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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 10 de agosto de 2020

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Bitácora

Este relato fue premiado en el concurso 20 aniversario de "Haciendo huella senderismo".

 

Fin de semana, días 26/27 de Junio

Parador de Limpias

Nacimiento del Nervión, Península del Monte Buciero (Cantabria)

Senderismo

BITÁCORA

Viernes 25.

Acababa de salir de la primera parte de su examen de oposición, tenía la cabeza embotada y el cansancio se iba apoderando de ella…María la acompañaba. Eran las seis de la tarde y aún les quedaba por cumplir la lista de cosas que preparar para la salida del día siguiente, eran novatas en eso del senderismo.

Comenzaba a llover en el momento de aproximación al centro de Madrid…había que comprar impermeables, tiritas, la comida del día siguiente…la lista no era tan interminable; ella sería la primera vez que salía en una excursión de ese tipo, la comisura de sus labios guardaba toda la luz del día…

Sábado 26.

Había quedado con María a las ocho menos cuarto en la Glorieta Pte. Gª. Moreno…eran sólo las seis de la mañana y su cuerpo, como un resorte que salta, se levantó con la pesadez de los párpados dormidos…

Las calles estaban vacías, poco tráfico, algún nocturno o noctámbulo de vuelta a su casa y un pequeño grupo cercando un autocar…Comenzaba el día.

Después de la lista, de ver a la gente tomar asiento y salir de Madrid, en el autocar conoció a Pilar…”vaya pija” pensó…no le duraría aquella calificación en la mente más de cuatro horas, siempre acababa pronunciando las primeras impresiones, y siempre salía bien, era la pragmática de la vida.

Tudela y el desayuno...el agujero en el estomago no venía dado por el hambre, lo sabía desde el momento en el que Antonio había pisado el embrague y metido la primera marcha…en el momento en el que Alfonso había tachado sus nombre con aquel subrayador fluorescente en una lista…

La llegada al puerto de Orduña le pareció rápida...las piernas se sentían llenas de emoción, a pesar de las nubes que acariciaban algunas partes del cielo no había motivos para pensar en la lluvia; el impermeable comprado horas antes reposaba tranquilamente al final de la mochila.

- Que sepas que eres una pija no clasista-Pilar sonrió…aquella frase se repetiría en tono de complicidad durante todo el viaje…

El verde y la luz desigual provocada por las nubes hacía del paraje algo inmenso…el grupo se abría y cerraba con los guías; se convirtió de repente en intruso de una familia vacuna que les miraba con ojos que no dicen nada.

Los acantilados eran tan profundos como las huellas que deja el amor verdadero en la piel, como la sensación agotadora del sexo de dos cuerpos e incluso tan sinuosos como a veces las palabras de los amantes y el perfil de sus cuerpos…

Desde lejos reconocía la diferente flora que algunos compañeros del camino iban enumerando, la fauna y en especial aquellas cuevas con focos de luz invertido como ellas mismas…

La comida llegó pronto…y se sintió parte inequívoca de la naturaleza, recordó sus genes extremeños, sus raíces cortadas hacía años por el éxodo a las ciudades donde había más trabajo…

Sus pies seguían el ritmo, pero tropezaron con la decepción momentánea de no ver el famoso salto del Nervión…aún así su cuerpo se llenaba de luz, la luz bucólica de los textos medievales.

Llegaba el momento de las loberas…las imágenes a escala sorprendentemente tremendistas perfiló una sonrisa en sus ojos.

El camino de ese día terminaba con el cuerpo sudado, con la sed agarrándose como una corbata a su garganta; bajo el grifo de la ducha del parador se perderían sus miedos, su cansancio, y las negatividades que habían sido arrancadas con cada paso dado.

A la cena llegaban tarde…la pija había tenido la culpa o tal vez ella misma o María… se retrasaron tan solo dos minutos y les tocó romper el vinculo de unión que las había llevado durante el primer día de camino…pero no hubo problemas, ella y Pilar se asociaron con el vino y María hizo nuevas relaciones con todos sus conflictos y contrariedades.

Domingo 27.

Levantarse antes de que te llamen, descorrer las cortinas y sentir la lluvia acariciando el paisaje, llenarse de lluvia los ojos y respirarla como si nunca antes lo hubieses echo…Así se levantó la mañana en el parador de Limpias.

Recorrido Santoña…al llegar a la senda después de subir bordeando el penal…la dificultad de las piedras húmedas hicieron la subida pesada y larga…la fuerza de sus brazos consiguió mantenerla alejada de la caída, pero sus piernas recorridas por el dolor impertinente del frío que se adentraba desde hacía meses en sus huesos hizo que resbalase y con todo su peso cayó sobre la piedra lisa y dura, el golpe fatal en la tibia la impidió incorporarse de forma normal…Noelia, la guía que cerraba el paso, María y Pilar, cercaban su camino para hacerla más segura. Persistía el dolor pero la visión que tenía delante de sus ojos la hizo seguir caminando…Alfonso le tindío la mano dejando al resto del grupo por delante, su mano firme y suave fue su cayado durante escasos segundos, pero se sentía más segura cuando se aferraba a la cuerda de protección como una prolongación de sus brazos…

Un cruce de caminos sería para ella el punto más álgido del dolor…El grupo se dividió y quedo acompañada de cuatro personas que marcarían su paso hasta la playa.

El camino pedregoso la devolvió entre el dolor de los movimientos lentos otra vez a sus raíces, aquellos caminos pedregosos que subía y bajaba cuando aún era niña y las caídas eran una fase más en su aprendizaje.

La vista de la inmensidad del mar, desde las alturas, la despertó de sus recuerdos y la trajo a la infinitud del horizonte azul.

Se acercaban al final mientras sacaba fuerzas para mantener al dolor callado, acallado dentro del paraje que recorrían.

Llegó al nivel del mar y aire salino lleno su cuerpo, lleno sus ojos y sus palabras…Lo había conseguido, el dolor se había quedado dormido.

El regreso era inminente, se había bañado de sensaciones nuevas, de dolores desconocidos, de sonrisas y experiencias…

EPILOGO.

Han pasado unos días y en mi pierna sólo queda una huella semicircular que va cambiando de color, desde el morado azul que a veces llena la noche hasta el amarillento triste de una tarde sin sol.

Y seguiré haciendo huella. Próxima parada Parador de Soria, Los Picos de Urbión - Laguna Negra, La Fuentona de Muriel.

Para llenarme de nuevos paisajes, nuevas experiencias…acabaré de cumplir los veintiocho años y espero que esta vez no haya caídas que entorpezcan el desenlace del viaje… Se une Gema, María está de acuerdo…creo que mis piernas volverán a temblar, y mis ojos se llenaran de luz, tal vez, por un defecto profesional, estando en ese punto geográfico, después de la cena, evoquemos al poeta Antonio Machado y su: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…”.

Entonces, la comisura de sus labios guardara toda la luz.

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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Comentarios - 1

José Manuel Lucía Megías

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José Manuel Lucía Megías - 29-01-2011 - 20:01:08h

Qué bueno... no conocía yo esta faceta tuya... espero que no te machaquen mucho haciendo guiones...


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