JAVIER ORTIZ

Profilaxis complutense

Conozco a los estudiantes de la asociación George Orwell. El pasado 2 de abril participé en una charla-debate organizada por ellos en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid. Compartí el estrado con Iñaki Gabilondo y el catedrático Gonzalo Abril. Fue un acto modélico de organización y de clima: tranquilo, dialogante, relajado. Y, además, masivo.

Se entenderá mi total perplejidad cuando el pasado lunes me llegó la noticia de que ese mismo grupo de estudiantes había sido desalojado violentamente de la Facultad por un amplio contingente policial antidisturbios. Según me enteré, habían cometido el intolerable delito de entrar -por el muy subversivo sistema de girar el picaporte- en un aula desocupada desde hace tiempo para montar en ella un centro de actividades culturales y sociales. Al parecer, el decano de la Facultad, Javier Davara -con cuyo apellido me abstendré de hacer juegos de palabras- y el rector, Rafael Puyol, consideraron que esa iniciativa era insoportable («¡Es la revolución!», me cuentan que clamó el primero) y pusieron el asunto en manos del delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui.

Se juntaron el hambre con las ganas de comer. Ansuátegui, personaje fascinado con el llamado «principio de autoridad» desde hace mucho -desde los tiempos de Franco, según aseguran quienes lo conocen- mandó al lugar del crimen a todos los agentes antidisturbios que le cupieron en 10 furgonetas. Estos, a la vista de la actitud indiscutiblemente revolucionaria de los estudiantes -se sentaron en el suelo, los muy violentos- procedieron a desalojarlos como malamente pudieron: arrastrando a la una por los pelos, levantando al otro por las orejas, liándose a empellones con varios más e intimidando a todos.

La Facultad de Ciencias de la Información ha vivido tres días de huelga general, secundada parcialmente por otras muchas. El jueves, más de 4.000 estudiantes se manifestaron exigiendo la dimisión del rector, del decano y del delegado del Gobierno. Hacía mucho que no se producía en la Complutense un movimiento de protesta estudiantil tan masivo.

Y todo porque a unos cuantos carcas les pareció inaceptable que los estudiantes crearan un centro cultural autogestionado.

La verdad es que no sé qué les molestó más: si el carácter autogestionario de la iniciativa o su intención cultural.

Los estudiantes me han pedido que, como signo de solidaridad, me niegue a tener trato alguno con esos señores.

No hacía falta que me lo pidieran. Hace tiempo que me atengo a normas de estricta profilaxis.

Texto aparecido en EL MUNDO. http://www.elmundo.es