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Cuaderno de crisis / 17
Por Albert Recio

Samaranch: la Transici�n
Por Juan Ram�n Capella

Unas preguntas provocativas
Por Antoni Montserrat Sole

La nueva ley de extranjer�a
Por Ram�n Hern�ndez Carrera

Italia: despu�s de las elecciones
Por Giaime Pala

La �ltima pir�mide
Por Mauricio Rodr�guez Ferrara

Manifiesto: �En la tradici�n de justicia democr�tica�
Jueces para la Democracia, Uni�n Progresista de Fiscales (UPF), Magistrados Europeos para la Democracia y las Libertades (MEDEL), Federaci�n Latinoamericana de Jueces para la Democracia

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N�mero 80
Mayo de 2010

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Cuaderno de crisis/17

Albert Recio

Los mercados contraatacan

I

Aunque su rastro s�lo se percibe en las pantallas del ordenador, las �rdenes de compraventa que tienen lugar en los mercados financieros siempre las represento como el enjambre de naves espaciales que atacan un planeta en alguna pel�cula de ciencia ficci�n. Y sus efectos son a menudo tan devastadores como los de una presunta invasi�n extraterrestre (aunque, como ha recordado Stephen Hawking, para invasi�n demoledora la que protagonizaron los europeos en muchas partes del planeta a partir del s. XV). Ahora los mercados se han cebado en la deuda griega y posiblemente est�n empezando a preparar nuevos ataques a los puntos flacos del �rea-euro. Es lo que siempre han hecho estas aves carro�eras, al menos en los �ltimos treinta a�os. Como ya han comentado muchos, no hay nada demasiado nuevo en lo que est� ocurriendo en esta nueva crisis (para el que tenga memoria basta evocar la crisis de las monedas europeas de 1992-1993). Lo realmente inaudito no es que ocurran estos ataques sino que se tomen como un hecho natural, tan inevitable como la erupci�n de un volc�n island�s o el movimiento de una placa tecn�nica en Chile o en China.

La hegemon�a del capitalismo financiero en la cultura econ�mica es tal que ha conseguido naturalizar el papel de la especulaci�n financiera. Hay en la teor�a econ�mica neocl�sica un claro intento de configurar al mercado como una especie de marco natural de la vida humana. Pero la te�rica convencional del mercado trata de compradores y vendedores que tratan de satisfacer sus necesidades mediante el intercambio mercantil. Se supone que los consumidores demandan productos en funci�n de sus preferencias psicol�gicas de consumo y los productores adec�an sus decisiones de producci�n a estas demandas. Hay muchos supuestos irreales en el modelo convencional de mercado, se suelen pasar por alto cuestiones cruciales, pero al menos estos modelos tratan de explicar los comportamientos presentes en la vida normal de la gente y est�n basados en decisiones que, al menos en parte, obedecen a necesidades corrientes. Cosa bien distinta son los mercados financieros: En ellos no se van a satisfacer necesidades individuales a menos que la pulsi�n por el enriquecimiento y el dinero tengan que la consideraci�n de comportamiento natural. El comportamiento de los inversores especulativos parece m�s pr�ximo al de los lud�patas y a otro tipo de comportamientos patol�gicos (el mismo af�n por acumular dinero tiene mucho de obsesi�n inmaterial o de busqueda del poder) que al comportamiento orientado a garantizar la buena vida. Para muchos pensadores sociales, economistas incluidos, no pueden tratarse igual los mercados de bienes y de productos, cada uno con sus caracter�sticas particulares, que los mercados financieros con sus l�gicas espec�ficas.

II

Siempre ha habido mercados financieros en las econom�as capitalistas. Y siempre han sido una fuente de desestabilizaci�n, como han subrayado todos los economistas que han tratado de desentra�ar las caracter�sticas del capitalismo. Considerar que los mercados financieros son uno de los elementos que genera los p�nicos y recesiones que peri�dicamente asolan a las econom�as capitalistas no supone negar la incidencia de otros factores ni negar que las crisis de los negocios son una caracter�stica estructural del capitalismo. Simplemente supone subrayar el papel que juega uno de sus elementos estructurantes: los mercados  De igual manera que hay bastante acuerdo en que una de las caracter�sticas de la fase neoliberal del capitalismo ha sido la financiarizaci�n: el crecimiento exponencial del capitalismo financiero en sus formas m�s especulativas.

El crecimiento de la financiarizaci�n es el resultado de un c�mulo de factores: algunos relacionados con los cambios en la estructura productiva y social; otros con el particular modo de regulaci�n p�blica y su relaci�n con el propio funcionamiento de los mercados financieros.

En la primera faceta est�n los enormes flujos financieros que ha generado la desigual suerte comercial que cada pa�s ha experimentado en el proceso de globalizaci�n. Los pa�ses que sistem�ticamente han generado un flujo neto de ingresos han acumulado enormes sumas de dinero que han alimentado los flujos financieros internacionales. Quiz�s los petrod�lares a que dieron lugar las alzas de los precios petrol�feros en la d�cada de 1970 constituyeron uno de los principales empujones a estos mercados, y ese es tambi�n el caso de los grandes exportadores del este de Asia, con China a la cabeza. Por otra parte, como ha subrayado  el economista chileno Jose Gabriel Palma (en �The revenge of the market on the rentiers�: Cambridge Journal of Economics, julio 2009) la expansi�n de los mercados financieros es en gran parte un efecto del creciente aumento de las desigualdades generado por las pol�ticas y pr�cticas neoliberales y la creciente concentraci�n de riqueza en pocas manos.

La otra cara del asunto es la profunda transformaci�n del propio sistema financiero realizada gracias a la sucesi�n de reformas institucionales que han posibilitado la creaci�n de variados y numerosos medios de especulaci�n financiera: mercados de derivados,  empaquetamiento de cr�ditos, apalancamiento generalizado, aseguramiento de inversiones especulativas... Gran parte de las operaciones especulativas se realizan a cr�dito, recurriendo a mecanismos que tienden a reducir el riesgo real de los especuladores y que, en todo caso, dif�cilmente pueden considerarse el tipo de riesgo patrimonial que siempre se ha utilizado como legitimaci�n del beneficio capitalista. En paralelo a esta reforma de los mercados, de los productos financieros objeto de regulaci�n, se produjo la reforma de las regulaciones que pesaban sobre las propias empresas financieras. Ello les permiti� pasar de ser empresas especializadas en mercados particulares a empresas financieras generalistas con enorme capacidad de regulaci�n de estos flujos financieros y tambi�n, como se ha puesto de manifiesto, de diluir o camuflar su propio riesgo transfiri�ndolo a filiales opacas.

En suma, eso que es llamado eufem�sticamente �los mercados�, eso que impone a pa�ses desafortunados costosos planes de ajuste, no es m�s que el inter�s de una minor�a parasitaria y la gesti�n que del mismo hace un reducido grupo de intermediarios internacionales con capacidad de dirigir los flujos financieros en la direcci�n m�s adecuada a sus intereses. El mismo que ha orquestado la ingenier�a financiera que ha provocardo una de las m�s agudas crisis de los �ltimos a�os, costos�sima para los presupuestos p�blicos.

III

Sin duda, hay otras muchas cuestiones en juego. Una es la de las agencias de evaluaci�n, las mismas que fallaron estrepitosamente en la crisis asi�tica, que fueron incapaces de detectar el fiasco de los grandes bancos de inversi�n, y que en m�s de una ocasi�n han estado bajo la sospecha de connivencia con algunos grupos financieros. Son ellas las que ahora no dudan en poner en la picota la situaci�n financiera de determinados pa�ses y animar a los mercados a que exijan pol�ticas de ajuste estructural.

Otra es el papel jugado por los sistemas de seguridad social basados en fondos de pensiones que operan en los mercados financieros. Fondos que, acaban tambi�n bajo la gesti�n de los grupos financieros (los verdaderos beneficiarios de las enormes comisiones que ganan con ello) que por tanto contribuyen a alimentar las burbujas especulativas.

Y otra es el posible juego de los capitales financieros estadounidenses en contra de los pa�ses de la zona euro. No por un prurito nacionalista, sino por una raz�n m�s prosaica: la consolidaci�n del euro como moneda internacional podr�a poner en peligro los beneficios de regal�a que tiene el sistema financiero estadounidense por el hecho de controlar la moneda base del sistema internacional. Pero para que este ataque sea posible no s�lo es necesario que una o varias de las econom�as de la zona euro est�n en problemas, sino tambi�n que el dise�o institucional y la gesti�n pol�tica de la zona euro sea tan incompetente e insensata que impida tratar el problema por una v�a diferente de la de la dependencia de los mercados financieros. Lo que hace a�os expres� mucha gente sobre el modelo de construcci�n europea, sobre la il�gica de construir un proceso de integraci�n sobre la �nica base de un banco central dominado por un enfoque monetarista, se hace ahora evidente. No existe un sistema fiscal que ayude a salir del problema, ni tampoco una pol�tica financiera interna que aisle la presi�n de los mercados.

IV

Hay que desmontar la tiran�a de los mercados. No podemos aceptar que el argumento de peso para justificar recortes sociales o laborales sea el de someterse a su disciplina. Si hay que hacer reformas hay que discutirlas y valorarlas por sus efectos reales, no porque lo decidan los especuladores. Aunque lo de �los mercados� suena a moderno, a an�lisis cient�fico, mirado con lupa est� m�s cerca de las exigencias y tributos que impon�an los reyes y se�ores feudales cuando quer�an costear guerras u otros gastos improductivos. Porque someterse a �los mercados� (por supuesto financieros) es simplemente condicionar la organizaci�n social a la dictadura de una minor�a de rentistas y financieros.

Y hay que empezar por romper los modelos de ajuste y los mecanismos de intervenci�n de los mercados financieros introduciendo trabas a su funcionamiento y reduciendo su tama�o y su operativa. Joseph Stiglitz no se ha cansado de recordar que Thailandia es un ejemplo de pa�s que al responder a la crisis de 1997 con restricciones a los movimientos de capitales especulativos alcanz� muchos mejores resultados que el resto de pa�ses de su entorno. Y si Thailandia lo hizo, m�s factible deber�a ser para potencias como la Uni�n Europea.

Hay m�ltiples propuestas de reformas estructurales de los mercados financieros. Pero, a corto plazo, lo que deben exigirse son respuestas de urgencia, no s�lo de ayuda a pa�ses como Grecia, sino tambi�n de fijaci�n de trabas a este bombardeo insistente con el que un grupo de ricos desalmados tratan de enriquecerse a costa de las condiciones de vida de millones de personas.

No nos diga�s que nos sometamos a �los mercados�: reguladlos y limitad su mort�fera actuaci�n. (Lo que no quiere decir que cualquier pol�tica de despilfarro p�blico sea aceptable ni que no exista necesidad de introducir profundas transformaciones en las econom�as reales, incluida una cierta austeridad por razones medioambientales). Nos atacan los marcianos y simplemente propone�s que nos sometamos. Ninguna izquierda que se precie, ning�n movimiento sindical con futuro puede obviar el incluir en su programa de m�nimos medidas de choque contra la especulaci�n financiera, y en su proyecto reformista la necesidad de combatir el c�ncer de la financiarizaci�n econ�mica.

 

 

Samaranch: la Transici�n

Juan Ram�n Capella

El movimiento ol�mpico naci� ligado a las manifestaciones culturales de la derecha social. Lo iniciaron arist�cratas con el apoyo de reyes y gobiernos conservadores. Samaranch lo transform� en el gran negocio medi�tico y publicitario que es ahora.

Samaranch fue un jerarca falangista a�os y a�os. Durante la guerra se pas� al bando franquista. En Google es sencill�simo encontrar fotos que le muestran con su uniforme de falangista, o al jurar cargos arrodillado ante Franco y Carrero, o al levantar el brazo en el saludo fascista. Estas fotos no han aparecido en la prensa ordinaria, salvo la excepci�n de P�blico, ni hasta hoy en la televisi�n, que debe tener kil�metros de im�genes de archivo. Porque as� se reescribe la historia.

Como la transici�n misma.

Samaranch fue un hombre h�bil en la pol�tica: cambi� de chaqueta a tenor de las circunstancias. Presidi� la federaci�n espa�ola de patinaje, algo muy apropiado. Los ancianos del lugar le recuerdan una campa�a cuyo slogan era: Quiero llevar el deporte a las cortes. Naturalmente, a las de Franco, en 1964: all� estuvo hasta el final del r�gimen. Ya hab�a organizado como concejal del Ayuntamiento barcelon�s unos Juegos del Mediterr�neo en la �poca en que el franquismo buscaba reconocimiento internacional por la v�a deportiva. Fue "Delegado nacional de deportes", esto es, la m�xima autoridad pol�tica en este campo en el r�gimen anterior. Entr� en el Comit� Ol�mpico Internacional y en seguida consigui� el nombramiento de embajador de Espa�a en Mosc�, para atraerse a las poderosas federaciones de la Europa oriental: quer�a llegar a la presidencia del COI. Por los servicios prestados le dieron la presidencia de La Caixa en 1986. Lograr la sede ol�mpica de Barcelona tap� aqu� la sombra de los esc�ndalos financieros en torno las olimpiadas de Salt Lake City. Barcelona 92 proyect� al mundo la imagen de que Espa�a era un pa�s normal. Aunque en sus cunetas hubiera decenas de miles de cad�veres enterrados: el genocidio sobre el que salt� alegremente la transici�n mod�lica. Samaranch qued� redimido medi�ticamente; le dieron la medalla de oro de la Generalitat catalana, un t�tulo nobiliario y numerosos doctorados honoris causa. Descansar� en paz; no como las v�ctimas del franquismo. Las autoridades, incluidas las progres, se mostraron compungidas en sus funerales. Los otros no han podido tener siquiera uno privado.

 

Unas preguntas provocativas

Antoni Montserrat Sole

- �En qu� pa�s europeo ha muerto recientemente un huelguista de hambre?

- �Qu� tipo de persona  hac�a esa huelga?

- �Sab�is el motivo?

- �Qu� eco ha tenido en los medios?

- �Se ha publicado un manifiesto de intelectuales escandalizados por este hecho?

- �Cre�is como yo que no vale la pena hacer nada en este caso porque no servir�a?

En Suiza, el 17 de marzo de 2010 falleci� en el aeropuerto de Zurich una persona a la que hab�an negado el derecho de asilo.

Era un nigeriano de 29 a�os, con antecedentes por tr�fico de droga.

Ante la inminente expulsi�n inici� una huelga de hambre de tres d�as antes de su fecha de expulsi�n. Muri� en el aeropuerto de Zurich, poco despu�s de ser esposado de pies y manos, cuando iba a ser embarcado hacia a su pa�s de origen en un vuelo especial con destino a Lagos.

Las autoridades suizas han suspendido moment�neamente los habituales vuelos de expulsi�n. En 2009, con 43 vuelos se expulsaron forzadamente 360 personas. Est� en discusi�n en Suiza un endurecimiento de las normas con respecto a extranjeros impulsado por el partido UDC.

La noticia, si bien publicada en la prensa, ha tenido escasa repercusi�n posterior.

 

La nueva ley de extranjer�a

Ram�n Hern�ndez Carrera* 

Hac�a falta una nueva regulaci�n sobre inmigraci�n en Espa�a. Pero no la que la socialdemocracia y la derecha espa�olas han consensuado en la Ley Org�nica 2/2009 de 11 de Diciembre (en adelante LOEx): con dicha norma se da un paso m�s hacia la consolidaci�n de una visi�n de la extranjer�a como un fen�meno-problema; se tiende a una regulaci�n restrictiva de los derechos de las personas migrantes y a la simple  consideraci�n de �stas como una fuente de fuerza de trabajo a mercantilizar, seg�n las necesidades de la coyuntura econ�mica y laboral hispano-europea; y se potencia una deriva de invisibilizaci�n de los extranjeros en situaci�n irregular (�sin papeles�) en territorio espa�ol, s�lita causa de su falta de integraci�n y de su segregaci�n en el seno de la sociedad.

Esta es la cuarta gran reforma de la legislaci�n reciente sobre extranjer�a en Espa�a. Legislaci�n reciente inaugurada con la Ley Org�nica 4/2000, de 11 de Enero, que vino a sustituir a la vieja Ley Org�nica 7/1985 de 1 de Julio, una ley, esta �ltima, que desde su pre�mbulo distingu�a entre �situaciones de legalidad e ilegalidad� para hablar de personas extranjeras, lo que ya hac�a intuir lo inservible de su regulaci�n para el futuro. Sin embargo, tampoco las posteriores reformas han modificado esa fatal perspectiva.

Y es que venimos de donde venimos en materia de regulaci�n de flujos migratorios: si podemos afirmar que la nueva legislaci�n, que tiene s�lo unos pocos meses de vida, (entr� en vigor el 13/12/2009) ser� un nuevo fracaso para lograr el cumplimiento de los grandes principios que deben inspirar el fen�meno de la inmigraci�n (igualdad y no discriminaci�n, e integraci�n y convivencia) es porque nunca el legislador que ha ostentado el poder en Espa�a ha tenido �ni sentido� la verdadera voluntad de encarar el �mbito de la inmigraci�n desde una �ptica de respeto y alteridad con el diferente y, por tanto, de aut�ntica puesta en valor de los derechos humanos, sino desde la consideraci�n de las personas migrantes como meros engranajes de una maquinaria administrativa a gestionar, y desde el an�lisis de sus perspectivas de futuro ligadas al posible beneficio econ�mico cortoplacista para el pa�s de acogida.

Hay quienes piensan que preconizar una legislaci�n respetuosa con los derechos humanos para los inmigrantes se corresponde con que no se les impongan a �stos las mismas obligaciones que a los nacionales del pa�s de acogida; o que supone defender que los inmigrantes, a modo de �par�sitos sociales�, puedan acaparar buena parte de las prestaciones que el Estado del Bienestar ofrece a sus ciudadanos aut�ctonos y en detrimento de estos �ltimos.

Esto es una falacia. La Igualdad, valor superior del ordenamiento jur�dico espa�ol seg�n establece el Art. 1.1 de la Constituci�n de 1978, no es un derecho transigible, ni susceptible de transacci�n, ni en �ste de la inmigraci�n ni en ning�n otro �mbito social. Si la nueva reforma de la LOEx no va a cumplir sus objetivos desde el punto de vista del respeto completo a dicho valor y a la no discriminaci�n de la persona por raz�n de su origen, ni tampoco va a conseguir, a pesar de sus proclamas, integrar socialmente a los inmigrantes (y por tanto no va a hacer convivir mejor a las distintas culturas que habitan nuestras ciudades y pueblos) es porque contiene en su seno una regulaci�n que, lejos de renovar su pol�tica legislativa de exclusi�n y limitaci�n de derechos, la profundiza, y m�s all� de grandes declaraciones y buenas intenciones ni se aproxima a hacer la necesaria reforma en profundidad de los grandes institutos de la extranjer�a, a saber: los derechos y libertades p�blicas y econ�mico-sociales de los inmigrantes; la reagrupaci�n familiar; la autorizaci�n de residencia y trabajo; y el �mbito sancionador.

Veamos algunos ejemplos: Se siguen desvinculando educaci�n e inclusi�n social, al seguirse discriminando a los extranjeros irregulares mayores de edad en su acceso a la educaci�n y a las becas; se sigue cercenando el derecho de los inmigrantes en cuanto a la participaci�n p�blica en la toma de las decisiones que les afecten; se restringe la reagrupaci�n familiar que realizan los extranjeros regularizados (�con papeles�) de sus progenitores menores de 65 a�os, as� como el derecho de estos �ltimos a reagrupar a sus propios familiares hasta que no sean residentes de larga duraci�n (cinco a�os de residencia �legal� en Espa�a ); se limitan garant�as en la repatriaci�n de menores no acompa�ados al no legalizarse la asistencia letrada en dichos procedimientos; se incrementan las sanciones pecuniarias a los irregulares (un nuevo y parad�jico modo no progresivo que usa la Administraci�n para recaudar econ�micamente sobre quien, para la propia instancia gubernativa, es una carga para el erario p�blico y por tanto �objeto de expulsi�n�); se crean nuevas infracciones ligadas a sancionar de manera antigarantista a quienes osen solidarizarse con las situaciones de desamparo de los irregulares (empadronamientos benevolentes y presuntos matrimonios simulados); se incrementa de cuarenta a sesenta el n�mero de d�as de estancia m�xima de un extranjero en un Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE), lo que supone una larga privaci�n de libertad por la simple comisi�n de una infracci�n administrativa, etc., � (la lista de restricciones, afortunadamente, es finita, pero mucho m�s larga).

Con estas pol�ticas y su plasmaci�n medi�tica �alentada desde buena parte del llamado �cuarto poder� mediante una opini�n sesgada hacia la criminalizaci�n del inmigrante�, el fen�meno de la inmigraci�n, lejos de llegar a ser una esperanza de nueva convivencia colectiva, se va enquistando en la sociedad que lo asume como una progresiva enfermedad de su cuerpo social. De esa misma sociedad depende, en buena parte, la sanaci�n o su final cronicidad.

* [Ram�n Hern�ndez es abogado laboralista y experto en derecho de extranjer�a]

 

Italia: despu�s de las elecciones

Giaime Pala

Las elecciones regionales celebradas en Italia los d�as 28 y 29 de marzo han vuelto a evidenciar lo que muchos analistas llaman �la anomal�a italiana�. En efecto, pese a que la derecha liderada por Silvio Berlusconi haya formalmente perdido las elecciones �siete regiones para la izquierda contra seis para la derecha� es indudable que las ha ganado de hecho, si pensamos que las anteriores del a�o 2005 las perdi� por un 11-2. Sin embargo, no se trata s�lamente de una cuesti�n de cifras sino de c�mo Il Cavaliere pudo mejorar sus resultados electorales despu�s de un a�o marcado por los esc�ndalos sexuales con menores, los casos de corrupci�n, el intento de promulgar leyes que impiden a la magistratura indagar sobre los delitos fiscales de sus empresas, la censura aplicada a los programas de la televisi�n p�blica no alineados con el gobierno, los contactos con la Mafia, etc.

En un pa�s en el que el 70% de los ciudadanos se informa exclusivamente a trav�s de la televisi�n, es normal que el monopolio medi�tico del que goza el �Pueblo de la Libertad� consiguiera sedimentar en la opini�n p�blica la idea de que los hechos mencionados no corresponden a la verdad, en l�nea con la vulgata del gobierno que habla de un contubernio orquestado por unos supuestos �jueces rojos�. Seg�n la mayor�a de los italianos, Italia es un pa�s envidiable e inmejorable, capitaneado por un timonel mesi�nico cuyo lema electoral ha sido �que gane el amor contra el odio�. De modo que habr� que matizar la descripci�n ofrecida por el EL PA�S de un �pa�s fatigado, descre�do de la pol�tica� (editorial del 31/3/10).

En realidad, los fatigados son aquellos que asisten impotentes a las victorias plebiscitarias berlusconianas, al creciente desprestigio internacional que sufre el pa�s y al vaciado implacable de la Constituci�n de 1948. Poco a poco, son �stos los que est�n dejando de ir a votar por la sensaci�n, cada vez m�s advertida, de que no hay manera de revertir una situaci�n cuyos or�genes se remontan al a�o 1994. Porque de momento no se perfilan alternativas al �populismo medi�tico� (G. Sartori) levantado por el �Sult�n� (G. Bocca). Desde luego, no lo es el Partido Democr�tico, que se ha revelado un caparaz�n vac�o y burocratizado, cuyo �nico �xito ha sido el de borrar del mapa a la izquierda transformadora en nombre de un bipolarismo a la americana. Pero a�n teniendo presente el acoso del PD, tampoco lo ha podido ser la izquierda, v�ctima de un error de perspectiva que tuvo en Fausto Bertinotti su principal responsable durante m�s de una d�cada: no entender que, en la situaci�n de emergencia democr�tica que viv�a el pa�s, la lucha no pod�a jugarse en un terreno exclusivamente social sino tambi�n en el del respeto del Estado de Derecho y de los valores constitucionales. M�s que nada porque, delante de la potent�sima artiller�a medi�tica del gobierno, ha sido imposible evitar que los obreros votaran a Berlusconi o, peor, a la Liga Norte.

En estos momentos, la izquierda tiene que asumir que Italia no est� sumida en una crisis coyuntural sino en otra de tipo sist�mico. Est� en juego el proyecto republicano construido por De Gasperi y Togliatti despu�s de la Segunda Guerra Mundial en nombre de un bonapartismo monarquizado muy parecido al que preve�a el programa propugnado por la logia golpista �P2�. Es por eso que  el �venerable maestro� Licio Gelli ya le ha pedido a su antiguo �aprendiz� Berlusconi los �derechos de autor� de la Italia que quiere construir.

P.D.: para conocer la excelente opini�n de Gelli sobre Berlusconi, el lector puede acudir a: http://www.youtube.com/watch?v=w6VbeDKjZCA

 

La �ltima pir�mide

Mauricio Rodr�guez Ferrara

Una moneda de oro es bienvenida en cualquier lugar del planeta. No as� cualquier billete de banco. La moneda de oro vale por s� misma, no requiere de nada que le atribuya valor. La moneda de oro, no importa d�nde, puede ser utilizada para fabricar joyas, hacer trabajos dentales o servir como ahorro.

El papel moneda, a pesar de tener un valor en s� (el escaso valor del papel), no tiene realmente un valor aut�nomo, sino que representa un valor. Es un documento que contiene una promesa de pago.

�Qu� puedo hacer con el papel moneda que recibo por mi trabajo? En l�neas generales, lo puedo cambiar por bienes o servicios (televisor, nevera, mesa, electricidad, tel�fono), o puedo pagar deudas (con el Estado o con particulares).

�El papel moneda de mi pa�s es aceptado fuera de �ste? Como pertenezco al Tercer Mundo, el papel moneda que poseo tiene una aceptaci�n territorial limitada. Si quiero viajar, necesitar� cambiarlo por billetes que sean bienvenidos en los pa�ses que desee visitar. Los cambiar� por d�lares, euros u otra moneda dura. A la final, la leyenda �Pagaderos al portador en las oficinas del Banco�, impresa en todos los billetes de mi pa�s, s�lo significa que tengo derecho a cambiar mi papel moneda por moneda considerada dura, y este derecho me lo concede expresamente la Ley del Banco Central que me rige, salvo en per�odos de emergencia econ�mica.

En otras palabras, el papel moneda de pa�ses como el m�o vale en la medida que tenga la posibilidad de cambiarlo por moneda dura, o por bienes y servicios que me interesen. La moneda de oro no requiere de nada que le conceda valor. No todos los pa�ses tienen moneda dura suficiente que respalde el papel moneda nacional. Pensemos en Zimbabwe.

�Por qu� la moneda dura es bienvenida, al igual que la moneda de oro, en cualquier lugar del Mundo? Muy simple. Porque con ella tenemos acceso a bienes y servicios que todos deseamos, y que pocos pa�ses producen: computadoras, celulares, c�maras fotogr�ficas, veh�culos, maquinaria de trabajo, tratamientos m�dicos especializados, etc.

No es el oro, como muchos creen, lo que respalda la moneda dura, aunque lo haya sido alguna vez. El respaldo proviene de la extraordinaria capacidad de producir masivamente bienes y servicios que ansiamos cada d�a m�s, con m�s y m�s desesperaci�n, al punto de la irracionalidad. D�mosle las gracias a los medios y a la industria publicitaria.

El quid de la cuesti�n est� en que los bienes y servicios no son otra cosa que naturaleza transformada. Nos apropiamos de la naturaleza (elegantemente llamada materia prima), le a�adimos mano de obra (en no pocas oportunidades esclava), y la transformamos en celulares, zapatos y veh�culos, por decir algo. Y en esa modificaci�n de la naturaleza hemos venido destruyendo aceleradamente el entorno en que vivimos. Los Polos se descongelan, la temperatura aumenta, los bosques desaparecen y los r�os son cada vez menos caudalosos. Pero disfrutamos de veh�culos con calefacci�n y aire acondicionado, celulares cada vez m�s inteligentes, barcos de crucero cada vez m�s elegantes, y cirug�as pl�sticas cada vez m�s sofisticadas. Todos los bienes y servicios que tenemos, deber es repetirlo, no son otra cosa que naturaleza transformada.

Nuestro entorno natural no es infinito. Vertiginosamente, y s�lo en beneficio de muy pocos, lo estamos acabando. El 80% de la poblaci�n mundial no disfruta de la �naturaleza transformada� como lo puede hacer un estadounidense o un europeo. Ni siquiera la conoce. Ese 80% vive en la miseria. Pensemos en �frica.

Pero el problema va m�s all�. Hasta hace cien a�os cada pa�s produc�a sus propios bienes utilizando su propio entorno y su propia mano de obra. Ya no. Hoy d�a, el verdadero respaldo de la moneda dura lo constituyen la mano de obra mundial y los recursos naturales de todo el planeta. Las naciones poderosas se apropian de la naturaleza de cualquier pa�s y la transforman en el lugar donde la mano de obra resulte m�s barata, sin importar el costo social. �Globalizaci�n! Y al apropiarse de la naturaleza, sin reponerla en la medida en que la destruyen, el futuro no es otro que el colapso global. Colapso del medio ambiente y colapso del papel moneda.

En alg�n momento, los poseedores de moneda dura sentir�n lo mismo que sienten las v�ctimas de cualquier enga�o. Ser� el momento en que ya no sea factible transformar la naturaleza. En ese momento, saltar� por los aires, en c�mara lenta, la madre de todas las pir�mides. La pir�mide planetaria del papel moneda emitido por las naciones poderosas, que dejar�a boquiabiertos a John Law y a Charles Ponzi. Los grandes gobernantes est�n atenidos a que la ciencia y la tecnolog�a impedir�n ese momento. Pero la ciencia hace ciencia, no milagros.

Pensemos en la Tierra.

 

Manifiesto: �En la tradici�n de justicia democr�tica�

Justicia Democr�tica naci� bajo la dictadura franquista como una organizaci�n de profesionales de la justicia que propugnaba la instauraci�n de un r�gimen democr�tico y la devoluci�n de los derechos y libertades a la sociedad, �nico marco posible donde podr�a desenvolverse una justicia garantista, democr�tica, capaz de proveer tutela efectiva a los derechos y libertades ciudadanas. En este proyecto Justicia Democr�tica comparti� espacio y solidaridad con todos aquellos que luchaban por id�nticos valores, arriesgando su vida, su libertad y sus posibilidades de desarrollo profesional.

De aquel proyecto surgieron iniciativas ulteriores que desembocaron en Jueces para la Democracia y la Uni�n Progresista de Fiscales. La lucha por la democracia y las libertades p�blicas se inscribe en nuestra tradici�n y da nombre a nuestras asociaciones. El apoyo y la solidaridad con las v�ctimas de los cr�menes y de la represi�n franquista constituye una parte esencial de nuestras se�as de identidad.

Desde la recuperaci�n de las libertades, en el esquema del Estado constitucional de derecho, las asociaciones que recogieron la herencia de Justicia Democr�tica hemos tratado de profundizar en los valores constitucionales y democr�ticos que estuvieron en el origen de nuestra aparici�n.

La sociedad espa�ola ha progresado desde entonces de modo notable. Pero todav�a subsisten algunos temas pendientes como consecuencia del olvido del pasado. La democracia no ha sido capaz de reparar la memoria de las v�ctimas de la represi�n de la dictadura, hasta el extremo de que convivimos con la verg�enza de miles de personas cuyos restos permanecen indignamente enterrados en fosas comunes o cuya suerte y su paradero es desconocido por sus familiares. A nivel judicial ninguna responsabilidad ha sido establecida por la autor�a de tan horrendos cr�menes. Este drama, una verg�enza nacional y una verdadera excepci�n en nuestro �mbito, resulta particularmente hiriente si se considera que la jurisdicci�n espa�ola ha sido capaz de perseguir a criminales contra la humanidad por ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas sistem�ticas o apropiaci�n de ni�os cometidos en otros pa�ses, mientras miraba hacia otro lado respecto a los cr�menes cometidos en Espa�a. La ley de memoria hist�rica parte del reconocimiento de esa deuda, pero no ofrece una soluci�n satisfactoria para las demandas de verdad, justicia y reparaci�n de las v�ctimas del franquismo, como as� fue denunciado por aquellos a quienes se dirig�a.

En este contexto se produce el intento de investigaci�n del juez Garz�n, que fue promovido por las asociaciones que agrupaban a las v�ctimas y a sus familiares, hasta entonces en el desamparo. Se trataba de una investigaci�n arriesgada, como lo fueron los procesos seguidos contra Pinochet por los cr�menes de la dictadura chilena y otras causas por cr�menes internacionales algunas de ellas iniciadas por la acci�n de la Uni�n Progresista de Fiscales, pues supon�a irrumpir en un espacio hasta entonces vedado para la jurisdicci�n. Pero, como en aquellos casos, la investigaci�n respond�a a requerimientos del derecho internacional, a la lucha contra la impunidad de los m�s graves cr�menes contra la comunidad internacional, a la promoci�n y defensa de los derechos humanos, a la necesidad de abrir nuevos espacios para la persecuci�n jurisdiccional de esas ofensas. Esta imaginaci�n creativa, que consider� inaplicables las leyes de punto final y obediencia debida y sirvi� para asumir la competencia de la jurisdicci�n (universal) espa�ola, permiti� sentar en el banquillo a dictadores y torturadores, genocidas, criminales de guerra y de lesa humanidad, iniciando una nueva etapa en la historia de los derechos humanos y su afianzamiento universal. La competencia de la Audiencia Nacional para investigar y enjuiciar tales hechos fue tambi�n objeto de un intenso debate jur�dico.

Cuestionar la ley de amnist�a con base en el derecho internacional, que niega validez a las normas de impunidad de los cr�menes internacionales, no puede ser un hecho delictivo, porque entra en la funci�n del juez como int�rprete de la legalidad  ponderar las normas que debe aplicar nuestra cultura es incompatible con el modelo de juez aut�mata recto aplicador de la ley vigente sin capacidad para la interpretaci�n, a�n mas cuando se hallan en conflicto como aqu� ocurre, y determinar la que considera aplicable para mejor hacer efectivos los valores constitucionales y el derecho internacional de los derechos humanos.

Hoy se ha abierto el camino para que los herederos del franquismo y defensores de su memoria sienten en el banquillo de los acusados a un juez que se hab�a comprometido en la lucha por los derechos y que de alguna manera, se quiera o no, simbolizaba esa conquista civilizatoria, al tiempo que se rompe con valores constitucionales y se ponen en cuesti�n los compromisos internacionales en materia de derechos humanos adquiridos por el Estado espa�ol. Esa decisi�n constituye, para los que compartimos id�nticos principios, un hecho doloroso e injustificable, en cuanto significa el resurgir de (des)valores que siempre hemos rechazado, adem�s de quebrar con nuestra cultura de la legalidad y de la posici�n del juez en el Estado constitucional de derecho.Madrid, 9 de abril de 2010.

[Jueces para la Democracia, Uni�n Progresista de Fiscales (UPF), Magistrados Europeos para la Democracia y las Libertades (MEDEL), Federaci�n Latinoamericana de Jueces para la Democracia]

 

Devedeando, que es gerundio

R. Rossellini, J.-L. Godard, P. P. Pasolini, U. Gregoretti
RoGoPaG
Tribanda, 2010

RoGoPaG, una coproducci�n franco-italiana de 1962, no es un largometraje sino una obra colectiva integrada por cuatro mediometrajes de Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard, Pier Paolo Pasolini y Ugo Gregoretti (de ah� el esot�rico t�tulo, en realidad la combinaci�n de las iniciales de los cuatro realizadores), y aunque a primera vista pueda parecer una sucesi�n inconexa de episodios, puede apreciarse un hilo conductor que dota de unidad tem�tica al conjunto: evaluar cr�ticamente la profunda transformaci�n sociocultural �la �mutaci�n antropol�gica�, como la bautizar�a metaf�ricamente Pasolini tiempo despu�s� que la sociedad europea estaba experimentando a principios de una d�cada, la de los sesenta, que marc� el inicio de la modernidad rampante y la desvirtuaci�n de algunos de los valores humanos tenidos hasta entonces por elementales.

No puede decirse que todos los episodios de RoGoPaG posean una calidad equiparable. As�, el primero de ellos, �Virginidad�, obra de un Rossellini en el ocaso de su carrera, es el m�s flojo y a ratos parece m�s bien un anuncio de Alitalia. En cambio, el corto de Godard �El mundo nuevo�, una pieza a caballo entre la ciencia-ficci�n y la distop�a que preludia su filme Lemmy contra Alphaville, constituye una digresi�n po�tica sobre la era at�mica: un artefacto nuclear ha estallado sobre el cielo de Par�s �recu�rdese que un mes antes del rodaje se hubiera producido la crisis de los misiles en Cuba� y el protagonista advierte cambios il�gicos e inquietantes en el lenguaje y el comportamiento de la gente que le rodea, convertida a partir de entonces en una masa de aut�matas sin atributos humanos reconocibles.

Por su parte, �La ricotta�, de Pier Paolo Pasolini, el episodio m�s complejo de los cuatro que conforman RoGoPaG, puede verse como un compendio de las principales inquietudes sociales del intelectual friulano. El filme, que narra el rodaje de una superproducci�n sobre la pasi�n de Cristo en un prado a las afueras de una gran ciudad en pleno �desarrollo� �localizaci�n tan t�picamente pasoliniana�, se centra en dos personajes: el director, protagonizado por un Orson Welles de quien Pasolini se sirve para arremeter contra el creciente car�cter conformista y reaccionario de la sociedad italiana de la �poca, y Stracci, un extra procedente del lumpen cuya �nica obsesi�n es llevarse a la boca algo que comer mientras se dispone a interpretar el papel del �buen ladr�n�; al final, Stracci, objeto de humillantes burlas por su fijaci�n con la comida, acaba siendo el que muere en la cruz, fruto de una indigesti�n de reques�n. Rico juego de contrastes simb�licos, pues, con el que Pasolini se propuso diagnosticar (prof�ticamente) algunos de los s�ntomas de la modernidad incipiente: la espectacularizaci�n de cierto tipo de cine como forma de enmascarar la realidad social y econ�mica de las clases populares, la aculturaci�n y barbarizaci�n de la juventud o el desprecio de ese nuevo sujeto consumista por los padecimientos y valores del pasado que representa el personaje de Stracci, que debe morir para ser merecedor de una atenci�n sincera. Un mensaje que las autoridades interpretaron a su gusto como la exaltaci�n del �buen ladr�n� en detrimento de la figura de Cristo, de resultas de lo cual Pasolini fue procesado por �vilipendio a la religi�n del Estado� y condenado a cuatro meses de c�rcel.

Por �ltimo, el corto de Ugo Gregoretti, �El pollo de granja�, se aleja de la densidad conceptual que poseen piezas �de autor� como las de Godard o Pasolini y, por el contrario, se vale de un g�nero m�s convencional, la tragicomedia italiana, para ofrecernos una divertida s�tira sobre los absurdos que rodean al mundo del marketing y de la sociedad de consumo, una loca carrera en pos de la acumulaci�n material, cual pollos sin cabeza, que de bien poco le servir� a la protot�pica familia protagonista del episodio.

 Carles Mercadal

 

P�GINAS-AMIGAS

Centre de Treball i Documentaci� (CTD)
http://www.cetede.org

Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas
http://www.ucm.es/info/nomadas

El Viejo Topo
http://www.elviejotopo.com

La Insignia-
http://www.lainsignia.org

Sin permiso
http://www.sinpermiso.info/

 

Revista mientras tanto

N�mero 113

mientras tanto

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Invierno 2009-2010

113

TEXTOS

Afganist�n y los atentados multiusos
Jos� L. Gordillo

La propiedad intelectual: de la voluntad del lobby al texto de la ley
Jos� A. Est�vez Araujo

Orwell 2.0: las implicaciones de la hadopi sobre la vida en internet
Sulan Wong

Derechos globales de propiedad sobre la informaci�n: la historia del trips en el gatt
Peter Drahos

Negociando con Al Capone: protecci�n a cambio de propiedad intelectual
Peter Drahos

La tragedia de los bienes privatizados: patentes e investigaci�n cient�fica
Sulan Wong

El copyright y el mundo no occidental. propiedad creativa indebida
Joost Smiers

Las ideas cercadas: el confinamiento y la desaparici�n del dominio p�blico
James
Boyle

CUESTI�N DE PALABRAS
�lvaro Garc�a

RESE�A
Resaca ideol�gica en Wall Sreett, de Andreu Espasa
 

mientras tanto bitartean mientras tanto mentrestant
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