La pobreza en España mata a cuatro personas a la hora


La pobreza afecta a la salud, pero aunque la pobreza es la parte más visible, lo que sobre todo afecta a la salud es la desigualdad social. Cuanta más pobreza, más enfermedad y también más muerte. El mayor número de muertes evitables se da entre los más pobres, y el número de muertes evitables disminuye conforme el grupo analizado tiene mejor posición. Si la mortalidad fuera en toda España como en las zonas más ricas, cada año morirían 35.000 personas menos, es decir, unos cuatro muertos menos cada hora.

Esto era algo conocido, pero no se había cuantificado. Un estudio publicado el mes de julio en la revista Journal of Epidemiology and Community Health cuantifica el número de muertes que se producen en España a causa de las desigualdades sociales. La conclusión es la siguiente: si toda España tuviera el índice de mortalidad que registra el 20% de las zonas más ricas, cada año se producirían 35.090 muertes menos. O dicho en otros términos: el exceso de muertes en las zonas geográficas más deprimidas representan más del 10% de todas las muertes que se producen cada año en España. Unas muertes que, de no existir las diferencias sociales, no se producirían. Se trata, pues, son muertes evitables.

En Asturias hay algunas bolsas de exceso de mortalidad entre los más jóvenes, que coinciden con las áreas mineras más deprimidas. El informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria de 1995 comparaba las desigualdades en mortalidad en los varones de 30 a 64 años en ocho provincias y concluía que la mortalidad era superior entre los trabajadores manuales que entre los profesionales y directivos de empresa. La comparación entre el periodo 1980-82 y el de 1988-90 reveló que la diferencia en estos grupos no sólo no disminuía, sino que había aumentado.

Una investigación de Rosa María Urbanos, de la Universidad Complutense de Madrid, indica que en 1995, en la clase social más alta, el porcentaje de personas que manifestaba tener una salud deficiente era del 27%, mientras que en la clase más baja era del 40%.

La esperanza de vida al nacer es un indicador al que los epidemiólogos prestan una gran atención. Su estrecha vinculación con la situación socio-económica se ha puesto patéticamente de manifiesto en los países del este del Europa, donde ha disminuido en los últimos años a causa de la crisis social que atraviesan.

No son los países ricos quienes tienen mejores indicadores de salud, sino los más igualitarios. "En un país pobre, aumentar la riqueza media comporta un aumento de la esperanza de vida, pero en un país rico, lo que la incrementa es una distribución más igualitaria de la riqueza", afirma Joan Benach. "Por ejemplo, Japón, el país que tiene la mayor esperanza de vida, es el que presenta menos diferencia entre el 20% de población más rica y el 20% de población más pobre. En el polo opuesto podríamos situar a Estados Unidos".

En el contexto de la Unión Europea, España es un país relativamente pobre con grandes desigualdades sociales. El nivel de renta española no llega al 80% del promedio de la UE, pero provincias como Girona sobrepasan de largo ese promedio, mientras otras como Badajoz apenas alcanzan el 50%. Según el informe de la SESPAS de 1998, el promedio de esperanza de vida al nacer es en España de 74,6 años en los hombres y de 80,7 en las mujeres. Pero también aquí se observan desigualdades, que alcanzan hasta seis años de vida y que siguen el mismo patrón de distribución geográfica que la mortalidad. En los hombres, por ejemplo, la menor esperanza de vida al nacer (menos de 72 años) se observa en la zona occidental de Andalucía, Extremadura y algunas zonas de Asturias y Galicia.

Aumenta el tabaquismo en las capas menos privilegiadas. La obesidad era antes una dolencia de ricos, vinculada al exceso de alimentación. Ahora, los mayores índices de obesidad en Estados Unidos se da en la población pobre, especialmente entre los afroamericanos, por una mala alimentación. En España, el estudio de Rosa María Urbanos con datos de 1995 revela que en las capas altas, el porcentaje de personas con sobrepeso es del 5%, mientras que en las más bajas es del 11%, es decir, más del doble.