Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 19 de octubre de 2021

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Cordón de plata (inédito)

 Relato realizado a instancias de un amigo para un posible corto de animación: describe una ficticia Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) y el giro vital que dicha vivencia origina en la víctima.

Cordón de plata

 

1. Me llamo Rodrigo Calderón de Entrambasaguas y soy el subdirector de una gran multinacional española, gano 6000 euros al mes y tengo muchos amigos (que también son o pueden atraer contactos, que es de lo que viven las empresas multinacionales, de la constante expansión, de la movilidad continua). Me visto con trajes a medida, ceno en los mejores restaurantes, tengo una jornada cómoda y soy bastante exigente con mis subordinados: nadie me toca las narices y todo el mundo rinde bajo mi mando lo que debe rendir, o incluso más. Estoy casado con la hija de un conde y tengo dos hijos pequeños a los que llevo a escuelas de nivel y estilo, porque no quiero que se junten con cualquiera: si eso lo puede dar el dinero, adelante, y dejémonos de democracias y pluralismos.

Hace una semana llegó un trabajador nuevo y ya sabe bien quién soy yo: venía muy de víctima, de que todo el mundo le ayudara, pero ya le he puesto las pilas. Con estos nuevos hay que ponerse duro desde el principio, porque si no se apoltronan. Vamos, que me decía que no sabía hacer la contabilidad, y anda que si le he enseñado a hacerla: le he puesto las peras al cuarto delante de todos, y le he ordenado que haga, para mañana, doble jornada, porque va demasiado retrasado en su trabajo, y nada de exigir horas extras, o a la calle. Parece demasiado amable y despistado, y esa gente no me gusta, no me gusta la gente expansiva, la gente que se va por las ramas y que te hace favores porque sí, no sé, quién sabe lo que están buscando por debajo de su cara de no haber roto nunca un plato.

Tengo, dentro de una hora, una junta directiva importantísima que tratará el tema capital de una expansión empresarial hacia el mercado chino, pero antes quedé con mi mujer en recoger de la escuela a mis niños. Pero aún me quedan unas llamadas que hacer y, uf, me parece que no llegaré a tiempo a la junta, hoy parece que todo va en mi contra...

 

2. Me llamo Serafín Calzada y hace una semana que trabajo en una gran empresa multinacional. Es un gran paso para mi carrera laboral, que se había quedado estancada y ahora renace: nueva oportunidad profesional, nuevos retos, nuevas experiencias humanas, diversos puntos de vista respecto a lo que deben ser y son una empresa y sus clientes. Claro que ahora gano más dinero, pero no es lo que más valoro: valoro más la experiencia que se me brinda y más allá del trabajo, la familia, los (pocos pero buenos) amigos que tengo y mi novia de toda la vida, con la que, si Dios quiere, me casaré dentro de tres meses.

Reconozco que no he empezado con buen pie en mi nueva empresa: la gente es bastante fría y parecen deshumanizados, hay poca gente amable y la que hay no coincide en mi puesto y horario de trabajo, sólo los veo en los breves almuerzos que se hacen a mediodía. Hoy quizás ha sido el día más duro, porque ha bajado el subdirector y, a pesar de que he intentado explicarle con buenas palabras mis problemas con la contabilidad, me ha puesto en ridículo delante de todo el mundo. Me ha sentado como un jarro de agua fría. Más allá de lo que pueda pensar de él, creo que tiene un problema, creo que su corazón está helado, en trance de muerte. Ojalá algo le haga cambiar, ojalá aprenda a ser clemente con los débiles. Yo desde luego lo perdono: intentaré a ver si me gano su confianza, a ver si podemos llevarnos bien...

 

3. A su pregunta le puedo responder que un señor de mediana edad, bien trajeado, con pinta de ejecutivo, ha cruzado un paso de cebra en rojo y ha sido atropellado. Qué pena, de verdad. Ya en la boca del semáforo parecía nervioso, iba discutiendo con alguien a través del móvil: como que tenía prisa y estaba absorto en su conversación, vamos, y se ha lanzado a cruzar imprudentemente, porque de la esquina ha surgido un todoterreno y se lo ha llevado por delante: el golpe ha sido tal que yo me temo lo peor...

 

4. Se trata de un varón de edad madura, en estado de coma profundo y con traumatismo craneoencefálico severo y herida abierta y profunda, que ya hemos suturado con treinta puntos, por impacto tras atropello. Lo hemos estabilizado y la frecuencia cardiaca es muy baja, pero regular. Ha perdido mucha sangre y ahora mismo le estamos trasfundiendo la que necesita, pero lo que tememos es que tenga daños internos, como la posible formación de un coágulo o un trombo. Habrá que esperar a que lleguemos al hospital para valorar daños. Yo, personalmente, no creo que sobreviva, pero nosotros debemos hacer todo lo posible, porque por eso nos comprometimos en el juramento hipocrático...

 

5. ¿Qué me ha pasado? Sí, ahora recuerdo, me han atropellado, pero, ¿por qué estoy viendo mi propio cuerpo desde el techo de este hospital? Y ¿por qué aparecen delante de mi ahora las escenas... de mi vida?

 

6. Viste la luz entonces, en aquel día gris y lluvioso de 1970, y todo lo que has hecho hasta hoy es vacuo y tibio. Cierto que no tuviste una infancia feliz, con el maltrato de tu padre, que, si bien no era físico, era psicológico. Para él no valías nada, para él no eras más que un estorbo, un accidente de una relación con la que él tan sólo quería entretener a la muerte, no proyectarse y dejar algo para la posteridad. Tu madre te ofreció el cariño que necesitabas, pero la rechazaste, creciste sin raíces porque voluntariamente las cortaste. Te hiciste a ti mismo, una existencia dedicada al trabajo, todo lo demás fuera: todo lo demás era aparente, perfecta máscara y tramoya teatral: aprendiste a trepar como se alza contra el muro la aérea y traicionera enredadera, y así veías el mundo desde arriba con un frágil equilibrio contra la gravedad. Las personas eran tan sólo ayudantes u oponentes para la consecución de tu objetivo, que no era otro que aturdirte con la materialidad, triunfar en el siglo, olvidar que tenías, como todos, sentimientos. Sedujiste a la que hoy es tu mujer: no la querías, nunca quisiste a nadie, y es que fueron tan duros los aprendizajes de tu infancia. Ahora ves que deberías haber actuado de otra manera, porque observas lo que no viste de tus ojos entonces: el sufrimiento y la desolación que dejabas a tu paso, y ahora sí te importan las lágrimas de tu madre, a la que hace veinte años que no ves, la decepción de los que creyeron ser tus amigos y a los que abandonaste: engaños, perfidias, tratos comerciales ventajosos, palabras necesarias y no pronunciadas, incomunicación de móviles, cartas gélidas y diplomáticas, fugas a aeropuertos desconocidos y el señor Rodrigo que no se encuentra, al que quizá ni siquiera llamábamos así...

No te proyectas en el futuro porque no crees en él, crees que todo es un acaso ciego, crees que sólo merece la pena satisfacer los griegos placeres del estómago, sólo merece la pena el presente, la borrachera febril y el fornicio con mujeres de todo pelaje, la juerga colonial, la occidental y prepotente mirada al resto del mundo...

Ahora sufres la caída trascendente a las verdaderas alturas, las del espíritu, ahora estás rodeado por las jerarquías angélicas y la comunión de los santos, la suprema luminiscencia te ciega en el tunel de luz rodeado por la oscuridad increada, el universo entero se detiene porque estás a punto de decantarte finalmente por lo fácil y rápido o por lo difícil y lento, eterno camino de subida o de bajada como ya dijeron los clásicos, bivium eternum, todos los que te quieren y te quisieron de corazón esperan tu decisión (pero ya no habrá más oportunidades), el ser de luz que ya te protegía desde antes de tu último nacimiento mide el verdadero peso de tu alma, no el peso y gravidez de lo que, por tu libre albedrío, escribiste hasta hoy en el Libro etéreo que se abrirá en pública lectura cuando el Juez Terrible retorne y establezca con mano poderosa y espada de fuego la Jerusalén Celeste.

Mide y observa que te dueles, que ves la perfección del Amor que te rodea y anhela tu cambio, lo observas ahora que no tienes cuerpo, ahora que tan sólo estás unido a él por un frágil cordón de plata, se da cuenta de que lloras al ver que tu padre, anciano ya y de fuerzas exiguas, ha venido a este hospital para llorar la que cree tu muerte, al igual que lo han hecho tu madre y los amigos que abandonaste (vienen porque se enteraron por las noticias, porque tu identidad trascendió a los medios, porque, al fin y al cabo, todavía tienes un nombre y aún puedes redimirte), todos están pensando que te podrían dar una segunda oportunidad si tú quisieras, que tú podrías hacer lo mismo con tu padre: ellos son humildes y tú debes serlo, debes abandonar el muro y caer, lamer la tierra y arrostrar dignamente lo que te venga, porque tú tienes un nombre y una dignidad aunque no lo creas, lo que hagas de bello y bueno ahí abajo, donde ahora no estás, repercutirá en la eternidad y ayudará al progreso espiritual del mundo. Todavía, todavía puedes cambiar, y si persistes en la iniquidad no recuperarás tu cuerpo, caerás infinitamente hasta el final de los tiempos y serás juzgado con Justicia, no lo olvides...   

 

7. Has elegido: los arcángeles, ángeles, serafines, tronos y potestades lloran por la catarsis de tu alma en la dimensión inmaterial y ha empezado a llover detrás de los cristales de tu impersonal habitación de hospital, como hace 40 años.

    Has despertado, contra todo pronóstico de los hombres y, no lo sabes aún, pero has vuelto a nacer: sólo recuerdas que viste toda tu vida en breves segundos, la luminiscencia perfecta en que se resolvían todas tus preguntas y sufrimientos. Te doliste, elegiste sabiamente porque lo viste todo desde el otro lado.

 

8. Ves en tu habitación a todos los que te quisieron de verdad, aunque algunos de ellos no te lo demostraron, aunque realmente no mereces que ahora, precisamente ahora, ninguno de ellos esté allí. Flota en la estancia el perdón en lloro incontenible, sobran las palabras, nadie se atreve a romper el silencio sonoro. Allí está hasta el empleado al que abroncaste. Te abraza y tú te haces hombre cuando le pides perdón (ya fuiste varón en la cópula inevitable a la materia), le dices que todo va a cambiar y que tendrás paciencia con él. 

Recibes una llamada de tu trabajo y te dicen que el negocio con los chinos se ha ido al garete por tu ausencia. Te ríes, te dices que eso no importa, ahora eres pleno, estás intacto.

 

9. Días después compras el primer billete del día a una ciudad cualquiera del mundo (no te importa, sólo importa tomar distancia para hacerlo todo objetivamente: el apego ya surgirá), llámese ésta Dublín, Roma, Mónaco de Baviera, Zaragoza de Sicilia, Londres, Río de Janeiro, Tombuctú, El Cairo, Athens (Georgia) o Singapur. Aterrizas en un aeropuerto en el que te dejas ganar por la confusión de las lenguas, sabes que has perdido tu trabajo pero no importa, ahora estás vivo y no antes, ahora diseñas la estrategia honesta para recuperar tu vida, paseas por una ciudad de nombre impronunciable que a la vez es todas las ciudades, te pierdes morosamente en oscuras callejuelas y envías cartas para reconciliarte con las personas a las que abandonaste en el camino, te presentas casi como Saulo cuando cayó del caballo a las puertas de Damasco. Haces lo que está en tu mano, tienes la conciencia limpia, tu es, hac hora, tabula rasa. Has recuperado tu vida.

Has ganado, porque no hay nada más en juego, aunque una vez creíste lo contrario.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias