22 de enero del 2001

Vázquez Montalbán: Caciques, obstáculo para los Acuerdos de San Andrés


José Alberto Castro - Proceso

Guadalajara, Jal.- El creador del detective Pepe Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán, no quiere pasar por alto la "abstracta" declaración del ahora expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León recogida en Proceso, en la que aventuró: "México fue un conejillo de indias de la globalización." Con su más reciente novela bajo el brazo, El hombre de mi vida, escoge las palabras que den una justa idea a su desacuerdo:

"Es trasladarle a la globalización la responsabilidad que, en buena medida, también fue del PRI. En el pasado, el PRI mantenía una propuesta ambigua, confusa, en la que no se había calificado o decantado como neoliberal. Sin embargo, a partir del gobierno de Salinas ese sentido se le da completamente. Él cambió los contenidos del PRI y desterró la veta populista y se optó por una salida que puso en tensión a toda una sociedad. Al acelerar ese ritmo con la supuesta modernización por medio de los acuerdos comerciales con Canadá y Estados Unidos, se presumió la entrada de México al primer mundo. No obstante, la réplica del zapatismo recordó las condiciones objetivas, para señalar: aquí tenemos millones de indígenas y de pobres sumidos en la pobreza extrema."

El autor de Marcos: el señor de los espejos, airado, medita sobre lo asentado por el último presidente de la era del PRI y arremete:

"Ante eso, pasarlo al terreno de lo abstracto de que México ha sido conejillo de indias de la globalización suena exculpatorio. ¿Qué es, entonces, la globalización? Si consideramos que es un acuerdo interactivo en el cual los poderes establecidos de cada nación tienen una responsabilidad, por qué adoptan una política en un sentido o en el otro. Por eso me parece una declaración absurda que sólo tiene un sentido positivo porque admite que es un problema abierto y no cerrado."

De modo simultáneo al rompimiento del silencio por parte del subcomandante Marcos en la prensa escrita, el jueves pasado, Vázquez Montalbán vislumbra tres posibilidades para el conflicto enclavado en los Altos de Chiapas:

"Una podría ser continuar este juego de acoso para que se cansen todos, el progresivo desgaste de las fuerzas, la estrategia que adoptó el PRI. Una segunda opción sería la de cumplir los Acuerdos de San Andrés, eso plantearía el problema de cómo aplicarlos y abriría la vía de una solución pacífica. Luego, está la tentación de machacar, desatar la represión del Estado para demostrar que se tiene el monopolio de la violencia. De las tres, me parece que la segunda es la elegible. Respetar los Acuerdos de San Andrés implicaría plantearse de qué manera las peticiones y el grado de soberanía que ello conlleva para el mundo indígena se cumplirían, porque además se van a aplicar en un territorio donde siguen privando hábitos de la práctica caciquil, y donde sigue una correlación de fuerzas, adversa a los indígenas."

Dueño de un registro literario que va desde libros de poemas, novelas, ensayos, letras de canciones y obras de teatro, ubica al PAN y al presidente Vicente Fox en la etapa dulce del poder y con la carta de poderle atribuir toda la responsabilidad del reclamo chiapaneco al PRI. Pero de inmediato suelta:

"Espero que el PAN y Fox no se contagien y sigan la línea del PRI, pues eso me parecería un error."

Balcanización

Vázquez Montalbán ha sido uno de los escritores ibéricos invitados a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2000, dedicada a España. Aquí fue protagonista de una historia paradójica, pues al encuentro librero también fue convocado el actual ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, cargo que de-sempeña desde 1997. Precisamente se le cuestionó por qué a la isla puede ingresar Vázquez Montalbán pero no así su libro, Y Dios entró en La Habana. La explicación fue negada por el funcionario cubano, quien se limitó a señalar que habría que revisarlo. En cambio, el escritor originario de Barcelona sólo mostró un rostro irónico cuando se enteró de la actitud esquiva del autor caribeño de El vuelo del gato.

Fiel observador del llamado México profundo, se le inquiere acerca de una posible oportunidad política para el neozapatismo y de si éste, en verdad, reúne las condiciones necesarias para sumarse a la vida regida por la ley:

"De hecho ya existe un movimiento zapatista político. Aunque ahora no mantengo una intensa comunicación con ellos, sé que tienen claro que han de permanecer como un instrumento de presión sobre la sociedad civil, pero aún no está claro cómo, mediante qué formato. Si el formato será un partido político o una asociación civil. Recordemos que el origen del zapatismo fue una rebelión indígena, por lo tanto lo primero que deben obtener es una compensación a las peticiones que hicieron. Ellos son, hasta ahora, la metáfora de la antiglobalización. Pero en el futuro, deben obtener una serie de cosas que exigieron al Estado. Por todo eso no sé a dónde van a parar. También dependerá de si hay o no acuerdo con Fox y el PAN, y hasta qué punto habrá una disciplina por parte del nuevo gobierno para imponer las soluciones democráticas por encima del perfil social opuesto al zapatismo. Esas medidas representarían una capacidad de intervención de los zapatistas en la producción y en la organización de la sociedad; sin embargo, a esto se oponen los sectores del caciquismo, que no estarán dispuestos a aceptarlo."

De 61 años de edad (cuando ha obtenido los premios Nacional de las Letras o el Europeo, por su novela Galíndez, y cuando le faltan el Cervantes o el Nobel, explica que todavía le quedan 10 años de aspirante), retoma la controversia respecto de la autonomía desatada luego de la irrupción de los zapatistas chiapanecos en 1994:

"México es un Estado federal, el marco federal ya lo cumple como principio genérico, entonces se tendría que entender qué grado de soberanía implica esa autonomía. Recuerdo haberlo hablado con Carlos Fuentes cuando yo escribía mi libro sobre Cuba, y él me reclamó que respecto a Chiapas usara la palabra "balcanización", por lo que él supone que de entregarle la soberanía a los pueblos indígenas se daría la balcanización de la vida mexicana. No estoy de acuerdo, porque los elementos objetivos de la balcanización ya existen en el grado de independencia y soberanía que tienen los poderes fácticos de los propietarios y terratenientes en muchos lugares del estado de Chiapas. Además, las constituciones existen para crear un sistema arbitral, y si ahora eso ha de pasar por una reforma que implique el obtener un estatuto diferencial para determinados sectores, no va a pasar absolutamente nada. La reivindicación que hicieron los indígenas repetidamente era que querían ser por fin mexicanos, no plantearon el establecer un Estado indígena aparte. En el inicio del largo debate, a cierto sector del gobierno le iba bien el fantasma de la fragmentación y el fantasma de secesión como un peligro para la destrucción del imaginario de México."

—¿El discurso de Marcos ha caído en un descrédito?

—Sigue teniendo el mismo valor de interlocución, no sé cuál es su grado real de poder. El hecho de haberse situado como subcomandante y decir que los comandantes son los otros, no sé si es un rasgo de camuflage o si en realidad es la verdad. Su presencia ha sido espectacular, lo mismo cuando ha callado y cuando ha hablado, parte del éxito de la operación se debe a eso, más que a los fusiles. Porque ha creado una expectación tremenda en torno de ese instrumento mediático que llamamos subcomandante Marcos. Si se soluciona esto, el problema será en cómo se reconvierte esta figura, a qué da lugar. Ahí caben todo tipo de posibilidades. Depende de Fox y el panismo el que Marcos pueda recuperar una vida civil como presunto escritor o aspirante a líder social o lo que quiera, o bien continuar esta vida sumergida de guerrillero mediático. Son posibilidades abiertas y no me atrevo a aventurar nada."

—Sin embargo, ¿el desgaste impuesto por Zedillo acotó la capacidad de convocatoria de Marcos?

—Sí, cortó las alas del mito. Empero, continúa habiendo un crédito concedido a esa figura y a esa capacidad y cultura de resistencia de ese movimiento que no se ha aminorado. No está presente en el mercado comunicacional todos los días, pero en el momento que quisiera volver a reemerger se convertiría en mercancía informativa de primera página, por más que se haya debilitado, anquilosado; porque todo mundo sabe que es una cuestión previa a solucionar y que está ahí, y de ella no se habla, se oculta. Además, todos sabemos que la estrategia fundamental del poder mediático actual es la ocultación, es decir, lo que se considera informativamente incorrecto, se oculta. Y sólo emerge cuando informativamente es inevitable. El actual gobierno debe tener una estrategia muy cuidadosa para levantar el cerco que ha tendido el Ejército Mexicano alrededor de los zapatistas, pues fue una trampa en la que el mismo Ejército también es rehén de los zapatistas.

—El expresidente Zedillo se ha aferrado a la globalización y nunca ha admitido las advertencias de los tildados por él como globafóbicos. ¿Acaso la pobreza de México no pone en entredicho a este proceso mundial?

—La globalización es un proceso que vivimos ya, estar en su contra es como decir que se retire el aire. Está ahí. Lo que sí está en total discusión es cómo se organiza eso, por cuanto crea una relación dialéctica entre el que globaliza y el globalizado y la razón del globalizado no es la misma que la del globalizador. ¿Qué ocurre entonces? Que los poderes establecidos son cómplices de los señores de la globalización. Para formar un frente cuestionador de las reglas del juego del libre comercio internacional, de la organización de mercados, de la utilización de los medios comunicacionales, tendría que haber una oposición de fuerza de los globalizados frente a los globalizadores. Esa oposición sólo la pueden hacer los grupos contestatarios cuando objetivamente muchos Estados deberían tomar esa posición, porque se está jugando ahí el futuro de toda una comunidad, en los espacios del mercado y cómo se inserta el aparato productivo de un país en vías desarrollo dentro de una economía mundial ya trabada. México está llamado a oponerse a esa globalización porque su proyecto de modernización ha fracasado. Lo que yo preveo que sería interesante, consistiría en el surgimiento de un movimiento de los países no alineados. En este movimiento se tiene que tener un carácter de enfrentamiento a las condiciones de la globalización. Eso podría ser parte de una especie de revolución cultural de los pueblos en vías de de-sarrollo. Ahora bien, lo veo difícil porque los capataces de cada uno de estos pueblos son fieles a la lógica del sistema.

—El cambio político en México tan esperado por sectores democráticos y de la izquierda cayó en las manos del PAN y Fox. ¿Qué fue lo que falló?

—El responsable de este inédito resultado es el PRI, por su manera de ejercer el poder, de crear una red clientelar que le ha permitido instalarse en la sociedad con un mensaje ambiguo y, a veces, contradictorio, y haber dejado que el PRI se pudriera sin haber aprovechado una oportunidad de regeneración y de replantearse. Al ser un partido de aluvión de intereses creados y de sectores que buscaban su propio provecho a través de la militancia política o control político, tenía un lío interno mayúsculo en cuanto a una posible lectura política unificada, interior. Claro, ahora se puede dar la contradicción de una alianza entre el PRI y los cardenistas para hacer frente a una política de derechas del PAN. Pero, antes que nada, se debe dar la unidad del PRI, porque hasta ahora sólo ha sido un movimiento de complicidades, con una carga populista por una parte y por otra con elementos de una política caciquil total con una capacidad de instalación y de asfixia de las iniciativas de la sociedad civil prácticamente totales. Con una desvirtuación de lo que significaban los movimientos sociales que podían controlar, o el mundo de la cultura o el de la comunicación, en fin, una asfixia total de la capacidad de movilidad de la sociedad. Por eso sostengo que el PRI tiene una gran responsabilidad de lo que ha ocurrido.

Vázquez Moltalbán anticipa que por un largo tiempo dejará descansar a Pepe Carvalho; por ello, se dedicará en cuerpo y alma a la escritura de una novela inspirada en la literatura románica sobre la materia de Bretaña, es decir, el ciclo de historias centradas en el rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, y en ella por medio de un profesor universitario introducirá el tema de la violencia, flagelo de las urbes modernas.

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