Las elecciones en México y la nueva cara de la derecha

Cayó el PRI, pero el pueblo no ha triunfado


El Siglo

58 millones de electores fueron a las urnas con más tranquilidad de la esperada el domingo pasado, para elegir un nuevo presidente de la república, 500 diputados y 128 senadores del Congreso, la jefatura del Distrito Federal, los gobiernos de Guanajuato y Morelos y 9 de las 32 asambleas legislativas locales.

Por primera vez en el ya demasiado prolongado dominio del PRI, el corrupto partido fue desplazado por una nueva cara de la derecha, más a gusto de EE.UU.: Vicente Fox.

El ex ejecutivo de la Coca-Cola, postulado por una extraña alianza entre el derechista Partido Acción Nacional y el Verde Ecologista de México,, triunfó sobre el representante del PRI, Labastida, pese al empleo a fondo del gobierno a favor de éste.

El electo presidente tiene apellido cinematográfico, nada de mexicano, y en él ve el gobierno del Norte poderoso a un gobernante que le dará menos problemas y más posibilidades para extender su influencia al gran Estado de habla española, donde el Tratado de Libre Comercio ha hecho ya una provechosa experiencia.

En uno de sus discursos electorales, el candidato del Partido de la Revolución Democrática, Cuauhtémoc Cárdenas, dijo, dirigiéndose a Labastida y Fox en un debate electoral: "Cuando nosotros luchábamos por abrir la democracia, ustedes estaban apoyando al gobierno de Salinas. Ustedes han votado en el Congreso prácticamente todo lo importante junto con el PRI. Ustedes dieron marcha atrás a una reforma electoral".

Mexico ha cambiado

Los medios de comunicación mexicanos y extranjeros han destacado, con razón, que al llegar a estos comicios el país ha mostrado importantes cambios. Aunque éstos no han significado la erradicación de la pobreza en que se encuentra la mitad de la población, ni tampoco la corrupción en las altas esferas del poder, ni la odiosa discriminación ejercida contra los pueblos indígenas, dichos cambios muestran el tardío efecto que han causado en diversos aspectos de la vida institucional y en el desarrollo de la nación las luchas populares, las constantes críticas de los sectores opuestos al partido gobernante, y con más transparencia aun los efectos de la penetración del capital extranjero en toda la vida nacional.

Como señalara Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencial de la Alianza por México en el segundo debate de los candidatos presidenciales: "en México la vida se nos hace cada día más difícil. El PRI ha convertido a nuestro país en una fábrica de pobres y de problemas. Hay una pobreza que golpea hoy a 68 millones de mexicanos. Los salarios de 1982 para acá han perdido el 75 por ciento de su poder adquisitivo, sólo 25 por ciento en este gobierno de Zedillo.

Diez millones de mexicanos por lo menos han tenido que abandonar el país para irse a buscar la vida en los Estados Unidos. El 10 por ciento de la población, una pequeña parte, concentra hoy el 40 por ciento del ingreso, mientras el 70 por ciento de la población apenas recibe el 33 por ciento.

La economía lleva casi 20 años estancada. Cuando crece, como está sucediendo en estos tiempos, crea desequilibrios porque la economía se ha manejado sin interés en el país y porque quienes la han manejado sólo están buscando el lucro personal".

El analista internacional del periódico español "El Mundo", Felipe Sahagun, señaló certeramente al respecto, en vísperas de estos comicios, que "gane quien gane, tendrá que hacer frente a una deuda superior a los 100.000 millones de dólares, la mitad de la población en el umbral o por debajo del umbral de la pobreza, criminalidad rampante, narcotraficantes infiltrados en las principales instituciones, un Ejército y una Policía corruptos, la guerrilla de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, diferencias sociales que claman al cielo y la todopoderosa influencia de los EE.UU.".

Chiapas

Ni el presidente saliente ha hecho nada que signifique solucionar los problemas de las poblaciones indígenas de Chiapas, ni el mandatario electo avanzará demasiado tampoco en esta conflictiva situación, dados los intereses de clase y compromisos políticos con los mandos del ejército y los líderes derechistas.

En 1996 se firmaron los Acuerdos de San Andrés entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y los representantes del gobierno.

Este se comprometió a modificar la Constitución Política para aplicarlos, pero desde entonces lo que ha hecho Zedillo ha sido militarizar más la región y provocar diversas situaciones tendientes a dividir a las comunidades indígenas.

Se trata nada menos que de producir cambios que mejoren las condiciones de vida de 10 millones de indígenas del país, incluyendo asuntos tan importantes como el respeto a sus costumbres ancestrales, su cultura y sus formas de dirigir las comunidades y los territorios en que éstas se encuentran ancladas.

Hay huellas sangrientas y trágicas de la acción gubernamental y militar. En 1997 fueron masacrados los indígenas del pequeño poblado de Acteal. Murieron masacrados 45 hombres, mujeres y niños. El gobierno y los órganos de la justicia no han aclarado hasta ahora las culpabilidades ni dictado las sentencias correspondientes.

Los zapatistas se han negado a volver a la Mesa de negociaciones mientras no se cumplan los acuerdos firmados en San Andrés. Además, oponen como condiciones: la liberación de todos los presuntos zapatistas presos y de las bases de apoyo zapatistas detenidos en el norte de Chiapas, un interlocutor gubernamental con capacidad de decisión, voluntad política de negociación y de respeto a la delegación zapatista, la instalación de la Comisión de Seguimiento y Verificación, y el cumplimiento de los acuerdos de la mesa sobre "Derechos y Cultura Indígenas", propuestas serias y concretas de acuerdos para la mesa de "Democracia y Justicia" y compromiso de lograr acuerdos en este tema, y el fin de la persecución, el hostigamiento militar y policiaco en contra de los indígenas chiapanecos y desaparecidos en manos de los paramilitares.

Para Cuauhtémoc Cárdenas, la aplicación de los acuerdos de 1996 es el único modo de "crear la condición legal necesaria para que los pueblos indígenas tomen sus decisiones en cuanto a acceso, uso y disfrute de su recursos naturales en sus tierras y comunidades, sus formas de organización social y política y sus sistemas normativos internos". El fin de la violencia pasa además, en su opinión, por la alfabetización de las comunidades indias y la reanudación inmediata del diálogo con el EZLN, que sirva como pauta a la negociación con otros grupos armados.

El gobierno de Zedillo rechazó la propuesta de reforma constitucional de la Comisión de Concordia y Pacificación. Vicente Fox, por su parte, sostuvo durante la campaña electoral que el diálogo es la única opción posible a la restauración de la paz en el estado de Chiapas y no la de "intentar acabar con la guerrilla a través de la misma violencia". Habló de intentar una entrevista con el Subcomandante Marcos e incluso prometió que Acción Nacional aprobaría el 99,9 por ciento de los acuerdos de San Andrés de Larráinzar.

El domingo pasado, los indígenas del poblado de Acteal fueron a votar masivamente por Cuauhtémoc Cárdenas, esperanzados en que haya "justicia verdadera y no para tener un presidente que nos mande a matar", como expresó su vocero.

¿Se acordará el flamante Fox y el derechista PAN de los burlados indígenas? ¿Será capaz el poder económico y político de una oligarquía financiera y terrateniente con rostro de "reformista" de modificar las estructuras de explotación y desigualdad social ahondadas por una corrupción centenaria?

Difícil, si no imposible, mientras no sean los trabajadores del campo y la ciudad, indígenas y mestizos, quienes reediten en una versión Siglo XXI la legendaria Revolución Mexicana.