propuestas de regulación consonantes con la idea de “orden público”.

     Por otro lado, la norma afecta sobre todo al ámbito administrativo y laboral público, donde se establece el principio de paridad en los futuros concursos y consejos directivos de entes públicos. En el ámbito privado, la norma anima a denunciar la discriminación y el acoso sexual e invierte para ello la carga de la prueba en los procesos judiciales, pero organizativamente se limita a establecer un marco general para la autorregulación de normas igualitarias y para la negociación colectiva de “planes de igualdad” —que a la hora de su ejecución, en los casos que lleguen a aprobarse, tropezarán con el contrapeso de la coerción empresarial—. Además, se establecen incentivos a la empresa de los que ésta puede sacar partido económico (explotación comercial de las medidas antidiscriminadoras adoptadas voluntariamente, obtención del “distintivo español de Empresa Modelo en Igualdad”, etc). Y la regulación del sector audiovisual —una importante fuente de sexismo— es sumamente tibia, al remitirse a la ineficaz Ley General de Publicidad.

     Se ha publicitado mucho el nuevo permiso de paternidad (amplía el actual de 2 a 10 días y es independiente del de maternidad, que puede ser compartido con el hombre). Y es en efecto importante, sobre todo para concienciar acerca del carácter discriminador de la actual organización social de la reproducción, por mucho que aún se trate de una reforma tímida en la dirección señalada.

     Un examen crítico de este proyecto de ley ofrece buenas ideas para una política antisexista más ambiciosa. En primer lugar, la distribución igualitaria del acceso a los recursos a través de políticas paritarias ha de abordar más a fondo el poder sociocultural y económico de los hombres. El policía de género que todos tenemos en nuestras cabezas y el arraigo de hábitos sexistas, fruto de procesos educativos no neutrales, no son eliminables sólo a través de leyes, aunque éstas pueden allanar el camino a la lucha social por una verdadera reforma de la vida cotidiana, que hay que mantener. En segundo lugar, toda política de discriminación positiva como la emprendida ahora en nuestro país parte de estándares o situaciones-tipo que delimitan lo que queda dentro y lo que queda fuera de la norma. De ahí que una política igualitaria más ambiciosa deba partir de una concepción muy amplia del género que tenga en cuenta, además del sexo, otras variables interdependientes como la raza, la situación sociocultural de las personas, su nacionalidad, o la división social clasista. En tercer lugar, las normas que promueven la igualdad de género establecen principios que pueden ser útiles organizativa e ideológicamente, pero no pueden abarca los contextos de aplicación de la norma. Por tanto, han de venir acompañadas de una política educativa que incluya no sólo a la ciudadanía en general sino especialmente a quienes las van a tener que aplicar (empresarios, autoridades, sindicatos) dentro de espacios donde la cultura patriarcal goza aún de buena salud. Una política de género de este tipo pasa por adoptar puntos de vista relacionales y concretos, respetuosos con las diferencias en el modo de pensar el género dentro de espacios de relación compartidos.

     A pesar de sus limitaciones, la política de género del actual gobierno ha de ser juzgada en positivo. El proyecto de ley de igualdad se opone al prejuicio social histórico acerca de la incapacidad intelectual y política de la mujer (cuya vigencia se muestra en el informe de Amnistía Internacional La discriminación, raíz de la violencia. ¡No a las leyes discriminatorias! publicado el 7 de marzo por la sección española de AI http://www.es.amnesty.org/) Toca ahora aprovechar este nuevo espacio para avanzar en la eliminación efectiva del androcentrismo en la vida cotidiana.

[Antonio Giménez Merino]


Luna de marzo

“Alto el fuego permanente” de Eta: creíble, en principio

     Hay motivos para dar crédito a la declaración de “Alto el fuego permanente” de Eta: los tres años sin atentados mortales, las tomas de posición por el fin de la lucha armada de presos etarras altamente significados, la esterilidad de la estrategia terrorista de la organización, su debilitamiento, la pérdida de apoyo político de la “izquierda abertzale”. O el cambio de lenguaje: ya no tregua, sino “alto el fuego permanente”, y la no mención de condiciones previas. Parece que puede abrirse un período en el que Eta busque de veras abandonar su estrategia de recurso a las armas y reinsertar a sus gentes en un sistema de relaciones dialógico.

Obstáculos al proceso de pacificación

     Quizá sea el menor la existencia de un auténtico cuerpo de ejército de vigilantes privados armados que ahora quedarán en paro en el País Vasco. Podemos suponer que las autoridades sabrán qué hacer ante esta dificultad menor, pero no excluyamos las sorpresas: hay que saber situarlas, si se producen, en su lugar.

     De mayor calado es la posibilidad de escisión de la propia organización Eta y de la izquierda abertzale. Que puede producirse ante cualquier obstáculo aparentemente insalvable o por impaciencia. Ni siquiera el Ira, el ejército republicano irlandés, que ya ha avanzado mucho en el sentido del abandono de la violencia, ha quedado a salvo de este peligro. Pues en el ideologizado mundo de la lucha armada —y en el por otra parte cómodo mundo del que vive sin necesidad de trabajar en el sentido corriente de esta palabra— no resultará fácil adaptarse a un debate político en el que los objetivos propios sigan siendo lejanos —las gentes de la izquierda tenemos una amarga experiencia de eso— y a una vida civil nada fácil de vivir. La posibilidad de rupturas y desgarrones en el universo abertzale no está excluida. Por eso tampoco hay que excluir la posibilidad de avances y retrocesos en el proceso de pacificación antes de llegar a la reconciliación y a la paz con naturalidad.

¿Palos en las ruedas?

     Parece que el PP va a aceptar el protagonismo del Gobierno en la interlocución con Eta. Pero no ha dejado de poner palos en las ruedas del proceso de pacificación de Euskadi, y no es del todo esperable que deje de hacerlo en el futuro. He aquí un inventario de sus actuaciones en los últimos tiempos:

     Cuando estuvo en el Gobierno, y ante el dudoso resultado del macroproceso a Batasuna instruido por Garzón, una especie de “causa general” insostenible, obtuvo la ilegalización del brazo político de ETA mediante la aprobación de la ley de partidos que tenía a aquella formación como único destinatario. Luego se obstinó en atribuir a ETA los atentados del 11 de marzo, contra toda evidencia, y ha seguido haciéndolo durante años. En la oposición, sin querer registrar que ETA había dejado de realizar atentados mortales, rompió el pacto antiterrorista, del que se había beneficiado en el Gobierno, al negarse a secundar la política del Gobierno de ZP. El PP ha buscado la ilegalización del llamado “Partido Comunista de las Tierras Vascas” sin conseguirla. Ha promovido en la sociedad, mediante declaraciones constantes, la sed de venganza, al objeto de inmovilizar al Gobierno actual con ataduras ideológicas. Ha atizado la consigna dudosamente constitucional del “cumplimiento íntegro de las condenas”; ha instrumentado para ello a alguna asociación de víctimas del terrorismo y ha sacado a la gente a la calle contra la prudente política del Gobierno actual. Ha movido contra él a sus peones en el Consejo General del Poder Judicial. Ha obtenido finalmente la repugnante sentencia del Tribunal Supremo que, por la vía de la interpretación de la ley, amplía las penas de prisión efectiva haciendo añicos el principio garantista de la irretroactividad de la ley penal desfavorable. El PP ha afirmado el principio, negador en la práctica de toda solución negociada, de “ninguna concesión política”, cuando es evidente que todo puede ser visto como concesión política, incluso un simple caso menor de indulto o un traslado de presos.

     El PP ha buscado ganar posiciones entre el electorado con este política: ha tratado de ganar emocionalmente para sí la repugnancia de todos contra el terrorismo. Sostiene los recortes a las libertades que han ido de la mano de la lucha contra el terrorismo: una ley especial antiterrorista que amplía los períodos de detención y cercena las garantías jurídicas de los detenidos; un tribunal especializado, anómalo en un estado de derecho, como es la Audiencia Nacional; normas penitenciarias especiales para condenados por terrorismo; una ley de partidos antidemocrática; una política penal del ojo por ojo. En definitiva, el mantenimiento de medidas autoritarias para las que es argumento la existencia del terrorismo.

     Al Partido Popular no parece importarle cerrar vías de salida a la situación de violencia. Y también él se puede dividir a este respecto, o dividirse su electorado, pues ha de virar tras cabalgar desbocado. Queda además la duda de que pueda permitirse el éxito de la política de su principal alternativa: la del partido socialista y sus aliados.

¿Qué podemos hacer las gentes corrientes?

     Debemos buscar la vía de regreso a una legalidad democrática e intentar ponerle un bozal jurídico e ideológico al Estado, nuestra bestia colectiva. Es preciso buscar la derogación de la ley de partidos y de la ley antiterrorista. Es preciso luchar por las garantías de la integridad física de las personas detenidas y de los presos. Hay que exigir el desmantelamiento institucional de la Audiencia Nacional. Hay que exigir garantías, y no sólo racionalidad, ante las medidas de vigilancia policial contra los atentados terroristas, y a la vez el abandono de misiones militares en las que no se nos ha perdido nada, como la presencia de tropas españolas en Afganistán, donde sus funciones no son precisamente las de una Ong, que pueden atraer hacia España el rencor islámico.

     Si alguien nos incita a no olvidar, debemos entonces recordarlo todo: no sólo los atentados y asesinatos de Eta, repugnantes en sí mismos, o los asesinatos internos de esa organización, y sus secuestros y extorsiones: también los años en que el euskera estuvo prohibido, las insuficiencias políticas de la transición, las largas penas de prisión impuestas y cumplidas, la guerra sucia bajo los gobiernos de Suárez y González. Recordar a los etarras Lasa y Zabala torturados hasta la muerte y enterrados en cal viva, las denuncias de torturas nunca investigadas y tantas otras historias de nuestra triste historia: los asesinatos de la extrema derecha durante la transición y los numerosos muertos por disparos de la policía en ese período. Sobre estas víctimas ha caído el manto del olvido. A quien nos incite a no olvidar hay que exigirle recordarlo todo.

     La pacificación no exige el olvido, pero sí, en cambio, la liquidación del deseo de venganza para hacer posible tanto la convivencia civil como la controversia política que desactiva la violencia armada.

     Debemos poner como ejemplo la generosidad de la izquierda en la transición. En el País Vasco y en toda España, donde las víctimas del terrorismo de Eta han sido muchas, y principalmente gentes humildes: simples policías, soldados conscriptos, ciudadanos corrientes, y no sólo políticos y militares profesionales, funcionarios de un Estado que a fin de cuentas debería ser nuestro, estar a nuestros pies y no por encima de nuestras cabezas.

[Juan-Ramón Capella, 27 de marzo 2006]

 

 

América Latina y Asia por fin libres de las garras de Washington

16 de marzo de 2006
Por Noam Chomsky

     La perspectiva de que Europa y Asia puedan tender hacia una mayor independencia preocupa a los estrategas americanos desde la segunda guerra mundial. Sus tribulaciones han aumentado a medida que ha evolucionado la “relación tripolar”: Europa, América del Norte y Asia.

     También América Latina está aumentando día a día su independencia. Ahora Asia y las Américas están fortaleciendo sus lazos mientras la superpotencia reinante, la excepción, se consume en las desgracias de Oriente Medio.

     La integración regional en Asia y América Latina es una cuestión crucial y cada vez más importante que, desde la perspectiva de Washington, presagia un mundo rebelde y fuera de su control. La energía, desde luego, sigue siendo un factor decisivo —y motivo de disputa— en todas partes.

     China, a diferencia de Europa, se niega a dejarse intimidar por Washington, una razón elemental para el miedo a China de los estrategas americanos y que conlleva un problema: los pasos hacia la confrontación son inhibidos por la confianza de la sociedad americana en China como plataforma de exportación y como mercado potencial, así como por las reservas financieras de China, proporcionalmente equivalentes a las de Japón.

     El Wall Street Journal informa que la visita a Pekín el pasado enero del Rey Abdullah de Arabia Saudita desembocará en una declaración de colaboración chino-saudita, animando al “aumento de la cooperación e inversión entre los dos países en cuestiones como petróleo, gas natural y financiación”.

     Una gran parte del petróleo iraní se exporta a China. Y China le proporciona a Irán armas que probablemente ambos estados consideran disuasorias para los planes de EE.UU. India también tiene opciones: puede escoger entre ser cliente de EE.UU o puede preferir unirse al bloque asiático que se está formando, más independiente y con mayores lazos con los productores de petróleo de Oriente Medio. Siddharth Varadarjan, editor de The Hindu, observa que “para que el siglo XXI sea ‘el siglo asiático’, la pasividad de Asia en el sector energético tiene que acabar”.

     La clave es la cooperación de India y China. En enero, un acuerdo firmado en Pekín “dejó expedito el camino para la colaboración de India y China no sólo en lo referente a tecnología sino también en la exploración y producción de hidrocarburos. Una colaboración que en el futuro podría alterar decididamente las relaciones mundiales del sector del gas natural y del petróleo”, señala Varadarjan.

     Un paso más, que también se está considerando, es un mercado petrolífero asiático que comercie en euros. El impacto en el sistema financiero internacional y el equilibrio de poder global podría ser muy importante. No debería sorprender que el Presidente Bush hiciera recientemente una visita a la India para intentar mantenerla en el redil, ofreciendo cooperación nuclear y otros alicientes como señuelo.

     Entretanto, en América Latina se imponen gobiernos de centro-izquierda de Venezuela a Argentina. Las poblaciones indígenas son ahora mucho más activas e influyentes, especialmente en Bolivia y Ecuador, donde pretenden que el petróleo y el gas estén bajo control nacional o incluso, en algunos casos, se oponen a su producción.

     Muchos indígenas no ven ninguna razón por la que deban destruirse o romperse sus vidas, sociedades y culturas para que los neoyorquinos puedan seguir sentados en sus todoterrenos en un atasco de tráfico.

     Venezuela, el principal exportador de petróleo del hemisferio, que ha forjado probablemente las relaciones más cercanas a China de todos los países latinoamericanos, está planeando vender cantidades cada vez mayores de petróleo a China en su esfuerzo por reducir la dependencia del gobierno de EE.UU., abiertamente hostil.

     Venezuela se ha integrado en el Mercosur, la unión aduanera suramericana. Un paso descrito por Néstor Kirchner, el presidente Argentino, como “un hito” en el desarrollo de este bloque comercial. El presidente brasileño, Luiz Inacio da Silva, “Lula”, le dio la bienvenida como un “nuevo capítulo de nuestra integración”.

     Venezuela, aparte de abastecer a Argentina con gasoil, adquirió casi una tercera parte de la deuda Argentina emitida en 2005, una muestra del esfuerzo regional para liberar a los países de los controles del FMI, después de dos décadas de desastrosa sumisión a las reglas impuestas por las instituciones financieras internacionales dominadas por los EE.UU.

     Un nuevo paso hacia la integración del Cono Sur (los estados del sur de Suramérica) se dio en diciembre con la elección en Bolivia de Evo Morales, el primer presidente indígena del país. Morales actuó rápidamente para alcanzar una serie de acuerdos energéticos con Venezuela. The Financial Times informó que “se espera que los acuerdos apuntalen las futuras reformas radicales de la economía de Bolivia y su sector energético” con sus enormes reservas de gas, sólo superadas — en Suramérica— por Venezuela.

     Las relaciones entre Cuba y Venezuela son más intensas que nunca, gracias a las ventajas que les proporciona. Venezuela sirve petróleo barato. A cambio, Cuba organiza programas de alfabetización y de salud, enviando a miles de profesionales muy experimentados, maestros y médicos, que trabajan en las zonas más pobres y más abandonadas, como lo hacen en cualquier punto del tercer mundo.

     La ayuda médica cubana también es bien recibida en muchos otros lugares. Una de las tragedias más horrendas de los últimos años fue el terremoto de Pakistán del pasado octubre. Además del coste en vidas, produjo un número indeterminado de supervivientes que tienen que hacer frente a un invierno brutal sin refugio, alimentos o ayuda médica.

     "Cuba le ha proporcionado a Pakistán el mayor contingente de médicos y enfermeros”, haciéndose cargo de todos los costes (quizás con financiación venezolana), escribe a John Cherian en la revista India’s Frontline, citando a Dawn, el principal diario pakistaní.

     El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, expresó su “profunda gratitud” a Fidel Castro por el “espíritu y compasión” de los equipos médicos cubanos, formados por más de 1.000 especialistas, el 44% de ellos mujeres, que seguían trabajando en remotos pueblos de montaña “alojados en tiendas, con una temperatura glacial y en una cultura extranjera”, cuando los equipos de ayuda occidentales ya se habían retirado.

     El crecimiento de los movimientos populares, principalmente en el sur pero con cada vez mayor participación en los países industriales ricos, es la base del desarrollo de una mayor independencia e interés por las necesidades de la gran mayoría de la población.

[Fuente: Znet, http://www.zmag.org/.
Texto proporcionado por Agustí Roig.
Traducción de Víctor Cassi]

 

La biblioteca de Babel

 

Jorge Rodríguez Guerra
La transformación de la sociedad salarial y la centralidad del trabajo
Talasa, Madrid, 2006, 206 págs.

     Este libro es un buen ejemplo de cómo se puede escribir un texto breve pero bien fundamentado que aporte al lector los elementos que necesita para comenzar a reflexionar sobre un tema central. En este caso, el tema es la organización salarial del trabajo y sus transformaciones contemporáneas. El autor aporta tres perspectivas de análisis que va articulando con agilidad: la visión de autores clásicos y contemporáneos, los datos que permiten explicar la situación actual del empleo y su argumentación sobre los malos tiempos que arrastra el neoliberalismo.

     Toma como eje central el pensamiento de Marx, que compara con Durkheim. Con esta entrada pasa a explicar desde qué posturas distintos autores –Gorz, Mèda, Offe y Rifkin– han sostenido la pérdida de centralidad del trabajo en la sociedad contemporánea. A estas alturas, Rodríguez Guerra ya ha comenzado a rebatir esta posición tan post mostrando cómo la transformación del trabajo –su precarización, el debilitamiento de los derechos sociales o la desorientación de los sindicatos– no ha de ser confundida con la pérdida de su

centralidad o con su desaparición. Para fundamentar esta posición, aporta datos estadísticos que muestran el incremento del empleo, aunque se pregunta: qué tipo de empleo se genera, en qué condiciones se trabaja –el contrato de primer empleo francés es un buen ejemplo de este nuevo empleo–.

     Con este equipaje, el autor afronta la parte final del libro mostrando al lector sus principales argumentos: la centralidad del trabajo, los efectos del neoliberalismo, la necesidad y oportunidad de reorientar el papel de los sindicatos, la feminización del trabajo, su necesaria desmercantilización… la necesidad de cuestionar radicalmente el vínculo salarial que caracteriza la organización del trabajo en el capitalismo.

      Tal como está construido, este texto compendia temas y aportaciones que frecuentemente aparecen dispersas. En este sentido, ofrece una visión panorámica. Incluye además un buen número de referencias para continuar pensando y practicando. Buena lectura.

[Antonio Madrid]

 

 

 

Cinephilia

 

Ang Lee
Brokeback Mountain
EE.UU, 2005

     Corre una descripción simplista de Brokeback Mountain que la describe como “un film de cawboys gays”. Sin embargo, estamos ante una película arriesgada y magistral que toma en consideración la dificultad de ser libres dentro de un sistema de educación de género monolítico.

     Partiendo del respeto hacia los sentimientos, la película nos convierte en espectadores de la forma de pensar tradicional en contra de la homosexualidad, convenientemente subrayada en un contexto de “tipos duros” con el que se pretende huir del arquetipo construido en torno a la cultura gay. Más allá de los tópicos, se nos muestra la relación entre dos hombres que, habiendo cada uno formado una familia con mujer e hijos, están inmersos en un

contexto sociocultural que les priva de su libertad de amar. Y es que uno de los méritos de este film es —además de desmitificar la figura del americano viril tan arraigada en los westerns— desarrollar una historia perfectamente creíble sobre el telón de fondo de la intolerancia de nuestras sociedades heterosexistas. Si a ello le añadimos unos paisajes indescriptibles, una banda sonora brillante, una dirección magnífica y una interpretación inmejorable, estamos ante la que es, desde mi punto de vista, la mejor película del 2005, cuyo único defecto quizás haya sido el “boom” mediático que supone el gasto de 4 millones de dólares en publicidad.

[Aureli del Pozo]


Martin ScorseseAlberto Méndez
No direction home
EE.UU., 2005

     Hubo una época, no muy lejana, en la que se pensó que las canciones podían cambiar el mundo. Una época en la que los acordes y la palabra cantada lograron percutir en las conciencias de una generación de jóvenes y no tan jóvenes asediados por el hastío industrial y el gélido pánico nuclear. Es en los EE.UU. de este período, finales de los cincuenta y principios de los sesenta, donde se sitúa No Direction Home, un documental de Martin Scorsese que muestra los inicios de un joven expedicionario de la música, Robert Zimmerman, conocido artísticamente como Bob Dylan.

     Dylan, a pesar de haberse implicado en el movimiento por los derechos civiles junto a muchos otros músicos folk como Pete Seeger, Theodore Bikel o Joan Baez y de haber criticado las pulsiones belicistas de quienes le gobernaban, jamás se sintió cómodo con la etiqueta de cantante protesta, quizás por su complejo esquema mental o quizás por su negativa a asumir la idea de que era un ejemplo de algo para alguien. No obstante, lo cierto

es que la sensibilidad moral, política, estética y lingüística que se desprendía de sus canciones constituyó la plasmación de una angustia colectiva y de un compromiso cívico y político.

     La recomendación un poco extemporánea de este documental (llegó a Europa en noviembre del 2005) pretende invitar a una reflexión acerca de la figura del artista como misionero cultural en tiempos de medianoche, sin la premura de la novedad que nos aboca a una vacua competición de mitomanía (tan tentadora cuando nos encontramos ante personajes de la talla de Dylan). En poco más de tres horas, Scorsese logra condensar una etapa fértil en cantautores militantes dados a abrazar causas ajenas a la cultura mercantilizada. Hoy, éstos son una especie en serio peligro de extinción, pero es posible que los necesitemos de nuevo en el futuro. La respuesta, amigos míos, está “flotando en el viento”.

[Sergio Tamayo]

 

 

 

PÁGINAS-AMIGAS
Nómadas
Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas

www.ucm.es/info/nomadas

 

 

 

Revista mientras tanto

Contenido del número 97
Notas editoriales: “Dilemas de la izquierda ante el debate estatutario”; “Desconcierto y división de la izquierda en el debate estatutario”; “Modesta contribución al debate sobre el Estatut”; “Autoritarismo de escaparate en Barcelona”; “La revuelta de la banlieu: ¿dónde está la izquierda?”.
Semimonográfico: «Materiales para la memoria»: Sergio Gálvez, "Las víctimas y la batalla por el derecho a la memoria: la comisión interministerial para el estudio de la situación de las víctimas de la guerra civil y el franquismo"; Jordi Borja, “Memoria histórica y progreso democrático”; Xavier Doménech, "Espejo roto"; Jordi Font, “Entre el souvenir memorial y la construcción de una historia crítica de la memoria”; Ermengol Gassiot, “Arqueología forense de la guerra civil: justicia y memoria de la represión fascista”;
Artículos
de Josep Torrell, “Mi memoria del cine” y "Los muertos que vendrán"; Octavi Pellissa, “¡Alemania, Alemania!”; y Giaime Pala, “Entre paternalismo e igualitarismo”.
El extremista discreto.
Cita.

Avance del número 98
Notas editoriales: “El clima de crispación y enfrentamiento civil provocado por el PP dentro de la ofensiva reaccionaria internacional”, “Comentarios a la ley de igualdad”.
Dossier sobre el petróleo: Textos de Quim Sempere, “Los riesgos y el potencial político de la transición a la era post-petróleo”; Ernest García, “Del pico del petróleo a las visiones de una sociedad post-fosilista”; Jordi Roca, “Protocolo de Kioto y emisiones de gases invernadero en España”; Josep Puig i Boix, “De los combustibles fósiles y nucleares a los sistemas energéticos limpios y eficientes del siglo XXI”; Mariano Marzo, “El hombre del hidrocarburo y el ocaso de la era del petróleo”; Eduardo Giordano, “Economía política del petróleo y militarismo”; Greg Palast, La OPEP y la conquista económica de Irak.
El extremista discreto.
Cita.

 

 

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