REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos

ISSN: 1885-8031

 

https://dx.doi.org/10.5209/REVE.73864

 

Participación juvenil para el desarrollo rural: análisis de un caso cubano en cooperativas agrarias

Arianna Beatriz Hernández Veitia[1], Alessandro Gentile[2] e Idalberto Herrera Moya[3]

Recibido: 15 de junio de 2020 / Aceptado: 27 de octubre de 2020 / Publicado: 24 de febrero de 2021

Resumen. En Cuba los jóvenes son actores fundamentales en las cooperativas agrarias para la sostenibilidad alimentaria en el ámbito local. Sin embargo, en algunas provincias rurales de la isla la implementación de las estrategias para el desarrollo rural alcanza resultados limitados en cuanto a la participación juvenil en el sector cooperativo agrario. En la presente investigación se analiza la participación de los jóvenes en las cooperativas agrarias a partir del  caso de estudio del municipio de Cifuentes, en la provincia de Villa Clara: se establecieron tres índices sintéticos para dar cuenta de una baja participación juvenil en ese territorio, con causas que incluyen las tensiones generacionales en el seno de las mismas cooperativas, el surgimiento de nuevas fuentes locales de empleo más atractivas económicamente para los jóvenes, el envejecimiento poblacional y la movilidad hacia otros sectores productivos del país. A partir de estas evidencias, en el artículo se indican algunas estrategias para impulsar la participación juvenil en las cooperativas agrarias y así fomentar un desarrollo rural sostenible.

Palabras clave: Juventud rural; Cooperativas agropecuarias; Desarrollo endógeno; Relaciones inter-generacionales.

Claves Econlit: A13; D64; D79; M14.

[en] Youth participation for rural development: analysis of a cuban case in agricultural cooperatives

Abstract. In Cuba, young people are fundamental actors in agricultural cooperatives for food sustainability at the local level. However, in some rural provinces of the island, the implementation of rural development strategies achieves limited results in terms of youth participation in the agricultural cooperative sector. In this research, the participation of young people in agricultural cooperatives is analyzed from the case study of the municipality of Cifuentes, in the province of Villa Clara: three synthetic indices were established to account for a low youth participation in that territory, with causes that include generational tensions within the cooperatives themselves, the emergence of new local sources of employment that are more economically attractive for young people, the aging of the population and mobility towards other productive sectors of the country. Based on these evidences, the article indicates some strategies to promote youth participation in agricultural cooperatives and thus promote sustainable rural development.

Keywords: Rural youth; Agricultural cooperatives; Endogenous development; Inter-generational relations.

Sumario. 1. Introducción. 2. Participación juvenil y cooperativismo agrario para la sostenibilidad agroalimentaria territorial. 3. Propuesta metodológica y resultados de la participación juvenil en las cooperativas agropecuarias de Cifuentes. 4. Acciones que contribuyen al Desarrollo rural gracias a la participación juvenil. 5. Conclusiones. 6. Referencias bibliográficas.

Cómo citar. Hernández Veitia, A.B.; Gentile, A.; Herrera Moya, I. (2021) Participación juvenil para el desarrollo rural: análisis de un caso cubano en cooperativas agrarias. REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos, vol. 137, e73864. https://dx.doi.org/10.5209/reve.73864.

1. Introducción

Las cooperativas son fórmulas organizativas muy importantes para favorecer el desarrollo rural. Las investigaciones sobre la participación juvenil en cooperativas agrarias en Cuba han sido cada vez más frecuentes entre 2008 y 2019 debido al reordenamiento socio-económico y al marco legal configurado por el Gobierno central, que propicia transformaciones significativas en el ámbito rural. La implementación de estas medidas deviene reto estratégico prioritario para replantear la participación de los jóvenes en las cooperativas agrarias y concretar así pautas de desarrollo rural con vista a futuro.

En este contexto las cooperativas agrarias son claves para impulsar la sostenibilidad e independencia alimentaria a nivel local, para estrechar relaciones de proximidad con el territorio donde operan, sin el riesgo de traslado o de cierre selectivo, y fomentar la formación profesional y la continuidad del empleo, especialmente para las nuevas generaciones. Se trata pues de organizaciones que favorecen el crecimiento económico y la cohesión ciudadana por su capacidad de desplegar estrategias innovadoras con respecto a la integración y a la iniciativa social (Périz, 2007), y que sirven para dinamizar el ámbito rural desde la intervención y el protagonismo de sus socios, favoreciendo el desarrollo endógeno colaborativo.

Cuando se investigan estos tipos de cooperativas es necesario destacar dos factores importantes: el proceso informativo-decisional que llevan incorporado y su contribución al desarrollo rural, desde un modelo organizativo sustentado en la participación que refuerza el compromiso con los valores y los principios de la cooperativa, priorizando los logros colectivos (Sánchez, 1999).

La participación en las cooperativas agrarias es una señal de identidad y a su vez un factor vinculado a la productividad, a las actitudes relacionadas con las tareas de dirección, gestión y administración de su organización (Rives, Lario, León et al., 2012) y está asociada a la solidaridad, a la ayuda mutua, a la reciprocidad y a las relaciones horizontales como factores distintivos. La participación es un importante elemento estratégico referido a cómo cada socio de la cooperativa contribuye en la capitalización económica de la organización y en la forma en que se plantean las tareas a desempeñar y se redistribuyen los beneficios de las labores ejecutadas (Garteiz-Aurrecoa y Soler, 2007).

El crecimiento económico para una determinada región, a través de procesos democráticos de desarrollo rural basados en una gestión responsable del medio ambiente y en armonía con la comunidad, depende de cómo se lleva a cabo la participación social, y específicamente la integración activa en las cooperativas que, a su vez, lleva implícita la capacidad de emprender y de generar mejoras socio-económicas, culturales y tecnológicos (Durán, Guadaño y García, 2005).

En virtud de todo lo anterior, se entiende que los procesos de participación deben estar acompañados de una efectiva planificación del desarrollo rural (Guerra y López, 2013), además de resultar de suma importancia los siguientes elementos: la creación de empleo a nivel local, las infraestructuras y los servicios públicos estratégicos, las instituciones regionales para la buena autogestión, una educación comunitaria que promueva valores e identidades territoriales fuertes y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales autóctonos. Entre las tendencias más destacadas del desarrollo rural están sus vínculos con las actitudes y con las iniciativas emprendedoras de la población local, porque las sociedades cooperativas favorecen también la canalización de las actividades que generan riqueza y mercado (Durán y Gómez, 2007).

Numerosos estudios en Ciencias Sociales describen el desarrollo rural como un proceso dirigido al progreso de la comunidad implicada, para alcanzar el bienestar económico y social de los individuos que la integran, independientemente de su edad. Ante el ascendente proceso de envejecimiento demográfico y las migraciones de la ruralidad al espacio urbano en Cuba a lo largo de los últimos cuarenta años, el criterio de la edad sobre la etapa juvenil requiere cierta redefinición y homogeneidad, para que sea más clara su ubicación como fuerza laboral en los sectores productivos. Esta situación socio-demográfica vuelve aún más complejas las acciones de las políticas agrarias para el desarrollo rural.

Por ello, precisamente, se considera imprescindible investigar la participación juvenil en cooperativas agrarias de regiones que presentan proporciones cada vez más grandes de personas mayores, como por ejemplo Villa Clara, la provincia con el mayor índice de envejecimiento en Cuba[4]. Según los Anuarios Estadísticos Provinciales (Oficina Territorial de Estadísticas, 2018) para el año 2025 las generaciones que actualmente están en el rango etario de 45-49 años (alrededor del 50% de la población en edad laboral) comenzarán a jubilarse de manera masiva. Si el segmento juvenil en Villa Clara no se convierte en el relevo de la población que hoy en día está en edad activa, se predice una crisis de disponibilidad de fuerza de trabajo porque este segmento será menor en un 41% (Oficina Nacional de Estadística e Información, 2018).

En la presente investigación se analiza la participación juvenil en cooperativas agrarias y se consideran medidas para incrementarla en el municipio de Cifuentes, localidad de la provincia de Villa Clara, que desde hace quince años se ve afectada por la disminución de la población rural asociada a la creciente emigración de jóvenes del campo hacía la ciudad. Entre 2002 y 2017 en este territorio ha disminuido el número de cooperativas agropecuarias, ha bajado la cantidad de asociados y se ha reducido la superficie de tierra utilizada para los cultivos (Mederos, Martínez, Pérez et al., 2018). Los jóvenes aquí poseen un adecuado nivel de calificación como fuerza de trabajo, ya han desarrollado la mini-industria para procesar los excedentes de las cosechas,utilizan fuentes renovables de energía (molinos de viento y biodigestores), y llevan años en puestos de dirección en las cooperativas. Sin embargo, los jóvenes de Cifuentes expresan una baja motivación hacia el trabajo agropecuario, lo que atenta contra su permanencia en este sector en el futuro próximo (Hernández y Villar, 2018).

Estos antecedentes generan interrogantes interesantes en relación a la participación juvenil ligada al desarrollo rural: ¿Cómo participan estos jóvenes con respecto a la toma de decisiones y a los cargos que ocupan en las cooperativas agrarias?, ¿Qué compromisos y qué obligaciones tienen con sus cooperativas?, ¿Cómo se socializa y se manifiesta la cultura organizacional de la cooperativa en las nuevas generaciones de socios? y ¿Qué acciones contribuyen al desarrollo rural desde la participación juvenil?.

El presente trabajo se fundamenta en los resultados del Proyecto Innovación Agropecuaria Local (PIAL) desde el eje de gestión del conocimiento, investigación dirigida a los jóvenes rurales del sector cooperativo en Cifuentes, municipio de la provincia Villa Clara, ubicada en el centro de la isla de Cuba. Los resultados de las acciones entre 2015 y 2017 permitieron elaborar clasificaciones precisas para redirigir las propuestas de capacitación en las cooperativas, conociendo los más capacitados, los niveles de autonomía y las redes socio-productivas donde se desenvuelven. A continuación, se explican algunas de las características más significativas sobre la juventud rural cubana y los índices de participación juvenil en las cooperativas agropecuarias como herramientas teóricas-metodológicas de análisis. El artículo finaliza planteando estrategias de mejora para apoyar al desarrollo rural impulsando la participación juvenil en el territorio investigado.

2. Participación juvenil y cooperativismo agrario para la sostenibilidad agroalimentaria territorial

La participación juvenil para el desarrollo rural resulta más efectiva cuando las acciones cooperativas están enfocadas en la calidad del trabajo y en las sinergias entre sus miembros. El mismo despliegue de la dinámica participativa define la conjunción de los intereses de la organización, así como el mantenimiento constante de los principios de solidaridad, responsabilidad y coherencia con los demás valores cooperativos (Arce, 2014), poniéndose de manifiesto mediante la gestión abierta y la organización democrática, desde su base hasta los órganos de gobierno. De hecho, la participación juvenil en las organizaciones cooperativas requiere de relaciones generacionales positivas, sustentadas en la búsqueda del diálogo, en la negociación continua y en el respeto mutuo para la construcción de un consenso leal y compartido (González y Artiles, 2016).

Los procesos de participación juvenil en el cooperativismo han sido impulsados por el gobierno cubano desde el triunfo de la revolución en 1959, y con renovado vigor también en el nuevo siglo. Sin embargo, las investigaciones sobre la participación de los jóvenes en las diversas formas de producción agraria en Cuba han sido intermitentes hasta la fecha, lo que ha conducido a resultados dispersos, con un escaso impacto en la práctica social. Tales estudios se han dirigido fundamentalmente al análisis de la influencia de factores como el género, la estructura de clases, las políticas públicas y la territorialidad en la participación juvenil dentro el contexto rural. Los resultados comunes de estos factores indican que los jóvenes rurales son un relevo generacional imprescindible y se espera que lideren las transformaciones socio-productivas en las cooperativas agrarias, en consecuencia es muy oportuno impulsar su permanecía y participación en ellas con el objetivo de garantizar el futuro del sistema rural en su conjunto (Hernández y Martínez, 2017).

Entre los factores que limitan la participación juvenil en la agricultura se mencionan las tensiones generacionales, así como el hecho de que los jóvenes suelen percibir las actividades que realizan en sus cooperativas como poco atractivas para su realización personal y para su proyecto de emancipación adulta (Arias y Leyva, 2017).

La participación acaba siendo plenamente positiva cuando se entiende como parte integrante de la identidad y del sistema de relaciones más significativas de estos jóvenes (De la Riva, 1994; Domínguez, 2003; Galindo, 2006). Con esta premisa, es necesario entonces involucrarles en el proceso de toma de decisiones movilizando sus intereses, estimulando su activismo, garantizando la igualdad de oportunidades y fomentando todas aquellas iniciativas en las cuales ellos mismos se sientan verdaderos protagonistas (Benedicto y Morán, 2003).

En el ámbito rural la participación juvenil se plasma en un proceso relacional con los demás socios de las cooperativas agrarias para gestionar y solucionar las necesidades locales y de la organización, además de ser un activo para desarrollar las capacidades de los nuevos miembros en la toma de decisiones en los distintos niveles de la administración del territorio.

Se trata de un proceso que requiere tiempo, energía y compromiso hasta que tenga éxito. A menudo las propuestas juveniles se ignoran o se subestiman (Benedicto y Morán, 2003). Los adultos prefieren que los jóvenes se ajusten a las estructuras tradicionales, ya conocidas y supuestamente más fiables, al tiempo que explicitan mayores resistencias a los cambios culturales y socio-productivos. Por su parte, los jóvenes tienden a generar cierta innovación y creatividad en búsqueda de nuevas oportunidades personales, lo que en ocasiones suscita tensiones generacionales frente a una postura rígida y más conservadora de sus colegas con muchos más años de experiencia y de antigüedad en la organización (Hernández y Moreira, 2018).

De ahí la importancia de estimular la participación juvenil a través de incentivos positivos y constantes, que deben estar acompañados por el conocimiento de la cultura cooperativa donde confluye la aportación de cada actor social implicado en las actividades agrícolas (Valdéz, 2017), poniendo en valor la contribución de todos para todos. Esta dinámica virtuosa, de tipo inclusivo, tiene incidencia en la toma de decisiones colectivas para la integridad de la cooperativa como también para la preservación de las tradiciones sobre las tierras, para la conservación del paisaje, la creación de empleos y para aumentar el desarrollo socio-económico de las zonas rurales (Dias y Franco, 2018; Dudzińska, Bacior y Prus, 2018).

La participación juvenil en el cooperativismo agrario es un proceso para incentivar el desarrollo rural desde un enfoque multidimensional e integrador en Cuba y así crear, reforzar y mantener los empleos de sus pobladores a partir de los recursos locales (Fajardo y Figueras, 1997; Gómez 2014). La relación entre ruralidad y espacio productivo (Leyva y Arias, 2015) requiere una participación activa de parte de los jóvenes en los cargos de dirección de las cooperativas agropecuarias.

Se pretende, entonces, un proceso cíclico según el cual se garantiza la participación juvenil en la producción de alimentos contando con su compromiso y con la confianza hacia ellos para que tengan acceso a la tierra y aprendan a labrarse un futuro con ella, hasta llegar finalmente a enriquecer el territorio con su labor (Kumeh y Omulo, 2019).

No siempre el fomento de la participación garantiza la permanencia de los jóvenes en estas estructuras productivas. A este propósito, cabe señalar que la permanencia juvenil en las cooperativas agrarias cubanas ha sido irregular en la última década. En particular, su incorporación y permanencia en el sector cooperativo agrario han registrado niveles muy limitados hasta los años más recientes.

Desde el 2008 se evidencia un proceso de cambio al ser estimulado el trabajo juvenil[5] en el sector agrario, fortaleciendo el vínculo entre jóvenes, política y cooperativismo a partir de los Decretos Ley 300/2012 y 358/2018. La oportunidad de implicarse como usufructuarios[6] ratificó nuevas formas de participación de los jóvenes en las cooperativas agrarias, el Decreto-Ley 259/2008 y el Decreto-Ley 300/2012 (Ministerio de Justicia de la República de Cuba, 2012) abrieron un nuevo espacio para las políticas agrarias, relacionadas con el otorgamiento de tierras ociosas del Estado a la población, a las cooperativas y a otras instituciones en usufructo, con posibilidad de renovación. Más atemperado a los aprendizajes de los decretos anteriores y a la situación económica del país el Decreto-Ley 358/2018, (Ministerio de Justicia de la República de Cuba, 2018) para aumentar el rendimiento agrícola, establece entre sus modificaciones la extensión de hasta veinte años ―antes eran diez― del período de entrega del usufructo a las personas naturales, asimismo el plazo de vigencia puede prorrogarse sucesivamente por igual período de tiempo. Se ha estimulado también la introducción de nuevas tecnologías agrarias[7] con el propósito de lograr un crecimiento sostenible de la producción de alimentos. Sin embargo, la incorporación y la permanencia de los jóvenes en el sector cooperativo agrario han registrado niveles muy limitados hasta los años más recientes.

En Cuba las organizaciones cooperativas agrarias son de tres tipos: las Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA), las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC). En 2017 el 65% de las principales producciones agrícolas se generaron en las CPA y CCS, en Villa Clara estas formas productivas gestionan el 45% de la superficie agrícola (Oficina Nacional de Estadística e Información, 2018).

Las cooperativas agrarias son comprendidas como instituciones que reúnen grupos donde los actores sociales comparten normas y objetivos comunes a partir de estructuras creadas y administradas por sus asociados, basan su acción en niveles de participación y control que le son propios a las asociaciones vinculadas al diseño y distribución del proceso productivo, sus diversas formas están fundamentadas en investigaciones de Cuba y a nivel mundial (Hernández y Moreira, 2018).

La participación juvenil en las cooperativas agrarias, en esta nueva etapa del movimiento cooperativo cubano, es vital para la sostenibilidad agroalimentaria territorial; con ella se puede impulsar el emprendimiento juvenil para dotar a la organización con nuevos productos o métodos de trabajo (Lejarriaga, Durán y Martín, 2013).

La capacidad emprendedora de los jóvenes cooperativistas deja vislumbrar cambios socio-económicos y culturales determinantes, tanto en las organizaciones productivas como en el contexto rural más amplio: esto significa no solamente dinamizar la socialización de nuevos conocimientos desde los procesos participativos (Morales y Ariza, 2013) y también implicar a los jóvenes en los retos de los mercados locales e internacionales, promocionando las exportaciones y la sustitución de importaciones a partir del sector cooperativo agropecuario (García y Anaya, 2015).

3. Propuesta metodológica y resultados de la participación juvenil en las cooperativas agropecuarias de Cifuentes

La descentralización de los mecanismos de toma de decisiones genera transformaciones paulatinas en la estructura productiva territorial e indica la urgencia de la participación juvenil en las organizaciones cooperativas ante los desafíos socio-económicos actuales. Sin embargo, en la provincia de Villa Clara queda todavía pendiente reconocer a los jóvenes como actores esenciales de los procesos participativos en el sector cooperativo agrario.

El avanzado envejecimiento poblacional de esta provincia, con el 23,4% de la población con más de 60 años de edad (Oficina Nacional de Estadística e Información, 2018) evidencia una situación socio-demográfica compleja, que precisa de un estudio detallado sobre las relaciones entre jóvenes y adultos.

La presente investigación se dirige a los jóvenes asociados a organizaciones cooperativas agrarias del municipio de Cifuentes, en la provincia de Villa Clara. Este municipio está conformado por nueve Consejos populares que incluyen: Cifuentes, San Diego del Valle, Unidad Proletaria, Mariana Grajales (Cifuentes), Wilfredo Pagés, Braulio Coroneaux, El Vaquerito, Mata y San José. Las formas productivas agrarias en el territorio de Cifuentes se distribuyen de la siguiente manera: 16 Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), 3 Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA) y 7 Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), siendo el municipio con el número más alto de jóvenes en toda la provincia.

En este estudio se aborda la participación de los jóvenes de 15-30 años asociados a 3 CPA (Sabino Pupo, Carlos Conquero y Bernardo Díaz) y a las 16 CCS de Cifuentes, donde se emplea el 16% de la población en edad laboral (desde 16 a 65 años los hombres y hasta 60 años las mujeres) de la localidad. A pesar de la preponderancia numérica de las CCS, sus niveles de producción son más bajos, siendo responsables del 29% de las producciones agrícolas, mientras que las CPA producían el 36% en 2018. Esta observación es interesante si se tiene en cuenta que las CCS administran el 79% de la superficie agrícola mientras las CPA solo el 4% (Oficina Nacional de Estadística e Información, 2018). La diferencia está en la permanencia juvenil en las cooperativas y en las motivaciones para producir en el marco de organizaciones cooperativas.

Una de las fuentes primarias de información para el análisis han sido los datos de la Estrategia de Desarrollo Local[8], del Plan de Desarrollo Económico Municipal[9] y del Plan de Ordenamiento Territorial[10] (Asamblea Municipal del Poder Popular Cifuentes, 2016). Además, se aplicaron dos tipos de cuestionarios, uno a 262 jóvenes en el rango etario de 15 a 30 años y otro a los 95 cooperativistas que ocupan cargos de dirección en las 19 organizaciones cooperativas agrarias analizadas de Cifuentes.

También se realizaron entrevistas semi-estructuradas a los principales responsables institucionales del municipio, para conocer las características de la participación y de los emprendimientos juveniles en las cooperativas agrarias: la presidenta del Gobierno, el Presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), el presidente del Banco de Créditos y Comercio, los coordinadores del Proyecto de Innovación Agropecuaria Local (PIAL) en Villa Clara y a la dirección de la Escuela de Capacitación Provincial, quienes coinciden en la necesidad prioritaria de apoyar a la participación juvenil para fortalecer el movimiento cooperativo local.

Los resultados de las técnicas investigativas aplicadas indican dos aspectos importantes: que el nivel de participación juvenil en las cooperativas es bajo, fundamentalmente por la carencia de estrategias de trabajo en equipo, y que existen relaciones generacionales tensas dentro de las cooperativas en cuanto a las estrategias de trabajo (preparación de tierras, rotación de cultivos, aplicación de la agro-ecología, etc.), al reparto consensuado de responsabilidades y a la delegación de tareas al interior de la cooperativa y en las solicitudes de créditos bancarios.

Para analizar la participación de los jóvenes en las cooperativas agropecuarias en la presente investigación se establecen tres índices específicos: el Índice de participación de los jóvenes en la forma de producción cooperativa (Pjc), el Índice de participación de jóvenes en la dirección de la cooperativa (Pjd) y el Índice General de Participación Juvenil en Cooperativas (IGpj). Gracias a estas herramientas heurísticas se mide el nivel de participación juvenil en las cooperativas agropecuarias. En la literatura consultada no se identificaron otros índices que pudieran dar cuenta de la participación juvenil en este sector, solo se puede destacar como antecedente el índice de participación juvenil reportado por la organización Mexicana “Jóvenes en movimiento”, quienes midieron la incidencia y el nivel de empoderamiento de los jóvenes en los espacios donde construyen y mantienen sus relaciones (OLLIN.-CONACYT, 2013).

 

1.   Índice de participación juvenil en cooperativas agropecuarias (Pjc): Establece la proporción de jóvenes que trabajan dentro de la cooperativa con respecto al total de socios de la misma y se define como:

                              (1)

Donde: TSj, es el número total de socios jóvenes, es decir aquellos socios con una edad comprendida entre 15 y 30 años; y TS, es el número total de socios de la cooperativa.

2.   Índice de participación juvenil en la dirección de las cooperativas agropecuarias (Pjd): Este índice establece el grado de participación de los jóvenes en la dirección, es decir en la toma de decisiones estratégicas para la cooperativa y es igual a:

                            (2)

Donde: TSjd, es el número total de socios jóvenes que ocupan cargos administrativos; Tca, es el número total de cargos administrativos dentro de la estructura organizativa.

3.   Índice general de participación juvenil en cooperativas agropecuarias (IGpj): Integra los dos índices anteriores, brinda información general sobre el proceso de participación juvenil dentro de las cooperativas. Al comparar su valor con el valor de los dos índices que lo integran permite averiguar dónde resulta prioritario intervenir, ya sea en la incorporación de los jóvenes a las cooperativas o en la posibilidad de que ellos asuman cargos de dirección en dichas organizaciones.

                       (3)

Donde: Pjc y Pjd fueron definidos en las ecuaciones 1 y 2, y n representa el número de indicadores considerados dentro del índice global, para este caso se toma un valor de 2. En el caso de que se definieran nuevos índices específicos de participación y se decida incluirlos en el índice global su valor quedaría determinado por el número total de índices que ese mismo incluya.

 

Los índices definidos en las ecuaciones 1, 2 y 3 asumen valores de 0 y 1, representando el valor 1 el nivel máximo de participación juvenil en las cooperativas.

Mediante el análisis de estos tres índices se determinaron los niveles de participación juvenil a las cooperativas agropecuarias de Cifuentes (Tabla 1). El índice de participación juvenil en cooperativas agropecuarias (Pjc) representa el 10% en el municipio, dato que resulta bajo teniendo en cuenta que el 30% de la población en edad laboral es joven.

Este índice revela que la organización productiva más envejecida es la CCS Raúl Cepero, solo está vinculado el 1% de los jóvenes a ella (en otras palabras de un total de 98 socios solo uno es joven), la ausencia de relevo generacional a largo plazo constituye un obstáculo para su propia existencia, así como en los procesos de transferencia de conocimiento, y además la coloca en desventaja socio-productiva con respecto a las otras cooperativas.

El valor más alto del índice de Pjc (33%) se encontró en la CPA Bernardo Díaz, esto indica un balance apropiado en cuanto a la composición etaria de la fuerza laboral; obsérvese que coincide el valor del índice con la proporción de población joven del total de población en edad laboral del municipio. El equilibrio en la composición de la fuerza laboral posibilita los procesos de transferencia de conocimientos técnicos, prácticos y sobre la gestión cooperativa entre mayores, adultos y jóvenes.

Tabla. 1. Participación juvenil en cooperativas agropecuarias en el municipio Cifuentes (2017)

Entidad

Total Socios

Socios Jóvenes

Total de cargos administrativos

Jóvenes en cargos administrativos

Pjd

Pjc

IGPJ

CCS-El Vaquerito

201

27

5

4

0,80

0,13

0,47

CCS-David Pérez

241

43

5

3

0,60

0,18

0,39

CPA-Bernardo Díaz

43

14

5

1

0,20

0,33

0,26

CCS-26 de Julio

191

23

5

2

0,40

0,12

0,26

CCS-Ñico López

200

23

5

2

0,40

0,12

0,26

CCS-Rigoberto Caraballo

115

6

5

2

0,40

0,05

0,23

CPA-Sabino Pupo

69

9

5

1

0,20

0,13

0,17

CCS- Pedro Lantigua

195

18

5

1

0,20

0,09

0,15

CCS- José Machado

135

4

5

1

0,20

0,03

0,11

CCS-9 de abril

170

19

5

0

0

0,11

0,06

CCS-Jorge Montes

186

19

5

0

0

0,10

0,05

CCS-Filiberto González

124

11

5

0

0

0,09

0,04

CCS-Marcelo Salado

172

15

5

0

0

0,09

0,04

CCS-Julio A. Mella

95

8

5

0

0

0,08

0,04

CCS-Arturo Alba

107

8

5

0

0

0,07

0,04

CCS-Manuel Ascunce

91

6

5

0

0

0,07

0,03

CPA-Carlos Conquero

41

2

5

0

0

0,05

0,02

CCS-Rolando Morales

159

6

5

0

0

0,04

0,02

CCS-Raúl Cepero

98

1

5

0

0

0,01

0,01

Total municipio

2633

262

95

17

0,18

0,10

0,14

Fuente: Elaboración propia a partir de los Balances de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños

Existen tres CCS donde el índice de participación juvenil es similar, con un valor del 9%; esto significa que la proporción de jóvenes que trabajan en estas organizaciones es baja, generando un desbalance que dificulta sobre todo la transferencia intergeneracional de conocimientos técnicos y la disponibilidad de nueva fuerza laboral joven. Esta situación influye en la reproducción de los patrones socio-productivos tradicionales en las cooperativas agropecuarias y posiblemente altere la estabilidad organizativa interna en el medio-largo plazo.

Se considera que un valor apropiado del índice de participación juvenil debe ser aproximadamente igual a la fracción de jóvenes dentro de la población en edad laboral en las cooperativas agrarias.

Esto demuestra que para estimular la participación juvenil y por tanto el reemplazo de la fuerza laboral en la toma de decisiones socio-productivas es preferible que haya una presencia equilibrada de jóvenes y adultos en el sector agrario, con transferencias de conocimientos que incentiven las competencias laborales de cada nuevo socio en su desempeño como cooperativista. Por ejemplo, en el municipio de Cifuentes donde los jóvenes representan el 30% de la población activa, el índice de participación juvenil en las formas productivas debería estar alrededor de ese valor.

Por otra parte, tras haber determinado el Índice de participación juvenil en la dirección de las cooperativas agropecuarias (Pjd), con el cálculo de la participación de los jóvenes en la toma de decisiones, se estima que un valor apropiado de este índice es aquel que refleja una representatividad de los jóvenes en los puestos administrativos que sea proporcional a su participación en la cooperativa, de manera que los intereses de los jóvenes estén adecuadamente representados: en otras palabras, con un índice de participación juvenil igual al 30% sería apropiado un valor semejante en el índice de participación de los jóvenes en la dirección de la cooperativa. En todas las cooperativas del territorio estudiado el total de los cargos administrativos es de 5, pero este número puede variar de acuerdo a la decisión de la Asamblea General de cada cooperativa, las cuales ajustan autónomamente el número de cargos -presidente, vicepresidente, compradores, organizadores y económicas- de sus Juntas directivas (Ministerio de Justicia de la República de Cuba, 1982).

El mayor grado de participación juvenil en la dirección de las cooperativas se registra en la CCS El Vaquerito, con un 80%, y en la CCS David Pérez, con un 60%: en estos dos casos los jóvenes tienen mayores oportunidades de tomar decisiones, dando lugar a una mejor implicación de su parte en la gestión, funcionamiento y comercialización de sus respectivas organizaciones. Cabe señalar, que hay 10 cooperativas donde no hay jóvenes en la dirección porque los adultos y los mayores más veteranos son los únicos titulares del proceso directivo de la cooperativa. Estos resultados indican que en las cooperativas agrarias investigadas, aun con presencia de jóvenes, ellos están pocos representados en los cargos de dirección colocándose en una posición de desventaja relativa a la hora de intervenir en la toma de decisiones estratégicas dentro de las cooperativas. Tales circunstancias, restan efectividad a la implementación de las políticas agrarias vinculadas con la estabilidad juvenil en las cooperativas del territorio, por lo tanto es oportuno tenerlas bien en cuenta, si se fuera a revertir su posible ineficiencia e insostenibilidad.

Se computan 9 Cooperativas (2 CPA y 7 CCS) con un índice general de participación juvenil (IGpj) superior al 10%; de ellas las de mayor índice son dos CCS El Vaquerito y David Pérez con un 47% y 39% respectivamente como puede observarse en Figura 1, nótese por ejemplo como en el caso de la primera cooperativa el IGpj es deteriorado por el bajo índice de participación juvenil en la cooperativa, a pesar de que haya una alta participación juvenil en la dirección, queda claro entonces que es preciso priorizar acciones para la incorporación estable de los jóvenes en la cooperativa.

Figura. 1. Índices de participación juvenil en cooperativas agropecuarias de Cifuentes (2017).

Fuente: Elaboración propia a partir de los índices de participación juvenil en cooperativas agropecuarias (2017)

Empleando los tres índices de participación antes mencionados se puede observar el balance etario de la organización productiva y establecer planes de intervención para corregirlo, donde procede. Las cooperativas necesitan de un balance etario adecuado en su composición general y en el reparto de los cargos de dirección que transforme estilos obsoletos de dirección en estrategias de gestión que generen mejoras socio-productivas. Este es un asunto crucial para que la organización exista, se mantenga, se actualice y adecue a los retos que tenga que enfrentar. Por todo lo anterior se puede afirmar que el refuerzo de la participación juvenil en cooperativas es estratégicamente determinante, aún más si se aprovechan las potencialidades y el aporte que estos jóvenes, como capital humano competente, podrían proporcionar al desarrollo rural de su territorio.

3.1. Construyendo el porvenir apoyándose en el presente. Los jóvenes de las cooperativas agrarias en Cifuentes, Cuba

Las principales características de los jóvenes rurales asociados a las cooperativas agropecuarias de Cifuentes identificadas gracias a la encuesta realizada son: 1) prefieren realizar actividades productivas junto a  sus coetáneos, más que con integrantes de otras edades; 2) declaran no sentirse incentivados a ocupar cargos administrativos, como muestra de esto  se ha comprobado que diez cooperativas no tienen jóvenes en sus niveles directivos (de ellas 9 son CCS y 1 es CPA); 3) las principales motivaciones para su participación en las cooperativas son socio-económicas y familiares, por su vinculación directa con la herencia de sus padres o ancestros en este sector como ocupación principal para subsistir y reforzar el arraigo identitario; 4) poseen competencias y conocimientos adecuados sobre la actividad que realizan, eso significa que están plenamente preparados para impulsar la producción de alimentos en su territorio. Sin embargo, los jóvenes encuestados no incluyen la permanencia en la cooperativa como proyecto personal preferente para el futuro próximo, más bien esperan conseguir una movilidad social ascendente hacia otros sectores productivos, incluso si esto les supusiera mudarse a otros lugares, dentro o fuera de la isla.

Estas características coinciden en general con aquellas ya identificadas por el Grupo de Estudios sobre Juventud y el equipo de Estructura Social, ambos del Centro de Psicología y Sociología (CIPS), para los jóvenes rurales cubanos a finales de los años noventa del siglo pasado, y también con los hallazgos encontrados por el Equipo de Estudios Rurales de la Universidad de la Habana (Domínguez y Castilla, 2011; Espina, Martin y Nuñez, 1999; Rojas 2011) lo que indica la reproducción, y en cierta medida también la intensificación, de la escasa permanencia juvenil en las áreas rurales como una constante en las últimas décadas.

Finalmente, cabe añadir cuatro limitaciones en los procesos participativos de los jóvenes rurales de Cifuentes: 1) la escasa participación en la planificación de estrategias socio-productivas que son esenciales en sus cooperativas; 2) la baja representatividad juvenil en los cargos de dirección dentro de las estructuras cooperativas; 3) los limitados incentivos económicos por las labores que realizan, y 4) la existencia, más o menos explícita, de faltas procedimentales en el desempeño laboral de los jóvenes en comparación con los compañeros mayores, dentro de las mismas organizaciones productivas, y en relación con las oportunidades de conseguir mejores resultados productivos. Todo ello da lugar a una sensible reducción de la motivación de los jóvenes para comprometerse en la producción y apostar por una permanencia duradera en las cooperativas agrarias.

La evidencia empírica recopilada indica la necesidad de potenciar el cooperativismo agropecuario y el vínculo de los jóvenes con organizaciones gubernamentales colectivas dada la importancia de las alianzas para la innovación y el desarrollo rural. Para lograr este objetivo no se trata únicamente de sensibilizar a los miembros más jóvenes sobre la importancia de su participación e implicación activa en las tareas productivas y en el ordenamiento de las cooperativas, también se precisa apoyar sus proyectos futuros en la ruralidad a través de un relevo generacional adecuado en la organización y en la estructura decisional de las cooperativas.

En la medida en que los jóvenes participan en la cooperativa, ellos van asumiendo nuevas creencias, hábitos, valores y actitudes. En ocasiones las nuevas generaciones, insertadas y motivadas, retoman las formas tradicionales de participación y organización, pero también su participación activa puede ser una herramienta significativa para lograr avances y una adecuación progresiva hacía las obligaciones y los nuevos desafíos en sus respectivas cooperativas, desde la autogestión y el cierre del ciclo productivo. Con esta dinámica las cooperativas agrarias pueden apostar concretamente por su continuidad y sostenibilidad, haciendo real su misión como agentes socio-económicos de desarrollo rural y de participación ciudadana.

3.2. Fortalezas, debilidades y oportunidades para la participación juvenil en el cooperativismo agrario

Con los resultados del trabajo de campo realizado se identificaron las fortalezas, las debilidades y las oportunidades económicas, productivas, sociales y culturales para la participación juvenil en las cooperativas agropecuarias.

En cuanto a las fortalezas se destacan: la formación y experiencia del capital humano disponible; los fuertes vínculos formales entre el gobierno local y las instituciones municipales; la prioritaria voluntad política del gobierno en función de la gestión del desarrollo integral del territorio, así como una buena calidad de los servicios de salud y de los centros educativos en el ámbito rural.

Las principales debilidades encontradas han sido: la baja disponibilidad de transporte público, por el desperfecto del parque tecnológico disponible; el inadecuado manejo de la tierra para incrementar la cobertura boscosa y la producción de alimentos; el insuficiente aprovechamiento de árboles y arbustos frutales en su doble condición de reguladores del clima y fuentes de alimentos; el deterioro del 60% del fondo habitacional desde el 2015 hasta la actualidad; la débil actuación de los directivos de las instituciones radicadas en el municipio para la gestión de proyectos integrados de ciencia, innovación, medio ambiente y desarrollo; la baja motivación de los jóvenes por la actividad que realizan en las cooperativas agropecuarias y la limitada vocación declarada para emplearse en este sector de forma estable.

Se señalaron también las siguientes oportunidades de mejora: la existencia de fuentes de agua subterránea y superficial que pueden emplearse para el fomento de las actividades agrícolas y pecuarias; la disponibilidad de capital humano para incrementar el trabajo comunitario, tanto en la dimensión socio-cultural como en la ambiental del municipio; la disponibilidad de tierras útiles para incrementar la cobertura boscosa del territorio; las nuevas leyes asociadas a los trámites de traspaso de propiedad y reparación de viviendas; y la existencia de fuentes de energía renovable (bioenergía y eólica).

4. Acciones que contribuyen al Desarrollo rural gracias a la participación juvenil

Para motivar a los jóvenes rurales a vincularse y a continuar en las labores agrícolas como modo de vida, sería oportuno ir más allá de la posible consecución de un empleo fijo y de una vivienda propia: deberían satisfacerse sus expectativas de bienestar que incluyen lo económico y lo productivo, como también lo identitario y personal, reforzando la cultura cooperativa para impulsar el desarrollo rural al mismo tiempo que se les ofrezcan perspectivas convenientes para sus transiciones a la vida adulta.

Las estrategias para la participación juvenil deben orientarse también a la cultura organizacional en las cooperativas (Ortiz, Jiménez y Martí, 2008) como pieza básica de su estructura. El objetivo es mejorar los resultados esperados a nivel social (integración, cohesión y activación ciudadana), individual (emancipación adulta y proyectos biográficos satisfactorios) y productivo (mejor aprovechamiento de los recursos locales, humanos y naturales), con vista a una mayor permanencia juvenil en las cooperativas agrarias, siempre y cuando se logren socializar desde el dialogo entre generaciones los conocimientos, los principios y las técnicas que rigen estas organizaciones.

Los índices de participación juvenil constituyen una herramienta de apoyo a las administraciones locales para repensar y reformular la ubicación socio-estructural de la juventud como actor fundamental en el sector agrícola. Asimismo, permiten plantear políticas públicas que incentiven la participación estable de este segmento poblacional en el ámbito rural.

A partir de los hallazgos de esta investigación, se proponen algunas acciones a considerar en la planificación territorial para gestionar el desarrollo rural de Cuba, tomando como referencia nuestro caso de estudio. Estas persiguen añadir a las políticas sectoriales aspectos ligados a las idiosincrasias locales, como por ejemplo la estructura etaria de la población activa y la incorporación y permanencia juvenil en las cooperativas agropecuarias. Tales ejemplos pueden abordarse a través de los índices de participación juvenil propuestos y así reforzar nuevos enfoques estratégicos a nivel institucional para lograr el desarrollo del territorio en cuestión.

La política local podría derivar en acciones que diversifiquen a los beneficiarios de las organizaciones productivas, con especial atención hacia los jóvenes; también se podría fomentar la vinculación juvenil a proyectos de colaboración internacional, como el Proyecto de Innovación Agropecuaria Local (PIAL) y Agro Cadena, lo que constituye un incentivo novedoso para su participación.

La cultura organizacional orientada al gobierno cooperativo, a las normas y a los resultados es otro eje central en el crecimiento de la participación juvenil para que no se infrautilicen las potencialidades humanas, técnicas y medio-ambientales en el contexto rural. Las capacitaciones[11] a los cooperativistas, a los actores de las instituciones locales y a los gobiernos municipales son estratégicas para el desarrollo rural, por tanto, con el objetivo de estimular tales cambios y establecer una guía operativa, se ofrecen algunas propuestas de acciones a seguir:

            Promover acciones formativas con un enfoque participativo para fomentar la cultura cooperativa como eje clave a la hora de atraer, implicar y asentar a la juventud en el medio rural.

            Crear alternativas atractivas para garantizar la incorporación y la permanencia juvenil en el sector cooperativo de manera que este se fortalezca, especialmente con la garantía de un remplazo generacional de la fuerza de trabajo disponible.

            Generar información sobre la participación juvenil en cooperativas agropecuarias empleando los índices de participación juvenil propuestos en esta investigación, como unas herramientas para la toma de decisiones gubernamentales en función de la incorporación de los menores de 30 años de edad al desarrollo rural.

            Incentivar la introducción de nuevas tecnologías con la participación de los jóvenes en los procesos de transferencia tecnológica, lo cual generalmente constituye un incentivo que puede asociarse también a la superación personal y a la creación de nuevas fuentes de empleo.

            Promover redes locales de aprendizaje inter-generacional, con la participación de socios procedentes de varias cooperativas donde se promuevan la cooperación, la interacción y el intercambio entre personas de distintas edades para compartir sus saberes de manera abierta y cercana.

            Poner en común los valores y los principios del cooperativismo agrario mediante la divulgación de informaciones que fortalezcan la identidad cooperativa, de manera que se incentive también a la juventud en su proceso de auto-reconocimiento y afiliación a estas organizaciones.

5. Conclusiones

Este artículo aporta evidencia empírica contrastada para formular propuestas que potencien la actuación de los jóvenes rurales competentes y con derechos. Se pretende, pues, favorecer el desarrollo rural mediante acciones que impulsen la participación juvenil en las cooperativas agrarias.

Las acciones que contribuyen al desarrollo rural a través de una mayor y mejor participación juvenil han estado dirigidas a identificar las estrategias de trabajo en equipo, la permanencia de los jóvenes rurales en las cooperativas y la importancia de los índices empleados para la formulación de políticas locales.

Ahora bien, la investigación señala unas debilidades en el municipio Cifuentes de la provincia de Villa Clara en cuanto al aporte que los jóvenes pueden efectivamente proporcionar. De esta manera resulta complicado comprender sus propuestas para intentar modernizar tales estructuras con cambios socio-productivos trascendentes (Hernández y Martínez, 2017). Después de haber analizado la participación de los jóvenes entre 15 y 30 años asociados a las cooperativas investigadas ha sido posible identificar los factores que dificultan su contribución en la toma de decisiones, en el desarrollo socio-productivo y en la gestión de las cooperativas agropecuarias del municipio. En consecuencia, su incorporación a estas cooperativas se ve debilitada y, en parte, frustrada.

En primer lugar, se señala la carencia de estrategias sobre la base de trabajo en equipo. En particular, la distribución de las responsabilidades y la delegación de tareas son insuficientes mientras que las acciones coordinadas para gestionar de manera más eficiente los recursos, los conocimientos y las capacidades tienen mayor efectividad. Las tensiones inter-generacionales, entendidas como desencuentro entre una perspectiva adultocéntrica tradicional por parte de los socios veteranos y las demandas de mayor protagonismo por parte de los más jóvenes, afectan negativamente a la posibilidad de contar con vocaciones compartidas y con intereses comunes. Al revés, a menudo en el desempeño laboral de las organizaciones productivas priman los intereses individuales sobre los colectivos, en consecuencia, las cooperativas se encuentran limitadas a la hora de desplegar eficazmente su funcionamiento y su capacidad identitaria e integradora. Estas dificultades emergen más claramente cuando se analizan las motivaciones de los jóvenes por la labor que realizan, las cuales son en su mayoría bajas, igual que sus perspectivas de futuro en las cooperativas agropecuarias.

Entre los elementos que más podrían contribuir a la permanencia de los jóvenes en estas cooperativas están: la implantación de incentivos morales y económicos para ellos en función de los resultados productivos alcanzados; la promoción de sus capacidades técnico-prácticas con la introducción de nuevas tecnologías en el proceso productivo; el acceso a beneficios que en la actualidad se conceden mayoritariamente a socios con trayectorias productivas exitosas; la oportunidad de priorizar a los jóvenes en las políticas del Ministerio de la Agricultura del Gobierno de Cuba y de los gobiernos locales a la hora de incorporarles en proyectos de colaboración a nivel internacional y nacional.

Los tres índices utilizados en este estudio para conocer la participación juvenil ayudan a determinar la incorporación de los jóvenes a las cooperativas agropecuarias y, dentro de ellas, su participación en la toma de decisiones por su posicionamiento en la estructura de cada cooperativa. Dependiendo de los niveles de participación juvenil es posible calibrar mejor las políticas públicas necesarias para aupar sus acciones y sus criterios en el desarrollo de estas organizaciones, y por ende del municipio de pertenencia, así como hacer un seguimiento de las estrategias ya implementadas para favorecer relaciones solidarias desde una perspectiva inter-generacional.

Se ha aclarado largamente que el vínculo entre cooperativismo y participación juvenil es central para estimular el desarrollo rural sostenible, inclusivo y participativo, y esto vale también para el caso de Cifuentes. Gracias al presente estudio se conoce que uno de los retos principales del cooperativismo agrario, como vía preferente para el desarrollo rural, es perseguir un mayor protagonismo de los jóvenes e impulsar su gradual, pero tangible, asunción de responsabilidades directivas en las cooperativas agropecuarias. Las políticas públicas orientadas a la planificación territorial y al fomento de la economía nacional y regional, así como la cultura organizacional y las estrategias de funcionamiento de estas cooperativas, no pueden obviar tales retos, todavía pendientes, porque de su resolución depende la sostenibilidad productiva y alimentaria rural, además de la cohesión social en el medio y largo plazo en Cuba.

http://dx.doi.org/10.5209/rev_REVE.2012.v18.39588    

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[1]      Universidad “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba.

       Dirección de correo electrónico: ahveitia@gmail.com.

[2]      Universidad de Zaragoza, España.

       Dirección de correo electrónico: agentile@unizar.es.

[3]      Universidad “Marta Abreu” de Las Villas, Cuba.

       Dirección de correo electrónico: idalbertoh@gmail.com.

[4]        Cuenta con 183 centenarios entre las más de 182 380 personas que en ese territorio superan los sesenta años de edad, el 23.5 % de la población total.

[5]      Según los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido en Cuba.

[6]      El proceso de entrega de tierras en  usufructo se fortaleció en el 2008 lo que posibilita solicitar tierras y aumentar el periodo de tenencia de las mismas.

[7]      Entre ellas están las nuevas pesas digitales, laboratorios, sistemas de protección contra incendios y áreas fitosanitarias.

[8]      Elemento esencial para la planificación y gestión a nivel territorial del desarrollo local.

[9]      Plan para estimular el uso de las capacidades locales para sustituir importaciones y el encadenamiento productivo local.

[10]     Es una herramienta técnica que poseen los municipios para planificar y ordenar su territorio.

[11]     Adiestramientos que a su vez incluyen ciclos de formación continua.