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Nadie quiere saber

Beatriz Álvarez 7 de Octubre de 2013 a las 11:17 h

Por fin, y después de 4 largos años de espera, el pasado febrero llegó a nuestras librerías Nadie quiere saber, la última y muy recomendable entrega de la exitosa serie de novelas policíacas protagonizadas por Petra Delicado, la inspectora de la Policía Nacional nacida de la pluma de la escritora Alicia Giménez Bartlett (Almansa, 1951).

En este nuevo libro, la aguerrida Petra y su inseparable compañero, el subinspector Fermín Garzón, deben encargarse de la reapertura, a requerimiento de la viuda del muerto, de un caso harto sórdido. Concretamente, el del asesinato, en el 2008, de Adolfo Siguán, un empresario textil barcelonés de 70 años cuya muerte se atribuyó, en un principio, al chulo de la jovencísima prostituta que lo había acompañado a la casa donde fue encontrado su cadáver. Una hipótesis que se descartó definitivamente cuando, dos meses después del hallazgo del cuerpo sin vida de Siguán, el principal sospechoso del crimen fue a su vez asesinado y las investigaciones tuvieron que cerrarse en falso.

 

Normalmente, los casos antiguos no se reabren. Especialmente, en estos tiempos que corren, en los que ni la Policía se libra de los malditos recortes presupuestarios. Sin embargo, y a saber por qué extrañas razones, el juez resuelve tener en cuenta la petición de la viuda de la víctima. Algo que no le hace ninguna ilusión ni al comisario Coronas, el jefe de Petra, ni a la misma Petra, pues los casos reabiertos son muy difíciles de resolver debido a que, por lo general, el tiempo borra las pistas.

Presionados por el cascarrabias de Coronas, ya que el prestigio de su comisaría está en juego, nuestros dos esforzados sabuesos reinician las investigaciones. Y para ello, vuelven a interrogar a las tres hijas del difunto y estudian la contabilidad de su empresa. Por desgracia, el asunto no tarda en complicarse, pues pronto se produce una nueva muerte, y no precisamente accidental: la de la única testigo del crimen. Es decir, la prostituta que, aunque inicialmente y debido al miedo, se negó a colaborar con ellos, al final terminó haciéndolo. Es entonces cuando, persiguiendo al asesino, Petra y Garzón se ven obligados a trasladarse a Roma. Una ciudad en la que, junto a sus colegas italianos, Maurizio Abate y Gabriella Bertano, no sólo vivirán situaciones límite. También, descubrirán la relación de Siguán con la Mafia. Sin embargo, algo le dice a Petra que tras el asesinato del empresario no se halla una trama de blanqueo de dinero, sino algo mucho más turbio. Y por supuesto, no parará hasta descubrirlo.

 

Tal como consta en la web de Giménez Bartlett (http://www.aliciagimenezbartlett.es/), Nadie quiere saber: "se inspira en una historia real, la de un empresario barcelonés, ya mayor, que frecuentaba prostitutas y que, durante el robo mientras estaba con una chica, fue asesinado por un italiano".

Y es un homenaje de la autora a sus lectores italianos. Los cuales, a juzgar por el éxito que tiene la saga Delicado en el país transalpino, hace tiempo que han caído completamente rendidos ante los innegables encantos (no sólo físicos) de la peculiar inspectora. Cosa ésta que, conociendo a Petra, una antigua abogada tres veces casada (la última con Marcos, ese santo varón que ha aportado al matrimonio ni más ni menos que ¡4 hijos! ya creciditos), no debe extrañarnos. Y es que, si por algo se caracteriza nuestra heroína, aparte de por su sagacidad e intuición, es por su gran carisma. Un carisma que va más allá de lo meramente profesional y que reside, en gran medida, en ese carácter suyo, tan especial, que hace que Petra sea, haciendo honor a su nombre y apellido, una auténtica contradicción con piernas, una persona capaz de conjugar dureza y sensibilidad a partes iguales.

Tan importante como Petra es el sin par Garzón, su compañero de fatigas desde que allá por el año 1996 comenzaran a trabajar juntos. Aunque al principio, sería absurdo negarlo, los dos policías no acababan de congeniar (básicamente, debido a lo opuesto de sus caracteres), la verdad es que terminaron empatizando, estableciéndose entre ellos una amistad realmente entrañable. Por otro lado, y volviendo al subinspector, hay que decir que, si bien es cierto que en las primeras entregas de la serie aparecía como un hombre simple y (muy) amante de los placeres sencillos (sobre todo, de los gastronómicos), en esta última novela hemos comprobado como, mal que le pese, lleva camino de convertirse en un auténtico connoisseur. Y todo por obra y gracia de Beatriz, su segunda mujer (Garzón empezó siendo viudo), una sofisticada burguesa que se desvive por pulir y cultivar a su amantísimo esposo. Algo que parece que va consiguiendo... aunque de momento sólo hasta cierto punto, tal como demuestra la siguiente frasecita pronunciada por éste en la obra que nos ocupa: "No se preocupe Petra, lo encontraremos [al asesino]. Encontraremos a ese hijo de la gran puta aunque tengamos que viajar a Italia y poner patas arriba el Partenón".

Vamos. Una auténtica perla de la lírica que, exabruptos aparte, justifica sobradamente que la pobre señora obligue a su Fermín a viajar a Roma cargado de libros de arte e historia. O al menos, eso creo yo...

Un saludo y muy feliz curso.

 

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Comentarios - 2

Beatriz Álvarez

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Beatriz Álvarez - 14-10-2013 - 10:23:12h

Ya lo creo. Ahora confiemos en que Petra no tarde otros ¡4 años! en volver a la carga. No sé lo que opinas tú, pero a mí esta última espera se me ha hecho interminable. Un saludo.

MLUISA

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MLUISA - 10-10-2013 - 12:57:19h

Genial, como siempre. Muy recomendable.


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