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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 19 de octubre de 2021

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La vida según el incauto (inédito)

Escrito que no puedo calificar de relato y que me vino anoche: dedicado a todos los amigos que han pasado, pasan y pasarán por mi vida.

La vida según el incauto

 

 

Si yo tuviera que irme hoy, si en breves horas yo tuviera que exiliarme en orbes existentes ya antes de Colón y de Ortelius y de Mercator pero nunca antes hollados en la mente de los adustos hombres y de las frágiles mujeres, si yo tuviera que abandonar en este mismo momento la gracia, el pulso y la risión que vienen de arriba, de la luz descendente y que a veces se convierte en reconfortante y lúcido trueno, sólo os agradecería haber estado ahí, haber existido, haber pisado el mundo, haber penetrado los nuevos Misterios de Eleusis con vuestra augusta persona, con vuestra fuerza y premeditada falta de trascendencia, que todo es uno, porque sí, porque todos fuisteis uno, porque todos quisisteis penetrar mi máscara, pero ninguno pudisteis, todos os estrellasteis en mi opacidad, cualidad o maldición ésta que me venía dada de anteriores vidas, porque no me plegué a ser carne de cañón y quizá por ello he perdido la batalla; espero que Dios me perdone por haber sido soberbio y no haber buscado ser normal, si es que la normalidad pudo haber existido alguna vez en mi vida, o si es que acaso yo nací para experimentar otra cosa que la literariedad en todos mis actos conscientes o instintivos: gracias por estar allí en los días de lluvia en que yacía aletargado, cual otro Amadís, en la Corte de Londres, y esperaba la llegada de mi Oriana, gracias por persistir con vuestra infatigable presencia en las horas negras en que me resistía a tener amigos, en los días en que quise destruir sacrosantos lazos y en los que no paraba de llover maldiciones  en los paisajes que estaban más allá de mis gélidos cristales y en las horas desacostumbradas en que no me atrevía a pisar la calle, en que me contaminaba con libros -y la vasta e inconmensurable Biblioteca proliferando en la infinitud del tiempo y el espacio y reproduciendo, abominablemente, el destructor pensamiento de los hombres, como cópulas inacabables desde siempre y para siempre-, inoculándome conscientemente venenos de todo cuño, fueran éstos literarios o históricos, ficcionales o vitales, como aquel que degusté con el cardenal Spada en anteriores vidas porque sabía que no había otra salida, porque sabía que me desligaría de nuevo y por enésima vez en aquella mente del siglo XVI que a un tiempo era corrupta y gloriosa, que contenía mucha más vida que toda la caterva de nacimientos que continuarían con su progresión anímica hasta la Postmodernidad, que tenía que (que era la hora en que debía) desligarme y que de todo ello quedaría constancia en un libro, porque sí, porque todo está escrito, lo que hemos de padecer, los amigos que pasarán por nuestra vida, los amores que consumaremos y a los que inútilmente aspiraremos porque no nos estaban destinados. Doy gracias por todo, por aquello que quise y se me negó, por lo que floreció delante de mí y cuyo fruto me deleitó en sueños ascensionales, por lo que no viví y por lo que se me oculta todavía hoy en las postrimerías de este cuerpo que incluso en la enfermedad se digna acogerme en la penúltima de mis reencarnaciones (porque al fin estaré en la terna de los papables, pero finalmente no me sentaré en la Cátedra Petrina, pues ni siquiera lo hice en Roma en 1666 ni en tiempo alguno, pues preferí ser quemado, antes y ante la vista de los grisáceos inquisidores, por mi pensamiento único y excéntrico, en el Campo dei Fiori en 1600, porque, en el fondo, Dios nunca quiso ni querrá Su destrucción en esta tierra, en esta materialidad, que es lo único que realmente posee), porque aún hoy mi alma late en la mirada insomne de los mendigos, que me llaman a una existencia peregrinante y de la que no quedarán huellas, porque quizás renunciaré a la gloria de no volver a reencarnarme, únicamente vosotros sabréis mi verdad, únicamente vosotros me salvaréis cuando ya no quede tiempo de alegaciones, de arrepentimientos y de sobreinterpretaciones, sólo vosotros sabréis cuáles son mi máscara, mi puñal y mi libro, sólo vosotros sabréis que la gloria es la renuncia absoluta, vosotros conoceréis que dejaremos el mundo en manos de los inanes a mediados del siglo XXI, que ascenderemos a regiones supernas en que se nos cantará como la última generación honesta, porque nos desprendimos, porque nos dolimos, porque sentiremos un frío que no es ambiental, que es existencial, y sobreviviremos, sabremos que todo es juego que posee visos de realidad y sombra que cede a la luminosidad lancinante de mediodías destructores por nuestra resaca, sí, porque todos somos caídos, todos hemos experimentado la debilidad del cuerpo, pero lo importante es que estaremos unidos hasta el fin, que nos doleremos de los gloriosos fracasos del otro, que nos reiremos de las anécdotas de los incautos, que heredaremos los desarmados papeles del otro, que el otro cesará en la luz feliz, porque nosotros estaremos a su alrededor, porque se cumplirán las profecías, porque lo acompañaremos en el tránsito todos los días, hasta el fin del mundo.    

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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