mientrastanto.e Num. 69 del 05-2009

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Cuaderno de crisis/ 6
Por
Albert Recio

Al margen
Por Juan-Ramón Capella

Reseña por encargo
Sobre el libro Apunts sobre la clandestinitat de Octavi Pellissa

¡Para no perdérselo, vamos!
Sobre la película Volviendo a casa de Vincenzo Marra

La biblioteca de Babel
· Juan Kalvellido. PAZlestina

· Sándor Kopácsi, En nombre de la clase obrera

· Immanuel Wallerstein, Universalismo europeo. El discurso del poder / L'universalisme europeu. La retòrica del poder

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Número 69
Mayo de 2009

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Cuaderno de crisis/ 6

Albert Recio

Es la estructura, no el mercado laboral

I

Seguimos en las mismas. La dramática destrucción de empleo existente en nuestro país conduce una y otra vez al mercado laboral como centro y final de las políticas económicas. Ahora es el nuevo manifiesto http://www.crisis09.es al que El País ha dedicado una insistente publicidad: primero en las páginas salmón del domingo 26 de abril, al día siguiente en la columna de Joaquín Estefanía y el martes en el artículo de opinión de Ramón Marimón.  La razón central de tanta noticia es que se trata de un manifiesto firmado por “los más prestigiosos economistas académicos del país”. Y por tanto hay que darles crédito pues han llegado a esta conclusión tras una profunda reflexión intelectual.

Leído el manifiesto se observa un total paralelismo con los argumentos que en su día ya lanzó el Gobernador del Banco de España. No hay casualidades, los verdaderos autores de la propuesta son los mismos que desde hace años controlan la línea de análisis del mercado laboral que se elabora en el Servicio de Estudios del Banco de España y en la Fedea (la Fundación de las Cajas de Ahorro) y que sin duda son los responsables del presente documento. Se trata de personas que hace muchos años están haciendo el mismo discurso sobre la necesidad de flexibilizar el mercado laboral español, y que suelen ser especialistas en retorcer su análisis cuando la realidad les da la espalda. En la década de los ochenta sostenían que la rigidez del mercado laboral y la excesiva protección al desempleo (en un período en el que menos del 25% de los parados recibían alguna prestación) era la causante del elevado desempleo español. En la década siguiente, cuando la tasa de temporalidad ya estaba en el 30% adujeron que la rigidez provenía de la propia temporalidad, pues este colchón de temporales permitía a los empleados fijos estar a salvo de los ajustes de plantilla. Un argumento que eludía la evidencia que en la crisis de 1991-1994 se destruyera básicamente empleo estable. Después han seguido con variaciones del tema con independencia de las numerosas reformas habidas desde 1994 y que han afectado a las normas de despido, a la negociación colectiva y con una larga experiencia de negociación colectiva dominada por la  moderación salarial. Da igual,  el problema del desempleo sigue residiendo en su opinión en la dualidad del mercado laboral (fijos hiperprotegidos, temporales precarios), el carácter inflacionista de la negociación colectiva, la falta de incentivos a la búsqueda de empleo debida a un exceso de duración de la protección y cosas por estilo.

II

Su argumento llega en un momento aparentemente adecuado. Cuando se puede constatar que en este momento sí que la destrucción de empleo se ha cebado más en los temporales que en los fijos y cuando se acaba de anunciar que los salarios en el último trimestre subieron casi un 5%. Lo segundo es mero engaño para inexpertos. Lo primero requiere una explicación más compleja.

La encuesta trimestral de salarios recoge el salario medio que reciben los asalariados empleados en el trimestre en cuestión. Entre dos trimestres puede que hayan variado los salarios o el volumen de empleo, y ambas variaciones afectarán al dato final. En situaciones como la actual donde se reduce el empleo, el salario medio del trimestre anterior se obtenía de un número mayor de asalariados que el siguiente. Si los empleos destruidos se han producido entre los personas con salarios más bajos, la media del trimestre siguiente dará un resultado superior simplemente porque los que han mantenido el empleo cobran más. Un pequeño ejemplo numérico puede servir. Supongamos un país con asalariados de dos tipos, unos ganan 2000 euros al mes y otros 1000.  Supongamos que en este país trabajan 3 millones de personas, 1 millón del primer grupo y el resto del segundo. El salario medio será por tanto de 1333,33 euros al mes (sumamos 2000 x 1 millón y 1000 x 2 millones y lo dividimos por 3 millones). Al trimestre siguiente se han perdido medio millón de empleos, 100 mil del grupo uno y 400 mil del grupo dos. Los salarios no han cambiado. Cuando repetimos la operación anterior obtenemos un salario medio de 1360 euros mensuales, el salario medio de los ocupados ha aumentado sin que nadie haya experimentado ninguna mejora salarial, simplemente es que ahora hay una proporción menor de ocupados con bajos salarios. Esto es lo que explica el ultimo dato de salarios, nada que ver con negociación colectiva sino simplemente una muestra más de lo que llamamos “efecto composición”. De hecho, este ha sido un importante elemento de moderación salarial en años anteriores, pues sistemáticamente se han estado creando empleos en sectores u ocupaciones de salarios bajos (por ejemplo vía sustitución de trabajadores con antigüedad por jóvenes que entraban en la empresa en condiciones a menudo contractualmente distintas). Ahora que se destruye empleo, y esta destrucción se ceba más en los trabajadores con menores salarios, el efecto es el inverso. Un cálculo rápido a partir de los datos de la contabilidad nacional (http://www.ine.es) muestra que entre 2001 y 2007 las remuneraciones de los asalariados pasaron de representar un 49,5% de la Renta Nacional Bruta a un 41,5%, en un período donde creció el porcentaje de población asalariada. Un cambio en la distribución de la renta que difícilmente se sostendría de tener una negociación colectiva inflacionista.

Más complejo es el tema de los cambios en el empleo, pero cuando se analizan de forma detallada las cosas aparecen bastante más complejas de lo que sugieren los firmantes del manifiesto. Comparando la evolución del empleo asalariado entre el cuarto trimestre del 2007 y el primero del 2009 lo que puede resultar sorprendente es que mientras en conjunto se destruyen 1,03 millones  de empleos este valor es el resultado de una destrucción de casi 1,19 millones de empleo temporales y la creación de 0,16 empleos fijos. Una evolución tan sorprendente obliga a pensar que debajo subyacen cambios en la estructura ocupacional. La primera pista es que mientras que en el caso de los hombres se destruyen tanto empleos fijos como temporales (en la proporción aproximada de 1 a 10), en el caso de las mujeres se pierden muchos menos puestos de trabajo y se generan más de un cuarto de millón de empleos fijos. Conocida la enorme segregación ocupacional por género no hay duda que explicar lo que ocurre requiere analizar las cosas con más detalle. En primer lugar constatar que de nuevo el sector público se comporta de forma diferente que el privado y es el causante neto de 2/3 de la creación de nuevos empleos estables, el resto son básicamente empleos femeninos en el sector privado. Cuando analizamos lo que ha ocurrido por sectores volvemos a comprobar, otra vez, la importancia del efecto composición. La enorme destrucción de empleo temporal es en gran parte debido al enorme peso del empleo temporal en los sectores en los que se ha concentrado en mayor medida la crisis, especialmente en el caso de la construcción, el comercio, la hostelería. En el sector industrial, donde la destrucción de empleo ha sido intensa, efectivamente los empleados temporales están más afectados, pero en una proporción menor, por cada dos empleos temporales destruidos desaparece uno de estable (contando que muchas empresas dilatan el ajuste de plantilla mediante el recurso a expedientes temporales). En resumen los procesos de creación y destrucción de empleo  obedecen a lógicas bastante más complejas que los simples modelos duales con los que se manejan este sector de economistas. En la estructura del mercado laboral español hay enormes desigualdades pero estas no pueden limitarse al sencillo esquema fijo-temporal sino que afectan a un conjunto mucho más diverso de variables. Por ejemplo, en el seno de una investigación sobre el sector auxiliar del automóvil hemos podido detectar empresas de un mismo grupo con diferencias salariales de un 30-40% entre sí. Diferencias que el grupo empresarial consigue mediante la aplicación de convenios colectivos diferentes en cada planta. Precisamente el fraccionamiento de la negociación colectiva (lo que pide el manifiesto comentado), combinado con los complejos procesos de subcontratación, ha generado una enorme variedad de situaciones laborales y una grandísima precariedad social de los actores.

De la misma forma que un análisis de largo plazo de la evolución del desempleo permite observar que la evolución del paro de larga duración (parados que llevan más de un año sin empleo) tiene un comportamiento claramente cíclico: crece espectacularmente en los períodos de crisis aguda y se reduce también drásticamente cuando el empleo se recupera. Lo que explica esta evolución no es la existencia de un sistema excesivamente paternalista de protección al desempleo sino el proceso de creación y destrucción de empleo sobre el que las personas desempleadas tienen poca o ninguna incidencia.

Si la economía española se ha caracterizado por algo en el período neoliberal es por la exageración de los procesos del mercado laboral. Con fases de aguda destrucción de empleo (fijo o temporal) y otras de creación rápida, pero a menudo poco consolidada. Cuando se entra al detalle de estos procesos se advierte la importancia de los aspectos estructurales. Del tipo de sectores en los que se concentra la actividad productiva, del tipo de empresas, de los modelos de gestión de la fuerza de trabajo. La ausencia, por ejemplo, de una formación profesional de calidad es en gran medida producto de la reluctancia empresarial a generar procesos que no sólo “formen” sino que generen “reconocimiento profesional” que deberá traducirse en salarios y condiciones laborales. De la misma forma que el modelo migratorio de los últimos años ha sido promocionado con profusión como un medio para obtener una fuerza de trabajo dócil, barata y “flexible”. Sin cambios en la estructura productiva, en los modelos de gestión social, sin un reforzamiento del sector público va a ser difícil salir de la pesadilla social que significa una economía que oscila recurrentemente entre el paro masivo y el empleo de mala calidad.

No deja de ser una muestra de cinismo o de supina ignorancia encabezar un manifiesto (o un artículo) aduciendo que la crisis no la ha causado el mercado laboral para a continuación hacer recaer todo el cambio del modelo en reformas en este campo. Sin apuntar propuestas en otras direcciones. Uno siempre había supuesto que buscar las causas era una buena vía para encontrar soluciones. Aquí se nos propone que puesto que el suministro eléctrico ha fallado lo que tenemos que hacer es cambiar las bombillas.

III

Quienes firman el manifiesto no son además expertos en el mercado laboral. Tocan de oídas o con la confianza inveterada en la calidad analítica de un reducido grupo de  economistas del Banco de España o de Fedea (Bentolila, Dolado, Andrés...). Repasando el listado de firmantes se advierte la enorme presencia de personas adscritas a unos pocos departamentos y a una precisa corriente académica. Lo que en la profesión se conoce desde hace años como el grupo de los “minessotos”. Economistas teóricos, la mayoría especializados en teoría de juegos con poco o ningún interés por el análisis de la realidad concreta de cada país. O al menos es lo que siempre les hemos oído comentar, que la alta ciencia debe concentrarse en los modelos abstractos. Un grupo que ha alcanzado un enorme poder en la esfera académica y política. Personas que manteniendo una evidente comunidad de intereses y proyectos han conseguido colocarse en importantes puestos gubernamentales con el Partido Popular, el Partido Socialista, Convergencia y Unió. Personas por tanto influyentes a los que quizás habría que preguntar qué opiniones expresaron para evitar que acabáramos en el desastre actual. Por qué no advirtieron sobre “las causas” que han generado el problema. Y por qué siguen sin decir ni “mu” sobre qué reforma requiere el sistema financiero —un causante obvio del problema—, cómo se podría cambiar la estructura productiva del país —sin caer en la sobada generalidad del capital humano y el i+d que ya se enseña en bachillerato— y cómo se puede reconducir el cáncer inmobiliario. Hay incluso entre los firmantes quien hace años pronosticó el hundimiento inmediato de la Seguridad Social y cuando la realidad le dio un revolcón a sus previsiones, lejos de disculparse y dedicarse a otra cosa,  ha seguido dando lecciones sobre el tema.

Hay otras muchas personas en España que llevan muchos años estudiando el mercado laboral desde una óptica económica. Con mucho trabajo estadístico y analítico. Prácticamente ninguna de ellas firma el manifiesto. Si en lugar de una mera operación propagandística estuviéramos ante un verdadero debate social seguramente la opinión de estas personas sería considerada. Pero con la reforma laboral ocurre lo mismo que con el debate de la energía nuclear: los que hablan de “abrir el debate sin apriorismos” en verdad lo que proponen es que les den carta libre para propagar su unilateral punto de vista. Un punto de vista que en casi todo coincide con lo que están pidiendo los líderes empresariales. Como alguien me comentó, “menos mal que íbamos a reformar el capitalismo”

IV

Que este y otros grupos de interés conspiren no es nada nuevo. Que se intenten colar intereses como ciencia verdadera tampoco. Lo que es increíble es la nula capacidad de la izquierda política y sindical para articular una mínima respuesta social.

Y no es la primera vez que ocurre. Cuando la reforma laboral de 1994, tuve ocasión de participar en una reunión de especialistas en el mercado laboral con la cúpula sindical de CCOO y UGT. La propuesta que salió de la misma fue la de organizar una jornada de análisis del mercado laboral, con ponentes de enfoques diversos que ayudaran a contestar el discurso dominante y generar ideas en otra dirección. Era un momento propicio a una iniciativa de este tipo. En una época en la que sólo nos comunicábamos por fax, un modesto manifiesto elaborado en Barcelona consiguió reunir en pocos días más de 300 firmas de profesores (no consiguió en cambio aparecer citado en casi ningún medio de comunicación). Pero los sindicatos fueron incapaces de generar tal iniciativa y al final aparecieron como los únicos que se oponían a una reforma que contaba con la bendición de los “expertos”.

Ahora las cosas son aún más graves. Porque no estamos sólo ante una reforma laboral, sino ante una crisis general que puede dar lugar a dinámicas sociales muy peligrosas. Una crisis que exige respuesta no sólo en el campo del empleo. Donde todos nos movemos en grados de incertidumbre e indefinición que a la postre pueden acabar en una situación realmente grave. Y donde en el plano de la escena política se vislumbra una recomposición de la derecha, a la que no le temblará el pulso a la hora de aplicar nuevas políticas antisociales con la excusa de salir de la crisis. Por ello parece ya directamente suicida que los sindicatos o lo que queda de Izquierda Unida-Iniciativa sean incapaces de generar procesos en los que, como mínimo, salgan propuestas alternativas al machacón discurso que repiten como “mantras” la CEOE, el Banco de España, la OCDE y el FMI. Y al que el manifiesto comentado trata de dar patina científica. Parafraseando la conocida escena del film de Nanni Moretti, “Por favor, hagan algo, promuevan la participación, promuevan un debate de verdad, ayuden a organizar una respuesta social, organicen”. Aunque sea sólo por mero instinto de supervivencia. ¿O es que aún no han entendido que lo que propone en la práctica  esta reforma es la desaparición efectiva de los sindicatos y  el reforzamiento de los derechos del capital?

La peste porcina o de qué va la flexibilidad

Pensaba escribir sobre la cumbre del G20. Pero han pasado tantos días y tiene tan poca “chicha” que al final me gana la inmediatez. Escribir de nuevo sobre el teatro política, la incapacidad real de poner en vereda al sistema financiero, la incapacidad de romper con el modelo de capitalismo neoliberal, resulta a la postre aburrido. Los lectores de este cuaderno verían que me repito. Aunque no puedo pasar por alto subrayar que al final la única medida efectiva a corto plazo es la de dotar de fondos al caduco Fondo Monetario Internacional, que ya ha empezado a hacer de las suyas con los planes de ajuste impuestos a los países del Este de Europa.

La peste porcina en cambio es un tema más nuevo y que da para alguna consideración. No voy a entrar en el análisis de las causas. De ello se encarga, creo que con bastante acierto, el artículo de Mike Davis reproducido por los amigos de Sin Permiso. Creo que lo más sensato es pensar que el problema ha surgido de forma relativamente simple, como un subproducto de las muchas “guarrerías” endémicas del sector cárnico. Un sector que en el pasado ya ha dado historias tan escalofriantes como la de las vacas locas, la peste aviar o el mismo tráfico de cerdos que se produjo en Catalunya y que amplificó la magnitud de la peste porcina. Una industria que también en el plano laboral se encuentra entre las que ofrece peores salarios y condiciones de trabajo. No por casualidad suele ser un “nicho” de mercado para los inmigrantes más desfavorecidos, un modelo que se repite por igual en Omaha o en Vic. Parecen en cambio rocambolescas y poco relevantes algunas de las historias conspirativas que han comenzado a circular, como la de la contaminación de los narcos o la de un experimento genético fallido. A menudo lo más simple es lo más verdadero. La misma generalización mediática del nombre “gripe nueva” parece diseñada para tapar la responsabilidad del sector cárnico . La historia en general, y la historia del capitalismo en particular, está llena de catástrofes no intencionadas, subproductos involuntarios (pero inevitables) de las ansias de acumulación privada. Eso que los economistas convencionales serios llaman “externalidades negativas” o que con mayor generalidad podemos llamar “costes sociales de la acumulación de capital”.

Sobre lo que quería llamar la atención es sobre un aspecto particular de la cuestión, también subrayada por Davis —hoy no soy ni gota de original— y que constituye uno de los núcleos sobre los que gira el debate económico de los últimos años. La cuestión de la flexibilidad. Flexibilidad entendida como capacidad de respuesta inmediata a una situación inesperada, de adaptación continua al cambio. Ese es el paradigma que se propugna para la organización de la vida laboral (flexibilidad de contratación, de cambio profesional continuado. etc.). Pero que también se plantea en otros muchos cambios de la vida social, especialmente en el diseño de servicios públicos de respuesta inmediata a catástrofes e imprevistos. De hecho, todo el discurso al que estamos asistiendo estos días es de ese tipo: buscar respuestas inmediatas a la expansión de la enfermedad, contar con los medios farmacéuticos para hacerle frente. Las autoridades de la mayoría de países están basando todo su discurso tranquilizador en el hecho de que cuentan con una respuesta flexible adecuada (aunque uno piensa que, de serlo, es más por casualidad que por previsión, que cuentan con grandes dosis de Tamiflu porque fallaron las previsiones de propagación de la peste aviar) y que saben cómo responder a la amenaza (aunque escuchando al presidente mexicano decir que no hay sitio tan seguro como la propia casa, en un país con elevados niveles de violencia doméstica, uno se atrevía a pensar que el nivel de seguridad quizás no fuera realmente muy alto, especialmente para las mujeres). Lo importante es la respuesta, no la causa ni el proceso. 

Esta forma de pensar cierra el espacio a otro planteamiento. No sólo el preguntarse por las causas y sus responsables. La amenaza es tan grande que lo prioritario es conjurarla. También el impedir pensar en otro tipo de políticas. Las de priorizar la reducción de catástrofes mediante la organización adecuada de los procesos productivos, la organización preventiva, la anticipación. Lo que supone además realizar una adecuada evaluación social tanto de los riesgos que significan el fracaso de las respuestas inmediatas a catástrofes imprevistas, como la comparación de los costes relativos de las políticas preventivas (de organización previa) o de respuesta. Esto que es evidente en todos los ámbitos de salud — evitar la enfermedad o curarla una vez aparece— vale para muchos otros campos de la vida social. Como el de la economía, donde el debate se plantea entre promocionar modelos económicos que generan una enorme inestabilidad (como el actual sistema financiero, o el modelo de exacerbada especialización territorial) y exigen respuestas laborales y económicas  flexibles, con elevados costes sociales, o por el contrario desarrollar sistemas productivos más regulados donde la respuesta rápida se requiere sólo para situaciones realmente impredecibles. Lo que también es evidente en campos como la planificación territorial (el uso masivo del automóvil es en parte una solución flexible a un modelo espacial totalmente desajustado) o las políticas de seguridad (sociedades más tolerantes e integradoras, frente a modelos donde prima el garrote contra el delito inevitable). La política de la respuesta flexible es la del predominio de la solución de fin de conducto, tan bien conocida en el ámbito del análisis de los problemas ambientales.

Por ello la actual peste es una nueva muestra de promoción de una flexibilidad irreflexiva que demasiadas veces se muestra ineficaz. Planteando abiertamente el dilema prevención-respuesta, en este caso obligando al debate sobre la ordenación del sistema alimenticio, quizás podamos también abrir brecha en el debate más general sobre el tipo de organización social que mejor garantiza el bienestar de las personas. Incluyendo en ello la minimización de los episodios terroríficos.

 

Al margen

Juan-Ramón Capella

¿Grietas?

La filmación que muestra a los mossos d’esquadra saliendo como posesos de las “lecheras” con la porra en alto para cargar contra los estudiantes que protestaban en Barcelona por el llamado “proceso de Bolonia”, o sea, por las normas de subordinación a los mercados de las universidades, merece ser comentada. La furia de los mossos más parecía fruto de la excitación química que del celo por el orden. Y cargaban sobre unos jóvenes que en su vida han recibido un capón porque eso está prohibido. Hasta a una madre le han quitado la patria potestad y encarcelado por soltarle uno a su hijo, y no hace falta hablar de lo mucho que se tienen que contener los enseñantes, educados de otro modo.

¿Qué ocurre con el proceso de Bolonia? Está cuestionado por universitarios de toda Europa, que consideran disparatados o inoportunos uno u otro de sus aspectos. En España se ha suscitado un debate intelectual al respecto en que se ha pronunciado analítica y políticamente en contra de las normas consensuadas en Bolonia un sector importante de las personas que en nuestro país se ganan la vida con la reflexión, el análisis o la enseñanza universitaria. La presidencia del gobierno no ha ignorado el problema, pero ha recurrido al cambio ministerial, colocando al frente de Educación a un rector destacado, sin la menor intención de aplazar y reconsiderar la cuestión. Eso significa que el poder tiene por fundamentales los cambios auspiciados por Bolonia, pero significa también que no se ha percatado todavía de que el proceso de Bolonia está ligado a una perspectiva de políticas neoliberales que han hecho aguas por todas partes. Todo el mundo sabe que con Bolonia se irá a peor en la enseñanza superior; se conseguirá colocarla al nivel de las enseñanzas medias. Y eso ocurre cuando una reforma educativa seria y profunda es más necesaria que nunca para adaptarse al mundo que emanará de la crisis económica.

Los jóvenes que hoy luchan por introducir racionalidad en la reforma universitaria —abordada por gentes que vive en un mundo de pseudoconceptos generados por ellas mismas—, y los que el curso próximo empezarán a sufrir el nuevo sistema, pueden ser una primera grieta social para el sistema político de democracia limitada que preside nuestras instituciones. Democracia que no va más allá de prestar aquiescencia a tal o cual lista electoral cocinada al margen de la democracia, y aquiescencia que no conlleva responsabilidad alguna para los premiados por la mansedumbre popular. Pero esa primera grieta potencial —los jóvenes posiblemente comprenderán que no es eso, y que su voz es respondida por el sistema a golpes de porra— no es la única posible.

Pues si a los estudiantes se les trata a porrazos, imaginen lo que el sistema les reserva a las protestas de las clases trabajadoras. Sobre ellas se descarga una crisis que fulmina sus aspiraciones cuando ya vivían en la inseguridad laboral, en el desarreglo de las jornadas laborales, en el autoritarismo patronal tolerado y hasta se diría que fomentado por las autoridades políticas. Los más débiles serán los más afectados. No se puede esperar que la profundización de la crisis deje de crear un ambiente en el que el conformismo social de los años de euforia económica tenga su fin. La profundización de la crisis traerá protestas localizadas y quién sabe si generalizadas. Pero es seguro que justamente cuando empiece a aliviarse se hará patente la grieta abierta entre las personas que trabajan y el sistema empresarial y político. El cuento de hadas de la transición y la supuesta democracia empezará a desvanecerse. Un par de grietas no son mucho, pero tarde o temprano un sistema socio-político tan falso e injusto como el nuestro tenía que empezar a mostrar a todos su desnudez.

Gripe y droga

La epidemia de gripe aviar surgida en China hizo ver al gobierno las limitaciones de sus éxitos económicos. Y los gobernantes chinos actuaron con la máxima celeridad. Lo que la OMS temía que llegara a ser una terrible pandemia mundial no llegó a serlo. Ahora, en cambio, la gripe porcina surgida en México puede ser otra cosa. En un Estado semidestruido y corrupto por las mafias de la droga, la epidemia ha corrido como la pólvora y el país casi se ha tenido que paralizar. Las cartas de los amigos mexicanos al respecto son mucho más terribles que las noticias de la prensa. Y es de temer que al haberse dado tarde las alarmas sanitarias la gripe llegue a ser una peligrosa pandemia que golpee no sólo a los mexicanos, sobre todo a los pobres malnutridos, sino que llegue también hasta nosotros.

La droga. ¿Saben los lectores cómo se blanquean los dineros de la droga? Sencillamente, montando empresas legales. Tiendas de ropa, en Sicilia; restaurantes, cadenas hoteleras y centros de ocio en varios países del mundo, etc. La inmixtión de lo legal y lo ilegal es característica de las mafias. Por eso es tan difícil establecer cuál es el volumen de la economía de las drogas, cuál es el papel de los “paraísos fiscales” por donde pasa el dinero de la droga, y también como se relacionan con ese mundo de “negocios” los diversos servicios secretos al servicio (valga la redundancia) “del bien”. El excelente libro de R. Saviano, Gomorra —no vale la pena ver la película “basada” en el libro, en la que desaparecen los aspectos políticos del asunto que sí están en el libro—, retrata cómo involucra ese mercado de la droga la actividad de muchísimas gentes en una zona económicamente deprimida, y el poder social que detentan esos “empresarios” siniestros. La connivencia de mafia, mercado y política es un auténtico cáncer para la vida social. El cáncer menos detectable. 

Nombres y moda

Resultan reveladores los nombres de las empresas implicadas en la trama de corrupción valenciana. La empresa principal del “empresario” Correa se llama Orange Market. En inglés, claro es, pero no se rompió la cabeza: Mercado Naranja, algo que va muy bien para Valencia. Encargaba los trajes regalados a Forever young,  o sea, Joven para siempre,  la eterna juventud que viste Francisco Camps. Y facturaba la cosa otra empresa llamada Easy concept, que puede traducirse de diversas maneras, como Idea fácil, por ejemplo. Y es que todo era muy fácil. Se comprende que el presidente de la Generalitat valenciana devolviera en cambio los trajes de Milano, sin anglicismo alguno, que le regalaron: el nombre de la empresa es anticuado, y la moda italiana, los Armani, la sigue hasta Arnaldo Otegi. La ropa de Camps revela que la ética y la estética van a veces en direcciones distintas. ¡Quién lo iba a decir!

Peligro pensiones

El gobernador del Banco de España ha seguido con su ofensiva para la modificación del sistema de la seguridad social. Esta vez propone que, como hay deflación —esto es, descenso del nivel de los precios—, hay que aplicarla al cómputo de las pensiones. Una idea brillante: mantener supuestamente intacta en términos reales la capacidad de consumo de los pensionistas, que como todo el mundo sabe, perciben en España pensiones astronómicas, se compran coches de lujo y juegan al golf en Puerta de Hierro.

Aparte de que no sé si a los comerciantes, en época de crisis, les va a gustar esa propuesta de que sus potenciales clientes tengan menos dinero en efectivo, conviene retener la idea.

Porque la indexación a precios de las pensiones va a ser una de las cosas más amenazadas en cuanto empiece a desatarse la inflación galopante que, como resultado del endeudamiento público para reflotar los negocios (principalmente el negocio bancario), va a azotar implacablemente a los más pobres. Por supuesto, no creemos que en esa fase inevitable el gobernador del Banco de España siga defendiendo lo que defiende ahora.

La ruptura de la indexación a precios de salarios y pensiones sería motivo de huelga general en este país. Y esta ruptura sería muy probable en el caso de que el PP recupere el gobierno.

Hay que tenerlo claro.

 

Reseña por encargo

Octavi Pellissa: Apunts sobre la clandestinitat. Diario 1975-1992, El Viejo Topo, Mataró, 2008

Hay libros que se editan para venderlos; y hay otros que se publican por piedad hacía el autor, que no es mala persona (pero un poquito pesado). Los que se esperan vender son objeto de una campaña de publicidad que te hace pensar si no deberías comprártelo (leértelo ya es otra cuestión). Los otros, los que se sabe ya que no serán preciosamente un éxito de ventas, pasan por algunas selectas librerías —no todas: no interesa— como llevados por el fuerte viento, que hoy los deja para mañana llevárselos. Cuando cesa el viento, los libros descansan eternamente en una estantería, acumulando polvo (o peor: la guillotina acecha detrás de cada montón de invendidos).

Si esto ocurre, el autor empieza a perder los nervios y fatiga a los amigos para le echen una reseña. Claro, que el autor de este libro, Octavi Pellissa, lleva anualidades criando malvas; aunque siempre hay algún neuras que le suplanta, en este caso, el orondo crítico que firma la cronología del volumen. Pero, como nadie ha leído el libro, lo tiene una miaja difícil (y a destiempo). En fin, le he dicho que, si no le hace nada que sea un perro (un tanto callejero, la verdad), le hago yo la reseña... siempre y cuando se acuerde de mí cuando llegue el calor (y los helados). [De todas formas, la Puri me ha advertido que no me confíe demasiado, que hay crisis, y no es tiempo de invitar a perros reseñeros. Bueno, veremos.]

O sea que voy a hablar de un libro condenado. Condenado a no ser. Y condenado por todos vosotros, que ni lo habéis ojeado. Un libro del que no se habla, no se vende y, por consiguiente, no se lee es un libro que no existe. La verdad sea dicha, no sé qué os ha hecho este libro. Por cierto, ¿qué os ha hecho? A mí podéis decírmelo: soy un perro. A un homínido, no, claro: se acordaría.

¿No se la tendréis jurada a Octavi Pellissa, verdad? Plausible, pero improbable. Más que nada, porque no tenéis edad para haberle conocido. Y, además, mientras tanto está emparentada por todas partes con el quehacer de Pellissa. Por lo tanto, no veo por qué tendríais que mirar mal su recuerdo. Todos los miembros fundadores de esta revista —o sea, mientras tanto— eran compañeros suyos en el Centre de Treball i Documentació y, de hecho, mientras tanto nació y creció en el centro durante una buena pila de años. Más aún, mientras tanto tenía algunas cajas de resonancia: una era el CTD. Dicen que el CTD era un trabajo colectivo, pero no hagas caso: el CTD era Octavi Pellissa (y Ramón Garrabou, y toda la pesca: también Josep Mª Fradera, autor del prólogo). De lo que hacían y decían se puede aprender. Mucho. Pero aprender oralmente, porque no se ha escrito ningún libro. Bueno, sí. Éste, claro.

Así, pues, deduzco que no os gusta el libro (por ciencia infusa, pues ni lo habéis visto). El libro son memorias, pero no son exactamente memorias. Habla de la clandestinidad, pero no va de ello (o, para entendernos, no va solamente de ello). Son pecios, pero tampoco lo son en demasía. Con lo que llevo dicho sobre lo que es pero que no es, uno más diligente que vosotros habría corrido a la librería a reservar un ejemplar. Seguro. Pero vosotros, no.

No te creas: no es tan fácil sacarle punta a la cosa, porque se las trae. Los apuntes de Pellissa empiezan cuando todo ha acabado. La clandestinidad, por supuesto; pero también el día de mañana, que se fiaba glorioso. (Escribo Pellissa, pero podéis poner Sacristán: se enfrentaron a lo mismo.) Eso sí, en el caso de Pellissa, con bastante mofa y mucho sarcasmo. Pero, claro, en el libro esto no está dicho así, claro y rotundo. Son unos diarios póstumos, no dispuestos para su publicación. Es como la extracción de oro: sale con ganga. Pero, ¿acaso no sois mineros de los libros?

 Pues hacéis mal. Porque el librito es también los recuerdos de un hombre que renunció a los relumbrones y, con otros de su mismo pelaje, intentó poner en pie un curioso centro para el trabajo cultural de izquierdas (cuando empezaban a llover chuzos de punta). En fin, haced lo que queráis: a mí, la historia me absolverá (pues no sé de ningún perro condenado). A vosotros, está por ver. 

[El perro Gógol
(de la Oficina Soviética para el Cine)]

 

¡Para no perdérselo, vamos!

Estáis de suerte, qué duda cabe. ¿Os acordáis de Viento de tierra de Vincenzo Marra? La que iba de un pobre soldado napolitano contaminado en Serbia por las bombas de los norteamericanos, ¿os acordáis? Era muy buena, pero que muy buena. Era la segunda. La primera era Volviendo a casa (2001), que seguía tocando lo mismo: el Mediterráneo como fuente de conflictos. Pescadores, lucha de clases, inmigración ilegal, y un final para interrogarse: cómo se vive al otro lado. Por la forma, no os preocupéis: ha estudiado en Cuba, y sabe lo que se trae entre manos. De verdad.

Almas áridas, lo siento: tenéis que ir. Guardad el Bel Ami de Guy de Maupassant para otro día: me lo agradeceréis (o quizás no, pero es igual). Esto sí: sólo la hacen dos días. Así que tomad nota:

Tornando a casa / Volviendo a casa
Filmoteca
(Avenida de Sarrià núm. 33)
Sábado
, 9 de mayo, a las 22 horas
Domingo
, 10 de mayo, a las 19:30 horas        

 [El perro Gógol
perro, peliculero, y prosoviético]

 

La biblioteca de Babel

Juan Kalvellido
PAZlestina
El Viejo Topo, Mataró, 2009, 133 pp. 

Una de las características que tendría que distinguir la izquierda de la derecha es la capacidad de mantener intacto el sentido de la indignación. Indignarse es un verbo necesario e imprescindible para quienes creemos que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Este sentido, el libro Pazlestina es un ejemplo puro de indignación ante los recientes y criminales ataques del Estado de Israel contra la Franja de Gaza que han causado la muerte de más de mil inocentes.

El libro reúne los dibujos que sobre el tema realizó el gaditano Juan Kalvellido. Como todo dibujante inteligente, Kalvellido no se limita a representar gráficamente la rabia que le produce el ver lo que ve, sino a comentar los hechos y a proponer nuevas maneras de verlos, depurándolos de la sistemática deformación a la que nos sometieron y nos someten un nutrido grupo de “opinionistas”.

En la primera parte, titulada “Akuse de recibo”, se publican varios dibujos sobre el conflicto de Oriente Medio, comentados por escritores y activistas por los derechos humanos (entre otros, señalamos a Carlos Taibo, Francisco Fernández Buey, Alfonso Sastre, Juan Goytisolo y Alfonso Serrano). En la segunda parte, se recopilan los dibujos del autor publicados en Internet en los días del ataque israelí, del 30 de diciembre de 2008 al 19 de enero de 2009. Como indica el mismo título de la sección, se trata de un verdadero “parte de guerra”, de la crónica cotidiana de una masacre inaceptable que clama paz y justicia. El resultado final del libro es un logrado mosaico de contrainformación dolorida y reivindicativa. Pues eso, indignada.

[G.P.]

Sándor Kopácsi
En nombre de la clase obrera
El Viejo Topo, Mataró, 2009

Treinta años después de ser publicada la edición original en francés, El Viejo Topo ha tenido el acierto de traducir al castellano En nombre de la clase obrera, un libro de memorias sobre la revolución húngara de 1956 trufado a partes iguales de pasajes divertidos y espeluznantes. El autor, Sándor Kopácsi, fue uno de los encausados por haber dirigido, junto con personajes más célebres como Imre Nagy o Pál Maléter, el levantamiento “contrarrevolucionario” contra la “democracia popular” presidida por Ernő Gerő, que fue como los soviéticos acabaron considerando la revuelta.

Sin embargo, pocas personas de las que participaron en los hechos debían de ajustarse menos al perfil de conspirador contrarrevolucionario y prooccidental que los rusos les adjudicaron: Kopácsi, que en su juventud había combatido como partisano contra las tropas nazis y luego había trabajado como tornero fresador, era ni más ni menos que el jefe de la policía metropolitana de Budapest no confundir con la ÁVH, la implacable y odiada policía política del régimen cuando se produjo la insurrección. (Es más, había empezado a ejercer ese cargo en tiempos del conspicuo estalinista Mátyás Rákosi, época en que, según confiesa el propio Kopácsi, ni se le pasaba por la cabeza dudar de las virtudes del sistema.) A los pocos días de iniciado el levantamiento, y al comprobar que la mayoría de los supuestos “fascistas” a los que tenía que combatir eran, como él mismo, obreros y estudiantes de extracción humilde, decidió tomar partido por la revolución.

En resumen, aunque En nombre de la clase obrera no es un estudio académico riguroso el traductor de la obra al castellano, Domingo Talens, ha subsanado las lagunas de contextualización histórica con una documentada introducción y una extensa cronología, constituye un impagable relato de primera mano sobre la Hungría de los años cincuenta en general y sobre la revolución de 1956 en particular.

[Carles Mercadal]

Immanuel Wallerstein
Universalismo europeo. El discurso del poder
Trad. de Josefina Anaya, Siglo XXI, Madrid, 2007, 123 pp.

L'universalisme europeu. La retòrica del poder
Trad. de Maite Insa, Publicacions de la Universitat de València, València, 2008, 128 pp. 

Immanuel Wallerstein (1930-) es actualmente, junto con Giovanni Arrighi, David Harvey y el ya fallecido André Gunder Frank, uno de los principales investigadores sobre la dinámica del sistema capitalista mundial. En esta obra, reflexiona sobre el significado del universalismo, donde se oponen dos concepciones: el universalismo europeo y el universalismo universal. Y ello es de suma importancia pues, según el autor, el desenlace del enfrentamiento entre ambas concepciones determinará la forma en que se estructure el futuro del sistema-mundo en las próximas décadas.

El universalismo europeo consiste en el discurso que se ha desarrollado al servicio del poder, una retórica parcial y distorsionada, un discurso de superioridad, intimidatorio y arrogante cuando se refiere al “otro” a dominar. Esta retórica, que identifica Wallerstein, ha tenido su génesis histórica y ha pasado por tres grandes momentos: el derecho de injerencia, el orientalismo y el universalismo científico.

Frente a este universalismo europeo, Wallerstein nos propone una nueva concepción del universalismo, el universalismo universal, que consistiría, en un tipo de universalismo “que rechace las caracterizaciones esencialistas de la realidad social, deje atrás tanto los universales como los particulares, reunifique lo supuestamente científico y humanístico en una epistemología única y nos permita mirar con ojos altamente clínicos y del todo escépticos cualquier justificación de ‘injerencia’ a manos de los poderosos contra los débiles.”

Wallerstein advierte que nos hallamos ante la crisis estructural del sistema mundo moderno, al final de la era del universalismo europeo que ha tenido una duración de quinientos años. Ante esta situación se abren básicamente dos alternativas: una de ellas consistiría en la convivencia de una multiplicidad de universalismos, algo parecido a una red de universalismos universales. La otra alternativa sería, un mundo en el que se radicalizase la jerarquía y la desigualdad, el cual estuviese fundado en valores pretendidamente universales, donde el racismo y el sexismo y otras formas de exclusión ordenasen nuestras prácticas y vida cotidiana.

[Joan Lara Amat y León]

 

Foro de webs

Revista Economía Critica

http://www.revistaeconomiacritica.org 

La Revista de Economía Crítica, nacida de las Jornadas de Economía Crítica, abre una nueva etapa. Ahora en un formato completamente digital. Se trata de una revista de pensamiento crítico en economía, pero con una orientación académica. Trata de cubrir un espacio distinto de las revistas de pensamiento social y promocionar una orientación científica rigurosa al pensamiento económico crítico. En la web de la revista están disponibles todos los números de la revista.

 

 

PÁGINAS-AMIGAS

Centre de Treball i Documentació (CTD)
http://www.cetede.org

Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas
http://www.ucm.es/info/nomadas

El Viejo Topo
http://www.elviejotopo.com

La Insignia-
http://www.lainsignia.org

Sin permiso
http://www.sinpermiso.info/

 

Revista mientras tanto

Número 107

 mientras tanto
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2008

107

María Rosa Borràs, in memoriam.  

NOTAS EDITORIALES
¿EL FINAL DEL NEOLIBERALISMO?

Albert Recio

EUROPA SÍ, EUROPA NO
José Antonio Estévez

UNA BRISA FRESCA JUNTO AL CASPIO
Josep Torrel

ARTÍCULOS
Aproximaciones anómicas al campo del género
 

HOMOSEXUALIDAD, MASCULINIDADES, E IDENTIDAD GAY EN LA TARDOMODERNIDAD: EL CASO ESPAÑOL
Oscar Guasch

¿DE LA DESCONSTRUCCIÓN A LA (RE)ESENCIALIZACIÓN? GÉNERO, HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA Y MINORÍAS SEXUALES
Laurentino Vélez-Pellegrini

RECONSTRUIR LA IDENTIDAD MASCULINA: UNA OBLIGACIÓN POLÍTICA
Daniel Gabarró

LA IDENTIDAD DE GÉNERO: DOS REFLEXIONES DESDE UNA PERSPECTIVA TRANS
Andrea Planelles 

OTROS ARTÍCULOS
MARXISMO Y DESARROLLO
Bob Sutcliffe 

PANE LUCRANDO. OCTAVI PELLISA Y EL QUEHACER REMUNERADO
Josep Torrell

SE HA APAGADO UNA VOZ IMPRESCINDIBLE: RECORDANDO A DAVID ANISI

RESEÑAS
LA IDENTIDAD SEXUAL EN EL EMBUDO DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO
Antonio Giménez Merino

GHANDI. UNA ANTOLOGÍA
Pere Ortega 

CITA
LYNNE SEGAL
 

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Número 108-109

 mientras tanto
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2009

108-109

 

NOTAS EDITORIALES

 TRES MILLONES

Albert Recio

 

 ¿QUÉ PERSIGUE ISRAEL EN GAZA?

 J-L. Gordillo

 

  ISRAEL Y EL ALMA

 J-R- Capella

 

 CARTA A LOS MAGOS DE IZQUIERDA UNIDA

 J-R. Capella

 

 ¿QUÉ REGULACIÓN DEL ABORTO

 Antonio Giménez Merino

 

 LA MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD (SEGÚN LA UE).

 J-A. Estévez Araujo

 

 ARTÍCULOS 

 QUE NO TE DEN DEMOCRACIA POR  GOBERNANZA

J-A. Estévez

 

 LA ESTRATEGIA DE LA GOBERNANZA EN EL DEBATE SOBRE LA DEMOCRACIA EN EUROPA

 Giovanni Messina

 

 ¿QUÉ CRISIS? ¿QUÉ REGULACIÓN?

 Antonio Antón

 

 CRISIS FINANCIERA, ECONOMÍA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

 Nuria Almirón

 

 LA GUERRA DE AFGANISTÁN: UNA GUERRA TAMBIÉN CONTRA EL DERECHO

 Eduardo Melero

 

 EL 11-S Y LA ‘INQUISICIÓN ESTADOUNIDENSE’

 Michel Chossudovsjy

 

 ENTONCES, ¿CÓMO FUE?

 Juan Gelman

 

 LA ‘GUERRA CONTRA EL TERRORISMO’, NUEVA MISIÓN DE LA OTAN

 Cedric Housez

 

 IN CRESCENDO, PARA CINCO VOCES. ENTREVISTAS SOBRE EL DECRECIMIENTO

 Oriol Leira y Stefano Puddu

 

DOCUMENTO 

JUDÍOS CONTRA EL COLONIALISMO SIONISTA. CARTA DE LA RED JUDÍA ANTISIONISTA INTERNACIONAL

por Internacional Jewish Anti-Zionist

 

 

CITA

PETER HANDKE

 

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