28 de junio de 2000
Socialismo

Charles-André Udry
Viento Sur

1. La desilusión ha golpeado a una parte muy mayoritaria de las fuerzas que se definen de izquierda en el tablero político. Ciertamente, esta postura reivindicada de izquierda no equivale a una orientación teórica, política y, menos aún, a una praxis anticapitalista. En ella, la perspectiva del socialismo ha desaparecido del horizonte. A partir de ahí, la práctica cotidiana de los y las militantes en los sindicatos, los diversos movimientos sociales así como los debates políticostienden a situarse bajo el dominio de una ideología que propone la armonización posible de las contradicciones sociales que operan en la sociedad capitalista, con el aditamento mayor o menor, de "justicia social" y de "garantías democráticas". Tomando a contrapié "a militantes de izquierda que, en su gran mayoría, se siguen considerando de izquierdas", Bourdieu y Wacquant no dudan en desmontar la lógica de su adopción y adaptación de/al "nuevo lenguaje" (exclusión, minoría, multiculturalismo, etc), y afirman que las desigualdades sociales... "son el resultado de políticas internas que reflejan el cambio de las relaciones de clase a favor de los propietarios del capital" /1. Bourdieu y Wacquant parecen poner el antagonismo Capital-Trabajo en el centro. Prueba de que la sociedad tiene sentido, en la medida en que es inteligible.

2. Si la desilusión para estos militantes significa la pérdida de ilusiones, una interpretación errónea del objeto de todos sus deseos (pasados) de cambio, tanto mejor. Si remite a una pérdida de comprensión del posible, y por tanto del necesario, cambio radical (en la raíz) de la organización social de conjunto, esa desilusión significa sencillamente que ajustan sus prácticas y sus ambiciones a lo que el Capital y su Estado consideran aceptable, y consiguientemente a todo lo que ese mismo Capital considera inaceptable: desde una Seguridad Social auténtica hasta la planificación a largo plazo del uso de los recursos naturales. Para adornar este pretendido realismo, que es una genuflexión ante el capitalismo realmente existente, pueden hacer gala de un pesimismo refinado sobre la "situación del mundo". En última instancia, tal actitud intelectual se acerca a lo que Voltaire denunciaba en su prefacio al "Desastre de Lisboa" (con ocasión del terremoto de 1755): "Decir que todo está bien, tomado en un sentido absoluto y sin la esperanza de un futuro, no es más que un insulto a los dolores de nuestra vida", a la "miseria del mundo" analizada por el equipo de Pierre Bourdieu /2, a los sufrimientos socialmente "inútiles" provocados por el capitalismo. Ayer y hoy, son numerosos los que, amarrados a derecha o flotando en el centro-izquierda (e incluso un poco más a la izquierda), se complementan para embarullar aún más las ideas de las antiguas generaciones y ofuscar la vista de las nuevas a fin de impedirles que miren de frente la historia del socialismo, del comunismo. Lewis Carrol supo desvelar los artificios del lenguaje en "Alicia a través del espejo": "Cuando yo uso una palabra, dijo Zanco Panco con un tono de voz más bien desdeñoso, quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más, ni menos. -La cuestión, insistió Alicia, es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. -La cuestión es, zanjó Zanco Panco- es saber quien es el que manda...eso es todo". Burguesías y burocracias encontraron un terreno de entente para hacer expresar a los términos socialismo y comunismo lo contrario de lo que significaban para sus defensores. León Trotsky, en la introducción -inacabada, pues el autor fue alcanzado por un golpe mortal- de su "Stalin", escribía: "Hay períodos en los que las contradicciones sociales se hacen excepcionalmente vivas, cuando la mentira se eleva por encima de la media, cuando la mentira se convierte en una característica de la intensidad mismade las contradicciones sociales" /3.

3.- La "mentira desconcertante" como la denominaba Anton Ciliga, intentaba e intenta enterrar las ideas de los marxistas revolucionarios (las reflexiones vivas y contrastadas). En efecto, éstas pueden servir (como al comienzo de los años 20) para comprender: el sentido de una revolución (Octubre de 1917) que acaba en una contrarrevolución, dramática, y también el no sentido de la "normalización del ser social" (O.Ruhle), que suscitó sin embargo la admiración de pensadores ilustrados, siempre atraídos por el poder que maravillaba introduciendo la contrarrevolución dentro de los nombres de la revolución. Hoy, solo los chusqueros de la "democracia del capital", acompañados por los alabarderos de la izquierda renovada y arrepentida, están habilitados para mentir dos veces: sobre lo que era el socialismo (de hecho, realmente inexistente y nombrado así por antifrase) y sobre las razones (de hecho una sola: fuera del capitalismo no contemplan salvación...¡para ellos!) por las que el socialismo y comunismo no serían más que sinónimos de las tinieblas absolutas. En nuestro tiempo, una reflexión sobre el socialismo y el comunismo no puede emprenderse sin, previamente, denunciar esta tarea sistemática de descalificación del pensamiento de quienes, en nombre del socialismo y del comunismo, analizaban y rechazaban, a la vez, el despotismo mezquino de un sistema que proclama abiertamente el beneficio como su objetivo supremo y el poder dictatorial de las burocracias. Estas últimas revelan, hoy, bajo la forma mafiosa de los Putin de todo tipo, un rasgo fuerte de sus funciones pasadas.

Este combate por anular ideas no es más que la prolongación de una lucha de clases llevada, de forma multiforme, contra los brotes emancipatorios -por modestos que sean- de los asalariados y asalariadas a escala internacional, tanto ayer como hoy. Cuando el retrato de Albert Einstein es un apreciado soporte publicitario (¡como el de Marx!), resulta casi imposible encontrar uno de sus textos políticos más interesantes, titulado: "¿Por qué el socialismo?". En él afirmaba: "Una competencia desenfrenada conduce a un amplio derroche del trabajo y a deformar la conciencia social de los individuos ...". Luego, Albert Einstein subrayaba la necesidad de ajustar la producción a las necesidades de la colectividad, con el objetivo de asegurar una "garantía a cada hombre, a cada mujer, a cada niño" de empleo, de acceso a la salud y la educación. Esta última debía oponerse a todo lo que pueda "glorificar el poder". Y acababa así: "Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es aún el socialismo. Una economía planificada como tal puede estar acompañada por la esclavitud completa del individuo. La realización del socialismo necesita la solución de algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, en la perspectiva de una grandísima centralización del poder político y económico, impedir que la burocracia se convierta en todopoderosa y desmesurada (arrogante, presuntuosa, impertinente)? ¿Cómo pueden ser protegidos los derechos de los individuos y con ello asegurar un contrapoder democrático frente al poder de la burocracia?" /4. Einstein desvelaba, ya entonces, algunos puntos cruciales.

4. Socialismo y comunismo son objetos identificados, tanto en las aspiraciones de las masas a la justicia y a la igualdad, traducidas en luchas incluso parciales y aún más en movilizaciones de envergadura, como en los numerosos escritos de Marx y de quienes, creativamente, han activado un pensamiento crítico. Por ello socialismo y comunismo deben ser declarados objetos perdidos. La fuerza simbólica de los discursos puede lograr que, al menos momentáneamente, unos objetos existan o desaparezcan. Este escamoteo es tanto más necesario cuando el parcheo de un sistema roído es presentado como un mundo que cambia de base: la "nueva economía" y la "democracia.com".

Objetos identificados también porque se anclan en dos elementos de la sociedad capitalista: "en su tendencia, es decir la tensión de lo que ha caducado y de lo que tiene dificultades para surgir ; en su latencia, que es el correlato de las posibilidades objetivas-reales no aún realizadas en el mundo" /5, todo ello aplicado al más amplio campo social.

A continuación se plantea una objeción para prohibir el inicio de una reflexión basada en esta unidad del conocimiento de los procesos socioeconómicos, culturales y de la esperanza. Remite a un pesimismo antropológico, apoyado en una lectura lineal del siglo, en el que las derrotas de los explotados/as y de los oprimidos/as son registradas como "simples sucesos".

Así, un intelectual socialista revolucionario como Ralph Miliband se ha visto obligado en su última obra, "Socialism for a Sceptical Age" /6, a argumentar contra el "conservadurismo epistémológico" de la izquierda, cultivado anteriormente por la derecha, y contra el "pesimismo antropológico". Un pesimismo alimentado por una antropología especulativa que niega el carácter histórico mismo de la naturaleza humana como categoría.

De forma social y políticamente interesada, son numerosos los cómplices que viven del y en el centro-izquierda, que transfieren de forma fraudulentamente rápida contribuciones científicas en su vademécum político, a fin de presentar las formas contemporáneas de las relaciones sociales, al menos las que se imponen a la vista, como la traducción de las leyes últimas de la historia o de un fin de la historia, lo cual sirve de justificación para su dimisión política.

En el campo contrario, son numerosos los trabajos que, más allá de sus divergencias, consideran la naturaleza humana como una totalidad de elementos relativamente constantes, que se condicionan mutuamente, y de elementos variables que traducen de forma mediatizada las relaciones sociales en sus dinámicas históricas, sobre las que y en las que los seres humanos actúan.

La naturaleza humana es entonces comprendida como un campo complejo de atributos y de potencialidades contradictorias, en un período histórico dado. La activación de estas potencialidades remite a los múltiples parámetros de la realidad social, así como a los resultados de enfrentamientos sociales y a las opciones tanto políticas como éticas que se afirman en estos contextos /7. No hay obstáculo antropológico para una sociedad liberada de la explotación de clase y de todas sus manifestaciones.

Entre ellas, hay que mencionar la subsunción real del trabajo que conduce a que las formas de cooperación del trabajo más desarrolladas por el serhumano (socialización del trabajo) no son utilizadas por los seres humanos, sino, al contrario, utilizan a los seres humanos de forma cada vez más tiránica a escala planetaria (dictadura del tiempo en una situación de competencia en tiempo real). El capital, aunque producido y constantemente reproducido por el trabajo, se convierte él mismo en un "sujeto". Crea y renueva las condiciones objetivas y subjetivas de la actividad de los asalariados, y de todos y todas en última instancia. Y ello a un nivel jamás alcanzado, en el que los medios de trabajo para los seres humanos (los medios de producción) se convierten a escala mundial, bajo el diktat de la tiranía de los rentistas (de los "Mutuals Funds" y demás cultivadores del valor accionarial, "shareholder value"), en medio de una "producción para el capital y no a la inversa" (Marx, El Capital, Libro III).

He ahí un asunto central de lo que podría ser calificado así: la urgencia de liberar el trabajo y de liberarse del trabajo, rompiendo con la apropiación privatizada de esos medios de producción, lo cual constituye el hilo conductor de un proyecto socialista.

Frente a esta perspectiva (virtual) se alza, de forma preventiva, la temática de la autoregulación del sistema o de la regulación asistida, artefacto político que intenta rechazar para siempre la reivindicación de autoemancipación. Pues ésta remite directamente a la construcción de conjuntos sociales autoorganizadores de las relaciones de producción, de distribución de la riqueza, de los intercambios y de las comunicaciones.

5. Se nos dirá, ciertamente que la anatomía del capitalismo no ha cambiado. La apropiación privada del trabajo social y la maximización de la ganancia siguen siendo factores clave que determinan su constitución de conjunto, incluso si se han producido cambios importantes.

Sin embargo, ¿no deberíamos aceptar que el capitalismo, a pesar de las crisis importantes, siempre ha vuelto a hacer pie? Más aún, las clases dominantes han mostrado la capacidad, en parte resultado de la división social del trabajo, de cooptar a los representantes de las clases dominadas y también de reprimirles con tenacidad y violencia (esta dimensión es muy a menudo olvidada, de forma desconcertante). A partir de ahí, ¿no asistimos a la vez a la victoria del capitalismo -al menos si se la mide por el hundimiento de un mundo que falsamente pretendía servirle de alternativa y a la rápida destrucción (liberalización) de algunos diques colocados a la largo del cauce de la acumulación del capital en un marco nacional -y a su máxima realización en el terreno de su expansión mundial (que existe en el corazón del Capital, desde el comienzo, hay que recordarlo) y de la extensión del reino del fetichismo de la mercancía? Además, ¿no figura en la lista de los abonados ausentes el "sujeto" que traduce los intereses de las clases explotadas y oprimidas? Entonces, ¿hablar de socialismo no es algo fuera de lugar? Estas consideraciones parecen ser de buen sentido, pero con lo que este buen sentido conlleva de esquemas fijos y mediatizados. A propósito de esto, retomaremos el excelente aforismo de Terry Eagleton: "La única imagen auténtica del futuro, en última instancia, es el fracaso del presente" /8.

Lo que deben reconocer a su manera, los organismos internacionales (del BM al FMI). Pueden hacerlo, pues el impacto de las alternativas permanecelimitado y son grandes las posibilidades de cooptar a los representantes autoinstituidos de una sociedad civil. Una cooptación que debe neutralizar la radicalidad simple y desgarradora de las exigencias elementales de los miembros reales de esta sociedad, muy incivil, cuyas profundas injusticias más de un analista tiene la audacia de subrayar, reiterando a la vez que es la única viable.

Una vez planteado el "fracaso del presente" como horizonte, sólo nos queda considerar que cada período histórico está constituido por la totalidad de las prácticas humanas sociales acumuladas y que el presente está influenciado por el período pasado, por las derrotas proteiformes anteriores. Pero, simultáneamente, cada período histórico alimenta contradicciones y conflictos que se convierten en los factores de cambios que pueden ir en el sentido de una reconstitución profunda de la sociedad o de un desastre, en un archipiélago mundial ciertamente apto para salvaguardar, con violencia, algunas "reservas naturales", en las que los ricos quedan aislados.

Precisamente porque la conflictividad está insertada cmo la espiral de un muelle en el seno de las sociedades capitalistas -y está exacerbada por los rasgos actuales de la "mundialización del capital"- es imposible ahorrarse la revolución, sobre todo cuando la contrarrevolución conservadora ha dictado sus prescripciones. Hay que debatir sobre las formas de una revolución en los países imperialistas y los llamados "nuevos países industrializados", cuya ausencia histórica es demasiado a menudo entendida sin tener en cuenta las razones del fracaso de los procesos revolucionarios de entreguerras o de la inmediata posguerra . Sin embargo, no debemos olvidar que estas fases de ruptura, esos "momentos de grandes cambios" sobrevendrán como algo nuevo en la historia, avanzando por donde no se les espera. Aunque ciertamente lo nuevo no puede ser más que una combinación original de elementos preexistentes, salvo que caigamos en la utopía creacionista.

De ello se derivan diversas exigencias. En primer lugar, restituir-renovar un elemento crucial en el planteamiento de Marx: la especificidad esencial en una ruptura-superación (Aufhebung) del capitalismo y de sus instituciones no reside, en primer lugar, en modificaciones de las formas económicas, sino en ese poder radicalmente nuevo que permite la socialización de la propiedad, "la asunción por la sociedad de las fuerzas productivas" /9.

A continuación: atribuir de nuevo a la noción de fuerzas productivas(Produktivkrafte) su sentido de poder productivo, de expansión de las capacidades productivas de los seres humanos asociados, lo que implica:

1) Una elaboración sobre la actualización de las capacidades y potencialidades creadoras de los seres humanos en términos de auto-organización (con anterioridad a las de autogestión) económica, administrativa y más específicamente política. Para esto, es necesario tener en cuenta el tiempo específico para la reflexión-debate democrático, pero también la utilización de los métodos desarrollados en los sistemas productivos modernos que permiten, en el plano internacional, la combinación de cooperación intensiva y de descentralización /10. Éste es un elemento de la socialización de las fuerzas productivas que preexiste, pero queaflorará, tanto a través de la elaboración teórica, como de los conflictos sociales emprendidos por el asalariado modernizado (que incluye lo esencial de los asalariados/as y no sólo los manipuladores de símbolos, tan queridos por Robert Reich).

2) Un planteamiento del progreso científico-técnico que busque integrarlo en esta socialización y consiguientemente reunir "progreso social" (en el sentido en que el "libre desarrollo de cada uno se convierte en la condición del desarrollo de todos") y progreso científico-técnico. Ciertamente, este último no está marcado por el sello de una neutralidad social-medioambiental, pero no se puede rechazar en nombre de una lucha contra el "cienticismo", a favor de un romanticismo reaccionario propio de algunas corrientes ecologistas y a los desilusionados de las conquistas (¡espaciales!) de la URSS. En este sentido, suscribimos lo que escribe José Manuel Naredo Pérez: "La sostenibilidad de un sistema económico debe enjuiciarse atendiendo no tanto a la intensidad en el uso que hace de los stocks de recursos no renovables, como a su capacidad para cerrar los ciclos de materiales mediante la recuperación o el reciclaje, con ayuda de fuentes renovables". Esto conduce a una revolución en el pensamiento científico, social y político que consiste en "razonar más bien sobre una ECONOMÍA DE LOS SISTEMAS que ampliaría su objeto de estudio y desplazaría el centro de gravedad de sus preocupaciones, desde el sistema de los valores mercantiles hacia los condicionantes del universo físico e institucional que lo envuelven" /11. Por definición, tal revolución del pensamiento (y de la práctica) debe hacerse a escala planetaria. Y debe fundirse con un objetivo central de todo socialismo-por-venir: la producción (máxima) de valores de uso en un tiempo de trabajo liberado (porque estaría dominado por los trabajadores asociados), uniendo trabajo necesario y sobretrabajo, y activando el desarrollo de las fuerzas humanas en el curso de esta parte de la jornada demasiado simplemente llamada "tiempo libre". Volvamos a Marx: "La capacidad de disfrute es la condición de esta (capacidad de producción), por consiguiente es su primer medio, y esta capacidad es desarrollo de una disposición individual, es fuerza productiva. El tiempo libre (...) es tanto el tiempo de ocio como el tiempo destinado a una actividad superior" /12.

3) Estas consideraciones nos conducen directamente resaltar la necesidadimperiosa de una reflexión organizada internacionalmente que entre en sintonía con los problemas a los que se enfrenta la mayoría de la humanidad y con las iniciativas ya existentes en el plano del movimientos sociales y también (de forma embrionaria) en el terreno sindical. Si el Capital, desde su constitución, incluye una dinámica mundial, toda perspectiva socialista no puede sino ampliar el espectro de sus ambiciones a esa misma escala. Para la mayoría de los habitantes del planeta, el acceso a lo esencial (el agua, la alimentación, el alojamiento, los cuidados de salud, etc.) es un desafío cotidiano.

No pondremos de relieve aquí más que un punto. Se manifiesta, hoy, una dudosa unanimidad en las preocupaciones de las instituciones internacionales (Banco Mundial, etc.) y de ONGs por la "extrema pobreza", las "exclusiones",el "hambre", cuando nunca antes el funcionamiento del sistema capitalista y del imperialismo había marginado tantas necesidades sociales que no les resultan rentables. No se trata de denigrar o de desvalorizar las intenciones de diversos miembros de esas ONGs. Sin embargo, conviene destacar que la noción de pobreza sirve, en lo esencial, para hacer desaparecer los procesos de explotación que están en su base y en desperdigar (cuando no los enfrenta) a quienes son sus víctimas.

Una perspectiva socialista pondrá en el centro la batalla contra los modos de explotación a los que está sometida, a múltiples niveles, una parte esencial de las poblaciones de los países dominados. A partir de ello, la política, en el sentido noble, desplaza a una caridad hipócrita y enlaza de nuevo con el universalismo del socialismo que se apoya en la convergencia de intereses, a hacer presente en las conciencias, de los proletarios del mundo entero y que reordenaría las trasferencias de riqueza operadas desde hace siglos de las "periferias" hacia los "centros".

6. Toda la historia del capitalismo indica que el proletariado, sobre la base de su inserción antagónica en las relaciones de producción, desarrolla, con avances y retrocesos, niveles de organización, momentos de luchas y movilizaciones. Esta realidad social es el cimiento del desarrollo de una conciencia de clase apropiada. Tanto más en la medida que el proletariado es el verdadero creador de las "potencias" que se vuelven contra él y que son pues, en última instancia, su propio poder alienado. Este enfoque sigue siendo válido, en nuestra opinión. Incluso si, en la fase actual, a escala mundial, los asalariados/as no disponen ya (o no todavía) de instrumentos de expresión política independientes, lo que marca el fin de una larga fase histórica, al menos para Europa, cuyos comienzos se remontan al final de los años 80 del siglo pasado. Las fuerzas dominantes comprenden muy bien esta ventaja, unas fuerzas dominantes que trabajan todos los terrenos de la "subjetividad obrera".

Sobre el renacimiento de una conciencia de clase, sobre las formas organizativas que adoptará, sobre las experiencias de luchas obreras y sociales que se desarrollarán en el seno mismo del país imperialista dominante, los Estados Unidos, los análisis y especulaciones pueden (y deben) multiplicarse. Sin embargo, dos elementos son ciertos, en la medida en que están a nuestroalcance. En primer lugar, el desarrollo de una "teoría del socialismo" adquiere, a la luz de las experiencias de un siglo, un papel determinante para asegurar esta especie de transición (con sus continuidades y discontinuidades) de una edad a otra del movimiento socialista-comunista.

Cornelius Castoriadis escribía: "Toda crítica presupone que otra cosa que la que critica es posible y preferible. Toda crítica del capitalismo presupone el socialismo" /13. Si se renuncia a trabajar sobre y para "la otra cosa", a un objetivo a definir, por aproximaciones, aumenta el riesgo de acompañar, en nombre del mal menor, la "miseria del mundo" y sus locuras (que fuerzas social-nacionalistas pueden agitar), sin poder dar un "ideal de sociedad" a las diferentes luchas que surgen, incluso fragmentadas. Hay una vía transitoria al socialismo por reinventar, sin disolver los puntos nodales del enfrentamiento entre las clases (particularmente, la propiedad privada y las instituciones nacionales e internacionales que la sustentan), no sólo a causa del final de una "primera edad del socialismo", sino también porque la extensión-invasión de las relaciones sociales capitalistas no ha alcanzado jamás tal amplitud.

Esta transición se construirá a partir de los espacios de luchas y de análisis que, desde hoy, ofrecen la posibilidad de demostrar las potencialidades creadoras y antagónicas de los trabajadores y trabajadoras, sus fuerzas productivas. El lugar de trabajo sigue siendo el punto de partida, a causa y a pesar de las transformaciones. Es ahí, sobre cuestiones como la organización del trabajo, la naturaleza de la productividad dictada por la gestión capitalista que reduce el contenido y el sentido de la comunicación entre asalariados/as, las relaciones entre las modalidades de trabajo y la salud, donde pueden surgir de las reivindicaciones, una reflexión y una organización para una batalla contra la alienación, que sobrepasan lógicamente y fisiológicamente las fronteras del "lugar de trabajo". Es también en estas luchas o en la organización de los asalariados/as que puede ser mejor comprendido el objetivo de una atenuación de la división del trabajo, uno de los fines de esta desalienación.

Igualmente, cuando la concentración y centralización del capital ha tomado dimensiones que Marx no se habría atrevido a soñar, y en este terreno soñaba bastante bien, la obligación para las multinacionales de rendir cuentas (a los consumidores o a los trabajadores) puede ser el medio para cuestionar, en la raíz, el poder despótico de la propiedad privada y poner al orden del día una discusión pública sobre la apropiación efectivamente colectiva. La ordenación del territorio es otro terreno en el que puede ser demostrada la posibilidad de planificar democráticamente (de fijar objetivos y medios para alcanzarlos) e indicar que lo particular (la propiedad privada) no debe dictar los objetivos de la planificación, sino que lo general se convierte en el punto de referencia (es decir la apropiación socializada del suelo y de sus recursos, lo que constituye una de las precondiciones para una política ecológica a largo plazo).

A partir de tales ejemplos, debe quedar claro que el mercado no puede ser utilizado para desarrollar una "vía al socialismo". Al contrario, se trata de ir hacia su extinción, de debilitarle reemplazándole, en sectores creciente, por una contabilidad de los costes en tiempo (con uncorrespondiente monetario) y en criterios ecológicos (ver las opiniones de Naredo sobre este tema). Incluyendo la distribución de bienes y de servicios que podrían responder a decisiones de producción ex - ante. Es significativo que la prensa económica, estudiando el funcionamiento de grandes cadenas de supermercados, titule: "Los supermercados han triunfado allí donde el comunismo ha fracasado" /14. Ciertamente, la analogía tiene límites y las cadenas de distribución tienen un lugar bien preciso en la reproducción de la fuerza de trabajo. Sin embargo, por qué renunciar a estudiar como "los distribuidores analizan centenares de millones de transacciones y los comparan con los datos de los que disponen sobre las preferencias individuales, sacadas unas tarjetas de clientes distribuidas por las grandescadenas"?. "Los supermercados intentan complementar la demanda y la oferta previendo las necesidades de la población y planificando la producción para responder a ellas.

Algunos devotos del marxismo en el siglo XX, perdieron su fe cuando Ludwig von Mises, el economista austriaco, demostró la imposibilidad, como ocurría en su época, de reunir suficientes datos sobre las preferencias individuales para conseguir que marchara una planificación central. Es exactamente lo que la capacidad de tratamiento de los ordenadores ha hecho posible ahora -aunque esto pueda significar que no podréis ya comprar vuestro champú favorito en el supermercado de la esquina".

El valor de uso y la "gratuidad" (que tiene su coste) deben convertirse en hilos conductores de las propuestas, entre otras en las batallas por unos servicios públicos renovados y una extensión del salario social, a fin de responder a las necesidades sociales fundamentales.

Y si, como hemos indicado anteriormente, el punto de partida de un proyecto socialista reside en que la sociedad se haga cargo de las fuerzas productivas, entonces debemos reflexionar sobre la dimensión específica de lo político y de lo administrativo, para desarrollar todos las modalidades de decisión que pueden adoptarse "de forma asociada", en común , cuando las modalidades (técnicas) de autoorganización pueden dar a la autogestión un contenido articulado espacialmente (centralización-descentralización, autonomía y conexión).

* Charles-André Udry es editor de la revista marxista Páge Deux , economista, colabora con el Sindicato de la Industria y la Construccion (Lausanne-Suiza), militante de ATTAC y es miembro de la organizacion Solidarites. El articulo es de Viento Sur No 50, publicación de Izquierda Alternativa (Estado español).

NOTAS

1/. Le Monde Diplomatique, mayo 2000, p.6.-7.

2/ Bajo la dirección de Pierre Bourdieu, La Misère du Monde, 1993.

3/. León Trotsky, Stalin, 1948, p.xii.

4/. Monthly Review. Nº 1, 1948 (reproducido en Vol. 50, nº 1, mayo 1998).

5/. Ernst Bloch, Le principe espérance. T.II, subtitulado Les épures d´un monde meilleur, 1982(trad. Francesa).

6/. Ralph Miliband, Socialism for a Sceptical Age, Polity Press, 1994.

7/. Ver sobre esto obras, a veces de inspiración diversa, como las de Richard Levis y Richard Lewontin, The Dialectical biologist, 1985; Norman Geras, Marx and Human Nature, 1983; Patrick Tort, Dictionnaire du darwinisme et de l´Evolution, 3 vol., 1996; Patrick tort, Darwin et le darwinisme, 1997 (entre otras, las pg. 67-71 sobre "La civilización, el materialismo y la moral"); P. Tort, su largo prefacio titulado "L´anthropologie innattendue de Charles Darwin" en la obra de Charles Darwin: La filiation de l´homme", 1999; Antonello La Vergata, "Les bases biologiques de la solidarité" en Darwinisme et société (bajo la dirección de P. Tort, 1992); Efichios Bitsakis en La Scieza tra Filosofia et Storia in Italia, 1987.

8/. Terry Eagleton, "Utopia and its opposites", in Socialist Register 2000.

9/. Ver sobre la reflexión de Marx y Engels, tan a menudo travestida, la obra de Hal Draper, Karl Marx´s Theory of Revolution, particularmente el Vol. IV : "Critique of other Socialisms", 1990.

10/. Ver Hans Jurgen Warnecke, Die fraktale Fabrik, Hamburgo 1996.

11/. J.M. Naredo y A. Valero (dirs), Desarrollo económico y deterioro ecológico, 1999.

12/. Marx, Manuscritos de 1857-58. TII, 1980; ver también el notable análisis de Michel Vadée, Marx penseur du possible, 1992 (p.464-72).

13/. Socialisme ou Barbarie, n.23, enero 1958.

14/. Financial Times , 4 marzo 2000.