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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 10 de agosto de 2020

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CICATRICES

 

 

Tuvo que aprender a reconciliarse con su cuerpo.
Cada vez que sus manos recorrían aquella cicatriz, un escalofrío recorría su espalda. Era hora de enfrentarse a los miedos, ordenar los acontecimientos y seguir...
Al salir de la ducha aquella mañana comenzó el ritual que venía haciendo desde hacía exactamente 157 días. Echarse una gran cantidad de crema de aloe vera en la palma de la mano izquierda, repartir la cantidad alrededor de la cicatriz en tres posiciones, al principio, al final y en la parte central de la misma. Recorrer y acariciar la marca que se extendía por debajo del esternón en forma de uve invertida, con vértice al inicio de la línea alba. Un perfecto ángulo obtuso.
Se sentó cerca de la ventana. Los colores se iban mezclando en el cielo y su respiración era tranquila.
Aquella habitación con mezcla de blancos y azul Prusia, los olores a desinfectantes, los ruidos mezclados con palabras que se oyen en el silencio...Dos ojos pardos mirándole a la cara. -Hay que operar, tienes dos tumores.-
Las siguientes horas estaban llenas de pruebas, citas médicas y una sonrisa inquebrantable que anunciaba a todo el mundo de forma simple: "no pasa nada, todo va a salir bien". No tuvo tiempo para deshacerse en pensamientos, ni lágrimas.
Recuerda despertarse en cuidados intensivos, con las manos atadas y un tubo en la garganta. En ese estado semi-inconsciente dónde solo habitan manos, voces, trajes verdes...intentó centrarse y recordar algo.
Al despertar tenía total movilidad y respiraba perfectamente. Según los médicos, había intentado deshacerse del respirador varias veces y por eso habían inmovilizado sus manos.
Los siguientes días fueron otra vez más de lo mismo, citas, pruebas...y visitas.
Habían pasado 163 días desde la operación. Cáncer de páncreas.
Cambió de postura y sus ojos se adaptaron a la luz que entraba por las ventanas. Inconscientemente se llevó las manos a la cicatriz y comenzó a acariciarla. Enumeró los daños colaterales: insulinodependiente, síndrome nefrótico, exámenes exhaustivos cada dos meses y medio...
En todo ese tiempo no había perdido su norte. Ya había pasado y no pensaba mirar hacia atrás.
Desde entonces su perspectiva vital había dado un giro. Cerró los ojos; había cerrado de golpe todas las cicatrices. Las apreció tal y como eran, las que recorrían su cuerpo y las que estaban en su corazón.
Se levantó y se perdió por el oscuro pasillo con una sonrisa marcando sus pasos, hacia el norte.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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