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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 19 de octubre de 2021

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Manfred y Helguita en el Paraíso Perruno (inédito)

Simpático relato realizado a instancias de un amigo, que quería tributar un homenaje a sus perros, a los que yo creo en un bucólico Paraíso Perruno.

Es de notar que en este relato he adoptado, por ser voces caninas las narradoras, un estilo más llano.

Manfred y Helguita en el Paraíso Perruno

 

"Responderemos a su pregunta, ínclito San Antón, diciendo que somos Manfred y Helga, dos humildes perros que, cuando estábamos ahí abajo, en lo que no es este Paraíso Perruno donde todos, grandes y pequeños, feos y guapos, meneamos, incorpóreos ya, nuestros rabos, y ladramos en sempiterno coro a la Gran Inteligencia por habernos dado la oportunidad de convivir con los seres humanos, fuimos acogidos, de la oscura tienda de mascotas en que nos criamos con pienso y cáñamo de lo más bajo, por la familia Gonzalo García, de Madrid, que nos trató casi como si fuéramos personas, dándonos todo lo que necesitábamos. Nos sacaban a pasear, a ligar y a marcar territorios tres veces al día: nos lo pasábamos fetén, meándonos y cagándonos donde queríamos -jo, no estábamos en casa sino en la calle y, además, ellos luego lo recogían todo porque decían algo tan extraño como que había que ser buenos "ciudadanos"-, y la verdad es que tuvimos algún que otro amorío en el barrio de Chamberí, sobre todo en los parques, con perros de nuestra raza y de otras, que de todo hubo, pero bueno, había que portarse bien y no debíamos hacer o tener perritos, porque eso cuesta algo que los humanos llaman "dinero" y que parece ser a veces demasiado importante para ellos, según nuestro gusto, pero bueno, ahí están los humanos, complicándose, como siempre -los animales somos más simples, vamos siempre al grano-. Del mismo modo, creemos no haber sido demasiado exigentes con la comida que ellos nos proporcionaban: consistía casi siempre en un preparado especial para perros muy sabroso, una especie de bolitas de carne que en realidad no era carne. Claro, que, en realidad, eso lo supimos cuando fuimos ya mayores, cuando dejamos de ser cachorros y nuestras alzadas y ladridos impusieron respeto, porque fue entonces cuando nos dieron, gustosos,  y mezclada con el preparado, aquellos trozos de pollo y pavo a la plancha que a Samuel le gustaban mucho, porque hizo durante años algo llamado "gimnasio" y cuya finalidad nosotros, por más que vimos en qué consistía, nunca logramos entender, por más que discutimos a ladridos por dicha cuestión: con lo cómodo que era estar tirados en la alfombra viendo lo que hacían nuestros humanos particulares en el salón de casa o los que nos eran ajenos en aquella caja parlante que les gustaba tanto a Samu, Ron, Pal y Jor. Es más, recuerdo que a veces invitaban a sus amigos a ver algo que llamaban "fútbol", y entonces lo que más nos gustaba, sobre todo a ti, Helga, era llamar la atención de la concurrencia y olisquear la ropa de los invitados, en especial la de aquel que decía ser filólogo y que se ponía un poco nervioso porque se creía que acabaríamos babeándole la ropa, jajaja, qué personaje, si todo era una broma típica de perros hacia humanos desconfiados (claro, como en su casa no había perros, pues no se daba cuenta de la situación).

Esperamos que, con toda la veraz información que sobre nosotros le hemos dado, piadoso y venerable varón, nos dé su venia para permanecer ya definitivamente en el Paraíso Perruno y aguardar correteando, ladrando a la Gran Inteligencia, meneando los rabos y jugando con vuestros Ángeles Adiestradores, que nos tiran la pelota a todas horas para que corramos a buscarla -ya no nos cansamos ni tenemos hambre, porque no tenemos cuerpo, sólo alma perruna, más fiel, sencilla y humilde que la de ningún otro bruto de los que pueblan la Tierra, y más virtuosa y noble que la de muchos humanos-, la futura y remotísima llegada de nuestra familia de humanos al Paraíso Perruno para llevarnos con ellos al Paraíso definitivo, ése en el que todas las Criaturas de buena voluntad cantan, ladran y pían las absolutas perfecciones de la Gran Inteligencia. Y allí será el juego continuo con Samu y Ron y los cariñitos con Pal y Jor, y nuestra perruna Felicidad, ladrido canoro y continuo meneo de rabo, no tendrá fin". 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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